Día de la Hispanidad: la leyenda dorada del orgullo español. Por Laureano Benítez

 ¡Día de la Hispanidad! Como cada año, cuando llega esta fecha patriótica tendremos que soportar que los traidores y felones, que las patuleas antiespañolas nos digan que no hay nada que celebrar en esta fiesta señalada, porque solo conmemora el genocidio de los pueblos indígenas por conquistadores explotadores y asesinos.

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Por Laureano Benítez Grande-Caballero

 

¡Día de la Hispanidad! Como cada año, cuando llega esta fecha patriótica tendremos que soportar que los traidores y felones, que las patuleas antiespañolas nos digan que no hay nada que celebrar en esta fiesta señalada, porque solo conmemora el genocidio de los pueblos indígenas por conquistadores explotadores y asesinos.

 


                         Independentistas protestan contra el 12 de Octubre en Mataró

 

Ya conocemos de sobra esta falsaria interpretación del 12 de octubre, pero, en estos momentos críticos para nuestra Patria a causa de la amenaza independentista, estas proclamas hispanófobas segregan una ponzoña mucho más peligrosa, pues contribuyen a intensificar la amenaza separatista que padece España. En consecuencia, la defensa de la Patria demanda más que nunca que los españoles proclamemos con orgullo los valores de nuestra gloriosa historia nacional en una catarsis colectiva, para convertir el día de la Hispanidad en nuestra «Diada», nuestro «Aberri Eguna», nuestro «Día del orgullo español».

 

                    Cristóbal Colón llega a América

 

 

La Hispanidad como genocidio…ya estamos otra vez con ese tópico, la joya de la corona de nuestra leyenda negra, junto con el holocausto de la Inquisición —consistente en menos de 3.000 ejecutados en 400 años de trayectoria, según coinciden en aseverar todos los investigadores que se han tomado la molestia de estudiar las actas inquisitoriales. En unos meses del año 36, los milicianos luciferinos ejecutaron a más católicos—.

La ideología progre que ha arrasado España desde la funesta Transición se ha nutrido en gran medida de clichés hispanófobos, de flagrantes tergiversaciones de nuestra historia, de la mentirosa negritud que ha derramado sobre nuestra refulgente trayectoria histórica una catarata de falsedades, un verdadero «Himalaya» de mentiras, como dijo Julián Besteiro a sus correligionarios socialistas poco antes del 36, acusándoles de magnificar la represión posterior al golpe de estado izquierdista del 34. Y aquí tenemos otro espúreo mito de nuestra leyenda negra: la represión franquista.

 

                        El Parlamento de Navarra, en manos de los anexionistas vascos y de la extrema                                                 izquierda, ha aprobado cambiar el Día de la Hispanidad que se celebra el 12 de Octubre                                   por el del Día de la Resistencia Indígena.

 

 

Frente a estos «Himalayas» de mentiras, de falsedades, de mitos, es preciso afirmar nuestra «leyenda dorada», anatematizada por la progresía roja en la enseñanza y los medios de comunicación, que ha convertido nuestras hazañas en genocidios, nuestras epopeyas en holocaustos, nuestra tradición áurea en siniestra y negra leyenda, que esta caterva de impresentables hispanófobos e indepes ha contribuido a incrementar.

 

Desfile del día de la Hispanidad en Nueva York.

 

 

 

Esta leyenda contra la hispanidad surgida en los países protestantes de Europa a comienzos del XVI es un conjunto de estereotipos negativos sobre España, a través de los cuales se vertebra una descalificación global de la Hispanidad, pues en ellos se nos acusa de habernos mostrado históricamente como un pueblo cruel, intolerante, oscurantista, ignorante, atrasado y vago.

Manuel Álvarez Fernández explica esta leyenda diciendo que consiste en «la cuidadosa distorsión de la historia de un pueblo, realizada por sus enemigos, para mejor combatirle. Y una distorsión lo más monstruosa posible, a fin de lograr el objetivo marcado: la descalificación moral de ese pueblo, cuya supremacía hay que combatir por todos los medios».

Es decir, que la misma existencia de esta leyenda demuestra nuestra supremacía, nuestra hegemonía, la existencia de aquel tiempo en el que éramos invencibles, pues con ella nuestros adversarios pretendían resarcirse de sus derrotas en los campos de batalla.

¿Qué se esconde tras esta hispanofobia de los neocomunistas puño-en-alto? Pues, evidentemente, un deseo de vengarse de España por haberles derrotado en la Cruzada de Liberación: nuestra bandera nacional fue su mortaja, y en nuestros «¡Viva España!», y «¡Arriba España!» sus desquiciadas mentes oyen el responso fúnebre que les oficiamos durante 40 años. Por eso odian a nuestro Ejército, a la Legión, a nuestro himno, a nuestras tradiciones. Si a eso le añadimos que estas hordas son el correveidile de Soros y compañía, pues la Hispanidad se hunde en el más negro de los abismos mundialistas. Día de la Hispanidad: la leyenda dorada del orgullo español.

En lo que respecta al descubrimiento y conquista del Nuevo Mundo, no se puede negar que provocó una tremenda catástrofe demográfica, pero ésta no se debió a una «solución final» dictada por ningún «Mengele» español, ya que su factor determinante fue la propagación de epidemias por parte de los españoles -especialmente la viruela y el sarampión-, enfermedades infecciosas que provocaron entre un 75 y un 95% de la mortandad indígena.

 

 

En cuanto a la salvaje explotación de los indígenas, es cierto que la sufrieron las poblaciones autóctonas, pero los países o imperios que no incurrieran en esta práctica que tiren la primera piedra, y eso no es óbice para que estén orgullosos de su historia y proclamen su patriotismo urbi et orbe.

Y como también los catalanistas hablan de genocidios, pues habría que recordarles que tienen por héroes «raciales» a sus famosos almogávares de la Edad Media, ?nombre que en su origen árabe significa «el que provoca algaradas», es decir «arrebatos»… vamos, masacres, genocidios y cosas así—. Fueron el terror de las estepas, salvajes protagonistas del genocidio conocido como «venganza catalana», acaecida en 1303, cuando reaccionaron con una crueldad legendaria al asesinato por parte de los bizantinos de su líder Roger de Flor y 100 almogávares de la gran Compañía Catalana, hasta el punto de que saquearon toda Grecia al feroz grito de «¡Despierta Fierro!». Como serían de atroces sus «razzias» vengadoras que en algunos países balcánicos se asusta a los niños con la figura del «Katalán», un guerrero gigante sediento de sangre. Todavía hoy los griegos, cuando quiere maldecir a alguien, le dicen: «Así te alcance la venganza de los catalanes». Venganza que no es sino la versión pantumaca de la celebérrima «Noche toledana»

 

              El primer ministro sueco Olof Palme pidiendo dinero hucha en mano en ‘apoyo a los terroristas                      de   ETA.

 

 

También habría que recordarles a estos apóstoles del indigenismo que en aquellos tiempos del imperio español no había aún ONGs, y nadie hablaba de derechos humanos, excepto el españolísimo Fray Bartolomé de las Casas, llamado el «Procurador o protector universal de todos los indios de las Indias», que escribió memorables defensas de los indios: «¿Con qué derecho y con qué justicia tenéis en tan cruel y horrible servidumbre a estos indios? […] ¿Cómo los tenéis tan oprimidos y fatigados, sin darles de comer y curarlos en sus enfermedades, que de los excesivos trabajos que les dais incurren y se os mueren, y por mejor decir los matáis, por sacar y adquirir oro cada día?». Isabel la Católica llegó a prohibir, en sus Leyes de Indias, los abusos sobre los indígenas, incluso las sacas de esclavos, prohibidas por un Real Decreto de 1530, cuatro siglos antes de su abolición definitiva. —Por cierto, los catalanes fueron de los últimos en sumarse a la prohibición de la trata de negros—.

Si los progres bolivarianos del puño-en-alto quieren denunciar genocidios para quedar bien ante la humanidad, más les valdría denunciar el ignominioso ejemplo de genocidio de algunos países elogiados por su civilización y su democracia, los cuales tuvieron lugar en un tiempo donde ya existían los derechos humanos y las ONGs.

Ahí tenemos el siniestro caso de la maravillosa y moderna Suecia, paradigma de socialdemocracia —aún recuerdo al hipócrita primer ministro Olof Palme pasando la hucha por las calles para conseguir dinero contra Franco con el fin de protestar contra la condena a muerte de unos terroristas—. Pues en este país tan deslumbrante se esterilizó a 230.000 personas entre 1935 y 1996 «en el marco de un programa basado en teorías eugénicas» y por razones de «higiene social y racial», orientado a preservar la «pureza de la raza nórdica». Lapones, gitanos, poblaciones de raza mixta… ninguna minoría escapó a este horror. Eso sí que era una «solución final» —por cierto, los suecos no pudieron disimular sus simpatías por el nazismo—.

También animo a estos giliprogres antiespañoles a investigar el espantoso genocidio que se perpetró en el Congo cuando era colonia de la Bélgica del rey Leopoldo II, fundador y único propietario del Estado Libre del Congo, corrupto y salvaje explotador de los indígenas que se hizo con una enorme fortuna explotando el caucho y los diamantes de ese territorio africano, para lo cual no dudó en masacrar a la población nativa como si fuese mano de obra esclava, hasta el punto de que la carnicería afectó a la mitad de la población, unos 10 millones de personas. Una campaña de investigación que estremeció a Europa destapó el increíble horror de este genocidio, donde destacó el hecho de que los encargados de las concesiones exigían a los soldados nativos que les llevaran las manos cortadas de aquellos a quienes habían asesinado, para asegurarse de que no habían desperdiciado cartuchos.

 

              Víctimas de una de las purgas de Stalin.

 

Pero los muchos ejemplos de genocidios que se podrían citar quedan eclipsados por la apocalíptica hecatombe producida por los regímenes comunistas. Sin salir de la Rusia estalinista, durante La Gran Purga entre 1937 a 1939 se contabilizaron 8,5 millones de detenciones, más de un millón de ejecutados, y más de dos millones de muertos en los campos de internamiento.

Anteriormente a esta Gran Purga había tenido lugar el dantesco apocalipsis del «Holodomor», nombre bajo el cual se conoce la devastadora hambruna que asoló Ucrania durante los años 1932-1933, que causó la muerte de entre 1,5 y 10 millones de personas, horror que según muchos historiadores fue provocado intencionadamente por Stalin el exterminador, que pretendía acabar con el nacionalismo ucraniano colectivizando despóticamente las tierras de los campesinos.

La China maoísta, por su parte, es responsable de 65 millones de muertos.

Ya lo decía Jean François Revel: «El club con más socios del mundo es el de los enemigos de los genocidios pasados. Solo tiene el mismo número de miembros el club de los amigos de los genocidios en curso». Chapeau, maestro.

 

 

 

 

 


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6 comentarios
  1. CARLOS AUGUSTO FERNÁNDEZ ALVARADO says

    ES ENTENDIBLE QUE CADA PERSONA DEFIENDE LA HISTORIA DE SU PAÍS, MÁS AÚN UN ESPAÑOL ASÍ COMO UN PERUANO COMO YO O CUALQUIER PERSONA DE CUALQUIER NACIONALIDAD. MI NOMBRE ES CARLOS FERNÁNDEZ ALVARADO, MIS NOMBRES Y APELLIDOS SON ESPAÑOLES PERO NO SOY NI ME SIENTO ESPAÑOL, MI IDENTIDAD ES PREHISPÁNICA. AUNQUE SE MINIMIZE, HUBO MUCHOS ACTOS DE GENOCIDIO, CRUELES Y ABUSIVOS DE LA COLONIA ESPAÑOLA EN MI PAÍS. SÓLO REVISEN UNO: EL AJUSTICIAMIENTO DE JOSÉ GABRIEL CONDORCANQUI, TÚPAC AMARU Y SU FAMILIA. EL SUFRIMIENTO DE SU PEQUEÑO HIJO DE 9 AÑOS, FERNANDO, OBLIGADO A VER LA EJECUCIÓN Y ENCARCELADO DE POR VIDA EN ESPAÑA. LA COMPARACIÓN DE INJUSTICIAS DE LOS PAÍSES A TRAVÉS DE LOS AÑOS NO JUSTIFICA UN “DESCUBRIMIENTO” Y SUS CONSECUENCIAS, SI NO ERA ESPAÑA PUDO SER OTRO PAÍS EUROPEO. RECONOZCO LA EVANGELIZACIÓN PERO LAMENTABLEMENTE SE USÓ A DIOS PARA JUSTIFICAR LA INVASIÓN A AMÉRICA POR SUS RIQUEZAS, SINO REVISEN LA “OBRA” DE FRANCISCO PIZARRO EN EL PERÚ.

    1. Alberto Ramón Althaus says

      A ver eres descendiente de español ¿qué le debes a España y a la Iglesia española?:
      1) la religión católica porque sino te has equivocado de sitio,
      2) el idioma, la cultura católica, gran parte de los monumentos, las costumbres,
      3) tu vida misma puesto que eres descendiente,
      4) tu país Perú se formó gracias a la conquista española y a la evangelización española,
      5) todo lo que te rodea tiene algún tinte español.
      Es posible que haya cosas que un padre haya dado a su hijo que sean malas, que un país haya dado a un ciudadano que sean malas y que una Iglesia terrenal haya dado a un hombre que sean malas y, sin embargo, por la piedad o la virtud de la piedad que es parte de la justicia el hombre debe estar agradecido con sus padres que le dieron la vida, con el bien común que reciben de su patria, con sus ancestros de los que conviene que no reniegue demasiado, con su historia y con la Iglesia.
      Y, sin embargo, no es una deuda que el hombre pueda pagar de manera que pueda decirle a los padres con esta piedad que te doy te debes dar por satisfecho o a la patria con esto que te doy he cumplido completamente con lo que debo en materia de bien común o a la Iglesia con este culto que brindo he cumplido con Dios y con la Iglesia o a los ancestros.
      En esa piedad no existe una igualdad y el hombre está en deuda.
      Perú ha recibido mucho de España y los ciudadanos y países de América del Sur han recibido demasiados bienes para hacerse los distraídos.
      Es también cierto que los hombres que gobiernan los países, que los padres y que los que forman la Iglesia se han equivocado pero eso no equipara las cuentas, no salda las deudas y menos aún te permite presentarte como deudor reclamando a otras generaciones pasadas que han dado cosas gloriosas a Perú y a América lo que no le han sabido dar o los males que le han proporcionado.
      Puedes ir con Bergoglio a quejarte y andar dando penas por el mundo y mostrando la nueva generación pop como lo más grande que hay pero la verdad es que por los frutos los conoceréis.
      Tu comes de los frutos de España y del Perú católico pero también estás comiendo de los frutos del NOM de su falsa pandemia, de sus gobiernos de izquierda, de sus quemas, de sus revoluciones y de sus conflictos, de sus ideologías desviadas. Cada hombre agradece a quién lo ha beneficiado si es agradecido y si sabe distinguir entre el bien y el mal, o sea, si tiene conciencia, hay que ver a quién agradeces tu o si estás entre los que no tienen nada que agradecer y que a nadie le deben nada.

      1. CARLOS AUGUSTO FERNÁNDEZ ALVARADO says

        GRACIAS POR SU COMENTARIO PERO YO ESTOY HABLANDO DE HISTORIA NADA MÁS, CREO QUE NADIE LE DEBE NADA A NADIE SALVO A DIOS. Y HABLANDO DE HISTORIA SÓLO QUIERO RECALCAR QUE EL PERÚ FUE UN IMPERIO Y UNA GRAN CIVILIZACIÓN ANTES QUE LLEGARA FRANCISCO PIZARRO. SOY PERUANO CON UNA AMALGAMA DE ETNIAS DENTRO DE MÍ, PERO ESO NO DEBIERA IMPORTAR PORQUE TODOS SOMOS IGUALES. MI COMENTARIO ANTERIOR ES PARTE DE LA HISTORIA DE MI PAIS Y ES VERDADERO, NO ES UNA QUEJA. LA HISTORIA NOS SIRVE PARA “RECORDAR” LOS ACONTECIMIENTOS PASADOS BUENOS O MALOS Y APRENDER DE ELLOS. LE PIDO DISCULPAS SI HERÍ SU SUSCEPTIBILIDAD, SALUDOS.

      2. Alberto Ramón Althaus says

        Aquí nos separamos si Ud. no acepta los actos de piedad hacia los padres, la patria, la Iglesia y los ancestros y afirma que no le debe nada a nadie más que a Dios le tengo una noticia no es católico porque la piedad y la gratitud son esenciales para el católico y no sólo a Dios.
        En cuanto a qué es Ud. posiblemente un deista que adoptó como forma de pensamiento ideológico desarrollado por la masonería ya sea de índole liberales o socialista.
        En cuanto a que quiere discutir una historia laicista fabricada por los delincuentes del siglo XX y XXI para irse golpeando el pecho en nombre de la España católica, haciéndose el humilde tratando de mostrar a su generación y a su persona como superiores, como aquellos llamados a juzgar de acuerdo con específicos falsos valores relativistas impuestos globalmente a todas las otras generaciones sin reconocer lo que les debe “váyase a Bergoglio” que no quiere decir “vaya con Dios”.
        El discurso progresista de maestro ciruela que repite es humillante y no merece más que repudio, si Ud. se abaja nadie va a levantarlo ni reconocerle nada.
        Aquí no se desmiente a nadie.
        Ud. tratan de retirarle un mosquito de la fuente repleta de glorias de la España evangelizadora y se come los camellos y los mocos que le ha servido el NOM y Bergoglio con toda la izquierda global.
        Trata de quitarle una paja de los ojos de la España católica y no se preocupa de quitar de sus ojos las grandes vigas que el NOM le ha puesto como anteojeras.
        Primero quite las vigas de sus ojos y de los ojos de los mundanos y de los necios útiles al NOM y luego venga a ver de retirar la paja de los católicos.
        Ud. no quiere discutir historia lo que quiere es denigrar a España católica y proponer como opción una historia inventada e imaginaria, perfecta y sin hombres ni pecados, Uds. quiere sustituir la realidad por sus fantasías y se planta en el mundo como si el Mundo hoy no tuviera que dar explicaciones de todas las bestialidades que ha cometido y que comete a diario.
        Ud. no quiere discutir historia sino que la inventa o la consume inventada.
        Rescata lo irrescatable que es la historia laicista que se consume y no ve las consecuencias y los frutos de los que han dibujado esa historia.

      3. CARLOS AUGUSTO FERNÁNDEZ ALVARADO says

        BUENO AMIGO TE FELICITO POR TU GRAN CONOCIMIENTO PERO NO ES PARA TANTO. MI INTENCIÓN NO ERA HABLAR CON UD. SINO DAR MI OPINIÓN LIBRE DEL ARTÍCULO DEL SR, BENITEZ, QUE SE HA DESVIRTUADO CON SUS IDEAS FUERA DE CONTEXTO Y HASTA EXAGERADAS DE ALGUIEN QUE NO CONOZCO, QUE SUPONGO SERÁ HISTORIADOR. RESPETO SU OPINIÓN PERO QUE NO LA COMPARTO, PERO SÍ LE PIDO MÁS RESPETO CON SUS PALABRAS Y PARA LOS QUE LAS LEEN PORQUE NO ES LA PLATAFORMA ADECUADA PARA ESTE TIPO DE OPINIONES. CON ESTE COMENTARIO DOY POR FINALIZADA MI PARTICIPACIÓN Y RESPUESTA A LO QUE ESCRIBA. GRACIAS.

      4. Alberto Ramón Althaus says

        De la sustitución de la moral y la religión por “buenas” costumbres progresistas.
        Hemos llegado al punto de que las personas se quedan en lo que parece y no en lo que es.
        Se ha destruido la moral como elemento para establecer lo que está bien o está mal por medio de las “buenas” costumbres del progresismo.
        Se puede escribir y decir en cualquier sitio cualquier cosa siempre y cuando se cumpla con este elemental requisito de que todo debe discurrir por el carril de lo que establece como “buena” o “mala” costumbre el progresismo.
        Hay que dejar hacer, dejar decir y dejar pasar se nos enseña.
        Nos quieren mansos y tranquilos y nos enseñan la falsa mansedumbre frente a la injusticia y la mentira pero la mansedumbre ante la injusticia y la mentira no es mansedumbre y es cobardía.
        No importan los argumentos el que se enoja pierde es el nuevo lema de las “buenas” costumbres de la sociedad anticatólica.
        El que levanta el tono de la discusión o usa determinadas palabras es el villano y el otro la víctima sin importar el fondo de la cuestión, lo que importa es la forma, no qué se discute sino cómo se discute, no qué se nos quiere imponer como verdad o como bien sino cómo se dicen las cosas.
        Las “buenas” costumbres modernistas pasan por una nueva moral y religión en la que nos obliga a respetar y tolerar cualquier afirmación sea de la índole que sea desde la eutanasia hasta el aborto, nada debe movernos internamente en lo pasional, debemos permanecer estoicos frente al nuevo formalismo que nos impone la pasividad de las emociones frente al mal.
        Todos pueden convertirse en pequeños tiranos, en niños malcriados y decir cualquier cosa sobre temas importantes porque poseen ese derecho a su propia verdad relativa, no deben defenderla con argumentos sólo deben decirla y el resto también tiene ese derecho eso sí siempre ejercido dentro de la “buena” educación modernista de mostranos desinteresados y no enojados, debemos dominar nuestras pasiones de manera que no nos preocupe qué se dice sino el estilo cómo se dice.
        Allí están los latiguillos de siempre, entendió mal, tiene mal carácter, no me respetó, soy una víctima, etc.
        El relativismo nos ha impuesto normas de conducta relativistas frente a lo inmoral, a lo irreligioso, a lo impiadoso y a lo injusto tenemos que respetar esas normas para que pueda subsistir el relativismo.
        Una vez establecida la forma de discusión la batalla está ganada porque lo que se va a discutir no es el fondo sino la forma y en cualquier momento el que afirmó una barbaridad puede mentir y decir que no dijo lo que dijo o sostener las más grandes barbaridades o retirarse siempre con la seguridad de que ha dicho su verdad relativa o su mentira relativa que es lo mismo y que si bien el puede molestar con la misma al resto el resto debe respetarlo aunque ese resto sea todo el mundo.
        Y, sin embargo, Santo Tomás ha establecido muchas veces que la virtud de la fortaleza exige el uso de las pasiones y de la ira y sin esa pasión no hay fortaleza.
        Para la doctrina tomista frente a una barbaridad dicha no es suficiente que respondamos de cualquier manera si esa respuesta debido a la gravedad del asunto no va acompañada de la pasión correspondiente o sea aquella que le corresponde, de otra manera, no hemos puesto nuestro ser en la respuesta dada y todo el bien que corresponde al responder.
        De la misma forma en que muchos miraron con malos ojos a Cristo cuando sacaba a latigazos a los mercaderes del templo pero aún así no pudieron hacer nada en su contra por este motivo, sin embargo, hoy estamos envueltos en una especie de buenismo que consiste en un aparentar cierta bondad por las “buenas” costumbres progresistas.
        Caídos en el relativismo cultural de que no hacemos distinción entre el bien y el mal ni podemos hacerla si partimos de estos principios llegamos a conceder todos los honores a la forma de las cosas y ninguno al fondo.
        Nos enoja que un perro haya arrancado un brazo a un ladrón o que una persona haya contestado de mala manera frente a una falacia y de esa manera perdemos de vista lo esencial.
        Llegamos a cierto pacifismo liberal naturalista por el cuál hay que decir y soportar las más grandes barbaridades y tener la mayor paciencia de responderlas sin mostrar ningún acompañamiento de las pasiones.
        Nos quedamos en las apariencias y en la doxa y no llegamos a la verdad, se busca ganar la discusión por cierto estilo exento de pasiones y no por el peso de los argumentos, es más, las “buenas” costumbres progresistas se imponen como obligatorias frente a la moral y a la religión de manera que toda discusión sobre moral o religión debe respetar esas “buenas” costumbres progresistas antes y por sobre toda moral y religión.
        Ya al aceptar esas nuevas “normas” de conducta hemos perdido la batalla hemos aceptado el relativismo como principio de toda discusión.
        ¿Pero en qué consisten estas “buenas” costumbres progresistas que se nos señalan como normas?
        Son las normas impuestas desde el liberalismo de un dejar hacer, dejar decir y dejar pasar.
        La libertad de expresión y de pensamiento por sobre toda moral, religión, justicia y verdad.
        Ya no se pesan los argumentos se pesan los “buenos” modales liberales de los que se sirven los mismos “buenos” socialistas salvo cuando son gobierno.
        Desde el poder político la cosa cambia las verdades relativas de los políticos se transforman en leyes como el aborto, la eutanasia, la ideología de género, etc. muchas de las cuáles no pueden incluso ser discutidas porque no correspondería a las “buenas” costumbres progresistas molestar la implementación de esas “buenas” leyes.
        Cuidado que bajo el aspecto de “buenas” costumbres se nos impone una falsa moral y una falsa religión, bajo el aspecto de “buenas” costumbres se nos impone la paciencia desmedida ante la barbarie y la tolerancia a la injusticia, a las mentiras y a los errores.
        Si partimos de aceptar que ciertas normas de “buenas” costumbres permitan a cualquiera decir cualquier cosa sin ningún argumento, entonces, antes de argumentar ya hemos perdido la batalla, aceptando el relativismo cultural como norma de conducta y de discusión, hemos aceptado que pueda encerrarse toda persona en sus verdades relativas y negarse a discutir e incluso afirmar que lo que publica como comentario que va dirigido a una específica persona y no a todos como es evidente.
        No es el problema que se discuta sólo y principalmente sobre quién es más “educado” y no quién tiene la razón lo que ya es grave, el problema es que aceptemos como normas de la discusión aquel relativismo que nos impide llegar a una discusión del fondo de las cosas, de los argumentos, de las esencias porque tenemos que aceptar todos los excesos de pensar y de expresarse de la parte contraria mientras no se exceda en las formas.
        Así, la parte contraria con su pequeña verdad relativa puede establecer los tiempos de cuando comienza o cierra la discusión y quedarse sin dar un solo argumento válido o ser contradictorio y afirmarse la democracia y luego apelar a cierta meritocracia intelectual que cerraría las puertas al vulgo y que dejaría ciertos temas en manos de los expertos que el resto debería tomar como la verdad.
        La moral relativista y la tolerancia impuesta como norma única de toda discusión no nos asegura llegar a la verdad más bien nos asegura no llegar a ninguna verdad y no concluir ninguna discusión.
        Si se suben comentarios a sitios y se exigen respuestas desapacionadas frente a barbaridades dichas en público lo que se está exigiendo es respeto de las barbaridades dichas en público, o sea, dejar hacer, dejar pasar, libertad de expresión y libertad de pensamiento como absolutos morales.
        Se hace política y religión desde los comentarios pero no se aportan argumentos y cada uno se cree con derecho de decir lo que quiera y luego encerrarse en su verdad y falsedad relativa sin dar explicaciones.
        En definitiva, este pequeño derecho relativo de juguete que se regala al individuo para que sea caprichoso y tardo en encontrar la verdad puesto en manos de los poderosos de este mundo hace que nadie pueda encontrar una verdad absoluta que oponerle a sus decisiones porque son las verdades absolutas, las únicas que cuentan en el momento en el cuál el pueblo tiene que hacer frente al tirano.
        Convertidos todos en pequeños tiranos ejerciendo derechos de juguete nos exponemos a ser pisoteado por el tirano porque ese mismo instrumento en las manos del poderoso pasa de ser juguete a convertirse en un arma de cuyo uso no debe dar cuenta.
        Mientra tanto no existe ninguna verdad que oponerle al poderoso que puede decidir como le place y decir lo que le place y así nos somete.
        Nadie puede enojarse por nada, no hay una ira justa, no hay pasiones que deban acompañar a los actos, las “buenas” costumbres modernistas nos han señalado lo que está bien y lo que está mal, lo que es correcto y lo que es verdadero, lo justo y lo injusto y no la moral y todo pasa por las formas por lo que nada pasa por el fondo, el fondo del asunto no importa.
        No hay guerra justa y no hay defensa justa de lo propio y de esa manera nos convertimos en esclavos.
        “Pero eso no lo dije” afirma haciéndose la víctima pero estaba dentro de las ambigüedades y maldades de su primer comentario y pretende que se las soporte de buen talante.

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