FIRMA INVITADA: VIGANÓ VERSUS FRANCISCO

La contundencia y la claridad son síntomas de amor a la verdad. De eso va bien servido el escrito de Mons. Viganó. La polisemia, la doblez, la ambigüedad y los silencios cómplices son muestra de ser buenos aliados del padre de la mentira. Que cada cual piense en quien quiera

 

 

Aintzane Etzezarraga

 

 

 

El pontificado de Francisco fue acogido con enorme expectación. Una expectación que, particularmente a mí, me pareció excesiva, pues no es que acabáramos de salir de la travesía del desierto: el papa Benedicto XVI fue una de los más grandes papas contemporáneos, y su pontificado estuvo regido por la seguridad y el rigor en la doctrina, la dulzura y la elegancia en sus maneras, la invitación a una intensa vida de piedad.

Este entusiasmo con Francisco me recordaba, no puedo negarlo, y salvando las distancias, al que en su día despertó Obama, en mi opinión uno de los mayores fiascos contemporáneos. Hasta famosos actores de Hollywood que no tenían nada que ver ni les importaba la Iglesia Católica cantaban loas del nuevo Papa, explicándonos como atentos y disciplinados alumnos sin criterio, que era el hombre que el mundo, no ya la Iglesia, necesitaba. Lógicamente, todo este repiqueteo de campanas sonaba, cuando menos, artificial, algo impostado. Y el corto tiempo de la presencia de Bergoglio en la Sede de Pedro nos ha dado la razón, desgraciadamente.

Una de las más brillantes bazas con las que juega la izquierda no solo ideológica y política, sino incluso social, cultural y moral, porque la izquierda es totalitaria y abarca todas las dimensiones del ser humano, una de sus bazas, digo, es el “etiquetado”: adjetivar en una sola palabra al que disiente (conspiracionista, ultramontano, ultraconservador etc.), con la sola idea de juzgarlo en su totalidad ante los demás, de manera que se le pueda reducir por K.O. del combate de las ideas, excluyéndolo por inútil y firmando su muerte civil. De manera que el pobre disidente, que lleva incrustado en frente, pecho y espalda el sambenito de turno, no tiene más remedio que retirarse, con el rabo entre las piernas, a repetir su cantinela a los de su peña y en su territorio. Ya se le ha defenestrado, con la clara intención de que convenza a los ya convencidos de sus disparates. Hay que reconocer que es una técnica genial.

Todo esto pienso que ha influido no sólo en el entusiasmo inicial hacia Francisco, con orquestas, bombos y platillos alquilados en instancias extra eclesiales, sino en la posterior tardanza en denunciar sus excesos verbales, perfectamente calculados, sus desvaríos y excentricidades blasfemas y heréticas en lo doctrinal, su mundanidad y relativismo moral. La Iglesia hace mucho que cayó en los respetos humanos ante el mundo, en un complejo de institución trasnochada y obsoleta que los mismos eclesiásticos se han encargado de repetirnos machaconamente, a nosotros, indefensos laicos. ¿Quién se atrevía, denunciando todo ello, a ser tildado de conspiracionista? Esto era un horror.

Pero Nuestro Señor, dueño del universo y de su historia, ha previsto siempre que surja algo a lo que agarrarnos, una luz que ilumine nuestras tinieblas. Este sustento ante el naufragio y esta claridad ante tanta oscuridad, es, sin duda Mons. Viganó. No sólo por lo que revela en su testimonio, que es mucho, sino por el coraje, el amor a la Iglesia y el ejemplo que supone para nosotros.

La contundencia y la claridad son síntomas de amor a la verdad. De eso va bien servido el escrito de Mons. Viganó. La polisemia, la doblez, la ambigüedad y los silencios cómplices son muestra de ser buenos aliados del padre de la mentira. Que cada cual piense en quien quiera. Pero no pequemos de ingenuos o de estúpidos, maleados por los que no aman a la iglesia: la no respuesta de Francisco a los requerimientos hechos por un hijo amantísimo de Nuestra Santa Madre no puede sorprendernos. Es parte de la estrategia de ganar tiempo, a saber para qué, miedo da hasta pensarlo; de la estrategia de crear confusión; de la estrategia de que los que atentan contra la Iglesia y la querrían bien muerta, “saquen sus propias conclusiones”.

Ciertamente, con esta manifestación, Francisco ha matado varios pájaros de un tiro: ha prolongado la ceremonia de la confusión para lo cual es un experto; ha quitado dramatismo a las acusaciones con la idea de que con el tiempo se vaya diluyendo; ha dejado en manos profanas la valoración moral del contenido del escrito de Viganó, fiel al relativismo absoluto y en todos los órdenes, que ha guiado su pontificado. ¿No les parece muy inteligente?

Lo que Bergoglio ha destruido o ha contribuido a destruir en apenas cinco años es difícil de calcular. Su responsabilidad en ello da vértigo. También es difícil de calcular cómo pueden desarrollarse los futuros acontecimientos, aunque hay opiniones para todos los gustos. La podredumbre que ha aflorado, bien aflorada está, creo que esto nadie lo discute. Lo terrible es ver que esa podredumbre ha sido planeada, impulsada y protagonizada por altos cargos de la Iglesia. Y que los más débiles miembros de esa Iglesia, los más pusilánimes e inseguros, o bien han huido despavoridos y escandalizados o han sido engullidos en el nuevo orden eclesial, apeadero del NOM, que Bergoglio y su equipo han pretendido siempre.

Que Nuestro Señor y Nuestra Madre nos mantengan fieles y nos den su luz y fortaleza.

 

 

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31 respuestas

  1. Este artículo se merece una calificación de suma cum laude y me quedo corto. Un placer su lectura con un final esperanzador: Que Nuestro Señor y Nuestra Madre nos mantengan fieles y nos den su luz y fortaleza. Gracias Aintzane.

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  2. Los mass media están quedando en evidencia. No están contra la pederastia; están contra la Iglesia Católica. Cuando la pederastia les sirve como arma contra la Iglesia Católica, entonces la utilizan. Cuando ya no les sirve porque quien está en la cátedra de Pedro es un no católico, entonces ya no la utilizan. Es la conclusión a que llegan Aldo María Valli y Saphiro y que comparto totalmente. Han quedado en evidencia. Todo era mentira, esa mentira que une a los enemigos de la Iglesia y a la misericorditis, el principal enemigo de la Iglesia Católica.

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  3. Es como el cuento de las sirenas, el silencio es más preocupante.
    Pero sea lo que sea este señor, su reinado es de papel maché parado en palitos. Caerá por su propia falsedad.

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  4. Los mandamientos de la ley de Dios y de la Iglesia no son legalismo. La sagrada liturgia no es ritualismo. Ya sabemos de sobra que, con esas dos palabrejas, que tanto te gustan, quieres destruir toda la moral católica y el patrimonio litúrgico imperecedero. Lo hemos con la Amoris y la introducción del divorcio al modo farisáico, por la puerta de atrás, la de la comunión a los adúlteros consolidados. Ojalá el grito Viganó acabe ahogando tus sandeces demoledoras. http://religionlavozlibre.blogspot.com/2018/09/esta-de-moda-gritar-vigano-durante-el.html

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  5. Bravísimo el obispo suizo Marian Eleganti, quien apunta a la cabeza: Si Francisco está rodeado por quienes promueven la agenda homosexualista y homoerética, por algo será. Quien promueve a los promotores, buen promotor será. http://religionlavozlibre.blogspot.com/2018/09/en-alemania-tambien-hay-una-red.html

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  6. Muchísimas gracias Aintzane por tu escrito. Es excelente, en contenido y redacción.
    Ojalá sirviera para aclarar la mente de muchos ciegos, necios, incapaces de ver o que se resisten a aceptar lo que ven.
    Que esperanza y paz da saber que es Cristo quién maneja los hilos en estos tiempos. Humildemente invitemosLe a usarnos como instrumento suyo, como hoy lo has hecho tú Aintzane.
    Enhorabuena.

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  7. Muchas gracias Pablo y Echenique
    Sois un gran apoyo. Entre otras muchas cosas, es lo que encontramos en AyL: apoyo y orientación.
    Echenique, tengo que decírtelo: gracias por haberme enseñado tanto del tema que nos ocupa en este blog.

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  8. ¿Por qué la prensa mundial protege al Papa Francisco?

    En 2003, The Boston Globe ganó el Premio Pulitzer por sus reportajes sobre el encubrimiento de abusos sexuales masivos por parte de la Iglesia católica y, en concreto, la archidiócesis de Boston. La junta del Pulitzer alabó la “valiente y exhaustiva cobertura informativa realizada de los abusos sexuales perpetrados por sacerdotes, un esfuerzo que acabó con el secreto, produjo reacciones a nivel nacional e internacional y causó cambios en la Iglesia católica”. Hollywood hizo la película ganadora de un Óscar, Spotlight, sobre este esfuerzo.

    En 2018, el arzobispo Carlo Maria Viganò, antiguo embajador del Vaticano ante los Estados Unidos, ha publicado un memorándum de once página alegando que el Papa Francisco y otros miembros del Vaticano habían reincorporado al cardenal Theodore McCarrick a un cargo público a pesar de las creíbles acusaciones de abuso sexual de seminaristas y menores. El memorándum ha sacudido a la Iglesia católica; el Papa Francisco se niega a hacer comentarios; otras fuentes han dado un paso adelante para apoyar las afirmaciones de Viganò.

    El cardenal Blase Cupich de Chicago ha increíblemente afirmado que el Papa Francisco no debe hacer comentarios, ya que “su agenda es mayor. Tiene que seguir adelante con otras cuestiones, tiene que hablar del medio ambiente y proteger a los emigrantes y llevar adelante el trabajo de la iglesia. No nos vamos a aventurar hacia lo desconocido por este tema”.

    ¿Acaso se ha precipitado la prensa para investigar las afirmaciones de Viganò? ¿Ha exigido una respuesta al Papa Francisco? ¿Hemos visto, por parte del equipo del Globe, el mismo tipo de cobertura informativa valiente y exhaustiva de las actividades de Francisco que vimos en 2003? Claro que no.

    En cambio, los medios de comunicación convencionales han seguido retratando a Viganò como un conservador descontento que está furioso con la interpretación progresista que hace el Papa Francisco de la doctrina católica. The New York Times ha titulado: “Las luchas por el poder en el Vaticano estallan mientras los conservadores se abalanzan”. El titular de la versión impresa es incluso peor: “Francisco escoge el buen camino mientras los conservadores se abalanzan, y acepta las críticas públicas”.

    Sí, según el Times, la historia no iba sobre el Papa siendo acusado, verazmente, de encubrir abusos sexuales, sino de los conservadores atacándole por ello. El problema del acoso y abuso sexual a niños por parte del clero se ha mantenido en segundo plano en la política de izquierdas de Francisco, tal como el artículo del Times deja claro en el primer párrafo: “Desde el inicio de su pontificado, a medida que Francisco ha intentado establecer una iglesia más acogedora alejándola de temas que son causa de confrontaciones culturales, como el aborto o la homosexualidad, ha enfurecido a los católicos tradicionalistas. ‘¿Quién soy yo para juzgar?’, dijo el Papa en una frase que ya es célebre, cuando le preguntaron sobre los sacerdotes homosexuales. Este fin de semana hemos podido ver lo iracundos que están sus enemigos políticos y doctrinales…”.

    No ha sido sólo el Times. Hace unos días, Reuters tituló: “Los medios de comunicación conservadores se ponen en primera línea en la batalla para socavar al Papa Francisco”. The Telegraph (del Reino Unido) ha declarado: “Analistas del Vaticano afirman que el ataque parece formar parte de un esfuerzo conjunto de los conservadores para destruir al Papa Francisco, que nos les gusta por sus puntos de vista progresistas…”.

    Pero, ¿por qué, en nombre de Dios, apelar al Vaticano a no defender a los abusadores sexuales es un asunto político para la prensa? ¿Por qué no es esto algo sobre lo que podemos estar todos de acuerdo? ¿Por qué la prensa no le está planteando al Papa preguntas duras, en lugar de centrarse sobre las supuestas motivaciones de los denunciantes?

    Lo único que consiguen los intentos vergonzosos de los medios de comunicación de encubrir a Francisco, porque aman su política, es exponer las reales motivaciones malignas de muchas personas que trabajan en ellos: les causaba felicidad sacar a la luz pública la mala conducta y el mal que había en la Iglesia católica cuando el Papa era un conservador y, en cambio, son felices de poder ayudar a encubrirlo todo cuando el Papa es un progresista.

    Esto es infame. Y la mayoría de los católicos comprenden que si los miembros de los medios de comunicación -un grupo de gente abrumadoramente secular-, están defendiendo con firmeza un papado acusado de encubrimiento de abusos sexuales, no es por buena voluntad de la Iglesia en general. Es debido a la creencia de que la doctrina tradicionalista debe ser arrancada de raíz a toda costa, aunque esto incluya el abuso de menores y la violación del Derecho Canónico fundamental.

    La cobertura informativa de los medios del potencial escándalo de encubrimiento por parte del Papa Francisco y sus asociados, que es cada vez mayor, no pone en entredicho a los católicos conservadores. Pone en entredicho a los miembros de los medios de comunicación, que parecen dispuestos a destapar las fechorías sólo cuando sirve a sus intereses políticos, y a someter los intereses de los inocentes a su agenda política cuando deben.

    Ben Shapiro es editor jefe del The Daily Wire y presentador del The Ben Shapiro Show, disponible en iTunes y distribuido en América.

    Publicado por Ben Shapiro en Newsweek; traducido por Elena Faccia Serrano para InfoVaticana.

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  9. Propaganda anti Viganò VS sus obispos defensores
    septiembre 02, 2018

    (…) Sospecho que ni siquiera el testimonio histórico de Viganò cambiará la posición neo-católica (de la neo iglesia). Muy por el contrario, se espera que los comentaristas neocatólicos ignorarán su testimonio, desestimarán sus revelaciones o, en su defecto, harán todo lo posible por manchar a su persona.

    La campaña para desacreditar al Arzobispo Viganò comenzó instantáneamente en el ala izquierda católica. Apenas unas horas después de que apareciera en línea el testimonio jurado de Viganò, el disidente católico profesional Sean Michael Winters, que escribe para el National Catholic Reporter, manchó al ex Nuncio Apostólico en los Estados Unidos, quien tiene doctorados en derecho civil y canónico, como “un traficante de teorías de la conspiración”. que mezcla hechos, ficción y veneno, “bastante obsesionado con la homosexualidad”; como Oliver Stone: “ex empleado descontento” y “siempre excéntrico”. Sin abordar los méritos , Winters desestimó las “alocadas afirmaciones” del arzobispo Viganò sobre los obispos que están “subvirtiendo la doctrina católica sobre la homosexualidad” y acusó al arzobispo, junto con otros obispos y arzobispos no nombrados, de “hablar sobre los homosexuales con tal odio …”

    (NT: a estos críticos puede sumarse Spadaro, Faggioli, el presidente de la Radio Ave María)

    Winters emite la terrible advertencia de que “hay un golpe de Estado en marcha y si los obispos de EE. UU. no se ponen de pie para defender al Santo Padre en las próximas 24 horas, nos deslizaremos hacia el cisma mucho antes de la reunión de los obispos en noviembre” . (Según él) los enemigos de Francisco han declarado la guerra. “Nótese que para Winters no es la Iglesia o la integridad de su doctrina y disciplina lo que debe defenderse contra los enemigos, sino solo a Bergoglio y el régimen de novedad que está llevando hasta sus últimas consecuencias

    El análisis instantáneo de John Allen que trata de impugnar el testimonio de Viganò es, como uno esperaría de él, un poco más astuto. Su opinión es: “Tómalo en serio, pero con un gran grano de sal.” Que es solo una manera más matizada de decir: “No lo creas.” La opinión de Allen se apoya en irrelevancias tales como el hecho de que la declaración de Viganò implica “No menos de 32 hombres de iglesia” (¿y qué?). Que “tiene un historial” de “insinuaciones y teorías de conspiración” (una afirmación gratuita no respaldada por la evidencia), según la cual Viganò supuestamente anuló una investigación del Arzobispo John Nienstedt y destruyó la evidencia (una acusación que Viganò ha denegado de manera inmediata y categórica con documentos conclusivos) y que Allen tiene “la impresión de que todo esto fue orquestado con una agenda política en mente” (la misma mentalidad de la “teoría de la conspiración” que él atribuye gratuitamente a Viganò.

    Mark Shea, fácilmente el más insoportable de los polemistas neocatólicos, ha seguido rápidamente a Winters y Allen al tratar de poner en duda las afirmaciones de Viganò. Ignorando once páginas detalladas, escritas y publicadas bajo juramento, sugiere que no ha habido: “Documentación. Evidencia. Prueba”. “Sí, Francis debería renunciar si las acusaciones de Viganò son ciertas, admite Shea, una asombrosa concesión viniendo de él. Sin embargo, al no tratar de refutar el relato de Viganò, trata de dejarlo todo a un lado con su habitual argumento de pueril burla (…). Las invectivas digitales en constante expansión de Shea nunca se elevan por encima de este tipo de ataque ad hominem: bueno, si esa gente (los católicos conservadores) lo cree, no puede ser cierto.

    Sin embargo, a la fábrica de propaganda neocatólica le será muy difícil manchar a este testigo.

    -En declaraciones a la Agencia de Noticias Católica, Monseñor Jean-François Lantheaume, quien se desempeñó como primer Consejero de la Nunciatura en Washington, confirmó que “Viganò dijo la verdad. Eso es todo “, cuando afirmó en su declaración jurada que el Nuncio Pietro Sambi le transmitió a McCarrick en la Nunciatura de Washington las sanciones que le había impuesto el Papa Benedicto XVI, Bergoglio las ignoró durante cinco años hasta que se vio forzado por una tormenta mundial de escándalo

    Además, una serie de prelados ha avalado el carácter y la credibilidad de Viganò:

    -El obispo Morlino ha apoyado desde el principio el informe

    – El Obispo Joseph Strickland de Tyler, Texas ha llegado al extremo de ordenar a todos los sacerdotes de su diócesis que lean desde el púlpito una declaración que considera que las acusaciones de Viganò son creíbles.

    – El obispo Thomas Olmsted de Phoenix, Arizona, emitió un comunicado afirmando que conoce a Viganò desde hace 39 años, “lo he conocido y respetado siempre como hombre de veracidad, fe e integridad” y que su testimonio “debe ser tomado en serio por todos … ”

    – El arzobispo Allen Vigneron de Detroit, Michigan emitió un comunicado llamando a la declaración de Viganò “otro desafío intimidante para nuestra confianza en la fiabilidad del liderazgo de la Iglesia, durante un verano de noticias devastadoras sobre el abuso sexual y la infidelidad del clero”. (La declaración aparentemente ha sido borrado de la web diocesana

    – El obispo Atanasio Schneider declara: “El arzobispo Viganò confirmó su declaración con un juramento sagrado invocando el nombre de Dios. Por lo tanto, no existe una causa razonable y plausible para dudar del contenido de la verdad del documento del arzobispo Carlo Maria Viganò “.

    – La declaración del Cardenal Raymond Burke dice:” Las declaraciones hechas por un prelado de la autoridad del Arzobispo Carlo Maria Viganò deben ser totalmente tomadas en serio por los responsables en la Iglesia. ”

    – Y hace solo dos días, el Arzobispo Salvatore Cordileone de San Francisco escribió una carta a sus fieles que” habla de la integridad de Vigano y del amor sincero a la Iglesia “.

    En otro revés para la maquinaria de propaganda que se prepara para impugnar el testimonio de Viganò, el Catholic Herald acaba de informar que el cardenal Wuerl debe haber sabido muy bien del propio Viganò que McCarrick estaba bajo las sanciones papales del Papa Benedicto debido a su mala conducta sexual porque, como confirma un portavoz arquidiocesano, a la solicitud de Viganò como nuncio papal, Wuerl tuvo que cancelar una aparición pública de McCarrick poco antes de la elección de Bergoglio.

    El Herald formula la pregunta obvia: “[Si el cardenal Wuerl no conocía las sanciones, y sin darse cuenta de la razón de ellas, ¿por qué no hizo ninguna pregunta al nuncio sobre el motivo de su petición?” La pregunta se responde a sí misma, y el testimonio de Viganò sobre este punto crítico está confirmado por el propio portavoz de Wuerl. (…)

    http://religionlavozlibre.blogspot.com/2018/09/propaganda-anti-vigano-vs-sus-obispos.html

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  10. Francisco: es urgente acabar con los plásticos

    María Ferraz

    Mientras Bergoglio contempla las vistas por la ventana y parece vislumbrar con preocupación, plásticos flotando en las aguas, en la cocina ignora, a sabiendas, que tiene un pavoroso incendio.

    La contaminación de nuestros mares merecieron ayer sábado, una de sus apasionadas arengas.
    Pero, ¿qué contesta respecto al problema depredador que tiene en ascuas a la Iglesia y a los fieles abandonándola en desbandada?: al estilo que usó con las Dubia: “No diré ni una sola palabra”. Se ve que contesta como los fariseos en época de Jesús: Si decimos que el bautismo de Juan (Bautista) viene del Cielo nos dirá: ¿por qué no lo habéis seguido?, y si decimos que de los hombres, debemos temer al pueblo, así que diremos que no lo sabemos. También, la comparación de colar el mosquito y tragarse el camello, es ilustrativa.

    Igualmente Bergoglio se comprometía con un sí y con un no. Si afirmaba saber lo de McCarrick, se acusaba, si decía que no, seria desmentido con posteriores verificaciones y quedaría como un mentiroso. Dice el comentarista Michael Matt, que además ha dejado a la prensa, fábrica de Fake News, y que le adora, la tarea de desacreditar a Viganò de manera que su acusación sea ninguneada.

    Y mientras pide medidas para favorecer la inmigración y combatir el cambio climático, ha dicho que con la `Carta al Pueblo de Dios´, da por zanjado el problema homosexual, mientras en EEUU más tribunales civiles se apuntan a desenmascarar los abusos que él no quiere afrontar.

    A estas alturas, sólo los bobos siguen leyendo las declaraciones de Bergoglio, en la línea de su compinche de Chicago, Cupich: “el Papa tienen cosas más importantes (en las que pensar) que el escándalo sexual, por ejemplo, el ecologismo y la inmigración”.

    http://religionlavozlibre.blogspot.com/2018/09/francisco-es-urgente-acabar-con-los.html

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  11. La estúpida estrategia de los que denigran a Viganò
    Por La Cigüeña De La Torre

    Son idiotas o nos creen idiotas. La denuncia del ex representante de la Santa Sede ante el Gobierno norteamericano puede tener errores o inexactitudes, aviesas intenciones respecto al Papa Francisco y pueden existir fotografías de encuentros sonrientes entre Viganò y Mc Carrick. ¿Y que? ¿Es cierto buena parte de lo que se dice sobre pederastas, abusadores y encubridores? Porque si es cierto, como parece, se impone una investigación y una actuación.

    Si yo voy a la policía a denunciar un asesinato que he presenciado, cometido por Reverenciano de las Ortopedias Pérez, un murciano de 43 años, nadie archiva el expediente ni me culpa de mentiroso si aparecen el cadáver y el Reverenciano, pero resulta que no es de Murcia sino de Almería y no tiene 43 años sino 38. Pues más o menos.

    Lo de Viganò tiene que investigarse y si es cierto, castigarse en la parte que lo sea. Como autores o encubridores. Sean quienes sean. Y los hay que tienen todas las papeletas de la rifa. Pues que no las hubieran comprado.

    https://infovaticana.com/blogs/cigona/la-estupida-de-los-que-denigran-a-vigano/

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  12. Maradiaga declara el pecado contra el Espíritu Santo
    septiembre 02, 2018

    El corazón del error bergoglianista, en mi opinión, se encuentra en textos como la carta que el arzobispo Nichols escribió el año pasado a Fco, asegurándole que los católicos ingleses creen que su elección fue obra del Espíritu Santo [no en mi nombre, Vincent], y que el Espíritu Santo lo guía diariamente; véanse declaraciones similares por ahora: el cardenal Farrell vincula al Papa con el Espíritu Santo … Mons. Pio de la Rota … …

    Ahora, uno de los hiper-ultra-papistas más extremistas de la Iglesia, el papólatra Cardenal Maradiaga, ha encapsulado ese error en una sola frase lúcida y, al hacerlo, ha empujado el error más allá de la escala … o incluso, puede que fuera de la escala. Estas fueron sus palabras:

    “Pedir la renuncia del Papa es, en mi opinión, un pecado contra el Espíritu Santo, quien finalmente es la guía de la Iglesia”.

    No necesito recordarles que el “pecado contra el Espíritu Santo” es, según las palabras del Señor, el pecado imperdonable: imperdonable tanto en este mundo como en el próximo (Mt 12:31 ).

    Ni siquiera, un pecado canónicamente reservado a la Santa Sede. Un pecado … imperdonable!

    A medida que el control de Fco sobre el poder se vuelve cada vez más amenazado, es natural que sus compinches se vuelvan cada día más extremistas en su retórica desesperada diseñada para proteger a su desafortunado y profundamente fallado héroe.

    Pero decir que pedirle que renuncie es un pecado contra el Espíritu Santo va más allá de lo que podía suponer

    Escribí recientemente, “Están corriendo asustados y se volverán muy peligrosos”.

    Cuando escribí esto, no tenía idea de qué tan asustados y qué tan peligrosos. ¿Hay algo ante lo que se detengan?

    Publicado por el P. John Hunwicke

    http://religionlavozlibre.blogspot.com/2018/09/maradiaga-declara-el-pecado-contra-el.html

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  13. La red homosexualista, o mafia gay clerical, es una realidad que va aflorando a pasos agigantados, afortunadamente. Mutuamente se apoyan, encubren y promocionan. Las víctimas son lo de menos. La prioridad la tienen los osos polares. Ya conocemos de sobra estas maniobras de distracción, pero no nos vamos a distraer. Con la misericorditis es aplicable la máxima ” Piensa mal y te quedarás corto “. Son una mafia. No lo olvidemos. http://religionlavozlibre.blogspot.com/2018/09/pedachio-otro-marica-en-torno-bergoglio.html

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  14. Es lógica la reacción de los pro
    bergoglio
    Han invertido décadas y mucho dinero en él como para irse calladitos. Su plan se tambalea. Hoy más que nunca mantenemos una lucha encarnizada entre el príncipe de las tinieblas y sus secuaces y los ángeles de la Luz

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  15. El vínculo Cupich-McCarrick

    De los amigos de Freedom and the Person un informe interesante

    Un elemento interesante para entender algo del caos que está sucediendo en Estados Unidos: el cardenal McCarrick, chateado durante años, recibe un premio, menos de dos, antes de verse obligado a renunciar por el abuso de los seminaristas.

    Para dárselo es un viejo amigo, Blase Cupich, que mientras tanto ha hecho una carrera, como otros amigos de McCarrick, convirtiéndose en cardenal con Bergoglio.

    Más allá de los detalles individuales de Viganò expediente, lo que está claro es un hecho más a los hombres McCarrick, ya sea personalmente o, idealmente, como Blase Cupich, William Tobin y Kevin Farrell, en los últimos años fueron todas cardenal designado .

    Y han continuado, por un lado, para predicar una nueva doctrina sobre la ideología LGBT, y, por el otro, para asistir y alabar a un abusador homosexual en serie.

    Ver aquí:

    https://www.lifesitenews.com/news/spirit-of-pope-francis-award-given-to-cardinal-mccarrick-by-cardinal-cupich

    http://blog.messainlatino.it/

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  16. El escándalo no lo busca Viganó, que se limita a exponer una Verdad que sabes que es Verdad: que eres un encubridor de pederastas y homosexualistas homoheréticos. El escándalo lo provocas tú, Bergoglio, que te niegas a responder porque no quieres autoincriminarte y encima vas de martir. No cuela. Ya sabemos de sobra quienes son los mártires, perseguidos por el pensamiento único, el islam y la misericorditis, en una más que sorprendente alianza.https://www.religionenlibertad.com/papa_francisco/495027879/El-Papa-afirma-que-frente-a-los-que-buscan-AescandaloA-la-respuesta-es-el-AsilencioA-y-la-AoracionA.html

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  17. Pero, vamos a ver: ¿es que no nos hemos fijado en el encabezamiento mismo de este escrito, a saber, que el Papa es el Papa, y que no hay razones que dar, y que lo nuestro es “acatadlla y no enmendadlla”? Pues creo que está clarísimo y que ya nos está costando entender. ¿Que el Papa desafina en la doctrina? ¡a callar! ¿Qué el papa no contesta? ¡a callar! ¿Qué el Papa está rodeado de sarasas y depredadores sin cuento, cosa que cualquier juez tomaría como indicio de algo? Ni pienses ni hables. ¡Tú a callar! Y es que es así. Queee no entendeeemos… Que somos duros de mollera. Bastante tiene el Papa con su amplísima agenda, y lo nuestro son paparruchas, chirigotas, supercherías sin cuento.
    Bastante tiene el pobrecillo con su agenda, que no le cabe en el bolsillo. ¿Qué digo en el bolsillo? Ni en su despacho, ni en su habitación. Porque, ¿qué nos creemos? Que ver un plástico flotando justo en el estanquillo frente a sus habitaciones es un “quítame de ahí esas pajas”? Es algo de cuya gravedad ni nos hacemos una pajolera idea, ni siquiera. Porque vamos a ver ¿Quién ha tirado ese plástico?¿Eh? ¿Quién de ustedes ha sido? De aquí no se mueve ni Blas hasta que salga el culpable.
    Que se empieza por un plástico y se acaba en lo que se acaba.
    Y es que somos una panda de imberbes melifluos y no aprendemos. Atacados por el mortal “venenum mosquitorum” del “clericalismo” que es lo que realmente nos está chafando la vida. Porque, vamos a ver, nos tenemos que callar, eso es innegable. Incluso cuando, por poner un ejemplo desastroso, nos violan y tal, porque vamos a ver ¡de queee nos sirveeee! Ya vemos lo que al tal Virgus se ha ganado con lo tal y tal.
    El Papa no entra en detalles, pues faltaría más: él es sintético y sincrético, un ejemplar simpliciter y simpático donde los haya. No le entendemos, pobrecito mío. Nada de moros y cristianos y tal, que eso está más desfasado que Rita la lavandera. Y cuidado que nos lo ha explicado de veces: que lo que importa es el “totum revolutum”, no hay nada como ello. Un amasijo de todo, donde no nos reconoce ni la madre que nos parió. ¡Mecachis! Pues sí que es guay. Y nosotros a callar, ¡pues claro!, y a hacer mientras tanto lo que se nos ponga en las mismas napias. Y a vivir que son dos días.

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  18. De lo mejor que he leído; quizás lo mejor. Son días históricos. El acusado mayor de la humanidad va de víctima y pide oraciones ¡ Falso ! A Dios rogando y con el mazo dando. ¡ Responde y no te hagas el sueco !
    TESTIMONIO “VIGANÓ”
    Una oportunidad de curación para la Iglesia
    Me ha costado mucho escribir este artículo. “No hay que perturbar la fe de los sencillos” (Ya está perturbada: en Irlanda cayó veinte puntos el porcentaje de católicos tras el escándalo de los abusos sexuales). “Los trapos sucios se lavan en casa” (Imposible en la era de Internet). “No hay que desacreditar públicamente a la Iglesia” (Pero nada desacredita más que el silencio encubridor).
    De hecho, casi tenía decidido no escribirlo. Pero entonces conocí un detalle del terrible “y rigurosamente fundamentado- informe del Gran Jurado de Pensilvania: los sacerdotes pervertidos “marcaban” con determinadas medallitas piadosas a los jóvenes que sabían accesibles, a fin de que pudieran ser identificados y usados por otros clérigos de la red maldita (pues de una red organizada se trataba, con una sección especializada, por ejemplo, en la producción de pornografía infantil). Las gotas que colman el vaso suelen ser así de triviales.
    Los católicos hemos desarrollado todo un repertorio de excusas para desviar la mirada del horror de los abusos sexual-clericales. “Todos somos pecadores”. Cierto, pero no todos somos corruptores de menores que arrastran por el fango la dignidad de la Iglesia. “La prensa, mayoritariamente anticristiana, usa un doble rasero”. Y sí, es verdad que, según determinados estudios, en otros gremios que trabajan con adolescentes se dan porcentajes de abuso sexual comparables a los del clero, con una atención mediática mucho menor. Pero un maestro o un entrenador deportivo no consagran diariamente el cuerpo y la sangre de quien dijo: “Al que escandalice a uno de estos pequeños, más le vale que le cuelguen al cuello una piedra de molino y le hundan en lo profundo del mar” (Mt, 18,6).
    Otro subterfugio es: “Los sacerdotes corruptos son una minoría”. ¡Claro que sí! Claro que hay una mayoría de sacerdotes virtuosos y fieles a su ministerio. Pero los malos constituyen una minoría poderosa, infiltrada en todos los niveles de gobierno de la Iglesia, capaz de desactivar los ya tantas veces prometidos esfuerzos de prevención y limpieza. La dura realidad es la que ha enunciado descarnadamente el blog católico The Wanderer: hay incrustada en la Iglesia “una mafia de homosexuales que la ha utilizado para conseguir efebos a fin de satisfacer sus pasiones y dinero para vivir cómodamente”.
    Cuando se conoce la abyección a la que han llegado esos sacerdotes y obispos indignos, sólo cabe concluir que perdieron hace mucho la fe, si es que alguna vez la tuvieron. Pero, en lugar de colgar los hábitos, permanecen en la institución, que garantiza seguridad económica y una provisión siempre renovada de potenciales víctimas. Moralmente es una estafa; jurídicamente es un delito; teológicamente es un sacrilegio, pues esos sacerdotes celebran los sacramentos sin creer en ellos. Usan la Iglesia de Cristo como lupanar.
    Homosexualidad y clero
    Determinados opinadores progresistas apenas disimulan el regocijo que les produce esta bancarrota moral de la Iglesia. La mala noticia para ellos es que la crisis de los abusos sexuales es también, fundamentalmente, un problema de homosexualidad clerical, como ha afirmado con valentía la reciente carta de monseñor Viganò: “Estas redes homosexuales, que ahora son ya extensas en muchas diócesis, seminarios, órdenes religiosas, etc., se sirven del secreto y la mentira: estrangulan víctimas inocentes y vocaciones sacerdotales, y están estrangulando a la Iglesia entera”.
    Hubo un tiempo en que los deslices eróticos del clero concernían al sexo opuesto: el cura con barragana es un clásico de nuestra literatura, como saben los lectores del Arcipreste de Hita. Pero también existía en la Iglesia una ética sexual inequívoca que conceptuaba esos deslices como pecados que ponían en peligro la salvación del alma. En los años 60 y 70, sin embargo, los vientos de “liberación” que soplaban en la sociedad penetraron en la propia Iglesia; surgió entonces un sector de teólogos progresistas (Charles Curran y otros) que reclamaban una revisión de la moral sexual católica, y especialmente de la prohibición de las relaciones homosexuales, secularmente condenadas como pecado de sodomía. El desconcierto moral-doctrinal coincidió en el tiempo con la desbandada de secularizaciones del post-concilio: muchos curas heterosexuales abrumados por el celibato entablaron entonces relaciones con mujeres y colgaron los hábitos para casarse. Pero los que patinaban en la otra dirección se quedaron dentro. El porcentaje de sacerdotes homosexuales aumentó sustancialmente.
    La dimensión específicamente homosexual de la crisis de abusos es camuflada mediante el uso general del término “pedofilia”, que lleva al público a creer que los curas pervertidos corrompen a niñas de siete años. Y puede haber algún caso. Pero la gran mayoría de los abusos se refieren a adolescentes varones: sería más exacto hablar de efebofilia. El estudio “The Nature and Scope of Sexual Abuse of Minors by Catholic Priests and Deacons in the United States from 1950-2002”, realizado en 2004 por el John Jay College of Criminal Justice por encargo de la Conferencia Episcopal norteamericana, revelaba en su epígrafe 4.2 que más del 80% de los abusos habían tenido por objeto a “adolescentes y hombres jóvenes”. A la vista del informe, Paul McHugh, antiguo director de Psiquiatría del Johns Hopkins Hospital, no dudó en hablar en un artículo de 2006 de “una crisis de depredación homosexual de la juventud católica norteamericana”.
    Pero esto significa que, cuando el mundo le exige simultáneamente a la Iglesia un giro gay friendly en su moral sexual y la erradicación de los abusos, le está pidiendo un imposible. Habrá que escoger entre ambas cosas.
    A esa conclusión parecía haber llegado también Benedicto XVI, que impulsó en 2005, como una de las primeras medidas de su pontificado, la “Instrucción sobre los Criterios de Discernimiento Vocacional en Relación con las Personas de Tendencias Homosexuales antes de su Admisión al Seminario y a las Órdenes Sagradas”, que establecía que la Iglesia “no puede admitir al seminario y a las órdenes sagradas a quienes practican la homosexualidad, presentan tendencias homosexuales profundamente arraigadas o sostienen la así llamada cultura gay”. La aplicación de la Instrucción, sin embargo, tropezó con el abierto boicoteo del sector clerical progresista, que consideró “homófobo” el estricto criterio introducido por un Ratzinger que en el Vía Crucis del Viernes Santo de 2005 había sorprendido al mundo con una enigmática alusión a la “podredumbre escondida en la Iglesia”. El padre Robert Scullin, S.J., provincial de la Compañía de Jesús en Detroit, declaró desafiantemente que “seguiremos invitando [a considerar la vocación sacerdotal] a jóvenes de toda orientación sexual que deseen llevar una vida religiosa célibe”.
    Lo que estaba diciendo Scullin es que el Papa erraba al presuponer en los hombres con inclinación homosexual una mayor probabilidad de abuso que en los heterosexuales. Lo mismo alegó el padre Thomas Reese, S.J.: “El Vaticano ha olvidado cuántos sacerdotes son homosexuales, y cuán fielmente observan el celibato, y qué bien desempeñan su ministerio”.
    Y bien, sin duda muchos sacerdotes con tendencia homosexual respetan el celibato. Pero los porcentajes de éxito no son los mismos. La atmósfera de opresiva corrección política hace ya casi imposible decir esto, pero múltiples estudios sexológicos certifican que la propensión a la promiscuidad es mucho más elevada entre los homosexuales, como también lo es la incidencia de la pederastia. En un artículo de 2006, el gran Richard John Neuhaus concluía: “Roma ha hecho un juicio prudencial: al conceder a muchos candidatos al sacerdocio [con tendencia homosexual] el beneficio de la duda, se adoptaron en el pasado demasiados riesgos. Ahora debe darse prioridad a la protección de la integridad del sacerdocio. Con la reciente “normalización” de la homosexualidad en la cultura general, y con la aceptación de dicha normalización por muchos sacerdotes y no pocos obispos, y con consecuencias tales como los escándalos de abusos sexuales, la Iglesia simplemente no puede permitirse seguir asumiendo el riesgo”.
    Las revelaciones de Monseñor Viganò
    Lo que parece bloquear la capacidad de reacción eficaz de la Iglesia frente a la interminable crisis de abusos sexuales sería, pues, una sinergia objetiva entre el lobby abiertamente gay-corrupto, de dimensiones desconocidas, y el sector eclesial progresista que, sin ser necesariamente homosexual, sí presiona constantemente para conseguir una revisión de la posición oficial de la Iglesia sobre la homosexualidad, el matrimonio, la familia, los anticonceptivos, el aborto y otras cuestiones morales. La “guerra civil” entre conservadores y progresistas planeó explosivamente, por ejemplo, sobre el pasado Sínodo de la Familia. Con el Papa Francisco apoyando poco disimuladamente a los segundos.
    Aquí es donde entran en juego las estremecedoras declaraciones de Monseñor Viganò. No sabemos si son verdaderas. Sí parecen verosímiles. Porque su versión hace encajar muy lógicamente todas las piezas. No reconstruiré todos los detalles, ya conocidos. Viganò puede acreditar su constante beligerancia, a partir del año 2000, en la denuncia por vía interna de las andanzas pederastas del cardenal McCarrick. Explica que la interferencia de Sodano, Levada y Bertone impidió probablemente que los informes llegaran al Papa. La insistencia de Viganò consiguió, sin embargo, que en 2009 Benedicto XVI tomase por fin cartas en el asunto e impusiese a McCarrick el cese radical de su ministerio público y la “retirada a una vida de oración y penitencia”, con prohibición expresa de pisar los seminarios (su territorio de caza preferido).
    Y la escena clave es el momento en que Viganò se encuentra en Roma en 2013 a un McCarrick triunfante que le dice “me he entrevistado con el Papa [Francisco] y mañana me voy a China [en misión oficial]”. Invitado por Francisco a exponer su opinión sobre McCarrick, Viganò asegura haberle dicho: “Ha corrompido a generaciones de seminaristas y sacerdotes, y el Papa Benedicto le impuso retirarse a una vida de oración y penitencia”. “El Papa no hizo el mínimo comentario a mis graves palabras […] y cambió enseguida de tema”.
    Tratándose de una conversación privada, corresponde al Papa reconocerla o desmentirla. Viganò pone solemnemente a Dios por testigo, empeñando su salvación en el envite. Lo que sí puede demostrarse es que, a partir de 2013, McCarrick retomó su actividad pública, lo cual indica un levantamiento de las sanciones por el Papa. Basta consultar la edición del Huffington Post del 17 de Junio de 2014, que, bajo el titular “McCarrick está trabajando más duro que nunca”, nos explica: “McCarrick es uno de los eclesiásticos que habían sido más o menos puestos fuera de la circulación durante el pontificado de Benedicto XVI. Pero ahora el Papa es Francisco, y prelados como Walter Kasper (un viejo amigo suyo) y el propio McCarrick están de nuevo en primera línea, y más activos que nunca. McCarrick, en particular, está que se sale desde hace un año [has been on a tear in the past year], viajando a Filipinas para consolar a las víctimas del tifón, y visitando puntos geopolíticos estratégicos como China e Irán para conducir delicadas conversaciones sobre libertad religiosa y proliferación nuclear”. […] “¡Mala hierba nunca muere!”, le dijo jocosamente Francisco cuando le volvió a ver”.
    Ross Douthat razona que Francisco no tiene por qué haber encubierto cínica y friamente a un cardenal pederasta. Que quizás intentó autoengañarse diciéndose que eran sólo habladurías. Quizás pensó que, a sus 83 años, McCarrick ya no estaba en condiciones de corromper a nadie más. Sería la explicación más piadosa.
    Lo que parece incuestionable es que Francisco antepone la búsqueda de aliados en su “guerra civil” contra el sector ortodoxo/conservador a la lucha contra los abusos sexuales (mientras se llena la boca con una retórica de “tolerancia cero”). Por eso invitó al Sínodo de la Familia al cardenal belga Godfried Danneels, que fue grabado mientras intentaba convencer a una víctima de abuso sexual de que no denunciase al culpable, el obispo de Brujas Roger Vangheluwe (Danneels es una figura clave del progresismo eclesial y, según se dice, uno de los muñidores de la elección de Francisco en el cónclave de 2005). Por eso mantiene en su G9 “consejo privado de asesores “para la reforma de la Curia”- a varios cardenales salpicados por escándalos de abusos: se acusa a Maradiaga de haber encubierto al obispo de Tegucigalpa, Juan José Pineda, y de haber hecho caso omiso de las llamadas de socorro de los seminaristas hondureños que denunciaban las descaradas presiones homosexuales en el seminario; Pell y Errazuriz tampoco están libres de sospecha; en la diócesis del cardenal O?Malley, Boston, también se han revelado nuevos casos de abuso.
    El progresismo eclesial “y el que podríamos llamar “sector oficialista”, que era conservador con Benedicto, progresista con Francisco, y concibe el catolicismo como obediencia perruna a la autoridad pontificia- ha salido en tromba a desacreditar a Carlo Maria Viganò. Dicen que Viganò miente y que todo se debe expectativas profesionales frustradas. Como si a los 77 años se pudiera pensar en carrera eclesial alguna, en lugar de en el Juicio cercano.
    Sí, podría ocurrir que lo de Viganò no haya sido más que una gran calumnia (genialmente ensamblada, pues, como decíamos, las piezas encajan demasiado bien). Pero, entonces, el calumniado debe refutar las imputaciones con la misma terrible solemnidad con que Viganò las formuló (“si callo, Dios me pedirá cuentas”), y a continuación aplicarle las más duras sanciones previstas por el Derecho canónico, además de denunciarle a las autoridades civiles. Todo indica, sin embargo, que la actitud de Francisco va a consistir en esperar que escampe, mientras el oficialismo-progresismo utiliza la técnica del calamar. Sería cerrar la crisis en falso y agudizar el descrédito moral de la Iglesia.
    Pero monseñor Jean-François Lantheaume, que fuera consejero de la nunciatura en Washington en la etapa de los hechos, ha declarado escuetamente que “Viganò dice la verdad”. Y el cardenal Daniel Di Nardo, presidente de la Conferencia Episcopal de EE.UU., ha afirmado que “las cuestiones planteadas por Viganò merecen respuestas que sean concluyentes”. Y monseñor Vigneron, arzobispo de Detroit, dice que la carta de Viganò es “camino seguro hacia la purificación y la reforma de la Iglesia”. Y monseñor Olmsted, obispo de Phoenix, pide “que el testimonio de Viganò sea tomado en serio por todos”. Y uno de los intelectuales católicos más prestigiosos, George Weigel, declaró ayer: “El arzobispo Viganò es un valiente reformador, y fue removido del Vaticano por sus inmediatos superiores porque estaba determinado a enfrentarse a la corrupción financiera en el Governatorato, la administración del Estado vaticano. […] Viganò es, según mi experiencia, un hombre honrado. Hablamos sobre cuestiones grandes y pequeñas, y nunca tuve la impresión de que me estuviese transmitiendo otra cosa que lo que él en conciencia creía que era la verdad”.
    Viganò concluye su alegato pidiendo la dimisión del Papa. Hay quien sostiene que dos renuncias papales en cinco años, y probablemente motivadas por el mismo asunto (pues muchos conjeturan que la verdadera causa del desaliento de Benedicto fue su impotencia frente a la hidra de los abusos y el lobby gay eclesial) serían demasiado para la Iglesia.
    Habría una alternativa mejor: que Francisco pidiese perdón y estuviese por fin a la altura de su ministerio, cortando las cabezas que sean necesarias, aplicando la Instrucción de 2005 y convirtiendo la limpieza de la Iglesia en su verdadera prioridad. Como han señalado varios comentaristas, esta tribulación puede ser una oportunidad de oro para una sanación en profundidad. Comprender que uno tiene un tumor y no un resfriado es el primer paso para aplicar una terapia efectiva. Recordando siempre que la insumergibilidad de la barca está garantizada por el propio Cristo. Pese a los hombres.
    Exsurge, Domine, et iudica causam tuam.
    Comentarios
    Por Echenique 2018-09-03 16:05:17
    Probablemente la misericorditis tratará por todos los medios de destruir tales pruebas ante el alto riesgo de que los acusados puedan ser citados por tribunales americanos y no precisamente como testigos.
    Por Echenique 2018-09-03 16:01:51
    Viganó es un testigo. La prueba testifical, mientras no sea desvirtuada por dos testigos en su contra con igual prestigio y detalle, prevalece, máxime cuando se remite a pruebas documentales obrantes en la santa sede o en la nunciatura de USA.
    Por Joaquín 2018-09-03 14:11:45
    Hay tantas falsedades, verdades a medias, contradicciones y sofismas en este artículo que uno no sabe por dónde empezar. Veamos, señor catedrático de Filosofía del Derecho, ¿dónde ha quedado el viejo dicho de “todo el mundo es inocente mientras no se pruebe lo contrario” o el principio básico de derecho penal de que la carga de la prueba corresponde al que acusa (aquí, Viganó)? Al parecer, es el Papa el que debe demostrar su inocencia. Eso por no hablar de que se ha demostrado que es falso que McCarrick estuviera retirado antes de la llegada de Francisco. Asistió a numerosos actos públicos, algunos de ellos con la presencia de Benedicto y otros incluso con la de Viganó (que llegó hasta a concelebrar con él). Si hubo tales sanciones, Viganó contribuyó decisivamente a que no se cumplieran.

    TESTIMONIO “VIGANÓ” Una oportunidad de curación para la Iglesia

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  19. ACUSACIÓN DE VIGANÓ AL PAPA – TERTIUM NON DATUR

    Ante las gravísimas acusaciones de Viganó, sin precedentes históricos, de cobertura papal a un pederasta como McCarrick, con levantamiento incluso de las sanciones impuestas por Benedicto XVI, Bergoglio no tiene más que dos opciones: O confirma la veracidad de la gravísima acusación, con el resultado de renuncia inmediata al ministerio petrino, o niega rotundamente la acusación, con el resultado de destitución inmediata de Viganó de todos sus cargos y la consiguiente reducción al estado laical. Tertium non datur. No existe una tercera opción. Pensar que la gravísima acusación va a caer en el olvido es no conocer muy bien a los fieles católicos, que somos en general papistas pero no papólatras, que es un pecado, especialmente en la hora de los laicos. Dejar que el tema se pudra es añadir más podredumbre a toda la porquería que va aflorando y que habrá que barrer cuanto antes, antes que el olor sea insoportable y los fieles huyan despavoridos. Viganó está dispuesto a prestar juramento decisorio ante la autoridad que se lo pida, con lo que se juega la salvación eterna de su alma si resultara ser un perjuro en materia gravísima. No decir ni sí ni no es decir que sí porque, cuando existe la obligación moral de hablar, quien calla otorga. El silencio resulta necesariamente positivo. Pensar que los mass media le van a sacar las castañas del fuego, como dejó entrever en el avión de vuelta de Dublín, es ignorar que, afortunadamente, hay también prestigiosos medios que, por encima de su ideología, anteponen la Verdad.

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