Vicente Montesinos

Los jugadores de Croacia lucen la camiseta de la Virgen de Medjugorje debajo de la oficial
Los jugadores del Real Madrid y de la selección croata Luca Modric y Mateo Kovacic, con su camiseta de “Yo pertenezco a Jesús

La católica Croacia quiere ofrecer a Dios su primer Mundial, y hemos podido ver durante estas semanas cómo el entrenador y varios importantes jugadores croatas han encarnado y mostrado una profunda Fe.

La católica Croacia juega hoy, a las cinco de la tarde, hora peninsular española, en el Estadio Olímpico Luzhnikí, de Moscú, la final de la Copa del Mundo de Fútbol ante Francia.

Pero lo que hemos presenciado con esta joven selección es bonito para cualquier católico.

Varios de los integrantes de la selección croata encarnan esa fuerte identidad religiosa que se atribuye a su país. Es el caso del mismo seleccionador, nacido en Bosnia-Herzegovina. Como él mismo contó a la revista Glas-koncila, del Arzobispado de Zagreb, lleva un rosario en todos los partidos: “La fe me da fuerza, siempre tengo un rosario en el bolsillo y rezo antes del juego. Doy gracias a Dios todos los días, porque me ha dado fuerza y fe, pero también la oportunidad de hacer algo en mi vida. Para mí y mi familia, la fe es extremadamente importante”.

Otro caso es el del madridista Luka Modric, la gran estrella del combinado nacional y católico practicante. En los duros años de la guerra, tras el asesinato de su abuelo, su familia se vio obligada a huir de su hogar en Obracovac y se trasladaron a Zadar, viviendo en un hotel que se convirtió en un improvisado campamento para refugiados. Con solo siete años, Modric aprendió a sortear el día a día de la guerra haciendo lo que más le gustaba: jugar al fútbol, aunque fuera el solo, disparando frente a un muro.

Muy significativa es la historia de su compañero en el Bernabéu y en la selección croata, Mateo Kovacic. De fuertes convicciones católicas, en su niñez ejerció muchas veces como monaguillo. De hecho, conoció a su novia de muchos años y actual mujer, Izabel, en el coro de su parroquia.

Kovacic contó a El Mundo cómo “los domingos que no tengo partido, voy a misa, aquí en Madrid, a una iglesia cerca de mi casa. Y antes de jugar, siempre rezo. Es algo muy importante para mí”. “Mi fe en Dios –ha repetido en distintas ocasiones– me hace más fuerte a la hora de afrontar los partidos”.

Por si fuera poco, no es solo un fenómeno de carácter personal, sino que a nivel institucional, la federación croata ha mostrado su sensibilidad religiosa cuando, antes de viajar a grandes campeonatos, como Eurocopas o Mundiales, ha concentrado a sus jugadores en el santuario de Medjugorje, en Bosnia-Herzegovina.

Los jugadores explican cómo esos días de retiro en Medjugorje tienen poco que ver con el fútbol. “Vinimos para dar gracias por la buena salud, y por lo que somos capaces de superar todos los días, para dar gracias por cada mañana cuando nos despertamos vivos y bien. Aquí nos sentimos como en casa, nos encontramos con una paz necesaria y en un ambiente relajado”.

Gane el mundial o no esta tarde; Croacia ya ha ganado al conseguir como poco un histórico subcampeonato del mundo. Pero parece claro que la selección de Croacia ha ganado muchas más cosas. Y sus compatriotas. Y todos los católicos del mundo.

Viva La Gospa

Laus Deo.

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