Vicente Montesinos

 

 

Cristo, Jesús, Jesucristo; la segunda persona de la Santísima Trinidad; el Hijo Amadísimo del Padre; nuestro Salvador y redentor; el Rey del universo.

El que fue, es y será.

¿Esto es tan difícil de entender?

Pero no. Esto que antecede, inmutable; ya no sirve. Lo vemos cada día. No sirve a la actual iglesia de lo líquido, lo banal, lo falsamente misericordioso.

Ahora necesitamos un Cristo que se adapte y se acomode. Un Cristo que sea funcional a esta nueva visión degradada, decadente, en irreversible proceso de destrucción.

Pero eso que nos quieren vender no es Cristo. Entre otras muchas cosas porque Cristo, el Señor del tiempo y de la Historia, no necesita venta.

Es un falso Cristo inventado por la “misericorditis” y la corrección política, ante el que, lamentablemente, hasta muchos católicos antaño tradicionales, caen rendidos.

Y lo peor de todo es que gran parte de nuestra actual jerarquía y, desde luego, Roma, están en la defensa de estos “nuevos paradigmas”, y no de la Iglesia Santa, católica y apostólica.

Ese es el motivo por el cual la decadente sociedad actual acepta con alborozo esta nueva doctrina, ya que es conforme a lo que esta misma sociedad vive; y no le interpela a cambiar, omitiendo el mandato de nuestro Señor Jesucristo.

Y me pregunto yo… ¿Y si Dios permite que los falsos pastores estén llegando tan lejos para que en una necesaria criba y purificación se separe al verdadero creyente del que solo lo ha sido en apariencia, dejándose llevar por la tibieza, el buenismo, y la corrección política?

No lo sé. Solo Dios lo sabe, y nosotros; a cumplir con nuestro deber, a seguir trabajando, y a presentarle al Señor nuestros humildes panes y peces para que los utilice como crea necesario.

Por qué otra cosa no podemos hacer en estos tiempos; pero tampoco, con la excusa del abandono malentendido (que no es el verdadero santo abandono en manos de Dios) dejar de hacerlo.

Y por supuesto mucho menos, aplaudir la actitud de la sociedad; y menos aún; la de la legión de católicos que hoy viven felices con una iglesia a la que siempre estuvieron esperando. Una iglesia que les dice “vive y dejá vivir“, se feliz y sigue en la mediocridad, en la frivolidad, y en el pecado, porque Dios te ama y es todo misericordia y ternura, y solo eso;  y esta iglesia te acompaña.

El momento es gravísimo, desde luego. Estamos en el culmen de lo que ya San Pablo llamaba “adaptarse a la mentalidad de este mundo”, y contra lo que prevenía.

Parece que algunos quisieran acabar con la Gracia y, en general, con todo lo sobrenatural en la Iglesia. Supongo que porque no creen en ello.

“Se feliz, haz lo que quieras; hagas lo que hagas si eres feliz es lo que importa; vive la vida a tu manera, si estás en paz y tranquilidad, y  no te preocupes por nada más, porque hay que vivir la vida, y Dios te ama de todas maneras”

Ese es el pensamiento que se nos quiere transmitir; que no es más que el de un condenado que no sabe lo que es arrepentirse y acomoda a Dios a lo que le conviene.

Vive y dejá vivir“. ¿No es el primer mandamiento de Bergoglio? Entonces, ¿para que necesitamos ya a los verdaderos mandamientos?

Si hace unos años me hubieran dicho que yo iba a no poder entender, ni concebir, y encima no poder ni deber callar, ante la actitud de un Pontífice; no lo hubiera creído.

Pero bueno;  tampoco hubiera creído que un papa dijera que el primer mandamiento es vivir y dejar vivir, y que celebrará “aeromonios” exprés.

Es lo que hay

¡Y porque hasta el cielo no paramos, que Dios os bendiga.

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