En aquel tiempo, Jesús gritó y dijo: «El que cree en mí, no cree en mí, sino en aquel que me ha enviado; y el que me ve a mí, ve a aquel que me ha enviado. Yo, la luz, he venido al mundo para que todo el que crea en mí no siga en las tinieblas

En el evangelio de hoy,  Jesús nos insiste en que su misión  al hacerse hombre y venir al mundo, ¡todo un Dios!, es salvarnos. 

¡Que insistencia misericordiosa de Dios en que no vayamos en las tinieblas; en que rechacemos la oscuridad del pecado, y en que nos unamos a su palabra, la Palabra, la que da la vida eterna!
¡Qué importancia tiene entender que Dios nos llama uno a uno para salvarnos! 

Pero también que en la importancia de la llamada, debemos hallar también la coherencia de la respuesta. Una respuesta que al final, desde la comunidad eclesial, no deja de ser personal de cada uno; y por la que, como dice el evangelio de hoy, al final la Palabra nos juzgará. 

Que te respondamos, siempre, Señor, con la fe, la esperanza y la caridad. Y, con la ayuda de María seamos fieles testigos de Jesucristo.

                               Vicente Montesinos

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