FERNANDO LÓPEZ-MIRONES, LA CIENCIA ORIGINAL . Por Álex Holgado
Los benditos de los últimos tiempos (Cap. VI)
Los benditos del fin de los tiempos ( Cap. VI) FERNANDO LÓPEZ-MIRONES
Álex Holgado
Adoración y Liberación

Los benditos de los últimos tiempos (Cap. VI)
Nada en él es convencional. Ni su outfit de Indiana Jones, ni su estilo franco, ni por supuesto sus sugestivas hipótesis. No encaja en este mundo de raíles trazados y fórmulas sabidas y obligatorias. No es oficialmente conveniente.
Fernando López-Mirones es un hombre a la contra de lo ventajoso, nacido y forjado para cuestionar la conformidad y la avenencia. Tiene mucho de ese chiquillo que te desquicia con su constante interrogación, de ese niño al que su insaciable curiosidad y capacidad de observación no le cuadran las respuestas al uso, dictadas casi siempre por el interés, la capciosidad y la pereza de una autoridad arbitraria, cuya prioridad es siempre matar la imaginación y el asombro, no sea que vayan por ahí contagiando entusiasmo.
Por eso pone nerviosos a los que se creen dueños de nuestras almas. Porque el proceder de Fernando, su fresco y personal relato y su vitalismo, es intangible y atraviesa la cerca de la almadraba mediática con la que nos quieren conducir a la trampa final. Y ahí está su condición salutífera, que no es otra que la luz de la verdad.
Fernando es un biólogo militante de la vida, crítico con la mediocridad, con décadas de experiencia como documentalista de éxito, cuyo bagaje intelectual ha desembocado en lo Fernando, una iluminación, una inspiración, algo que podría definirse como una vocación por la originalidad de la ciencia, o por la ciencia de la originalidad, que se niega a detenerse en las fronteras artificiosas del conocimiento preceptivo.
Lo Fernando tiene el destello del rayo verde, tiene la mirada legendaria del lobo del cuaternario, atesora las confidencias que cristalizaron en las hogueras durante los miles de años de la humanización del hombre. Lo Fernando recopila las historias que llevamos inscritas en los genes y que necesitamos que alguien especial como él nos exprese y nos revele antes que nos las modifiquen para que dejemos de aprender y de soñar.
Necesitamos en esta época de galopante impostura mundial a estos prodigiosos contadores de historias, a estos bardos geniales en cuya memoria pervive la chispa de verdad, la esencia de la humanidad. Los libros de Fernando López-Mirones son declaraciones de independencia. Son cánticos a la libertad. Son construcciones megalíticas donde, de pronto, se descifran los jeroglíficos y se te confiere la clave para unir los puntos e interpretar el mapa del conocimiento secuestrado por los intereses mezquinos.
Porque el sistema, el seguir a pies juntillas su relato y obedecer sus dogmas, te garantiza el marchamo de persona fiable. En cambio, aquel que explora la madriguera y va plus ultra persiguiendo la verdad es cancelado, pasa a ser un fanático, un peligroso conspiranoico del clan de los negacionistas. Poco importa que Fernando aporte trayectoria, argumentos y datos: está tachado de la lista y, por lo tanto, es un espécimen cuya veda de caza está abierta para ser contestado siempre con falacias ad hominem cuando no con insultos y desprecios.
Y ello a pesar de ser un científico. A pesar de seguir las balizas del método científico del análisis de la evidencia. Pero ocurre que Fernando cometió el sacrilegio de no tragarse -¡y de denunciar!- varios dogmas establecidos del progresismo globalitario, como la plandemia y sus pinchazos o el clima cambiático. Perdió la cátedra en la universidad, se le vetó en las productoras y televisiones oficiales y no pocos colegas le retiraron el saludo. Desde entonces, para estos hijos de pauta –siguiendo su aguda terminología-, es un fuera de guión, un defecto en el algoritmo, un engranaje de la fábrica de bulos.
Su oda a los purasangre, ensalzando a quienes resistimos a la estampida del ganado vacuno, se viralizó y llegó a ser un manifiesto internacional; su denuncia de la Afrenta 2030 es un modelo de desenmascaramiento de la manipulación; solo con el título de su libro “Yo, negacionista” atajó la ofensiva psicológica del gregarismo único.
Porque, como nos explica él mismo, esto no va de datos ni de argumentos, sino que nos encontramos en una guerra lingüística, en la cual la verdad nunca está en la superficie de lo evidente, sino sepultada bajo toneladas de palabrería hueca que tupe el pensamiento. La retórica rige el mundo para desquiciarnos.
Por eso decir la verdad es un acto revolucionario, el que mayor virulencia conlleva. El sistema persigue a quienes señalan sus vergüenzas, es decir, las mentiras gananciales sobre las que se sustenta. La insumisión es la amenaza por antonomasia. Así que Fernando, lo Fernando, es un enemigo público, un renegado, lo que quiere decir que es un héroe, uno de esos benditos de los últimos tiempos, firme en la verdad.
Capítulos anteriores de esta serie:
- Capítulo 1:
- Capítulo 2:
Los benditos de los últimos tiempos (Cap. II) DON MINUTELLA, EL LEÓN DE LA FE APOSTÓLICA
- Capítulo 3:
Los benditos de los últimos tiempos (Cap. III) ANTONINI DE JIMÉNEZ, DE VOCACIÓN LIBRE
- Capítulo 4:
- Capítulo 5:

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