🇪🇸 20 de noviembre: 50 años después, la verdad histórica sobre Francisco Franco

Recuperar la memoria que España y la Cristiandad necesitan

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20 de noviembre: 50 años después, la verdad histórica sobre Francisco Franco

 

 

 

Por Vicente Montesinos

Director de Adoración y Liberación

 

 

Medio siglo después de la muerte de Francisco Franco, la España oficial continúa atrapada en un relato fabricado para borrar, no para comprender. Este 20 de noviembre no es solo una fecha histórica: es el recordatorio de que Occidente ha construido su identidad reciente sobre una falsificación sistemática, negando la verdad de uno de los estadistas más decisivos que ha tenido Europa en el siglo XX.

Franco no fue el fantasma que ciertos poderes han necesitado crear: fue un jefe de Estado disciplinado, austero, profundamente católico y consciente hasta el extremo de que la misión de España en la historia era inseparable de su fe. Su figura no puede analizarse con las categorías ideológicas del presente, sino con la realidad objetiva del tiempo que le tocó vivir: una España incendiada por el marxismo revolucionario, la persecución religiosa más brutal de la era contemporánea, y el intento de destruir la nación desde sus cimientos espirituales.

Mientras Europa caía en guerras, totalitarismos y caos político, España permaneció en pie, unida, estable, segura y afirmando su identidad cristiana. Y esto no ocurrió por azar: ocurrió porque Franco entendió que España solo podía existir si permanecía anclada a su alma católica. Él preservó ese alma cuando todo apuntaba a su desaparición. Su obra, en ese sentido, fue literalmente providencial.

 

El hombre que derrotó al comunismo donde pretendía vencer

La Guerra de 1936 fue el primer intento del comunismo internacional por conquistar un país occidental desde dentro. Con la ayuda material, militar e ideológica de Stalin, se desató sobre España una revolución totalitaria que arrasó con templos, asesinó a miles de sacerdotes, destruyó familias y quiso extirpar de la vida pública a Cristo mismo. En ese contexto, Franco fue la barrera que impidió que ese proyecto triunfase.

Es un dato histórico indiscutible: fue el único jefe de Estado occidental que derrotó al comunismo en un campo de batalla real. Y esa victoria tuvo consecuencias continentales. Europa occidental no cayó en el marxismo —y no vivió lo que Polonia, Hungría o Checoslovaquia— en parte gracias a la España que Franco sostuvo como un bastión inexpugnable.

 

Su servicio a la Iglesia verdadera

La Iglesia española, después de la persecución de los años 30, sobrevivió y renació gracias a un Estado que la protegió, la promovió y la honró. Seminarios llenos, vocaciones fuertes, misiones florecientes, catequesis sólida, defensa pública de Jesucristo Rey, vida sacramental viva, educación católica robusta: todo ello fue posible en aquella España custodiada por Franco.

Es una ironía cruel —y a la vez trágica— que hoy esa misma Iglesia institucional, infiltrada y distorsionada por los mismos enemigos que él combatió, sea la que traiciona su memoria. La prueba más infame de esta traición fue la profanación de su cadáver y su expulsión del Valle de los Caídos: un acto vil, sacrílego y político, dirigido por una cúpula eclesial sometida al mundo, no a Cristo. Franco, que salvó a la Iglesia en España del exterminio y del marxismo, fue traicionado por una jerarquía que ya no representa la fe que él protegió.

 

El relato impuesto para destruir a España

La demonización de Franco no nació de la verdad, sino de la necesidad. La masonería cultural, los poderes globalistas, el marxismo internacional y sus derivaciones contemporáneas comprendieron que para imponer un nuevo orden secularizado y antinacional era imprescindible destruir la figura que simbolizaba la resistencia de España frente a esos proyectos.

Por eso se dictó una historia oficial. Por eso se aprobó una memoria histórica hecha para mentir. Por eso se criminalizó su nombre, se ocultaron sus logros y se reescribieron los hechos. La España actual no es víctima de la memoria del pasado, sino de la manipulación del presente.

 

Una obra que permanece

Franco dejó una España reconstruida, alfabetizada, pacificada, con la mayor clase media de su historia, con infraestructuras modernas, con una estabilidad política desconocida en Europa durante décadas, con una natalidad robusta, con una unidad territorial firme y con una identidad cultural definida.

Y dejó algo más profundo: dejó a España viva. Las décadas posteriores han demostrado que muchas de las amenazas contra las que él luchó no eran fantasías, sino realidades que hoy devoran a la nación: separatismos agresivos, descristianización, ideología revolucionaria, ingeniería social, control mediático, infiltración masónica, destrucción familiar, manipulación educativa.

Él vio todo esto venir y quiso evitarlo. Por eso lo odiaron.

 

Restaurar la verdad: justicia para España y para la Cristiandad

No se trata de mirar atrás con nostalgia, sino de mirar atrás con justicia. La verdad histórica no es opcional: es un deber moral. Y la verdad es que Franco fue un servidor leal de España, un protector de la Cristiandad, un estadista excepcional y un muro frente a los enemigos que hoy, sin oposición, han capturado Occidente.

Cincuenta años después, España no necesita más propaganda: necesita memoria. Y recordar a Franco con verdad no es un acto político, sino un acto de gratitud hacia quien defendió a un país y a una fe que ahora piden a gritos ser defendidos de nuevo.

 

 

 

ÚLTIMO DISCURSO DEL GENERALÍSIMO FRANCISCO FRANCO.
ÚLTIMO DISCURSO DEL GENERALÍSIMO FRANCISCO FRANCO.

 

 

 

 


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