VICENTE MONTESINOS, EL TIMONEL FIEL. Por Álex Holgado

Los benditos del fin de los tiempos ( Cap. V)

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Los benditos del fin de los tiempos ( Cap. V) VICENTE MONTESINOS

 

Álex Holgado

Adoración y Liberación

 

 

Los benditos de los últimos tiempos (Cap. V)

Aprendimos a escucharlo entre las vueltas y revueltas de su coche por los callejos levantinos. Su voz en aquellos vídeos de dashcam tenía el acento de la luminosidad todavía latente de las mañanas en el campo valenciano. “¡Duc in altum, mis queridos hermanos!”, nos arengaba más despierto que ninguno, espoleándonos a sacudirnos el estupor de la herejía cotidiana de Bergoglio y sus secuaces y a adentrarnos en el más allá de la verdad católica.

Eran los tiempos subsiguientes al golpe. Vicente estuvo ya ahí, en la primera hora, firme y adelantado, cuando todavía la dormidera de la beatería chupacirios justificaba al usurpador de San Pedro. Se llevó por ello desde el principio las bofetadas mediáticas que reparten los arrimados al poder. No le importó, siguió adelante con su proyecto, humilde, paciente, aventurado. Porque Adoración y Liberación no es un simple canal, sino un apostolado, de ahí que obstáculos que arruinarían empresas humanas, lo hicieran crecer.

Y como necesariamente sucede en el plan de Dios, tras la audacia, vino la hora de la criba. Cuando no basta con denunciar y permanecer, cuando no vale tirar la piedra y esconder la mano, cuando no se necesitan escribas huecos de ampuloso estilo ni agoreros de catástrofes venideras que cabalgan la ola del apocalipsis presente. En la hora de la verdad, Vicente tiene claro que lo que hace falta son mártires, católicos que a la par que esgrimen los argumentos, los lleven inscritos en el corazón. Y que, en la batalla del espíritu, no les tiemble el pulso y expongan lo cosechado y hasta la propia vida. Como lo hace él.

En esta hora, con la falsa iglesia del Anticristo en pleno apogeo y la escandalosa impostura del traidicionalismo, en el aparente triunfo de las fuerzas del mal, Vicente mantiene firme el timón rumbo a la inmensa incertidumbre, sin miedo, confiado, mar adentro. La tormenta arrecia, amenaza la destrucción la galerna, pero con ella también se multiplican las oportunidades de santificarse. Sabe Vicente que en el piélago más profundo es donde el Señor nos aumenta la fe.

Porque la verdad católica en Vicente se encarna aquí mismo. No existe una lejanía de Roma, ni una santidad legendaria, ni un Cielo inasequible en una cuarta dimensión. La verdad católica se palpa en cada una de sus palabras. Vicente no habla en hipótesis; Vicente no trae hermosas teorías; Vicente no locuta. Vicente te presenta el pan real del católico, su vida expuesta tal cual es, ofrecida al Señor sin reservas, sin dobleces, sin componendas, un catolicismo nutricio, corpóreo, entregado y abierto a la Gracia.

Por eso, probado y rendido al Espíritu Santo, está siendo instrumento y es puente entre los fieles del pequeño resto católico de ambos lados del Atlántico. Trae la voz del pueblo americano fiel y sediento que se ha levantado aclamando al León de María, el milagro de las piedras proclamando la verdad en el momento en que el sanedrín unacumista creía llegada la hora de su triunfo con el papa que pasaba página. ¿No es esto acaso la señal divina que esperábamos?, se pregunta Don Minutella a propósito de Vicente, indeliberado portador del mensaje decisivo.

Hasta el cielo no parará. Nos lo tiene dicho e insistido: o santos, o nada. Y no hay santo más católico que aquel que, como san Cristóbal, se inmola para transportar la Verdad. Y uno ve cómo con él se despliega el plan de Dios, como se abre delicadamente el campo levantino al sol de la mañana, titilante, fresco, rumoroso, familiar y a la vez insólito, con la reverberación de una voz que te despierta y te insta cada nuevo día con las palabras del Maestro: “¡Duc in altum, mis queridos hermanos, duc in altum!”.

 


 

Capítulos anteriores de esta serie:

 

  • Capítulo 1:

 

LOS BENDITOS DEL FIN DE LOS TIEMPOS. Por Alex Holgado.

 

 

  • Capítulo 2:

 

Los benditos de los últimos tiempos (Cap. II) DON MINUTELLA, EL LEÓN DE LA FE APOSTÓLICA

 

 

 

 


 

 

 

 

  • Capítulo 3:

 

Los benditos de los últimos tiempos (Cap. III) ANTONINI DE JIMÉNEZ, DE VOCACIÓN LIBRE

 

  • Capítulo 4:

 

GONZALO RODRÍGUEZ, LA VERDAD PERENNE

 

 

 

 

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2 comentarios
  1. Alejandro Cortés Mena says

    Que hermoso y verdadero artículo querido hermano Alex! BENDITO y ADORADO sea DIOS PADRE – HIJO y ESPÍRITU SANTO, Nuestra Bendita CORREDENTORA y Nuestro PAPA LEÓN de MARÍA! Qué a usted querido hermano Alex y a Don Vicente Nuestro Señor los colme de CARAS Bendiciones hoy y siempre. Le envío un respetuoso saludo desde Cuautla Morelos, México

    1. Adoración y Liberación says

      Alejandro… ¡Gracias de corazón! ¡Dios le bendiga!

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