La última prueba de la Santa Madre Iglesia Católica. Por Abraham García
La última prueba de la Iglesia Católica
Abraham García González
Corresponsal AyL
España
29 de mayo de 2025

Quienes esperamos en Cristo y somos conscientes de estar viviendo en el llamado fin de los tiempos, tenemos la esperanza de la pronta segunda venida del Señor, físicamente, en carne y hueso, en cuerpo glorioso, en gloria y majestad, para rescatar a su Iglesia y como justo juez, lo que no se corresponde con afirmaciones condenadas por el papa Pío XI bajo el nombre de milenarismo —no confundir con el milenio de paz—.
Por lo tanto, es fundamental que los católicos de sana doctrina creamos que el Señor volverá de nuevo, físicamente, y que lo esperemos con las las lámparas encendidas, llenos de esperanza, como la novia que espera a su novio que aparece en el momento más inesperado. La segunda venida es profesión de fe. Lo dice, de hecho, el Credo, tanto el apostólico como el niceno. Incluso, ¿no lo escuchamos en cada Santa Misa al sacerdote cuando lo dice como parte de la correspondiente plegaria “mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo”?
Es importante señalar que el triunfo de la Iglesia no será de ninguna manera histórico mediante un proceso creciente en el que quienes amamos a Dios y tratamos de hacer las cosas bien, otra vez volvamos a recuperar el terreno de forma progresiva. Esto es lo que parecen creer por ejemplo las numerosísimas almas tibias que se presentan como tradicionalistas pero siguen dentro de la iglesia ramera con una mentalidad como si la historia humana fuera a continuar como hasta ahora, con sus altibajos, durante muchos siglos más.
Que el triunfo de la Iglesia no será histórico, lo dicen muy claramente los numerales 675 a 677 del CIC escrito por San Juan Pablo II. Él no se lo inventó, sino que se basó en la palabra de Dios (y entiendo que también en cosas que él sabía mediante revelación privada clarificadora de lo que ya nos cuentan las Sagradas Escrituras).
La Iglesia (la novia) tiene que vivir su pasión, muerte y resurrección, al igual que la vivió el Señor hace casi 2.000 años. Sabemos que en realidad la Iglesia nunca muere del todo (vive en el remanente fiel), pero visiblemente, para quienes somos conscientes de lo que está pasando, parece haber muerto. Por lo tanto está en su Viernes Santo, que comenzó en 2013, y en teniendo en cuenta esto, es de suponer que en breve comenzará el Sábado Santo (que creo que durará muchísimo menos que el Viernes Santo porque de no ser así no se salvaría nadie).
Tal vez, muchos, por no tener claras estas cosas, se dejan engañar cayendo en falsas esperanzas e ilusiones más humanas y materiales que espirituales, promovidas por falsos profetas que abundan por las redes que lo único que hacen es causar miedo, incertidumbre y confusión, apagando los más elevados anhelos de pasar la eternidad junto al Señor transfigurados en cuerpos gloriosos.
Estamos observando la dramática desviación de muchos que no reconocían a Bergoglio y ahora están entusiasmados con el satánico devorador de almas León XIV, sucesor del falso profeta. A mi juicio están cayendo precisamente en el error que se explica en los numerales del CIC que he mencionado.
La última prueba de la Iglesia (CIC 675 a 677)
675 Antes del advenimiento de Cristo, la Iglesia deberá pasar por una prueba final que sacudirá la fe de numerosos creyentes (cf. Lc 18, 8; Mt 24, 12). La persecución que acompaña a su peregrinación sobre la tierra (cf. Lc 21, 12; Jn 15, 19-20) desvelará el “misterio de iniquidad” bajo la forma de una impostura religiosa que proporcionará a los hombres una solución aparente a sus problemas mediante el precio de la apostasía de la verdad. La impostura religiosa suprema es la del Anticristo, es decir, la de un seudo-mesianismo en que el hombre se glorifica a sí mismo colocándose en el lugar de Dios y de su Mesías venido en la carne (cf. 2 Ts 2, 4-12; 1Ts 5, 2-3;2 Jn 7; 1 Jn 2, 18.22).
676 Esta impostura del Anticristo aparece esbozada ya en el mundo cada vez que se pretende llevar a cabo la esperanza mesiánica en la historia, lo cual no puede alcanzarse sino más allá del tiempo histórico a través del juicio escatológico: incluso en su forma mitigada, la Iglesia ha rechazado esta falsificación del Reino futuro con el nombre de milenarismo (cf. DS 3839), sobre todo bajo la forma política de un mesianismo secularizado, “intrínsecamente perverso” (cf. Pío XI, carta enc. Divini Redemptoris, condenando “los errores presentados bajo un falso sentido místico” “de esta especie de falseada redención de los más humildes”; GS 20-21).
677 La Iglesia sólo entrará en la gloria del Reino a través de esta última Pascua en la que seguirá a su Señor en su muerte y su Resurrección (cf. Ap 19, 1-9). El Reino no se realizará, por tanto, mediante un triunfo histórico de la Iglesia (cf. Ap 13, 8) en forma de un proceso creciente, sino por una victoria de Dios sobre el último desencadenamiento del mal (cf. Ap 20, 7-10) que hará descender desde el cielo a su Esposa (cf. Ap 21, 2-4). El triunfo de Dios sobre la rebelión del mal tomará la forma de Juicio final (cf. Ap 20, 12) después de la última sacudida cósmica de este mundo que pasa (cf. 2 P 3, 12-13).
Deseo con toda mi alma que todos cantemos llenos de gozo el salmo 98 alabando al Señor para celebrar la llegada en plenitud de su Reino.
Salmo 98
Cantad a Yahveh un canto nuevo, porque ha hecho maravillas; victoria le ha dado su diestra y su brazo santo.
Yahveh ha dado a conocer su salvación, a los ojos de las naciones ha revelado su justicia; se ha acordado de su amor y su lealtad para con la casa de Israel. Todos los confines de la tierra han visto la salvación de nuestro Dios.
¡Aclamad a Yahveh, toda la tierra, estallad, gritad de gozo y salmodiad!
Salmodiad para Yahveh con la cítara, con la cítara y al son de la salmodia; con las trompetas y al son del cuerno aclamad ante la faz del rey Yahveh.
Brama el mar y cuanto encierra, el orbe y los que le habitan; los ríos baten palmas, a una los montes gritan de alegría, ante el rostro de Yahveh, pues viene a juzgar a la tierra; él juzgará al orbe con justicia, y a los pueblos con equidad.
Otros artículos del autor:

