EL PSICODRAMA DE LA PARED O CUANDO LOS EMAÚSES JUEGAN A SER DIOS (10). Por Alex Holgado.

En este capítulo planteo las bases conceptuales y metodológicas de la dinámica de la pared, fundamental en la planificación del manual para lograr la "conversión" de los retiristas. Se trata de una dinámica basada en la pseudoterapia del psicodrama mediante la cual, y como veremos en el siguiente capítulo, con un discurso abusivo de control mental, se identifica la dureza del muro con la supuesta dureza de corazón del neófito y se le ofrece como única salida el compromiso con Emaús.

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Álex Holgado

Adoración y Liberación

 

 Retiros Emaús (8)
Retiros Emaús

 

La dinámica de la pared es el tercero de los ejercicios claramente identificables como psicoherejías que se desarrollan en los retiros de impacto de Emaús, junto con el de las máscaras y el de la sanación de recuerdos, ya descritos en los tres capítulos precedentes.

La pared tiene lugar a continuación de la dinámica de sanación de recuerdos, el sábado después de la cena, y tiene un papel decisivo en la pretendida conversión de los retiristas, los cuales –no lo olvidemos- no necesariamente deben ser católicos, ni siquiera creyentes, para inscribirse en el retiro, pero, eso sí, todos deben salir convertidos.

Precisemos entonces el concepto, porque lo que se pretende con el retiro, más que convertirse al catolicismo –lo cual exige un acto del entendimiento para ser auténtica conversión, es decir, un asenso consciente y libre al don de Dios-, es que los participantes sufran una conmoción interior que les conduzca a una catarsis.

En otras palabras, se trata de, mediante una potente experiencia vital o shock inducido a nivel psíquico y emocional, alterar a la persona a un nivel inconsciente para que pueda ser integrada en una comunidad aglutinada por una fe sincrética, gnóstica y bergogliana de corte neopentecostal..

Y la dinámica de la pared tiene que lograr el impacto decisivo.

Destaquemos que acontece en el momento álgido del retiro, de noche, con los participantes anímica y emotivamente machacados después de sesiones psicoterapéuticas intensivas con regresiones mentales e hipnosis incluidas. La clausura, además, espera a la mañana siguiente, así que la organización tiene que echar el resto. Nada puede quedar al azar. Por eso, la lista de instrucciones es larga y entre estas resulta ilustrativa la recomendación de proveerse de “kleenex”

Un grupo de sacerdotes llega sigiloso, como tropa de refuerzo, a la casa de retiros (los participantes no deben enterarse bajo ningún concepto, incluso se sugiere desconectar el timbre de la casa…) y se distribuyen en diferentes habitaciones habilitadas como confesonarios. Toda la zona donde se desarrolla la actividad debe quedar a oscuras, en penumbra de velas, y hay que asegurarse de ello tapando cualquier rendija de ventanas y puertas.

La encerrona está dispuesta y la noche promete ser intensa.

Y es que la de la pared es una dinámica sustentada en una técnica pseudoterapéutica turbadora muy potente con la cual el manual del retiro pretende conseguir que el caminante se impresione radicalmente, que toque fondo, que experimente esa necesaria catarsis y acepte acudir a confesarse ante uno de los sacerdotes.

Tan medular es su función que el manual insiste especialmente en subrayar que su formato “no debe cambiarse por ninguna razón”. Por lo visto, está perfectamente aquilatada y comprobada su eficacia, cualquier variación podría alterar sus efectos. La pregunta aquí sería cuál es el patrón al que se ajusta, de dónde procede la fórmula y configuración de tan psicoactivo ejercicio.

Señalemos en este punto que es doblemente importante identificar su origen, pues este ejercicio de la pared también se ejecuta en los retiros de Effetá, la versión de Emaús para jóvenes.

Sí, efectivamente, jóvenes de 18 años también son blanco de esta peliaguda pseudopsicoterapia, tan impactante que el manual para adultos indica al responsable del retiro, al líder, que “debe haber un equipo atento de que algún caminante se caiga o desmaye” por el estrés que conlleva.

Pero, ¿de qué estamos hablando? ¿No es esto un disparate? ¿Quién puede aceptar tamaña responsabilidad? ¿Qué clase de retiro espiritual entraña posibles trastornos de la salud? ¿Desde cuándo vale todo para ganar adeptos?

Porque la Iglesia –por lo menos la verdadera, la católica- debe ser madre y maestra y, por lo tanto, no puede procurar a sus hijos ningún mal ni enseñar con métodos contrarios a la moral. Y es contrario a la moral aquello que, para procurar un supuesto bien, aplica medios ilícitos. Es muy sencillo de entender. No hay vuelta de hoja. Otra cosa es lo que practique la antiiglesia bergogliana, relativista y satánica, claro.

Sea como sea, lo venimos advirtiendo e insistiendo: alguien debe detener esta pseudoterapia de choque encubierta conocida como “retiro de Emaús”. Está en juego la salud espiritual, desde luego, pero también la psicológica y física de quienes se inscriben a esta “experiencia única”.

Pero sigamos profundizando en este artefacto psicoespiritual e investiguemos la naturaleza de la dinámica de la pared.

De antemano conviene saber que la dinámica de la pared, por sus características, pertenece a un tipo de técnicas alternativas de intervención psicológica denominado psicodrama. El psicodrama fue ideado por el psiquiatra Jacob Levy Moreno, discípulo de Freud, pionero de la psicoterapia de grupo y cuyas teorías no cuentan con la aprobación de la medicina psiquiátrica oficial.

El supuesto esquema terapéutico de los psicodramas sería la identificación y posterior tratamiento de miedos, traumas o fobias mediante la representación de la situación crítica en un entorno controlado. Se trata de teatralizar el caso para observarlo, tanto por el terapeuta como por el paciente, desde el exterior. Por eso también se conoce como técnica del espectador externo o del espejo.

El mismo Jacob Levy Moreno fue quien introdujo el concepto que parece haber asumido Emaús de que cualquier individuo puede ser agente terapéutico de otro y un grupo agente terapéutico de sí mismo. “Enseño a la gente a jugar el rol de Dios”, le dijo Moreno siendo todavía un aventajado estudiante a Freud tras una clase de este en 1912 en la escuela de psiquiatría de Viena (https://elpais.com/diario/1981/05/21/sociedad/359244001_850215.html ).

Venimos insistiendo en esto desde el primer capítulo: de suplantar el rol de Dios o del Espíritu Santo se trata, en efecto. Con las fatales consecuencias que ello supone.

El elemento central de esta intervención es el espacio psicodramático, un lugar físico al cual se dirigen paciente y terapeuta y donde se encuentra el objeto simbólico representante de la conducta, conflicto o emoción a reparar. Obviamente, estamos hablando de la pared, la cual, como veremos, Emaús convierte en la supuesta dureza de corazón de los retiristas.

A esa pared o muro real conducen, uno a uno, a los caminantes con los ojos vendados por una sala o pasillo que permanece, además, en penumbra. Así, privado del sentido principal, al neófito no le queda otra que ponerse totalmente en manos del servidor de Emaús que le guía. Y esto no es baladí. La entrega física es clave porque implica necesariamente la entrega de la voluntad. Así funciona la naturaleza humana.

De hecho en el psicodrama cada movimiento del paciente cuenta, ya que se trata de una técnica holística que integra el cuerpo, las emociones y el pensamiento, con un énfasis particular en la acción corporal para reforzar los sentimientos y las emociones. De esta forma, uniendo la acción psicodramática con las expresiones verbales -siempre hablando en el plano hipotético de teoría no demostrada-, se logra la integración de la persona y consecuentemente su sanación.

Pero, ¿qué es esa pared? ¿qué papel desempeña? ¿qué simboliza en el lore emausino? Porque en los retiros de Emaús nada es neutral. Su carga simbólica, esotérica y mistérica es impresionante, como estamos viendo en esta serie de artículos para –esperamos- reflexión de incautos y buenistas.

Para la semiótica o el estudio de los símbolos el muro o pared es un elemento mediador entre lo terrenal y lo trascendente, una frontera que, según el esoterismo, todo iniciado debe cruzar si pretende alcanzar la iluminación bajo la guía del mentor.

En la antigua Roma, las murallas eran consagradas como lo eran los muros. Representaban el único paso que comunicaba entre sí dos realidades: la interior (puesta bajo protección mágica y religiosa) y la exterior (peligrosa e incontrolable), motivo por el que la franja fronteriza entre ambas realidades comportaba múltiples y enigmáticas potencias amenazadoras.

De ahí que, en la leyenda fundacional, Rómulo matara a Remo por saltar desafiante el sulcus primigenius delimitador del trazado de las murallas de la futura ciudad que estaba haciendo con un arado. Ese paso no debe hacerse frívolamente, va la vida en ello. ¿Cuántos no han muerto a los pies de una muralla a lo largo de la Historia?

Otra reveladora interpretación es la que tenían en el antiguo Egipto y los pueblos semíticos, entre los cuales el muro era figura de elevación. Y esta esencia es la que subyace, al margen de los elementos históricos y religiosos implicados, en el famoso Muro de las Lamentaciones del templo de Jerusalén, lugar al que acuden a orar los judíos y, no lo ignoremos, a buscar iluminación adeptos de fratrías mistéricas. Entre estas, la orden rosacruz, que tantas vinculaciones tiene y hemos enumerado con Emaús.

Se trata, como vemos, de un elemento simbólico esotérico de primer orden, aunque su valoración general sea en negativo, como obstáculo o resistencia. Y así lo maneja, como hemos mencionado antes, la dinámica del retiro de Emaús, que inviste al muro de todas aquellas actitudes dañinas de rechazo que tenemos para con los demás.

Una interpretación esta en línea con la conocida y repetida consigna bergogliana de “construir puentes y no muros”, utilizada por cierto por el cardenal Gianfranco Ravasi, entonces presidente del Pontificio Consejo para la Cultura, para conectar sutilmente con los masones e invitarles a la reconciliación, mediante una misiva, fechada el 14 de febrero de 2016.

Volveremos a las interesantes conexiones de la dinámica de la pared con la masonería y, por supuesto, analizaremos la mecánica concreta del psicodrama que subyace en ese ejercicio tal y como lo dicta el manual de Emaús.

Nos encomendamos a María Santísima en este mes de agosto de su Asunción para que nos proteja y ayude a elevar nuestra vista y entendimiento.

 

 

Acceso a los  Capítulos anteriores:

 

  • Capítulo 1:

 

¿RETIROS ESPIRITUALES O MERCADOTECNIA DEL ESPÍRITU? Por Alex Holgado.

 

  • Capítulo 2:

 

¿SIMBOLOGÍA ROSACRUZ EN UN APOSTOLADO CATÓLICO? (2). Por Alex Holgado.

 

 

  • Capítulo 3:

 

¿EL TRIUNFO DE LA COSMOVISIÓN PAGANA EN LA NUEVA IGLESIA BERGOGLIANA? (3). Por Alex Holgado.

 

  • Capítulo 4:

¿ACEPTAR UNA MÍSTICA ESOTÉRICA AL GUSTO DE LA MODERNIDAD? (4). Por Alex Holgado.

 

  • Capítulo 5:

 

UN MANUAL CON LOVE BOMBING E INSTRUCCIONES PARA EL CHANTAJE EMOCIONAL (5). Por Alex Holgado.

 

  • Capítulo 6:

 

EL PARQUE TEMÁTICO DE EMAÚS INCLUYE VER Y ABRAZAR A JESUCRISTO (6). Por Alex Holgado.

 

  • Capítulo 7:

LA PSICOHEREJÍA PARROQUIAL QUE TE IMPACTA EL CEREBRO Y SE INSTALA EN TU CORAZÓN (7). Por Alex Holgado.

 

  • Capítulo 8:

¿EMAÚS NOS SANA DEL DESEO DE NO NACER QUE TUVIMOS EN EL ÚTERO MATERNO? (8). Por Alex Holgado.

 

 

  • Capítulo 9:

 

SI TU PADRE NO JUGÓ CONTIGO O CONFUNDISTE TU IDENTIDAD SEXUAL, QUEMA TUS TRAUMAS Y BAILA (9). Por Alex Holgado.

 

 

 

 

 

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