LA PSICOHEREJÍA PARROQUIAL QUE TE IMPACTA EL CEREBRO Y SE INSTALA EN TU CORAZÓN (7). Por Alex Holgado.

Una visión crítica de los retiros de impacto de Emaús (VII). Retiros Emaús por Alex Holgado

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Álex Holgado

Adoración y Liberación

Retiros Emaús por Alex Holgado

“Séptimo capítulo de la serie, que creo muy clarificador de la auténtica psicoherejía que constituyen los retiros de Emaús”

 

En este tiempo de espiritualidades subjetivas y de rechazo de la religión se está extendiendo entre los fieles el fenómeno de sustituir la visión trascendente de la realidad por la interpretación psicológica de la misma, como si fueran equivalentes. Y esto es algo perfectamente coherente cuando el foco pasa de Dios a estar fijado en el hombre y sus anhelos. Retiros Emaús por Alex Holgado

Se denomina psicoherejías a las concreciones de ese trasvase o desviación. El neologismo define, por ejemplo, al bergoglianismo, que se centra en el hombre y lo social, relegando a Dios a un lugar ideal y lejano, y, desde luego, impronta el paquete de artículos prêt-à-porter que ofrece la línea Nueva Evangelización, de la cual el retiro de Emaús es uno de sus productos con mayor éxito y rentabilidad.

No en vano, junto a la promoción estrella del encuentro real y palpable con Jesús que analizamos en el anterior capítulo, el gancho de Emaús se debe a la ganga de “sanación espiritual” a través del autoconocimiento con que se publicita. Ofertón psicoherético.

“Emaús es en sí –se lee en la introducción de uno de los manuales consultados, la cual puede variar su redactado según la zona geográfica, pero no, evidentemente, la realidad expresada-, la sabiduría de Dios canalizada a través de un ser humano armónico, que luego convertirá su palabra, en un sistema sencillo, práctico y organizado para promover el buen vivir cotidiano”.

En resumidas cuentas: te venden la receta milagrosa que garantiza el bienestar, la piedra filosofal que troca en oro cualquier vida herrumbrosa. Solo tienes que apuntarte a uno de sus retiros/spa y en 48 horas saldrás reconciliado contigo mismo, feliz y encantado de conocerte. Y con la garantía del Amor de Dios, marca registrada.

Puede sonar cínico, pero, ironías aparte, lo cierto es que el manual no es otra cosa que un método de intervención y manipulación psicológicas encubierto, una terapia mindfulness revestida de palabrería cristiana. O sea, gato por liebre.

Revisando el contenido del retiro se identifican al menos tres actividades de explícito corte psicoherético: las máscaras, la sanación de recuerdos y la pared. Vamos a examinarlas, empezando por la primera de ellas, las máscaras.

Conviene de entrada aclarar algunos conceptos básicos. Las tres actividades psicoheréticas derivan de la teoría psicoanalítica de Freud, la cual sostiene que todos utilizamos estrategias de defensa psicológica para afrontar la realidad que pueden hacernos desarrollar rasgos y comportamientos patológicos. Es decir, que si sufrimos malestar emocional se debe a nuestros propios conflictos internos de personalidad.

Pero, ¿cómo detectar para desecharlas esas estrategias o mecanismos de defensa psicológica tóxicos si son parte de nosotros mismos?

Fue el psiquiatra Carl Jung quien calificó de máscaras a las diferentes estrategias de defensa psicológica, asignando a cada una un arquetipo o personalidad prototípica derivada. Aquí tenemos la llave para la dinámica de sanación espiritual del retiro de Emaús: que cada uno reconozca las máscaras que usa y se libere de ellas para que surja su auténtico yo.

La pregunta es de cajón: ¿cómo justifica un retiro católico esta intervención terapéutica no demandada que, además, se desarrolla de forma colectiva, con la carga añadida de la presión grupal que supone, y en un entorno de aislamiento?

No es preciso justificarlo, porque parece que el fenómeno religioso debe contener de todo menos religión desde que, por ejemplo, Carl Rogers (psiquiatra cristiano seguidor de Jung) inventara el “grupo de encuentro”, sesión en la cual personas normales (Terapia para Normales, la denominó, para que lleguen a ser supernormales) exploran juntas sus sentimientos para descubrir “su verdadero yo”, y que se aplicó con verdadero furor en la los años sesenta y setenta en las diócesis de los Estados Unidos.

La receta de Rogers -que no contemplaba el hecho obvio de que el “yo real” puede contener muchas cosas nada agradables o, directamente, malas- sustituía el hacer lo correcto por el hacer lo que deseas y arrasó literalmente con las órdenes religiosas norteamericanas, con miles de consagrados solicitando la laicización.

A todo esto es necesario recordar que Freud -que alcanzó el grado de maestro de la masonería– consideraba la religión una “neurosis obsesiva colectiva” (El futuro de una ilusión, 1927) y que Jung –gnóstico, espiritista y ocultista- pretendió que el psicoanálisis sustituyera a la religión, que consideraba un mito útil para aliviar las angustias y traumas de las personas.

Interesante. Y revelador, ¿verdad?

Quizá para borrar las huellas y contrarrestar cualquier objeción en este sentido, el manual se esfuerza por asociar el ejercicio de las máscaras a la tradición cristiana intentando conectarlo con las Sagradas Escrituras, en concreto con el episodio de Natanael, el modelo de hombre sin doblez alabado por el mismísimo Jesucristo (Jn 1,47-51). Pero está traído por los pelos. El halago del Señor apunta a su relación con Dios, a su fe verdadera, no a supuestos y rocambolescos conflictos de personalidad. Jesucristo se encarnó para abrirnos la vida eterna, no para enseñarnos cómo hacer armónica la vida terrenal.

Digámoslo claramente. La exploración de la máscara tiene una innegable carga ctónica, mítica, mefistofélica, que nos llega directamente del paganismo, de los ritos iniciáticos de la antigua Grecia y las creencias esotéricas de Egipto y Mesopotamia, o de las adaptaciones que de esos ritos han pergeñado los enemigos modernos de la fe cristiana, léase masonería, rosacrucismo, nueva era, etc.

Cuando san Pablo nos exhorta a despojarnos del hombre viejo y vestirnos del nuevo hombre (Ef 4,22-24) nos habla de una metanoia o conversión a través de los sacramentos, no de las técnicas humanas. Nos habla del hombre contemplado no desde la psicología o las ciencias, ni siquiera desde la filosofía, sino desde la imagen esencialmente teológica que nos ofrece el evangelio, la del hombre como criatura de Dios.

Nunca la Iglesia ha utilizado este elemento de las máscaras, ni en positivo ni en negativo, para transmitir el mensaje de salvación, ni en su discurso evangelizador ni en su Magisterio. Es otro intruso de Emaús, otro caballo de Troya, del que ya de entrada conviene prevenirse.

Y es que el psicoanálisis conlleva un planteamiento opuesto a la moral, a la cual subvierte y transgrede para prometer al hombre la felicidad. Es un andamiaje fallido, pues niega la existencia de un Supremo Bien y, en consecuencia, de unas leyes morales universales. Cada uno, para el psicoanálisis, tiene su propia y única ley: el cumplimiento de sus deseos y pulsiones, lo que significa una ética relativista y utilitarista. Retiros Emaús por Alex Holgado

Bajo esta forma de utilitarismo ya no existe el pecado, sino el error; no el dolor de la culpa, mas la reversión de la conciencia; no existe la vocación al bien, sino la necesidad de la felicidad del placer o de la ausencia del dolor. La virtud católica de la abnegación (la negación de uno mismo) o el valor salvífico de la tribulación y la mortificación, derivados de la doctrina central de la cruz, son absolutamente incomprensibles para el psicoanálisis, un escándalo para la sociedad de nuestro tiempo (1Cor, 22), y que por lo tanto deben ser eliminados.

La Iglesia no ha condenado explícitamente el psicoanálisis, pues no deja de ser una teoría científica –con muchos pufos, por cierto- y por lo tanto en continua revisión, pero, desde Pío XII en los años cincuenta, sí ha advertido reiteradamente sobre la referida subversión moral, la autosuficiencia del individuo respecto a Dios que presupone y el peligro de reducir la religión a una herramienta más al servicio del cientificismo.

Psicoanálisis y catolicismo son modos de concebir el mundo con diferencias insoslayables. Y ese chirrido recorre el manual de Emaús de arriba abajo.

El ejercicio de las máscaras (y también los de la sanación de recuerdos y la pared) es un montaje experiencialista que se sustenta en un desequilibrado popurrí de psicología y religión. El convencimiento de que para sanar las heridas de la vida en la psique es necesario pasar por una experiencia dramática, de impacto, de autoconocimiento, es Jung en estado puro.

Jung, a esta experiencia dramática, la llegó a calificar con el término místico de “conversión”, pero que en su caso sería algo así como un desiderátum gozoso, emocional e irracional, con el que se recupera, decía, “el carácter y la santidad de un animal” (https://es.catholic.net/op/articulos/22208/cat/570/psicoherejia-el-legado-de-carl-jung.html#modal ). Algo de esto subyace en la conversión que se pretende lograr con el retiro de Emaús.

Y es que este es el núcleo del impacto de Emaús, provocar una experiencia íntima-única-potente en el iniciado, mediante herramientas de la psicología alternativa (léase Gestalt, psicología humanista de Carl Rogers, PNL, etc), para favorecer la caída de las máscaras y reconducirlo emocionalmente a la primigenia santidad, la del ser humano bueno por naturaleza.

Veámoslo cómo se hace esto con la descripción de la actividad de las máscaras (ver imágenes de la misma o similar en una parroquia colombiana aquí: https://www.facebook.com/divinaprovidenciacartagena/posts/822889328189184/?locale=hi_IN&paipv=0&eav=AfZfwtRnBNjIhlP_sUsQ34vBz4UosX_8T5cHF_LdAgKfdaZvK8MAz533_3N9wPy6ekY&_rdr ).

El ejercicio tiene lugar la primera noche del retiro, después de que el líder o el coordinador del retiro genere una cierta expectativa/ansiedad en los neófitos al insistir en la confidencialidad de lo que allí vayan a ver u oír. Les advierte que revelar algo es un pecado gravísimo, ¡equivalente a “violar el secreto de confesión” (sic)!

La sorpresa, la escena, el silencio, la oscuridad” son los elementos que el manual menciona como claves para el éxito de esta actividad. Ciertamente, parecen más propios de la dramaturgia que de la unción espiritual.

Los participantes llegan ya especialmente tocados, pues han pasado por la ceremonia de las rosas y la partición del pan durante la cena o ágape, con todo el juego de silencios, penumbras, música, velas y demás parafernalia ambiental. Y ahora están viendo unas velas alineadas en la cerrada oscuridad de la sala mientras los organizadores –tal y como dicta el manual- guardan un efectista silencio antes de empezar, “al menos un minuto para dar más énfasis”.

Los nervios están a flor de piel: la función va a empezar.

Y de pronto, entre la penumbra de las velas, aparece un desfile escalonado de personas con el rostro cubierto con llamativas máscaras, mientras el locutor lee con gravedad el significado de cada una de ellas. El lector de Emaús es una pieza importante, destaca el manual, que va más allá de facilitar una comunicación entendible y amena. Debe contribuir, como todo, a la teatralidad de la propuesta y al impacto.

En este momento, se trata de transmitir que las personas vivimos escondiéndonos detrás de diferentes máscaras, las cuales ofrecen una imagen exterior de nosotros que no se corresponde con la realidad del yo puro y auténtico. El imperturbable, el burlón, el popular, el hipócrita, el altivo, el crítico, el ingenuo, el agresivo, el mentiroso, el indiferente… todo son caretas que ocultan ese yo inmaculado.

El número de máscaras/arquetipos puede cambiar según variantes geográficas de los manuales. Lo fundamental aquí es impresionar al neófito y provocar que se identifique con una o varias de las actitudes inconscientes representadas y se convenza de que la insatisfacción de su existencia se debe a un desajuste psicológico del que debe liberarse

Como venimos denunciando, asistimos a un retiro católico que promueve dinámicas que analizan a la persona mediante postulados junguianos para aplicarle terapias gnósticas, sustituyendo la religión por el psicoanálisis.

El ejercicio se corresponde exactamente con la terapia Gestalt y otras terapias holísticas que se aplican en centros alternativos nueva era (https://bcngestalt.com/2017/02/07/cuales-tus-mascaras/ ). Las máscaras son las mismas, la pauta para quitarse las máscaras es idéntica (tomar consciencia de ellas, saber a qué mecanismos psicológicos responden, buscar el autoconocimiento verdadero, empoderarse y salir de la trampa); el planteamiento conceptual es el mismo: exaltar el Yo y adorarlo, justo el camino opuesto al cristianismo.

Volvamos a la dinámica de las máscaras del retiro de Emaús.

Los neófitos han sido inmersos durante cuarenta minutos en esa extraña atmósfera para buscar el autoconocimiento liberador del verdadero yo. A continuación, y sin tiempo para asimilar lo experimentado, se ven sometidos a una charla-testimonio, titulada “Conocer a Dios a través de conocerte a ti mismo”. Lo dicho: la luciferina subversión de los términos.

“Esta charla –se lee en el cronograma del manual- es fundamental (…) es la primera charla y puede causar un gran impacto al comienzo del retiro si se enfoca correctamente”. Por eso no se escatiman las indicaciones a los organizadores. Todo debe impactar profundamente a los retiristas, que en este punto (las once de la noche, sin reloj ni referencias), se señala, están “cansados, desconfiados, lastimados, fríos”.

El objetivo de conjunto es invitar a un ejercicio de introspección profundo, lograr una conmoción mediante la confrontación con lo que uno puede creer que es y conseguir el necesario cambio de comportamiento. Pero, ¿de qué cambio de comportamiento hablamos? No, no se pretende que la víctima de este shock adopte mejores actitudes, o por lo menos no se busca solo eso. Lo que se persigue es que crea que ha rescatado su verdadero yo, su ser puro y primigenio, y asocie esto último a una “sanación espiritual” conseguida gracias a la comunidad de Emaús.

“Conocer a Dios a través de conocerte a ti mismo”, reza el trastocado título de la charla. “Conócete a ti mismo” dice la máxima atribuida a los Siete Sabios de Grecia, inscrita en el templo de Delfos, y que ha llegado hasta nuestros días a través de las fratrías esotéricas y gnósticas de todo pelaje de la historia y que enseñan que la trascendencia del hombre –que es un dios que tiene miedo- está oculta en su interior.

Pero volvamos a esa intensa noche de máscaras y charlas, cuando la batería de creencias, autopercepciones y conceptos del neófito se tambalea.

De hecho, se asegura en el manual que, en este momento, los caminantes “han empezado a dejar su mundo atrás y empiezan a escuchar”. ¿Se refiere a que han conseguido romper todas sus referencias? Por ‘escuchar’, entre comillas, ¿se refiere a que han bajado sus defensas y están listos para el adoctrinamiento? “Empiezan a estar más receptivos”, añade el texto.

La sesión o ejercicio termina a las doce de la noche, después de una segunda charla con el mismo enfoque y reforzando que compartir la intimidad en el grupo ayuda a sentirse comprendido, invitando con ello a ceder cualquier resistencia a la dinámica de grupos que se está aplicando, con música escogida de fondo y cinco minutos “con los ojos cerrados”, en supuesta meditación, antes de irse a dormir.

Pero, veamos con más detenimiento qué han vivido los retiristas con este bloque de las máscaras. Veamos la técnica empleada.

Se les ha bombardeado con mensajes autoinculpatorios expresados en primera persona para empujarlos a un proceso de inestabilidad y quiebre: “tengo miles de máscaras, ninguna representa lo que realmente soy”, “la mentira se ha vuelto algo natural en mí”, “doy la impresión de que soy segura, feliz y sin preocupaciones”, “me alegraría poder exteriorizar quién realmente soy por dentro”, “en mi interior existe confusión, miedo y soledad”…

Y después de este descenso a los infiernos, se ha procedido a todo lo contrario, a otro bombardeo, pero de mensajes de confianza y de esperanza, de que gracias al “amor” y al grupo pueden desembarazarse de sus máscaras y ser por fin ellos mismos. Al final, agotados y confusos, sienten que han sido conducidos a un nivel superior, a salvo, ¿sanados? Todavía no del todo. Faltan las actividades del día siguiente, pero la huella está impresa en el inconsciente, como un virus con una programación oculta que habrá de ser desplegada en su momento.

Según los expertos en biología neuronal y psiquiatría, las emociones nacen en el hipotálamo y luego se hacen sentimiento y creencia que moverá el ánimo para emprender unas acciones u otras. Nuestro cerebro es predominantemente visual, por lo cual lo que nos entra por los ojos tiene mayor probabilidad de despertar emociones intensas. Y solo después de emocionarnos y experimentar un sentimiento y clasificar lo visto como creencia incuestionable, porque lo hemos visto con nuestros propios ojos, pasamos a razonarlo en el lóbulo frontal, pero es ya un procesamiento condicionado. Por eso son tan influyentes los medios de comunicación audiovisuales.

Es decir, que priorizamos la emoción-sentimiento-creencia y luego le buscamos un contexto razonable. Lo audiovisual nos marca primero y a continuación le buscamos la explicación lógica. Por eso en el retiro de Emaús se persigue ante todo esa emoción sentimental, esa impresión, para a continuación ofrecer el contexto religioso que la sustente. El neófito no tiene que pensar, todo el proceso se lo brinda Emaús. Y a él se apega.

Desde el punto de vista antropológico y en referencia a la impresión dramática, es interesante mencionar que la matriz junguiana, politeísta, pagana, esoterista y ocultista, concibe la sanación (redención) al modo mistérico. Como ya hemos dicho, este planteamiento exige una conmoción interior para purificarse y poder llegar a ser quien se es realmente, hacer aflorar ese Yo superior o dios interior que nos serene. Tremendo.

“En la religión y espiritualidad junguianas –señala el conocido escritor católico Philip Trower en su excelente obra La Iglesia Católica y la Contra-fe. Un estudio de las raíces del secularismo moderno, p.101-, el relativismo y la descristianización, los instintos y los impulsos del inconsciente aparecen como reflejos dentro de la psiquis individual de las actividades de seres trascendentales, quienes, como los dioses y diosas de la mitología griega, siempre están luchando y peleándose unos con otros. El rol del neófito junguiano es conquistarlos y domarlos para que de su unión pueda surgir el ser superior al que Jung llama el Yo (con “Y” mayúscula)”.

“Como en la filosofía hermética –continúa Trower-, el Dios Uno nace de la unión de los muchos. El Yo es el ‘Dios interior’ o ‘la imagen de Dios en el Hombre’ con el que los junguianos siempre nos están instando a hacer contacto. Pero, como se verá, no es el Dios de la revelación judeocristiana; parece estar más cerca del ‘Yo Universal’ o ‘Alma del Mundo’ del hinduismo, a través del cual el hombre iluminado descubre que en su yo último él también es Dios”.

En próximos capítulos comprobaremos que existen más conexiones claras en el manual de Emaús, como la extraña actividad de los mantelitos, con el hinduismo.

Los adeptos de este camino de salvación de Jung alcanzan su meta después de batallar con los poderes espirituales en las profundidades del inconsciente. Igual que el héroe mítico en las religiones mistéricas (Orfeo, Odiseo, Heracles, Teseo…) debía descender al inframundo para superar una serie de pruebas y alcanzar su plenitud. Era este el famoso motivo literario-religioso de la katábasis.

La doctrina católica nos lleva por el camino contrario. Nuestro Señor Jesucristo ya descendió a los infiernos y venció a la muerte por nosotros. Pretender hacer este viaje indica un endiosamiento del ser humano, de su autosuficiencia, y desprecio por la Redención. Dios no nos pide esto, la Iglesia no nos pide esto. Lo que nos pide es la antítesis: negación de sí mismo, humildad para reconocer nuestros pecados (acciones o inacciones, no procesos psíquicos del subconsciente) y pedir perdón por ellos ante Quien tiene el verdadero poder.Retiros Emaús por Alex Holgado

Al margen de las realidades teológicas y antropológicas implicadas, ¿de verdad que un retiro espiritual católico debe estar regido por una pseudoterapia psiquiátrica? ¿Debe un católico descender a los infiernos psíquicos propios para enfrentar sus supuestas fobias/traumas con herramientas esotéricas y regresar purificado/sanado? Fuera de lo que sería el marco de una intervención psicológica o psiquiátrica, realizada por parte de un profesional en un entorno convenconal, si es que precisara hacerse, ¡esto es una barbaridad! Y más si se trata de personas con baja autoestima, que se encuentran atravesando una situación emocionalmente complicada o que están condicionadas por determinadas circunstancias vitales. ¿Es moral aprovecharse de la vulnerabilidad para hacer proselitismo feroz?

Las tres actividades que venimos mencionando siguen esta pauta de lograr dicha conmoción, pero todos los ejercicios, todo lo que se hace en el retiro, se orientan a este fin y no es menos importante, por ejemplo, el papel altamente sugestionador que juegan las charlas testimoniales, muy preparadas para estimular el oído pero también la vista de los neófitos.

En resumen, nos encontramos ante un manual que no tiene nada que ver con la pastoral católica. Propone un mundo ajeno, extraño, opuesto, y no solo en sus bases conceptuales y antropológicas, sino también, como acabamos de explicar, en sus radicales metodologías, las mismas que, como los grupos de encuentro de Carl Rogers, en los años 70, destruyeron miles de vocaciones y vidas consagradas en los Estados Unidos. En este entorno catastrófico y confuso por cierto diseñó Myrna Gallagher el retiro de Emaús…

Y, una vez más, debemos señalar a los sacerdotes y obispos que se prestan a avalar este tipo de prácticas de coaching emocional con tal de conseguir incrementar su cuenta de resultados y subirse al tren de la “nueva evangelización” y hacer carrerismo. Es el dinamismo de la frivolidad, si no de algo más turbio. Ellos son los responsables de este desaguisado.

En la próxima entrega, si Dios quiere, abordaremos las otras dos dinámicas psicoheréticas, el ejercicio de sanación de recuerdos y el de la pared, con las que se trabaja todavía más a fondo la manipulación mental. Retiros Emaús por Alex Holgado

 

 

Acceso a los  Capítulos anteriores:

 

  • Capítulo 1:

 

¿RETIROS ESPIRITUALES O MERCADOTECNIA DEL ESPÍRITU? Por Alex Holgado.

 

  • Capítulo 2:

 

¿SIMBOLOGÍA ROSACRUZ EN UN APOSTOLADO CATÓLICO? (2). Por Alex Holgado.

 

 

  • Capítulo 3:

 

¿EL TRIUNFO DE LA COSMOVISIÓN PAGANA EN LA NUEVA IGLESIA BERGOGLIANA? (3). Por Alex Holgado.

 

  • Capítulo 4:

¿ACEPTAR UNA MÍSTICA ESOTÉRICA AL GUSTO DE LA MODERNIDAD? (4). Por Alex Holgado.

 

  • Capítulo 5:

 

UN MANUAL CON LOVE BOMBING E INSTRUCCIONES PARA EL CHANTAJE EMOCIONAL (5). Por Alex Holgado.

 

  • Capítulo 6:

 

EL PARQUE TEMÁTICO DE EMAÚS INCLUYE VER Y ABRAZAR A JESUCRISTO (5). Por Alex Holgado.

 

 

 

 

 

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