Tumba de Bergoglio con piso sanitario: ¿listo para escapar?. Por Andrea Cionci
Por Andrea Cionci
Para Adoración y Liberación
Traducción autorizada Roberto Pardo

Bergoglio, acorralado, podría adoptar una estrategia de salida audaz pero factible. Hoy en día existen fármacos que pueden sedar a una persona para que parezca muerta durante al menos 72 horas
Como saben, Bergoglio decidió hace unos meses que ya no sería enterrado en la cripta de los Papas en el Vaticano, sino en Santa Maria Maggiore, en una sacristía contigua a la capilla de la Salus Publica Populi Romani. Hemos ilustrado la simbología esotérica y gnóstica a la que ha sido sometido el pobre icono.

Un piso con mobiliario hospitalario.
Ahora, la noticia surrealista, de la que informa Francesca Pandolfi en Lospecialegiornale.it, es que “recientemente ha concluido la renovación de un piso del palacio de la Basílica de Santa María la Mayor con mobiliario hospitalario“. Según los rumores, las obras se llevaron a cabo en gran secreto y han concluido recientemente. La presencia de equipos de última generación sugiere la posibilidad de su utilización para cuidados médicos intensivos“.
¿Alguien puede entender qué sentido tiene construir un piso hospital de última generación en la basílica a la que se supone que llevarán a Bergoglio cuando muera?
Ahora bien, sabemos que Benedicto XVI nunca abdicó, sino que se hizo colocar en un cónclave abusivo. Sabemos que en noviembre de 2023, una petición nuestra fue enviada a la Secretaría de Estado a los cardenales, y que el 6 de junio, el que suscribe presentó una petición de 100 páginas ante el Tribunal Vaticano. Si resultara que Benedicto estaba en sede impedida, Bergoglio correría un gran riesgo, según el canon 1375, que sanciona la usurpación de un cargo eclesiástico. ¿Afrontar el escándalo y la cárcel, o buscar una solución alternativa?
También sabemos por su último libro, “El Sucesor”, que Bergoglio acaba de cambiar las reglas de las exequias papales: “Estoy revisando el ritual con el maestro de ceremonias para que los papas sean velados y enterrados como cualquier otro hijo de la Iglesia. Con dignidad, como cualquier cristiano, pero no sobre almohadas. En mi opinión, el ritual actual estaba demasiado sobrecargado. Tener dos vigilias me parecía excesivo. Que haya una sola y con el Papa ya en el ataúd, como en todas las familias”.

Las nuevas reglas de Bergoglio
“He cambiado varias cosas, en la línea de la reforma ya hecha por Pablo VI y Juan Pablo II. […] Ya no habrá ceremonia de cierre del féretro. Todo se hará en la misma ceremonia, como con cualquier cristiano. Además, en mi caso tendrán que llevarme a la basílica de Santa Maria Maggiore. Cuando termine el funeral, que me lleven allí”.
Ahora bien, desde hace siglos la Iglesia expone al público el cuerpo del Papa durante tres días para mostrar a todo el mundo que ha muerto, ya que sólo “muere un Papa, se hace otro“. Ergo, como ya hemos visto, si el cuerpo del papa está cerrado en el ataúd, los fieles ciertamente no podrán saber si Bergoglio está realmente ahí dentro. Esto es evidente.
También podría ser que Bergoglio quisiera ser expuesto acostado en el ataúd, pero con la tapa abierta y la cara CUBIERTA, como él mismo ha escrito.
Ahora hagamos un bonito ejercicio de imaginación e imaginemos un par de escenarios sacados directamente de una novela a lo Dan Brown.
Un escenario de intriga internacional
Bergoglio, acorralado, ante el riesgo de ir a la cárcel, adopta una estrategia de salida audaz pero factible. Es bien sabido que hoy en día existen drogas, especialmente las de uso militar, que pueden sedar tan profundamente a una persona que parezca muerta durante al menos 72 horas.
El problema, de hecho, para Bergoglio se referiría a la vestimenta de su cuerpo, en la que participan numerosos asistentes y maestros de ceremonias.
Así que, (noticia veraz), con un pretexto, en mayo, despide al mayordomo Sandrone, ya al servicio del Papa Benedicto, y contrata a otro, que por cierto es -casualmente- sanitario. Queda el otro mayordomo que, sin embargo, el propio Bergoglio conocía de su época en Buenos Aires. Por lo tanto, sólo le quedan asistentes leales, seleccionados por él mismo.
Así que Bergoglio, cuando llegue el momento de correr las cortinas, se hace sedar por su nuevo mayordomo-enfermero, la mayoría de los asistentes-ceremonistas piensan que está muerto, lo visten, lo meten en el ataúd y lo exponen en San Pedro, con un velo sobre el rostro. Pasa un día expuesto, tranquilo y dichoso en profunda sedación, mientras los fieles le rinden homenaje. El velo que cubre su rostro impide ver cualquier signo vital, por imperceptible que sea.
Como, según leemos en El Sucesor, ya no habrá ceremonia para cerrar el féretro, éste se cierra precipitadamente, sin ninguna ceremonia específica, y el coche fúnebre parte a toda prisa hacia Santa María la Mayor.
La huida de Bergoglio
Los asistentes introducen el féretro en la sacristía cercana a la capilla de la Salus Publica, sus colaboradores fieles sacan a todo el mundo y en pocos minutos abren el ataúd, sacan a Bergoglio sedado y lo llevan al piso hospitalario para reanimarlo. (Habría que ver si se puede llegar a dicho piso desde la sacristía).
Los asistentes cierran el féretro al vuelo, dejan entrar a prelados y periodistas y los obreros, ante la mirada de todos, tapian –el féretro ahora vacío– en la pared de la sacristía. Mientras tanto, Bergoglio, en su piso, se recupera y pasa allí unos días.
Cuando está listo, es escoltado muy confidencialmente, tal vez de noche, hasta la embajada argentina, a 500 metros de distancia y, ayudado por su nuevo amigo Milei, parte en un vuelo diplomático hacia Argentina para pasar sus últimos años en una aislada y espléndida hacienda de la pampa o en algún otro lugar del mundo donde hace tiempo que tiene un refugio preparado en completo aislamiento.
Segunda opción: llegado el momento, Bergoglio dice que se siente mal y quiere ser ingresado no en el Vaticano, ni en el Gemelli, sino en su nuevo piso del hospital, para estar cerca de su amado icono Salus Publica Populi Romani.
Allí sólo es atendido por el arcipreste, los dos mayordomos y muy pocas personas de confianza, lejos del Vaticano, donde demasiados ojos vigilan y se hablan demasiados idiomas. Entonces Bergoglio es sedado profundamente y se difunde la noticia de que ha muerto. Unas pocas personas lo visten, lo colocan en el ataúd velado. El Secretario de Estado, el Camarlengo y algunos otros prelados llegan a Santa María la Mayor para comprobar que ha muerto.
Todos se marchan, los fieles extraen a Bergoglio y lo reaniman, cierran el ataúd -vacío- y lo envían a San Pedro para el velatorio. Tras el velatorio y el funeral, el ataúd es llevado de nuevo a Santa María la Mayor y tapiado en la sacristía. Mientras Bergoglio, arriba, se toma un mate, esperando el avión.

Un ejercicio de pura fantasía, a lo Dan Brown
¿Fantasía? Por supuesto: declaramos enseguida que se trata de un ejercicio de escritura creativa a lo Dan Brown.
Pero mientras tanto, que alguien nos explique de qué sirve un piso sanitario en S. Maria Maggiore, construido en gran secreto, si Bergoglio debe ser enterrado allí.


Increíble… Nos dirían conspiranoicos… Pero con estos entes ya no se sabe. La profecía de Solari Parravicini del mounstro gris (Milei) con el obispo blanco (Bergoglio) se parece mucho a tu brillante deducción.