Alegato en defensa del apostolado de Adoración y Liberación

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Abraham García González

Corresponsal de AyL en España

7 de julio de 2024

 

 

 

 

Quiero hacer un alegato en defensa de esta obra de apostolado llamada Adoración y Liberación, y por lo tanto en defensa de todos los que de un modo u otro formamos parte de ella, empezando por nuestro director espiritual, el reverendo padre Tamayo, los valientes sacerdotes fieles a Cristo que la apoyan y nuestro director Vicente Montesinos.

Lo hago ahora dados los crecientes ataques hacia la misma. El enemigo siembra cada vez más y más ponzoña que sin duda sólo puede proceder del ángel caído que por su soberbia se condeno por toda la eternidad, y que no se cansa de intentar llevarse con él a la mayor cantidad de almas que pueda.

 

Antes de continuar, quiero aclarar que nadie de este mundo me ha inducido a escribir todo lo que lean a continuación. Todo lo que voy a decir es lo que me sale del corazón, y por lo tanto soy el único responsable de ello.

 

Con un enorme dolor en el alma, hago este alegato, y ha sido hoy domingo 7 de julio cuando he sentido el impulso de que debía hacerlo ya al ver la lectura del salmo correspondiente al presente día en el calendario litúrgico del Novus Ordo. Se trata del salmo 123 y dice lo siguiente:

 

“Levanto mis ojos hacia ti,

que habitas en el cielo.

Como los ojos de los servidores

están fijos en las manos de su señor,

 

y los ojos de la servidora

en las manos de su dueña:

¡Ten piedad, Señor,

ten piedad de nosotros,

 

porque estamos hartos de desprecios!

Nuestra alma está saturada

de la burla de los arrogantes,

del desprecio de los orgullosos.”

 

Pues bien, este salmo describe perfectamente lo que siento en mi corazón, por un lado con todo lo que está pasando en la sociedad, y por otro, más concretamente con los diversos grupos teóricamente remanentes, y por lo tanto teóricamente fieles a Cristo en esta época de gran apostasía sin precedentes en la historia de la Iglesia y que no tengo ninguna duda de que es la llamada “Gran tribulación” descrita por la palabra de Dios porque el grado de iniquidad a todos los niveles supera con creces todo lo que hace tan sólo unos años no podía ni imaginar. Estamos rodeados de ponzoña. Estamos rodeados de una soberbia creciente en todas partes. Estamos rodeados de una egolatría inmensa que innunda cada vez más el mundo, y por todo ello es evidente que el demonio se frota las manos, aunque también es evidente que está furioso porque sabe que le queda muy poco tiempo.

 

Con todo el dolor de mi corazón me voy a atrever a juzgar, sí, a juzgar los tremendos pecados que no pocas personas que se dicen católicas están cometiendo. Digo que con todo el dolor de mi corazón porque desearía no verme obligado a hacerlo y con mayor o menor acierto, con mis miserias, que creo que son bastantes, intento ser fiel al Señor para no ofenderle más y acompañarle en su sufrimiento por las innumerables ofensas de todos los seres humanos del pasado, del presente y del futuro que es por lo que Él sudó sangre en el Huerto de los Olivos. Bueno, me atrevo a hacer los juicios que voy a hacer porque Dios nos ha hecho a su imagen y semejanza, dandonos inteligencia, es decir, juicio, y la palabra de Dios nos alienta a juzgar pero con rectitud, con justo juicio, y por lo tanto con tela de juicio, es decir, con evidencias suficientes que me permiten afirmar con objetividad todo lo que voy a afirmar. Les remito de hecho al versículo 24 del capítulo 7 del Evangelio según San Juan, que dice: “No juzguéis según la apariencia. Juzgad con juicio justo.»”. Este versículo lo dice muy claramente, y por lo tanto son los juicios temerarios los que debemos evitar, es decir, los prejucios o juicios sin tela de juicio, y más aún no dejarse llevar por el gravísimo pecado de la murmuración, del correveidilismo, de los chismes y rumores, lo cual es de una falta de caridad y piedad cristiana inmensas cuyas consecuecias nos recuerda el Evangelio en San Mateo 7, versículos del 1 al 5, que dice así:

 

“«No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzguéis seréis juzgados, y con la medida con que midáis se os medirá. ¿Cómo es que miras la brizna que hay en el ojo de tu hermano, y no reparas en la viga que hay en tu ojo? ¿O cómo vas a decir a tu hermano: “Deja que te saque la brizna del ojo”, teniendo la viga en el tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces podrás ver para sacar la brizna del ojo de tu hermano.”.

 

Por otro lado está también la tremenda falta de piedad que lleva a la temeridad de prejuzgar a la gente por ciertos errores pasados, atreviéndose a etiquetar a alguien como malo o bueno sin ver la viga de su ojo, algo que por ejemplo están haciendo contra San Juan Pablo II muchas personas que se dicen católicas, siendo crueles con un pontífice sin duda santo que entre sus aciertos y errores como pecador que era, ha hecho un bien inmenso a las almas y acercó el Evangelio a la juventud. Les remito de nuevo al Evangelio en San Juan 8, versículos del 1 al 7, que dicen lo siguiente:

 

“Mas Jesús se fue al monte de los Olivos.

 

Pero de madrugada se presentó otra vez en el Templo, y todo el pueblo acudía a él. Entonces se sentó y se puso a enseñarles.

 

Los escribas y fariseos le llevan una mujer sorprendida en adulterio, la ponen en medio y le dicen: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio.

 

Moisés nos mandó en la Ley apedrear a estas mujeres. ¿Tú qué dices?»

 

Esto lo decían para tentarle, para tener de qué acuasarle. Pero Jesús, inclinándose, se puso a escribir con el dedo en la tierra.

 

Pero, como ellos insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: «Aquel de vosotros que esté sin pecado, que le arroje la primera piedra.»”

 

De hecho, aquí me viene a la mente un refrán que dice que la ignorancia es muy atrevida, que aplica completamente ya que las personas que le atacan así no sólo están obrando sin piedad, sino que además es muy probable que no hayan leído prácticamente nada de la obra de tan extraordinario y entrañable pontífice.

 

Antes de continuar, también les recuerdo que la palabra de Dios nos dice en el capítulo 1, versículos 13 al 21 de la carta I Pedro que debemos esforzarnos en ser santos porque santo es el Señor, y nos hizo a su imagen y semejanza. Paso a exponerlos a continuación:

 

“Por lo tanto, ceñíos los lomos de vuestro espíritu, sed sobrios, poned toda vuestra esperanza en la gracia que se os procurará mediante la Revelación de Jesucristo.

 

Como hijos obedientes, no os amoldéis a las apetencias de antes, del tiempo de vuestra ignorancia, más bien, así como el que os ha llamado es santo, así también vosotros sed santos en toda vuestra conducta, como dice la Escritura: Seréis santos, porque santo soy yo.

 

Y si llamáis Padre a quien, sin acepción de personas, juzga a cada cual según sus obras, conducíos con temor durante el tiempo de vuestro destierro, sabiendo que habéis sido rescatados de la conducta necia heredada de vuestros padres, no con algo caduco, oro o plata, sino con una sangre preciosa, como de cordero sin tacha y sin mancilla, Cristo, predestinado antes de la creación del mundo y manifestado en los últimos tiempos a causa de vosotros; los que por medio de él creéis en Dios, que le ha resucitado de entre los muertos y le ha dado la gloria, de modo que vuestra fe y vuestra esperanza estén en Dios.”

 

Como ven, debemos esforzarnos en ser perfectos, como lo es el Señor, a imitación suya, ya que conformarse con ser más o menos buenos sin llegar a ser santos o conformarse con pasar por el Purgatorio y cosas así que en más de una ocasión he escuchado, si uno lo piensa bien no sólo es una enorme temeridad, sino una tremenda falta de caridad y quien así piensa no tiene en cuenta que el pecado tiene consecuencias no sólo en uno mismo, sino en el prójimo, y además, corre el riesgo de ir a un lugar peor del que nadie puede salir, que es el Infierno, en donde el mayor tormento es la total y absoluta ausencia de Dios por toda la eternidad. Por lo tanto, exhorto a todos aquellos que me escuchen a esforzarse en ser santos si realmente aman a Dios, si realmente quieren evitar la condenación, y por lo tanto alcanzar la salvación eterna y ser resucitados el último día para gozar eternamente en la Jerusalén Celestial. Eso implica superar miserias tan extendidas como la envidia y el egoismo, pecados capitales que son un cáncer en el mundo de hoy, absolutamente contrarios a la virtud teologal de la caridad, y por lo tanto contrarios al AMOR de Dios, es decir, al verdadero, perfecto y puro AMOR que estamos llamados a tratar de imitar siendo humildes de corazón, con ayuda de Él, con la guía del Espíritu Santo. Dicho esto, yo le pido a Nuestra Santísima Madre del Cielo, la Virgen María, madre de Dios y madre nuestra, que ruegue para que el Espíritu Santo nos infunda a todos el don del santo “Temor de Dios” para ser siempre humildes y que no nos ciegue el espíritu del mal. Para que tengamos plena confianza en la providencia y siempre nos acordemos de que Dios es infinita misericordia y perfecta justicia, de tal manera que tiene en cuenta nuestras debilidades y limitaciones, además de conocer a la perfección nuestros pensamientos y saber realmente si nuestras intenciones son buenas o malas.

 

¿En qué consiste mi alegato? Bien, a ver si logro explicarme de manera clara. Conozco Adoración y Liberación desde hace años. No recuerdo la fecha exacta ni con cuanta antelación, pero creo que fue antes de la PLANdemia cuando gracias a Dios encontré su principal canal de YouTube, y lo puedo decir con la cabeza bien alta porque siento que gracias a ello salí de la falsa Iglesia del falso profeta. No tengo duda de que Dios me condujo a conocer esta obra de apostolado, y no me arrepiento de ello. También diré que desde niño siempre he sido muy observador y analítico. Me fijo en todo, hasta en los más mínimos detalles, y supongo que si Dios me ha hecho así y me ha conducido por donde me ha conducido será por alguna razón o razones.

 

Bien, mi difunto padre que en paz descanse me regaló cuando era niño, al hacer la primera comunión, una computadora ZX-Spectrum, que fue tremendamente popular en los años 80 y sirvió para iniciarse en el mundo de la informática a muchísimas personas, yo incluido, porque ya con 8 años de edad para cumplir 9, comencé a interesarme por el mundo de la programación y terminó siendo mi profesión la de Analista-Programador Informático, y además entusiasta, hasta el punto de que al margen de mi trabajo, tengo también mis proyectos personales, algunos de los cuales requieren de tener contratado un servicio de alojamiento web que de hecho hace años que tengo contratado.

 

Tal vez se estén preguntando por qué cuento esto. Pues bien, lo hago para que quede claro que tengo tela de juicio suficiente para hablar de estos temas sabiendo lo que digo, y me veo obligado a hacerlo porque uno de los ataques más recurrentes que recibe mi hermano en la fe y amigo Vicente Montesinos es el de que se lucra monetizando videos y vendiendo productos. Pues bien, efectivamente vende productos, y lo hace para sacar adelante el apostolado, pero, ¿hay algún problema con eso? ¿No eran el Señor y San José carpinteros y se ganaban la vida cobrando por ello? ¿Desde cuando va contra el Señor vender cosas si es para bien, por un lado de los compradores y por otro de una obra de apostolado que necesita fondos? Sí, una obra de apostolado que necesita fondos porque el mundo funciona con dinero y tener un sitio web y una plataforma independiente de video vale mucho dinero. Como ejemplo, puedo decir, que yo tengo contratado con un proveedor muy conocido en Internet un plan de alojamiento para mis proyectos totalmente insuficiente para alojar video, porque no tiene suficiente espacio y porque el ancho de banda de datos es limitado, y dicho plan me cuesta alrededor de 650 euros al año sin contar los gastos adicionales como por ejemplo los nombres de dominio. Ni les cuento el dinero que hay que desembolsar para poder alojar videos por doquier, como es en el caso de AyL.TV, que tiene contratado alojamiento para videos, y como ustedes saben son muchos los que hay. Por otra parte, me consta que debido a la feroz censura del globalismo, los videos de YouTube hace mucho tiempo que no monetizan porque a los disidentes les bloquean la monetización y además insertan la publicidad que quieren ellos de manera forzosa. Añado que esa mentalidad de acusar a alguien por vender me atrevo a decir que es comunista, de la iglesia del falso profeta Bergoglio, que induce a esa mentalidad como si fuera pecado ganar dinero haciendo cosas buenas y vivir dignamente. No es lo mismo la pobreza que la miseria, y de hecho, en este mundo, para poner cada uno nuestro granito de arena en la construcción del Reino de Cristo es necesario tener dinero porque con dinero funciona el sistema de la bestia en el que vivimos. El dinero, de hecho, debería estar en manos de los buenos, y así, otro gallo cantaría, ya que quien es bueno, es generoso con el prójimo, y no usurero como la élite. Para poder dar, hay que tener. Para poder sacar un proyecto adelante, se necesita dinero. Recuerden que son los tiranos de la élite quienes controlan el dinero y ellos no lo ganan limpiamente con el sudor de su frente, sino haciendo cosas malas.

 

También han acusado a Adoración y Liberación de autodenominarse del resto fiel. Bien, ¿hay algún problema con eso? Pues tampoco lo creo porque del resto fiel objetivamente hablando es todo aquel que en estos tiempos de “Gran tribulación” defendemos la sana doctrina al 100%, sin ser selectivos ni coger sólo lo que nos interese. Divulgamos la sana doctrina y tratamos de ser fieles a ella intentando superar  nuestras miserias con ayuda del Señor. También nos tachan de ser sedevacantistas y de otras cosas varias, todas ellas calumnias que se basan en rumores o en información manipulada y no contrastada, o bien en información mal interpretada. Aún con las discrepancias por ejemplo en algunos temas escatológicos discutibles que no son dogma de fe y que llevan mucho tiempo siendo estudiados y discutidos por los exégetas tanto laicos como religiosos, en lo fundamental coincidimos, que es en la fidelidad a Cristo, y eso nos debería mantener unidos dejando de lado los egos que nos llevan a tratar de imponer nuestro punto de vista con destructiva soberbia que genera división que contribuye a la confusión y consiguiente perdición de las almas.

 

Sumemos, seamos constructivos, empáticos, justos, agradecidos, es decir, amémonos los unos a los otros. Eso es lo que el Señor nos pide. Lo contrario es unirse a la mesa de los demonios, es ser infieles al Señor, es ofenderle. Que yo sepa, esta obra de apostolado siempre ha sido un lugar abierto que ha dado voz a un buen número de personas que han terminado dándole la espalda, con traiciones que son auténticos latigazos contra el Señor. Sí, le han dado la espalda incluso personas a las que se les ha defendido y ayudado con determinación contra ataques crueles, contra calumnias y difamaciones, e incluso se les ha defendido aún habiendo cometido errores que han puesto en aprietos a Vicente Montesinos, que llevo años observando que a veces ha tenido que con mucha paciencia y de forma piadosa, guardando silencio, encajando golpes, golpes y más golpes, hacer malabarismos en medio de tempestades para arreglar entuertos. También animo a todo aquel que me escuche a sumar y no a difamar ni atacar, y a reconocer lo que creo que es justo, y son los méritos de este apostolado, que nació si no me equivoco en 2013, año en que el falso profeta usurpó el trono de Pedro, y desde ese momento comenzó incansablemente a denunciar lo que estaba sucediendo.

 

Adoración y Liberación cuenta con un director espiritual y el respaldo de varios sacerdotes valientes que han perdido todos sus privilegios por ser fieles a Cristo, y son cruelmente atacados, mientras se alaba a los tibios. ¿Qué es lo que está pasando? Realmente siento un gran dolor. ¿Por qué no apoyar a este apostolado en vez de competir? La Iglesia del desierto debería sumar, y no dividir, y no es una cuestión de ego, sino de sentido común, ya que Adoración y Liberación es el proyecto pionero que inició su andadura cuando no había ningún otro (al menos en español) y no tengo duda de que es obra de Dios porque percibo que ha hecho bien a muchas almas que lo agradecen. ¿Qué problema hay en apoyarlo y reconocer la iniciativa que Dios mediante tuvo su director, o sea, Vicente?

 

Dicho todo esto, les remito a unos versículos de la palabra de Dios, en concreto del Libro de la Sabiduría 1,13-15.2,23-24:

 

“Porque Dios no ha hecho la muerte ni se complace en el perdición de los vivientes. El ha creado todas las cosas para que subsistan; las criaturas del mundo son saludables, no hay en ellas ningún veneno mortal y la muerte no ejerce su dominio sobre la tierra. Porque la justicia es inmortal. Dios creó al hombre para que fuera incorruptible y lo hizo a imagen de su propia naturaleza, pero por la envidia del demonio entró la muerte en el mundo, y los que pertenecen a él tienen que padecerla.”

 

Por otra parte, les quiero mostrar un fragmento de un sermón con el que me encontré providencialmente y que hace pocos días tuve el gozo de leer. Lo expongo porque creo que viene muy al caso. Es nada más y nada menos que de San Agustín. Sí, de uno de los más grandes santos y doctores de la Iglesia, que además no sólo es considerado grande dentro del ámbito religioso, sino dentro del ámbito académico, ya que sus obras se estudian en Filosofía, en institutos y universidades sencillamente porque está considerado uno de los filósofos más grandes de la historia, junto a Santo Tomás de Aquino, Platón, Aristóteles, etc.

 

El título de este texto es “Poned en práctica la palabra. No os contentéis con escucharla. Eso sería engañaros” y dice así:

 

“No os confundáis, hermanos, si habéis venido con diligencia a escuchar la palabra sin poner en práctica lo que oís. Pensad bien en ello; si bueno es escuchar la palabra, es mucho mejor ponerla en práctica. Si no la escuchas, si no practicas lo que has oído, no construyes nada. Si la oyes y no la pones en práctica, construyes una ruina… escuchar y poner en práctica, es construir sobre roca. Y el solo hecho de escuchar, es construir. En cuanto al que escucha estas palabras continua el Señor, y no las pone en práctica, es semejante al insensato que construye su casa. También él construye, pero ¿qué construye? Construye su casa pero dado que no pone en práctica lo que oye, tiene buen oído, pero construye sobre arena… Puede que alguien me diga: “¿Para qué escuchar lo que no tengo la intención de cumplir. Ya que construiré una ruina si escucho sin ponerlo en práctica, no es más seguro no escuchar nada?”. En este mundo, la lluvia, los vientos, los torrentes no cesan. ¿No es mejor construir sobre roca para que cuando vengan los torrentes, no te arrastren?… Sin protección y sin el menor tejado, vas a ser irremediablemente abatido, arrastrado, sumergido. Reflexiona pues sobre el partido que vas a tomar. Es malo no escuchar, es malo escuchar sin actuar, resulta que hay que escuchar y poner en práctica. Sed personas que ” ponen en práctica la Palabra, y no se contentan sólo con escucharla”; lo contrario sería engañarse.”.”

 

Bueno, pues esto es lo que dice este texto de San Agustín, magistral y sublime como siempre. Una auténtica gozada. Estas palabras suyas me empujan a decirles algo que considero de suma importancia en este momento, dados los recientes acontecimientos que se están produciendo con la cada vez mayor cantidad de falsos profetas que extienden sus mensajes a través de innumerables canales, principalmente de la plataforma YouTube, que es la red más conocida de divulgación de vídeos, y la más vista de todo el mundo. A través de esta red se está causando una confusión inmensa que está realmente haciendo perder el tiempo a innumerables almas. Algunas de buena voluntad, pero que están cayendo en las garras de estos falsos profetas que producen daños tremendos en el alma. De hecho, la palabra de Dios dice claramente en el capítulo 24 del Evangelio según San Mateo que hasta los elegidos serían engañados y que si no se acortaran estos días postreros, que ni los elegidos se salvarían, ¿no es así? ¿Qué es lo que sucede? Pues que el enemigo se aprovecha de esa debilidad humana, de ese miedo humano a la muerte física o al daño físico. Se aprovecha de eso para alejarnos de lo que verdaderamente importa, que es el preocuparnos de nuestra salvación eterna porque eso es a lo que estamos destinados. Esa debe de ser nuestra meta. Es algo que los católicos jamás debemos olvidar. Tenemos que tenerlo siempre muy presente. Claro, bien es verdad que los seres humanos no queremos morir repentinamente ni vivir una guerra atómica ni experimentar cosas horribles, y claro, la falta de fe nos hace querer huir del sufrimiento. Por eso es fundamental tener fe y confiar en la providencia, recordando que si nosotros estamos con Dios, Él estará con nosotros. Esa falta de fe inducida por el mundo es la que puede conducir a la condenación eterna porque endurece el corazón y nos ciega. Esa falta de fe es la que nos puede convertir a los seres humanos en egoistas y hace tener miedo a la muerte y tribulaciones físicas pero no a la muerte espiritual, que es la condenación eterna. Lo verdaderamente contrario al amor no es el odio, sino el miedo, que viene infundido por el enemigo, y ese sentimiento bloquea de tal manera que es capaz de sacar lo peor de las personas, pisoteando a sus prójimos con tal de salvar la vida. Es algo que se ha visto en tragedias que se han producido en eventos multitudinarios a lo largo de la historia. Por ejemplo, el miedo a morir aplastado hace que la mayoría de personas pasen por encima de otros sin ninguna contemplación. Les recuerdo lo que dice la palabra de Dios en San Mateo capítulo 16, del versículo 24 en adelante:

 

“Entonces dijo Jesús a sus discípulos, si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Porque quien quiera salvar su vida la perderá, pero quien pierda su vida por mí la encontrará. Pues, ¿de qué le servirá al hombre ganar el mundo entero si arruina su vida? O, ¿qué puede dar el hombre a cambio de su vida? Porque el hijo del hombre ha de venir en la gloria de su padre, con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según su conducta. Yo os aseguro, entre los aquí presentes hay algunos que no gustarán la muerte hasta que vean al Hijo del Hombre venir en su reino.”

 

Este tema es muy serio, y no es como para tomárselo a la ligera. Es por ello que a lo único que deberíamos tener miedo es al Infierno, que la Santa Madre Iglesia nos enseña que es un lugar en el que el mayor tormento es la separación total y absoluta de Dios por toda la eternidad, y por lo tanto eso es lo peor que le puede suceder a cualquier alma. Eso es lo realmente malo que nos puede suceder, y me viene a la mente un sermón maravilloso del padre Chabelo en el que si mal no recuerdo explicaba lo que significa en el padrenuestro “más líbranos del mal”, en donde lo que le pedimos a Dios Padre es que nos libre del Infierno, es decir, del mal espiritual. Es como decir “más líbranos del Infierno”. Esto es lo que realmente nos debe preocupar, o mejor dicho, ocupar, una expresión que se me quedó grabada en la mente tras escuchárselo a nuestro querido director espiritual, el padre Tamayo. Claro, es cierto, hay que ocuparse de ello obrando, siendo buenos hijos de Dios, y no preocuparse, ya que la permanente preocupación es inacción, y también es una forma de ser egoístas, de falta de caridad, puesto que cuando uno se preocupa de algo en exceso, por más tiempo de la cuenta, no hace nada, es tiempo perdido.

 

El demonio es el eterno enemigo de Dios. Odia todo lo que Dios ha hecho. Odia toda la creación, y sobre todo, odia al hombre, y como contra Dios no tiene ninguna posibilidad, intenta ir contra nosotros. Por tanto, el demonio quiere nuestra eterna perdición y por lo tanto trata de aprovecharse del instinto humano de supervivencia, es decir, del miedo a la muerte física, y lo intenta hacer para que nos comportemos realmente mal, egoístamente, con el corazón endurecido, preocupándonos más de de refugiarnos, de huir de la realidad, en definitiva de una serie de cosas que endurecen nuestro corazón que lo único a lo que nos conducen es a alejarnos de Dios y olvidarnos de las personas que más sufren, de tantas abominaciones, de tantas miserias, de tanta muerte y destrucción que hay en el mundo, de tanto sufrimiento, de tanto satanismo metido en nuestras vidas, en la vida cotidiana. Eso es lo realmente trágico, la verdadera “Gran tribulación”, que es de lo que realmente nos advirtió a través de los pastorcitos la Santísima Virgen María en sus apariciones en Fátima en 1917 que van referidas al fin de los tiempos y están además aprobadas. Sí, la Virgen en estas apariciones nos advierte realmente del camino a la perdición que llevan muchas almas. Es muy conocida la visión aterradora que los niños tuvieron del Infierno, con millones de almas abrasándose allí, rodeadas de figuras espantosas de animales horribles que no existen en la Tierra. Esa es la “Gran tribulación” realmente, el alejamiento de Dios, la falta de caridad existente.

 

La gran tribulación que describe la Biblia, yo no tengo ninguna duda de que es espiritual. Aquí es donde precisamente quiero decir que por desgracia hay muchos falsos profetas siervos del enemigo que tienen decenas de miles o centenares de miles de seguidores en YouTube, que no hacen más que transmitir mensajes sensacionalistas, que además producen miedo en las personas, con vídeos muy largos que lo único que pueden hacer es distraer a las almas y hacerles perder un tiempo precioso que lleva a hacer que pierdan la caridad al tener tanto miedo a catástrofes físicas en este mundo como terremotos, una supuesta guerra nuclear que tanto han repetido que se iba a producir y de momento sigue sin producirse, etc. Bueno, pues todos estos mensajes sin duda proceden de falsos profetas precisamente porque llevan a que se enfríe la caridad cristiana al inducir a obrar de manera contraria a como enseña la Iglesia, que nos llama a ser mártires, a sufrir la pasión de la Iglesia, a unirse al sufrimiento del Señor por amor hacia Él, a luchar por el Reino poniendo nuestro granito de arena, luchando contra las muchas tribulaciones que claman al Cielo, como lo es la de proteger a los niños. En el capítulo 4 de la I Carta de Pedro esto queda muy claro, y merece la pena leerla completa. Dice así:

 

“Ya que Cristo padeció en la carne, armaos también vosotros de este mismo pensamiento: quien padece en la carne, ha roto con el pecado, para vivir ya el tiempo que le quede en la carne, no según las pasiones humanas, sino según la voluntad de Dios.

 

Ya es bastante el tiempo que habéis pasado obrando conforme al querer de los gentiles, viviendo en desenfrenos, liviandades, crápulas, orgías, embriagueces y en cultos ilícitos a los ídolos.

 

A este propósito, se extrañan de que no corráis con ellos hacia ese libertinaje desbordado, y prorrumpen en injurias.

 

Darán cuenta a quien está pronto para juzgar a vivos y muertos.

 

Por eso hasta a los muertos se ha anunciado la Buena Nueva, para que, condenados en carne según los hombres, vivan en espíritu según Dios.

 

El fin de todas las cosas está cercano. Sed, pues, sensatos y sobrios para daros a la oración.

 

Ante todo, tened entre vosotros intenso amor, pues el amor cubre multitud de pecados.

 

Sed hospitalarios unos con otros sin murmurar.

 

Que cada cual ponga al servicio de los demás la gracia que ha recibido, como buenos administradores de las diversas gracias de Dios.

 

Si alguno habla, sean palabras de Dios; si alguno presta un servicio, hágalo en virtud del poder recibido de Dios, para que Dios sea glorificado en todo por Jesucristo, a quien corresponden la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén.

 

Queridos, no os extrañéis del fuego que ha prendido en medio de vosotros para probaros, como si os sucediera algo extraño, sino alegraos en la medida en que participáis en los sufrimientos de Cristo, para que también os alegréis alborozados en la revelación de su gloria.

 

Dichosos de vosotros, si sois injuriados por el nombre de Cristo, pues el Espíritu de gloria, que es el Espíritu de Dios, reposa sobre vosotros.

 

Que ninguno de vosotros tenga que sufrir ni por criminal ni por ladrón ni por malhechor ni por entrometido: pero si es por cristiano, que no se avergüence, que glorifique a Dios por llevar este nombre.

 

Porque ha llegado el tiempo de comenzar el juicio por la casa de Dios. Pues si comienza por nosotros, ¿qué fin tendrán los que no creen en el Evangelio de Dios?

 

Si el justo se salva a duras penas, ¿en qué pararán el impío y el pecador?

 

De modo que, aun los que sufren según la voluntad de Dios, confíen sus almas al Creador fiel, haciendo el bien.”

 

Tras leer estos versículos, supongo que se darán cuenta de que no debemos caer en la trampa de malinterpretar el tan conocido capítulo 24 de San Mateo, que es sobre el fin de los tiempos y la parusía de Nuestro Señor Jesucristo, y que que el protestantismo toma al pie de la letra induciendo a la conducta del “Sálvese quien pueda”. Nótese que estos versículos hablan de que el que lea, entienda. Pues bien, yo entiendo que deberían ser más bien interpretados como que no hay que volver la vista atrás desandando lo andado, dejando las cosas vanas y mundanas a las que uno se haya podido dedicar en el pasado para tratar de estar cada vez más en comunión con Jesús, con las lámparas encendidas, haciendo verdaderamente cosas edificantes para el alma.

 

En resumen, hay mucho por lo que trabajar, muchas cosas que hacer, y realmente quitan mucho tiempo a las personas estos mensajes. Así es, quitan tiempo que podríamos invertir en tratar de abrir los ojos a la gente ante la realidad de lo que está pasando en el mundo, ante tanta tiranía, muerte, destrucción y abominaciones, tanto en lo civil como en lo religioso. Es perder tiempo que podríamos utilizar para ayudar a las personas a su sanación, tanto física como espiritual, para ayudar a las personas a prepararse, a advertirlas, para luchar por los niños de corta edad a los que les están metiendo en sus cabecitas pura basura ideológica, pura ponzoña totalmente satánica para confundirles detruyendo su inocencia y su mente. Si miramos para otro lado, estamos dándole la espalda a Cristo, y cuando nos llame a su presencia para el juicio particular, que puede ser en cualquier momento porque salvo excepciones como la de San Benito, nadie sabe cuándo está fijada su hora, ¿qué le vamos a decir cuando nos pregunte sobre todo lo que hemos estado haciendo? Los católicos estamos llamados a cargar con nuestra cruz si queremos ser seguidores de Cristo y alcanzar la salvación eterna. Debemos abandonarnos en el Señor y confiar en Él plenamente teniendo muy presente que Él está ahí para darnos fuerzas para soportar esa carga. Así lo dice la palabra de Dios en San Mateo 11 en los versículos del 28 al 30, cuando Jesús dice lo siguiente dirigiéndose a la gente:

 

“Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera.».

 

También debemos recordar que es además un privilegio soportar esa carga porque el Señor nos está dando la oportunidad de participar de una pequeña parte su calvario para para hacernos partícipes de su plan salvífico. No hay gracia más grande que el martirio, y no hay nada más hermoso que sufrir por amor al Señor para la salvación de nuestras propias almas y de la de millones de prójimos. Si meditan sobre este tema se darán cuenta de que realmente la clave para detectar a los falsos profetas está precisamente en que centran sus mensajes en el miedo a la muerte física y a las tribulaciones físicas. Por eso nunca hablan de la salvación del alma pero hablan constantemente de refugios físicos, de vender todo, de alejarse de las ciudades y cosas así que hasta cierto punto está bien ocuparse de ellas en la medida de las posibilidades de cada uno, pero sin obsesionarse con ello ni perder la caridad. Estos falsos profetas además constantemente dan mensajes que no se cumplen o que incluso ya se han cumplido en diversas partes del mundo y como uno no sufre esas cosas en sus propias carnes, actúa como si no hubieran sucedido aún, lo cual es otra grave falta de caridad que lleva a la indiferencia, que es un pecado que puede llegar a ser muy grave porque va contra el 5º mandamiento, “No matarás”. Hay muchas formas de matar, física, psicológica y espiritualmente, y esto lo enseña el magisterio de la Iglesia, por ejemplo en el Catecismo Romano.

 

¿Qué más tiene que suceder para que nos demos cuenta de que realmente ya estamos viviendo la “Gran tribulación” y que debemos ser muy buenos y hacer mucha penitencia tal como nos pidió la Virgen en San Sebastián de Garabandal? ¿Qué más tiene que suceder? Amigos y hermanos, que hemos tocado ya fondo, y eso es un claro signo de que la venida del Señor está muy cerca. Es terrible todo, terrible, y si se dan cuenta, esas palabras de San Agustín que les he mostrado antes nos exhortan a eso. Nos exhortan precisamente a poner en práctica la palabra de Dios, no simplemente a escucharla.

 

Todo esto nos debería arrastrar a ocupar más nuestro tiempo en la salvación del alma y no la salvación de nuestro cuerpo físico, teniendo siempre muy presente que cualquier día y en cualquier momento podemos ser llamados por el Señor a su presencia ya que salvo que el Señor nos lo revele por algún motivo como se lo reveló a San Benito, ninguno sabemos cuándo llegará nuestra hora. Eso es precisamente lo que nos debería empujar a ser fieles a Cristo, a aprovechar el tiempo en tareas edificantes, en la oración, en ayudar a los demás, en consolar e intentar aliviar a los atribulados tratando de guiarles por el buen camino. En resumen, la mejor tarea a la que podemos dedicar nuestro tiempo es a dar testimonio de la Verdad. ¿Y cuál es la verdad? La Verdad es Cristo, que en San Juan 14:6 nos dice Le dice Jesús: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí.respondiendo al apóstol Tomás.

 

Por otro lado, para terminar, les remito a otro gran sermón que tuve el gozo de encontrarme unos días después, que esta vez es de un santo mucho más moderno, que nació a mediados del siglo XIX y murió a principios del siglo XX. Me refiero a San Carlos de Foucault, ermitaño y misionero en el Sáhara. Su título es Meditación “Ocho días en Efrén”, la tempestad apaciguada. ¿Por qué tener miedo?. Dice así:

 

“Hijos míos, pase lo que pase, recordad que yo estoy siempre con vosotros. Acordaros que, visible o invisible, despierto o dormido, vigilo siempre, estoy por todas partes, soy todopoderoso. No tengáis jamás ningún temor, ninguna inquietud: estoy ahí, vigilo, os amo, lo puedo todo… ¿Qué más hacer por vosotros?… Acordaros de estas tempestades, cuando erais tranquilizados con una palabra, haciendo suceder una gran calma. Tened confianza, fe, y coraje; acordaros sin inquietud por parte de vuestro cuerpo y vuestra alma, pues yo estoy ahí, todopoderoso y amándoos.

 

    Pero que vuestra confianza no nazca de la dejadez, de la ignorancia de los peligros, ni de vuestra confianza o la de otras criaturas… Los peligros que corréis son inminentes; los demonios, enemigos fuertes y astutos, vuestra naturaleza pecadora y el mundo mismo os harán una guerra encarnizada. Y en esta vida, la tempestad es casi constante, y vuestra barca estás siempre cerca de zozobrar… Más no olvidéis, estoy ahí, contigo, ¡esta barca es insumergible! Desconfiad de todo, sobretodo de vosotros, pero tened una confianza total en mí que he desterrado toda inquietud.”

 

Esta lectura que está basada precisamente en el pasaje de los apóstoles con Jesús estando en la barca en medio de una tempestad a la que tenían miedo, nos debe recordar precisamente eso, que no debemos tener miedo ante ninguna tempestad, que en sentido figurado puede ser cualquier tribulación que vivamos a lo largo de la vida. Así es, ante cualquier problema grande que por el que podamos pasar en esta vida no debemos tener ningún miedo. Debemos tener una absoluta confianza en el Señor y abandonarnos a su santa voluntad, teniendo fe, y es entonces cuando las cosas terminan saliendo siempre bien tarde o temprano porque el Él siempre quiere lo mejor para nosotros. Por eso, como he dicho antes, no debemos angustiarnos con el miedo a la muerte física Por lo tanto debemos ser fieles a Cristo estando en el mundo, no huyendo del mundo, estando en el mundo y haciendo todo lo posible por contribuir a la salvación de la mayor cantidad de almas posible, y no perder el tiempo ni con egos ni con envidias ni escuchando a falsos profetas y charlatanes que prometen una paz interior que es completamente falsa y no es la paz de Cristo.

 

Todo esto es lo que me sale del alma decirles, hermanos. Hasta aquí mi mensaje.

Hasta el cielo no paramos. Santos o nada. Viva Cristo Rey y la Virgen de Guadalupe.

 

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