Demostración de la existencia de Dios (Por el Rvdo. Francisco Vegara)

Hay que empezar desestimando toda prueba estricta que trate de llegar a Dios desde lo visible.

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Francisco José Vegara Cerezo, presbítero.

-Hay que empezar desestimando toda prueba estricta que trate de llegar a Dios desde lo visible, pues un claro principio lógico dice que no se puede pasar de lo menos a lo más, sino que la conclusión ha de llevar siempre la peor parte; por tanto, resulta erróneo en el mismo planteamiento lógico pretender alcanzar a Dios, que es lo más y lo perfecto, desde lo visible, que siempre es menos e imperfecto; ni siquiera desde la precariedad e inconsistencia del mundo se puede asentar la existencia de algo en sí mismo consistente y perfecto, pues queda claro que lo inconsistente no exige consistentemente ninguna consistencia, sino que lógicamente cualquier premisa inconsistente y precaria condena, de antemano, a la conclusión a moverse siempre en ese mismo ámbito.

-Si nada de este mundo visible sirve como punto de apoyo hacia Dios, ¿a dónde se podría entonces acudir?

-Mi punto de partida es la siguiente cuestión: ¿podría existir la nada, o acaso no existir nada?

-Se responde que no, por dos razones: la primera, que ya existe algo, y así, de aducirse que eso que existe, podría dejar de existir, se contesta con la segunda y más tajante razón, según la cual hablar de existencia de la nada es contradictorio, ya que la nada es puramente negativa, mientras que la existencia es positiva; por ello pretender afirmar la nada, que es puramente negativa, supone una contradicción, y lo contradictorio, en cuanto opuesto al principio de no contradicción, es absurdo e imposible; la misma nada como negación de todo o total es contradictoria, pues la negación es derivada de la afirmación, en cuanto que sólo se puede negar lo que primero ha sido afirmado; de ahí que se hable de negar algo, por cuanto la mera consideración de ese algo implica ya su misma afirmación; por tanto, como la derivación indica una dependencia de lo derivado sobre lo precedente, no se puede concluir la negación total, pues es evidente que esa afirmación precedente ya es ineludible, mientras que la negación total exigiría que no hubiera ninguna afirmación; ¿cómo se podría explicar entonces la noción tan peculiar de la nada?: pues como un mero constructo del intelecto, el cual, al pretender una negación total, cuando la sola consideración ya alberga una cierta afirmación, prescinde de toda afirmación precedente, lo que hace que esa noción tenga un carácter meramente hipotético e imaginativo, y no verdaderamente racional, por no ajustarse a las exigencias lógicas de consistencia o no contradicción.

-Consiguientemente, si la nada es imposible en sí misma, se infiere la necesidad de algo, de algún ser, pues la misma negación de la nada es la afirmación de lo opuesto: el ser.

-Ahora bien, ese ser que ha de ser necesariamente, ha de ser también necesario, de modo que la negación de la nada imposible supone la afirmación del ser necesario.

-Además ese ser necesario no puede estar en el universo espacio-temporal, pues todo lo espacio-temporal es, por la mutabilidad que lo caracteriza, posible, sino que ha de ser trascendente.

-Ese ser necesario y trascendente es, en definitiva, Dios.

-Mas ¿cómo es posible que, si nada de este mundo imperfecto y precario servía para llegar a Dios, se pueda encontrar, sin embargo, un apoyo sólido en lo más imperfecto e inconsistente: la misma nada, que carece no ya sólo de toda perfección, sino incluso de la elemental consistencia?

-Se responde que, si no se puede pasar lógicamente de lo menos a lo más, sí se puede empero pasar rigurosamente de un contrario radical a otro, en cuanto que la misma radicalidad de la oposición hace que la afirmación de uno conlleve la negación del otro, y viceversa, como se expresa en la doble negación, que viene a ser una afirmación, y así negar la negación de algo es afirmar ese mismo algo; en suma, asentada la necesaria negación de la nada, o sea: su imposibilidad, se patentiza la también necesaria afirmación de su opuesto radical, esto es: el ser necesario, que es Dios.

 

 

 

 


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2 comentarios
  1. Alberto Ramón Althaus says

    La afirmación del autor del artículo de que no se puede pasar de lo menos a lo más que pretende ser lógica no lo es e importaría la negación de la posibilidad de llegar a conocer desde el efecto la causa, desde lo contingente lo necesario, de lo que se mueve aquello que lo ha movido, del modelo al autor del modelo, etc. y rechaza toda una serie de razonamientos correctos y de conocimientos de verdades que se dan en el mundo natural y no sólo en el sobrenatural.
    Para que puedan tener una idea los lectores no podríamos saber, por ejemplo, nada de las culturas antiguas porque sólo han dejado sus efectos que es lo menos, no podríamos saber de una pintura, de un edificio o de un cuadro quién o quíénes lo han construido nos veríamos limitados a conocer el presente y no podríamos conocer nada más del pasado porque lo que tenemos del pasado en este presente es lo menos, una huella del pasado, unos restos por lo que no podríamos de lo menos llegar a conocer lo más.
    Vemos que lo que se presenta como lógica no es tal cosa.
    Por otra parte, la negación de la nada que realiza el autor implica la negación de la creación de Dios en la nada lo que es una cuestión de fe y dogma de fe católico que no puede rechazarse sin caer en herejía y sin graves deformaciones en el pensamiento y en el obrar.
    La negación de la nada o del no ser como imposible hace imposible el principios de no contradicción ya que no podría afirmarse que “el ser es y el no ser no es” sino que debería afirmarse que “el ser es” y nada más porque el no ser, según el autor, sería imposible y pura construcción intelectual.
    Con lo que vemos que en metafísica y en lógica hemos retrocedido mucho al perder el no ser.
    Con la pérdida del no ser perdemos la verdad de la existencia de Dios, de seres creados y de la nada en la que los seres fueron creados.
    Al negar el “no ser” y afirmarlo como construcción puramente intelectual tendríamos que afirmar que las creaturas son necesarias y, por lo tanto dioses o de naturaleza divina o necesaria o serían Dios mismo y como lo único que existiría, según el autor sería el ser tendríamos que afirmar que todo es necesario y que todo es Dios con lo que caeríamos en un panteismo.
    También podríamos caer en un ateismo puesto que por ese medio afirmaríamos que son necesarias las creaturas pero no podríamos afirmar que es necesario Dios ya que no podríamos de lo menos llegar a lo más.
    Pero y lo más grave podríamos caer en un satanismo ya que haríamos del mal que es privación de ser algo necesario en las creaturas y por lo tanto el bien y el mal serían necesarios.
    La creatura no estaría hecha de ser y no ser sino de naturaleza divina y necesaria.
    Este camino es peligroso porque se parte de afirmaciones contrarias a la verdad revelada y a los dogmas pero también se desconocen verdades afirmadas por la metafísica y la filosofía perenne.
    Los seres humanos necesitamos de verdades reveladas para no extraviarnos y no podemos afirmar contra ellas sin despreciar la revelación y a Dios mismo y pretender por nuestra propia inteligencia conocer y alcanzar a Dios es la pretensión de ser como dioses y el gran pecado mortal de los hombres además de una herejía para el católico.
    Por otra parte rechazar la filosofía perenne basada en el sentido común para irse por otros lares y buscar ser original y moderno o novedoso es una actitud imprudente y un gran pecado.
    La metafísica y el sentido común del hombre nos enseña que los seres creados son contingentes, o sea, que pueden ser o no ser, pudieran o no haber existido.
    Vemos que al rechazar el “no ser” y considerarlo como una construcción intelectual rechazamos la posibilidad de lo contingente, es decir, de lo que puede ser o no ser.
    El hablar de lo contingente supone el concepto de lo necesario pero el tener el concepto de lo necesario no asegura que exista el ser necesario, o sea, Dios.
    No es desde la lógica que se puede acceder a Dios sino desde la metafísica, lo que prueba la existencia de Dios no son los conceptos sino que podemos ver y comprobar que hay seres que son contingentes estos seres mismos y su misma existencia es lo que exige la existencia del ser necesario que los haya creado llegamos así no al Dios revelado sino al Primer Motor Inmóvil, es decir, tenemos algunos conocimientos sobre Dios pero no los que salvan sino que se trata de un conocimiento natural de Dios.
    No llegamos por estos conocimientos de lo menos a lo más en el sentido de que estos conocimientos no nos dan la visión beatífica de Dios ni nos ponen en presencia de Dios pero sí desde lo que es menos podemos llegar a obtener algunos conocimientos de lo que es más.
    Hay dos revelaciones la que se da por la naturaleza, por la Creación y en las creaturas Dios se revela a sí mismo al hombre de manera que el hombre no puede afirmar sin pecado grave que Dios no existe.
    Dios está presente en las creaturas porque no sólo las crea sino que las mantiene en el ser pero las creaturas no son el Creador pero Dios participa del ser a las creaturas pero no es un ser necesario sino un ser creado y le es participado este ser en la nada, de forma que las creaturas tienen ser y no ser, hay una nada en las creaturas y el mal es una mala elección de algunas creaturas inteligentes.
    Podemos de lo menos conocer lo que es más no podemos de lo menos llegar a lo que es más, no podemos pasar de las creaturas al contacto directo con Dios, lo que podemos es tener ciertos conocimientos naturales sobre Dios que nos llevan al Primer Motor Inmóvil.
    Rechazar la posibilidad de conocer a Dios desde las creaturas es negar la condición de creatura de los seres creados porque importa negar lo contingente de la creación, la relación de efecto y causa, la causalidad eficiente por la que por el modelo se conoce al autor, etc. Vemos que el rechazar el conocimiento de Dios desde las creaturas implica mucho más que eso implica rechazar el conocimiento de las creaturas como creaturas de Dios implica rechazar toda una filosofía y teología católica.
    Lo sepa o no el autor del artículo su pensamiento y sus afirmaciones no pertenecen al pensamiento católico.
    Lamentamos que se estén propagando enseñanzas contrarias a la filosofía perenne y que se realicen intentos que ya han demostrado su inutilidad para demostrar la existencia de Dios desde la sola lógica.

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