LAS MIRADAS OSCURAS. Por F. L. Mirones
La Verdad sobre las gafas de sol

Por Fernando López Mirones

Las gafas de sol nos las han impuesto las modas, mucha gente no concibe salir a la calle sin ellas. Los mayores, para tapar sus defectos de la edad en el contorno de ojos, y los jóvenes, porque se ven más fieros y atractivos. Es una imagen creada por publicidad, cine y estereotipos, y no lo fue de forma inocente.
Las gafas de sol no “protegen” nuestros ojos, recuerden que la palabra “protección” es la que utilizan siempre que nos quieren acostumbrar a algo terrible. En realidad, nos aíslan de la salud que viene de nuestra naturaleza de mamífero diurno.
Otra falacia bien pensada es llamar “vitamina” a una hormona esteroidea, la D, que solo podemos sintetizar nosotros mismos a partir de los rayos ultravioleta del Sol, y que es fundamental para el cortisol y la salud. En gran parte entra POR LOS OJOS. Cuando nos ponemos gafas de sol, bloqueador solar, maquillaje, gorras o sombreros (y lo digo yo 🤠) estamos enfermando a nuestro cuerpo y a nuestro alma. Necesitamos recibir cada día nuestra dosis de intemperie para que la piel y los ojos sinteticen la hormona D. No sirve de nada ingerir la molécula inerte en pastillas y suplementos.
Cuando veo a las señoras mayores pasear con enormes gafas de sol, maquilladas y llenas de filtros en cara y brazos, me da mucha pena, languidecen, no saben que están evitando la fuente de la salud, el sol. Nos han convencido de que todo lo bueno es malo. La gente se tapa del astro rey y se va a merendar azúcares, sin generar hormona D y creyendo que la mantequilla es mala, cuando lo terrible es el pan en el que la untan. Las grasas, las proteínas y el sol son salud, el croissant y el pan son veneno. Las calles llenas de ópticas, panaderías y pastelerías.
Salimos poco al aire libre, y cuando lo hacemos nos embozamos en cremas carísimas repletas de disruptores endocrinos, tras unos plásticos negros (no son ni siquiera cristales) que les dicen a nuestros ojos solares que es de noche. La biología humana dice una cosa, y la medicina dice la contraria. La biología humana es sabia, la medicina ha sido pervertida por los magnates que la financian desde hace siglos.
Ojos y piel deben estar expuestos a la radiación ultravioleta al menos treinta minutos al día, en la mayor superficie corporal que podamos; no hace falta que esté despejado, con nubes, frío y tiempo gris funciona también.
Cuando a lo poco que usted pasea al día, además, le suma el que sale maquillada o con crema bloqueadora del sol, más gafas oscuras, y acaba en una cafetería ingiriendo dulces y otros hidratos de carbono, está usted enfermando sin saberlo.
Gafas de sol y sombreros son grandes inventos que fueron creados para aventureros, deportistas y trabajadores que estaban obligados a permanecer muchas horas expuestos a los elementos; tienen sentido en la nieve, el mar, la montaña, el desierto, en algunos maquinistas, pero son absurdos en un paseo diario de una hora.
Las fotografías de actores y artistas guapísimos con sus Ray-Ban, se nos metieron en la mente desde niños, porque ocultar la mirada, la esclerótica, como expliqué en LUPUS DEUS, nos resulta inquietante, interesante, atractivo y agresivo. No hay chulo, macarra, puta, cani ni pandillero sin gafas negras todo el día; pero puede matarnos.
Los ojos son órganos solares fundamentales para activar el sistema inmunitario.
Pruebe a pasear por el campo sin gorras, ni gafas ni maquillajes o cremas, en solo un mes verá la vida con mucho más optimismo, haga el intento, y después nos lo cuenta.
Un aullido

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