🇪🇸 LATINOAMÉRICA NO VIENE DEL LATÍN: SEGUNDO ENSAYO PARA DESMONTAR UN ERROR QUE CONFUNDE A MUCHOS
Tras el primer artículo, algunos lectores se han molestado o confundido creyendo que “Latinoamérica” tendría un origen católico por su supuesta relación con el latín. Este segundo ensayo busca aclarar serenamente la cuestión y corregir el equívoco con rigor.
Tras el primer artículo, algunos lectores se han molestado o confundido creyendo que “Latinoamérica” tendría un origen católico por su supuesta relación con el latín. Este segundo ensayo busca aclarar serenamente la cuestión y corregir el equívoco con rigor.
por Vicente Montesinos
Director de Adoración y Liberación

Hay errores que, si no se corrigen, terminan moldeando la narrativa. Tras nuestro primer texto sobre la legitimidad histórica de Hispanoamérica, han surgido reacciones de sorpresa, desconcierto e incluso molestia entre aquellos que, de buena fe, pensaron que “Latinoamérica” sería un término más católico por sonar a “latín”. La idea es llamativa, pero profundamente equivocada. Y conviene zanjarla de manera definitiva, con fundamento, con serenidad… y con una pizca de ironía donde la evidencia lo pide.
Comencemos por lo esencial. Sí: nosotros, católicos tradicionales, amamos el latín. Es la lengua sagrada de la Iglesia, la que preserva la ortodoxia, la que unifica la liturgia y la doctrina. Pero el término “Latinoamérica” no tiene absolutamente nada que ver con el latín eclesial. Nada. Ni una letra. Ni un rastro.
Su origen es secular, político y geoestratégico. No litúrgico, no romano, no doctrinal.
Fue elaborado por intelectuales y políticos franceses del siglo XIX —especialmente bajo la órbita de Napoleón III— para justificar la influencia francesa en América. Un concepto creado para diluir la raíz hispánica del continente. Una etiqueta ideológica hecha para erosionar el legado católico que España transmitió al Nuevo Mundo.
Pero el proyecto no fue solo francés. El mundo anglosajón, profundamente protestante, anticatólico y abiertamente influenciado por la masonería, llevaba generaciones empeñado en destruir la unidad espiritual del continente evangelizado por la Iglesia. La difusión del término “Latinoamérica” fue extremadamente útil para ese objetivo: sembrar confusión, romper la memoria histórica, sustituir la identidad católica por un concepto sociopolítico difuso y utilizable.
En este contexto, resulta hasta un punto simpático —si no fuera trágico— pensar que “latino” se refiere a la lengua de la Iglesia. Para probar lo absurdo, basta un ejercicio de pura lógica:
Si “latino” viniera realmente del latín sagrado… ¿qué hacemos con las “bandas latinas”, “la música latina”, “la fiesta latina”, el “reggaetón latino” o las estadísticas sobre “delincuencia latina”?
¿Estamos hablando del canto gregoriano?
¿Del Misal de San Pío V?
¿De la lengua de los Padres de la Iglesia?
¿O es que acaso Santo Tomás componía salsa y San Agustín improvisaba merengue?
La ironía se escribe sola. Y muestra con claridad que el término “latino” usado en política, sociología o cultura popular no remite al latín de la Tradición, sino a un constructo ideológico ajeno al catolicismo.
Volvamos al fundamento esencial.
Hispanoamérica es el término que expresa la verdad histórica del continente: pueblos evangelizados por la Iglesia a través de la misión civilizadora de España. Es la palabra que nombra nuestra raíz real, nuestra fe, nuestro derecho, nuestra cultura, nuestra unidad espiritual. Decir Hispanoamérica es decir verdad. Decir Latinoamérica es aceptar sin querer un invento geopolítico francés, reforzado después por intereses anglosajones y masónicos para debilitar la Cristiandad hispánica.
Y aquí está la clave que hay que repetir sin cansancio: defender el latín y defender Hispanoamérica es defender una misma realidad espiritual. Ambos brotan del mismo tronco católico. Ambos expresan continuidad, Tradición y verdad. Mientras que “Latinoamérica” es un artificio destinado precisamente a ocultar ese tronco.
Conclusión: Latinoamérica no tiene nada que ver con el latín, ni con la Iglesia, ni con la Tradición. Es una construcción francesa adoptada y amplificada por proyectos anglosajones y masónicos para deshacer la unidad católica del continente. Hispanoamérica, en cambio, es la expresión verdadera, histórica y espiritual que designa a los pueblos nacidos de la evangelización católica. Y defenderla no es polémica: es un deber de justicia y de fidelidad a la verdad.
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