San Félix de Valois – 20 de noviembre
Padre de la libertad cristiana y cofundador de la Orden de la Santísima Trinidad
San Félix de Valois – Vida, caridad y origen de los Trinitarios
Vida de San Félix de Valois
San Félix de Valois nació hacia el año 1127 en el seno de la ilustre casa de Valois, emparentada con la realeza francesa. Sin embargo, desde muy joven rechazó los honores del mundo para dedicarse a la oración, el silencio y la penitencia. Su alma, profundamente contemplativa, buscaba únicamente a Dios en la soledad y la pureza del corazón.
A pesar de las ofertas de cargos y privilegios, Félix abandonó la corte y se retiró a una vida eremítica en los bosques de Cerfroid. Allí, entre la austeridad y la naturaleza, vivió largos años de recogimiento, entregado a la penitencia, la lectura espiritual y la contemplación de los misterios divinos.
La Providencia, sin embargo, tenía para él una misión extraordinaria. Un día llegó al bosque un joven sacerdote llamado Juan de Mata, que buscaba también la soledad para discernir la voluntad de Dios. Ambos descubrieron que compartían el mismo impulso interior: rescatar a los cristianos que sufrían cautiverio bajo los musulmanes y devolverles la libertad del cuerpo y del alma.
Félix, ya anciano, recibió de Juan la confirmación de que Dios quería una nueva orden religiosa, fundada bajo el signo de la Santísima Trinidad, con una misión muy concreta: redimir cautivos cristianos. Fue así como, en 1198, con la aprobación del Papa Inocencio III, nació la Orden Trinitaria, la primera en la Iglesia dedicada específicamente al rescate de esclavos.
Félix se convirtió en el padre espiritual de esta obra, enseñando a los primeros frailes la vida de oración, penitencia y entrega total. No viajó en persona a tierras musulmanas, pero sostuvo con su fe, su prudencia y su oración la labor de los hermanos que arriesgaban sus vidas para liberar a los cristianos encadenados.
Murió santamente el 20 de noviembre de 1212 en Cerfroid, rodeado de sus hijos espirituales, dejando tras de sí un legado de misericordia, valor y amor ardiente por la libertad de los hijos de Dios.
Milagros y hechos extraordinarios
🔸 La visión del ciervo blanco
Según la tradición trinitaria, estando Félix en oración junto a una fuente del bosque, se le apareció un ciervo blanco con una cruz azul y roja entre sus astas. Fue un signo celestial que confirmaba la futura misión de la Orden Trinitaria y que representaba la caridad redentora de la Santísima Trinidad.
🔸 Intercesiones prodigiosas
Durante su vida y después de su muerte, numerosos cautivos liberados por los trinitarios atribuyeron a las oraciones de Félix los rescates más difíciles, realizados en circunstancias humanamente imposibles.
🔸 Paz en las tormentas
Testimonios antiguos narran que cuando Félix elevaba sus manos en oración durante tempestades violentas, los cielos se serenaban como signo del favor divino.
Oraciones
Oración breve
San Félix de Valois, siervo fiel de la Trinidad, fortalece nuestra fe y enséñanos a trabajar por la libertad espiritual de todos los que sufren. Amén.
Jaculatoria
San Félix de Valois, modelo de caridad redentora, ruega por nosotros.
Oración larga
Oh glorioso San Félix, que desde la humildad del desierto fuiste llamado a una obra tan grande como la redención de los cautivos, mira a tu Iglesia en estos tiempos en que tantos están oprimidos por el pecado, la tristeza, el error y la desesperanza.
Tú que enseñaste a tus hijos trinitarios a dar la vida por la libertad del prójimo, inspira en nosotros un amor generoso, firme y ardiente. Haz que sepamos reconocer a Cristo en los que sufren y que tengamos la valentía de trabajar por su liberación.
Intercede por nosotros ante la Santísima Trinidad, cuyo signo llevaste siempre en el corazón. Que Ella nos conceda la paz, la pureza y la fortaleza para perseverar en el camino de la santidad.
Por Cristo Nuestro Señor.
Amén.
Reflexión final
San Félix de Valois nos enseña que incluso la vida más oculta puede transformar el mundo cuando está unida a Dios. Su aparente anonimato en el bosque se convirtió en la raíz de una obra que liberó a miles de hijos de la Iglesia.
En él vemos que la libertad cristiana no es un ideal político, sino un don divino que brota del amor. Su legado nos impulsa a trabajar por la verdadera libertad: la del alma que pertenece solo a Dios.

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