Es un Declaración abierta de una Guerra Espiritual.
Haciendo alusión al quinto dogma mariano: «María Corredentora y Mediadora de todas las gracias»
Dr. D. Jaime Solivan de Acosta
Para Adoración y Liberación
Si bien es cierto que las declaraciones del seudopapa Prevost son muy lamentables para toda la cristiandad, y una afrenta no solo para nuestra Madre del Cielo —una canallada de parte del usurpador de la silla pretina— y un agravio a su Hijo, al Santo de los Santos, a Nuestro Señor Jesucristo, debo señalar lo siguiente:
1. Esta declaración era de esperarse de la falsa iglesia católica, por lo que no nos debe chocar ni perturbar. Debemos alegrarnos porque nosotros, los del remanente fiel, los que seguimos al León de María, no comulgamos con ella, ni titubeamos como los tibios, todo lo contrario, caminamos por el verdadero camino de Cristo. Por ello, no tenemos nada que temer ni perder.
2. Esta declaración hace que haya un abismo entre la verdadera Iglesia y la falsa, lo que permite que aquellos que continúan empecinados en seguir a la iglesia de Satanás, sientan un jamaqueo —por la gracia divina—, abran los ojos, recapaciten y regresen al verdadero redil, a la Casa del Padre.
3. Esta declaración es una declaración abierta de una guerra espiritual; es su última movida, o debo decir, la quinta movida, haciendo alusión al quinto dogma mariano: «María Corredentora y Mediadora de todas las gracias», que, por cierto, tiene el respaldo de un sinnúmero de papas verdaderos y de santos de la Madre Iglesia Católica.
4. Esta declaración prevostiana es una aberración, un acto calculado y perverso, pues, si se niega el quinto dogma mariano, se niega el «fiat» de la Virgen, es decir, se niega el «sí para ser la Madre del Redentor», y, si ella no dio su aprobación, no habría salvación para el género humano. Hay que ser imbécil para no darse cuenta de ello. Además, el prefijo «co-» significa ‘conjuntamente con otro’, ‘en colaboración’, ‘en compañía’. En otras palabras, cuando se dice que la Santísima Virgen es corredentora no quiere decir que ella es «redentora», sino que participó, colaboró, para que el Verbo se hiciera carne en su seno virginal, y pudiese, a través de su sacrificio, redimir a la humanidad del pecado. Algo parecido ocurre en un avión. Hay un piloto y un copiloto. ¿Quién es el jefe? ¿Verdad que el piloto es la figura principal, y el copiloto, un ayudante? Lo mismo sucede en la Iglesia Católica. Nuestro Señor Jesucristo es el piloto de la Iglesia y la Virgen la copiloto. El Sagrado Corazón de Jesús y el Inmaculado Corazón de María nunca han estado enfrentados, todo lo contrario, unidos en perfecto amor.
¡Católicos, alzad la cabeza! ¡Se acerca nuestra liberación!
El Combate Espiritual: Una Realidad para el Verdadero Cristiano