Los tres “incidentes” de Benedicto XVI y el falso bonete. Por Andrea Cionci

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Por Andrea Cionci

Para Adoración y Liberación

 

Traducción autorizada Roberto Pardo

 

 

 

En cualquier investigación, son precisamente las contradicciones de quienes pretenden mantener oculta la verdad las que la sacan a la luz DE MANERA DISRUPTIVA. Es lo que está ocurriendo con el caso del cada día más verosímil atentado sufrido por Benedicto XVI en 2012, por una sobredosis de somníferos, sobre el que hemos escrito.

 

De hecho, se han difundido al menos TRES VERSIONES DIFERENTES sobre ese incidente -que habría sido la base de su decisión de retirarse (sabemos que vía sede impedida).

 

El primero en salir fue el de Andrea Tornielli, entonces vaticanista de La Stampa y ahora director editorial de la comunicación del antipapa, que el 14 de febrero de 2013, con cierta oportunidad, publicó un artículo titulado “Se cayó, se lesionó la cabeza y decidió: me voy”, con el relato de un misterioso prelado. La elección estaría entonces entre cinco cardenales que formaban parte de la comitiva papal en el viaje apostólico (Bertone, Ouellet, Cañizares, Sarah, Baragán), los dos obispos (Becciu. Mamberti) y los seis monseñores Marini, Gänswein, Xuereb, Arellano, Krajewski y Ravelli.

 

La segunda versión del caso está contenida en el libro del Pseudo-Gänswein “Nada más que la verdad” de enero de 2023. Escribimos “pseudo” porque este libro, como hemos reflejado, por sus atroces contradicciones, útiles precisamente para legitimar a Bergoglio, parece haber sido manipulado por otras manos, hasta el punto de que Monseñor quiso retirarlo antes de su publicación.

 

Por último, la tercera es la versión de Benedicto XVI, en la carta enviada el 28 de octubre de 2022 a Peter Seewald, publicada parcialmente por su colega alemán después de la salida del libro de Gänswein y luego dada íntegramente por él mismo en abril.

 

Hoy mostramos por primera vez cómo la versión del pseudo-Gänswein es rotundamente FALSA, desmentida por los vídeos, mientras que la del prelado desconocido difiere del relato del Papa en detalles igualmente flagrantes.

 

Empecemos por la primera versión, la del prelado entrevistado por Tornielli: ‘”La mañana del 25 de marzo, en el último día pasado en León (ed. México) -cuenta el prelado-, Benedicto XVI tenía el cabello manchado de sangre cuando se levantó. Sus colaboradores le preguntaron qué había pasado. El Papa respondió que no se había caídosino que se había tropezado y se había golpeado con el lavabo unas horas antes. Se había levantado para ir al baño y, como ocurre a veces cuando nos despertamos en mitad de la noche en un ambiente que no es el nuestro habitual, no había encontrado inmediatamente el interruptor de la luz y por eso se había movido en la oscuridad. […] Incluso la almohada estaba manchada de sangre -continúa nuestro interlocutor- y algunas gotas habían manchado también la alfombra. […] Pero no era una herida profunda ni preocupante. La zona afectada permanecía bajo el bonete blanco y estaba bien disimulada por el espeso cabello del Pontífice [… ]. No había tiritas visibles -añade el prelado-, como en cambio le ocurrió a Juan Pablo II […] No tuvo problemas para ponerse la mitra que le colocamos en la cabeza durante la misa […] Todo fue bien y sólo por la noche, cuando regresamos a la residencia de las religiosas, se hizo un vendaje más preciso. […] Quizá aquel incidente nocturno en la casa de las monjas capuchinas, con la posibilidad de consecuencias más graves, de una hospitalización lejos de Roma, contribuyó a madurar una decisión que nueve meses después desembocaría en el histórico anuncio del pasado lunes”.

 

Atención: el prelado que, durante la misa, coloca la mitra en la cabeza de Benedicto es el arzobispo Kraiewsky, como se ve en el minuto 20:10. ¿Habrá sido acaso él quien dio este relato a Tornielli? Kraiewsky recibirá en 2018, inválidamente, el galero de Bergoglio, pasando a los titulares como el “cardenal electricista“, el que fue a volver a colocar ilegalmente la luz en edificios okupados, sin pagar las facturas.

 

He aquí, sin embargo, la versión del Pseudo-Gänswein en “Nada más que la verdad”: “Es más, en México, el Papa tropezó con una alfombrilla mientras estaba en el baño para afeitarse y cayó de espaldas, golpeándose la cabeza con la repisa de la ducha. No tuvo pérdida de conocimiento ni problemas particulares, pero fueron necesarios un par de puntos para suturar la herida. A pesar del vendaje, la hemorragia continuó, hasta el punto de que Monseñor Guido Marini se vio obligado a no quitarse el bonete, que cubría la gasa manchada, en momentos en que la liturgia lo hubiera requerido durante la Misa en el Parque del bicentenario de León, ¡hasta el punto de que algunos pensaron que el Maestro de Celebraciones se había distraído!”.

 

En primer lugar, la versión del Pseudo-Gänswein queda rotundamente desmentida por el vídeo de la misa en el Parque del bicentenario de León el 25 de marzo de 2012, que encontrarás ya que en la web del Vaticano, curiosamente, “no se puede acceder” al vídeo pinchando en el enlace que se facilita.

 

 

Ahora bien, según el Ceremonial Episcopal, el bonete debe ser retirado antes de la consagración y después de la comunión. En el minuto 52:00, se ve que Mons. Guido Marini no le quita el bonete al Papa porque, obviamente, está sosteniendo el misal en español que el Santo Padre está leyendo, y no por otra razón. En cambio, la cabeza del Papa es descubierta por el 2º Maestro de Ceremonias, el Arzobispo Krajewsky, y la liturgia transcurre perfectamente.

 

 

Pero lo importante es que la cándida cabeza del Santo Padre no tiene ninguna gasa manchada de sangre. Aquí está el vídeo completo que muestra el cabello de Benedicto XVI completamente intacto, sin gasas ni tiritas.

 

¿Por qué llenar ese relato con tantos detalles sobre la gasa, el bonete, la “distracción” de Mons. Marini, sabiendo que una rápida comprobación bastaría para hacer saltar por los aires la reconstrucción? Llegados a este punto, uno podría suponer que el verdadero Gänswein lo hizo a propósito, para agitar la querelle, como ya había hecho en el pasado, o que el pseudo-Gänswein fue realmente tan descuidado como para exponerse torpemente al descrédito.

 

Por último, está el relato de Benedicto XVI: “Durante mi viaje apostólico a Santiago de Cuba en marzo de 2012, me desperté por la mañana después de la primera noche y, como de costumbre, usé mi pañuelo y me di cuenta de que estaba completamente empapado de sangre. Debí de golpearme con algo en el baño y caerme. Gracias a Dios, en el equipo de médicos que me acompañaba había un cirujano muy respetado que supo tratarlo para que no fuera evidente”.

 

Habla de “la primera noche”, por lo que tuvo que ser el 26 de marzo en Cuba, ya que la misa en el Parque había sido el 25 y el Papa había llegado a México el 23.

 

En este diagrama se puede ver, a simple vista, cómo las tres versiones presentan diferencias macroscópicas.

 

 

Además de las diferencias, veremos cómo las dos versiones ajenas a Benedicto ofrecen reconstrucciones de dinámicas absurdas y mutuamente contradictorias.

 

Prelado-Tornielli: la noche es la del 24 al 25, en México. El Papa se golpea por la desorientación causada por la oscuridad en un entorno nuevo. Se golpea la cabeza contra el lavabo en la zona parietal, que luego cubre con su bonete. Sale algo de sangre, pero la herida no es profunda y no se habla de puntos de sutura. Benedicto no lleva gasas ni tiritas en la cabeza durante la misa en el Parque porque su espesa cabellera lo cubre todo y la herida se ha coagulado. Ahora bien, dado que el lavabo no suele estar a más de un metro del suelo, ¿cómo es que alguien que se desplaza de noche en la oscuridad, buscando el interruptor, se lo golpea en la zona parietal de la cabeza? Misterio.

 

La dinámica descrita por el Pseudo-Gänswein es aún más “creativa”: el incidente tiene lugar la mañana del 25 en México, antes de la misa en el Parque. El Papa, mientras se afeita, a plena luz del día, tropieza con la alfombrilla y cae de espaldas sobre el borde del suelo elevado de la ducha. No pierde el conocimiento, pero tiene que recibir dos puntos de sutura. Una caída así, de espaldas, sobre el borde de la superficie de la ducha probablemente le habría matado. De hecho, el internista Dr. Maurizio Luchena, antiguo experto en primeros auxilios comenta: “Una caída tan espantosa que se resuelve con un pequeño corte, dos puntos de sutura, sin presencia de hematoma…”. Normalmente, cuando se producen este tipo de traumatismos, para prevenir complicaciones se acude a urgencias para que le hagan un TAC para evitar daños cerebrales. Y mucho menos si el paciente es “el Papa”.

 

También en este caso se dice que Benedicto perdió el equilibrio por un simple accidente doméstico. ¿Por qué dimitir por un tropiezo? Por no hablar de la farsa del bonete que supuestamente cubría la inexistente gasa ensangrentada.

 

En cambio, el Papa Benedicto XVI, el único al que se le puede creer, habla de la noche del 26 al 27 en Santiago de CUBA, no en México. El Papa está inconsciente y no recuerda lo sucedido. Por la mañana la sangre ha empapado su pañuelo, por lo que le sale por la nariz o como mucho por la boca porque se da cuenta al usarlo. Ciertamente no utilizó el pañuelo limpiándoselo en la zona parietal de la cabeza, en el pelo, en la zona que hubiera estado cubierta por el bonete. El incidente está vinculado por Benedicto sin ninguna duda al asunto del insomnio-somniferos, que él describió como la razón central de su dimisión. Así pues, es totalmente plausible que, debido a una sobredosis (inducida) de somníferos, fuera al baño durante la noche, perdiera el equilibrio, según los efectos secundarios descritos para la sobredosis de sedantes/hipnóticos, cayera de bruces, se golpeara la nariz, lo que produjo la hemorragia nasal, y luego volviera a dormirse. Por la mañana no podía recordar lo que había ocurrido debido a la amnesia causada por los fármacos. De hecho, la mañana del 27 tenía la cara cérea, era inseguro y lento de movimientos, y según el psiquiatra Antonio Bussi, mostraba exactamente los síntomas de una sobredosis de sedantes. En vista del flagrante ataque que había sufrido, Benedicto decidió que era el momento de entrar en sede impedida y defender así el Papado de las agresiones internas. Completamente coherente, a diferencia de las otras dos versiones.

 

Como puede verse, tanto el prelado de Tornielli como el Pseudo-Gänswein cambian de día, lugar y hora y acaban en abierta contradicción entre sí.

 

Está claro que ambos tenían toda la intención de desviar cualquier sospecha del episodio. En el caso, sin embargo, de que la segunda versión fuera realmente de puño y letra de Gänswein, fiel servidor del Papa, entonces una reconstrucción tan ridícula y fácilmente desacreditable, como ya se ha dicho, podría haber sido insertada a propósito para alimentar las sospechas y llamar la atención sobre el atentado. En este caso, la misión habría tenido éxito.

 

De lo contrario, sería otro caso en el que el diablo hizo la olla, pero no la tapa.

 

 

 

 

 


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