La persecución. Por Juan Cicconi

Por Juan Cicconi
Para Adoración y Liberación
La Persecución 17 de mayo de 2024
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San Juan 15, 26- 27/ 16, 1- 4
La persecución que Cristo predijo a los suyos viene de cualquier parte, a veces de donde menos se piensa. Sabemos lo que son capaces los hombres, y peor si llevan sotana, porque son capaces de corromperlo todo, incluso la religión. La religión es una cosa seria y el que peca en religión peca seriamente, porque un cura que NO tiene fe es horroroso.
La Iglesia ha estado siempre perseguida de una manera u otra conforme a la predicción de Cristo: “Si a mí me persiguieron, a vosotros os perseguirán, no es el discípulo mayor que el maestro.” Por ello promete el Espíritu Santo, que será el primer testigo, el testigo interior que nos hace sentir la verdad de lo que Cristo dijo.
Las dos formas más terríficas de la persecución son las de adentro y las de afuera; primero las de adentro que provienen de la misma Iglesia: “seréis excomulgados.” Y después las de afuera, “os matarán”, y en los últimos tiempos “os matarán y creerán con eso hacer un servicio a Dios.” Los mártires de los últimos tiempos ni siquiera parecerán mártires.
Apenas resucitado Jesucristo, se desencadena la persecución en Jerusalén y matan cruelmente los judíos a San Esteban y a los dos Santiagos. Hechos 7, 51- 60 y 12, 1- 4
Los demás Apóstoles fueron mártires, los fieles de Jerusalén huyeron, muchos de ellos fueron encarcelados o azotados. Poco después suceden las diez sangrientas y satánicas persecuciones romanas, donde fueron muertos con espantosas torturas dos millones de cristianos.
-¿Por qué me tratan de manera vergonzosa y miserable en mi propia patria?
-¡Porque eres cristiano!
-¿Es un crimen ser cristiano?
Para el mundo ser cristiano es una agresión y una molestia. De alguna manera u otra el verdadero cristiano es resistido para el mundo.
“Y en verdad todos los que quieran vivir piadosamente en Cristo Jesús serán perseguidos.”
II Timoteo 3, 12
Nota:
Ver Evángelio de San Juan 15, 18- 27, San Juan 16, 1-15 y San Pablo II Timoteo 3, 6- 8.
Bibliografía consultada: El Evangelio de Jesucristo – P. L. Castellani
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