El enorme peligro de los católicos “enganchados” a constantes mensajes y visiones. Por Vicente Montesinos

Vicente Montesinos
Director de Adoración y Liberación

En los tiempos actuales, se observa una creciente tendencia entre algunos fieles católicos de buscar constantemente mensajes y visiones supuestamente sobrenaturales, descuidando a menudo las enseñanzas fundamentales y perpetuas de nuestra Santa Madre Iglesia. Esta peligrosa inclinación, más allá de fortalecer, puede debilitar la fe verdadera, llevando a las almas por un camino de confusión y error.
Primero, es crucial reconocer que la fe católica se basa en la Revelación Divina, cerrada con la muerte del último Apóstol. La Sagrada Escritura y la Tradición, interpretadas auténticamente por el Magisterio bimilenario, son las únicas fuentes fidedignas de nuestra fe. Como nos enseña la Biblia en 2 Timoteo 3:16, “Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en la justicia.”
El peligro de los llamados “católicos visionarios” radica en su tendencia a otorgar más importancia a revelaciones privadas y supuestas visiones que a la doctrina establecida. La Iglesia, en su sabiduría, siempre ha examinado con cautela tales fenómenos, aprobando sólo unos pocos tras un riguroso escrutinio. Incluso cuando son aprobados, estas revelaciones privadas no son de fe divina y católica, sino sólo de humana credibilidad.
La obsesión por seguir mensajes y visiones continuos puede conducir a un desequilibrio espiritual. La verdadera fe no necesita constantes signos y maravillas para sostenerse; se basa en una relación sólida y personal con Cristo y en la adherencia a la enseñanza y práctica tradicionales de la Iglesia. Como recordaba San Juan de la Cruz, la fe es una oscuridad luminosa que guía al alma a Dios, sin necesidad de visiones o apariciones.
Es también motivo de preocupación que muchos de estos mensajes contradigan la doctrina y la moral católicas. El peligro de seguir tales mensajes es evidente: pueden llevar a la desobediencia y al cisma, alejando a los fieles de la verdadera Iglesia y su enseñanza infalible.
La sed de lo sobrenatural no debe confundirse con la piedad verdadera. La piedad auténtica se encuentra en la vida de oración diaria, en la participación devota en los sacramentos, en la lectura meditada de la Sagrada Escritura y en la fidelidad a las enseñanzas de la Iglesia. Como católicos, debemos tener cuidado de no ser seducidos por lo espectacular y lo extraordinario, sino buscar una relación más profunda y madura con Dios a través de los medios ordinarios de la gracia.
En conclusión, si bien nunca he negado la existencia de intervenciones sobrenaturales, insto a nuestros hermanos en la fe a centrarse en la rica herencia de nuestra fe católica, en vez de buscar constantemente signos y revelaciones. Así, fortaleceremos nuestra relación con Dios, guiados por la luz inmutable de la doctrina católica y viviendo con la firmeza de una fe arraigada en la verdad eterna.

