EL EFECTO FIDUCIA Y SUS ACRÓBATAS DE LO IMPOSIBLE: EL ALE HOP DEL ARZOBISPO CERO.Por Álex Holgado
Que Dios me perdone, pero los recientes numeritos circenses de la falsa iglesia bergogliana me están divirtiendo de lo lindo.
EFECTO FIDUCIA
Por Álex Holgado Fernández
Adoración y Liberación

Que Dios me perdone, pero los recientes numeritos circenses de la falsa iglesia bergogliana me están divirtiendo de lo lindo. Me refiero, en concreto, al ‘efecto Fiducia‘ y a sus bendiciones que no son bendiciones pero son bendiciones. ¡Ale hop!
Y es que el binomio de los payasetes maléficos Pancho-Tucho, como era previsible y empujados por el más difícil todavía, está acelerando el show y extenuando a toda la tropa de prelados con las nalgotas tan confortablemente asentadas en sus sillones episcopales. ¡Ale hop, ale hop!
En la aún denominada Archidiócesis de Toledo, qué pena de Primada de España, monseñor Cero Chaves, el valedor del cristo masónico en el mirador de San Juan de los Reyes, el del vídeo marrano en la Catedral, ha enviado a sus sacerdotes –tan desconcertados como balientes, con be de balar- un comunicado como regalo de Reyes más pesado de digerir que el roscón de su modificado apellido y que indica el valor de su autoridad como obispo: cero.
Después de semanas de suspense y nervios, Cero Chaves ha presentado tres folios de contradicciones al más puro estilo anfibológico de sus deudos de la Suripanta Sede. Explica que lo que Fiducia supplicans nos trae –atención, respetable público, redoble de tambores- es “un nuevo género de bendiciones pastorales” que no corresponde a una bendición, sino a “una oración de intercesión”. ¡Ale hop!
No voy a entrar en disquisiciones teológicas ni litúrgicas, porque no me corresponde. Pero sí entiendo de birlibirloques retóricos. Y todo este atadijo de las bendiciones que no son bendiciones es otra joyita de la teoría ontológica del ser/no ser simultáneo por obra y gracia de lo pastoral, que todo lo puede. Un clásico del fraude bergogliano, vamos.
Un barullo, puesto que Tucho Fernández, el imprefecto de subjuntivo para la Letrina de la Fe, ha tenido que añadirle a la Declaración una nota de prensa aclaratoria (4 Enero 2024), porque la didáctica de la iglesia docente resulta imprefecta. Y ahí afirma que dar esta nueva bendición ni consagra, ni felicita, ni aprueba ni nada de nada. Que es totalmente inocua, inoperante.
La conclusión lógica para un católico que aún esté en posesión de sus facultades mentales es que, si una bendición no tiene ningún efecto trascendente o espiritual, pero tampoco social, si no refuerza ni significa nada, entonces es que NO ES nada, salvo truco, brindis, embeleco, señuelo, apariencia… ¿timo?
Si yo fuese arzobispo auténtico y conservara un cierto prurito por la salvación de las almas que de mí dependieran –hipótesis ambas a cual más peregrina, incluso para el de Toledo-, solo tendría una consulta para el imprefecto, algo muy simple, algo del tipo:
-¿A qué cree usted, eminentísimo sáname con tu boca, que acudirá una pareja homosexual a la iglesia? ¿A pedir esta bendición para superar con la ayuda de Dios su comportamiento “intrínsecamente desordenado” (CCE, 2357), o más bien porque la Iglesia habrá blanqueado lo que la Sagrada Escritura y la Tradición refieren como depravaciones graves y estas parejas ya se sentirán cómodas con su pecado?
Algo así, un suponer.
La respuesta la saben de antemano el propio Tucho, la sabe Cero Chaves –que por eso no lo pregunta y en su lugar aplica el triple salto mortal con tirabuzón retórico- y la saben los sacerdotes que dependen del arzobispo nulo, de su jefe de troupe.
Pero no, chitón. Mejor el lío, mejor hagan lío. Esta es la iglesia del nuevo paradigma bergogliano: una estafa de lo sagrado, una caricatura de lo sacro, el simiesco engaño del demonio.
Pero que no se alarme nadie, que no habrá accidentes, que el jefe es precavido y ha dispuesto una instrucción de seguridad: las bendiciones no bendiciones deben durar “pocos segundos”. Imagino que sus balientes aprendices de piruetas espirituales se quedan así más tranquilos.
No os pongáis nerviosos, chicos, les habrá animado paternal, que solo vais a pecar un poquito. No lo vais ni a notar, un pinchacito apenas en el alma sacerdotal y ya estaréis vacunados con la enésima dosis contra el catolicismo. ¡Ale hop!
Tranquilos, muchachotes, que sabe bien Cero que del catolicismo se cura uno rápido, que puede haber recaídas, sí, pero que se superan si sabe uno lo que le conviene, que de todo se sale. Como del brote doctrinal que le afectó a él mismo y a su salud bergogliana cuando aquel otro comunicado, aquel del 26 de mayo de 2022, a propósito de la aprobación en las Cortes de Castilla-La Mancha de Ley de Diversidad Sexual y Derechos LGBTI.
“La ciencia –subrayó entonces enfebrecido junto con los otros obispos de la región frente al constructo que impone la ideología de género- sostiene que la identidad sexual tiene su fundamento principal en la biología” y añadió que “Dios nos ha creado hombres y mujeres, y la diferencia entre ambos es una verdad” y que “la luz de la verdad exige exponer con claridad esta visión”, que “la libre determinación de la personalidad no puede ser contraria a la verdad ni ser manipulada hasta el extremo de olvidar o ignorar lo que el ser humano es” y hasta remachó que esto “tiene consecuencias sobre la esencia de la familia”.
Gracias a la Pachamama que aquella calentura se le pasó. Cenó en la Catedral con los pobres, recibió las buenas vibras de los bosques de la Amazonía, se aplicó en discernir las imágenes de las pateras llegando a nuestras costas manchegas, renunció a la pretensión de la Verdad única, se besó con un muftí y, ¡ale hop, ale hop, tachán-tachán! (la banda estalló en apoteósica fanfarria), amaneció libre de polvo y paja rancia, abierto a las sorpresas poliédricas de la vida como viene.
Ya sé, que me los conozco, dirán ustedes que parece que uno esté disfrutando con esto, y la verdad, sí. Aplaudo a rabiar el nuevo numerito del circo del nuevo paradigma. Porque la payasada maléfica trae bofetadas para todos los tontos.
Como la de la introducción aclaratoria sobre la comunión con el Romano Pontífice (lo único sólido del comunicado, junto con un detalle final medio emboscado del que hablaremos más adelante), que es el aviso/bofetada para los navegantes que se creyeron que es posible disentir del Papa y sestear en canonjías, prebendas y sitiales.
¿Aseguran que existe el Papa Francisco, que es el que el Señor permite? Pues cómanselo con papas y bofetadas.
Recuerda lo siguiente Cero Chaves a sus acróbatas: “el documento de Doctrina de la Fe participa del Magisterio ordinario del Papa (…) pertenece a esa orden de verdades que el Magisterio propone como doctrina católica, que pide un religioso asentimiento de voluntad y entendimiento, puesto que autoritativamente está por encima de cualquier otra interpretación de la Palabra de Dios”.
Toma bofetada, listillo que pensaste nadar en la iglesia bergogliana y guardar la ropa católica.
Porque, ¿qué están haciendo los chupacirios del solo-es-de-obligada-obediencia-lo-que-el-Papa-pronuncia-excátedra? ¿Van a poder justificar su luterana desobediencia fiel y reconocer a Bergoglio como Papa legítimo y afirmar a renglón seguido que lo que enseña es herético y ponerle como chupa de dómine? ¿Hay que rezar por su conversión o por la de quien, considerándolo Papa, no reconoce su suprema autoridad en materia de fe y doctrina?
El dilema es irresoluble, es un nudo gordiano, y a menos que se tenga la valentía de reconocer que, sencillamente, Bergoglio no es Papa, que no lo ha sido nunca, según las normas de la Iglesia, como insiste desde hace años el P. Alessandro Minutella, no puede desatarse. Pero no lo reconocerán, ni la disidencia controlada de los fetichistas de las capas magnas, ni el Cero ni sus valientes, porque las catástrofes materiales y mundanas de proclamar la verdad serían para ellos insoportables.
Mientras tanto, a Cero, a nuestro trapecista Cero, lo único que le preocupa es evitar que se le desmande la troupe y le salga entre los funambulistas un cura serio. ¿Cómo evitarlo? Pues obligando a la “prudente docilidad” y a “evitar la dialéctica pública de confrontación” y sobre todo a aclarar las cosas por los “cauces internos”, que es típica expresión del soviet.
Por la represión, por la coacción y el sometimiento. Se le entrevé por ahí el miedo, a Cero, aunque lo quiera disfrazar de fraternidad y evangelio, ese verdadero que traiciona ya por convicción, ya por cobardía, que no se sabe qué es peor. Que se jodan los mudos valientes.
Y termina su misiva el arzobispo nulo como no podía ser de otra manera, contradiciendo su propia introducción y la misma razón de emitir el dichoso comunicado: “Ni hay obligación de hacerlo, ni de no hacerlo”, indica sobre las dichosas bendiciones imprefectas. Hombre, haberlo dicho desde el principio, monseñor, y nos habríamos ahorrado tragarnos las 110 abigarradas líneas de sus tres enrevesados folios.
¿O es que se trata de una estrategia para identificar y depurar a los disidentes?
Ya digo, uno sale aturdido de la pista después de esos tres folios de murga y contorsiones para nada, para que le digan que todo lo que ha visto era artificio e ilusión y que cada palo aguante su vela. Circo, no dan nada más que circo para la batalla espiritual del mundo. Valen cero.
Lo único rescatable entre las toneladas de morralla y brilli-brilli es el ya comentado párrafo introductorio que recuerda la suprema autoridad magisterial del Papa, amén de una pepita perdida en la parte final, cuando, como de pasada, dice Cero que “hemos de proponer (…) la conversión” a quienes soliciten esta bendición. ¿La conversión? Ergo ¡estamos hablando de pecado en la práctica homosexual!
¿Qué me está contando, monseñor? ¿Acaso está usted juzgando con el corazón duro de la doctrina?
De forma solapada, como con temor de ser descubierto, escondido, camuflado, y a una distancia infinita de la palabra “homosexualidad”, que no aparece por ningún lado, no vaya a ser que le caiga la acusación de la nueva inquisición laica del delito de odio, pero ahí está: “conversión”. Horror. Horror y error, monseñor, eso de lanzar la piedra de la doctrina.
Menos mal que, para salvación (mundana) de Cero Chaves, y como queda dicho, ni una sola vez aparece el inficionador término de “homosexualidad” en el comunicado, ni siquiera el de “atracción por el mismo sexo”. Tampoco explícitamente el concepto “pareja del mismo sexo” o similar. Se camufla en el ya conocido eufemismo de “situaciones irregulares” o también de “situaciones complejas” para referirse a una situación de pecado mortal continuado; habla de uniones, así en abstracto, que no pueden parangonarse al matrimonio, de “algo” que “no es un casamiento”, etc.
Quizá se libre, monseñor, de la cacería ideológica, de la cancelación, de la persecución y del desprecio del mundo al que nunca debiera estar expuesto un prelado, sucesor de los apóstoles, equivocados mártires ellos, ¿verdad?, por no conocer el concepto de apertura al mundo. Tampoco debe caer en eso un sacerdote, que el escándalo podría salpicarle a usted, monseñor. Para eso, para exponerse, ya están los seglares, la tropa, la carne de cañón que responde con su nombre y con sus bienes particulares.
¡Qué sagacidad confiere el Espíritu Santo a sus serpientes apalomadas, a sus palomas serpenteadas!
Y es que resulta evidente que Cero Chaves es más hijo de este siglo que de la luz, pues ha conseguido astutamente alcanzar el no va más del ejercicio pastoral: no mencionar el pecado del que insinúa, furtivamente, que hay que arrepentirse y convertirse.
¿Es o no es un arzobispo nulo, un Cero, para sus sacerdotes y sus ovejas? ¿Para qué lo quieren si no se pone al frente de la buena batalla espiritual que se libra en el mundo? ¿Para ejercer de acróbata retórico y empedrar con sus palabras el camino al infierno?
Gracias a Dios, hace tiempo que uno no tiene que lidiar en su conciencia con estos espectáculos de la falsa iglesia bergogliana y sus secuaces de Satán. Ya les digo, es hasta divertido verles embarullarse en la pista y deslomarse por una mejor poltrona. Y ver a la recua de lumbreras lameculos flexionarse hasta lo ridículo al ritmo de los payasetes maléficos.
¿Soy cruel, me falta caridad?
¡Ale hop, ale hop!, que brinquen todos ellos, que ya mismo se viene el próximo numerito.
Y yo, a aplaudir otra vez.
Que Dios me perdone.
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