Desmasculinizar la Iglesia: ¿la Santa Sede como burdel de Soros? Por José Arturo Quarracino.
Días pasados el papa Bergoglio sorprendió con un nuevo conejo sacado de la galera...

Por José Arturo Quarracino
Para Adoración y Liberación

Días pasados el papa Bergoglio sorprendió con un nuevo conejo sacado de la galera, pero con palabras que muestran su confusión conceptual-doctrinal eclesiológica y su sometimiento cada vez más servil a la agenda femi-progresista del Nuevo Orden Mundial, negadora de la rica historia de las mujeres santas en la vida de la Iglesia Católica.
El 30 de noviembre ppdo. el obispo de Roma, pontífice de la Iglesia Católica (y ex vicario de Cristo[1]) tuvo un encuentro con los miembros de la Comisión Teológica Internacional, organismo que forma parte del Dicasterio para la Doctrina de la Fe.
En ese encuentro don Jorge Mario Bergoglio improvisó unas palabras, aparte del discurso preparado para la ocasión, en las que puso en evidencia su confusión doctrinal, su rechazo a la historia misma de la Iglesia; palabras que ponen en evidencia el servilismo del pontífice a favor de la praxis feminista predicada y subvencionada por el clan Soros y difundida a través de organizaciones “no gubernamentales” que trabajan a favor del Nuevo Orden Mundial y de la Agenda 2030 de Naciones Unidas/Klaus Schwab [Foro Económico Mundial].
En ese discurso improvisado don Jorge Mario Soros-Bergoglio dijo que había pocas mujeres en la Comisión, solamente 5, y que debía haber más. Y dijo textualmente: “La Iglesia es mujer. Y si no entendemos lo que es una mujer, lo que es la teología de una mujer, nunca entenderemos lo que es la Iglesia.
Uno de los grandes pecados que hemos tenido es “masculinizar” la Iglesia. Y esto no se resuelve por la vía ministerial, eso es otra cosa. Se resuelve por la vía mística, por la vía real.
El pensamiento de Balthasar me ha dado mucha luz: principio petrino y principio mariano. Esto se puede debatir, pero los dos principios están ahí. El mariano es más importante que el petrino, porque está la Iglesia como esposa, la Iglesia como mujer, sin masculinización”.
Y dice poco después que su intención al plantear esto es “para ayudar a reflexionar. La Iglesia como mujer, la Iglesia como novia. Y esta es una tarea que os pido, por favor. Desmasculinizar la Iglesia”[2].
1. Al leer estas palabras el primer interrogante que surge es dónde y con quiénes el hoy obispo de Roma estudió teología, porque evidentemente cree que está haciendo una gran contribución a la “teología”, cuando en realidad está balbuceando palabras para personas que doctrinalmente son ignorantes de la fe cristiana, porque cualquier iniciado en la doctrina cristiana -y mucho más un teólogo de profesión- ha aprendido que la Iglesia no sólo es Cuerpo de Cristo, sino también y como tal es Esposa de Cristo, o Novia de Cristo (Ef 5, 22-23, 25-26; Ap 21, 9).
2. Afirma a continuación que “uno de los pecados que hemos tenido es ‘masculinizar’ a la Iglesia”. ¿“Hemos tenido”? ¿Quiénes: los jesuitas, los cardenales amigos suyos, los abusadores seriales protegidos por él? ¿Quiénes? Hubiera sido una gran contribución que identificara a quienes se refiere, porque en realidad si hay algo que ha hecho la Iglesia de Cristo, la Iglesia Católica, ha sido destacar y resaltar su esencia femenina, al venerar desde los comienzos mismos de la existencia de la Iglesia la figura y el rol de la Santísima Virgen María, a quien hoy millones de varones en el mundo le rezan en público y de rodillas. Pero parece que el buen Francisco desconoce esta realidad.
Pero además hay en el santoral de la Iglesia una gran cantidad de mujeres proclamadas santas, veneradas en los altares e inspiradoras en su vida de grandes obras de evangelización y de constitución de órdenes religiosas: santa Águeda, santa Angela de Foligno, santa Ana, santa Bibiana, santa Brígida de Irlanda, santa Catalina de Alejandría, santa Catalina de Siena, santa Catalina de Suecia, santa Catalina Labouré, santa Cecilia de Roma, santa Clara de Asís, santa Edith Stein, santa Elena de Constantinopla, santa Escolástica de Nursia, santa Gemma Galgani, santa Hildegarda de Bingen, santa Inés, santa Isabel de Hungría, santa Isabel de Portugal, santa Juana de Arco, santa Lucia de Siracusa, santa María Magdalena, santa Margarita de Escocia, santa Margarita María de Alacoque, santa María Goretti, santa María Magdalena de Pazzi, Santa Mónica, santas Felicitas y Perpetua, santa Rita de Casia, santa Rosa de Lima, santa Teresa de Ávila, santa Teresa de Jesús Jornet Ibars, santa Teresa de los Andes, santa Teresa de Portugal, santa Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz, santa Teresa de Calcuta, Catalina McAuley, Juana Jugan, Juliana de Norwich, Matilde de Magdeburgo, Concepción Cabrera, María Guadalupe García Zavala, beata María Inés Teresa Arias del Santísimo Sacramento, etc.
Pero no sólo la historia de la Iglesia muestra la presencia vigorosa, evangélica y misionera de las mujeres en la vida eclesial, sino también la realidad actual también exhibe claramente que las mujeres están vitalmente presentes en la Iglesia, que tal como la define el Catecismo de la Iglesia Católica, “es toda la comunidad universal de los creyentes, […] es el pueblo que Dios reúne en el mundo entero”[3], no la burocracia romana papista.
En todo caso, es muy probable que no haya muchas mujeres y que haya mucha presencia varonil en el Vaticano, pero esa situación no se da en la Iglesia universal no burocrática.
Llamativamente, en sus palabras don Jorge Mario Bergoglio muestra una visión muy clerical de la Iglesia, visión que tanto detesta pero que en el encuentro mencionado se muestra en todo su esplendor, porque la Iglesia a la que se refiere es la burocrática, no la Iglesia militante extra Vaticanum, ni tampoco la Iglesia triunfante celestial.
3. Tal como lo afirma explícitamente, la concepción eclesial de Bergoglio es una visión clara y esquizofrénicamente feminista radical: para él, la Iglesia “está como esposa, como mujer”, pero “sin masculinización”.
Pero el sentido común más elemental sabe que para ser esposa la mujer necesita el compañero masculino, no puede ser esposa sin un varón. Y también resulta muy llamativo que en su visión de la mujer elimine la maternidad, directamente no la menciona, tal como le gusta al feminismo radical que promueve el clan Soros, que también levanta la bandera del rechazo de lo masculino.
4. Pero lo que resulta grotesco y lamentable es su exhortación final de abordar la tarea de “desmasculinizar la Iglesia”, porque esa tarea ya la ha llevado a cabo prácticamente desde el inicio de su pontificado, defendiendo, promocionando y promoviendo a figuras “masculinas deconstruidas” como monseñor Battista Ricca, el ex cardenal depredador sexual Theodore McCarrick, el ex obispo auxiliar hondureño y abusador serial Juan José Pineda Fasquelle, el sacerdote violador Mauro Inzoli (destituido por Benedicto XVI en 2012 y rehabilitado por Francisco en el 2014, expulsado definitivamente en 2017), el sacerdote jesuita homosexualista James Martin, el homoafectivo cardenal Víctor “Tucho” Fernández, el abusador de seminaristas Gustavo Oscar Zanchetta (asilado, encubierto y protegido por Francisco en el Vaticano hasta que resultó imposible defenderlo), el cardenal Edgar Robinson Peña Parra, los cardenales homosexualistas estadounidenses Joseph William Tobin y Blase Joseph Cupich, el cardenal homosexualista luxemburgués Jean-Claude Hollerich, el fraile dominico Timothy Peter Joseph Radcliffe, el tratamiento VIP en el Vaticano a los prostitutos trans de Torvaianica, etc.
Es evidente entonces que la destitución de monseñor Joseph Edward Strickland como obispo de Tyler (Texas/Estados Unidos) y el ataque histérico contra el cardenal Raymond Leo Burke en estos últimos días son coherentes con la “desmasculinización” de la Iglesia que promueve el obispo de Roma, porque son prelados con los atributos viriles bien puestos.
A la “Iglesia misericordiosa” de Bergoglio -y quizás al mismo pontifex- le molestan los hombres, solo quiere caricaturas seudo varoniles y obsecuentes serviles.
José Arturo Quarracino
5 de diciembre de 2023
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