HA LLEGADO LA HORA DE HABLAR DE MONSEÑOR REIG PLA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Vicente Montesinos

 

He creído oportuno dejar que el último ataque feroz recibido por Monseñor Reig Plá, Obispo de Alcalá de Henares (España) se haya enfriado un poco, una vez las rabiosas alimañas a la caza del buen pastor han abandonado, temporalmente, y hasta la próxima, a su codiciada presa.

También he preferido dejar pasar los días centrales de los acontecimientos importantísimos que hemos vivido los católicos en estas últimas semanas, con la celebración de la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo; para halar de este asunto.

Hoy, por fin, ha llegado el momento.

Para nuestras decenas de miles de seguidores que no residen en España, y por si alguno de ellos no le conocen, les diré que Monseñor Juan Antonio Reig Pla, sacerdote oriundo de la Archidiócesis de Valencia (España) fue llamado por Benedicto XVI a ocupar la sede episcopal  de Alcalá de Henares el 7 de marzo de 2009.

En la Conferencia Episcopal Española presidió, desde 1999, la Subcomisión Episcopal para la Familia y Defensa de la Vida; y es el vicepresidente de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar. Además, es miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe. Ya siendo sacerdote fue experto de la Subcomisión Episcopal para la Familia y la Defensa de la Vida.

Es también vicepresidente del Pontificio Instituto Juan Pablo II para Estudios sobre el Matrimonio y la Familia (Sección Española),  dependiente de la Pontificia Universidad Lateranense.

Y es, sencilla y llanamente, y como resumen; el mejor Obispo en activo de la otrora gloriosa España, hoy convertida en un páramo; en lo político, en lo moral, y también, desgraciadamente, en lo episcopal; con una Conferencia de Obispos muda ante los desmanes de quien ocupa la Silla de Pedro.

En las últimas semanas se ha visto envuelto en una nueva persecución llevada a cabo por los enemigos de Dios y de España; esta vez a cuento de las denuncias que ha recibido tras conocerse los cursos impartidos desde un centro de orientación vinculado al Obispado en el que se acompaña a las personas que quieren dejar de ser homosexuales. Nada contrario a la doctrina de la Iglesia. Como bien explicó el propio Obispado presidido por Reig, se acoge y se acompaña a las personas que libremente lo solicitan; pero este tipo de libertad no entra en las mentes de los liberticidas y enemigos de la Iglesia y de la moral.

La campaña de persecución a Monseñor Reig Plá ha sido atroz. Vergonzosa. Pero para tribulación del prelado, y desde luego, bien de su alma; está más que acostumbrado a ello; lo cual no hace decaer un ápice en su ánimo la defensa de la sana doctrina católica.

Son muchas las veces en que ha sido injustamente perseguido y vilipendiado. Sin ánimo de ser exhaustivos, y a modo de ejemplo, únicamente de las ocasiones que en este momento me vienen a la cabeza, cabría recordar las veces que se le ha linchado por:

 

  • su defensa de la asignatura de religión
  • su postura contraria al crimen del aborto
  • su catequesis referida al tema del divorcio desde un punto de vista católico
  • Cuando en los oficios de Viernes Santo de 2012, en una retransmisión además en directo La 2 de Televisión Española, dijo, de acuerdo a la doctrina católica y sin salirse un ápice de la misma: «Quisiera decir una palabra a aquellas personas que hoy, llevadas por tantas ideologías, acaban por no orientar bien su sexualidad, que piensan ya desde niños que sienten atracción sexual por el mismo sexo, y a veces, para comprobarlo, se corrompen y se prostituyen, y van a clubs nocturnos de hombres. Os aseguro que encuentran el infierno» (persecución en este caso que le vino, como tantas otras veces desde sus propios «hermanos» en el episcopado, con las palabras de desmentido a su homilía por parte del cardenal-arzobispo de Barcelona, Lluis Martínez Sistach
  • Cuando el 25 de septiembre de 2014 en la página web del obispado,  se criticó la decisión del gobierno del Partido Popular de Mariano Rajoy de retirar el proyecto de ley de reforma de la ley del aborto. Al gobierno lo acusó de «deslealtad» e «insensatez» respecto a su electorado y al Partido Popular de estar «informado ideológicamente por el feminismo radical y la ideología de género, e infectado como el resto de los partidos políticos y sindicatos mayoritarios, por el lobby LGBTQ». De nuevo valentía y verdad; y de nuevo persecución.
  • Cuando en la víspera de la Nochevieja de 2018 a causa de una homilía que fue retransmitida a toda España por La 2 volvió a criticar la homosexualidad, el aborto y la multiculturalidad en los aspectos de los mismos contrarios a la doctrina de la Iglesia; donde afirmó que la «unión amorosa del hombre y la mujer» es la única verdad sagrada «por su índole natural», al estar la institución pública «orientada a la procreación y educación de los hijos». De hecho, «la sociedad no es simplemente una masa de individuos, nace de la diferencia sexual y la procreación». Por otro lado culpó a la ley del aborto del «invierno demográfico severo» que vive la sociedad. «Desde la primera ley de despenalización del embarazo, más de dos millones de españoles no han llegado a nacer», afirmó. Asimismo se refirió a las familias cristianas como «minorías creativas» y «unidades de resistencia» de la cultura de la vida. Y nuevo linchamiento

 

 

Como pueden ver constantes campañas de persecución por hacer lo que el resto de Obispos de España no hacen, y que no es, nada más, ni nada menos, que su obligación: la defensa de la sana doctrina y la tradición católicas.

Desde este medio de comunicación queremos mostrar todo nuestro apoyo y respaldo a Monseñor Reig Pla, y animarle a no ser jamás, como muchos de sus hermanos, un perro mudo, sino a seguir adelante en la confirmación en la fe de tantos católicos de España, hoy desamparados; y a trabajar, como hace, no por los halagos mundanos, que se pudren, sino por los que vienen de Dios, y son un tesoro eterno en el cielo.

Y para darles cuenta a tantos de nuestros hermanos de porqué es tan perseguido este buen Obispo, les voy a dejar abajo algunas de sus posturas y enseñanzas, que tanto bien nos han hecho, y nos hacen. Lean, lean. Y vean ustedes mismos porque se trata de un Obispo en persecución; mientras otros, empezando por el de «Roma», son constantemente alabados por el mundo.

 

 

 

 

Monseñor Reig Pla, Obispo de Alcalá de Henares

 

 

 

De la Carta Pastoral con motivo de los XXV años de la restauración de la diócesis complutense y el Jubileo de la Misericordia, agosto 2015:

 

  • «Repasando bien todos estos acontecimientos, que de manera vertiginosa se han vivido en estos últimos veinticinco años en España, resulta claro que hemos sufrido un fuerte proceso de ingeniería social que, en connivencia con el Nuevo Orden Mundial, dirigido por oligarquías económicas, han tomado a España como un laboratorio donde experimentar la disolución de la antropología cristiana y, en definitiva, de la civilización cristiana con referencias claras contra la Iglesia católica. Mediante un cambio cultural, promovido desde la enseñanza, con la colaboración de los múltiples medios de comunicación y de la informática, se ha querido también arrancar a Dios del corazón humano, rompiendo todos los vínculos que le unen a la Tradición como solar humano: romper los vínculos con la familia, romper los vínculos con la patria común y romper los vínculos con la religión. Rotos estos vínculos, solo queda como resultado el individuo a quien el consumismo estimula obsesivamente».

 

  • «Los partidos políticos y la misma organización del Estado han actuado en España como estructuras de pecado (Juan Pablo II, Sollicitudo rei socialis, 36) que han contribuido, con los medios de comunicación, a expulsar a Dios del Estado, de la sociedad y del corazón humano. Con ello se ha conducido a las personas a verse privadas de la razón que justifica su origen, su fundamento, el sentido de su vida y la meta final».

 

  • «Antes de responder a estas preguntas conviene reconocer que hay una cuestión de fondo no resuelta: la adecuada relación de la Iglesia con la realidad secular y la ausencia de una teología política que inspire la presencia de los católicos en la vida pública. Para ello hay que comenzar clarificando que una cosa es que el Estado se declare aconfesional y otra que la tarea de la política y la misión del Estado se desvinculen de la verdad y lo sometan todo a la opinión y al consenso de las mayorías. Por eso la propuesta católica pasa siempre por el reconocimiento de la verdad y los principios y criterios de la Doctrina Social de la Iglesia, aunque también hemos de reconocer que ahora mismo en España no existe un sujeto adecuado, un pueblo que la viva, la sostenga y la haga posible y comunicable en el foro público».

 

  • «Estos fenómenos [la destrucción de la vida humana naciente y la muerte de los ancianos y de los enfermos (de cualquier edad) llamados terminales], unidos a la baja natalidad en España, ponen en evidencia que para el sostenimiento de las familias y la promoción del matrimonio y de la natalidad, necesitamos también la promoción de políticas familiares adecuadas y de leyes justas. Y es aquí donde se nota la ausencia de un catolicismo social, la presencia organizada de un pueblo capaz de promover políticos católicos que puedan respetar y promover el bien común y salvaguardar lo específicamente humano».

 

  • «[…] no podemos tener una visión ingenua de lo que sucede. La disolución del catolicismo en España no es producto simplemente de una crisis pasajera sino algo que viene programado con potentes medios de ingeniería social y que ha conseguido inocular el virus de la secularización en el interior de nuestra Iglesia. La respuesta, por tanto, requiere una conversión personal de los sacerdotes, religiosos y fieles laicos y una conversión pastoral acorde con los retos que presenta nuestro mundo. En consonancia con lo que he venido repitiendo en las anteriores Cartas pastorales es necesario dar un nuevo impulso a la evangelización y no dedicarnos simplemente a repetir la pastoral ordinaria o a gestionar la decadencia».

 

  • «En estos momentos difíciles por los que atravesamos los católicos en España no podemos esperar que las cosas se arreglen por los cambios políticos. En la política no está nuestra salvación. No la despreciamos y somos conscientes de que necesitamos laicos bien formados en la vida pública y en la política. En estos momentos no podemos generar grandes cambios sociales, pero sí podemos sembrar el territorio de oasis que vayan ganando al desierto y dispongan la sociedad para otros cambios sociales que generen políticas más justas y adecuadas. En definitiva, se trata de hacer caso a las parábolas del Reino (el grano de mostaza, la levadura en la masa. Mt 13, 31-33) con las que Jesús les mostraba a los discípulos cómo crece el Reino de Dios. Luego añadiría: “Buscad el Reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se os dará como añadidura” (Mt 6, 33)».

 

  • «Indicábamos anteriormente cómo el proceso de secularización que venimos sufriendo tenía como propósito expulsar a Dios del Estado, de la sociedad y del corazón humano. En España este proceso ha tenido unas características singulares por lo que supuso la coincidencia a la vez del postconcilio, la llamada transición política y la facilidad con que las ideologías inspiradas por el Nuevo Orden Mundial (a través de Naciones Unidas, las grandes ONG internacionales, los Parlamentos y los lobbies) se han introducido en el pensamiento y en el modo de vivir de muchos españoles. Tal como se gestiona la economía mundial mediante las oligarquías y los llamados mercados, la soberanía de los Estados se ve cada vez más mermada y dirigida».

 

  • «Lo que es cierto es que en las últimas décadas España ha crecido en la posibilidad de medios materiales y en la respuesta a las necesidades básicas: comida, sanidad, subsidios para los parados, mejores comunicaciones, viviendas, etc. Sin embargo es también evidente la decadencia de los espíritus, la decadencia de lo que hemos venido llamando civilización cristiana. Con procesos de ingeniería social, en connivencia con los medios de comunicación, no me canso de repetirlo, se está favoreciendo la ruptura con la tradición cristiana, con una clara hostilidad hacia la Iglesia católica y sus principios. Lo que se pretende es borrar toda huella del pensamiento católico en la vida pública y lograr la irrelevancia de la Iglesia Católica en el construirse de la sociedad».

 

 

 

 

 

 

De la Carta «Por un plato de lentejas. La peor de las corrupciones», diciembre 2014:

 

La “primogenitura” vendida

 

Con el documento «Prioridades de España en Naciones Unidas. 69º Periodo de Sesiones de la Asamblea Plenaria» que estamos comentando, se confirma, una vez más, lo que todos sabíamos: nos hemos convertido en siervos de las instituciones internacionales para la promoción de la llamada “gobernanza global” (Nuevo Orden Mundial) al servicio del imperialismo transnacional del dinero, que ha presionado fuerte para que España no sea ejemplo para Iberoamérica y para Europa de lo que ellos consideran un “retroceso”  inadmisible en materia abortista y en los llamados derechos LGBTIQ.

 

Estamos vendiendo, por un “plato de lentejas”, el proyecto de Dios sobre sus hijos: a) el amor y respeto a toda vida humana; b) la belleza de la igual dignidad, pero también de la diferencia entre el varón y la mujer; y c) la hermosura de la familia de fundación matrimonial entre un solo hombre y una sola mujer. Esto no solo está aconteciendo en España, se trata de un humillante vasallaje global ante el poder del dinero, y por ello recientemente (25-11-2014) el Papa Francisco advertía: «Mantener viva la realidad de las democracias es un reto de este momento histórico, evitando que su fuerza real – fuerza política expresiva de los pueblos – sea desplazada ante las presiones de intereses multinacionales no universales, que las hacen más débiles y las trasforman en sistemas uniformadores de poder financiero al servicio de imperios desconocidos. Este es un reto que hoy la historia nos ofrece».

 

«La muerte de Dios en el corazón y en la vida de los hombres es la muerte del hombre» (San Juan Pablo II, 11-5-1980): la peor de las corrupciones

 

Si matar a un inocente no-nacido se reconoce por la “leyes” como un derecho, toda corrupción o iniquidad es posible, tanto en el ámbito público como en el privado. Pero atención, para poder matar a un hermano antes hay que matar a Dios (al Padre), o venderlo: ambas cosas hemos hecho. ¡Tanto podríamos decir sobre esto! Que a nadie le extrañe, pues, la situación en la que se encuentra postrada España y buena parte del mundo. Ni los actuales partidos mayoritarios, ni los nuevos de corte marxista que, parece que emergen con gran ímpetu, respetan integralmente la dignidad de la vida humana, del matrimonio y de la familia. La verdadera respuesta a esta situación pasa por la regeneración moral de nuestro pueblo fruto de una nueva evangelización: proponer con amor y verdad a Cristo, pues «el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado» (Concilio Vaticano II, Gaudium et spes, 22). Es urgente promover la gestación de auténticos cristianos y de familias católicas (la Iniciación Cristiana de Adultos según el modelo del Catecumenado Bautismal) capaces de impulsar una cultura respetuosa con la vida, el matrimonio y la familia. También es necesario impulsar una auténtica educación afectivo-sexual de los niños, adolescentes y jóvenes como vocación al amor y al don de sí. En la «Teología del cuerpo» del Papa San Juan Pablo II encontramos las claves para aprender a amar y desarrollar una auténtica ecología humana. Como repetía el Papa Benedicto XVI, la permanencia de la civilización cristiana pasa por la promoción de «minorías creativas» capaces de regenerar la sociedad. El instrumento es la Doctrina Social de la Iglesia que debe inspirar la presencia de católicos en las distintas instituciones sociales y en el ámbito de la política. Como decía el beato Pablo VI, la política es una forma alta de caridad; de ahí la pertinencia de recordar el antiguo adagio: Corruptio optimi, pessima (la corrupción de los mejores es la peor); y es que «la miseria más peligrosa, causa de todas las demás: (es) la lejanía de Dios, la presunción de poder prescindir de Él» (Papa Francisco, 20-12-2014).

 

Nadie debe dudar que estamos ante una situación de emergencia política. Esta situación está reclamando del laicado católico que sepa organizarse para ofrecer una lúcida respuesta en el campo cultural, en los medios de comunicación y en la política. No hacerlo en estos momentos supone un verdadero pecado de omisión.

 

Hay esperanza

 

No solo las personas, también las naciones son llamadas por Dios al cumplimiento de una misión, misión a la que se puede responder o no. España también ha tenido y tiene su misión, ¡no renunciemos a ella y a la bendición de Dios, nuestro Padre, por un plato de lentejas! Atendamos a las hermosas palabras con las que nos exhortaba el querido Papa San Juan XXIII y, con la gracia de Dios, hagámoslas efectivas: «Nos alegramos de que la España que llevó la fe a tantas naciones quiera hoy seguir trabajando para que el Evangelio ilumine los derroteros que marcan el rumbo actual de la vida, y para que el solar hispánico, que se ufana justamente de ser cuna de civilización cristiana y faro de expansión misionera, continúe y aun supere tales glorias, siendo fiel a las exigencias de la hora presente en la difusión y realización del mensaje social del cristianismo, sin cuyos principios y doctrina fácilmente se resquebraja el edificio de la convivencia humana. Que tengan levantada siempre su mirada Nuestros Hijos amadísimos de España hacia las altas metas, con el espíritu grande que los caracteriza, seguros de que la obediencia a la Ley de Dios atraerá la protección de la Providencia, que en el tejido de todo quehacer histórico guía a los individuos y a los pueblos, dóciles a la voz del Rey de cielos y tierra, in viam prosperitatis et pacis [en el camino de la prosperidad y la paz]» (San Juan XXIII, Mensaje dirigido al Cardenal Gaetano Cicognani, 5-6-1960).

 

Solo el nacimiento de Jesús, que estamos celebrando, le devuelve a cada persona su dignidad intransferible y la respalda con su alianza de amor para que no se pierda ninguno, especialmente los más pequeños, empobrecidos y sufrientes. En cambio, todas las ideologías ponen las personas al servicio de sus ambiciones, siempre vinculadas al poder y al dinero; lo hacen, según los casos, en nombre del “pueblo”, del “proletariado”, de la llamada “sociedad del bienestar”, o del llamado “interés general”. Han olvidado miserablemente que el fin de la sociedad es el “bien común”, que pasa necesariamente por la atención y cuidado de cada persona, y por el desarrollo y educación de la misma, para hacerla capaz de su verdadero destino, de nuestro verdadero destino: Dios revelado como Amor.

 

Una gran batalla

 

En todo caso, hay que insistir en que quienes rinden culto a moloc y a mammona – la cultura de la muerte y la idolatría del dinero ‒ siempre van de la mano y sirven al Amo de este mundo.

 

Por eso, nuestra batalla, como nos recuerda el Apóstol Pablo, «no es contra la sangre y la carne, sino contra los principados, contra las potestades, contra los dominadores de este mundo tenebroso…» (Ef 6, 12). De ahí que es necesario, como nos exhortaba el mismo Apóstol, revestirnos con las armas de Dios: «estad, pues alerta, ceñidos vuestros lomos con la verdad, revestidos con la coraza de la justicia y calzados los pies, prontos para el evangelio de la paz, embrazando en todo momento el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los encendidos dardos del Maligno» (Ef 6, 14-16). Los católicos en este momento estamos ante una verdadera encrucijada y es necesario preguntarnos a quiénes estamos dispuestos a servir: o a los dioses, y sus mensajeros, de esta nueva religión secular, o al verdadero Dios. Como en tiempos de Josué nuestra respuesta no puede ser otra: «Yo y mi casa serviremos al Señor» (Jos 24, 15)».

 

 

 

 

 

 

De La Carta «Llamar a las cosas por su nombre. Un verdadero reto para los católicos», septiembre 2014:

 

«1. El Presidente del Gobierno de España y del Partido Popular ha confirmado la retirada de la reforma de la ley del aborto que pretendía “limitar” cuantitativamente el “holocausto silencioso” que se está produciendo. Mantener el derecho al aborto quiebra y deslegitima el supuesto estado de derecho convirtiéndolo, en nombre de la democracia, en una dictadura que aplasta a los más débiles. Ninguna ley del aborto es buena. La muerte de un solo inocente es un horror, pero “parecía” que “algo” estaba cambiando en las conciencias de algunos políticos relevantes respecto del crimen abominable del aborto (Cf. Concilio Vaticano II, Gaudium et spes, 51).

 

Dicho esto conviene denunciar, con todo respeto a su persona, que el Presidente del Gobierno ha actuado con deslealtad respecto a su electorado al no cumplir su palabra en esta materia, explicitada en su programa electoral; también ha actuado con insensatez pues ha afirmado que lo sensato es mantener el “derecho al aborto”, es decir, el derecho a matar a un inocente no-nacido, el crimen más execrable. Además ha faltado a la verdad, pues su partido tiene mayoría absoluta en el Parlamento y, sin embargo, afirma que no hay consenso, algo que no ha aplicado a otras leyes o reformas infinitamente menos importantes.

 

Ha llegado el momento de decir, con voz sosegada pero clara, que el Partido Popular es liberal, informado ideológicamente por el feminismo radical y la ideología de género, e “infectado”, como el resto de los partidos políticos y sindicatos mayoritarios, por el lobby LGBTQ; siervos todos, a su vez, de instituciones internacionales (públicas y privadas) para la promoción de la llamada “gobernanza global” al servicio del imperialismo transnacional neocapitalista, que ha presionado fuerte para que España no sea ejemplo para Iberoamérica y para Europa de lo que ellos consideran un “retroceso”  inadmisible en materia abortista.

 

  1. Respecto al Jefe de la Oposición en el Parlamento, también con todo respeto a su persona, hay que afirmar que se ha mostrado falto de rigor intelectual y con un déficit de sensibilidad ante la dignidad de la vida humana. Es asombroso comprobar cómo telefonea a un programa de televisión para denunciar la violencia contra los animales, y, sin embargo, olvida la violencia criminal contra dos millones de niños abortados: decapitados, troceados, envenenados, quemados… Desde la lógica del horror el Secretario General del PSOE ensalzó en la Estación de Atocha de Madrid el mal llamado “tren de la libertad” en el que algunas mujeres reclamaban “el derecho a decidir matar inocentes”; este tren, como los trenes de Auschwitz que conducían a un campo de muerte, debería llamarse, no el “tren de la libertad” sino, el “tren de la muerte”, del “holocausto” más infame: la muerte directa y deliberada de niños inocentes no-nacidos.

 

  1. Como es verificable, el Partido Popular con esta decisión, se suma al resto de los partidos políticos que, además de promover el aborto, lo consideran un derecho de la mujer: una diabólica síntesis de individualismo liberal y marxismo. Dicho de otra manera, a fecha de hoy ‒ y sin juzgar a las personas ‒, los partidos políticos mayoritarios se han constituido en verdaderas “estructuras de pecado” (Cf. San Juan Pablo II, Encíclicas Sollicitudo rei socialis, 36-40 y Evangelium vitae, 24).

 

  1. En el orden cultural, y bajo la presión del feminismo radical, se ha trasladado el punto de mira del aborto; se ha deslizado desde el tratamiento como un crimen (No matarás) a la consideración de la mujer como víctima. Es verdad que la mujer es también víctima, abandonada en muchas ocasiones ‒ cuando no presionada para que aborte ‒, por el padre de su hijo, por su entorno personal y laboral y por la sociedad; también es cierto que sufre con frecuencia el síndrome post-aborto, etc.; pero, si bien algunas circunstancias pueden disminuir la imputabilidad de tan gravísimo acto, no justifican jamás moralmente la decisión de matar al hijo por nacer. Esto hay que denunciarlo al tiempo que hay que acompañar con misericordia y «adecuadamente a las mujeres que se encuentran en situaciones muy duras, donde el aborto se les presenta como una rápida solución a sus profundas angustias» (Papa Francisco, Evangelii gaudium, 214). Pero, como digo, lo específico del aborto es que se trata de un crimen abominable: «el que mata y los que cooperan voluntariamente con él cometen un pecado que clama venganza al cielo (Cf. Gn 4, 10)» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2268). No se puede justificar, apelando a la libertad, lo que de sí es una acción criminal que mata a un inocente, corrompe a la mujer, a quienes practican el aborto, a quienes inducen al mismo y a quienes, pudiendo con medios legítimos, no hacen nada para evitarlo. La Iglesia Católica, Madre y Maestra, en orden a proteger al inocente no-nacido e iluminar las conciencias oscurecidas «sanciona con pena canónica de excomunión este delito contra la vida humana. “Quien procura el aborto, si éste se produce, incurre en excomunión latae sententiae” (CIC can. 1398), es decir, “de modo que incurre ipso facto en ella quien comete el delito” (CIC can. 1314), en las condiciones previstas por el Derecho (Cf. CIC can. 1323-1324). Con esto la Iglesia no pretende restringir el ámbito de la misericordia; lo que hace es manifestar la gravedad del crimen cometido, el daño irreparable causado al inocente a quien se da muerte, a sus padres y a toda la sociedad» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2272). Es necesario evidenciar que nos encontramos ante una verdadera crisis de civilización.

 

  1. Por otra parte, diré más: se debe aclarar que no es justificable moralmente la postura de los católicos que han colaborado con el Partido Popular en la promoción de la reforma de la ley del aborto a la que ahora se renuncia. La Encíclica Evangelium vitae del Papa San Juan Pablo II no prevé la posibilidad de colaboración formal con el mal (ni mayor ni menor); no hay que confundir colaborar formalmente con el mal (ni siquiera el menor) con permitir ‒ si se dan las condiciones morales precisas ‒ el mal menor. Dicha Encíclica (n. 73) lo que afirma es: «un problema concreto de conciencia podría darse en los casos en que un voto parlamentario resultase determinante para favorecer una ley más restrictiva, es decir, dirigida a restringir el número de abortos autorizados, como alternativa a otra ley más permisiva ya en vigor o en fase de votación. […] En el caso expuesto, cuando no sea posible evitar o abrogar completamente una ley abortista, un parlamentario, cuya absoluta oposición personal al aborto sea clara y notoria a todos, puede lícitamente ofrecer su apoyo a propuestas encaminadas a limitar los daños de esa ley y disminuir así los efectos negativos en el ámbito de la cultura y de la moralidad pública. En efecto, obrando de este modo no se presta una colaboración ilícita a una ley injusta; antes bien se realiza un intento legítimo y obligado de limitar sus aspectos inicuos».

 

  1. Con afecto hacia las personas y con dolor, también debo decir que, en ocasiones, algunas instancias de la Iglesia Católica que camina en España no han propiciado, más bien han obstaculizado, la posibilidad de que aparezcan nuevos partidos o plataformas que defiendan sin fisuras el derecho a la vida, el matrimonio indisoluble entre un solo hombre y una sola mujer, la libertad religiosa y de educación, la justicia social y la atención a los empobrecidos y a los que más sufren: en definitiva la Doctrina Social de la Iglesia. Gracias a Dios el Papa Francisco ha sido muy claro respecto del aborto en su Exhortación Apostólica Evangelii gaudium (nn. 213 y 214).

 

  1. Como en tantas otras ocasiones de nuestra historia, es momento de apelar a la conciencia de los católicos españoles. Ante nosotros, tal vez, se abre la posibilidad de “un nuevo inicio” y en todo caso un amplio abanico de acciones simultáneas, entre las que quiero destacar:

 

  1. a) Hay que mantener firme el propósito de la evangelización, de la gestación de nuevos cristianos y de la atención en nuestros “hospitales de campaña” (Cáritas, Centros de Orientación Familiar, etc.) de tantas personas heridas (física, psíquica y espiritualmente) que esperan nuestro amor, nuestra misericordia y nuestra ayuda, siempre desde la verdad.

 

  1. b) Insistir en la educación sexual y en la responsabilidad de las relaciones sexuales, es decir, educar para el amor.

 

  1. c) Insistir en la abolición total de toda ley que permita el aborto provocado directo y promover la aprobación de leyes que protejan al no-nacido, la maternidad y las familias.

 

  1. d) Suscitar una respuesta civil organizada y capaz de movilizar las conciencias.

 

  1. e) Hacer una llamada a promover iniciativas políticas que hagan suya, integralmente, la Doctrina Social de la Iglesia.

 

  1. f) Estudiar por enésima vez la posibilidad de regenerar los partidos políticos mayoritarios, aunque hasta ahora estos intentos han sido siempre improductivos.

 

  1. El camino va a ser largo y difícil, ya sucedió con la abolición de la esclavitud. La maduración de las conciencias no es empresa fácil, pero nuestro horizonte, por la gracia de Dios, es el de la victoria del bien. Este es tiempo de conversión. Así pues, todos (mujeres y varones, profesionales de la sanidad y de los medios de comunicación, gobernantes, legisladores, jueces, fuerzas y cuerpos de seguridad, pastores y fieles, etc.) estamos obligados en conciencia a trabajar y defender con todos los medios legítimos “toda la vida” de “toda vida humana”, desde la concepción y hasta la muerte natural, empezando por los no-nacidos y sus madres; si no lo hacemos, la historia nos lo recriminará, las generaciones venideras nos lo reprocharán y, lo que es definitivo, Dios, el día del Juicio, nos lo reclamará: era pequeño, estaba desnudo e indefenso y no me acogisteis (Cf. Mt 25, 41-46)».

 

 

 

 

 

De la Carta Pastoral con motivo del Año de la esperanza, septiembre 2013:

 

«Vivimos momentos difíciles y complejos en los que se hace necesario ofrecer palabras y signos de esperanza. No me refiero solo a la falta de trabajo, a la situación precaria de muchas familias, particularmente los emigrantes; a la crisis económica y social, etc. Vivimos momentos de desorientación e indiferencia ante los bienes supremos de la vida: la verdad, Dios, la religión, la dignidad de la vida humana, el bien del matrimonio y de la familia, la justicia y la solidaridad, etc. No es difícil constatar una especie de desilusión y cansancio colectivo que ahoga y apaga toda ilusión y entusiasmo por emprender juntos nuevas tareas que vivifiquen nuestro pueblo, nuestra sociedad. Entre todos hemos ido consintiendo que la política (los partidos, los sindicatos, los lobbies) ocupen todos los espacios de la vida pública, incluidos los medios de comunicación social.

 

El desencanto que se siente ante los políticos, ante las promesas no cumplidas y los escándalos de corrupción, es acompañado por actitudes relativistas e individualistas cargadas de desesperación. Sin embargo, la crisis política, el fraude al que están sometidas tantas personas, no agota todo el diagnóstico del malestar de nuestro pueblo.

 

Estamos ante una crisis profunda de la civilización, ante un cambio de época. Se trata de una crisis del hombre que encuentra sus raíces más profundas en el abandono de Dios. Olvidando al Creador hemos vuelto el corazón a las criaturas: al éxito, al dinero, al placer, a la salud y la idolatría del cuerpo, a la seguridad en los bienes temporales, a la confianza absoluta en las personas, en los medios tecnológicos e informáticos, etc. Cuando desaparece Dios del horizonte se abren las puertas a los ídolos que esclavizan al hombre; se da espacio a la superstición y carta de ciudadanía a la soledad, al miedo, a las adicciones, a la desconfianza y a la desesperación.

 

Lo que ha sucedido en poco tiempo en España es la quiebra del hombre, la disolución del sujeto humano, la aparición de una generación de personas atrapadas por el emotivismo, carentes de libertad auténtica, incapaces de autodominio y de gobernar responsablemente sus vidas. A nuestra sociedad le falta alma, ese espíritu común que impulsa a los pueblos a promover grandes empresas colectivas. El interés económico, el endiosamiento del consumo, las movidas juveniles y los grandes espectáculos festivos y deportivos no son suficientes para acomunar los espíritus en proyectos comunitarios que promuevan el bien común, la justicia y la solidaridad.

 

Creo que es hora de reconocer que la tan cacareada sociedad del bienestar ha sido otro ídolo que está cayendo porque no tiene el soporte de una auténtica comunidad humana. Con el “bien común” se busca promover aquellas instituciones y bienes que posibilitan el desarrollo y perfección de toda la persona y de todas las personas. Al sustituir el “bien común” por la “sociedad del bienestar” se ha producido un gran reduccionismo: limitar el bien al reparto de bienes de consumo, olvidando crear las condiciones necesarias para generar sujetos humanos libres, justos y solidarios.

 

El futuro de una sociedad no se produce simplemente por los bienes materiales de consumo. Es más, el factor más grande de progreso y futuro son los bienes inmateriales: la verdad, la honestidad, el respeto de la vida, el matrimonio, la familia, la educación en libertad, el trabajo digno, la justicia, los valores del espíritu, la amistad, el honor, la religión, el respeto a los padres, a los mayores, la custodia del amor entre los esposos, las familias, los pueblos, etc.

 

La insistencia en los bienes de consumo y la promoción de créditos que posibilitaran su adquisición ha creado una generación de hipotecados que, por la pérdida de puestos de trabajo, está produciendo situaciones verdaderamente dramáticas. Si a estos factores añadimos las rupturas familiares, el abandono de los mayores, las adicciones a los mecanismos de huida (droga, alcohol, pornografía, ludopatías, adicciones a juegos informáticos, Internet, etc.) tenemos que convenir en la necesidad de ofrecer respuestas concretas que generen esperanza en nuestro pueblo.

 

El impacto que han generado estos fenómenos en el interior de la Iglesia y de las familias cristianas es considerable. Sin embargo, hemos de reconocer que en la Iglesia Católica, por la guía de los pastores (Benedicto XVI, los obispos, sacerdotes y ahora el Papa Francisco) no ha faltado la voz profética que alertara sobre estos males e iluminara el camino a seguir. Siendo el desencanto del clero en algunas ocasiones considerable, no nos han faltado los santos y los sucesores de Pedro que nos han guiado por las sendas adecuadas. También es justo reconocer que, al calor del Concilio Vaticano II, a pesar de los errores iniciales, han surgido distintas iniciativas evangelizadoras que, suscitadas por el Espíritu Santo, son hoy motivo de esperanza. De todas estas iniciativas y de la experiencia acumulada hemos de aprender a proponer aquellos medios que generan sujetos cristianos, familias cristianas y comunidades cristianas que vivan de la Palabra, de la Eucaristía y demás sacramentos y de la comunión en el amor. Este es el proyecto de la Iglesia primitiva, de los orígenes del cristianismo, que se presenta como paradigmático para todos los momentos de la historia (Hch 2,42-47)».

 

 

 

 

 

De la Carta Pastoral con ocasión del »Año de la fe», octubre 2012:

 

«En el plano de la conducta humana, del agnosticismo y del no querer afrontar el problema de la Verdad deriva el relativismo moral que se presenta como paradigma global que posibilita un tipo de “democracia”, como nuevo modelo ético, que descansa solamente en el consenso entre los grupos y que no acepta las realidades pre-políticas que deben inspirar los procedimientos verdaderamente democráticos.

 

[…]

 

A pesar de la presión constante de estos sistemas de pensamiento y de modo de vivir propiciados por las ideologías, el corazón de las personas no se resigna a renunciar a la verdad, a darlo todo por bueno y a sucumbir ante la dictadura del relativismo. En cada uno de nosotros se puede constatar como un grito interior que nos impulsa a condenar las injusticias, que nos despierta del sueño de la mentira y que nos invita a la rebeldía contra el mal.

 

Una libertad sin verdad camina a la deriva. Por eso, si la razón no quiere afrontar el tema de la verdad del hombre, si claudica en su debilidad ante la búsqueda del Absoluto, era de esperar que la libertad, sin el apoyo de la verdad, quede reducida a un haz de emociones o de impulsos instintivos. La vocación de la razón es la verdad y la vocación de la libertad es el bien. Ambas van unidas y se necesitan como expresión de lo específicamente humano. Si podemos ser libres es porque somos inteligentes. La libertad necesita el vínculo de la verdad para conducir el obrar humano hacia el bien y la perfección humana. El afirmar la autonomía radical del hombre, el autoafirmar una libertad sin vínculos no se corresponde con la verdad de la persona humana.

 

Todos nos reconocemos siendo. Nadie se ha dado la vida a sí mismo. La vida humana es dependencia de un Amor que nos precede y nos ha creado con sabiduría y amor. No procedemos del caos sino que venimos a este mundo llamados por el amor de Dios, y generalmente por el amor de nuestros padres que actualiza la voluntad creadora de Dios. Si Dios nos ha pensado y querido desde toda la eternidad, nos ha querido con un proyecto que responde a su sabiduría. Este proyecto, la naturaleza de la persona, es nuestra propia verdad, la verdad del ser humano. Nuestra autonomía significa dependencia de un Amor sabio que nos ha creado libres y respeta nuestra libertad. Esto no significa negar la autonomía psicológica que posibilita el obrar con libertad para que, respetando la verdad de nuestro ser, la libertad se haga recorrido hacia el bien de la persona y su perfección. Por eso la libertad necesita vínculos: el vínculo con Dios, con nuestros padres y familia, los vínculos de la amistad y los vínculos sociales que nos sitúan en una patria común.

 

El relativismo moral supone la ruptura de todos los vínculos humanos y la afirmación a ultranza del individuo como una isla, desvinculado de la tradición, de la historia común y del lenguaje que nos posibilita la comunicación y el diálogo desde la verdad. Afirmar que todo vale lo mismo, que no hay presupuestos ni referencias obligatorias, es disolver la verdad de la persona y condenar al hombre a la esclavitud de lo ocasional, de lo fugaz o simplemente convencional.

 

Pero todo esto no corresponde con la propia experiencia. Cualquiera se da cuenta de que somos un haz de relaciones y que algunas de ellas son fundantes: ser hijo, ser hermano, pertenecer a una cultura, saberse vinculado al origen y, por tanto, a Dios, etc. La libertad, por poseer vínculos y referencias fundantes, nos hace responsables. Cada uno está llamado necesariamente a dar razón de sus actos y no puede sentirse justificado simplemente por la afirmación injustificada del relativismo. No es lo mismo amar que odiar, ser veraz que mentiroso, ayudar al pobre que maltratarlo, ser generoso con los padres que abandonarlos, respetar la vida de los inocentes que destruirlos, etc. El orden moral está grabado en lo íntimo de nuestra conciencia y por eso, aunque se pretenda sofocarlo con distracciones, por el activismo y por la ausencia de la vida interior, al final emerge porque va unido a la verdad de la persona y reclama ser escuchado. Esta voz de la conciencia es la salvación de lo humano y el antídoto contra el relativismo imperante.

 

Es verdad que el relativismo ha querido encontrar una puerta de entrada con la diversidad de culturas hoy más fácilmente conocidas y presentes en cualquier sociedad. Sin embargo, el sustrato cultural y religioso de los pueblos no camina de la mano del relativismo. En todas las culturas y religiones hay presupuestos y temas incontrovertibles que expresan la verdad de lo humano: la referencia a Dios, el valor de la familia, la solidaridad con el pobre y enfermo, el respeto y cuidado de los ancianos, la salvaguarda de los hijos, el honor de los inocentes y el castigo de los malvados, etc.

 

Estos presupuestos comunes en toda cultura y religión son la base para un fructífero diálogo en busca de lo específicamente humano y de lo que aproxima a la verdad. Pero esto no equivale a equiparar todas las culturas y relativizar, por las diferencias que puedan darse, todos los contenidos humanos. En el interior de las culturas hay progresos que ajustan las conductas y las convenciones a la verdad y al bien de la persona. Del mismo modo, existen culturas más avanzadas que otras y este avance se justifica en la medida en que hay razones, ancladas en la experiencia, que expresan mejor la verdad del hombre. En este sentido, los cristianos afirmamos que Cristo es la verdad del hombre y que lo cristiano es la perfección de lo humano. Cristo, en efecto, sirve de medida de los contenidos de cada cultura ya que nos trae la verdad misma de Dios: origen, fundamento y meta del hombre.

 

La civilización occidental va unida a lo cristiano. Aquí es donde han florecido la ciencia, la universidad y todas las instituciones que se han ido creando para el bien del hombre: escuelas, hospitales, leyes que garantizan los derechos y deberes humanos, servicios para los débiles, para los ancianos, etc».

 

«En la medida en que se ha querido romper con esta tradición, Occidente se está quedando sin patria común, sin un hogar donde florezca el esplendor de lo específicamente humano. El hijo póstumo del agnosticismo y del relativismo moral es el nihilismo. Caminar siempre a distancia corta y hacerse peregrinos de la nada parece ser la propuesta de un nuevo paradigma cultural que caracteriza a una nueva generación. […] Estas actitudes también se ven reflejadas en los adultos e incluso en quienes tienen responsabilidades públicas que, en vez de promover alternativas de auténtico humanismo, propician estas “distracciones” y otros sucedáneos del verdadero “ocio” que puede contribuir al descanso y crecimiento del espíritu. Tampoco está exento de esta actitud nihilista el discurso político, casi todo centrado en la economía y que soslaya cualquier debate cultural que ofrezca caminos para el auténtico desarrollo de la persona, la protección de la vida, la custodia del matrimonio y de la familia, la defensa de la ecología humana, de una educación eminentemente humanista, etc. La ausencia de este tipo de discurso entre los políticos en España es altamente preocupante. Da la impresión de que con la restauración democrática en España hayamos comenzado la historia de cero o desde la nada. Como si la tradición cristiana y católica nunca hubiera existido en esta tierra o como si la presencia de la Iglesia Católica fuera un corsé que oprime y del que hubiera que desembarazarse».

 

«La cuarta constitución conciliar, titulada Gaudium et spes (El gozo y la esperanza), es una mirada sobre la Iglesia presente en el mundo actual. Lo que se pretende en esta constitución es responder a los interrogantes del momento presente y dar una palabra sobre las grandes cuestiones que se debatían en el mundo: el matrimonio y la familia, la economía y la política, la cultura, la paz, etc. Al tratar estas cuestiones se está hablando también de Jesucristo y de la Iglesia como la gran respuesta para la humanidad. La gran aportación de esta constitución conciliar estriba en su reflexión antropológica que está en la base de todas las cuestiones planteadas. El hombre en su unidad cuerpo-espíritu es visto desde la luz del Verbo encarnado: sólo en Jesucristo, en el misterio del Verbo encarnado se revela al hombre el misterio del hombre (GS 28). El hombre está predestinado a reproducir la imagen del Hijo de Dios hecho hombre. Lo cristiano es la perfección de lo humano. Cristo es el verdadero hombre que manifiesta lo que estamos llamados a ser. A imagen de Cristo el hombre ha sido creado, varón y mujer, para el don. El hombre sólo se encuentra a sí mismo en el don de sí (GS 24). El hombre, por tanto, ha sido creado para amar. La Iglesia, esposa de Cristo es una comunión de amor a imagen de la Trinidad. El mundo, la sociedad, es el espacio común para vivir la fraternidad, la civilización del amor. La cruz de Cristo, en el don ilimitado de sí, y el triunfo de la resurrección, misterio pascual, es la clave de intelección de las relaciones humanas y sociales, el sentido de la historia y la luz que ilumina el sufrimiento y la muerte. La verdadera respuesta para el mundo es Cristo, presente sacramentalmente en la Iglesia. La Iglesia es como un sacramento de comunión hacia donde apunta el sentido de la vida en sociedad».

 

«El campo del trabajo, la empresa, la actividad política, sindical y asociativa, también es un terreno que está llamado a recibir la siembra del Año de la fe. Para este propósito es muy necesario el testimonio de una fe coherente, pera también la formación del laicado y la propuesta permanente de la Doctrina Social de la Iglesia que debe inspirar toda la actividad humana. La deshumanización del trabajo y la desvalorización de la actividad política y sindical están en proporción directa con el olvido de los grandes principios de la Doctrina Social de la Iglesia. Como he dicho antes, la antropología adecuada que brota del Evangelio y la tradición cristiana debe servir de soporte para inspirar el mundo del trabajo y toda actividad social que ha de asentarse en la verdad y la justicia. Como comprendió San Juan Crisóstomo y recuerda el Papa Benedicto XVI “no basta con dar limosna o ayudar a los pobres de vez en cuando, sino que es necesario crear una nueva estructura, un nuevo modelo de sociedad; un modelo basado en la perspectiva del Nuevo Testamento” (Audiencia de 26-09-2007)».

 

«Seguir a Cristo no es una cuestión privada vivida en la intimidad de la conciencia. La fe está llamada a inspirar y conformar toda la actividad humana que ha de vivirse en coherencia con el Evangelio. Vosotros, queridos laicos, tenéis confiado este campo del orden temporal y espero de vosotros que sabréis encontrar los caminos para acercar este mundo a Cristo dando a conocer la fe cristiana».

 

 

 

 

 

De la Carta Pastoral «Para que tengan vida eterna». La nueva evangelización como misión, septiembre 2011:

 

  • «La situación actual en España, y en nuestra diócesis, está caracterizada por un nuevo escenario cultural que ha nacido de la secularización; por la pérdida de los puntos de referencia esenciales de la vida, por un clima de globalización y de mezcla de culturas provocado por el fenómeno migratorio. Del mismo modo, los medios de comunicación social, y en particular la cultura digital, están creando un nuevo contexto con muchas posibilidades y, a la vez, con muchos riesgos para la vida de fe. Además está creciendo una mentalidad acrítica respecto de los resultados de la ciencia y de las posibilidades de la tecnología que, si bien proporcionan muchos medios, puede convertirse en un modo de idolatría y de nueva religión. A este cuadro hay que añadir la incertidumbre y el desánimo creciente que se observa en la sociedad española frente a la situación económica y política».

 

  • «Muchas personas esperan simplemente un cambio político en España para salir de esta situación de malestar. Sin embargo, no conviene engañarnos. Sin negar los posibles beneficios de los cambios políticos, nuestro diagnóstico es que se trata de una “crisis de humanidad”. Es el mismo hombre el que está desorientado y atrapado por el olvido de la propia gramática humana, por la pérdida de su verdad, por el olvido de Dios. A pesar de esto, es indudable que en toda persona está latente el deseo de felicidad y permanece viva la nostalgia de belleza y de comunión, la exigencia de significado. Es lo que expresaba el cardenal Ratzinger cuando escribía que “en el hombre vive inextinguiblemente el anhelo de lo infinito. Ninguna de las respuestas que ha intentado darse resulta suficiente. Tan sólo el Dios que se hizo –Él mismo– finito, a fin de romper nuestra finitud y conducirnos a la amplitud de su propia infinitud, responde a la pregunta de nuestro ser. Por eso, también hoy día la fe volverá a encontrar al hombre” (Fe, verdad y tolerancia, Sígueme, Salamanca 2005, p. 121)».

 

  • «Como cristianos, siempre dispuestos a dar razón de nuestra esperanza (1 Pe 3,15), hemos de aprender un nuevo sentido comunitario y personal de responder a las necesidades e interrogantes que plantea la situación actual. Este estilo debe ser global, es decir, debe abrazar el pensamiento y la acción, los comportamientos personales y el testimonio público, la vida interna de nuestras comunidades y su espíritu misionero; la atención educativa y la entrega cuidadosa a los pobres, la capacidad de cada cristiano para tomar la palabra en los contextos en los cuales vive y trabaja con el fin de comunicar el don cristiano de la esperanza. Este estilo debe apropiarse del fervor, de la confianza y de la libertad de palabra que se manifestaba en la predicación de los apóstoles (Cf. Hch 4,33; 9,27-28). Todos los miembros de nuestra Iglesia de Alcalá de Henares, comunitariamente y de persona a persona, con este estilo nuevo, hemos de pretender que la luz de Cristo ilumine todos los ámbitos de la sociedad: la familia, la escuela, la cultura, el trabajo, el tiempo libre y los otros sectores de la vida social (Cf. Lin. 13 y 16)».

 

 

 

 

De la Carta “No anteponer nada a Cristo”, septiembre 2010:

 

  • «Nosotros sabemos que detrás de la crisis económica se esconde una gran crisis moral, una crisis antropológica que, habiendo perdido el horizonte de Dios, condena al hombre a vivir sin sentido y con una libertad que, por no estar anclada en la verdad, le conduce a la deriva. Las respuestas que intentan darse desde el colectivismo, que no respeta la dignidad del individuo, y desde el liberalismo que olvida que la persona es un ser para la comunión con vocación de sociabilidad, no son más que reduccionismos antropológicos que están conduciendo a la persona a ser considerada simplemente como productor o consumidor. De ahí se deriva toda una cultura hedonista regida por la implacable ley del mercado y el creciente estatalismo que invade la intimidad de nuestras familias en el campo de la educación, en la concepción moral de la vida humana y en una cultura que se cierra a la trascendencia».

 

  • «También aquí hemos de volver al principio: no anteponer nada a Cristo. Cristo es el más bello de los hombres (Cfr. Sal 44, 33), es el esplendor de la gloria del Padre. Lo cristiano, como perfección de lo humano, debe abarcar todas las dimensiones humanas y favorecer un modo de vivir específico, alternativo, abierto a integrar lo que de verdadero, bello y bueno se dé en la tradición y en la cultura actual».

 

 

 

 

 

 

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12 respuestas

  1. Que sepa Monseñor Reig Pla que los católicos verdaderos estamos en Comunión con Cristo, la Santísima Virgen María, Su Santa Iglesia y la Doctrina Católica Íntegra e Inmutable como Cristo nos la entregó a través de San Pedro y sus legítimos sucesores Apostólicos y Pontificios a lo largo de la Historia, por medio y en común-unión con el único y verdadero Papa de la Iglesia Católica, S.S. BENEDICTO XVI, Dulce Vicario de Cristo en la Tierra («Tú eres Pedro y sobre ti edifico mi Iglesia y las puertas del Infierno no prevalecerán contra ella»), como no puede ser de ninguna otra manera ante Dios y los hombres. Y le apoyamos en su Defensa de la Fe Católica, como Dios manda y necesita, por y para bien de Su Verdadera y Santa Iglesia Católica Remanente Fiel a Jesucristo y la salvación eterna de las almas.

    «EL SEÑOR SIEMPRE VENCE AL FINAL»

    «¡AL FINAL MI CORAZÓN INMACULADO TRIUNFARÁ!»

    «¡VEN, SEÑOR JESÚS!»

    • Siento deciros que España va a ser gobernado por árabes y africanos musulmanes por un espacio de tiempo que Dios no especifica su duración.

  2. Pidamos a Dios que nos envíe más obispos que hablen claro y directo a los grandes y verdaderos problemas!! Y que hablen fuerte! (Y de paso, un obispo de Roma, vestido de blanco y con zapatos rojos que también lo haga!)

  3. Hoy toca un sincero e intenso ¡ Gracias Reig Plá ! ¡ Que Dios te bendiga !

  4. S. Juan Crisóstomo: El mal pastor no solo huye corriendo, sino también callando.

  5. Totalmente de acuerdo con todo lo expresado, es un buen pastor que no se casa con el mundo y su tenaz persistencia en el buen ejemplo da sus frutos. Que Dios le bendiga!

  6. Que Dios bendiga a este Obispo. Lo que me causa más extrañeza es que «todos en bloque» no dicen nada de la causa principal que ha originado todo este desaguisado. Es complicado, ya lo sé, pero ya todo está tan revuelto que solo veo a un culpable y es el que está al mando de todos. Humanamente no veo la solución, ya es tarde, pero como todo está escrito, lo resolverá la intervención del cielo. El futuro es de esperanza. Ven Señor Jesús, ven pronto.

  7. Plan de Francisco, un modelo protestante (Müller)

    El plan de reforma del Vaticano toma forma: la evangelización tiene prioridad sobre la doctrina. Se han revelado detalles sobre el nuevo documento papal sobre la reforma curial.

    Cardenal Müller

    Los informes de la constitución (sobre la reforma) son motivo de preocupación. El cardenal Gerhard Müller, prefecto emérito de la FCD, dijo al Registro el 23 de abril que sería un «escándalo» hacer que la FCD (Congregac. para la Doctrina de la Fe), el dicasterio «Supremo» hasta las reformas de Pablo VI de los años sesenta, sea menos importante. La propuesta, dijo, parece que «no tiene comprensión eclesiológica», ya que falla en ver que la «Curia Romana debe servir al Papa, como el que tiene la mayor responsabilidad de la unidad de la fe y defender la verdad de la fe».

    La Curia romana, dijo, «no tiene que servir a los obispos locales» que tienen «su propia curia, su propio presbiterio [colegio de sacerdotes en ministerio activo]».La función del magisterio papal, o autoridad docente, «no puede darse a los obispos», enfatizó. «Tienen su propio magisterio, pero en unidad con otros obispos y con el Papa».

    El cardenal alemán reiteró que el Papa «no puede distribuir roles específicos, aplicables a él, a otros obispos». Tal enfoque propuesto es «totalmente incorrecto», dijo, una consecuencia de «pensar en categorías mundanas» que ve erróneamente al Vaticano como simplemente un «aparato administrativo».
    «Ellos dicen: ‘Tenemos poder y debemos distribuirlo’, pero no es poder, es autoridad espiritual», dijo, y agregó que su propuesta es «como un modelo protestante», basada en cómo uno podría «organizar una empresa, organización estatal o internacional ”en lugar de la Iglesia.

    Un teólogo dominico, hablando bajo condición de anonimato, compartió la misma preocupación del cardenal y dijo que el proyecto de constitución «pasa por alto» el hecho importante de que los funcionarios del Vaticano han tenido «jurisdicción y poder especial» precisamente porque han compartido «en la jurisdicción universal del Papa, que está por encima de cualquier otro obispo «.

    Para una eclesiología correcta, el cardenal Müller recomienda que el Consejo de Cardenales lea la Constitución dogmática de la Iglesia del Segundo Concilio Vaticano, Lumen Gentium, y específicamente el número 23. En esos artículos se afirma que el Romano Pontífice «es el principio y fundamento de la unidad perpetua y visible de los obispos y de los fieles » y eso, aunque los obispos individuales representen cada uno a su propia iglesia,» todos juntos y con el Papa representan a toda la Iglesia en el vínculo de la paz, el amor y la unidad «.

    ¿Rebajando la Doctrina?

    El padre capuchino Thomas Weinandy, ex director ejecutivo del comité de doctrina de los obispos de los EE. UU., expresó sus dudas sobre la ambigüedad del documento. Si se enfatiza la evangelización por encima de la doctrina para dar prioridad a la evangelización, el Padre Weinandy dijo que no tendría «ningún problema» con eso, ya que estaría en consonancia con el mandato de Cristo y la tradición de la Iglesia. Pero, si tal énfasis en la evangelización, no significara enfatizar a la vez la doctrina de la Iglesia, entonces eso no sería una «verdadera evangelización», ya que la doctrina de la Iglesia «está en el corazón de la evangelización».“¡Sin doctrina no hay evangelización!”, dijo.

    Otra «parte del problema», cree Weinandy, es que el Papa Francisco «usa el término» doctrina «de manera despectiva». Él ve las doctrinas como «letras muertas sin vida, estériles y aburridas» (NT: también las ha rebajado en Christus vivit), se lamentó el Padre Weinandy, cuando en realidad «¿qué podría ser más vivificante y más emocionante» que los misterios de la Trinidad, la Encarnación y la Eucaristía?»

    Poner la evangelización en contra de la doctrina no tiene sentido», coincidió George Weigel, distinguido miembro del Centro de Ética y Políticas Públicas de Washington DC, «en el sentido de que la evangelización requiere evangelizadores comprometidos con la sinfonía completa de la verdad católica».

    Más preocupaciones

    Tanto Ivereigh (autor de «El gran Reformador») como Borghesi rechazan las acusaciones de que las nuevas estructuras vayan a ser un medio para introducir la innovación doctrinal.

    Pero el Cardenal Müller no está de acuerdo, y cree que si el Papa no ejerce su «máxima responsabilidad» de «unidad y verdad de la fe», llevara a una «pluralidad desorganizada de obispos».

    El Padre Weinandy también es pesimista, y dijo que aunque «le encantaría ver» a los obispos diocesanos dirigir la nueva evangelización de la Iglesia, le preocupa que el estado actual de la Iglesia signifique que cualquier énfasis de la evangelización sobre la doctrina podría hacer que los obispos proclamen «su propia doctrina» doctrinas erróneas, que «socavarían» la auténtica evangelización y «causarían el caos dentro de la Iglesia»

    La doctrina de la Iglesia «no es una cuestión de opciones locales», advirtió Weigel, y agregó que «donde se ha intentado eso, como en Alemania, los resultados han sido catastróficos».También se preguntó acerca de la seriedad de la consulta actual con los obispos, ya que se llevará a cabo en el espacio de solo seis semanas.

    Al cardenal Müller también le decepcionó que no se consultara a los cardenales aparte de los que se dirigían a los dicasterios curiales, lo que limitó las perspectivas que se comunicaron a los redactores del documento. Estas lagunas en la consulta le preocupaban especialmente porque cree que ninguno de los miembros del Consejo de Cardenales es lo suficientemente experto en eclesiología.

    «Quieren una reforma», dijo, pero por lo que sabe hasta ahora, parece «en realidad una deformación de la eclesiología católica».

    http://www.ncregister.com/blog/edward-pentin

  8. Reig Pla es un hombre conservador hace lo mismo que los progresistas pero a escondidas. Lleva como todos doble vida.

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