¡AL RINCÓN DE PENSAR! (11)

“El diálogo, en las nuevas concepciones ideológicas, que lamentablemente han penetrado también en el interior del mundo católico y en ciertos ambientes teológicos y culturales, es la esencia del dogma relativista, y lo contrario a la conversión y a la misión”

(Cardenal Ratzinger, declaración Dominus Iesus, año 2000)



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9 respuestas

  1. El diálogo entre relativistas multiplica el relativismo y anula el dogma, la Verdad que nos hace libres. Jesucristo no nos envió a dialogar sino a anunciar el Evangelio, que es lo que no se hace. Así nos va. La desobediencia a Jesucristo asegura el fracaso total. Lo lamentable es que Bergoglio prohibe el proselitismo como el mayor pecado contra el ecumenismo, elevando el ecumenismo de todo es lo mismo a rango de dogma.

  2. El diálogo sirve para encontrar la verdad o es pura palabrería.
    Debe lograr la conversión o por lo menos, abrir el camino para que Dios actúe.
    Porque si no, deja llenos de dudas a los dos dialogantes.

  3. Oggi è il 105° giorno in cui il Pontefice regnante non ha, ancora, risposto.
    “Quando ha saputo che McCarrick era un uomo perverso, un predatore omosessuale seriale?”
    “È vero, o non è vero, che mons. Viganò lo ha avvertito il 23 giugno 2013?”
    Joseph Fessio, sj: “Sia un uomo. Si alzi in piedi e risponda”.

  4. ¿ CONTINUIDAD O RUPTURA ?

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    En 2015, una coalición de asociaciones de laicos recogió, bajo el título de Súplica filial, 900.000 firmas de fieles que pedían una aclaración sobre los problemas planteados por el Sínodo Extraordinario de la Familia. Esta súplica recibió la callada por respuesta.

    En 2016, cuatro cardenales presentaron al papa Francisco cinco dubia relativos al capítulo 8 de la exhortación Amoris laetitia. Nuevamente, el silencio por toda respuesta.

    En 2017, 40 intelectuales, número que más tarde ascendió a 250, dirigieron a Francisco una corrección filial acusándolo de propagar errores y herejías en la Iglesia. Y una vez más, la corrección cayó en oídos sordos.

    Y en 2018, el arzobispo Carlo Maria Viganò ha dado a conocer la existencia de una red de corrupción entre la jerarquía eclesiástica, poniendo en tela de juicio a todos los responsables, empezando por el papa Francisco, cuya dimisión ha pedido.

    Este documento también se ha estrellado contra el silencio.

    Todas estas iniciativas han tenido unas repercusiones tremendas. Y todas han recibido el silencio por respuesta. Un silencio que confirma drammaticamente la verdad de las acusaciones.

    La Iglesia que escucha del papa Francisco los escucha a todos menos a quienes son fieles a la integridad del Evangelio y al Magisterio perenne de la Iglesia. Para hablar de sus opositores, Francisco emplea el mismo lenguaje que Lenin al hablar de los suyos.

    El pasado 3 de septiembre en Santa Marta comparó a sus críticos con una jauría de perros salvajes. El escritor Marcello Veneziani lo comentó con estas palabras en el diario Il tempo el 5 del mismo mes: «No, Santidad. Un papa no puede llamar perros salvajes al prójimo, y menos aún si se trata de católicos, de cristianos, de creyentes. De perros califican peyorativamente los islamistas a los infieles y los cristianos. Hasta los más despiadados terroristas fueron llamados por los pontífices predecesores de Francisco hombres de las Brigadas Rojas u hombres del ISIS. Nunca perros. No es digno de un Santo Padre rebajarse a utilizar términos tan rencorosos».

    No nos inquieta la calificación de perros. La Sagrada Escritura llama perros mudos a los pastores que dejan de ladrar y se duermen (Is. 56,11). Nos gloriamos de ser Domini canes, perros del Señor, que ladran en la noche para romper el silencio. San Gregorio Magno escribe en su Regla pastoral que los malos pastores «por miedo a perder el favor de los hombres no se atreven a decir libremente la verdad, y huyen en cuanto aparece el lobo y se refugian en el silencio. El Señor los reprende por medio del profeta diciendo: “Todos son perros mudos que no pueden ladrar”» (Is. 56, 10).

    Hoy en día los pastores mudos amenazan a los perros diciéndoles: «Al acusar a Francisco acusáis a los papas que lo precedieron, porque las imputaciones que alegais contra él vienen de ellos». En su último libro, El día del juicio, el vaticanista Andrea Tornielli no niega las revelaciones de monseñor Viganò sobre la corrupción del cardenal Theodore McCarrick y sobre la amplia difusión de la inmoralidad al interior de la Iglesia, pero como su objetivo no es tanto refutar a Viganò como salvar a Francisco, hace lo que el jugador de cartas que sube la apuesta ante una dificultad: si el culpable es Francisco –afirma–, más responsables son sus predecesores Benedicto XVI y Juan Pablo II, bajo cuyos pontificados se difundió la corrupción.

    No nos molesta la acusación, y si llegara a probarse la responsabilidad de Juan Pablo II y de Benedicto XVI en la decadencia moral y la difusión de errores en las últimas décadas, no temeremos reconocerla, porque ante todo buscamos la verdad.

    La Iglesia no tiene miedo de la verdad, porque la Iglesia es la verdad. La Iglesia es la verdad porque es divina y porque anuncia al mundo la verdad de su Cabeza y Fundador, Jesucristo. Él mismo dijo: «Ego sum via, veritas et vita» (Jn. 14,6). Por eso no nos asusta decir la verdad sobre la honda crisis doctrinal y moral que atraviesa la Iglesia.

    El amor a la verdad nos impulsa a afirmar que es hipócrita limitar los escándalos a la pedofilia, como harán los presidentes de las conferencias episcopales que se reunirán en Roma con Francisco el próximo 21 de febrero, sin prestar atención a la plaga de homosexualidad, que no sólo es un vicio contra natura, sino incluso una estructura de poder dentro de la Iglesia. Y también es hipócrita limitarse a denunciar los escándalos morales sin remontarse a sus raíces doctrinales, que están en los años del Concilio y el postconcilio.

    Si cinco años de pontificado de Francisco pueden calificarse de calamitosos, ¿cómo vamos a negarnos el derecho a calificar de catástrofe el proceso de autodemolición de la Iglesia que está llegando a sus últimas consecuencias?

    Ha llegado el momento de la verdad. Y la verdad que se hace patente a nuestros ojos es el fracaso de un proyecto pastoral que no sólo es del papa Francisco sino del Concilio Vaticano II. Aquel concilio anunció una gran reforma pastoral para purificar la Iglesia, pero todo lo contrario: ha resultado en una corrupción de la fe y la moral sin precedentes en la historia, porque ha llegado hasta el punto de no sólo entronizar la homosexualidad entre las más altas jerarquías eclesiásticas, sino de permitir que se defienda y teorice públicamente.

    El balance de cinco años de pontificado de Francisco es también el fracaso de un cambio de paradigma que es a su vez el fracaso de un proyecto pastoral.

    Las muletillas preferidas del papa Francisco son las palabras sinodalidad y periferias. La sinodalidad supone el trasvase de la autoridad desde la cúpula a la base: una revolución que desverticaliza la Iglesia. Por su parte, las periferias representan una revolución horizontal que descentraliza y desterritorializa la Iglesia. Ahora bien, en las últimas semanas la Santa Sede ha negado la primacía de la sinodalidad y de las periferias al intervenir enérgicamente para impedir a los obispos estadounidenses que publiquen orientaciones transparentes sobre el tema de los abusos sexuales. Esta intervención supone igualmente una traición a la limpieza de la Iglesia en nombre de la cual Francisco había pedido a los cardenales estadounidenses que lo votasen.

    Es más que nada en Estados Unidos donde se alza más fuerte en la actualidad la voz de la fidelidad a la ley del Evangelio. El pontificado de Francisco está en discontinuidad con la Tradición de la Iglesia, que aunque acusada de fariseísmo, de inmovilidad y de legalismo no ha sofocado la llama de la Tradición en la Iglesia. Al contrario, nunca como en los últimos cinco años se ha visto revivir a la Tradición entre los jóvenes y los no tan jóvenes, en los laicos y en el clero, que en el centro y en las periferias, en seminarios y en blogs, redescubren cada día la verdad perenne de la Fe y de los ritos tradicionales de la Iglesia y están dispuestos a defenderlos con la ayuda de Dios.

    https://adelantelafe.com/el-cambio-de-paradigma-del-papa-francisco-continuidad-o-ruptura-en-la-mision-de-la-iglesia/

  5. Tiene gracia: Bergoglio pone alguna reservita, citando a la doctrina católica, pero estampa la firma y anima a todos a firmar. Se pasa la doctrina católica por el arco del triunfo con tal de obedecer al NOM. ¡ FIR-MES !

    https://infovaticana.com/wp-content/uploads/2018/12/merkel.jpg

    https://infovaticana.com/2018/12/09/el-vaticano-apoya-un-pacto-global-que-preve-libre-acceso-al-aborto/

  6. SAN DIEGO

    ¡ Qué gran labor de evangelización hicieron los misioneros españoles ! Este santo es un ejemplo de ello. ” Buscad el reino de Dios y su justicia y todo lo demás se os dará por añadidura “. Ahora la misericorditis nos quiere convencer de que hay que hacer al revés. ¡ Acorta Señor este tiempo de prueba !

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