“Muchos esperamos que haya algo sanable en nosotros, que haya una voluntad última de servir a Dios y de vivir como Dios quiere. Pero hay tantas heridas, tanta inmundicia. Tenemos necesidad de estar preparados, de ser purificados. Esta es nuestra esperanza: a pesar de la inmundicia que haya en nuestra alma, al final el Señor nos lava con su bondad, la cual viene de su Cruz. De este modo, nos hace capaces de estar eternamente con Él”.

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