Descripción
Su uso en el franciscanismo se remonta al mismo Francisco de Asís, quien la empleaba como su firma y sello personal.
Durante la época de Francisco y a partir del IV Concilio de Letrán, convocado por el Papa Inocencio III, la Tau era un símbolo muy utilizado por la Iglesia católica, en general, como signo de conversión y señal de la cruz.

Al inaugurar ese Concilio, el papa Inocencio III predicó sobre Ezequiel 9 y llamó a todos los cristianos a hacer penitencia bajo el signo de la tau, signo de conversión y señal de la cruz.
Como cuenta O. Englebert en su Vida de S. Francisco de Asís, el papa, después de describir la triste situación de los Santos Lugares hollados por los sarracenos, lamentó los escándalos que desacreditaban el rebaño de Cristo y lo amenazó con los divinos castigos si no se enmendaba. Evocó la visión de Ezequiel, cuando el Señor, agotada la paciencia, exclama con voz poderosa: «”Acercaos, vosotros que veláis sobre la ciudad; acercaos con el instrumento de exterminio en vuestras manos”.
San Francisco de Asís, que participó en el Concilio en calidad de superior general de una Orden aprobada por la Iglesia, debió de tomarse muy en serio la invitación de Inocencio III, pues, según los compañeros y sus primeros biógrafos, amaba y veneraba la tau, “porque representa la cruz y significa una verdadera penitencia”.
Al comienzo de cualquier actividad se santiguaba con dicha señal, la prefería a cualquier otro signo y la pintaba en las paredes de las celdas. En sus conversaciones y predicaciones la recomendaba a menudo, y la dibujaba a modo de firma en todas sus cartas y escritos, “como si toda su preocupación fuese grabar el signo de la tau, según el dicho profético, sobre las frentes de los hombres que gimen y lloran, convertidos de veras a Cristo Jesús”.
Entre los manuscritos autógrafos de Francisco en que firma con la “Tau” se encuentra su célebre “Bendición a fray León”, reliquia que se conserva en la Basílica de San Francisco de Asís.




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