🇪🇸 Don Minutella: 26 años de un sacerdocio que no se rindió. Por Vicente Montesinos
Don Minutella: 26 años de un sacerdocio que no se rindió
Por Vicente Montesinos
Director de Adoración y Liberación

Hoy, veintisiete de diciembre, la Iglesia conmemora a San Juan Evangelista, el discípulo amado, el testigo que reclinó su cabeza sobre el pecho del Señor y recibió, al pie de la Cruz, el encargo silencioso de custodiar lo más precioso. No es casual que este aniversario sacerdotal coincida con su memoria. San Juan no gobernó por fuerza ni por número; confirmó por fidelidad. No fue el más ruidoso, sino el más profundo. No se le confió la multitud, sino el misterio. Y en tiempos de prueba, fue su permanencia la que sostuvo la continuidad. En este día de San Juan, la Providencia ilumina el sentido del aniversario que celebramos: un sacerdocio llamado a custodiar lo recibido, a permanecer cuando otros se dispersan, a guardar la fe íntegra junto a la Cruz.
Hoy no es un día cualquiera. Hoy no se conmemora simplemente una fecha. Hoy la historia —la historia real de la Iglesia, la que se escribe en fidelidad y sacrificio— se detiene un instante, toma aliento y vuelve a avanzar con paso firme. Hoy se cumplen veintiséis años desde que Dios, en su designio providente, tomó para Sí a un hombre de modo singular, irrevocable y público, marcándolo con el sello indeleble del sacerdocio para una misión que el tiempo ha ido revelando con claridad.
No hablamos hoy de un sacerdocio entre otros. Hablamos de un sacerdocio que, probado por los años, confirmado por los frutos y sellado por la cruz, ha sido reconocido como referencia, principio de unidad y guía visible en tiempos de extrema confusión. Desde el día de su ordenación no solo nació un sacerdote: comenzó a manifestarse un encargo mayor, reservado para horas de purificación, cuando la fe debía ser custodiada sin concesiones y transmitida sin rebajas.
La ordenación sacerdotal no es un acto social ni una investidura honorífica. Es una consagración ontológica. Es una herida de amor que configura al alma con Cristo Sacerdote, Víctima y Rey. Desde ese instante, el sacerdote deja de pertenecerse: su voz es para proclamar la Verdad íntegra; sus manos, para obrar los misterios santos; su vida, para ser ofrecida por la Iglesia, incluso cuando esa Iglesia aparece reducida, perseguida o silenciada.
Veintiséis años después, puede afirmarse con serenidad doctrinal que este sacerdocio ha sido levantado por la Providencia como cabeza visible y principio de orientación para el Pequeño Resto fiel. Cuando muchos confundieron obediencia con conformidad, él permaneció en la obediencia debida a Dios. Cuando otros optaron por el silencio prudencial, él sostuvo la claridad. Cuando la barca fue sacudida por fuerzas extrañas, señaló el rumbo sin ambigüedad, asumiendo el peso que toda verdadera paternidad comporta.
Su sacerdocio no ha sido funcional ni acomodado. Ha sido esencialmente sacerdotal: ofrecido, sacrificial, configurado con la Cruz. No ha buscado el aplauso ni la seguridad de las estructuras humanas. Ha custodiado lo recibido, confirmado a los fieles, sostenido a los que no querían traicionar la fe y ejercido una paternidad real cuando muchos quedaron sin pastor. Así, sin proclamarse, ha sido reconocido.
La Iglesia verdadera, fiel, trascendente y perenne no subsiste por consensos ni por estrategias, sino por hombres que aceptan ser consumidos por el fuego de Dios. Hombres que comprenden que la Verdad no se negocia; que el sacerdocio no se administra como un cargo, sino que se vive como una oblación; que no se protege por miedo, sino que se entrega por amor.
Veintiséis años de sacerdocio son veintiséis años de Misas ofrecidas por la salvación del mundo, de absoluciones dadas con autoridad verdadera, de almas confirmadas en la fe, de soledades aceptadas en silencio y de fidelidad mantenida cuando el cansancio apremiaba. Son veintiséis años en los que Cristo ha querido pasar una y otra vez por las mismas manos para no abandonar a su Iglesia fiel.
Hoy no miramos solo al pasado. Miramos al presente y al futuro. Porque este sacerdocio no pertenece a una etapa concluida, sino a una misión viva. No se ha debilitado con el tiempo: se ha afinado. No se ha diluido: se ha purificado. No ha retrocedido: se ha confirmado. Y mientras Dios lo disponga, seguirá siendo faro, referencia y cabeza visible para quienes no transigen con el error ni diluyen la fe recibida.
Que este aniversario sea memoria agradecida y, a la vez, renovación del compromiso. Que sea confirmación de una misión que continúa, porque aún hay mucho que custodiar, mucho que defender y mucho que amar.
Con profunda gratitud, con respeto filial y con gozo sincero, elevamos hoy nuestra felicitación y nuestra oración.
Felicitaciones por este veintiséis aniversario de Ordenación Sacerdotal de León de María, Gran Prelado, en nombre de todo el Apostolado de Adoración y Liberación, del Reverendo Padre Tamayo, director espiritual, de los sacerdotes del Sodalicio en Hispanoamérica, y en el mío propio.
Que Dios le fortalezca, que la Santísima Virgen le custodie y que Cristo Sacerdote le sostenga hasta el final.
Otros artículos del autor:
🇪🇸 María, Torre de David levantada por Dios contra la apostasía. Por Vicente Montesinos
🇪🇸 Diez minutos para el fin de Europa. Por Vicente Montesinos
Visita http://www.genusdei.es
e diventa parte di una comunità che cerca di vivere e difendere la fede cattolica tradizionale. Condividi i nostri contenuti e sostienici tramite donazioni o attraverso il nostro Negozio dell’Apostolato.

