🇪🇸 SAN FRANCISCO JAVIER – 3 DE DICIEMBRE
San Francisco Javier – 3 de diciembre
Vida del Santo
San Francisco Javier nació en 1506 en el castillo de Javier, Navarra, en el seno de una familia noble. Su juventud estuvo marcada por una formación brillante y por un corazón abierto a los grandes ideales. A los 19 años marchó a París para completar sus estudios en el Colegio de Santa Bárbara, donde el Señor lo esperaba de manera misteriosa.
Allí conoció a Íñigo de Loyola, el futuro San Ignacio, quien veía en el joven navarro un alma grande, aunque todavía envuelta en aspiraciones mundanas. Con paciencia y ternura espiritual fue repitiéndole aquellas palabras que lo marcarían para siempre:
“¿De qué te sirve ganar el mundo entero si pierdes tu alma?”
Esas palabras, sembradas con perseverancia, terminaron penetrando como fuego en el corazón de Francisco. Conmovido por la gracia, abandonó sus ambiciones terrenas y se unió al pequeño grupo que sería la Compañía de Jesús. Fue ordenado sacerdote en 1537, y desde el primer día ardía en él el deseo de llevar a Cristo hasta los confines del mundo.
La gran misión en Oriente
En 1541, enviado por San Ignacio, Francisco partió hacia la India como nuncio apostólico. Aquel viaje larguísimo —más de un año de travesía— sería el comienzo de una epopeya espiritual sin precedentes.
Al llegar a Goa encontró una cristiandad tibia, mezclada con supersticiones, y un pueblo abandonado a la miseria. Se dedicó a evangelizar niños, esclavos, pescadores y parias, predicando con ardor y viviendo en absoluta pobreza. Recorrió aldeas enteras enseñando el Credo y el Padrenuestro, bautizando a miles con una alegría casi celestial.
Pero Javier no se detenía. Su alma misionera sentía la urgencia del Evangelio. Partió a las costas de la Pesquería, donde instruyó y fundó comunidades, luego viajó a Malaca, a las célebres islas Molucas, a Ceilán, a Timor…
Cada paso suyo parecía multiplicar la fe entre pueblos que jamás habían oído el nombre de Jesús.
El deseo ardiente de Japón y China
En 1549 llegó al Japón, donde comenzó su apostolado con una paciencia casi heroica, adaptándose a una cultura compleja, orgullosa y refinada. Aprendió la lengua, convivió con los pobres y habló a los nobles. Su palabra cálida y llena de autoridad conquistó corazones, y en pocos años nacieron comunidades sólidas de conversos fervorosos.
Pero su gran sueño era China. Sabía que, si la fe llegaba a aquel imperio milenario, irradiaría al resto de Asia. Decidió ir por sí mismo. Sin embargo, al llegar a la isla de Sancian —a las puertas de China— cayó gravemente enfermo. Solo, sin compañía humana, elevó su mirada al cielo con serenidad.
La madrugada del 3 de diciembre de 1552, mientras murmuraba el nombre de Jesús, su alma ardiente voló al encuentro del Señor. Así moría el misionero más grande después de San Pablo, con más de 300.000 conversiones atribuidas directamente a su labor.
Milagros y hechos extraordinarios
El don de lenguas y la predicación prodigiosa
Numerosos testigos narraron que Francisco se hacía entender por pueblos de lenguas diversas sin haberlas aprendido.
El crucifijo rescatado del mar
Arrojado por una tormenta, su crucifijo desapareció en el océano. Días después, pescadores lo encontraron milagrosamente en la orilla, rodeado de luz.
Incorruptibilidad parcial
Su cuerpo, trasladado a Goa, se conservó incorrupto durante mucho tiempo, exhalando un suave perfume.
Protector de las misiones y de los viajeros
Es patrono universal de las misiones junto a Santa Teresita del Niño Jesús.
Oraciones
Oración breve
San Francisco Javier, apóstol incansable, enciende en nosotros el celo por la salvación de las almas y la prontitud para cumplir la voluntad de Dios.
Jaculatoria
San Francisco Javier, llama ardiente del Corazón de Cristo, ruega por nosotros.
Oración
Oh glorioso San Francisco Javier,
tú que dejaste patria, familia y seguridades
para anunciar a Cristo entre los pueblos más lejanos,
mira nuestra tibieza y despiértanos
al amor ardiente por el Evangelio.Tú que diste fuerzas a los débiles,
esperanza a los pobres
y luz a quienes vivían en tinieblas,
intercede por nosotros,
para que también sepamos llevar a Cristo
a quienes lo buscan sin saberlo.Danos un corazón generoso,
un espíritu humilde
y un deseo constante de santidad.
Protege a los misioneros,
fortalece a los que viajan,
y abre caminos para que la fe llegue
a todos los rincones del mundo.Que, siguiendo tu ejemplo,
vivamos con valentía y entrega total,
para que un día podamos compartir contigo
la gloria eterna en el cielo.
Amén.
Reflexión final
San Francisco Javier es un desafío vivo para la fe moderna. En una época en la que el cristiano teme incomodar, él se entregó sin reservas, viajando hasta el fin del mundo por amor a Cristo.
Su vida nos recuerda que la evangelización no es un acto voluntario, sino un deber nacido del amor.
La fe verdadera es expansiva, ardiente, fecunda.
Javier nos enseña que una sola alma enamorada de Dios puede encender un continente entero.
Pidamos la gracia de vivir sin mediocridad, con ese ardor que sólo el Espíritu Santo puede dar.

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