San Antonio María Claret: Apóstol incansable y testigo del Corazón de Cristo

San Antonio María Claret – Apóstol del Corazón de Cristo y testigo eucarístico (23 de octubre)

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San Antonio María Claret – 23 de octubre

 

Vida de San Antonio María Claret

San Antonio María Claret nació en Sallent (Barcelona) el 23 de diciembre de 1807, en una familia profundamente cristiana. Desde niño mostró una intensa piedad y un amor especial por la Eucaristía y la Santísima Virgen María.

Fue tejedor en su juventud, pero pronto sintió el llamado al sacerdocio. Tras una breve estancia en el seminario de Vic y su ordenación en 1835, su celo apostólico lo impulsó a recorrer pueblos y aldeas de Cataluña predicando misiones populares, promoviendo la confesión y el amor a Jesús Sacramentado.

Su ardor evangelizador era tal que, en pocos años, se convirtió en uno de los misioneros más escuchados y perseguidos de España.

En 1849 fundó en Vic la Congregación de los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María —los Claretianos—, con el lema:

“Caritas Christi urget nos”

(El amor de Cristo nos apremia).

Ese mismo año fue nombrado Arzobispo de Santiago de Cuba, donde trabajó incansablemente por la conversión, la dignidad humana, la catequesis y la justicia social, enfrentando la oposición feroz de los poderosos.

Tras regresar a España, fue confesor de la reina Isabel II, cargo que aceptó solo por obediencia y que le valió la persecución de la masonería española e internacional, que veía en él un obstáculo para sus planes anticristianos.


Su amor eucarístico y el milagro del Corazón

San Antonio María Claret fue un místico eucarístico. Amaba tan profundamente a Cristo en la Hostia Santa que deseaba vivir y morir dentro de Su Corazón.

El 26 de agosto de 1861, mientras celebraba la Santa Misa en la iglesia real de La Granja (Segovia), ocurrió un milagro eucarístico único en la historia de la Iglesia:
al recibir la Sagrada Comunión, la Hostia consagrada desapareció de su lengua y, días después, se le manifestó milagrosamente incrustada en su corazón.

Cuando, años más tarde, su cuerpo fue exhumado, se halló intacto su corazón, y en él —según testimonio de médicos y religiosos presentes— estaba la forma eucarística incorrupta, resplandeciente.
Aquel misterio visible confirmaba que su vida entera había sido una Misa viva, una oblación perpetua.

Claret había pedido a Dios “que se cumpliese en su cuerpo lo que celebraba en el altar”, y el Señor selló su oración con este prodigio eucarístico.


Persecución y fidelidad a la verdad

En su ministerio sufrió amenazas, calumnias, atentados y destierro.
Los enemigos de la fe —entre ellos logias masónicas, políticos liberales y anticlericales— lo difamaron, lo acusaron falsamente y hasta intentaron asesinarlo.

Sin embargo, su respuesta siempre fue la misma: el perdón.


Decía:

“He nacido para amar, y mi oficio es amar. Amaré aunque el mundo me odie.”

Vivió en el exilio sus últimos años, entre Francia y Roma, ofreciendo sus dolores por la Iglesia y por España.
Murió santamente el 24 de octubre de 1870, en el monasterio cisterciense de Fontfroide (Francia).

Fue canonizado por Pío XII en 1950.


Su espiritualidad y legado

  • Amó intensamente al Corazón Inmaculado de María, que veía como modelo de apostolado y pureza.

  • Vivió una pobreza radical, confiando todo a la Providencia.

  • Fue un incansable predicador y autor de más de 150 obras espirituales.

  • Su lema de vida:

    “Todo por amor a Dios y para Dios.”

Su ejemplo sigue inspirando a sacerdotes, religiosos y laicos que desean combatir el mal con el fuego del amor divino.


Oraciones a San Antonio María Claret

Oración breve

San Antonio María Claret, apóstol de fuego, ruega por nosotros para que, como tú, arda nuestro corazón en amor a la Eucaristía y al Corazón de María.

Jaculatoria

Corazón Eucarístico de Jesús, inflama mi corazón como inflamaste el de tu siervo Antonio María Claret.

Oración más extensa

Oh glorioso San Antonio María Claret,
que ardías en celo por la gloria de Dios y la salvación de las almas,
obténnos la gracia de vivir en constante amor y reparación al Sagrado Corazón de Jesús.
Tú que llevaste en tu pecho el milagro eucarístico del Amor Divino,
haz que también nuestros corazones sean hostias vivas,
consagradas al servicio de Dios y de la verdad católica.
Intercede por la Iglesia, perseguida hoy como en tus días,
para que, purificada, resplandezca más santa y victoriosa.
Amén.


Reflexión final

San Antonio María Claret fue un sacerdote todo de Dios, un apóstol perseguido por el mundo y amado por el cielo.
Su vida, marcada por la Cruz y por el fuego de la Eucaristía, es un llamado a no temer a las fuerzas del mal, sino a vencerlas con la verdad, la oración y la fidelidad a Cristo.

En él se cumple la palabra del Apóstol:

“El celo por tu casa me devora.” (Jn 2,17)


 

 


 

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