¡Raza de víboras! Por Vicente Montesinos

Vicente Montesinos
Director de Adoración y Liberación

En un tiempo de confusión y desviación, cuando el clamor por la autenticidad y la fidelidad a la enseñanza de Cristo resuena con urgencia, es imperativo recordar las palabras vehementes de Juan el Bautista, dirigidas a aquellos que, revestidos de autoridad y prestigio, se alejaban del verdadero espíritu de su misión. “¡Raza de víboras! ¿Quién os enseñó a huir de la ira venidera?” (Mateo 3:7). Este llamado, lejos de ser un simple reproche, es una exhortación amorosa pero firme al arrepentimiento y a la conversión verdadera.
Hoy, más que nunca, este mensaje resuena con especial fuerza para gran parte de los sacerdotes y obispos, quienes, en lugar de guiar a sus rebaños por el camino de la santidad y la verdad, parecen haberse desviado, adoptando la mentalidad del mundo. A ellos se dirige esta exhortación: ¡Raza de víboras! Vuelvan al primer amor, al compromiso inicial que asumieron ante el altar de Dios. No se conformen con ser meros administradores o gestores de una institución. Ustedes están llamados a ser santos, profetas y mártires en este mundo que seduce con sus falsas promesas de placer y poder, animadas desde el mismísimo falso Vaticano.
A los fieles, a ustedes, hermanos en Cristo, que sufren y se angustian al ver cómo la barca de Pedro parece zozobrar, les digo: no desfallezcan. La verdadera Iglesia de Cristo, aquella fundada sobre la roca de Pedro, subsiste y siempre subsistirá, más allá de esta casta que en la actualidad la ocupa y desgobierna. No se dejen llevar por el desánimo ni por la tentación de apartarse de la fe ante los escándalos y las incoherencias de estos falsos pastores.
Sin embargo, les exhorto también a mantenerse firmes en la verdad, a discernir con espíritu crítico y amoroso lo que se les enseña y proclama. Si encuentran que en su comunidad eclesial no se predica la genuina doctrina católica, o si perciben que se les conduce por caminos ajenos a la enseñanza de Jesucristo y al magisterio de la Iglesia, tengan el valor de buscar la autenticidad, de permanecer fieles a la Tradición apostólica, incluso si eso significa distanciarse de aquellos que han perdido la brújula de la fe.
La verdadera Iglesia es aquella donde Cristo está presente, donde se vive y se anuncia el Evangelio en su pureza y radicalidad, donde los sacramentos son administrados con reverencia y amor, y donde la comunidad se congrega en la unidad de la fe y la caridad. Aférrense a esta Iglesia, participen activamente en Apostolados donde la fe se vive con integridad y autenticidad, y recen sin cesar por aquellos pastores que han sido engañados por el espíritu del mundo, para que retornen al camino del Evangelio, el único que conduce a la vida eterna.
Que el Señor les conceda discernimiento y fortaleza, y que la Santísima Virgen María, modelo de fidelidad y discipulado, los guíe y proteja en su caminar hacia la santidad. En este tiempo de prueba, recuerden que Cristo, la Luz del mundo, nunca abandona a su Iglesia y que, al final, la verdad y el amor triunfarán.


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