POR QUÉ LA AMNISTÍA ES UN PROCESO MALÉFICO. Por Vicente Montesinos

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AMNISTÍA.

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Vicente Montesinos

Director de Adoración y Liberación

 

La amnistía, en su concepto más amplio, representa un perdón legal colectivo, una absolución de responsabilidades que, a primera vista, parece una manifestación de misericordia y compasión. Sin embargo, desde una perspectiva católica, la amnistía puede ser vista como un proceso maléfico, especialmente cuando contradice los principios de justicia, verdad y reparación moral.

Primero, es esencial entender que la justicia es uno de los pilares fundamentales de cualquier sociedad ordenada y virtuosa. En el marco del magisterio bimilenario de la Iglesia y las enseñanzas de las Sagradas Escrituras, la justicia no es solo un concepto legal, sino también un mandato divino. La Biblia nos recuerda en Proverbios 21:15: “La justicia es alegría para el justo, pero espanto para los que obran iniquidad”. En este sentido, la amnistía, al perdonar indiscriminadamente a quienes han cometido actos de iniquidad, desafía este principio divino.

En segundo lugar, la amnistía puede ser considerada como una forma de falsear la verdad. En la tradición católica, la verdad no es una mera construcción social, sino una manifestación de la ley divina y natural. Al otorgar amnistía, especialmente en casos de delitos graves, se corre el riesgo de ocultar la verdad, de borrar la historia de las víctimas y de negar la realidad del mal cometido. Esto es profundamente preocupante, ya que como nos enseña Juan 8:32, “conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”.

Tercero, la amnistía puede impedir la reparación moral y la verdadera reconciliación. En la doctrina católica, la reparación por el pecado es crucial. La confesión y la penitencia no solo buscan el perdón de Dios, sino también la reparación del daño causado. La amnistía, al eliminar las consecuencias legales de ciertos actos, puede impedir que se realice esta reparación necesaria, tanto a nivel individual como colectivo. La verdadera misericordia no está en ignorar la justicia, sino en reconocerla y buscar restaurar el orden roto por el pecado.

Por último, es importante recordar que la amnistía no debe confundirse con la misericordia genuina. La misericordia, en su esencia católica, no niega la justicia, sino que la trasciende, llevando a la conversión y la reparación. Sin embargo, una amnistía que simplemente borra las faltas sin un proceso de arrepentimiento y cambio, no cumple con este criterio.

En conclusión, desde una perspectiva católica, la amnistía puede ser vista como un proceso maléfico en la medida en que contradice los principios de justicia, verdad y reparación moral. No se trata de negar la misericordia o la compasión, sino de entender que estas virtudes deben ir de la mano con la verdad y la justicia, elementos esenciales en la construcción de una sociedad ordenada y conforme a la ley de Dios.

 

 

 

 

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