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Adoración y Liberación

Por Vicente Montesinos

Categoría

SANTOS

San Juan Bosco, San Pablo, Santo Tomás de Aquino y… el Papa de Roma (o la inexistente doctrina del progremodernismo)

Vicente Montesinos

Hoy celebramos a un gran santo de la Iglesia. A San Juan Bosco. Padre y Maestro de la Juventud, la Iglesia de las últimas décadas (y la propia Sociedad de San Francisco de Sales,otro grandísimo santo) han reducido las enseñanzas de Don Bosco a la porción “jóvenes”; que entienden como actividades lúdicas, entretenimiento, y poca cosa más.

Es curioso como los salesianos, por ejemplo, hablan de Don Bosco y los jóvenes (fundamental, por cierto, porque ningún Santo antes ni después ha trabajado tanto la juventud para Dios como mi querido San Juan Bosco), pero esconden que él a sus jóvenes no sólo les hacía fiestas: les enseñaba como en la vida tenemos dos pilares a los que aferrarnos, sin los que no podemos vivir: la Eucaristía, y María. Esto ha quedado enterrado. No vaya a molestarse el mundo.

Como enterradas fueron las campanadas de San Josemaría. No nos tachen de muy “tradis”.

Y así va funcionando esta Iglesia, que licúa los mensajes para atraer a la gente; y acaba por no atraer a nadie, y espantar a los de dentro. Resultado: menos fe que hace 50 años, Iglesias más vacías que hace 50 años, y seminarios más vacíos que hace 50 años. Y no me vale que me digan desde España que eso era así porque Franco obligaba (que ese sería otro tema a debatir), porque el fenómeno es exactamente igual en toda la vieja Europa; y no digamos si atendemos al asunto americano, y a como las sectas evangélicas nos “comen la tostada” esparciendo la herejía, mientras nosotros nombramos al inmundo Lutero “testigo fiel del Evangelio.

Es el Progremodenismo. No tiene doctrina. Porque tenerla cuesta faena y además te enfrenta al “mundo”. Vale más dejarse arrastrar por él, y acabar siendo eso: una sucursal de la ONU, una pieza del NOM, o una ONG más en el planeta tierra.

Al respecto asistí digitalmente a un interesante debate con gente como Juan Donnet o Daniel Lubo .

Y el tema está claro: la “Iglesia en acogida” no tienes argumentos doctrinales. Ya nada sabe de Santo Tomás de Aquino, hablando de grandes santos. De hecho odia a los tomistas. Se basa en puras apelaciones sentimentales, en emotividad de baja calaña y en viscoso sentimentalismo.

Se basa en la machacona premisa de que el Papa es impecable e infalible siempre, y que, por tanto, se le debe una obediencia, como dice Donnet, “ciega y zombie“. Y eso, queridos hermanos, no es católico; nos lo vendan como nos lo vendan. El nivel doctrinal es deprimente, por su inexistencia.

Cuando no se estudia a Santo Tomas se dice cualquier cosa. Se anula la capacidad de resistencia. Esa que deriva de la virtud de la fortaleza; ya que si me atacan la verdadera Fe de Cristo, debería defenderme aunque sea el Papa el que la ataca.

No tenemos la obligación de seguir los dislates de un Papa por que no se le dio asistencia del Espíritu Santo para ello. Esto me lo recordaba Daniel en las redes, y tiene toda la razón.

Si un Papa y su linea eclesial fuere nocivo, y su postura hiriera la profundidad del ser de de la Iglesia y su unidad; mi obligación como católico sería la de resistirle. Con todo el dolor del mundo.

Hoy, los “doctores” que tenemos, y que rodean a la curia y a gran parte del episcopado, leen mucho, y saben mucho. No sabemos de qué. Pero sin la guía de San Pablo (quien corrigió a Pedro con la humilde aceptación de aquel); sin la humildad de San Pedro; y sin la brújula de Santo Tomas, y de los Santos Padres;  se le hace decir a la Biblia y al Magisterio cualquier memez que acomode la doctrina a lo que uno quiere.

Y eso precisamente no es de Dios, ni de su Iglesia.

Ya lo decía San Pablo: «¿Creéis acaso que vosotros sois vuestros dueños? Sabedlo, no os pertenecéis. ¿Ignoráis a que precio habéis sido rescatados? Vosotros sois de Cristo y Cristo es de Dios»

Luego no nos es licito creer o pensar lo que nos venga en gana sobre el cuerpo de doctrina en que se asienta la Iglesia, aunque, como vulgarmente se dice, “lo diga el Papa de Roma”.

¡Y como hasta el cielo no paramos, que Dios os bendiga!

 

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Padre, me abandono a ti…

Vicente Montesinos

Hoy es el día del Beato Charles de Foucauld. El apóstol del abandono.
Os invito a rezar hoy su oración. La oración de entrega y abandono a Dios. Yo la rezo cada día, y es una bendición.
Especialmente necesaria en estos tiempos en los que, muchas veces, por mucho que luchemos, al final hay que cerrar los ojos, y decir: Padre, en tus manos lo abandono todo.
Y llegue a la paz.
Para de nuevo, al día siguiente, volver a la lucha, y si las cosas no salen: Padre me abandono a ti. Y si salen: Padre me abandono a ti.
¡Feliz día en el Señor y bajo la intercesión del beato Charles de Foucauld!

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Autor: Charles de Foucauld

Padre, me pongo en tus manos, 
haz de mí lo que quieras, 
sea lo que sea, te doy las gracias.

Estoy dispuesto a todo, 
lo acepto todo, 
con tal que tu voluntad se cumpla en mí, 
y en todas tus criaturas.
No deseo nada más, Padre.
Te confío mi alma, 
te la doy con todo el amor 
de que soy capaz, 
porque te amo.
Y necesito darme, 
ponerme en tus manos sin medida, 
con una infinita confianza, 
porque Tú eres mi Padre.

¡En la Gracia de nuestro Señor Jesucristo, feliz día de Todos Los Santos!

Vicente Montesinos

Durante todo el año celebramos la fiesta de muchos santos famosos. 

Pero la Iglesia ha querido recordar que en el cielo hay innumerables santos que no cabrían en el calendario. Por eso nos regala esta solemne fiesta de Todos los Santos que abarca a todos nuestros hermanos que ya están en el cielo. 

Multitudes de santos desconocidos por nosotros pero amadísimos de Dios. 

La fiesta de Todos los Santos no es solo para recordar, sino también una llamada a que vivamos todos nuestra vocación a la santidad, cada uno según su propio estado de vida (como solteros, casados, viudos, consagrados, etc.). Y es que Dios nos creó para que seamos santos. 

La fiesta de Todos los Santos no es solo para recordar, sino también una llamada a que vivamos todos nuestra vocación a la santidad, cada uno según su propio estado de vida. 

Según el Papa, Benedicto XVI, “El santo es aquel que está tan fascinado por la belleza de Dios y por su perfecta verdad que éstas lo irán progresivamente transformando. Por esta belleza y verdad está dispuesto a renunciar a todo, también a sí mismo. Le es suficiente el amor de Dios, que experimenta y transmite en el servicio humilde y desinteresado del prójimo”.

Es la fiesta de la Iglesia triunfante, todos los Santos que estan con el Señor.
“…¿no habéis leído lo que Dios ha dicho: Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob? Dios no es Dios de muertos, sino de vivos”. (Mat 22, 31-32)

No existen “santos muertos”…por que todos están vivos en el Señor. Y desde alli nos acompañan 
Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante (Heb 12:1)

¡En la Gracia de nuestro Señor Jesucristo, feliz día de Todos Los Santos!

4 de octubre: San Francisco de Asís, la pobreza, la “teología de la liberación” y las profanaciones.

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Hoy celebramos la memoria de San Francisco de Asís; fundador de la Orden de los Franciscanos; y del cual relata el Martirologio Romano: Memoria de san Francisco, el cual, después de una juventud despreocupada, se convirtió a la vida evangélica en Asís, localidad de Umbría, en Italia, y encontró a Cristo sobre todo en los pobres y necesitados, haciéndose pobre él mismo. Instituyó los Hermanos Menores y, viajando, predicó el amor de Dios a todos y llegó incluso a Tierra Santa. Con sus palabras y actitudes mostró siempre su deseo de seguir a Cristo, y escogió morir recostado sobre la nuda tierra ( 1226).

San Francisco fue, sin duda, uno de los santos más importantes de la Historia de la Iglesia; y siempre desde el seno de la misma, su labor supuso una auténtica inyección de esperanza en muchos aspectos del mundo cristiano. Tenemos varios testimonios que muestran claramente cómo la figura de San Francisco fue considerada un auténtico renacer de la vitalidad espiritual de la Iglesia Católica.

Pero más que glosada está la vida y milagros de este gran santo; y no voy a detenerme hoy más en él que para encomendarnos a su protección y ayuda; en estos momentos tan complejos que vive la Iglesia Católica, además de para felicitar a los Hermanos Franciscanos y a todos los que hoy celebran su onomástica.

Lo que sí que quiero es aprovechar su memoria para reflexionar sobre cómo la “pobreza” en la que vivió San Francisco, y que es una actitud evangélica que supo seguir desde la radicalidad; ni es sólo pobreza material; ni debe ser la coartada para aquellos sectores postconciliares que han intentado desde hace más de 40 años mezclar churras con merinas, justificar una participación de la Iglesia en política (especialmente en la de izquierdas) y llevar a Nuestra Santa Madre por caminos tan peligrosos como fueron (y son) los de la Teología de la Liberación, y demás herejías modernistas.

 

Lo que sí que quiero es aprovechar para reflexionar sobre cómo la “pobreza” en la que vivió San Francisco, y que es una actitud evangélica que supo seguir desde la radicalidad; ni es sólo pobreza material; ni debe ser la coartada para aquellos sectores postconciliares que han intentado desde hace más de 40 años mezclar churras con merinas, justificar una participación de la Iglesia en política (especialmente en la de izquierdas) y llevar a Nuestra Santa Madre por caminos tan peligrosos como fueron (y son) los de la Teología de la Liberación, y demás herejías modernistas.

 

No. No es esa la pobreza de San Francisco. Por supuesto que es vivir una vida desprendida de los bienes no necesarios y de compromiso con las necesidades del prójimo. Y sobre todo, seguir a Cristo, quien necesitado de todo, falto de las mínimas comodidades, que no se niegan al más desamparado de los hombres, por voluntad y elección propia nace en la gruta de Belén. Pobreza, desamparo y desnudez, se dieron cita al venir al mundo el Rey de los cielos.

Pero también es pobreza interior, junto a la externa. Aunque parezca lo contrario, es mucho más difícil y meritoria aquella; y ésta última debería ser como la manifestación y consecuencia de la interna. Porque la base de la pobreza de espíritu es la renuncia y el dominio del “yo”. Sujetado éste, surgirá como natural consecuencia el total desprendimiento.

Es también una “entrega de todo a Dios”. No es la privación de unos bienes, ni el hacer gastos más o menos necesarios, ni el privarse de un traje que nos agrade. Todo esto puede ayudarnos; pero sin la entrega de la voluntad; sin la donación interior, de poco o nada aprovechan las muestras de pobreza externa.

Y sobretodo también exige que no caigamos en, queriendo quedarnos en lo “externo”, contrariar más a Dios que si nos quedáramos “quietecitos”, porque eso, desde luego, no sólo no sería no seguir el ejemplo de San Francisco; sino caer en el peligro de alejarnos de las Sagradas Escrituras, el Magisterio y la Tradición.

¿Qué que me viene a la cabeza ahora mismo al decir esto? Pues muchos casos de abusos y falsas utilizaciones de la “pobreza” que hemos hecho en la reciente historia de nuestra Iglesia, exhibiendo algunos “cacaos mentales” poco propios de una vida de piedad.

Quizá el más reciente sea como se nos ha quedado la cara a muchos padres que hemos enseñado a nuestros hijos a “no llevar cosas de comer a la Iglesia”, y vemos como el Papa Francisco ha disfrutado de un “almuerzo solidario” con prisioneros, pobres y refugiados dentro de la Basílica de San Petronio en Bolonia (Italia), evento presentado explícitamente como parte del calendario del Santo Padre para su última visita pontifical.

 

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Sin duda los defensores usuales de este tipo de actos de Francisco encontrarán maneras de excusar esta profanación de una casa consagrada para la adoración de Dios. Pueden señalar la “magnanimidad” de Francisco para los marginados, recordarnos que Cristo dio a la gente de comer antes de instruirlos, etc… Pero no me sirve nada de eso; ya que no había necesidad real de comer dentro del edificio sagrado. Nadie estaba a punto de morir de hambre, y la comida podría haber sido muy fácil de servir a todo el mundo fuera de la basílica. Y por supuesto no hace falta decir que Francisco no pasó a continuación de la comida a instruir a nadie en el verdadero Evangelio de Cristo.

 

Sin duda los defensores usuales de los este tipo de actos de Francisco encontrarán maneras de excusar esta profanación de una casa consagrada para la adoración de Dios. Pueden señalar la “magnanimidad” de Francisco para los marginados, recordarnos que Cristo dio a la gente de comer antes de instruirlos, etc… Pero no me sirve nada de eso; ya que no había necesidad real de comer dentro del edificio sagrado. Nadie estaba a punto de morir de hambre, y la comida podría haber sido muy fácil de servir a todo el mundo fuera de la basílica. Y por supuesto no hace falta decir que Francisco no pasó a continuación de la comida a instruir a nadie en el Evangelio de Cristo.

 

Sin olvidar a Jesús echando a los mercaderes del Templo; viene bien traer a colación lo que específicamente San Pablo nos dice acerca de comer y beber en lo que se refiere al culto divino:  ¿Qué? ¿Acaso no tienen sus propias casas para comer y beber? ¿O de veras quieren deshonrar a la iglesia de Dios y avergonzar a los pobres? ¿Qué se supone que debo decir? ¿Quieren que los elogie? Pues bien, ¡de ninguna manera los elogiaré por esto!” (1 Cor 11, 20-22) Yo no soy Papa, pero… a ver… creo que el mandato bíblico lo entiende cualquiera. ¿No?

 

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¿Me entienden ahora cuando digo que la pobreza no es solo material, y que además no puede ser “utilizada” para ofender a Dios?

Quizá, San Francisco de Asís; a quien el Señor le dijo: “Francisco, reconstruye mi iglesia, ¿no ves que amenaza ruina?”, sea uno de los santos más apropiados a los que encomendarnos en estos momentos.

 

Vicente Montesinos

Santa Teresa del Niño Jesús. 1 de octubre. Semblanza y oración. 

Martirologio Romano: Memoria de santa Teresa del Niño Jesús, virgen y doctora de la Iglesia, que entró aún muy joven en el monasterio de las Carmelitas Descalzas de Lisieux, llegando a ser maestra de santidad en Cristo por su inocencia y simplicidad. Enseñó el camino de la perfección cristiana por medio de la infancia espiritual, demostrando una mística solicitud en bien de las almas y del incremento de la Iglesia, y terminó su vida a los veinticinco años de edad, el día treinta de septiembre († 1897)

Bella memoria la del día de hoy a esta jovencísima doctora de la Iglesia, que tanto nos enseño   sobre el “caminito” de la humildad, el abandono y la infancia espiritual. 

Los manuscritos autobiográficos que había redactado por obediencia a sus superiores, fueron publicados pocos años después en la obra: “Historia de un alma”. Su fama de santidad se extendió rápidamente. 

El papa Pío XI beatificó, canonizó y proclamó patrona de las misiones a Santa Teresita durante su pontificado. 

En octubre de 1997, el papa Juan Pablo II la declaró doctora de la Iglesia.

Oremos a esta gran intercesora por la Iglesia y por el mundo. Y que sepamos, como ella quería, llegar a Dios por el camino de la sencillez, el abandono y la humildad. 
                                      Vicente Montesinos



                                  ORACIÓN

Oh bienaventurada Santa Teresita del Niño Jesús, que habéis prometido hacer caer una lluvia de rosas, desde el cielo, dirigid a mí vuestros ojos misericordiosos y escuchadme en mis múltiples necesidades. Grande es vuestro poder porque Dios os ha hecho grande entro los santos del cielo.

Os suplico, pues, oh mi amable protectora, me alcancéis de Dios las gracias que os pido, siempre que sea para mayor honra de Dios y salvación de mi alma. Os suplico de un modo especial que me hagáis participar de las rosas que nos habéis prometido, apartando mi corazón de las vanidades y placeres caducos de esta vida, y enseñándome a amar a Jesús y a María con amor verdadero, para que así pueda un día gozar con vos de la eterna bienaventuranza. Así sea.

V. Rogad por nosotros, oh bienaventurada Santa Teresita

R. Para que seamos dignos de la lluvia de rosas que nos habéis prometido.

29 de septiembre. San Miguel Arcángel. ¡Ruega por España!

San Miguel es uno de los siete arcángeles y está entre los tres cuyos nombres aparecen en la Biblia. Los otros dos son Gabriel y Rafael, cuya festividad también celebramos hoy. 

La Santa Iglesia da a San Miguel el más alto lugar entre los arcángeles y le llama “Príncipe de los espíritus celestiales”, “jefe o cabeza de la milicia celestial”. 

Ya desde el Antiguo Testamento aparece como el gran defensor del pueblo de Dios contra el demonio y su poderosa defensa continúa en el Nuevo Testamento.

La cristiandad desde la Iglesia primitiva venera a San Miguel como el ángel que derrotó a Satanás y sus seguidores y los echó del cielo con su espada de fuego.

Es tradicionalmente reconocido como el guardián de los ejércitos cristianos contra los enemigos de la Iglesia y como protector de los cristianos contra los poderes diabólicos, especialmente a la hora de la muerte.

En cuanto a su relación profunda con la Eucaristía, no siempre tan conocida, cabe decir que San Miguel preside el culto de adoración que se rinde al Altísimo y ofrece a Dios las oraciones de los fieles simbolizadas por el incienso que se eleva ante el altar. La liturgia nos presenta a San Miguel como el que lleva el incienso y está de pie ante el altar como nuestro intercesor. 

Es muy interesante notar en las apariciones marianas, como en Fátima o Garabandal, que han incluido manifestaciones de San Miguel, sobre su relación con la Eucaristía, y la adoración debida a Jesús Eucarístico y a la Santísima Trinidad. 

El Papa León XIII, después de unas espectaculares visiones, compuso esta oración, que tradicionalmente y con acierto se ha rezado en cada Eucaristía de todo el orbe, hasta que el Concilio Vaticano II suprimió su obligación. 

Os invito a rezarla hoy, y siempre que podáis, con denuedo: 

“San Miguel Arcángel,

defiéndenos en la batalla.

Sé nuestro amparo

contra la perversidad y asechanzas

del demonio.

Reprímale Dios, pedimos suplicantes,

y tú Príncipe de la Milicia Celestial,

arroja al infierno con el divino poder

a Satanás y a los otros espíritus malignos

que andan dispersos por el mundo

para la perdición de las almas.

Amén.” 

Además, aunque como os comentaba,  no es obligación, se puede continuar con gran provecho la práctica de rezar esta oración después de la Santa Misa como se hacía antes del Concilio Vaticano II. 

Por otra parte es tradición añadir este párrafo final en España a esta poderosísima oracion:

Glorioso Arcángel,

defiende a España y su Iglesia

y protege al Papa,

para que podamos ver pronto

el glorioso triunfo de los Corazones de Jesús y María. Amén


No puede ser más oportuno ni necesario rezar ambos fragmentos, por la iglesia universal y su situación, y por España, en estas horas cruciales.

San Miguel, San Gabriel y San Rafael nos ayuden y protejan. 

                                         Vicente Montesinos

¿Qué sucedió entre San Pío de Pietrelcina y Monseñor Marcel Lefevbre?

Entre las muchas personas quienes fueron a ver al Padre Pio, estuvo el Arzobispo Lefebvre, y tras ese encuentro surgieron multitud de leyendas y maledicencias que de una forma u otra intentaron hacer creer que el Padre Pío amonestó a Lefevbre a modo de profecía por actuaciones que el Arzobispo tendría en el futuro. 

Encuentro entre el Padre Pío y Lefevbre

Sobre este asunto, el 8 de agosto de 1990, el Arzobispo Lefebvre escribió una carta personal a un sacerdote de la Fraternidad en Francia, quien le había escrito previamente para saber sobre su encuentro con el Padre Pío. 

He aquí un extracto de la carta:

“El encuentro tuvo lugar después de Pascua, en 1967, durando dos minutos. Me acompañó Fr. Barbara y un hermano de la Congregación del Espíritu Santo, el Hno. Felin. Conocí al Padre Pío en un pasillo, cuando iba de camino a su confesionario, le asitían dos Capuchinos.



“Le expliqué, en pocas palabras, el propósito de mi visita: que bendijera a la Congregación del Espíritu Santo, la cual estaba por celebrar un Capítulo General Extraordinario al que asistíría, y que estaba siendo conducida al ‘aggiornamiento’ o modernización, como estaba sucediendo con otras sociedades religiosas, y que temía que tal reunión sería problemática…



“Entonces el Padre Pío exclamó: ‘¿Yo bendiciendo a un arzobispo?, no, no, ¡es usted quien debe bendecirme a mí!’, se inclinó para recibir la bendición. Lo bendije, el besó mi anillo y continuó su camino hacia el confesionario…

El Arzobispo aclaró la sencillez y belleza de este encuentro entre estos dos grandes amantes  de Jesucristo. 

                                     Vicente Montesinos

San Pío de Pietrelcina. “Un crucificado sin cruz”. 23 de septiembre. Semblanza y oracion. 

Celebramos hoy, 23 de septiembre, la memoria de este gran santo de nuestro tiempo. 

“En cuanto a mí, Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor”, repetía. 

En el seguimiento y la imitación de Cristo Crucificado fue tan generoso que hubiera podido decir «con Cristo estoy crucificado: y no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí» (Gal 2, 19).
Derramó sin parar los tesoros de la gracia que Dios le había concedido con especial generosidad a través de su ministerio, sirviendo a los hombres y mujeres que se acercaban a él, cada vez más numerosos, y engendrado una inmensa multitud de hijos e hijas espirituales.

“Este es uno de esos hombres extraordinarios que Dios envía a la tierra de vez en cuando para la conversión de los hombres”, dijo al Papa Benedicto XV un Obispo de Uruguay luego de visitar al Padre Pío.

Con esas palabras, el Prelado supo dar a la figura del fraile capuchino toda su dimensión: es la visita que Dios hace a la Humanidad en determinadas épocas, para indicarle el camino a la salvación. 

Con su inmensa popularidad y sus asombrosos dones sobrenaturales, San Pío de Pietrelcina fue, por encima de todo, un alma crucificada, ofrecida como víctima voluntaria por el mundo, sumida en un permanente coloquio con el Señor. 

De esas íntimas profundidades emerge la fuerza con la cual llegó a identificarse por entero con Cristo. Los estigmas de la Pasión son el sello exterior de esa unión mística entre el Creador y su criatura.

Os dejo una oración al Padre Pío, y pidámosle incesantemente intercesión por la Iglesia y el mundo, en estos cruciales momentos

                                               Vicente Montesinos

                                 ORACION 


Bienaventurado P. Pio, testigo de fe y de amor. Admiramos tu vida como fraile Capuchino, como sacerdote y como testigo fiel de Cristo. El dolor marcó tu vida y te llamamos “Un crucificado sin Cruz”.

El amor te llevó a preocuparte por los enfermos, a atraer a los pecadores, a vivir profundamente el misterio de la Eucaristía y del perdón.

Fuiste un poderoso intercesor ante Dios en tu vida, y sigues ahora en el cielo haciendo bien e intercediendo por nosotros.

Queremos contar con tu ayuda. Ruega por nosotros.
Lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Oración de San Juan Pablo II para la Fiesta litúrgica de la Natividad de la Virgen María. 8 de septiembre.

 

Hoy, 8 de septiembre, celebramos la Fiesta de la Natividad de la Virgen María. ¡Sí, hoy es el cumpleaños de Nuestra querida Madre! ¡Tengamos, sin falta, un especial momento de oración en este día de hoy, para la Madre de Dios y Madre Nuestra, que tanto nos cuida e intercede por nosotros desde el cielo.

Os dejo, por si queréis aprovecharla, una Oración de San Juan Pablo II en la Fiesta litúrgica de la Natividad de la Virgen María, rezada por el Santo Padre el 8 de septiembre de 1980, en la Misa celebrada en Frascati.

¡Madre Nuestra, intercede por tu Iglesia, en estos momentos de especial dificultad!

 

Vicente Montesinos

 

 

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¡Oh Virgen naciente,

esperanza y aurora de salvación para todo el mundo, vuelve benigna tu mirada materna hacia todos nosotros, reunidos aquí para celebrar y proclamar tus glorias!

¡Oh Virgen fiel,
que siempre estuviste dispuesta y fuiste solícita para acoger, conservar y meditar la Palabra de Dios, haz que también nosotros, en medio de las dramáticas vicisitudes de la historia, sepamos mantener siempre intacta nuestra fe cristiana, tesoro precioso que nos han transmitido nuestros padres!

¡Oh Virgen potente,
que con tu pie aplastaste la cabeza de la serpiente tentadora, haz que cumplamos, día tras dÍa, nuestras promesas bautismales, con las cuales hemos renunciado a Satanás, a sus obras y a sus seducciones, y que sepamos dar en el mundo un testimonio alegre de esperanza cristiana!

¡Oh Virgen clemente,
que abriste siempre tu corazón materno a las invocaciones de la humanidad, a veces dividida por el desamor y también, desgraciadamente, por el odio y por la guerra, haz que sepamos siempre crecer todos, según la enseñanza de tu Hijo, en la unidad y en la paz, para ser dignos hijos del único Padre celestial!

Amén.

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