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Adoración y Liberación

Por Vicente Montesinos

Categoría

SANTOS

“Los que no quieren ser vencidos por la Verdad, son vencidos por el error”

Vicente Montesinos

 

 

¿Algo que añadir a San Agustín?

Feliz día de este grande; y que él siga intercediendo por nosotros y por la Iglesia de Cristo en estos momentos cruciales.

 

Y ahora, a seguir trabajando…

 

 

 

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San Tarsicio, los monaguillos, los obispos infieles, los jóvenes adoradores y San Juan Pablo II…

Vicente Montesinos

 

 

 

Hoy, 14 de agosto, víspera de la Asunción de la Virgen,  celebramos la fiesta de San Tarsicio.

San Tarcisio era un acólito o ayudante de los sacerdotes en Roma.

Después de participar en una Santa Misa en las Catacumbas de San Calixto fue encargado por el obispo para que llevara la Sagrada Eucaristía a los cristianos que estaban en la cárcel, prisioneros por proclamar su fe en Jesucristo.

Por la calle se encontró con un grupo de jóvenes paganos que le preguntaron qué llevaba allí bajo su manto. Él no les quiso decir que guardaba, y los otros lo atacaron ferozmente para robarle la Eucaristía.

Tarsicio prefirió morir antes que entregar tan sagrado tesoro. Cuando estaba siendo apedreado llegó un soldado cristiano y alejó a los atacantes.

Tarcisio le encomendó que les llevara la Sagrada Comunión a los encarcelados, y murió contento de haber podido dar su vida por defender el Sacramento y las Sagradas formas donde está el Cuerpo y la Sangre de Cristo.

El Martirologio Romano cuenta así la vida de este santo:

En Roma, en la Vía Apia fue martirizado Tarcisio, acólito. Los paganos lo encontraron cuando transportaba el Sacramento del Cuerpo de Cristo y le preguntaron qué llevaba. Tarcisio quería cumplir aquello que dijo Jesús: “No arrojen las perlas a los cerdos”, y se negó a responder. Los paganos lo apalearon y apedrearon hasta que exhaló el último suspiro pero no pudieron quitarle el Sacramento de Cristo. Los cristianos recogieron el cuerpo de Tarcisio y le dieron honrosa sepultura en el Cementerio de Calixto”.
Sobre su tumba escribió el Papa San Dámaso este hermoso epitafio: “Lector que lees estas líneas: te conviene recordar que el mérito de Tarcisio es muy parecido al del diácono San Esteban, a ellos los dos quiere honrar este epitafio. San Esteban fue muerto bajo una tempestad de pedradas por los enemigos de Cristo, a los cuales exhortaba a volverse mejores. Tarcisio, mientras lleva el sacramento de Cristo fue sorprendido por unos impíos que trataron de arrebatarle su tesoro para profanarlo. Prefirió morir y ser martirizado, antes que entregar a los perros rabiosos la Eucaristía que contiene la Carne Divina de Cristo“.

 

Tarsicio. Monaguillo valiente, mártir por defender la Sagrada Eucaristía.

Esa que hoy hasta nuestros obispos desprecian impidiendo arrodillarse ante ella.

Hace pocos días otros monaguillos eran perseguidos por arrodillarse ante el Señor. Esta vez no por paganos, si no por su propio Obispo.

Fieles monaguillos, jóvenes adoradores y amantes de la Eucaristía todos… Hoy es vuestro patrón…

Como me dijo San Juan Pablo II al oído, con voz cansada y entrecortada, un 9 de octubre de 2004, en el Vaticano: ¡Jóvenes adoradores, adelante!

¡Feliz día de San Tarsicio!

 

SAN PABLO NO GUSTA A LOS PROGRES.

Vicente Montesinos

29 de junio, San Pedro y San Pablo. 

 

 

 

Hoy celebramos la gran fiesta de San Pedro y San Pablo. Día grande. Y como tal, sometido también al análisis de los estultos.

Hoy la progresía post-conciliar nos hablará mucho de San Pedro. Creen ellos, en su absoluta ignorancia, que les hace más favor a sus pretendidas causas. Sin embargo no hablarán mucho de San Pablo. El de Tarso no es muy querido por esta tropa. En su fuero interno no le perdonan su carácter, su defensa férrea de la verdadera doctrina, y su “rigidez”. Su “avinagramiento”, cual pepinillo.

Es por tanto que mientras algunos seguimos esperando a un nuevo “San Pablo”, los eclesiásticos progres se sienten molestos por el modelo episcopal que San Pablo presenta. Un modelo no muy favorecedor de los falsos “discernimientos” y “acompañamientos”. Un modelo contrario a la cobardía episcopal, tan al uso; y al ecumenismo de corta y pega.

Manda narices que en mi ya dilatada experiencia eclesial haya oido tan pocas veces hablar profundamente y con la admiración que merece del gran Pablo. Y especialmente manda narices que lo que más haya escuchado de él, en otro alarde de desconocimiento absoluto de lo que Saulo de Tarso significó; sea su frasecita en 1 Tim. 3,2; cuando decía aquello de “los obispos sean casados una sola vez“. Eso sí que les gusta; creyendo en su estulticia que esa frase legitima su ansiado fin del celibato. Quién tiene hambre sueña rollos. Y es que esto es lo que pasa cuando el nivel teológico y doctrinal no da para más.

No continúan nuestros amiguitos sin embargo leyendo en la misma carta la consigna de San Pablo de que  los obispos gocen de buena fama, para que no caigan en el descrédito ni en las redes del diablo. Eso no conviene.

Por supuesto, ni mencionar el episodio recogido en Gálatas en el que San Pablo reconviene públicamente a San Pedro, el cual, como buen Papa, acepta humildemente la corrección. Quien les iba a decir que 2000 años después íbamos a estar tan atrasados en este asunto; especialmente a ellos, que sólo quieren “abrir puertas”, “avanzar hacia los cambios”, “armar lío” y “romper fronteras” (y doctrinas). Venga, vamos a recordárselo, que seguramente desde el Seminario no lo habrán vuelto a leer: «[…] Viendo que a mí me había sido encomendado el evangelizar a los incircuncisos, así como a Pedro la evangelización de los circuncisos –pues el que dio fuerza a Pedro para el apostolado de los circuncisos me la dio también a mí para el apostolado de los gentiles–, y reconociendo la gracia que me fue dada, Santiago, Cefas y Juan, que eran reputados como columnas, dieron a mí y a Bernabé la mano en señal de comunión, para que Más cuando Cefas (nombre arameo con el que era conocido San Pedro) vino a Antioquía, le resistí cara a cara, por ser digno de reprensión. Pues él, antes que viniesen ciertos hombres de parte de Santiago, comía con los gentiles; mas cuando llegaron aquellos se retraía y se apartaba, por temor a los que eran de la circuncisión. Y los otros judíos incurrieron con él en la misma hipocresía, tanto que hasta Bernabé se dejó arrastrar por la simulación de ellos. Mas cuando yo vi que no andaban rectamente, conforme a la verdad del Evangelio, dije a Cefas en presencia de todos: “Si tú, siendo judío, vives como los gentiles y no como los judíos, ¿cómo obligas a los gentiles a judaizar?”» (Gal 2, 7-14).

Y mucho menos aquella frase de Pablo, también en Gálatas, que recoge la centralidad de la defensa de las Sagradas Escrituras, la sana doctrina, el magisterio bimilenario y la tradición, y que todo sucesor de los apóstoles debiera llevar grabada a fuego; en vez de empeñarse en contradecir sin piedad. Venga. La recordamos. Estamos de rebajas, que hoy es fiesta grande:  Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema. Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema. Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo.

¡Qué grandeza! ¡Que claridad! ¡Qué valentía! Y que necesario es hoy que Obispos, sacerdotes, consagrados y laicos, vuelvan a la senda de esa defensa del dogma, tan amenazado, si no vapuleado, cada día que pasa.

San Pablo es demasiado para los eclesiásticos progre-modernistas. Por eso hoy necesitamos tantos “San Pablo”, y tenemos tan pocos. Hace falta santidad. Energía. Desapego al mundo. Renuncia a hacer carrera. Ausencia de miedo a perder los privilegios eclesiástico-mundanos o las perspectivas de futuro que cada uno ambiciona en su corazón. Tenemos muy pocos. Y además están silenciados. O mandados a callar.

Cuanto nos enseña el incidente de Antioquía anteriormente expuesto. San Pedro se dedicaba a disimular ante los judíos para que éstos no se enfadaran por las exigencias del cristianismo naciente. Vamos, que ya entonces el Vicario de Cristo “tendía puentes”, y “discernía caso a caso”. Y en el concilio de Jerusalén ya se estuvo a punto de redactar un capítulo 8 de Amoris Laetitia. Pero Pablo lo impidió. Le cantó las cuarenta al Papa, y aquí paz, y después gloria.

¿Hubo problema? Ninguno. Porque Pedro era humilde. Pero de verdad, no de postureo. Aceptó la reprimenda, teniendo claro que la Iglesia no era su cortijo, sino que sobre él se edificaba la misma, en una misión que consistía en guardar el depósito de la fe (no en desbaratarlo) Y si para ello tenía que recular, pues reculaba.

Y menos mal que San Pedro aceptó con humildad. Porque aquello salvó a la Iglesia. Y ahí lo tuvimos: un Vicario de Cristo en su lugar, y un Obispo en su lugar. “Le resistí en la cara”, dice San Pablo. Y punto. Sin dobleces. Sin circunloquios. Sin medias vueltas.

No. San Pablo no les gusta. En otra ocasión le dijo a Tito (1, 9) como característica necesaria de todo Obispo: ser capaz de ajustarse a la enseñanza recibida, para que sea capaz de exhortar con la sana doctrina y corregir a los adversarios. Y el propio Jesucristo tuvo que decirle a San Pedro en otra ocasión: Tú me escandalizas, porque piensas como los hombres, no como Dios. No. Todo esto no puede gustarles.

Ahora, que parece que todo ha cambiado, aunque no lo queramos ver, y que lo bueno es pensar como los hombres, aunque sea profanando la Eucaristía o lo que se ponga por delante, San Pablo va quedando cada vez más relegado.

Pero no en el corazón de Cristo, desde luego. Ni en el de los católicos fieles. Que saben cual fue su papel. Que saben cuan necesario es hoy su ejemplo. Que confían en que, por que no, pronto otro San Pablo abra la boca. Y quizá, así, una vez más, y como siempre, por gracia de Dios, la Iglesia sea salvada.

AMDG.

 

 

 

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San Juan Bosco, San Pablo, Santo Tomás de Aquino y… el Papa de Roma (o la inexistente doctrina del progremodernismo)

Vicente Montesinos

Hoy celebramos a un gran santo de la Iglesia. A San Juan Bosco. Padre y Maestro de la Juventud, la Iglesia de las últimas décadas (y la propia Sociedad de San Francisco de Sales,otro grandísimo santo) han reducido las enseñanzas de Don Bosco a la porción “jóvenes”; que entienden como actividades lúdicas, entretenimiento, y poca cosa más.

Es curioso como los salesianos, por ejemplo, hablan de Don Bosco y los jóvenes (fundamental, por cierto, porque ningún Santo antes ni después ha trabajado tanto la juventud para Dios como mi querido San Juan Bosco), pero esconden que él a sus jóvenes no sólo les hacía fiestas: les enseñaba como en la vida tenemos dos pilares a los que aferrarnos, sin los que no podemos vivir: la Eucaristía, y María. Esto ha quedado enterrado. No vaya a molestarse el mundo.

Como enterradas fueron las campanadas de San Josemaría. No nos tachen de muy “tradis”.

Y así va funcionando esta Iglesia, que licúa los mensajes para atraer a la gente; y acaba por no atraer a nadie, y espantar a los de dentro. Resultado: menos fe que hace 50 años, Iglesias más vacías que hace 50 años, y seminarios más vacíos que hace 50 años. Y no me vale que me digan desde España que eso era así porque Franco obligaba (que ese sería otro tema a debatir), porque el fenómeno es exactamente igual en toda la vieja Europa; y no digamos si atendemos al asunto americano, y a como las sectas evangélicas nos “comen la tostada” esparciendo la herejía, mientras nosotros nombramos al inmundo Lutero “testigo fiel del Evangelio.

Es el Progremodenismo. No tiene doctrina. Porque tenerla cuesta faena y además te enfrenta al “mundo”. Vale más dejarse arrastrar por él, y acabar siendo eso: una sucursal de la ONU, una pieza del NOM, o una ONG más en el planeta tierra.

Al respecto asistí digitalmente a un interesante debate con gente como Juan Donnet o Daniel Lubo .

Y el tema está claro: la “Iglesia en acogida” no tienes argumentos doctrinales. Ya nada sabe de Santo Tomás de Aquino, hablando de grandes santos. De hecho odia a los tomistas. Se basa en puras apelaciones sentimentales, en emotividad de baja calaña y en viscoso sentimentalismo.

Se basa en la machacona premisa de que el Papa es impecable e infalible siempre, y que, por tanto, se le debe una obediencia, como dice Donnet, “ciega y zombie“. Y eso, queridos hermanos, no es católico; nos lo vendan como nos lo vendan. El nivel doctrinal es deprimente, por su inexistencia.

Cuando no se estudia a Santo Tomas se dice cualquier cosa. Se anula la capacidad de resistencia. Esa que deriva de la virtud de la fortaleza; ya que si me atacan la verdadera Fe de Cristo, debería defenderme aunque sea el Papa el que la ataca.

No tenemos la obligación de seguir los dislates de un Papa por que no se le dio asistencia del Espíritu Santo para ello. Esto me lo recordaba Daniel en las redes, y tiene toda la razón.

Si un Papa y su linea eclesial fuere nocivo, y su postura hiriera la profundidad del ser de de la Iglesia y su unidad; mi obligación como católico sería la de resistirle. Con todo el dolor del mundo.

Hoy, los “doctores” que tenemos, y que rodean a la curia y a gran parte del episcopado, leen mucho, y saben mucho. No sabemos de qué. Pero sin la guía de San Pablo (quien corrigió a Pedro con la humilde aceptación de aquel); sin la humildad de San Pedro; y sin la brújula de Santo Tomas, y de los Santos Padres;  se le hace decir a la Biblia y al Magisterio cualquier memez que acomode la doctrina a lo que uno quiere.

Y eso precisamente no es de Dios, ni de su Iglesia.

Ya lo decía San Pablo: «¿Creéis acaso que vosotros sois vuestros dueños? Sabedlo, no os pertenecéis. ¿Ignoráis a que precio habéis sido rescatados? Vosotros sois de Cristo y Cristo es de Dios»

Luego no nos es licito creer o pensar lo que nos venga en gana sobre el cuerpo de doctrina en que se asienta la Iglesia, aunque, como vulgarmente se dice, “lo diga el Papa de Roma”.

¡Y como hasta el cielo no paramos, que Dios os bendiga!

 

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Padre, me abandono a ti…

Vicente Montesinos

Hoy es el día del Beato Charles de Foucauld. El apóstol del abandono.
Os invito a rezar hoy su oración. La oración de entrega y abandono a Dios. Yo la rezo cada día, y es una bendición.
Especialmente necesaria en estos tiempos en los que, muchas veces, por mucho que luchemos, al final hay que cerrar los ojos, y decir: Padre, en tus manos lo abandono todo.
Y llegue a la paz.
Para de nuevo, al día siguiente, volver a la lucha, y si las cosas no salen: Padre me abandono a ti. Y si salen: Padre me abandono a ti.
¡Feliz día en el Señor y bajo la intercesión del beato Charles de Foucauld!

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Autor: Charles de Foucauld

Padre, me pongo en tus manos, 
haz de mí lo que quieras, 
sea lo que sea, te doy las gracias.

Estoy dispuesto a todo, 
lo acepto todo, 
con tal que tu voluntad se cumpla en mí, 
y en todas tus criaturas.
No deseo nada más, Padre.
Te confío mi alma, 
te la doy con todo el amor 
de que soy capaz, 
porque te amo.
Y necesito darme, 
ponerme en tus manos sin medida, 
con una infinita confianza, 
porque Tú eres mi Padre.

¡En la Gracia de nuestro Señor Jesucristo, feliz día de Todos Los Santos!

Vicente Montesinos

Durante todo el año celebramos la fiesta de muchos santos famosos. 

Pero la Iglesia ha querido recordar que en el cielo hay innumerables santos que no cabrían en el calendario. Por eso nos regala esta solemne fiesta de Todos los Santos que abarca a todos nuestros hermanos que ya están en el cielo. 

Multitudes de santos desconocidos por nosotros pero amadísimos de Dios. 

La fiesta de Todos los Santos no es solo para recordar, sino también una llamada a que vivamos todos nuestra vocación a la santidad, cada uno según su propio estado de vida (como solteros, casados, viudos, consagrados, etc.). Y es que Dios nos creó para que seamos santos. 

La fiesta de Todos los Santos no es solo para recordar, sino también una llamada a que vivamos todos nuestra vocación a la santidad, cada uno según su propio estado de vida. 

Según el Papa, Benedicto XVI, “El santo es aquel que está tan fascinado por la belleza de Dios y por su perfecta verdad que éstas lo irán progresivamente transformando. Por esta belleza y verdad está dispuesto a renunciar a todo, también a sí mismo. Le es suficiente el amor de Dios, que experimenta y transmite en el servicio humilde y desinteresado del prójimo”.

Es la fiesta de la Iglesia triunfante, todos los Santos que estan con el Señor.
“…¿no habéis leído lo que Dios ha dicho: Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob? Dios no es Dios de muertos, sino de vivos”. (Mat 22, 31-32)

No existen “santos muertos”…por que todos están vivos en el Señor. Y desde alli nos acompañan 
Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante (Heb 12:1)

¡En la Gracia de nuestro Señor Jesucristo, feliz día de Todos Los Santos!

4 de octubre: San Francisco de Asís, la pobreza, la “teología de la liberación” y las profanaciones.

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Hoy celebramos la memoria de San Francisco de Asís; fundador de la Orden de los Franciscanos; y del cual relata el Martirologio Romano: Memoria de san Francisco, el cual, después de una juventud despreocupada, se convirtió a la vida evangélica en Asís, localidad de Umbría, en Italia, y encontró a Cristo sobre todo en los pobres y necesitados, haciéndose pobre él mismo. Instituyó los Hermanos Menores y, viajando, predicó el amor de Dios a todos y llegó incluso a Tierra Santa. Con sus palabras y actitudes mostró siempre su deseo de seguir a Cristo, y escogió morir recostado sobre la nuda tierra ( 1226).

San Francisco fue, sin duda, uno de los santos más importantes de la Historia de la Iglesia; y siempre desde el seno de la misma, su labor supuso una auténtica inyección de esperanza en muchos aspectos del mundo cristiano. Tenemos varios testimonios que muestran claramente cómo la figura de San Francisco fue considerada un auténtico renacer de la vitalidad espiritual de la Iglesia Católica.

Pero más que glosada está la vida y milagros de este gran santo; y no voy a detenerme hoy más en él que para encomendarnos a su protección y ayuda; en estos momentos tan complejos que vive la Iglesia Católica, además de para felicitar a los Hermanos Franciscanos y a todos los que hoy celebran su onomástica.

Lo que sí que quiero es aprovechar su memoria para reflexionar sobre cómo la “pobreza” en la que vivió San Francisco, y que es una actitud evangélica que supo seguir desde la radicalidad; ni es sólo pobreza material; ni debe ser la coartada para aquellos sectores postconciliares que han intentado desde hace más de 40 años mezclar churras con merinas, justificar una participación de la Iglesia en política (especialmente en la de izquierdas) y llevar a Nuestra Santa Madre por caminos tan peligrosos como fueron (y son) los de la Teología de la Liberación, y demás herejías modernistas.

 

Lo que sí que quiero es aprovechar para reflexionar sobre cómo la “pobreza” en la que vivió San Francisco, y que es una actitud evangélica que supo seguir desde la radicalidad; ni es sólo pobreza material; ni debe ser la coartada para aquellos sectores postconciliares que han intentado desde hace más de 40 años mezclar churras con merinas, justificar una participación de la Iglesia en política (especialmente en la de izquierdas) y llevar a Nuestra Santa Madre por caminos tan peligrosos como fueron (y son) los de la Teología de la Liberación, y demás herejías modernistas.

 

No. No es esa la pobreza de San Francisco. Por supuesto que es vivir una vida desprendida de los bienes no necesarios y de compromiso con las necesidades del prójimo. Y sobre todo, seguir a Cristo, quien necesitado de todo, falto de las mínimas comodidades, que no se niegan al más desamparado de los hombres, por voluntad y elección propia nace en la gruta de Belén. Pobreza, desamparo y desnudez, se dieron cita al venir al mundo el Rey de los cielos.

Pero también es pobreza interior, junto a la externa. Aunque parezca lo contrario, es mucho más difícil y meritoria aquella; y ésta última debería ser como la manifestación y consecuencia de la interna. Porque la base de la pobreza de espíritu es la renuncia y el dominio del “yo”. Sujetado éste, surgirá como natural consecuencia el total desprendimiento.

Es también una “entrega de todo a Dios”. No es la privación de unos bienes, ni el hacer gastos más o menos necesarios, ni el privarse de un traje que nos agrade. Todo esto puede ayudarnos; pero sin la entrega de la voluntad; sin la donación interior, de poco o nada aprovechan las muestras de pobreza externa.

Y sobretodo también exige que no caigamos en, queriendo quedarnos en lo “externo”, contrariar más a Dios que si nos quedáramos “quietecitos”, porque eso, desde luego, no sólo no sería no seguir el ejemplo de San Francisco; sino caer en el peligro de alejarnos de las Sagradas Escrituras, el Magisterio y la Tradición.

¿Qué que me viene a la cabeza ahora mismo al decir esto? Pues muchos casos de abusos y falsas utilizaciones de la “pobreza” que hemos hecho en la reciente historia de nuestra Iglesia, exhibiendo algunos “cacaos mentales” poco propios de una vida de piedad.

Quizá el más reciente sea como se nos ha quedado la cara a muchos padres que hemos enseñado a nuestros hijos a “no llevar cosas de comer a la Iglesia”, y vemos como el Papa Francisco ha disfrutado de un “almuerzo solidario” con prisioneros, pobres y refugiados dentro de la Basílica de San Petronio en Bolonia (Italia), evento presentado explícitamente como parte del calendario del Santo Padre para su última visita pontifical.

 

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Sin duda los defensores usuales de este tipo de actos de Francisco encontrarán maneras de excusar esta profanación de una casa consagrada para la adoración de Dios. Pueden señalar la “magnanimidad” de Francisco para los marginados, recordarnos que Cristo dio a la gente de comer antes de instruirlos, etc… Pero no me sirve nada de eso; ya que no había necesidad real de comer dentro del edificio sagrado. Nadie estaba a punto de morir de hambre, y la comida podría haber sido muy fácil de servir a todo el mundo fuera de la basílica. Y por supuesto no hace falta decir que Francisco no pasó a continuación de la comida a instruir a nadie en el verdadero Evangelio de Cristo.

 

Sin duda los defensores usuales de los este tipo de actos de Francisco encontrarán maneras de excusar esta profanación de una casa consagrada para la adoración de Dios. Pueden señalar la “magnanimidad” de Francisco para los marginados, recordarnos que Cristo dio a la gente de comer antes de instruirlos, etc… Pero no me sirve nada de eso; ya que no había necesidad real de comer dentro del edificio sagrado. Nadie estaba a punto de morir de hambre, y la comida podría haber sido muy fácil de servir a todo el mundo fuera de la basílica. Y por supuesto no hace falta decir que Francisco no pasó a continuación de la comida a instruir a nadie en el Evangelio de Cristo.

 

Sin olvidar a Jesús echando a los mercaderes del Templo; viene bien traer a colación lo que específicamente San Pablo nos dice acerca de comer y beber en lo que se refiere al culto divino:  ¿Qué? ¿Acaso no tienen sus propias casas para comer y beber? ¿O de veras quieren deshonrar a la iglesia de Dios y avergonzar a los pobres? ¿Qué se supone que debo decir? ¿Quieren que los elogie? Pues bien, ¡de ninguna manera los elogiaré por esto!” (1 Cor 11, 20-22) Yo no soy Papa, pero… a ver… creo que el mandato bíblico lo entiende cualquiera. ¿No?

 

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¿Me entienden ahora cuando digo que la pobreza no es solo material, y que además no puede ser “utilizada” para ofender a Dios?

Quizá, San Francisco de Asís; a quien el Señor le dijo: “Francisco, reconstruye mi iglesia, ¿no ves que amenaza ruina?”, sea uno de los santos más apropiados a los que encomendarnos en estos momentos.

 

Vicente Montesinos

Santa Teresa del Niño Jesús. 1 de octubre. Semblanza y oración. 

Martirologio Romano: Memoria de santa Teresa del Niño Jesús, virgen y doctora de la Iglesia, que entró aún muy joven en el monasterio de las Carmelitas Descalzas de Lisieux, llegando a ser maestra de santidad en Cristo por su inocencia y simplicidad. Enseñó el camino de la perfección cristiana por medio de la infancia espiritual, demostrando una mística solicitud en bien de las almas y del incremento de la Iglesia, y terminó su vida a los veinticinco años de edad, el día treinta de septiembre († 1897)

Bella memoria la del día de hoy a esta jovencísima doctora de la Iglesia, que tanto nos enseño   sobre el “caminito” de la humildad, el abandono y la infancia espiritual. 

Los manuscritos autobiográficos que había redactado por obediencia a sus superiores, fueron publicados pocos años después en la obra: “Historia de un alma”. Su fama de santidad se extendió rápidamente. 

El papa Pío XI beatificó, canonizó y proclamó patrona de las misiones a Santa Teresita durante su pontificado. 

En octubre de 1997, el papa Juan Pablo II la declaró doctora de la Iglesia.

Oremos a esta gran intercesora por la Iglesia y por el mundo. Y que sepamos, como ella quería, llegar a Dios por el camino de la sencillez, el abandono y la humildad. 
                                      Vicente Montesinos



                                  ORACIÓN

Oh bienaventurada Santa Teresita del Niño Jesús, que habéis prometido hacer caer una lluvia de rosas, desde el cielo, dirigid a mí vuestros ojos misericordiosos y escuchadme en mis múltiples necesidades. Grande es vuestro poder porque Dios os ha hecho grande entro los santos del cielo.

Os suplico, pues, oh mi amable protectora, me alcancéis de Dios las gracias que os pido, siempre que sea para mayor honra de Dios y salvación de mi alma. Os suplico de un modo especial que me hagáis participar de las rosas que nos habéis prometido, apartando mi corazón de las vanidades y placeres caducos de esta vida, y enseñándome a amar a Jesús y a María con amor verdadero, para que así pueda un día gozar con vos de la eterna bienaventuranza. Así sea.

V. Rogad por nosotros, oh bienaventurada Santa Teresita

R. Para que seamos dignos de la lluvia de rosas que nos habéis prometido.

29 de septiembre. San Miguel Arcángel. ¡Ruega por España!

San Miguel es uno de los siete arcángeles y está entre los tres cuyos nombres aparecen en la Biblia. Los otros dos son Gabriel y Rafael, cuya festividad también celebramos hoy. 

La Santa Iglesia da a San Miguel el más alto lugar entre los arcángeles y le llama “Príncipe de los espíritus celestiales”, “jefe o cabeza de la milicia celestial”. 

Ya desde el Antiguo Testamento aparece como el gran defensor del pueblo de Dios contra el demonio y su poderosa defensa continúa en el Nuevo Testamento.

La cristiandad desde la Iglesia primitiva venera a San Miguel como el ángel que derrotó a Satanás y sus seguidores y los echó del cielo con su espada de fuego.

Es tradicionalmente reconocido como el guardián de los ejércitos cristianos contra los enemigos de la Iglesia y como protector de los cristianos contra los poderes diabólicos, especialmente a la hora de la muerte.

En cuanto a su relación profunda con la Eucaristía, no siempre tan conocida, cabe decir que San Miguel preside el culto de adoración que se rinde al Altísimo y ofrece a Dios las oraciones de los fieles simbolizadas por el incienso que se eleva ante el altar. La liturgia nos presenta a San Miguel como el que lleva el incienso y está de pie ante el altar como nuestro intercesor. 

Es muy interesante notar en las apariciones marianas, como en Fátima o Garabandal, que han incluido manifestaciones de San Miguel, sobre su relación con la Eucaristía, y la adoración debida a Jesús Eucarístico y a la Santísima Trinidad. 

El Papa León XIII, después de unas espectaculares visiones, compuso esta oración, que tradicionalmente y con acierto se ha rezado en cada Eucaristía de todo el orbe, hasta que el Concilio Vaticano II suprimió su obligación. 

Os invito a rezarla hoy, y siempre que podáis, con denuedo: 

“San Miguel Arcángel,

defiéndenos en la batalla.

Sé nuestro amparo

contra la perversidad y asechanzas

del demonio.

Reprímale Dios, pedimos suplicantes,

y tú Príncipe de la Milicia Celestial,

arroja al infierno con el divino poder

a Satanás y a los otros espíritus malignos

que andan dispersos por el mundo

para la perdición de las almas.

Amén.” 

Además, aunque como os comentaba,  no es obligación, se puede continuar con gran provecho la práctica de rezar esta oración después de la Santa Misa como se hacía antes del Concilio Vaticano II. 

Por otra parte es tradición añadir este párrafo final en España a esta poderosísima oracion:

Glorioso Arcángel,

defiende a España y su Iglesia

y protege al Papa,

para que podamos ver pronto

el glorioso triunfo de los Corazones de Jesús y María. Amén


No puede ser más oportuno ni necesario rezar ambos fragmentos, por la iglesia universal y su situación, y por España, en estas horas cruciales.

San Miguel, San Gabriel y San Rafael nos ayuden y protejan. 

                                         Vicente Montesinos

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