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Adoración y Liberación

Por Vicente Montesinos

Categoría

San Pablo

SAN PABLO NO GUSTA A LOS PROGRES.

Vicente Montesinos

29 de junio, San Pedro y San Pablo. 

 

 

 

Hoy celebramos la gran fiesta de San Pedro y San Pablo. Día grande. Y como tal, sometido también al análisis de los estultos.

Hoy la progresía post-conciliar nos hablará mucho de San Pedro. Creen ellos, en su absoluta ignorancia, que les hace más favor a sus pretendidas causas. Sin embargo no hablarán mucho de San Pablo. El de Tarso no es muy querido por esta tropa. En su fuero interno no le perdonan su carácter, su defensa férrea de la verdadera doctrina, y su “rigidez”. Su “avinagramiento”, cual pepinillo.

Es por tanto que mientras algunos seguimos esperando a un nuevo “San Pablo”, los eclesiásticos progres se sienten molestos por el modelo episcopal que San Pablo presenta. Un modelo no muy favorecedor de los falsos “discernimientos” y “acompañamientos”. Un modelo contrario a la cobardía episcopal, tan al uso; y al ecumenismo de corta y pega.

Manda narices que en mi ya dilatada experiencia eclesial haya oido tan pocas veces hablar profundamente y con la admiración que merece del gran Pablo. Y especialmente manda narices que lo que más haya escuchado de él, en otro alarde de desconocimiento absoluto de lo que Saulo de Tarso significó; sea su frasecita en 1 Tim. 3,2; cuando decía aquello de “los obispos sean casados una sola vez“. Eso sí que les gusta; creyendo en su estulticia que esa frase legitima su ansiado fin del celibato. Quién tiene hambre sueña rollos. Y es que esto es lo que pasa cuando el nivel teológico y doctrinal no da para más.

No continúan nuestros amiguitos sin embargo leyendo en la misma carta la consigna de San Pablo de que  los obispos gocen de buena fama, para que no caigan en el descrédito ni en las redes del diablo. Eso no conviene.

Por supuesto, ni mencionar el episodio recogido en Gálatas en el que San Pablo reconviene públicamente a San Pedro, el cual, como buen Papa, acepta humildemente la corrección. Quien les iba a decir que 2000 años después íbamos a estar tan atrasados en este asunto; especialmente a ellos, que sólo quieren “abrir puertas”, “avanzar hacia los cambios”, “armar lío” y “romper fronteras” (y doctrinas). Venga, vamos a recordárselo, que seguramente desde el Seminario no lo habrán vuelto a leer: «[…] Viendo que a mí me había sido encomendado el evangelizar a los incircuncisos, así como a Pedro la evangelización de los circuncisos –pues el que dio fuerza a Pedro para el apostolado de los circuncisos me la dio también a mí para el apostolado de los gentiles–, y reconociendo la gracia que me fue dada, Santiago, Cefas y Juan, que eran reputados como columnas, dieron a mí y a Bernabé la mano en señal de comunión, para que Más cuando Cefas (nombre arameo con el que era conocido San Pedro) vino a Antioquía, le resistí cara a cara, por ser digno de reprensión. Pues él, antes que viniesen ciertos hombres de parte de Santiago, comía con los gentiles; mas cuando llegaron aquellos se retraía y se apartaba, por temor a los que eran de la circuncisión. Y los otros judíos incurrieron con él en la misma hipocresía, tanto que hasta Bernabé se dejó arrastrar por la simulación de ellos. Mas cuando yo vi que no andaban rectamente, conforme a la verdad del Evangelio, dije a Cefas en presencia de todos: “Si tú, siendo judío, vives como los gentiles y no como los judíos, ¿cómo obligas a los gentiles a judaizar?”» (Gal 2, 7-14).

Y mucho menos aquella frase de Pablo, también en Gálatas, que recoge la centralidad de la defensa de las Sagradas Escrituras, la sana doctrina, el magisterio bimilenario y la tradición, y que todo sucesor de los apóstoles debiera llevar grabada a fuego; en vez de empeñarse en contradecir sin piedad. Venga. La recordamos. Estamos de rebajas, que hoy es fiesta grande:  Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema. Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema. Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo.

¡Qué grandeza! ¡Que claridad! ¡Qué valentía! Y que necesario es hoy que Obispos, sacerdotes, consagrados y laicos, vuelvan a la senda de esa defensa del dogma, tan amenazado, si no vapuleado, cada día que pasa.

San Pablo es demasiado para los eclesiásticos progre-modernistas. Por eso hoy necesitamos tantos “San Pablo”, y tenemos tan pocos. Hace falta santidad. Energía. Desapego al mundo. Renuncia a hacer carrera. Ausencia de miedo a perder los privilegios eclesiástico-mundanos o las perspectivas de futuro que cada uno ambiciona en su corazón. Tenemos muy pocos. Y además están silenciados. O mandados a callar.

Cuanto nos enseña el incidente de Antioquía anteriormente expuesto. San Pedro se dedicaba a disimular ante los judíos para que éstos no se enfadaran por las exigencias del cristianismo naciente. Vamos, que ya entonces el Vicario de Cristo “tendía puentes”, y “discernía caso a caso”. Y en el concilio de Jerusalén ya se estuvo a punto de redactar un capítulo 8 de Amoris Laetitia. Pero Pablo lo impidió. Le cantó las cuarenta al Papa, y aquí paz, y después gloria.

¿Hubo problema? Ninguno. Porque Pedro era humilde. Pero de verdad, no de postureo. Aceptó la reprimenda, teniendo claro que la Iglesia no era su cortijo, sino que sobre él se edificaba la misma, en una misión que consistía en guardar el depósito de la fe (no en desbaratarlo) Y si para ello tenía que recular, pues reculaba.

Y menos mal que San Pedro aceptó con humildad. Porque aquello salvó a la Iglesia. Y ahí lo tuvimos: un Vicario de Cristo en su lugar, y un Obispo en su lugar. “Le resistí en la cara”, dice San Pablo. Y punto. Sin dobleces. Sin circunloquios. Sin medias vueltas.

No. San Pablo no les gusta. En otra ocasión le dijo a Tito (1, 9) como característica necesaria de todo Obispo: ser capaz de ajustarse a la enseñanza recibida, para que sea capaz de exhortar con la sana doctrina y corregir a los adversarios. Y el propio Jesucristo tuvo que decirle a San Pedro en otra ocasión: Tú me escandalizas, porque piensas como los hombres, no como Dios. No. Todo esto no puede gustarles.

Ahora, que parece que todo ha cambiado, aunque no lo queramos ver, y que lo bueno es pensar como los hombres, aunque sea profanando la Eucaristía o lo que se ponga por delante, San Pablo va quedando cada vez más relegado.

Pero no en el corazón de Cristo, desde luego. Ni en el de los católicos fieles. Que saben cual fue su papel. Que saben cuan necesario es hoy su ejemplo. Que confían en que, por que no, pronto otro San Pablo abra la boca. Y quizá, así, una vez más, y como siempre, por gracia de Dios, la Iglesia sea salvada.

AMDG.

 

 

 

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¡San Ireneo, ruega por nosotros!

Vicente Montesinos

Feliz día, en los sagrados corazones de Jesús y de María; que hoy encomendamos a la intercesión de San Ireneo, sabio padre de la iglesia, combatiente contra la herejía, y defensor de la verdad atemporal y no relativa de Cristo.

Como siempre en estos casos, murió entregando su vida por el Señor, para mayor gloria de Dios.

Él nos alcance la valentía que se espera de nosotros y se refleja en frases como la que hoy os proponemos.

No tiene desperdicio: “Y ni el que posee dotes oratorias entre los que presiden las iglesias, enseñará nada distinto a lo que os hemos dicho, ya que nadie está por encima de su maestro”

Valiente admonición de San Ireneo para que nadie, desde el Papa hasta el último cristiano, se abrogue el derecho a mutar el evangelio de Jesucristo y la verdad atemporal.

¡Cómo nos recuerda San Ireneo a San Pablo!; cuando nos dice: “y si os presentarán otro evangelio distinto al que os hemos predicado, sea un ángel del cielo, o nosotros mismos, sea anatema “.

Unidad de criterio, coherencia, fidelidad a la verdad atemporal, a la sana doctrina, a la tradición, al magisterio, y a las sagradas escrituras.

Justo lo que hoy necesitamos.

¡San Ireneo, ruega por nosotros!

¡Hasta el cielo no paramos!

En la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, permitidme esta reflexión…

Vicente Montesinos

 

 

 

 

Llegamos hoy a esta gran Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús; y nos vienen a la cabeza y al corazón tantas celebraciones, tantas devociones, tanta historia de Amor de Jesús para con nosotros.

Recordamos también esas revelaciones del Sagrado Corazón de Jesús a Santa Margarita María de Alacoque; y las promesas del Corazón Divino a los hombres.

Pero todavía más importante que todo esto (que lo es) es darnos cuenta de la razón por la cual el Señor se revela. Porque nos recuerda constantemente una realidad, que es la del inmenso Amor que Dios nos tiene. Dios nos amó primero.

Y tanto es así, que en la primera lectura de hoy, del profeta Oseas, se nos recuerda esta grandeza: Cuando Israel era joven lo amé, y de Egipto lo llamé a mi Hijo…, … y los atraje, con vínculos de amor

Jesucristo, a través de los profetas está amando y atrayendo a su pueblo; a su pueblo que ahora es la Iglesia.

El pueblo entonces, y ahora, es duro de entendederas y de respuesta a Dios, pero a pesar de eso constantemente Dios nos sigue regalando su amor.

Está muy extendida la creencia y el “dicho” fácil y sensiblero de que el Dios del Antiguo Testamento es un Dios terrible y duro; frente al del Nuevo Testamento; un Dios dulce y misericordioso.

Pues bien, no nos dejemos engañar. El Dios del Antiguo Testamento es el mismo que el del Nuevo Testamento. Y sí; nos vendan lo que nos vendan, tiene su exigencia tremenda, y tiene su Amor tremendo. Y en estas profecías bíblicas lo explica perfectamente el Señor: ¡cómo mi Corazón está perturbado al ver el poco caso que el pueblo de Israel me hace”

Y sigue perturbado su Sagrado Corazón, y bueno es recordarlo hoy, al ver el poco caso que los hombres, y especialmente los cristianos, le hacemos.

Pero es más, nos dice: ¡Yo no actuaré con el ardor de mi cólera; y no volveré a destruir a mi pueblo, porque yo soy su Dios! 

El corazón de Dios es un corazón que no es variable como el nuestro; a quienes nos cuesta amar. El Corazón de Nuestro Señor se fija plenamente en lo que Él ha creado, que es el hombre; porque sabe que esa frágil criatura necesita del Amor de Dios.

Y así emerge una más grande realidad: Cristo nos ha redimido muriendo en la Cruz. ¡Cristo ha triturado nuestros pecados muriendo en la Cruz! Como nos dicen hoy la Sagradas escrituras, “su corazón fue traspasado… ¡Mirarán al que traspasaron!” Y Jesucristo con esto nos da dos grandes lecciones: en primer lugar, el inmenso amor que Dios nos tiene; y segundo, como ese Amor llega al cúlmen con la muerte de Jesucristo en la Cruz; para destrozar nuestros pecados.

Por lo tanto… ¿Qué es lo que tiene que hacer el hombre? Fijarse constantemente en este Amor de Dios. Y fijarse en este Amor que a Cristo le costó su Sangre. Y ello nos llevará a la consecuencia a donde quería llegar: si los cristianos queremos hacer realmente una experiencia de Cristo, y queremos realmente colaborar con la Gracia de Dios para ser apóstoles, no podemos rechazar la Cruz de nuestra vida.

La naturaleza humana, herida por el pecado, busca apartar todo lo que le cuesta; todo lo que no es fácil; todo lo que no es cómodo. Pero hay una certeza: no ha habido ningún santo que haya querido llegar al cielo apartando la Cruz de su vida. Luego nosotros tenemos que identificarnos cada vez más con la Cruz del Señor, y sobretodo con la cruz que el Señor quiere para cada uno de nosotros; que es un regalo de Dios, aunque a veces no lo experimentemos así, porque esa cruz es la que limpia, tritura y deshace nuestros pecados, para, imitando el Amor de Dios que se entrega, entregarnos nosotros a Él, cumpliendo la voluntad de Dios en nuestras vidas.

Un voluntad de Dios que a veces es dura, crujiente… Y otras veces es suave, tranquila… Pero ahí está Cristo con nosotros. Y nos lo recuerda constantemente; regalándonos el Sacrificio de la Santa Misa, para que vivamos esa entrega plena, junto a Él, cada día de nuestra vida, hasta el final de los tiempos.

Así Cristo nos va configurando en una constante actividad de fe, esperanza y caridad: el inmenso Amor de Dios basta para salvarte a ti por la Cruz de su Hijo y su Sagrado Corazón amante; pero si queremos santificar nuestra vida, y unirnos a Dios en la Gloria eterna, hemos de ser colaboradores de la Gracia y unirnos a Jesucristo en la Cruz y en su Sagrado Corazón atravesado.

No basta ser una “buena persona”. No basta “vivir cristianamente”. Porque las manchas que nos ensucian hemos de arrancarlas, con la ayuda del Señor, que quiere que lleguemos al final de nuestras vidas con un alma plenamente limpia. Con un corazón, cuanto más mejor, igual al suyo, que para eso se nos ha dado.

Queridos hermanos, siempre, pero más nunca, en este día de gracia, pensar que podemos ser santos sin permitir que el Sagrado Corazón de Jesús vaya limpiando, no solo el pecado mortal, sino la infinidad de impurezas que inundan nuestro ser, es un ejercicio de ingenuidad, temeridad y pecado.

Por lo que conseguir alinear nuestro corazón al Sagrado Corazón de Jesús ha de ser nuestra meta, aunque sepamos que no es algo que podamos conseguir sólo por nosotros mismos; sino siendo dóciles para que la Gracia de Dios nos vaya haciendo ver donde están nuestras imperfecciones.

¿Difícil? ¡Sí! San Pablo, en su carta a los Efesios, con toda su pasión apostólica, intenta hacernos entender cómo se nos ha dado la gracia de anunciar a los gentiles la riqueza insondable de Cristo, e iluminar la realización del misterio escondido desde el principio de los siglos”. ¡Porque nuestra vida es un misterio! ¡Como es un misterio Dios mismo! Pero ese misterio se va revelando, primero a través de la Iglesia, y después a nivel personal, para tener esa experiencia de Cristo que  nos lleve a una vida en plenitud.

Nunca intelectualmente llegaremos a entenderlo todo, y solo cara a cara lo entenderemos en el Cielo junto al Señor, si es que a él llegamos. Pero en este mundo sí que podemos tomar esa actitud de humildad ante el Sagrado Corazón de Jesús, y de permitir que Él vaya purificándonos.

¡Confiemos en la Grandiosidad del Corazón de Cristo, aunque nuestra pobre cabeza y nuestro pobre corazón sean tan pequeños!

Con San Pablo, podemos así decir, que “viviendo de esta forma llegaréis así a vuestra plenitud, y entenderéis lo alto, lo ancho,  lo profundo…” Se le acaban las palabras al Apóstol para definir el Amor del Corazón de Dios para con nosotros…, y su riqueza insondable, que quiere darse a los hombres, pero que requiere de los hombres, no solo para vivir apartados del pecado, sino para aspirar a esa plenitud de Dios.

Colocándoos a todos dentro del Sagrado Corazón de Nuestro Señor Jesús, le pido humildemente que así sea.

 

 

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La felicidad se encuentra en Dios.

Vicente Montesinos

 

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Se afanan muchos por encontrar los ocultos senderos de la dicha en las realidades que fascinan: el mundo (con sus encantos y bellezas), la tecnología, las riquezas, la belleza física, y otros tantos ídolos que aglutinan ingentes cantidades de admiradores.

Más todo esto no son más que pálidos reflejos. Apagados destellos de una superior y única realidad. Por ello nunca se encontrarán en estas cosas ni el manantial, ni la fuente, ni el origen de la felicidad.

Más ambiciosos, nosotros pensamos que todas las participaciones, todas las partículas de felicidad derramadas acá y allá en la tierra, no son más que fragmentos minúsculos y partecillas nimias de la auténtica felicidad, causa y raíz de toda otra que quiera merecer tal nombre.

Como las ansias y deseos del alma son, en este sentido, incontenibles, inmensos e ilimitados, nadie sino el Ser Infinito, Ilimitado y Eterno podrá ser quien proporcione al hombre la saciedad plena en sus deseos de felicidad.

Ya el Obispo de Hipona había comprendido a la perfección toda la profundidad de este pensamiento y lo expresó en una frase que será siempre definitiva en su contenido: “Nos has hecho, Señor, para Ti, e inquieto está nuestro corazón hasta que descanse en Ti” (Confesiones, I, 1)

Afirmar que la felicidad auténtica no se encuentra más que en Dios es decir algo que está muy dentro de la convicción de los fieles católicos. Y sí, Jesucristo nos promete esa felicidad, en una etapa celestial y perdurable; pero nos regala una etapa terrena y humana donde el hombre debe conseguir su perfeccionamiento progresivo, ayudado por la Gracia y la presencia real, vital y operante de Dios.

Él es nuestra dicha, aún en esta tierra. Nuestra felicidad, en este mundo, y en el otro. 

Contra el Edén materialista de todos los tiempos, opone Cristo el paraíso espiritual, que es el resultado de la presencia y acción de Dios en el alma del justo durante su existencia sobre la tierra.

Con San Pablo, “In Ipso vivimus, movemus et sumus”, y es imposible ser conscientes de esta proximidad y cercanía del Señor, y no experimentar los saludables efectos de esta realidad.

Si Dios es la fuente de la felicidad y el cielo es la suma de todas las venturas por hallarse en él Dios, su presencia real y operante en el alma del justo proporcionará lógicamente la alegría, la paz y la felicidad que nadie podrá arrebatar.

En Él encontrará el hombre la saciedad de sus deseos más íntimos, en cuanto es posible en este mundo.

Y por cierto… ¿Donde es más posible? Muy cerquita del sagrario.

Y porque hasta el cielo no paramos, que Dios os bendiga. 

 

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San Juan Bosco, San Pablo, Santo Tomás de Aquino y… el Papa de Roma (o la inexistente doctrina del progremodernismo)

Vicente Montesinos

Hoy celebramos a un gran santo de la Iglesia. A San Juan Bosco. Padre y Maestro de la Juventud, la Iglesia de las últimas décadas (y la propia Sociedad de San Francisco de Sales,otro grandísimo santo) han reducido las enseñanzas de Don Bosco a la porción “jóvenes”; que entienden como actividades lúdicas, entretenimiento, y poca cosa más.

Es curioso como los salesianos, por ejemplo, hablan de Don Bosco y los jóvenes (fundamental, por cierto, porque ningún Santo antes ni después ha trabajado tanto la juventud para Dios como mi querido San Juan Bosco), pero esconden que él a sus jóvenes no sólo les hacía fiestas: les enseñaba como en la vida tenemos dos pilares a los que aferrarnos, sin los que no podemos vivir: la Eucaristía, y María. Esto ha quedado enterrado. No vaya a molestarse el mundo.

Como enterradas fueron las campanadas de San Josemaría. No nos tachen de muy “tradis”.

Y así va funcionando esta Iglesia, que licúa los mensajes para atraer a la gente; y acaba por no atraer a nadie, y espantar a los de dentro. Resultado: menos fe que hace 50 años, Iglesias más vacías que hace 50 años, y seminarios más vacíos que hace 50 años. Y no me vale que me digan desde España que eso era así porque Franco obligaba (que ese sería otro tema a debatir), porque el fenómeno es exactamente igual en toda la vieja Europa; y no digamos si atendemos al asunto americano, y a como las sectas evangélicas nos “comen la tostada” esparciendo la herejía, mientras nosotros nombramos al inmundo Lutero “testigo fiel del Evangelio.

Es el Progremodenismo. No tiene doctrina. Porque tenerla cuesta faena y además te enfrenta al “mundo”. Vale más dejarse arrastrar por él, y acabar siendo eso: una sucursal de la ONU, una pieza del NOM, o una ONG más en el planeta tierra.

Al respecto asistí digitalmente a un interesante debate con gente como Juan Donnet o Daniel Lubo .

Y el tema está claro: la “Iglesia en acogida” no tienes argumentos doctrinales. Ya nada sabe de Santo Tomás de Aquino, hablando de grandes santos. De hecho odia a los tomistas. Se basa en puras apelaciones sentimentales, en emotividad de baja calaña y en viscoso sentimentalismo.

Se basa en la machacona premisa de que el Papa es impecable e infalible siempre, y que, por tanto, se le debe una obediencia, como dice Donnet, “ciega y zombie“. Y eso, queridos hermanos, no es católico; nos lo vendan como nos lo vendan. El nivel doctrinal es deprimente, por su inexistencia.

Cuando no se estudia a Santo Tomas se dice cualquier cosa. Se anula la capacidad de resistencia. Esa que deriva de la virtud de la fortaleza; ya que si me atacan la verdadera Fe de Cristo, debería defenderme aunque sea el Papa el que la ataca.

No tenemos la obligación de seguir los dislates de un Papa por que no se le dio asistencia del Espíritu Santo para ello. Esto me lo recordaba Daniel en las redes, y tiene toda la razón.

Si un Papa y su linea eclesial fuere nocivo, y su postura hiriera la profundidad del ser de de la Iglesia y su unidad; mi obligación como católico sería la de resistirle. Con todo el dolor del mundo.

Hoy, los “doctores” que tenemos, y que rodean a la curia y a gran parte del episcopado, leen mucho, y saben mucho. No sabemos de qué. Pero sin la guía de San Pablo (quien corrigió a Pedro con la humilde aceptación de aquel); sin la humildad de San Pedro; y sin la brújula de Santo Tomas, y de los Santos Padres;  se le hace decir a la Biblia y al Magisterio cualquier memez que acomode la doctrina a lo que uno quiere.

Y eso precisamente no es de Dios, ni de su Iglesia.

Ya lo decía San Pablo: «¿Creéis acaso que vosotros sois vuestros dueños? Sabedlo, no os pertenecéis. ¿Ignoráis a que precio habéis sido rescatados? Vosotros sois de Cristo y Cristo es de Dios»

Luego no nos es licito creer o pensar lo que nos venga en gana sobre el cuerpo de doctrina en que se asienta la Iglesia, aunque, como vulgarmente se dice, “lo diga el Papa de Roma”.

¡Y como hasta el cielo no paramos, que Dios os bendiga!

 

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¿Cómo, cómo, cómo…? Las preguntas se amontonan. Me atribulan. Las rezo. Las medito. Le pido a Dios comprenderle, Santo Padre…

 

Vicente Montesinos

 

“No temo a lo que los hombres puedan hacerme por decir la verdad. Solo temo a lo que Dios me haría si mintiese” (SAN JUAN BOSCO)

 

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S.S el Papa Francisco

 

La verdad es que los católicos nos definimos por nuestra adhesión inquebrantable a la Iglesia, una, santa, y apostólica. Nuestra obediencia a las Sagradas Escrituras, al Magisterio, a la Tradición. Y por supuesto, nuestra unión efectiva al Santo Padre, siempre que hable ex cathedra o establezca dogmas de fe; y afectiva, debiera ser, en todo lo ideológico, práctico, diario, pastoral…

La lástima es que el Papa Francisco ha perdido ya la adhesión afectiva de gran parte de los católicos (todos los fieles al Magisterio Bimilenario) y que lleva camino de perder definitivamente la adhesión incluso efectiva. Con el desastre, peligro y escándalo que ello supone para Nuestra amada Santa Iglesia Católica.

No se puede sentir más dolor como católico que al observar la impronta que este pontificado está imprimiendo a nuestra Iglesia. No se puede sentir más estupefacción al descubrir que no hay ningún Pablo dispuesto a corregir firmemente a Pedro, con los propios instrumentos que la Iglesia posee, y cesar de una vez con esta situación de descontento, confusión, apostasía, destrucción y dejadez.

 

No se puede sentir más estupefacción al descubrir que no hay ningún Pablo dispuesto a corregir firmemente a Pedro, con los propios instrumentos que la Iglesia posee, y cesar de una vez con esta situación de descontento, confusión, apostasía, destrucción y dejadez.

 

Y no se puede sentir más soledad (bueno sí, seguramente la que sentiré después de este artículo) al tratar a diario con tantos obispos, presbíteros, religiosos, diáconos… y observar que nadie está dispuesto a dar la cara por el Resto Fiel. Sí. El resto fiel. Todos esos millones de católicos que asisten perplejos al desmontaje, lento, pero paulatino y efectivo, de toda nuestra sana doctrina.

Santísimo Padre, Su Santidad es Pedro. Pero ello no me exhime de mi deber de denunciar lo que, en conciencia, y desde mi humilde modo de ver, está siendo una actuación pontifical que nos lleva a una pendiente peligrosísima, y a una constante pérdida de almas.

Me decían hoy que no publicara este artículo. Que me metería en problemas. Lo sé. Pero mi principal problema sería rendir cuentas al Altísimo por no cumplir con mi deber. Mi público es Dios. Y mi Madre la Iglesia, y si alguien la va a dañar, la voy a defender con uñas y dientes, le pese a quien le pese; que poco me importa, y me juegue lo que me juegue, que me importa menos aún. Yo quiero poder seguir comulgando a diario con la conciencia tranquila.

El conflicto generado por Amoris Laetitia; presentado en pequeñas dosis; en forma de famosas notas 351, y de su complemento a las mismas en ruedas de prensa de avión, etc… (los juristas hablaríamos de nocturnidad y alevosía); nos ha llevado a episcopados enteros enfrentados por esta violación de la sana doctrina; a diócesis contra diócesis; a parroquias contra parroquias; a sacerdotes contra sacerdotes; a fieles contra fieles; en un enfrentamiento y un juego de la confusión desconocido en la Santa Madre Iglesia desde hace centenares de años.  La alarma invade a la Iglesia. Pero Francisco no hace nada para volver a poner orden. Sigue adelante; sin ni siquiera prestar atención a los cardenales que le presentan sus “dubia” (que van muriendo poco a poco); las correcciones filiales; las dudas de muchos de nosotros sobre cuestiones capitales de la doctrina que vemos en peligro y le pedimos que clarifique, etc.

El tremendo espectáculo dado en torno al 500 aniversario de la mayor herejía de la historia; y el homenaje a ese nefasto personaje llamado Lutero dado por el Papa Francisco; con los continuos pasos hacia la protestantización de la Iglesia llevados a término por este Pontificado; con el silencio, la aquiescencia y la ayuda del Colegio Cardenalicio y de gran parte de los Obispos (el último episodio ha sido el sellito conmemorativo con los dos heresiarcas en el lugar de la Virgen y de San Juan) ; es un tremendo misil en la línea de flotación de la única Iglesia de Cristo; y un insulto a todos los que dieron su vida en defensa de la Iglesia tras el sucio golpe de Lutero y sus secuaces.

La purga de todo Cardenal, Obispo o “cargo” que le lleve la contraria al Papa, o que pregunte, únicamente, por la confusa doctrina actual, no tiene antecedentes en la historia moderna.

El ascenso a importantes lugares de responsabilidad de personajes de, por ser finos, dudosa fidelidad al Magisterio y a la Sana Doctrina (pro-abortistas, miembros o simpatizantes del Lobby LGTB, ecologistas radicales, miembros de otras confesiones…) que dejan día a día estupefactos a millones de católicos.

Las humillaciones a prelados de sana doctrina, como Muller o Sarah, sin ir más lejos, y entre otros; y el aislamiento a quienes, como Monseñor Schneider, sigue siendo fiel a la doctrina de la Iglesia; está siendo inmisericorde, en el llamado, paradójicamente, “pontificado de la misericordia”.

Y es que esta actitud despótica real contrasta con la cara simpática, buenista, progremodernista y light de un papado contradictorio, que más allá de confirmar en la fe, confirma en la constante confusión. Porque hasta los hermanos que estén satisfechos con este Pontificado (únicamente por que “arma lío”) estarán de acuerdo en que la claridad y lucidez brilla por su ausencia.

La lista es larguísima. Aburriría. Y descorazonaría. Más aún.

Santidad: me siento triste, y preocupado. Por la Iglesia; y por usted. Los verdaderos católicos hemos de ayudarle. Queremos ayudarle. Pero sinceramente, tras casi 5 años de intentos, ya no sabemos como hacerlo. Nos limitamos cada vez más a rezar, no sólo por Su Santidad, como siempre, sino por que el Señor envíe luces para salir de esta dificilísima situación.

¿Por donde quiere llevar la liturgia, tan sagrada? ¿Cuales son sus líneas en lo moral, que se apartan peligrosamente de las enseñanzas que la Iglesia nos ha dado; y del depósito de la Fe que hemos recibido, y del que Su Santidad es custodio, y no dueño absoluto?

¿Porqué ese cariño hacia los enemigos de la Iglesia y ese tono despectivo constante con los llamados “tradicionalistas“, a quienes descalifica con evidente falta de caridad, causándonos un indescriptible dolor? A quienes así se dirige, en su gran mayoría, aman la sagrada tradición de la Iglesia y, lejos de obsesionarse con el pasado, como Su Santidad afirma, o ser estrechos de mente, antiguos, o tantas y tantas cosas como ha manifestado; están muy preocupados por el futuro de la Iglesia, sintiéndose responsables de su defensa. Una defensa que pareciera Su Santidad ha declinado.

Santidad… Es que no pararía… ¿Por qué amenaza la unidad de la Iglesia, dando poder a las conferencias episcopales para traducir y crear sus propias liturgias? ¿Qué interés tiene en ello? ¿Porque acabar con los pocos legados que nos van quedando de universalidad y de catolicidad en esta Iglesia en crisis?

Santidad… ¿Porque nos obliga a tragar con un falso ecumenismo; que más que acercar a los hermanos alejados a casa, se muestra indiferente con que los fieles estén o no dentro de la Iglesia?

¿Porqué desobedece a Cristo quien nos manda a evangelizar, diciendo que no le interesa traer fieles a la Iglesia Católica y que eso es proselitismo?

¿Por qué nadie denuncia, si me lo permite Su Santidad, estas, a mi humilde modo de ver, barbaridades; y le ayuda a reflexionar sobre estos clarísimamente erróneos derroteros?

Obispos que defienden la ilegalidad contribuyendo con su ánimo a golpes de Estado en democracias occidentales… Arzobispos que apoyan guías que animan a menores de edad a fornicar, tomar anticonceptivos y abortar… Cardenales que piden renunciar a nuestras creencias más importantes en aras del diálogo…  Etc, etc, etc…. ¿Porqué no dice nada, Santidad; y si alguien le habla de la defensa de la sagrada tradición lo aparta de la vida eclesial?

Santidad; sabemos que usted es infalible sólo cuando, en calidad de Pastor y Maestro de todos los cristianos, en virtud de su suprema y apostólica autoridad, define que una doctrina acerca de la fe o de las costumbres debe ser abrazada por la Iglesia universal. Me gustaría sentir su infalibilidad más allá de ello; pero me es imposible. ¿Qué pecado cometo? ¿Cómo debo tomar las reacciones a este artículo que, mientras escribo, a los pies del Santísimo Sacramento, ya vislumbro?

¿Cómo hemos llegado hasta aquí? ¿Como ha dejado que el modernismo, el paganismo, el relativismo, el buenismo y la corrección política tomen las riendas del Vaticano, y desde allí, las del mundo católico?

¿Cómo ha conseguido, Santidad, decir cosas como que a usted no le interesa convertir a los protestantes, contradiciendo flagrantemente a Cristo; y que multitudes de católicos le aplaudan, desde una papolatría ignorante e insultante? ¿Como ha conseguido que sus hermanos en el Episcopado y casi todos los sacerdotes del mundo callen?

¿Cómo puede decir a las madres de familia que cumplen con amor con el Catecismo y las enseñanzas de la Iglesia que paren como conejas, y que nadie se queje?

¿Cómo, cómo, cómo…? Las preguntas se amontonan. Me atribulan. Las rezo. Las medito. Le pido a Dios comprenderle, Santo Padre. Le pido, más allá de mi fidelidad al Obispo de Roma, sentir ese afecto por su pontificado que sería deseable… Pero no puedo. Mi amor a la Iglesia y mi conciencia me lo impiden.

 

¿Cómo, cómo, cómo…? Las preguntas se amontonan. Me atribulan. Las rezo. Las medito. Le pido a Dios comprenderle, Santo Padre. Le pido, más allá de mi fidelidad al Obispo de Roma, sentir ese afecto por su pontificado que sería deseable… Pero no puedo. Mi amor a la Iglesia y mi conciencia me lo impiden. 

 

Santidad, usted parece haber tomado definitivamente partido por una Iglesia que se mueva con el mundo. Y los católicos requerimos una Iglesia que mueva al mundo.

Su Santidad parece querer que nos acomodemos al modernismo; en lugar de luchar contra él.

Con el debido respeto Santidad; ya no estamos en los años 60. Ya no hay que andar revolucionado ni armando lío. Ya bastante se ha armado. Y de aquellos barros, estos lodos. Lo que necesitamos es volver a nuestras raíces, a nuestra esencia, a nuestra fe; y a pastores que sepan conducirnos hacia el corazón del Evangelio de Cristo, y no fuera de él.

 

Con el debido respeto Santidad; ya no estamos en los años 60. Ya no hay que andar revolucionado ni armando lío. Ya bastante se ha armado. Y de aquellos barros, estos lodos. Lo que necesitamos es volver a nuestras raíces, a nuestra esencia, a nuestra fe; y a pastores que sepan conducirnos hacia el corazón del Evangelio de Cristo, y no fuera de él.

 

Papa Francisco: le imploro que piense sobre lo que humildemente escribo, y vea urgentemente formas de hallar dónde está hoy el rebaño. Porque camina hacia el acantilado . No logrará esto rodeándose con quienes aún viven en los 60.

Así que vuelva, o mejor, vaya, donde siempre hubo de estar; y abrace la sagrada tradición de la Iglesia. 

Porque, y aunque esta frase me cueste, como se dice en mi barrio, “vida, hacienda y corazón”, humildemente le digo, que se está usted equivocando. Y si no es así, peor me lo pone.

Se despide de Su Santidad, su obediente y humilde servidor.

 

 

 

 

¿Naftalina?

Vicente Montesinos

 

 

 

 

 

Decía Nuestro Señor Jesucristo: “¡Vayan y hagan mis discípulos a todos los pueblos; enseñándoles a guardar todo lo que les he mandado!”

 

Decía San Pablo: “Si alguien, aunque fuera un ángel del cielo, les predicara OTRO Evangelio distinto, sea ANATEMA”

 

Dice el Papa Francisco: “La doctrina no es algo para guardar con naftalina”

 

Dice el tonto del pueblo (yo): ¿No enseñó Cristo un cuerpo de doctrina aplicable a todos los tiempos y a todos los hombres?

Propuesta para la santidad: humildad, confianza, vivir el presente, amor y gratitud.

Es a través de mis debilidades donde actúa Dios con su poder y lo que yo no puedo llevar a cabo con mi fuerza es Él quien lo hace. En lugar de percibir mi pobreza como un inconveniente o un obstáculo, he de concebirla como una gracia. En este convencimiento se puede caminar hacia la salvación día a día, paso a paso.

He de saber además que el amor a Dios se expresa principalmente mediante la humildad y la confianza. Reconocer la propia nada y esperarlo todo de Dios, como un niñito lo espera todo de su padre; y no preocuparse por nada.

 

He de saber además que el amor a Dios se expresa principalmente mediante la humildad y la confianza. Reconocer la propia nada y esperarlo todo de Dios, como un niñito lo espera todo de su padre

 

Así lo veía Santa Teresita de Lisieux; quien concibió su “caminito” de confianza como el modo más rápido de alcanzar la santidad. Aceptar recibir de la mano de Dios, día tras día, todo lo necesario, sin preocuparme del pasado ni del futuro.

 

Así lo entendió Charles de Foucauld al practicar su exquisito abandono; o San Josemaría Escrivá quién nos dejó una bellísima jaculatoria sobre el mismo.

 

 

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Santa Teresita de Lisieux

 

¿El secreto? Día tras día hacer lo que se me pide, sin preocupaciones, sin miedo, con la certeza de que Dios es fiel y me da en cada momento lo que necesito.

¿Qué cómo? Humildad, confianza, vivir el momento presente, amor y gratitud. Son las actitudes que atraen la gracia de Dios.

 

¿Qué cómo? Humildad, confianza, vivir el momento presente, amor y gratitud. Son las actitudes que atraen la gracia de Dios.

 

No hay que olvidar que el desánimo es una expresión del orgullo. Cuando se es humilde uno no se desanima pues confía en Dios y en sí mismo. Además; no puedo servir a Dios y querer tener una vida fácil. Por lo que ten paciencia, acéptate como pobre, deposita toda tu esperanza en la infinita misericordia de Dios y confía en que Dios puede sacar bien de todo, incluso de estas zonas de penumbra presentes en tu vida.

Acepta que no tienes fuerzas, sin caer en el desánimo. Sé un pobre de espíritu y Jesús vendrá a buscarte. Esa es la confianza sin limites en Dios, que acorta el camino hacia la santidad. A la inversa, lo que ofende más a Jesús y hiere su corazón es la falta de confianza en Él. Dios no espera que seamos perfectos, sino que nos fiemos de Él, con una confianza total.

Y es que tanto alcanzaremos de Él cuanto nuestra alma de Él espere. Y al fin y al cabo, sabemos, con San Pablo, que todo contribuye al bien de quienes aman al Señor.

 

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San Pablo

 

En definitiva; transitemos por la vida hacia la santidad con humildad, confianza, viviendo el presente, con amor y con gratitud. Y atraeremos las gracias de Dios sobre nuestra existencia.

 

 

Vicente Montesinos

Perla del evangelio de hoy: la Conversión de San Pablo. 


En aquel tiempo, Jesús se apareció a los once y les dijo: «Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación. El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará. Éstas son las señales que acompañarán a los que crean: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán en lenguas nuevas, agarrarán serpientes en sus manos y aunque beban veneno no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien».

Señor, nos exhortas a ir por el mundo y predicar tú buena nueva. Y nos das dones para tus elegidos, al servicio de los demás, si tenemos fe.

Lo haces además el día de la conversión de San Pablo.

La oración colecta de hoy, propia de la fiesta, nos dice: «Oh Dios, que con la predicación del Apóstol san Pablo llevaste a todos lo pueblos al conocimiento de la verdad, concédenos, al celebrar hoy su conversión, que, siguiendo su ejemplo, caminemos hacia Ti como testigos de tu verdad».

Una verdad que nos has concedido conocer y que tantas y tantas almas desearían poseer: tenemos la responsabilidad de transmitir hasta donde podamos este maravilloso patrimonio.

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