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Adoración y Liberación

Por Vicente Montesinos

Categoría

San Juan Bosco

San Juan Bosco, San Pablo, Santo Tomás de Aquino y… el Papa de Roma (o la inexistente doctrina del progremodernismo)

Vicente Montesinos

Hoy celebramos a un gran santo de la Iglesia. A San Juan Bosco. Padre y Maestro de la Juventud, la Iglesia de las últimas décadas (y la propia Sociedad de San Francisco de Sales,otro grandísimo santo) han reducido las enseñanzas de Don Bosco a la porción “jóvenes”; que entienden como actividades lúdicas, entretenimiento, y poca cosa más.

Es curioso como los salesianos, por ejemplo, hablan de Don Bosco y los jóvenes (fundamental, por cierto, porque ningún Santo antes ni después ha trabajado tanto la juventud para Dios como mi querido San Juan Bosco), pero esconden que él a sus jóvenes no sólo les hacía fiestas: les enseñaba como en la vida tenemos dos pilares a los que aferrarnos, sin los que no podemos vivir: la Eucaristía, y María. Esto ha quedado enterrado. No vaya a molestarse el mundo.

Como enterradas fueron las campanadas de San Josemaría. No nos tachen de muy “tradis”.

Y así va funcionando esta Iglesia, que licúa los mensajes para atraer a la gente; y acaba por no atraer a nadie, y espantar a los de dentro. Resultado: menos fe que hace 50 años, Iglesias más vacías que hace 50 años, y seminarios más vacíos que hace 50 años. Y no me vale que me digan desde España que eso era así porque Franco obligaba (que ese sería otro tema a debatir), porque el fenómeno es exactamente igual en toda la vieja Europa; y no digamos si atendemos al asunto americano, y a como las sectas evangélicas nos “comen la tostada” esparciendo la herejía, mientras nosotros nombramos al inmundo Lutero “testigo fiel del Evangelio.

Es el Progremodenismo. No tiene doctrina. Porque tenerla cuesta faena y además te enfrenta al “mundo”. Vale más dejarse arrastrar por él, y acabar siendo eso: una sucursal de la ONU, una pieza del NOM, o una ONG más en el planeta tierra.

Al respecto asistí digitalmente a un interesante debate con gente como Juan Donnet o Daniel Lubo .

Y el tema está claro: la “Iglesia en acogida” no tienes argumentos doctrinales. Ya nada sabe de Santo Tomás de Aquino, hablando de grandes santos. De hecho odia a los tomistas. Se basa en puras apelaciones sentimentales, en emotividad de baja calaña y en viscoso sentimentalismo.

Se basa en la machacona premisa de que el Papa es impecable e infalible siempre, y que, por tanto, se le debe una obediencia, como dice Donnet, “ciega y zombie“. Y eso, queridos hermanos, no es católico; nos lo vendan como nos lo vendan. El nivel doctrinal es deprimente, por su inexistencia.

Cuando no se estudia a Santo Tomas se dice cualquier cosa. Se anula la capacidad de resistencia. Esa que deriva de la virtud de la fortaleza; ya que si me atacan la verdadera Fe de Cristo, debería defenderme aunque sea el Papa el que la ataca.

No tenemos la obligación de seguir los dislates de un Papa por que no se le dio asistencia del Espíritu Santo para ello. Esto me lo recordaba Daniel en las redes, y tiene toda la razón.

Si un Papa y su linea eclesial fuere nocivo, y su postura hiriera la profundidad del ser de de la Iglesia y su unidad; mi obligación como católico sería la de resistirle. Con todo el dolor del mundo.

Hoy, los “doctores” que tenemos, y que rodean a la curia y a gran parte del episcopado, leen mucho, y saben mucho. No sabemos de qué. Pero sin la guía de San Pablo (quien corrigió a Pedro con la humilde aceptación de aquel); sin la humildad de San Pedro; y sin la brújula de Santo Tomas, y de los Santos Padres;  se le hace decir a la Biblia y al Magisterio cualquier memez que acomode la doctrina a lo que uno quiere.

Y eso precisamente no es de Dios, ni de su Iglesia.

Ya lo decía San Pablo: «¿Creéis acaso que vosotros sois vuestros dueños? Sabedlo, no os pertenecéis. ¿Ignoráis a que precio habéis sido rescatados? Vosotros sois de Cristo y Cristo es de Dios»

Luego no nos es licito creer o pensar lo que nos venga en gana sobre el cuerpo de doctrina en que se asienta la Iglesia, aunque, como vulgarmente se dice, “lo diga el Papa de Roma”.

¡Y como hasta el cielo no paramos, que Dios os bendiga!

 

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San Juan Bosco: padre, maestro y amigo


Hoy celebramos la entrañable festividad de San Juan Bosco, fundador de los salesianos, y apóstol  de la juventud y de la infancia.

Don Bosco, como lo conocemos todos los que hemos estado influidos por sus enseñanzas, tras una difícil niñez, y una ejemplar juventud, fue ordenado sacerdote y en la ciudad de Turín, en Italia, se dedicó con todas sus fuerzas a la formación de adolescentes.

Fundó la Sociedad Salesiana y, con la ayuda de santa María Dominica Mazzarello, el Instituto de las Hijas de María Auxiliadora, para enseñar oficios a la juventud e instruirles en la vida cristiana.

Su dedicación exclusiva, la de recoger a todos los jóvenes desamparados y formar buenos cristianos y honrados ciudadanos.
Con un estilo paternal, jovial, alegre, y profundo a la vez, fue el padre, maestro y amigo de miles y miles de jóvenes; y hoy sigue siendo modelo para  la juventud.

Sus dos pilares, como el siempre decía, y a los que siempre recurría: la eucaristía, y María.

De María dijo: Ella lo ha hecho todo.

Pidamos a Dios para que por intercesión de San Juan Bosco, los niños y jóvenes de esta sociedad tan complicada, sigan el camino del Señor y no abandonen sus valores.

Pidamos también por los salesianos de Don Bosco, para que sean capaces de seguir con el sueño del santo: ayudar y proteger a los más desfavorecidos entre los jóvenes, sin renunciar a una profunda vida eucarística y Mariana.

Lleno de virtudes y méritos, San Juan Bosco voló al cielo en este día en la ciudad de Turín, en Italia (1888).
Padre, maestro y amigo, los jóvenes del mundo  iremos tras de ti.

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