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Adoración y Liberación

Por Vicente Montesinos

Categoría

San Josemaría Escrivá

San Juan Bosco, San Pablo, Santo Tomás de Aquino y… el Papa de Roma (o la inexistente doctrina del progremodernismo)

Vicente Montesinos

Hoy celebramos a un gran santo de la Iglesia. A San Juan Bosco. Padre y Maestro de la Juventud, la Iglesia de las últimas décadas (y la propia Sociedad de San Francisco de Sales,otro grandísimo santo) han reducido las enseñanzas de Don Bosco a la porción “jóvenes”; que entienden como actividades lúdicas, entretenimiento, y poca cosa más.

Es curioso como los salesianos, por ejemplo, hablan de Don Bosco y los jóvenes (fundamental, por cierto, porque ningún Santo antes ni después ha trabajado tanto la juventud para Dios como mi querido San Juan Bosco), pero esconden que él a sus jóvenes no sólo les hacía fiestas: les enseñaba como en la vida tenemos dos pilares a los que aferrarnos, sin los que no podemos vivir: la Eucaristía, y María. Esto ha quedado enterrado. No vaya a molestarse el mundo.

Como enterradas fueron las campanadas de San Josemaría. No nos tachen de muy “tradis”.

Y así va funcionando esta Iglesia, que licúa los mensajes para atraer a la gente; y acaba por no atraer a nadie, y espantar a los de dentro. Resultado: menos fe que hace 50 años, Iglesias más vacías que hace 50 años, y seminarios más vacíos que hace 50 años. Y no me vale que me digan desde España que eso era así porque Franco obligaba (que ese sería otro tema a debatir), porque el fenómeno es exactamente igual en toda la vieja Europa; y no digamos si atendemos al asunto americano, y a como las sectas evangélicas nos “comen la tostada” esparciendo la herejía, mientras nosotros nombramos al inmundo Lutero “testigo fiel del Evangelio.

Es el Progremodenismo. No tiene doctrina. Porque tenerla cuesta faena y además te enfrenta al “mundo”. Vale más dejarse arrastrar por él, y acabar siendo eso: una sucursal de la ONU, una pieza del NOM, o una ONG más en el planeta tierra.

Al respecto asistí digitalmente a un interesante debate con gente como Juan Donnet o Daniel Lubo .

Y el tema está claro: la “Iglesia en acogida” no tienes argumentos doctrinales. Ya nada sabe de Santo Tomás de Aquino, hablando de grandes santos. De hecho odia a los tomistas. Se basa en puras apelaciones sentimentales, en emotividad de baja calaña y en viscoso sentimentalismo.

Se basa en la machacona premisa de que el Papa es impecable e infalible siempre, y que, por tanto, se le debe una obediencia, como dice Donnet, “ciega y zombie“. Y eso, queridos hermanos, no es católico; nos lo vendan como nos lo vendan. El nivel doctrinal es deprimente, por su inexistencia.

Cuando no se estudia a Santo Tomas se dice cualquier cosa. Se anula la capacidad de resistencia. Esa que deriva de la virtud de la fortaleza; ya que si me atacan la verdadera Fe de Cristo, debería defenderme aunque sea el Papa el que la ataca.

No tenemos la obligación de seguir los dislates de un Papa por que no se le dio asistencia del Espíritu Santo para ello. Esto me lo recordaba Daniel en las redes, y tiene toda la razón.

Si un Papa y su linea eclesial fuere nocivo, y su postura hiriera la profundidad del ser de de la Iglesia y su unidad; mi obligación como católico sería la de resistirle. Con todo el dolor del mundo.

Hoy, los “doctores” que tenemos, y que rodean a la curia y a gran parte del episcopado, leen mucho, y saben mucho. No sabemos de qué. Pero sin la guía de San Pablo (quien corrigió a Pedro con la humilde aceptación de aquel); sin la humildad de San Pedro; y sin la brújula de Santo Tomas, y de los Santos Padres;  se le hace decir a la Biblia y al Magisterio cualquier memez que acomode la doctrina a lo que uno quiere.

Y eso precisamente no es de Dios, ni de su Iglesia.

Ya lo decía San Pablo: «¿Creéis acaso que vosotros sois vuestros dueños? Sabedlo, no os pertenecéis. ¿Ignoráis a que precio habéis sido rescatados? Vosotros sois de Cristo y Cristo es de Dios»

Luego no nos es licito creer o pensar lo que nos venga en gana sobre el cuerpo de doctrina en que se asienta la Iglesia, aunque, como vulgarmente se dice, “lo diga el Papa de Roma”.

¡Y como hasta el cielo no paramos, que Dios os bendiga!

 

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¿Qué pasa en el Opus Dei? (2 de 2)

Vicente Montesinos

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Siguiendo con la primera parte de mi artículo, nos habíamos quedado en la siguiente cuestión. ¿Qué pasa en el Opus Dei?

Ya hace más de dos años leí una entrevista al Vicario General de la Obra; Mario Fazio, al que un medio como El País estaba encantado de entrevistar; y donde él parecía encantado de ser entrevistado, y, de paso, de haberse conocido. Todavía vivía Monseñor Echevarría; pero ya era evidente que Bergoglio había comenzado el encumbramiento de Fazio, ese amigo “con el Francisco se tutea”; número 2 de la obra; y que tras Ocáriz, Dios quiera que dentro de mucho tiempo, y si el mismo Señor no lo remedia, pasará a ser Prelado.

En dicha entrevista yo leí preocupado, y resistiéndome a darle importancia, cierta cosas manifestadas por el medio como que “El intento del Opus Dei por sintonizar con la onda renovadora del papa Francisco se llama Mariano Fazio“. Y con más preocupación leí ciertas respuestas de Fazio, como que, y por sólo mencionar algunas:

  • El papa Francisco ha introducido oxígeno a la Iglesia, que salía de un periodo complicado. Transmite la esencialidad del Evangelio. El oxígeno en gran parte se debe a la coherencia del papa Francisco, que hace lo que dice
  • Espero que lo que se está dando en el papado se repita en todos los ámbitos de la Iglesia, que esto no se quede como algo propio de un estilo Francisco
  • “Ahora Francisco está yendo más al corazón…”
  • A la pregunta de ¿Cómo se ven desde el Opus gestos de Francisco como casar a una madre soltera o recibir a un transexual…?, respondía: “Creo que está siguiendo el ejemplo de Jesucristo que vino a salvar a todos, pero en particular a los enfermos, a los pecadores… Todos somos pecadores. Me parece que no solo es bueno sino que es necesario. Yo no solo no condeno sino que aplaudo”
  • A la pregunta sobre la frase de Bergoglio de “quién soy yo para juzgar a los gais”, manifestó que “Está en plena coherencia con lo que dice San Pablo: solo Dios juzga. Esa frase no implica relativismo, sino respeto total y absoluto por cada persona”

Entenderán que el cuerpo se me quedara algo descompuesto tras dicha entrevista.

Falleció Echevarría, Fazio siguió acaparando protagonismo; y Francisco siguió con su plan de acabar con el Opus de San Josemaría desde dentro; y con Fazio como Caballo de Troya.

Todos saben a que me refiero, y a como el Opus ha dejado de ser el Opus que conocimos. Ni un atisbo de duda o crítica hacia lo criticable del Papa que esté fuera de una declaración ex-cathedra… Ni una palabra ante barbaridades tales como aquella de que las mujeres que tienen muchos hijos paren como conejas, con el dolor que supuso eso para tantas familias de la Obra… Ninguna declaración de ningún responsable de la Obra más allá de justificaciones infumables.

El colmo de la etapa Fazio llegó en septiembre de 2017, cuando el amigo y compatriota del Papa censuró y desautorizó con inusitada dureza (lo hizo él, y no el Prelado) a miembros del Opus Dei que firmaron la necesaria y valiente “correctio filialis” y les acusó de “escandalizar a toda la Iglesia con manifestaciones de desunión”.  El asunto fue, desde mi punto de vista, lamentable y escandaloso, por muchas razones, que ya conocen, y en las que no es necesario ahora extenderse.

En fin; todos pueden ver de que males adolece hoy el Opus Dei y que es lo que están sufriendo muchos miembros, colaboradores, fieles y simpatizantes de la obra, absolutamente abandonados en su fe por un Papa a la deriva en doctrina, y con el apéndice del Papa dentro de la Obra cercenando lo que siempre fue su modo de vivir la absoluta fidelidad al Magisterio bimilenario, la Sana Doctrina, la Tradición y las Sagradas Escrituras.

Lo que le pasa es que ha escondido las tres campanadas proféticas de San Josemaría Escrivá, donde el gran santo de Barbastro diagnosticó de forma clarividente los males que afligían y los que iban a afligir a la Iglesia; dando los oportunos remedios y soluciones, de los que la Obra, y toda la Iglesia, no ha hecho más que huir en dirección contraria

¿Qué le pasa al Opus Dei? Pues vamos a ser claros. Lo que le pasa es que ha escondido las tres campanadas proféticas de San Josemaría Escrivá, donde el gran santo de Barbastro diagnosticó de forma clarividente los males que afligían y los que iban a afligir a la Iglesia; dando los oportunos remedios y soluciones, de los que la Obra, y toda la Iglesia, no ha hecho más que huir en dirección contraria. Y ahora, que eso males son mucho más graves, y dichas Campanadas y sus recetas, necesarísimas, el Opus no desentierra las mismas, sino todo lo contrario; echa, con su increíble Bergoglismo, más capas de tierra sobre las tres finadas. Creo, tras mucho meditarlo, que esta traición al fundador es el resumen de todos los problemas. A partir de ahí; todos los que quieran, por ejemplo:

  • Sonrojante papismo, rayante en papolatría hacia un pontífice que encarna todos los valores doctrinales contrarios a los de San Josemaría.
  • Cierre de ojos a la dramática situación que está atravesando la Iglesia, aceptando acríticamente todo lo que viene de Roma, por nefasto que sea. Evidentemente hay que estar con el Papa, pero en la medida, y sólo en ella, en que el Papa esté con la Iglesia. De eso sabía mucho uno de los más grandes católicos de la Historia: San Josemaría.

  • Incapacidad de entusiasmar a tantos católicos tradicionales que fuimos acercándonos a la obra, buscando refugio espiritual, doctrinal y litúrgico ante la exacerbación de lo peor del Vaticano II. Muchos hemos buscado lo tradicional en la Obra y lo que la Obra nos muestra es una versión disimulada del modernismo del que huíamos. Con el agravante de que atrayendo al resto fiel y tradicional, y no actuándose conforme a él; a ese grupo se le desactiva y adormece para la batalla.

En fin. Mis amados padres y hermanos de la obra. ¿Porque no hacen publicas las Tres Campanadas, que son patrimonio de la Iglesia Universal, cuando ya denunciaban de forma profética lo que hoy estamos viviendo en la Iglesia Catolica? ¿Porque no buscar en ellas el remedio a las “conejas”, los “Luteros testigos del Evangelio”,  los “Amores de Leticia” y tantas otras cosas; en vez de ayudar, con el silencio, a que sigan implementándose estas herejías en una Iglesia a la deriva? ¿Porque no preguntarse que habría hecho San Josemaría en estos casos?

Pues San Josemaría hubiera sido claro. No les quepa la menor duda; porque con él no había doble lenguaje, ni ambigüedades. Iba al grano; y con él y su obra siempre encontrábamos claridad, confirmación en la fe y certeza evangélica. ¿Porqué lleva tanto tiempo el Opus mirando hacia el otro lado, y más aún desde que llegó Bergoglio a Roma, ascendió Fazio y fue nombrado Prelado Ocariz? ¿Habría San Josemaría contemporizado con la mentira? ¿Su prudencia le habría llevado a permitir la herejía? No. Saben que no, queridos hermanos.

¿Porqué lleva tanto tiempo el Opus mirando hacia el otro lado, y más aún desde que llegó Bergoglio a Roma, ascendió Fazio y fue nombrado Prelado Ocariz? ¿Habría San Josemaría contemporizado con la mentira? ¿Su prudencia le habría llevado a permitir la herejía? No. Saben que no, queridos hermanos. 

Y en otro orden de cosas, me pregunto. ¿Porque el prelado todavía no es obispo, a diferencia de Echevarría, que fue nombrado casi inmediatamente?  ¿Es que debo pensar que aún ha de tragar con más cosas el Opus Dei para ello? 

La “misericorditis” de este papado además ha conseguido dividir el Opus Dei entre los fieles seguidores de San Josemaría y los “faziosos”. Así de triste. Y la lucha está siendo fuerte. Doy fe porque ahora estoy en contacto con mucha gente de la obra más allá de la gente de los Centros de mi Diócesis.

¿Qué pueden tener que ver ahora un valiente Aberasturi o un Livieres; con un Boo o un Arregui, portavoz de Torreciudad y amigo del antinatalista Sanchez Sorondo, denunciado ya por el gran Sanahuja; como bien se ha preguntado en más de una ocasión Echenique? ¿Y con el ínclito Obispo de Tarragona, sobre el que no voy a hacer ningún comentario?

¿Qué pasa con el Opus Dei? ¿Hacia donde va? Me pregunto esto con gran tribulación. Podría estar escribiendo, casi sin dolor, y anestesiado, de los jesuitas, de los maristas, o de tantas realidades eclesiales de su cuerda, a las que doy por perdidas; y de las que poco espero… Pero hacerlo del Opus me duele… Por San Josemaría… Por su Obra… Por los fieles “fieles” (tantos)… Por las Campanadas enterradas… Por la Iglesia… Por el futuro…

En espera de que Dios ayude, si es su voluntad, a que esto, como todo lo demás, se reconduzca…. sigamos ofreciendo oración, penitencia y mortificación.

Porque hasta el cielo no paramos.

¿Qué pasa en el Opus Dei? (1 de 2)

Vicente Montesinos

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San Josemaría Escrivá, el Beato Álvaro del Portillo, y Monseñor Javier Echevarría;  fundador y dos primeros sucesores, respectivamente, al frente del Opus Dei.

Muchos de nosotros tenemos enorme devoción a San Josemaría Escrivá. Por su obra (escrita, que nos ha acompañado desde la más tierna infancia) y por su Obra (a la que aunque no hayamos pertenecido; siempre hemos visto con admiración por su ingente tarea desarrollada en todo el mundo, sin la que no se entendería la vida de la Iglesia en el último tercio del siglo XX). Y es que no ha sido nimia la gran tarea del Opus Dei de favorecer la santificación del hombre y la mujer en la vida ordinaria, desde un respeto a la tradición y a la sana doctrina de la Iglesia, un amor a la liturgia bien cuidada digno de admiración después del Vaticano II, y un intenso programa de formación y oración para los fieles católicos.

Y es que no ha sido nimia la gran tarea del Opus Dei de favorecer la santificación del hombre y la mujer en la vida ordinaria, desde un respeto a la tradición y a la sana doctrina de la Iglesia, un amor a la liturgia bien cuidada digno de admiración después del Vaticano II, y un intenso programa de formación y oración para los fieles católicos. 

Muchos de nosotros, con decenas de años de participación diaria en la vida eclesial, en sus más diversas formas y compromisos; fuimos acercándonos cada vez más a la obra; buscando refugio espiritual, doctrinal y litúrgico ante la exacerbación de lo peor del Vaticano II dentro de las distintas realidades eclesiales, en lo que yo vengo en llamar el Vaticano III, imaginario concilio convocado, celebrado y aplicado por Francisco desde que ocupa la silla de Pedro.

No se si muchos de nosotros, pero mi familia sí; hemos encontrado gente con alta preparación doctrinal en el Opus Dei; mucha formación, un modo de vida personal y familiar ejemplar, y una admirable fidelidad a la Iglesia.

No se si muchos de nosotros, pero mi familia sí; hemos encontrado dos laicos consagrados que nos han atendido con cariño, de acuerdo a las formas de organización de la obra, y nos han tendido puentes y recursos formativos de manera generosa y cariñosa.

No se si muchos de nosotros, pero mi familia sí hemos encontrado a grandes sacerdotes en la obra; de los de sotana, rosario en mano, comunión de rodillas y en la boca, confesión de las de toda la vida, constante oración ante el sagrario, y acompañamiento exquisito a las personas y familias.

No se si muchos de nosotros, pero mi familia sí; hemos encontrado un sacerdote concreto, al que estaremos eternamente agradecidos, por su acogida, su cariño, su fidelidad y recta conducta, su ayuda, y su orientación; hasta el punto de confiarle con agrado nuestra Dirección Espiritual y hasta el bautismo de nuestros hijos. Le mandaré este artículo; y puede que le duela, por los interrogantes que voy a hacerme a continuación; y si ello fuera así; ya de antemano le pido disculpas. Sabe bien, querido Don…, que mi intención con este artículo es buena; aunque pueda equivocarme; y que aunque usted siempre me aconsejó la prudencia y acordarme de los Hijos de Noé, humildemente, y puede que equivocadamente, creo que Nuestra Iglesia necesita ya de voces valientes que ayuden a que algo, de lo necesario, pueda cambiar, por nuestro profundo sentimiento CATÓLICO. Le queremos, Don… .

No se muchos de nosotros, pero mi familia sí, estábamos convencidos de haber hallado en la Obra la vocación especifica desde la que el Señor nos pedía apoyar el resto de nuestra vida personal y espiritual, y de compromisos con la Iglesia… Y sin embargo, desgraciadamente, puedo afirmar que, en estos momentos, esa vía esta en suspenso; porque las dudas y los interrogantes son muchos (y con los que no quiero apabullar a este sacerdote, que bastante tiene); tras un serio y prolongado período de discernimiento, lectura, búsqueda, observación e investigación (y en este momento hablo sólo en mi nombre, y exclusivamente en mi nombre).

Y la pregunta que me surge después de todo este tiempo es… ¿Qué pasa en el Opus Dei?

Y para no aburrirles; y darles un rato de despeje mental; dejo el análisis de ello para la segunda y última entrega de este artículo en dos capítulos, en cuya primera parte he querido introducirles desde que situación personal y conocimiento llego a los interrogantes que en la segunda parte vamos a intentar dilucidar. Les aconsejo esperar a la segunda parte para realizar sus comentarios al artículo en su conjunto, que recibiré, como siempre, con mucho agrado.

Hasta muy muy pronto (…continuará)

Propuesta para la santidad: humildad, confianza, vivir el presente, amor y gratitud.

Es a través de mis debilidades donde actúa Dios con su poder y lo que yo no puedo llevar a cabo con mi fuerza es Él quien lo hace. En lugar de percibir mi pobreza como un inconveniente o un obstáculo, he de concebirla como una gracia. En este convencimiento se puede caminar hacia la salvación día a día, paso a paso.

He de saber además que el amor a Dios se expresa principalmente mediante la humildad y la confianza. Reconocer la propia nada y esperarlo todo de Dios, como un niñito lo espera todo de su padre; y no preocuparse por nada.

 

He de saber además que el amor a Dios se expresa principalmente mediante la humildad y la confianza. Reconocer la propia nada y esperarlo todo de Dios, como un niñito lo espera todo de su padre

 

Así lo veía Santa Teresita de Lisieux; quien concibió su “caminito” de confianza como el modo más rápido de alcanzar la santidad. Aceptar recibir de la mano de Dios, día tras día, todo lo necesario, sin preocuparme del pasado ni del futuro.

 

Así lo entendió Charles de Foucauld al practicar su exquisito abandono; o San Josemaría Escrivá quién nos dejó una bellísima jaculatoria sobre el mismo.

 

 

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Santa Teresita de Lisieux

 

¿El secreto? Día tras día hacer lo que se me pide, sin preocupaciones, sin miedo, con la certeza de que Dios es fiel y me da en cada momento lo que necesito.

¿Qué cómo? Humildad, confianza, vivir el momento presente, amor y gratitud. Son las actitudes que atraen la gracia de Dios.

 

¿Qué cómo? Humildad, confianza, vivir el momento presente, amor y gratitud. Son las actitudes que atraen la gracia de Dios.

 

No hay que olvidar que el desánimo es una expresión del orgullo. Cuando se es humilde uno no se desanima pues confía en Dios y en sí mismo. Además; no puedo servir a Dios y querer tener una vida fácil. Por lo que ten paciencia, acéptate como pobre, deposita toda tu esperanza en la infinita misericordia de Dios y confía en que Dios puede sacar bien de todo, incluso de estas zonas de penumbra presentes en tu vida.

Acepta que no tienes fuerzas, sin caer en el desánimo. Sé un pobre de espíritu y Jesús vendrá a buscarte. Esa es la confianza sin limites en Dios, que acorta el camino hacia la santidad. A la inversa, lo que ofende más a Jesús y hiere su corazón es la falta de confianza en Él. Dios no espera que seamos perfectos, sino que nos fiemos de Él, con una confianza total.

Y es que tanto alcanzaremos de Él cuanto nuestra alma de Él espere. Y al fin y al cabo, sabemos, con San Pablo, que todo contribuye al bien de quienes aman al Señor.

 

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San Pablo

 

En definitiva; transitemos por la vida hacia la santidad con humildad, confianza, viviendo el presente, con amor y con gratitud. Y atraeremos las gracias de Dios sobre nuestra existencia.

 

 

Vicente Montesinos

¡San Josemaria, ruega por nosotros!

Al final de esta jornada que la Iglesia ha dedicado a honrar la memoria de San Josemaria, nos ponemos en manos de la Santa Madre De Dios, María Santísima, y bajo su atenta mirada, pedimos a nuestro Santo siga intercediendo por la Iglesia,  por el Papa, por el mundo y por todos nosotros, al Buen Padre. 

¡San Josemaria, ruega por nosotros! 

Noveno Día de la Novena a San Josemaría Escrivá de Balaguer: Para Pedir la ayuda de nuestra Señora. 




Por la señal de la Santa cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

NOVENO DÍA: Para Pedir la ayuda de nuestra Señora

REFLEXIÓN

Debió de sufrir mucho el Corazón dulcísimo de María, al presenciar aquella crueldad colectiva, aquel ensañamiento que fue, de parte de los verdugos, la Pasión y Muerte de Jesús. Pero María no habla. Como su Hijo, ama, calla y perdona. Esa es la fuerza del amor (Amigos de Dios, 237). Cuando somos de verdad hijos de María comprendemos esa actitud del Señor, de modo que se agranda nuestro corazón y tenemos entrañas de misericordia (Es Cristo que pasa, 146). Acostúmbrate a poner tu pobre corazón en el Dulce e Inmaculado Corazón de María, para que te lo purifique de tanta escoria, y te lleve al Corazón Sacratísimo y Misericordioso de Jesús (Surco, 830).

INTENCIÓN

Madre de misericordia, consoladora de los afligidos, refugio de los pecadores, Tú que estuviste unida al sacrificio de Jesús, cuando derramaba la sangre en la Cruz para limpiarnos de nuestro pecados, ten compasión de nosotros, pobres pecadores, que no conseguimos perdonar. Haz que, cuando sintamos que nos quema el rencor, la rabia o el deseo de venganza, nos acordemos de Ti; haz que no olvidemos que tenemos una Madre que nos ama y que quiere ablandar la dureza de nuestro corazón con el calor de su corazón inmaculado. Acógenos, Madre, en tu regazo como niños pequeños; calma con tu sonrisa nuestra cólera; consíguenos de tu Hijo el don de disculpar, de olvidar y de no remover amarguras; y también el de amar y querer bien a los que no nos quieren bien. Llévanos, Madre —como pide San Josemaría—, bien adentro del Corazón Sacratísimo y Misericordioso de Jesús.

ORACIÓN FINAL

Oh Dios, que por mediación de la Santísima Virgen otorgaste a San Josemaría, sacerdote, gracias innumerables, escogiéndole como instrumento fidelísimo para fundar el Opus Dei, camino de santificación en el trabajo profesional y en el cumplimiento de los deberes ordinarios del cristiano: haz que yo sepa también convertir todos los momentos y circunstancias de mi vida en ocasión de amarte, y de servir con alegría y con sencillez a la Iglesia, al Romano Pontífice y a las almas, iluminando los caminos de la tierra con la luminaria de la fe y del amor. Concédeme por la intercesión de San Josemaría el favor que te pido… (pídase). Así sea.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Octavo Día de la Novena a San Josemaría Escrivá de Balaguer: Para Devolver Bien por Mal. 



Por la señal de la Santa cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.


OCTAVO DÍA: Para Devolver Bien por Mal


REFLEXIÓN

A nuestra reincidencia en el mal, responde Jesús con su insistencia en redimirnos, con abundancia de perdón (Via Crucis, VII estación). Valen tanto los hombres, su vida y su felicidad, que el mismo Hijo de Dios se entrega para redimirlos, para limpiarlos, para elevarlos (Es Cristo que pasa, 165). Tarea del cristiano: ahogar el mal en abundancia de bien (Surco, 864). Acostúmbrate a apedrear a esos pobres «odiadores», como respuesta a sus pedradas, con Avemarías (Forja, 650).

INTENCIÓN

Buen Jesús, yo reconozco que, cuando me siento ofendido, comienza a hervir dentro de mí el deseo del desquite. ¡Exactamente lo que Tú no hiciste! ¡Qué difícil es contener la fantasía de las venganzas pequeñas o grandes que mi imaginación construye. Y, sin embargo, sé que debería pensar en perdonar! Haz, Señor, que, cuando me sienta así, vengan a mi memoria tus palabras: “Amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persigan” (Mt 5, 44), y las de San Pablo: “no te dejes vencer por el mal; al contrario, vence el mal con el bien” (Rm 12, 21). Yo te suplico, Señor, que la meditación de las palabras de San Josemaría para el día de hoy despierten en mí, por su intercesión, decisiones de rezar siempre por los que me causan un mal y de desearles el bien, de “ahogar el mal en abundancia de bien”.



ORACIÓN FINAL

Oh Dios, que por mediación de la Santísima Virgen otorgaste a San Josemaría, sacerdote, gracias innumerables, escogiéndole como instrumento fidelísimo para fundar el Opus Dei, camino de santificación en el trabajo profesional y en el cumplimiento de los deberes ordinarios del cristiano: haz que yo sepa también convertir todos los momentos y circunstancias de mi vida en ocasión de amarte, y de servir con alegría y con sencillez a la Iglesia, al Romano Pontífice y a las almas, iluminando los caminos de la tierra con la luminaria de la fe y del amor. Concédeme por la intercesión de San Josemaría el favor que te pido… (pídase). Así sea.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Séptimo Día de la Novena a San Josemaría Escrivá de Balaguer: para dar el primer paso. 



Por la señal de la Santa cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.




SÉPTIMO DÍA: Para Dar el Primer Paso


REFLEXIÓN

Nuestro Padre del Cielo perdona cualquier ofensa, cuando el hijo vuelve de nuevo a Él, cuando se arrepiente y pide perdón. Nuestro Señor es tan Padre, que previene nuestros deseos de ser perdonados, y se adelanta, abriéndonos los brazos con su gracia (Es Cristo que pasa, 64). El Señor tomó la iniciativa, viniendo a nuestro encuentro. Nos dio ese ejemplo (Amigos de Dios, 228). En el Sacramento de la Penitencia es donde tú y yo nos revestimos de Jesucristo y de sus merecimientos (Camino, 310).



INTENCIÓN 

Dios, Padre de misericordia, abro el Evangelio y veo que Jesús me pide dar siempre el primer paso de la reconciliación, ser yo el primero en tomar la iniciativa de pedir y ofrecer perdón; “deja allí tu ofrenda ante el altar, ve primero a reconciliarte con tu hermano” (Mt 5, 24). Es justo que me pidas hacer lo mismo que Tú hiciste. De hecho, San Pablo dice que “siendo todavía pecadores, Cristo murió por nosotros” (Rm 5, 8). Dios mío, ¡cómo me cuesta dar ese paso cuando estoy convencido de que yo tengo la razón, y de que el ofendido soy yo! Me parece algo sobrehumano. ¡Sólo con tu fuerza, Señor! San Josemaría, intercede por mí, para que me decida a buscar el auxilio de Dios, haciendo una confesión sincera, pues es, en ese sacramento, que puedo encontrar la gracia que necesito.


ORACIÓN FINAL

Oh Dios, que por mediación de la Santísima Virgen otorgaste a San Josemaría, sacerdote, gracias innumerables, escogiéndole como instrumento fidelísimo para fundar el Opus Dei, camino de santificación en el trabajo profesional y en el cumplimiento de los deberes ordinarios del cristiano: haz que yo sepa también convertir todos los momentos y circunstancias de mi vida en ocasión de amarte, y de servir con alegría y con sencillez a la Iglesia, al Romano Pontífice y a las almas, iluminando los caminos de la tierra con la luminaria de la fe y del amor. Concédeme por la intercesión de San Josemaría el favor que te pido… (pídase). Así sea.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

SEXTO DÍA de la novena a San Josemaria: Para Vencer las Discordias Familiares. 

 
Por la señal de la Santa cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
REFLEXIÓN
La convivencia es posible cuando todos tratan de corregir las propias deficiencias y procuran pasar por encima de las faltas de los demás (Conversaciones, 108). La paciencia es la que nos impulsa a ser comprensivos con los demás, persuadidos de que las almas, como el buen vino, se mejoran con el tiempo (Amigos de Dios, 78). El amor debe ser sacrificado, diario, hecho de mil detalles de comprensión, de sacrificio silencioso, de entrega que no se nota (Es Cristo que pasa, 36). De callar no te arrepentirás nunca: de hablar, muchas veces (Camino, 639).

INTENCIÓN

Dios mío, Tú sabes que me cuesta mucho disculpar, en la vida familiar, las faltas de consideración para conmigo: faltas de atención, de respeto, de paciencia y de delicadeza; y sabes que me cuesta aún más admitir que también yo caigo en esas mismas faltas. Te pido ayuda para que, con tu gracia y, por la intercesión de San Josemaría, sea capaz de vencer la falsa autoestima y de vivir como nos pide San Pablo: “con toda humildad y mansedumbre, con longanimidad, sobrellevándoos unos a otros con caridad” (Ef 4, 2). Líbrame, Señor, de la obsesión temeraria de considerar que sólo yo tengo la razón; de la grosería, de la impaciencia ante pequeñas faltas, de las discusiones por cosas sin trascendencia… Te pido la caridad de saber callar, sonreír, hacer buena cara, y pedir disculpas por mis excesos al corregir. Y si hubiera necesidad, te pido el espíritu heroico del perdón con que acogiste a Judas en el huerto, en la hora de la traición.

ORACIÓN FINAL

Oh Dios, que por mediación de la Santísima Virgen otorgaste a San Josemaría, sacerdote, gracias innumerables, escogiéndole como instrumento fidelísimo para fundar el Opus Dei, camino de santificación en el trabajo profesional y en el cumplimiento de los deberes ordinarios del cristiano: haz que yo sepa también convertir todos los momentos y circunstancias de mi vida en ocasión de amarte, y de servir con alegría y con sencillez a la Iglesia, al Romano Pontífice y a las almas, iluminando los caminos de la tierra con la luminaria de la fe y del amor. Concédeme por la intercesión de San Josemaría el favor que te pido… (pídase). Así sea.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

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