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Adoración y Liberación

Por Vicente Montesinos

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Otros Santos

De “Francisco, repara mi Iglesia…”; a “Francisco, rehabilita a tu Iglesia”

Vicente Montesinos

 

 

Hace escaso días les hablaba en este artículo de la pretendida continuidad de Bergoglio con S.S el Papa Benedicto XVI, que era algo así como mi continuidad con Pablo Iglesias. Más o menos. Por mucho que se empeñen los que son más papólatras que el Papa en vendernos lo contrario.

Es tan clara la continuidad, que a un personaje como Jose María Castillo, que fue expulsado de la Universidad de Granada por órdenes del entonces Cardenal Ratzinger por sus opiniones sobre la jerarquía eclesiástica, el misterio de la Santísima Trinidad y la naturaleza de la Iglesia; el Papa Francisco lo acaba de rehabilitar de la pérdida de su “venia docendi”, manifestando además que sus libros “hacen mucho bien a la gente“. Vamos, un bien inconmensurable. Perder la poca fe que pudieran tener en estos tiempos convulsos. Cabría saber si el Papa también los ha leído. Si es así, se entienden algunas cosas; y si no es así, y en todo caso, a ver como narices sabe Bergoglio el bien que le hacen o dejan de hacer a la gente.

Vamos, una continuidad total con Su Santidad el Papa Benedicto. Si ya lo decía yo.

Estamos llegando a un extremo en el que cualquier día va a ser dogma de fe también la continuidad de Francisco con San Francisco de Asís. ¡Oiga, que pasa eso se puso su nombre! ¡Y es el papa de los pobres, las periferias, y todo eso…!

Vendernos que el extraordinario Papa Benedicto es como Francisco, es como vendernos que San Francisco de Asís es como Bergoglio.

¡Claro! Discurso del mundo: el Santo de los Pobres, y el Papa de los Pobres, que se puso su nombre. Y a correr. Que bonito… Entrañable…

En tal comparación jamás podría llegar Bergoglio a más ni San Francisco a menos. Entre otras cosas porque es justamente el tipo de católico que alaba a Bergoglio el que sin tener ni idea del de Asís se queda con la imagen que interesa a este mundo líquido, superficial y cosmoplanetario-ecuménico: el santo de los pobres, ecologista, guay y vegano.

Estos ideólogos de la nada, no saben, ni quieren saber que San Francisco, sí, ayudó mucho a los pobres (más que el Papa de los pobres, por supuesto), pero que si fue santo fue por su enorme amor a Dios, por ser un santo enormemente eucarístico, que sus escritos empezaba y acababa no hablando de los pobres, sino de Cristo Eucaristía, que tomó a la pobreza por escudo, pero no escatimó en gastos para Dios (vasos sagrados ricos; cálices de la máxima calidad, manteles para los altares de las más finas telas, etc…).

Tampoco quieren saber de su fidelidad al magisterio, a la sana doctrina y a las sagradas escrituras.

Tampoco del cuidado excelso de la tradición, a la que defendía con virtudes heróicas.

Vamos, como Bergoglio.

Es por ello que el Señor dijo a San Francisco que reparara su Iglesia, que falta hacía, ya que él tenía mimbres para poner fin a muchos desmanes litúrgicos y morales que se estaban produciendo…

Y ahora, que hace más falta que entonces, a lo mejor Francisco cree que el Señor le ha pedido “rehabilitar su Iglesia” (la suya propia, claro). Sólo así se entiende la rehabilitación de todo lo que huela a herejía, y el castigo de todo lo que huela a catolicidad fiel. De ahí la rehabilitación de Castillo… Y de tantos otros “enamorados de la Fe”.

Vamos. Todo continuidad.

 

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Burke, la herejía y los poderes del Papa; o mi espera a ser rectificado…

 

Vicente Montesinos

 

 

 

 

Ya hemos hablado de la Conferencia de Roma del pasado 7 de abril y hemos podido leer un texto que, si hubiera emanado del Santo Padre, hubiera sido un bálsamo para nuestros castigados oídos. ¡Así es como se aclaran las dubia y se pone fin a la confusión! No hace falta más. ¡Esto necesitamos!, y no tanta llamada a la “santidad de la misericorditis”, al alcance de todos, menos de los católicos fieles (rígidos, pelagianos y pepinillos en vinagre)

Por si alguien no ha leído todavía la declaración final de la Conferencia, se la adjuntamos aquí:

 

Declaración final de la Conferencia de Roma del 7 de abril de 2018 (imperdible)

 

Lo que no ha trascendido con tanta profusión son las ponencias individuales previas a la mencionada declaración final, y entre ellas quiero hacer especial mención a la del cardenal Leo Burke, por su contribución al constante debate sobre el actual pontificado.

Y es que el Cardenal Burke trató sin reparo el famoso asunto de la “plenitudo potestatis“, es decir, el alcance los supuestos plenos poderes del Santo Padre. Un asunto sobre el que es absolutamente necesario echar luz; en el Pontificado de la papolatría, en el cual cualquier cosa que diga el Papa Francisco es tomada como Palabra de Dios, independientemente de donde, como y en calidad de que lo diga.

Burke, argumentando su alocución en las Sagradas Escrituras, en la sana doctrina, y en las enseñanzas de los teólogos y los canonistas, explico claramente que la llamada “plenitudo potestatis” no es una carta blanca que posee el Romano Pontífice para modificar a su antojo la constitución o el Magisterio de la Iglesia, sino que únicamente se configura (y no es poco) como un poder discrecional de gobierno para mantener la plena fidelidad de la Iglesia a lo que Jesucristo le encomendó. De esta forma, todo poder otorgado por Cristo a su Iglesia tiene por objeto cumplir los fines que Cristo estableció, y no contradecirlos. Así de sencillo.

Lo que ha venido a explicar Burke, con abundancia de argumentos, es que el Papa no es el dueño de la fe, sino el máximo depositario de la misma, como cabeza de la Iglesia, y debe guardar y cuidar ese depósito como la principal de sus funciones.

No es por tanto ajeno a la doctrina que todo acto del Papa in quantum homo que sea de por sí herético o pecaminoso, socava los cimientos de la Iglesia, y es por tanto nulo.

Por lo que se refiere a corregir a un pontífice que abusara de su plenitud de poderes, el cardenal Burke invocó una gran abundancia de textos teológicos al respecto, y en particular el tratado De Romano Pontífice, de San Roberto Belarmino.

«Por el momento –decía–, podemos afirmar que, como demuestra la historia, es posible que el Romano Pontífice, en el ejercicio de la plenitud de poderes, incurra en herejía o en incumplimiento de su principal obligación de salvaguardar y promover la unidad de la fe, del culto y de la disciplina.»

Ahora bien, dado que el Papa no puede someterse a un proceso judicial, según el principio de Prima Sedis a nemine judicatur (nadie puede juzgar a la primera Sede), ¿qué es lo que se debe de hacer? Burke lo deja claro: «Una respuesta breve y preliminar, basada en el derecho natural, los Evangelios y la tradición canónica, aconsejaría proceder en dos etapas: primero, la corrección del presunto error o dejación de funciones iría dirigida al Sumo Pontífice. Luego, si persistiese en el error o no respondiese, se procedería a hacer una declaración pública.» ¿Les suena?

Cristo mismo nos ha enseñado el método de la corrección fraterna, que se aplica a todos los miembros de su Cuerpo Místico (Mt. 18, 15-17). Y gran ejemplo del mismo, y nunca mejor traído que ahora, es la corrección fraterna de San Pablo a San Pedro cuando este último no quiso reconocer la libertad de los cristianos ante ciertas normas rituales de la fe judaica (Gál. 2, 11,12).

Además,  el canon 212 del Código de Derecho Canónico de 1983 señala la obligación de seguir «por obediencia cristiana, todo aquello que los pastores sagrados, en cuanto representantes de Cristo, declaran como maestros de la fe o establecen como rectores de la Iglesia», pero de igual modo, se declara en dicho Canon el derecho y deber de los fieles «de manifestar a los Pastores sagrados su opinión sobre aquello que pertenece al bien de la Iglesia y manifestar a los demás fieles, salvando siempre la integridad de la fe y de las costumbres, la reverencia hacia los Pastores, y habida cuenta de la utilidad común y de la dignidad de las personas».

Como señaló el Cardenal, “los poderes del Papa se los ha conferido el propio Dios, luego están limitados por el derecho natural y el derecho divino, son expresiones de la verdad y la bondad eterna e inmutable que proceden de Dios, y han sido plenamente reveladas en Cristo y transmitidas de modo ininterrumpido por la Iglesia. Por tanto, toda expresión de la doctrina o de la praxis que no se ajuste a la divina Revelación, contenida en las Sagradas Escrituras y la Tradición de la Iglesia, no puede ajustarse a un ejercicio auténtico del ministerio apostólico o petrino, y debe ser rechazada por los fieles.”

Tras evocar las palabras de San Pablo, «aunque nosotros, o un ángel del Cielo, os anunciase otro evangelio distinto del que os hemos anunciado, sea anatema» (Gál. 1, 6-8), el cardenal declaró: «Como católicos devotos, debemos enseñar y defender siempre la plenitud de poderes que Cristo quiso conferir a su Vicario en la Tierra. Pero al mismo tiempo debemos enseñar y defender ese poder dentro de las enseñanzas de la Iglesia y la defensa de la Iglesia como Cuerpo Místico de Cristo, que es un cuerpo orgánico de origen divino y vida divina.»

Así pues, no hay duda alguna al respecto, por más que nos quieran vender que el Papa tiene el mismo poder que Cristo. Porque eso es una herejía. Y es que, como se fijó ya en el Decreto de Graciano:  «Ningún mortal debe tener la audacia de reprender a un papa con motivo de sus defectos, porque quien tiene el deber de juzgar a todos los hombres no puede ser juzgado por nadie, a menos que tenga que ser llamado al orden por haberse desviado de la fe; por cuyo perpetuo bien todos los fieles ruegan con insistencia al tiempo que le advierten que su salvación depende en tanta mayor medida de su integridad» (Decretum, 1a, dist. 40, c. 6, Si papa).

¿Alguna duda dejan las palabras del Cardenal? Creo que las entiende hasta un niño de 4 años… Entonces… ¿qué sucede con tantos miles de católicos, sacerdotes, obispos y cardenales?

Espero ansioso una sola réplica fundamentada. Una sola desautorización que demuestre que Burke se equivoca.

Espero…

 

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Gaudete et Exsultate: Una llamada a la Santidad sin San Josemaría Escrivá, y una burla encubierta (o no…)

 

Vicente Montesinos

 

 

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La Exhortación Apostólica Gaudete et Exsultate deberemos analizarla con más calma.

Y no porque se trate de uno de esos textos profundos y completísimos de los que tantos nos ha regalado la Iglesia, y que merecían lectura, re-lectura, disfrute, discernimiento y oración. No. Realmente poca chicha se puede sacar de estos párrafos llenos de tópicos del pontificado del buen rollo.

Si no porque creo que los comentarios más profundos ante este “magisterio” que ni es magisterio ni quiere serlo, deben hacerse en frío. Y tras adorar, como siempre, al Santísimo, y pedirle luz.

Además, de entrada, son cosas que no sorprenden en absoluto las que encontramos allí: es un texto tipo “Power-Point” para acampadas, con frases como las que ya ha pedido recientemente el Papa a los religiosos (ustedes diviértanse, no se preocupen en atraer almas a Cristo y armen lío); y del estilo del decálogo aquel de ingrata memoria, que pretende sustituir los mandamientos de la ley de Dios, con aquél mandato tan profundo: “Vive y dejà vivir“. Poco más.

Por eso enfriaré la sopa para servirla. Pero sacaré a la mesa un entrante. Porque me parece tan llamativo desde que ayer, a eso de las 18:30 de la tarde pude leer la Exhortación (y no porque la publicara Infovaticana, que además hizo en cada momento lo que debía, por lo que felicito a Gabriel Ariza una vez más), que no puedo evitar “precipitarme”, si quieren, en comentarlo.

El asunto es el siguiente: aquella llamada a la santidad extendida a todo el mundo que pretendió atribuirse el Vaticano II (lástima que no hubiera recogido otros muchos aspectos positivos en vez de facilitar, y más con su libertina interpretación y aplicación, todo tipo de desmanes) la había visionado, fundado, adelantado y extendido mucho tiempo antes un gran santo. San Josemaría Escrivá. El santo de lo ordinario. El que invitó al mundo a santificar la vida diaria, en cada acción, cada ambiente y cada lugar, aportando a la Iglesia un valor de fe, apologética, vida en coherencia con la creencia y acción apostólica, impagables.

¿Como puede permitirse esta Exhortación, o lo que sea, disertar con frases hechas durante todas su miles de palabras sin mencionar ni una sola vez a este gran santo?

¿Cómo puede además, en lo que parece una auténtica burla, mencionar, entre otros muchos santos a Santa Josefina Bakhita precisamente (nada tengo contra ella, Dios me libre), que “casualmente” fue beatificada junto a Josemaría Escrivá, lo cual hizo que la gente la conociera? ¿Es una burla?

No se explica un documento sobre la santidad en la vida ordinaria sin mención a San Josemaría. Imagínense un documento que pretendiera dar a conocer España y no mencionara Madrid. Pues esto es aún peor.

El enconamiento de los jesuitas con el Opus Dei; cuando aquellos abandonaron la fe fiel a Cristo en manos de Arrupe, mientras la Obra formaba a miles de personas en la sana doctrina, es del todo conocido. Y el papa jesuita no parece ser una excepción en este asunto. Todo lo contrario. De hecho ahí tiene al Opus sin nombrarle obispo al Prelado; por exclusiva arbitrariedad y capricho.

Y entre tanto, ¿lo más grave? Que el Opus hoy defiende la papolatría más ramplona, y come de la mano del Santo Padre, en el abandono de la sana doctrina, la tradición, el magisterio bimilenario y la fidelidad a las Sagradas Escrituras.

Así que es lo que hay… Un papa que no hace magisterio, sino textos ” de buen rollo”…

Una exhortación a la Santidad ordinaria, sin el Santo de la Santidad en lo ordinario…

Y una obra fundada por ese santo que callada, sigue peregrinando a Santa Marta a rendir pleitesía a Bergoglio; y rechaza cualquier voz crítica con él; en otro mal entendimiento (muy doloroso viniendo de la obra) de lo que es ser católico, y de quien es el Papa.

¿Alguien da más?

 

Actualización: Llego a casa; escribo este artículo, y a continuación me pongo a leer el resto de artículos publicados hoy en Infovaticana. Descubro con sorpresa y agrado que hoy mismo La Cigüeña de la Torre ha tratado este mismísimo tema que me ha traído a escribirles. ¿Nos pusimos de acuerdo? No de forma consciente. Pero la búsqueda de la verdad atemporal, y la fidelidad a Cristo y a su Iglesia, es lo que tiene. Acaba encontrándose. Que honor, Paco Pepe, haber pensado igual que tú. Dios te bendiga.

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Telegrama: Nada puede pasarme que Dios no quiera…

Vicente Montesinos

 

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Santo Tomás Moro, mártir por defender la indisolubilidad del matrimonio.

 

Sabemos sobradamente los tiempos que nos está tocando vivir. No es necesario que me extienda.

Para muchos de los hermanos que habláis conmigo a diario, y para mí mismo, esta época está suponiendo un serio ejercicio de paciencia.

Pido al Señor fortaleza y saber afrontar estas tribulaciones de buen grado, incluso con alegría; para que de esta forma la purificación sea más grande.

No está de más recordar el mensaje que transmite Santo Tomás Moro a su hija desde la cárcel:  “Ten, pues, buen ánimo, hija mía y no te preocupes por mí, sea lo que sea que me pase en este mundo. Nada puede pasarme que Dios no quiera. Y todo lo que Él quiere, por muy malo que nos parezca, es en realidad, lo mejor”.

Quiero que esta sea mi convicción. Quizá, entre tanto sinsentido,  y como apuntara recientemente un buen obispo, el Señor nos quiera recordar, una vez más, que es Él el que hace las cosas, contando con nuestra pobreza y debilidad, como en el caso de María.

Y porque hasta el cielo no paramos, buenas noches hermanos, y que Dios os bendiga.

 

 

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San Juan Bosco, San Pablo, Santo Tomás de Aquino y… el Papa de Roma (o la inexistente doctrina del progremodernismo)

Vicente Montesinos

Hoy celebramos a un gran santo de la Iglesia. A San Juan Bosco. Padre y Maestro de la Juventud, la Iglesia de las últimas décadas (y la propia Sociedad de San Francisco de Sales,otro grandísimo santo) han reducido las enseñanzas de Don Bosco a la porción “jóvenes”; que entienden como actividades lúdicas, entretenimiento, y poca cosa más.

Es curioso como los salesianos, por ejemplo, hablan de Don Bosco y los jóvenes (fundamental, por cierto, porque ningún Santo antes ni después ha trabajado tanto la juventud para Dios como mi querido San Juan Bosco), pero esconden que él a sus jóvenes no sólo les hacía fiestas: les enseñaba como en la vida tenemos dos pilares a los que aferrarnos, sin los que no podemos vivir: la Eucaristía, y María. Esto ha quedado enterrado. No vaya a molestarse el mundo.

Como enterradas fueron las campanadas de San Josemaría. No nos tachen de muy “tradis”.

Y así va funcionando esta Iglesia, que licúa los mensajes para atraer a la gente; y acaba por no atraer a nadie, y espantar a los de dentro. Resultado: menos fe que hace 50 años, Iglesias más vacías que hace 50 años, y seminarios más vacíos que hace 50 años. Y no me vale que me digan desde España que eso era así porque Franco obligaba (que ese sería otro tema a debatir), porque el fenómeno es exactamente igual en toda la vieja Europa; y no digamos si atendemos al asunto americano, y a como las sectas evangélicas nos “comen la tostada” esparciendo la herejía, mientras nosotros nombramos al inmundo Lutero “testigo fiel del Evangelio.

Es el Progremodenismo. No tiene doctrina. Porque tenerla cuesta faena y además te enfrenta al “mundo”. Vale más dejarse arrastrar por él, y acabar siendo eso: una sucursal de la ONU, una pieza del NOM, o una ONG más en el planeta tierra.

Al respecto asistí digitalmente a un interesante debate con gente como Juan Donnet o Daniel Lubo .

Y el tema está claro: la “Iglesia en acogida” no tienes argumentos doctrinales. Ya nada sabe de Santo Tomás de Aquino, hablando de grandes santos. De hecho odia a los tomistas. Se basa en puras apelaciones sentimentales, en emotividad de baja calaña y en viscoso sentimentalismo.

Se basa en la machacona premisa de que el Papa es impecable e infalible siempre, y que, por tanto, se le debe una obediencia, como dice Donnet, “ciega y zombie“. Y eso, queridos hermanos, no es católico; nos lo vendan como nos lo vendan. El nivel doctrinal es deprimente, por su inexistencia.

Cuando no se estudia a Santo Tomas se dice cualquier cosa. Se anula la capacidad de resistencia. Esa que deriva de la virtud de la fortaleza; ya que si me atacan la verdadera Fe de Cristo, debería defenderme aunque sea el Papa el que la ataca.

No tenemos la obligación de seguir los dislates de un Papa por que no se le dio asistencia del Espíritu Santo para ello. Esto me lo recordaba Daniel en las redes, y tiene toda la razón.

Si un Papa y su linea eclesial fuere nocivo, y su postura hiriera la profundidad del ser de de la Iglesia y su unidad; mi obligación como católico sería la de resistirle. Con todo el dolor del mundo.

Hoy, los “doctores” que tenemos, y que rodean a la curia y a gran parte del episcopado, leen mucho, y saben mucho. No sabemos de qué. Pero sin la guía de San Pablo (quien corrigió a Pedro con la humilde aceptación de aquel); sin la humildad de San Pedro; y sin la brújula de Santo Tomas, y de los Santos Padres;  se le hace decir a la Biblia y al Magisterio cualquier memez que acomode la doctrina a lo que uno quiere.

Y eso precisamente no es de Dios, ni de su Iglesia.

Ya lo decía San Pablo: «¿Creéis acaso que vosotros sois vuestros dueños? Sabedlo, no os pertenecéis. ¿Ignoráis a que precio habéis sido rescatados? Vosotros sois de Cristo y Cristo es de Dios»

Luego no nos es licito creer o pensar lo que nos venga en gana sobre el cuerpo de doctrina en que se asienta la Iglesia, aunque, como vulgarmente se dice, “lo diga el Papa de Roma”.

¡Y como hasta el cielo no paramos, que Dios os bendiga!

 

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¡Glorioso San Francisco de Sales!

Vicente Montesinos

Celebramos hoy la festividad de este gigante de la fe, al que quien les escribe tiene una especial devoción.

Conocido es que este gran santo fue obispo de Ginebra. Tiene el título de Doctor de la Iglesia, es titular y patrono de la Familia Salesiana y también patrono de los escritores y periodistas. Pero más relevante es si cabe lo que menos se conoce del llamado “dulce obispo” o “dulce doctor”.

Incansable predicador, apologeta, y conquistador de almas para Dios, con una extrema dulzura, que tuvo que trabajar y corregir día día durante su vida desde siempre, ya que se cuenta que de joven gastaba genio fuerte.

No se lo pensaba dos veces en escribir hojas, que el mismo colocaba por debajo de las puertas, para atraer almas a Dios; lo que le valió el título de patrón de los periodistas.

Sus obras, de una devoción y de teología práctica exquisitas, fueron ya traducidas a múltiples idiomas en su vida; e históricamente han formado parte de la principal biblioteca espiritual de la iglesia católica.

No en vano es un reconocido Doctor de la Iglesia; e imperdible, y libro de cabecera para todos los católicos su “Introducción a la vida devota”.

Quizá alguno no sepa que los salesianos deben su nombre a este gran santo, ya que San Juan Bosco los puso bajo su patronazgo. De hecho los Salesianos se llaman a oficialmente sociedad de San Francisco de Sales.

Gran bien haría a nuestra Iglesia retomar de nuevo las sendas de Santos como él; de igual modo que a la sociedad salesiana retomar de nuevo las sendas del gran San Juan Bosco.

Sigamos rezando por ello.

¡Y porque hasta el cielo no paramos, que Dios os bendiga!

¡Feliz día de San Antonio Abad!

Vicente Montesinos

Feliz día de San Antonio Abad.

Ilustre padre del Monaquismo.

Gran asceta, místico y contemplativo cristiano.

Bueno… Quien sabe…

Igual ahora nos quieren vender que hacía yoga…

¡Porque hasta el cielo no paramos, que Dios os bendiga!

¿Qué pasa en el Opus Dei? (1 de 2)

Vicente Montesinos

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San Josemaría Escrivá, el Beato Álvaro del Portillo, y Monseñor Javier Echevarría;  fundador y dos primeros sucesores, respectivamente, al frente del Opus Dei.

Muchos de nosotros tenemos enorme devoción a San Josemaría Escrivá. Por su obra (escrita, que nos ha acompañado desde la más tierna infancia) y por su Obra (a la que aunque no hayamos pertenecido; siempre hemos visto con admiración por su ingente tarea desarrollada en todo el mundo, sin la que no se entendería la vida de la Iglesia en el último tercio del siglo XX). Y es que no ha sido nimia la gran tarea del Opus Dei de favorecer la santificación del hombre y la mujer en la vida ordinaria, desde un respeto a la tradición y a la sana doctrina de la Iglesia, un amor a la liturgia bien cuidada digno de admiración después del Vaticano II, y un intenso programa de formación y oración para los fieles católicos.

Y es que no ha sido nimia la gran tarea del Opus Dei de favorecer la santificación del hombre y la mujer en la vida ordinaria, desde un respeto a la tradición y a la sana doctrina de la Iglesia, un amor a la liturgia bien cuidada digno de admiración después del Vaticano II, y un intenso programa de formación y oración para los fieles católicos. 

Muchos de nosotros, con decenas de años de participación diaria en la vida eclesial, en sus más diversas formas y compromisos; fuimos acercándonos cada vez más a la obra; buscando refugio espiritual, doctrinal y litúrgico ante la exacerbación de lo peor del Vaticano II dentro de las distintas realidades eclesiales, en lo que yo vengo en llamar el Vaticano III, imaginario concilio convocado, celebrado y aplicado por Francisco desde que ocupa la silla de Pedro.

No se si muchos de nosotros, pero mi familia sí; hemos encontrado gente con alta preparación doctrinal en el Opus Dei; mucha formación, un modo de vida personal y familiar ejemplar, y una admirable fidelidad a la Iglesia.

No se si muchos de nosotros, pero mi familia sí; hemos encontrado dos laicos consagrados que nos han atendido con cariño, de acuerdo a las formas de organización de la obra, y nos han tendido puentes y recursos formativos de manera generosa y cariñosa.

No se si muchos de nosotros, pero mi familia sí hemos encontrado a grandes sacerdotes en la obra; de los de sotana, rosario en mano, comunión de rodillas y en la boca, confesión de las de toda la vida, constante oración ante el sagrario, y acompañamiento exquisito a las personas y familias.

No se si muchos de nosotros, pero mi familia sí; hemos encontrado un sacerdote concreto, al que estaremos eternamente agradecidos, por su acogida, su cariño, su fidelidad y recta conducta, su ayuda, y su orientación; hasta el punto de confiarle con agrado nuestra Dirección Espiritual y hasta el bautismo de nuestros hijos. Le mandaré este artículo; y puede que le duela, por los interrogantes que voy a hacerme a continuación; y si ello fuera así; ya de antemano le pido disculpas. Sabe bien, querido Don…, que mi intención con este artículo es buena; aunque pueda equivocarme; y que aunque usted siempre me aconsejó la prudencia y acordarme de los Hijos de Noé, humildemente, y puede que equivocadamente, creo que Nuestra Iglesia necesita ya de voces valientes que ayuden a que algo, de lo necesario, pueda cambiar, por nuestro profundo sentimiento CATÓLICO. Le queremos, Don… .

No se muchos de nosotros, pero mi familia sí, estábamos convencidos de haber hallado en la Obra la vocación especifica desde la que el Señor nos pedía apoyar el resto de nuestra vida personal y espiritual, y de compromisos con la Iglesia… Y sin embargo, desgraciadamente, puedo afirmar que, en estos momentos, esa vía esta en suspenso; porque las dudas y los interrogantes son muchos (y con los que no quiero apabullar a este sacerdote, que bastante tiene); tras un serio y prolongado período de discernimiento, lectura, búsqueda, observación e investigación (y en este momento hablo sólo en mi nombre, y exclusivamente en mi nombre).

Y la pregunta que me surge después de todo este tiempo es… ¿Qué pasa en el Opus Dei?

Y para no aburrirles; y darles un rato de despeje mental; dejo el análisis de ello para la segunda y última entrega de este artículo en dos capítulos, en cuya primera parte he querido introducirles desde que situación personal y conocimiento llego a los interrogantes que en la segunda parte vamos a intentar dilucidar. Les aconsejo esperar a la segunda parte para realizar sus comentarios al artículo en su conjunto, que recibiré, como siempre, con mucho agrado.

Hasta muy muy pronto (…continuará)

Obispos mártires

Vicente Montesinos

 

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En el día de Santo Tomás Becket; obispo y mártir, por Cristo; rezamos, bajo su intercesión, por todos los cristianos perseguidos en el mundo y por tanto mártir que glorifica a Cristo en el día de hoy.

Y vamos rezando también por tantos “mártires blancos” que cada vez se irán, parece ser, convirtiendo en más numerosos… ¿Se me entiende?

Decía Santo Tomás Becket que… “El miedo a la muerte no puede hacernos perder de vista la justicia”.

Y así murió…

Vamos; algo así como la gran parte de nuestros Obispos de hoy…

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