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Adoración y Liberación

Por Vicente Montesinos

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Otros Santos

Telegrama: Nada puede pasarme que Dios no quiera…

Vicente Montesinos

 

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Santo Tomás Moro, mártir por defender la indisolubilidad del matrimonio.

 

Sabemos sobradamente los tiempos que nos está tocando vivir. No es necesario que me extienda.

Para muchos de los hermanos que habláis conmigo a diario, y para mí mismo, esta época está suponiendo un serio ejercicio de paciencia.

Pido al Señor fortaleza y saber afrontar estas tribulaciones de buen grado, incluso con alegría; para que de esta forma la purificación sea más grande.

No está de más recordar el mensaje que transmite Santo Tomás Moro a su hija desde la cárcel:  “Ten, pues, buen ánimo, hija mía y no te preocupes por mí, sea lo que sea que me pase en este mundo. Nada puede pasarme que Dios no quiera. Y todo lo que Él quiere, por muy malo que nos parezca, es en realidad, lo mejor”.

Quiero que esta sea mi convicción. Quizá, entre tanto sinsentido,  y como apuntara recientemente un buen obispo, el Señor nos quiera recordar, una vez más, que es Él el que hace las cosas, contando con nuestra pobreza y debilidad, como en el caso de María.

Y porque hasta el cielo no paramos, buenas noches hermanos, y que Dios os bendiga.

 

 

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San Juan Bosco, San Pablo, Santo Tomás de Aquino y… el Papa de Roma (o la inexistente doctrina del progremodernismo)

Vicente Montesinos

Hoy celebramos a un gran santo de la Iglesia. A San Juan Bosco. Padre y Maestro de la Juventud, la Iglesia de las últimas décadas (y la propia Sociedad de San Francisco de Sales,otro grandísimo santo) han reducido las enseñanzas de Don Bosco a la porción “jóvenes”; que entienden como actividades lúdicas, entretenimiento, y poca cosa más.

Es curioso como los salesianos, por ejemplo, hablan de Don Bosco y los jóvenes (fundamental, por cierto, porque ningún Santo antes ni después ha trabajado tanto la juventud para Dios como mi querido San Juan Bosco), pero esconden que él a sus jóvenes no sólo les hacía fiestas: les enseñaba como en la vida tenemos dos pilares a los que aferrarnos, sin los que no podemos vivir: la Eucaristía, y María. Esto ha quedado enterrado. No vaya a molestarse el mundo.

Como enterradas fueron las campanadas de San Josemaría. No nos tachen de muy “tradis”.

Y así va funcionando esta Iglesia, que licúa los mensajes para atraer a la gente; y acaba por no atraer a nadie, y espantar a los de dentro. Resultado: menos fe que hace 50 años, Iglesias más vacías que hace 50 años, y seminarios más vacíos que hace 50 años. Y no me vale que me digan desde España que eso era así porque Franco obligaba (que ese sería otro tema a debatir), porque el fenómeno es exactamente igual en toda la vieja Europa; y no digamos si atendemos al asunto americano, y a como las sectas evangélicas nos “comen la tostada” esparciendo la herejía, mientras nosotros nombramos al inmundo Lutero “testigo fiel del Evangelio.

Es el Progremodenismo. No tiene doctrina. Porque tenerla cuesta faena y además te enfrenta al “mundo”. Vale más dejarse arrastrar por él, y acabar siendo eso: una sucursal de la ONU, una pieza del NOM, o una ONG más en el planeta tierra.

Al respecto asistí digitalmente a un interesante debate con gente como Juan Donnet o Daniel Lubo .

Y el tema está claro: la “Iglesia en acogida” no tienes argumentos doctrinales. Ya nada sabe de Santo Tomás de Aquino, hablando de grandes santos. De hecho odia a los tomistas. Se basa en puras apelaciones sentimentales, en emotividad de baja calaña y en viscoso sentimentalismo.

Se basa en la machacona premisa de que el Papa es impecable e infalible siempre, y que, por tanto, se le debe una obediencia, como dice Donnet, “ciega y zombie“. Y eso, queridos hermanos, no es católico; nos lo vendan como nos lo vendan. El nivel doctrinal es deprimente, por su inexistencia.

Cuando no se estudia a Santo Tomas se dice cualquier cosa. Se anula la capacidad de resistencia. Esa que deriva de la virtud de la fortaleza; ya que si me atacan la verdadera Fe de Cristo, debería defenderme aunque sea el Papa el que la ataca.

No tenemos la obligación de seguir los dislates de un Papa por que no se le dio asistencia del Espíritu Santo para ello. Esto me lo recordaba Daniel en las redes, y tiene toda la razón.

Si un Papa y su linea eclesial fuere nocivo, y su postura hiriera la profundidad del ser de de la Iglesia y su unidad; mi obligación como católico sería la de resistirle. Con todo el dolor del mundo.

Hoy, los “doctores” que tenemos, y que rodean a la curia y a gran parte del episcopado, leen mucho, y saben mucho. No sabemos de qué. Pero sin la guía de San Pablo (quien corrigió a Pedro con la humilde aceptación de aquel); sin la humildad de San Pedro; y sin la brújula de Santo Tomas, y de los Santos Padres;  se le hace decir a la Biblia y al Magisterio cualquier memez que acomode la doctrina a lo que uno quiere.

Y eso precisamente no es de Dios, ni de su Iglesia.

Ya lo decía San Pablo: «¿Creéis acaso que vosotros sois vuestros dueños? Sabedlo, no os pertenecéis. ¿Ignoráis a que precio habéis sido rescatados? Vosotros sois de Cristo y Cristo es de Dios»

Luego no nos es licito creer o pensar lo que nos venga en gana sobre el cuerpo de doctrina en que se asienta la Iglesia, aunque, como vulgarmente se dice, “lo diga el Papa de Roma”.

¡Y como hasta el cielo no paramos, que Dios os bendiga!

 

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¡Glorioso San Francisco de Sales!

Vicente Montesinos

Celebramos hoy la festividad de este gigante de la fe, al que quien les escribe tiene una especial devoción.

Conocido es que este gran santo fue obispo de Ginebra. Tiene el título de Doctor de la Iglesia, es titular y patrono de la Familia Salesiana y también patrono de los escritores y periodistas. Pero más relevante es si cabe lo que menos se conoce del llamado “dulce obispo” o “dulce doctor”.

Incansable predicador, apologeta, y conquistador de almas para Dios, con una extrema dulzura, que tuvo que trabajar y corregir día día durante su vida desde siempre, ya que se cuenta que de joven gastaba genio fuerte.

No se lo pensaba dos veces en escribir hojas, que el mismo colocaba por debajo de las puertas, para atraer almas a Dios; lo que le valió el título de patrón de los periodistas.

Sus obras, de una devoción y de teología práctica exquisitas, fueron ya traducidas a múltiples idiomas en su vida; e históricamente han formado parte de la principal biblioteca espiritual de la iglesia católica.

No en vano es un reconocido Doctor de la Iglesia; e imperdible, y libro de cabecera para todos los católicos su “Introducción a la vida devota”.

Quizá alguno no sepa que los salesianos deben su nombre a este gran santo, ya que San Juan Bosco los puso bajo su patronazgo. De hecho los Salesianos se llaman a oficialmente sociedad de San Francisco de Sales.

Gran bien haría a nuestra Iglesia retomar de nuevo las sendas de Santos como él; de igual modo que a la sociedad salesiana retomar de nuevo las sendas del gran San Juan Bosco.

Sigamos rezando por ello.

¡Y porque hasta el cielo no paramos, que Dios os bendiga!

¡Feliz día de San Antonio Abad!

Vicente Montesinos

Feliz día de San Antonio Abad.

Ilustre padre del Monaquismo.

Gran asceta, místico y contemplativo cristiano.

Bueno… Quien sabe…

Igual ahora nos quieren vender que hacía yoga…

¡Porque hasta el cielo no paramos, que Dios os bendiga!

¿Qué pasa en el Opus Dei? (1 de 2)

Vicente Montesinos

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San Josemaría Escrivá, el Beato Álvaro del Portillo, y Monseñor Javier Echevarría;  fundador y dos primeros sucesores, respectivamente, al frente del Opus Dei.

Muchos de nosotros tenemos enorme devoción a San Josemaría Escrivá. Por su obra (escrita, que nos ha acompañado desde la más tierna infancia) y por su Obra (a la que aunque no hayamos pertenecido; siempre hemos visto con admiración por su ingente tarea desarrollada en todo el mundo, sin la que no se entendería la vida de la Iglesia en el último tercio del siglo XX). Y es que no ha sido nimia la gran tarea del Opus Dei de favorecer la santificación del hombre y la mujer en la vida ordinaria, desde un respeto a la tradición y a la sana doctrina de la Iglesia, un amor a la liturgia bien cuidada digno de admiración después del Vaticano II, y un intenso programa de formación y oración para los fieles católicos.

Y es que no ha sido nimia la gran tarea del Opus Dei de favorecer la santificación del hombre y la mujer en la vida ordinaria, desde un respeto a la tradición y a la sana doctrina de la Iglesia, un amor a la liturgia bien cuidada digno de admiración después del Vaticano II, y un intenso programa de formación y oración para los fieles católicos. 

Muchos de nosotros, con decenas de años de participación diaria en la vida eclesial, en sus más diversas formas y compromisos; fuimos acercándonos cada vez más a la obra; buscando refugio espiritual, doctrinal y litúrgico ante la exacerbación de lo peor del Vaticano II dentro de las distintas realidades eclesiales, en lo que yo vengo en llamar el Vaticano III, imaginario concilio convocado, celebrado y aplicado por Francisco desde que ocupa la silla de Pedro.

No se si muchos de nosotros, pero mi familia sí; hemos encontrado gente con alta preparación doctrinal en el Opus Dei; mucha formación, un modo de vida personal y familiar ejemplar, y una admirable fidelidad a la Iglesia.

No se si muchos de nosotros, pero mi familia sí; hemos encontrado dos laicos consagrados que nos han atendido con cariño, de acuerdo a las formas de organización de la obra, y nos han tendido puentes y recursos formativos de manera generosa y cariñosa.

No se si muchos de nosotros, pero mi familia sí hemos encontrado a grandes sacerdotes en la obra; de los de sotana, rosario en mano, comunión de rodillas y en la boca, confesión de las de toda la vida, constante oración ante el sagrario, y acompañamiento exquisito a las personas y familias.

No se si muchos de nosotros, pero mi familia sí; hemos encontrado un sacerdote concreto, al que estaremos eternamente agradecidos, por su acogida, su cariño, su fidelidad y recta conducta, su ayuda, y su orientación; hasta el punto de confiarle con agrado nuestra Dirección Espiritual y hasta el bautismo de nuestros hijos. Le mandaré este artículo; y puede que le duela, por los interrogantes que voy a hacerme a continuación; y si ello fuera así; ya de antemano le pido disculpas. Sabe bien, querido Don…, que mi intención con este artículo es buena; aunque pueda equivocarme; y que aunque usted siempre me aconsejó la prudencia y acordarme de los Hijos de Noé, humildemente, y puede que equivocadamente, creo que Nuestra Iglesia necesita ya de voces valientes que ayuden a que algo, de lo necesario, pueda cambiar, por nuestro profundo sentimiento CATÓLICO. Le queremos, Don… .

No se muchos de nosotros, pero mi familia sí, estábamos convencidos de haber hallado en la Obra la vocación especifica desde la que el Señor nos pedía apoyar el resto de nuestra vida personal y espiritual, y de compromisos con la Iglesia… Y sin embargo, desgraciadamente, puedo afirmar que, en estos momentos, esa vía esta en suspenso; porque las dudas y los interrogantes son muchos (y con los que no quiero apabullar a este sacerdote, que bastante tiene); tras un serio y prolongado período de discernimiento, lectura, búsqueda, observación e investigación (y en este momento hablo sólo en mi nombre, y exclusivamente en mi nombre).

Y la pregunta que me surge después de todo este tiempo es… ¿Qué pasa en el Opus Dei?

Y para no aburrirles; y darles un rato de despeje mental; dejo el análisis de ello para la segunda y última entrega de este artículo en dos capítulos, en cuya primera parte he querido introducirles desde que situación personal y conocimiento llego a los interrogantes que en la segunda parte vamos a intentar dilucidar. Les aconsejo esperar a la segunda parte para realizar sus comentarios al artículo en su conjunto, que recibiré, como siempre, con mucho agrado.

Hasta muy muy pronto (…continuará)

Obispos mártires

Vicente Montesinos

 

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En el día de Santo Tomás Becket; obispo y mártir, por Cristo; rezamos, bajo su intercesión, por todos los cristianos perseguidos en el mundo y por tanto mártir que glorifica a Cristo en el día de hoy.

Y vamos rezando también por tantos “mártires blancos” que cada vez se irán, parece ser, convirtiendo en más numerosos… ¿Se me entiende?

Decía Santo Tomás Becket que… “El miedo a la muerte no puede hacernos perder de vista la justicia”.

Y así murió…

Vamos; algo así como la gran parte de nuestros Obispos de hoy…

Acabando el día de San Esteban…

Vicente Montesinos

 

 

 

Al finalizar este día de San Esteban, damos gracias a Dios por su Magnanimidad.

Las puertas del Cielo se han abierto para Esteban, el primero de los mártires; y por ello ha recibido ya la corona del triunfo.

No es casualidad que la Santa y Sabia Iglesia bimilenaria nos proponga apenas hemos celebrado el nacimiento del Niño Dios; la fiesta del primero que dio su vida por ese Niño que acaba de nacer.

La Cruz está siempre muy cerca de Jesús y de los suyos. Y ya el Señor nos previno: Si el mundo os odia, sabed que antes me ha odiado a mí.

Desde el mismo inicio de la Iglesia se ha cumplido esta profecía. Y en estos tiempos cruciales no va a ser menos.

Adoremos a Cristo, para liberar al pueblo de Dios del engaño.

Y para que el Resto Fiel, dispuesto a esperar a Jesús con la fe verdadera viva; si es preciso hasta acabar como Esteban; siga creciendo.

 

¡En la Gracia de nuestro Señor Jesucristo, feliz día de Todos Los Santos!

Vicente Montesinos

Durante todo el año celebramos la fiesta de muchos santos famosos. 

Pero la Iglesia ha querido recordar que en el cielo hay innumerables santos que no cabrían en el calendario. Por eso nos regala esta solemne fiesta de Todos los Santos que abarca a todos nuestros hermanos que ya están en el cielo. 

Multitudes de santos desconocidos por nosotros pero amadísimos de Dios. 

La fiesta de Todos los Santos no es solo para recordar, sino también una llamada a que vivamos todos nuestra vocación a la santidad, cada uno según su propio estado de vida (como solteros, casados, viudos, consagrados, etc.). Y es que Dios nos creó para que seamos santos. 

La fiesta de Todos los Santos no es solo para recordar, sino también una llamada a que vivamos todos nuestra vocación a la santidad, cada uno según su propio estado de vida. 

Según el Papa, Benedicto XVI, “El santo es aquel que está tan fascinado por la belleza de Dios y por su perfecta verdad que éstas lo irán progresivamente transformando. Por esta belleza y verdad está dispuesto a renunciar a todo, también a sí mismo. Le es suficiente el amor de Dios, que experimenta y transmite en el servicio humilde y desinteresado del prójimo”.

Es la fiesta de la Iglesia triunfante, todos los Santos que estan con el Señor.
“…¿no habéis leído lo que Dios ha dicho: Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob? Dios no es Dios de muertos, sino de vivos”. (Mat 22, 31-32)

No existen “santos muertos”…por que todos están vivos en el Señor. Y desde alli nos acompañan 
Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante (Heb 12:1)

¡En la Gracia de nuestro Señor Jesucristo, feliz día de Todos Los Santos!

4 de octubre: San Francisco de Asís, la pobreza, la “teología de la liberación” y las profanaciones.

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Hoy celebramos la memoria de San Francisco de Asís; fundador de la Orden de los Franciscanos; y del cual relata el Martirologio Romano: Memoria de san Francisco, el cual, después de una juventud despreocupada, se convirtió a la vida evangélica en Asís, localidad de Umbría, en Italia, y encontró a Cristo sobre todo en los pobres y necesitados, haciéndose pobre él mismo. Instituyó los Hermanos Menores y, viajando, predicó el amor de Dios a todos y llegó incluso a Tierra Santa. Con sus palabras y actitudes mostró siempre su deseo de seguir a Cristo, y escogió morir recostado sobre la nuda tierra ( 1226).

San Francisco fue, sin duda, uno de los santos más importantes de la Historia de la Iglesia; y siempre desde el seno de la misma, su labor supuso una auténtica inyección de esperanza en muchos aspectos del mundo cristiano. Tenemos varios testimonios que muestran claramente cómo la figura de San Francisco fue considerada un auténtico renacer de la vitalidad espiritual de la Iglesia Católica.

Pero más que glosada está la vida y milagros de este gran santo; y no voy a detenerme hoy más en él que para encomendarnos a su protección y ayuda; en estos momentos tan complejos que vive la Iglesia Católica, además de para felicitar a los Hermanos Franciscanos y a todos los que hoy celebran su onomástica.

Lo que sí que quiero es aprovechar su memoria para reflexionar sobre cómo la “pobreza” en la que vivió San Francisco, y que es una actitud evangélica que supo seguir desde la radicalidad; ni es sólo pobreza material; ni debe ser la coartada para aquellos sectores postconciliares que han intentado desde hace más de 40 años mezclar churras con merinas, justificar una participación de la Iglesia en política (especialmente en la de izquierdas) y llevar a Nuestra Santa Madre por caminos tan peligrosos como fueron (y son) los de la Teología de la Liberación, y demás herejías modernistas.

 

Lo que sí que quiero es aprovechar para reflexionar sobre cómo la “pobreza” en la que vivió San Francisco, y que es una actitud evangélica que supo seguir desde la radicalidad; ni es sólo pobreza material; ni debe ser la coartada para aquellos sectores postconciliares que han intentado desde hace más de 40 años mezclar churras con merinas, justificar una participación de la Iglesia en política (especialmente en la de izquierdas) y llevar a Nuestra Santa Madre por caminos tan peligrosos como fueron (y son) los de la Teología de la Liberación, y demás herejías modernistas.

 

No. No es esa la pobreza de San Francisco. Por supuesto que es vivir una vida desprendida de los bienes no necesarios y de compromiso con las necesidades del prójimo. Y sobre todo, seguir a Cristo, quien necesitado de todo, falto de las mínimas comodidades, que no se niegan al más desamparado de los hombres, por voluntad y elección propia nace en la gruta de Belén. Pobreza, desamparo y desnudez, se dieron cita al venir al mundo el Rey de los cielos.

Pero también es pobreza interior, junto a la externa. Aunque parezca lo contrario, es mucho más difícil y meritoria aquella; y ésta última debería ser como la manifestación y consecuencia de la interna. Porque la base de la pobreza de espíritu es la renuncia y el dominio del “yo”. Sujetado éste, surgirá como natural consecuencia el total desprendimiento.

Es también una “entrega de todo a Dios”. No es la privación de unos bienes, ni el hacer gastos más o menos necesarios, ni el privarse de un traje que nos agrade. Todo esto puede ayudarnos; pero sin la entrega de la voluntad; sin la donación interior, de poco o nada aprovechan las muestras de pobreza externa.

Y sobretodo también exige que no caigamos en, queriendo quedarnos en lo “externo”, contrariar más a Dios que si nos quedáramos “quietecitos”, porque eso, desde luego, no sólo no sería no seguir el ejemplo de San Francisco; sino caer en el peligro de alejarnos de las Sagradas Escrituras, el Magisterio y la Tradición.

¿Qué que me viene a la cabeza ahora mismo al decir esto? Pues muchos casos de abusos y falsas utilizaciones de la “pobreza” que hemos hecho en la reciente historia de nuestra Iglesia, exhibiendo algunos “cacaos mentales” poco propios de una vida de piedad.

Quizá el más reciente sea como se nos ha quedado la cara a muchos padres que hemos enseñado a nuestros hijos a “no llevar cosas de comer a la Iglesia”, y vemos como el Papa Francisco ha disfrutado de un “almuerzo solidario” con prisioneros, pobres y refugiados dentro de la Basílica de San Petronio en Bolonia (Italia), evento presentado explícitamente como parte del calendario del Santo Padre para su última visita pontifical.

 

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Sin duda los defensores usuales de este tipo de actos de Francisco encontrarán maneras de excusar esta profanación de una casa consagrada para la adoración de Dios. Pueden señalar la “magnanimidad” de Francisco para los marginados, recordarnos que Cristo dio a la gente de comer antes de instruirlos, etc… Pero no me sirve nada de eso; ya que no había necesidad real de comer dentro del edificio sagrado. Nadie estaba a punto de morir de hambre, y la comida podría haber sido muy fácil de servir a todo el mundo fuera de la basílica. Y por supuesto no hace falta decir que Francisco no pasó a continuación de la comida a instruir a nadie en el verdadero Evangelio de Cristo.

 

Sin duda los defensores usuales de los este tipo de actos de Francisco encontrarán maneras de excusar esta profanación de una casa consagrada para la adoración de Dios. Pueden señalar la “magnanimidad” de Francisco para los marginados, recordarnos que Cristo dio a la gente de comer antes de instruirlos, etc… Pero no me sirve nada de eso; ya que no había necesidad real de comer dentro del edificio sagrado. Nadie estaba a punto de morir de hambre, y la comida podría haber sido muy fácil de servir a todo el mundo fuera de la basílica. Y por supuesto no hace falta decir que Francisco no pasó a continuación de la comida a instruir a nadie en el Evangelio de Cristo.

 

Sin olvidar a Jesús echando a los mercaderes del Templo; viene bien traer a colación lo que específicamente San Pablo nos dice acerca de comer y beber en lo que se refiere al culto divino:  ¿Qué? ¿Acaso no tienen sus propias casas para comer y beber? ¿O de veras quieren deshonrar a la iglesia de Dios y avergonzar a los pobres? ¿Qué se supone que debo decir? ¿Quieren que los elogie? Pues bien, ¡de ninguna manera los elogiaré por esto!” (1 Cor 11, 20-22) Yo no soy Papa, pero… a ver… creo que el mandato bíblico lo entiende cualquiera. ¿No?

 

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¿Me entienden ahora cuando digo que la pobreza no es solo material, y que además no puede ser “utilizada” para ofender a Dios?

Quizá, San Francisco de Asís; a quien el Señor le dijo: “Francisco, reconstruye mi iglesia, ¿no ves que amenaza ruina?”, sea uno de los santos más apropiados a los que encomendarnos en estos momentos.

 

Vicente Montesinos

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