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Adoración y Liberación

Por Vicente Montesinos

Categoría

Editorial

La felicidad se encuentra en Dios.

Vicente Montesinos

 

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Se afanan muchos por encontrar los ocultos senderos de la dicha en las realidades que fascinan: el mundo (con sus encantos y bellezas), la tecnología, las riquezas, la belleza física, y otros tantos ídolos que aglutinan ingentes cantidades de admiradores.

Más todo esto no son más que pálidos reflejos. Apagados destellos de una superior y única realidad. Por ello nunca se encontrarán en estas cosas ni el manantial, ni la fuente, ni el origen de la felicidad.

Más ambiciosos, nosotros pensamos que todas las participaciones, todas las partículas de felicidad derramadas acá y allá en la tierra, no son más que fragmentos minúsculos y partecillas nimias de la auténtica felicidad, causa y raíz de toda otra que quiera merecer tal nombre.

Como las ansias y deseos del alma son, en este sentido, incontenibles, inmensos e ilimitados, nadie sino el Ser Infinito, Ilimitado y Eterno podrá ser quien proporcione al hombre la saciedad plena en sus deseos de felicidad.

Ya el Obispo de Hipona había comprendido a la perfección toda la profundidad de este pensamiento y lo expresó en una frase que será siempre definitiva en su contenido: “Nos has hecho, Señor, para Ti, e inquieto está nuestro corazón hasta que descanse en Ti” (Confesiones, I, 1)

Afirmar que la felicidad auténtica no se encuentra más que en Dios es decir algo que está muy dentro de la convicción de los fieles católicos. Y sí, Jesucristo nos promete esa felicidad, en una etapa celestial y perdurable; pero nos regala una etapa terrena y humana donde el hombre debe conseguir su perfeccionamiento progresivo, ayudado por la Gracia y la presencia real, vital y operante de Dios.

Él es nuestra dicha, aún en esta tierra. Nuestra felicidad, en este mundo, y en el otro. 

Contra el Edén materialista de todos los tiempos, opone Cristo el paraíso espiritual, que es el resultado de la presencia y acción de Dios en el alma del justo durante su existencia sobre la tierra.

Con San Pablo, “In Ipso vivimus, movemus et sumus”, y es imposible ser conscientes de esta proximidad y cercanía del Señor, y no experimentar los saludables efectos de esta realidad.

Si Dios es la fuente de la felicidad y el cielo es la suma de todas las venturas por hallarse en él Dios, su presencia real y operante en el alma del justo proporcionará lógicamente la alegría, la paz y la felicidad que nadie podrá arrebatar.

En Él encontrará el hombre la saciedad de sus deseos más íntimos, en cuanto es posible en este mundo.

Y por cierto… ¿Donde es más posible? Muy cerquita del sagrario.

Y porque hasta el cielo no paramos, que Dios os bendiga. 

 

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TELEGRAMA: “No sabemos lo que nos pasa y eso es precisamente lo que nos pasa…”

Vicente Montesinos

 

 

 

 

Decía Ortega y Gasset:  “No sabemos lo que nos pasa y eso es precisamente lo que nos pasa”.

La gran mayoría de los católicos ni siquiera son conscientes de los problemas tan graves por los que nuestra Santa Madre Iglesia está atravesando. Y eso es una realidad que constatamos quienes nos movemos en esta ardua batalla.

Y digo yo… ¿No será que ni siquiera conocemos el original, y entonces nos es imposible identificar la copia? ¿No será que desgraciadamente y realmente no conocemos nuestra propia Fe ni nuestra propia Doctrina?

Pareciera que solo vemos los gestos grandilocuentes y ampulosos de tal Obispo o tal Papa; y que solo nos llenan sloganes huecos y lenguajes de mitin.

Pero… ¿no hay forma de que seamos capaces de ver que caminamos irremediablemente hacia el protestantismo, el antropocentrismo radical y la salvaje secularización; que cada día desangran a nuestra amada Iglesia de Cristo?

La enfermedad es grave. Sí. Muy grave. Pero por supuesto, no es mortal. Como nunca lo será ninguna. Porque Cristo siempre sale vencedor. Pero eso sí; nos toca padecer como su Cuerpo Místico durante el tiempo que Dios tenga señalado.

Y porque hasta el cielo no paramos, que Dios os bendiga.

 

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Un discurso histórico. Gracias, Padre Weinandy.

Vicente Montesinos

 

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El Padre Weinandy

 

El Padre Weinandy ha manifestado de forma clara que estamos siendo testigos de la desintegración del catolicismo de la Iglesia. En un discurso histórico, el ex jefe del comité doctrinal de la USCCB dice que el liderazgo de la Iglesia está atacando su identidad y llama a los fieles a montar una respuesta “robustamente positiva“.

Solo cuando los católicos entiendan que la unidad, la santidad, la catolicidad y la apostolicidad de la Iglesia están siendo atacadas por el liderazgo actual de la Iglesia, podrán responder a la crisis eclesial actual y encontrar soluciones positivas a ella“.

Así, en estos claros y esperanzadores términos se ha expresado el padre capuchino Tomas Weinandy,  miembro de la Comisión Teológica Internacional del Vaticano y ex jefe de gabinete del comité de doctrina de los Obispos de los EE. UU (lo de ex, era previsible)

Durante una conferencia en la Universidad de Notre Dame en Sydney, el padre Weinandy ha centrado su charla en las “Cuatro Notas” de la Iglesia, expresadas en el Credo de Nicea como la “Iglesia Una, Santa, Católica y Apostólica”. Casi nada.

Cada una de las cuatro notas, -dijo- debe concebirse y articularse adecuadamente, y se expresan y nutren más plenamente dentro de la liturgia eucarística.”

Para subrayar su significado, se basó en las siete cartas de San Ignacio de Antioquía, la Constitución dogmática sobre la Iglesia del Vaticano II, Lumen Gentium, y la encíclica del Papa San Juan Pablo II de 2003 sobre la Eucaristía, Ecclesia de Eucharistia.

El padre Weinandy, quien criticó del actual pontificado ser causante de “confusión crónica” en una carta abierta al Papa Francisco el año pasado, ha manifestado ahora que “cuatro notas eclesiales definitorias están actualmente en riesgo” y la amenaza viene, no de teólogos católicos, sino que “incluso y lamentablemente desde dentro del liderazgo de la Iglesia“.

Por lo tanto, cree que es necesaria una “defensa sólida y una defensa clara” de las cuatro notas; de lo contrario, la identidad de la Iglesia “se volverá desordenada” y, por lo tanto, “debilitará” su capacidad de proclamar el Evangelio. Esto no solo “causará escándalo” sino “más importante, menosprecia la liturgia eucarística como la representación suprema” de las cuatro notas.

Tras una bellísima explicación de la aportación de San Ignacio de Antioquía a la consolidación doctrinal de estas cuatro características fundamentales de la Iglesia de Cristo, hoy tan atacadas, se refirió el teólogo capuchino a la Lumen Gentium, explicando como dicho documento enfatiza la importancia de la “unidad” desde el principio, y subraya cómo los obispos tienen la obligación de fomentar y salvaguardar “la unidad de la fe“.

En Ecclesia de Eucharistia, dijo además que Juan Pablo II “sostiene firmemente que la unidad es la marca fundamental e indispensable de la Iglesia“. El Padre Weinandy luego señaló que, aunque la Iglesia post-conciliar ha estado “plagada de divisiones“, nunca dudó sobre dónde estaban Juan Pablo II y Benedicto XVI con respecto a la “doctrina, la moral y la práctica litúrgica” de la Iglesia.
“Tal no es el caso, de muchas maneras significativas, dentro del presente pontificado del Papa Francisco”.

 

El Padre Weinandy luego señaló que, aunque la Iglesia post-conciliar ha estado “plagada de divisiones“, nunca dudó sobre dónde estaban Juan Pablo II y Benedicto XVI con respecto a la “doctrina, la moral y la práctica litúrgica” de la Iglesia. “Tal no es el caso, de muchas maneras significativas, dentro del presente pontificado del Papa Francisco”.

 

Una llamada a la valentía, a la unidad, a la verdad y a la esperanza. Un discurso histórico.

Dios siga asistiendo a Weinandy y a lo sacerdotes valientes. Los necesitamos. Adelante. Porque hasta el cielo no paramos.

 

 

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No tengo titular para las palabras del Arzobispo Chaput: todas ellas serían un titular para mí.

Vicente Montesinos

 

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Monseñor Charles Chaput

 

 

El 14 de septiembre de este año “Fides et Ratio” de San Juan Pablo II cumplirá 20 años. Con tal motivo el Arzobispo de Philadelphia; Charles Chaput, ha manifestado que la encíclica del santo papa fue profética, ya que “enfrenta la crisis de la verdad dentro de la misma Iglesia“. En una entrevista concedida a CNA el mitrado ha hablado largo y tendido sobre la relevancia de “Fides et Ratio” en el momento que atraviesa la Iglesia en la actualidad.

Chaput ha declarado que es una vital encíclica contra la “teología caprichosa“; y que una buena filosofía y una buena teología son mutuamente enriquecedoras, y sirven para combatir los actuales vaivenes. Por otro lado ha resaltado que dicha encíclica trae como principal conclusión que aprender a pensar con claridad, con la Iglesia, de una manera madura y bien informada, es vital. Es tan crucial como sentir profundamente nuestras convicciones religiosas. El sentimiento no es suficiente, y eso afecta directamente la forma en que entendemos el papel de la conciencia.

Monseñor Chaput ha manifestado que la fe cristiana es más que buena voluntad e intenciones amables. La conciencia es más que nuestras opiniones sinceras personales. Una conciencia sana necesita una fuerte formación en las verdades comunes de la comunidad católica. Sin ella, la conciencia puede convertirse rápidamente en una máquina de coartada. El mundo es un lugar complicado y requiere sólidas habilidades de razonamiento católico arraigadas en la enseñanza de la Iglesia.

El arzobispo de Philadelphia no se ha escondido de afirmar que las últimas generaciones han tenido una catequesis deficiente y una formación de conciencia muy inadecuada. Tenemos una gran cantidad de adultos con credenciales exitosos que se consideran a sí mismos como católicos pero cuya educación de fe terminó en sexto grado. La recuperación de la disciplina del buen razonamiento moral católico es urgente.

No tienen desperdicio además la siguientes respuestas dadas por Chaput a algunas cuestiones que se le han plateado en CNA:

 

Si alguien se encuentra en un entorno cultural o eclesial dominado por una filosofía y una teología pobres, ¿cómo debería responder él o ella?

Ignorar las tonterías, leer, mirar y escuchar buen material católico, y vivir su fe en conformidad con lo que la Iglesia siempre ha enseñado. Los conceptos básicos todavía se aplican al matrimonio, el sexo, la honestidad y todo lo demás. No hay “nuevos paradigmas” o revoluciones en el pensamiento católico. Usar ese tipo de lenguaje engañoso solo agrega confusión a una edad confusa.

 

Si nos encontramos en un entorno con buena filosofía y teología, ¿contra qué debemos protegernos?

Contra el orgullo y la complacencia. Todos nosotros estamos llamados a ser misioneros. Predicamos mejor a Jesucristo cuando somos testigos de nuestra fe en la caridad y justicia de nuestras acciones diarias.

 

¿Por qué cree que estos problemas de fe y razón son tan recurrentes en nuestro tiempo?

La ciencia y la tecnología parecen, pero solo parecen, hacer que lo sobrenatural y sacramental sea inverosímil. El lenguaje de la fe puede comenzar a parecer extraño e irrelevante. Es por eso que perdemos a tantos jóvenes antes incluso de considerar las creencias religiosas. Son catequizados todos los días por una corriente de distracciones materialistas que no refutan a Dios, sino que crean una indiferencia hacia él.

La Iglesia está luchando con muchas dudas sobre sí misma. Creo que muchos pastores y eruditos de la Iglesia simplemente han perdido la confianza en la racionalidad de la fe y la fiabilidad de la palabra de Dios, sin estar dispuestos a admitirlo. En cambio, se refugian en los sentimientos humanitarios y la acción social. Pero no necesitas a Dios para ninguna de esas cosas, al menos a corto plazo. A la larga, Dios es el único garante seguro de los derechos humanos y la dignidad. Entonces, debemos pensar nuestro cristianismo, profunda, fiel y rigurosamente, así como sentirlo.

Por eso Fides et Ratio es tan importante. Nos recuerda.

 

Excelencia, no he podido quedarme con ninguna de sus frases como titular. Las hubiera puesto casi todas. Permítame el juego fácil: Monseñor Chaput… chapó.

 

 

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Telegrama: si si no no.

Vicente Montesinos

 

 

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Si de la Iglesia dejamos caer la Gracia; y arrinconamos el imperativo de cumplir los mandamientos… ¿Para qué estamos?

Si la Iglesia asume como inevitable la imposibilidad de cumplir con la Ley de Dios… ¿Para qué estamos?

Si la Iglesia no exhorta a la conversión… ¿Para qué estamos?

 

Si la Iglesia no enseña que el hombre no puede incumplir la Ley de Dios sin graves consecuencias, para él y para los demás… ¿Para qué estamos?

¿Qué mas podemos descafeinar? Si la doctrina es clara y se aplica, no hay vuelta de hoja.

Luego… ¿Para qué estamos? ¿Para qué tanto recurso a reflexiones, paréntesis, casuística, discernimientos…? ¿No será que se espera en verdad violentar la ley?

Es, de hecho, el proceder del diablo en las tentaciones. Por eso Jesucristo nos enseñó a ser claros: sí sí, no no.

Y porque hasta el cielo no paramos, buenas noches y que Dios les bendiga

 

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Tengamos el rostro tan duro como la piedra…

Vicente Montesinos

 

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Han pasado siglos desde la crisis arriana, y sabemos que en aquél momento el papel de los seglares fue determinante. Hoy, tanto tiempo después, y quizá teniendo sobre la mesa la mayor crisis eclesial desde el arrianismo; tras medio siglo de desbandada doctrinal pareciera que el pueblo de Dios, en su gran mayoría, esté desmovilizado. Pareciera que el “sensus fidei” se agota, inexorablemente, dejando vías expeditas a la apostasía.

Pero la fe sigue viva en el corazón de los fieles que se niegan a tragar con el “nuevo paradigma”. El del “Evangelio sin Cruz” que propone en su inmensa mayoría la jerarquía.

¿Muchos? ¿Pocos? No lo sé. Yo voy teniendo la sensación de que este grupo de locos poco a poco va aumentando. Y una cosa les digo: Dios siempre ha “necesitado” de poco y de pocos para derrotar al mal.

Evidentemente quieren callarnos. Cualquiera de los que estáis en esta lucha lo estáis sufriendo igual que yo. Pero no pueden.

Evidentemente quieren impedir que molestemos las conciencias adormecidas por el “evangelio de la puerta ancha”. Pero no pueden. Quizá en otro tiempo fuera fácil… Hoy es imposible. Dios sabe que medios usa para mantener aguerrido a su pueblo fiel.

Nuestra voz sigue sonando, justamente en defensa de lo que nos acusan de conculcar: la UNIDAD. La unidad de la Santa Iglesia Católica y Apostólica, en la Común Unión de Cristo con su pueblo; en el Magisterio bimilenario, las Sagradas Escrituras, la sana doctrina y la tradición.

Hermanos… ¡No perdamos la Fe en la Iglesia de Cristo! ¡En la única! Cuenten lo que cuenten… ¡extra ecclesiam nulla salus! La Iglesia de Cristo, la única, la católica y apostólica; claro; es a la que el demonio odia con todo el corazón. No duda en urdir nuevos planes para acabar con ella. Y si no puede desde fuera, pues desde dentro… Pero el infeliz parece no saber en su soberbia que la batalla la tiene perdida antes de empezar… Que Cristo la venció por nosotros un Jueves Santo en la Institución de la Santa Eucaristía y un triduo pascual con su muerte y resurrección.

Así que adelante hermanos. Santa desvergüenza y lucha. Tengamos el rostro tan duro como la piedra, si falta hiciere, y a soportar lo que venga. Sólo Cristo vence. Y si estamos con Él, somos invencibles. Por su gracia.

Recordemos a San Atanasio. Quedó sólo. Pero venció. Supo defender a la Iglesia contra la marea imperante, la herejía, la apostasía y la jerarquía.

A seguir. Si no quieren ver ni oir, ya llegará el llanto y el rechinar de dientes. De Dios nadie se burla.

Y como hasta el cielo no paramos… ¡Qué Dios os bendiga!

 

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¡Torquemada; Dios nos hizo para ser felices!

Vicente Montesinos

 

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Estamos en Cuaresma. Sabemos que prácticas hemos de realizar para vivirla como corresponde, y que aspectos hemos de cultivar de forma especial. Pero cada vez más pareciera que los católicos dispuestos a seguir este esquema nadan contra corriente.

Cabe recordar que hace escasos 50 años, el ayuno y la abstinencia se practicaba los viernes y los sábados de todas las semanas; más todos los días de Cuaresma. A ello se sumaba el Triduo Pascual, diversas vigilias (Pentecostés, San Pedro, Navidad…), además de las témporas.

Hoy nos parece testimonial y medio lúdico esto de “los viernes de Cuaresma no comer carne“; y el ayuno del Miércoles de Ceniza y del Viernes Santo nos resulta algo estrambótico, reservado a los más “antiguos”. Además, la explicación al asunto de gran parte de los sacerdotes es la de: “Bueno, no comer carne es un símbolo, en verdad ayunar significa ayunar de palabras hirientes….“, y demás consignas estereotipadas en la modernidad.

Pero lo que se esconde tras todo esto no es más que el progresivo viraje desde la religión católica hacia la religión humanista, mundial, light y vacía de toda sobrenaturalidad.

Lo del ayuno… ¡Eso es cosa de antes, y de mentes rígidas! Antes… Antes el trabajo era cien por cien físico, se iba al campo de sol a sol, y las actuales comodidades no existían… Sin embargo hoy, y con nuestra plácida vida, esas disciplinas, imbuidos como estamos de este mantra relativista, hasta nos parecen ya barbaridades.

El “nuevo paradigma” disminuye nuestro fervor, y con ello nuestra capacidad de sacrificio; y sin sacrificio, la salvación se aleja inexorablemente, ya que el sacrificio ofrecido a Nuestro Señor convierte en sobrenatural algo tan humano como es el dolor.

Ahora es cuando el cura progre me dice: ¡Torquemada, Dios nos hizo para ser felices! Claro. Claro que sí. Pero para serlo hemos de encaminarnos al fin para el que Él nos creó, para de esta forma, salvar nuestra alma. Todo lo que de ahí se escapa, es un obstáculo para nuestra salvación.

Permitidme recordaros que es doctrina tradicional en la espiritualidad cristiana que el arrepentimiento incluye la penitencia, sin la cual al cristiano le es difícil permanecer en el camino angosto y ser salvado. Cristo mismo dijo a sus discípulos que ayunaran una vez que Él partiera. La ley general de la penitencia, por lo tanto, es parte de la ley de Dios para el hombre. La Iglesia Católica, con su autoridad recibida del Salvador, ha especificado ciertas formas de penitencia, para asegurarse que los católicos, de alguna manera, realicen esta práctica, como lo requiere la ley divina, y así hacerles más fácil el cumplir con esta obligación.

Con todo el cariño… Torquemada (del que por cierto, otro día hablaremos, sin tanto mito ni corrección política… si nos dejan…)

 

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¡Madre de Lourdes, si te hubiéramos escuchado!

Vicente Montesinos

 

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Hoy, 11 de febrero, celebramos la Festividad de Nuestra Señora, la Virgen de Lourdes, Madre de Dios y Madre Nuestra…

¡Cuantas veces vuelves a avisarnos, a repetirnos las palabras de tu Hijo, a rogarnos, encarecidamente, que salvemos nuestras almas!

¡Nos avisas, de nuevo, y cada vez, cual madre amorosa, de que por aquí no vamos bien, de que nos alejamos de los planes de Dios, y lo peor, desde su propia Iglesia!

¡Pero no escuchamos!

¡No te escuchamos un día como hoy, en Lourdes, ni en Fátima, ni en Garabandal, ni en El Escorial, ni en Medjugore, ni…!

¡Feliz día de Nuestra Madre de Lourdes, que más feliz lo será si escuchamos sus maternales llamadas!

Y porque hasta el cielo no paramos… ¡Que Dios os bendiga!

Los hechos se precipitan, se machaca al guardián fiel; y Dios quiera que el cisma no llegue, pero si ha de llegar… ahí tienen la puerta.

Vicente Montesinos

 

 

Durante los últimos 10 días los hechos escandalosos en Nuestra Santa Madre Iglesia se han multiplicado. Cada día que uno de ellos saltaba a la palestra, o que yo mismo descubría algún otro, hubiera querido ponerme a escribir sobre él. Ni he podido, ni he querido, ni a veces me han surgido las ganas de repetir cada día el mismo argumento, que en momentos bajos, parece un clamor en el desierto: ¿Porqué hacéis esto? ¿Porqué los perseguidos somos quienes queremos ser fieles a los mandatos de Cristo, el Magisterio Bimilenario, la tradición y la Sana Doctrina? ¿Porqué calláis y nos dejáis tan solos, hermanos? Etc…

Me sorprendía así cuando mi buen hermano Rafael me remitía unas palabras del Padre Santiago Martín; valiente y certero, como casi siempre, en las que hacía un análisis muy parecido al que me había venido haciendo yo mismo, y que ya estaba recopilando para un extenso artículo sobre el asunto. Incluso alguna idea más me daba.

Y es que la gravedad de la situación no es para menos.

Los últimos días, en una loca aceleración de lo que en los últimos años venimos sufriendo, y en los últimos meses se ha acrecentado, han venido cargados de hechos sorprendentes, a la par que graves y tristes.

Aquí les dejo una muestra de solo algunos de ellos. Pero no los pierdan de vista, porque la descomposición del status eclesial actual se acelera por instantes:

 

  • El Cardenal Marx (presidente de la Confederación Episcopal alemana) ha manifestado que en determinadas condiciones,  se podrán dispensar en la Iglesias bendiciones a las parejas homosexuales.

 

  • El Vaticano hace años que prohibió a los Obispos alemanes que se expidieran los llamados “certificados para abortar”;  y esta misma semana los obispos alemanes han decidido saltarse esa prohibición a la torera (y me limito en cada caso a dar un titular, porque cada una de estas barbaridades dan para un tratado).

 

  • Hemos conocido esta semana como sólo en el mes de diciembre más de un millón de personas han emprendido una masivo éxodo a Colombia desde Venezuela, ante la gravísima situación existente en el país venezolano, que ha convertido el asunto, y hablamos solo de una frontera, en un verdadero problemas de refugiados y en una verdadera crisis humanitaria. ¿Y donde ha estado el Vaticano de los “refugiados”, los “ius soli” y los “acojamos a todos”… En silencio… Silencio absoluto ante el masivo éxodo de más de un millón de personas; que parecen ser refugiados de tercera, cuando en esta ocasión sí, en la mayoría de los casos, huyen por su condición de católicos o contrarios a los regímenes bolivarianos y populistas con los que Roma se besa en la boca.

 

  • Para escribir un libro daría lo conocido en los últimos días en relación a uno de los hombres más cercanos al Santo Padre, el difícilmente nombrable sin condenarse ” Sanchez Sorondo”, que entre otro cúmulo de traiciones, sandeces, falsedades y bajezas, ha manifestado, sin pudor, que China es el modelo a seguir para  la aplicación de la doctrina social de la Iglesia. Mientras el mártir Zen denunciaba la represión creciente de los católicos por parte del Gobierno Comunista chino, y entre Roma y China se cuece una de las acciones más miserables emanadas por los siglos de la diplomacia vaticana, Sorondo intentaba hacernos creer que un burro vuela, sin que le tiemble el pulso al pisotear la memoria y la actualidad de los millones de mártires chinos que ahora van a quedar para eso, para coger uvas, mientras su siempre defendida Roma se casa con los herejes y excomulgados.

 

  • En estos días hemos podido ver también como  la Web de la Pontificia Academia de la Vida (curioso que hayan mantenido este nombre para este actual engendro que ha abandonado toda defensa de la vida humana desde la concepción y hasta la muerte natural, como la concibió por San Juan Pablo II), publicaba un artículo explicando como en determinadas circunstancias se aconseja el uso de la píldora anticonceptiva.

 

  • En los últimos días hemos podido leer la carta de los atribulados católicos convertidos desde el Islam, perplejos, abandonados, y explicando precisamente su desconcierto y la soledad en que se sienten. Más mártires.

 

  • Y etc…, etc…, etc…, etc… Y en este caso los etc. no son un recurso literario.

 

Amoris Laetitia planteó un claro intento de cisma. Dicho cisma estaba servido si se permitía que se diera la comunión a los llamados “divorciados y vueltos a casar”. Cisma que formalmente se frenó con aquella ambigüedad del si, pero no, y si cuando, pero entonces… Ambigüedad que no ha solucionado nada y que sigue existiendo; y que en la práctica ha supuesto un cisma real, pero que, a la vista de lo que se aceleran los acontecimientos, pareciera no ser suficiente para los herejes.

Lean por favor, sin retrotraernos a las recientes barbaridades increíbles de ni siquiera imaginar hace 6 años, la lista de estos últimos días. ¡Léanla! ¡Medítenla! ¡Es contenido esencial! ¿Qué es esto? ¿No les da la misma impresión que a mí? ¿No les dice que, por mucho que, como en mi caso, la gran parte de sacerdotes y laicos me sigan diciendo que hay que callar, que esto no ayuda, y que no escriba nada que no favorezca la común unión entre todos los cristianos; no podemos callar ante esto? ¿No tienen la sensación de que es realmente increíble que haya católicos que no vean nada, no sientan nada, no les preocupe nada, y no hagan nada?

Cierto es que es duro ser misericordiado. Es duro que te miren como un bicho raro propios y extraños. Es duro que tantos y tantos que siempre te tuvieron como una persona comprometida, espiritual, honesta y de fiar, te miren ahora por encima del hombro y no quieran saber de ti. Es duro darte cuenta de la cantidad de sacerdotes que se ponen incómodos en tu presencia, y que, creyendo que no les ves, se hacen los tontos para no pararse a hablar contigo cuando tú solo quieres defender su iglesia, la de ellos, la nuestra, y ellos prefieren mantener el “status quo”, aunque ello les lleve a perder el alma.

La situación es gravísima, hermanos, y ya no permite medias tintas ni tibiezas.

Da la impresión de que, además, y como les he desarrollado más arriba, a la vista de la precipitación de hechos, alguien «tiene prisa» por provocar en nosotros, los sectores fieles al magisterio de la Iglesia, una reacción, por hartazgo y enfado, que no tenga marcha atrás.

A lo mejor es que piensan que el tiempo se les está acabando y de ahí que se precipiten en quemar todas las naves. Porque reconozcan que, esta lista que solamente recoge cosas de los últimos días, no es normal.

O a lo mejor buscan su “casus beli” contra ese sector al que me refería, de fieles a la tradición y a la Palabra de Dios, queriendo que nos molestemos, nos enfademos y nos vayamos. Y así consumar la transformación de la Santa Madre Iglesia Católica, única, de Cristo, una y apostólica; en la Iglesia del NOM, de la religión mundial única, y del “quien soy yo..”.

Quizá, y como decía el Padre Martín; están tratando de atacar constantemente al fiel perro guardián, para que el perro se enfade, y poder decir que está rabioso. Porque ya se sabe: si quieres matar al perro, di que tiene rabia.

¿Qué hacer, fieles hermanos en Cristo? Aguantar. Aguantar mucho lo que quizá sean los últimos coletazos de un animal herido. Aguantar, rezar, y seguir denunciando, luchando, hablando y testimoniando.

Porque el cisma es una pésima solución. Sin duda.

Pero si ha de haberlo, Dios no lo quiera, que se vayan ellos. Con los protestantes, con los LGTB, con el régimen de China o con la madre que los amamantó a todos.

Nosotros, el Resto Fiel, nos quedamos. Con Cristo, con su Iglesia, con el Magisterio bimilenario, la Tradición, las Escrituras, la sana doctrina y el Ministerio Petrino.

Y al que no le guste… puerta.

 

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