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Adoración y Liberación

Por Vicente Montesinos

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Beato Charles de Foucauld

Padre, me abandono a ti…

Vicente Montesinos

Hoy es el día del Beato Charles de Foucauld. El apóstol del abandono.
Os invito a rezar hoy su oración. La oración de entrega y abandono a Dios. Yo la rezo cada día, y es una bendición.
Especialmente necesaria en estos tiempos en los que, muchas veces, por mucho que luchemos, al final hay que cerrar los ojos, y decir: Padre, en tus manos lo abandono todo.
Y llegue a la paz.
Para de nuevo, al día siguiente, volver a la lucha, y si las cosas no salen: Padre me abandono a ti. Y si salen: Padre me abandono a ti.
¡Feliz día en el Señor y bajo la intercesión del beato Charles de Foucauld!

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Autor: Charles de Foucauld

Padre, me pongo en tus manos, 
haz de mí lo que quieras, 
sea lo que sea, te doy las gracias.

Estoy dispuesto a todo, 
lo acepto todo, 
con tal que tu voluntad se cumpla en mí, 
y en todas tus criaturas.
No deseo nada más, Padre.
Te confío mi alma, 
te la doy con todo el amor 
de que soy capaz, 
porque te amo.
Y necesito darme, 
ponerme en tus manos sin medida, 
con una infinita confianza, 
porque Tú eres mi Padre.

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Propuesta para la santidad: humildad, confianza, vivir el presente, amor y gratitud.

Es a través de mis debilidades donde actúa Dios con su poder y lo que yo no puedo llevar a cabo con mi fuerza es Él quien lo hace. En lugar de percibir mi pobreza como un inconveniente o un obstáculo, he de concebirla como una gracia. En este convencimiento se puede caminar hacia la salvación día a día, paso a paso.

He de saber además que el amor a Dios se expresa principalmente mediante la humildad y la confianza. Reconocer la propia nada y esperarlo todo de Dios, como un niñito lo espera todo de su padre; y no preocuparse por nada.

 

He de saber además que el amor a Dios se expresa principalmente mediante la humildad y la confianza. Reconocer la propia nada y esperarlo todo de Dios, como un niñito lo espera todo de su padre

 

Así lo veía Santa Teresita de Lisieux; quien concibió su “caminito” de confianza como el modo más rápido de alcanzar la santidad. Aceptar recibir de la mano de Dios, día tras día, todo lo necesario, sin preocuparme del pasado ni del futuro.

 

Así lo entendió Charles de Foucauld al practicar su exquisito abandono; o San Josemaría Escrivá quién nos dejó una bellísima jaculatoria sobre el mismo.

 

 

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Santa Teresita de Lisieux

 

¿El secreto? Día tras día hacer lo que se me pide, sin preocupaciones, sin miedo, con la certeza de que Dios es fiel y me da en cada momento lo que necesito.

¿Qué cómo? Humildad, confianza, vivir el momento presente, amor y gratitud. Son las actitudes que atraen la gracia de Dios.

 

¿Qué cómo? Humildad, confianza, vivir el momento presente, amor y gratitud. Son las actitudes que atraen la gracia de Dios.

 

No hay que olvidar que el desánimo es una expresión del orgullo. Cuando se es humilde uno no se desanima pues confía en Dios y en sí mismo. Además; no puedo servir a Dios y querer tener una vida fácil. Por lo que ten paciencia, acéptate como pobre, deposita toda tu esperanza en la infinita misericordia de Dios y confía en que Dios puede sacar bien de todo, incluso de estas zonas de penumbra presentes en tu vida.

Acepta que no tienes fuerzas, sin caer en el desánimo. Sé un pobre de espíritu y Jesús vendrá a buscarte. Esa es la confianza sin limites en Dios, que acorta el camino hacia la santidad. A la inversa, lo que ofende más a Jesús y hiere su corazón es la falta de confianza en Él. Dios no espera que seamos perfectos, sino que nos fiemos de Él, con una confianza total.

Y es que tanto alcanzaremos de Él cuanto nuestra alma de Él espere. Y al fin y al cabo, sabemos, con San Pablo, que todo contribuye al bien de quienes aman al Señor.

 

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San Pablo

 

En definitiva; transitemos por la vida hacia la santidad con humildad, confianza, viviendo el presente, con amor y con gratitud. Y atraeremos las gracias de Dios sobre nuestra existencia.

 

 

Vicente Montesinos

Beato Charles de Foucauld – El apóstol del abandono. 


Si en algún modelo podemos fijarnos para aprender lo que es el verdadero abandono en las manos de Dios, ese es el del beato Charles de Foucauld, cuya fiesta celebramos hoy. Un apasionante sacerdote muerto en 1916, y beatificado por su santidad el Papa Benedicto XVI en el año 2005.

El Hermano Carlos de Jesús nació en Francia, en 1858. Huérfano a los 6 años, se orientó hacia la carrera militar. De adolecente pierde la fe, y joven emprende una peligrosa exploración a Marruecos (1883). El testimonio de fe de los Musulmanes despierta en él un cuestionamiento sobre Dios: «Dios mío, si existes, haz que te conozca ». De regreso a Francia comienza su búsqueda.

Guiado por el Padre Huvelin, encuentra a Dios en octubre 1886.Tiene 28 años. «Enseguida que comprendí que existía un Dios, comprendí que no podía hacer otra cosa que vivir sólo para El».
Durante una peregrinación a Tierra Santa descubre su vocación: seguir Jesús en su vida de Nazareth. Pasa 7 años en la Trapa, primero N.S. de las Nieves, después Akbes, en Syria. Enseguida después, él vive solo en la oración y adoración cerca de las Clarisas de Nazareth.
Ordenado sacerdote a los 43 años (1901) parte al Sahara, primero Beni-Abbes, después Tamanrasset en medio de los Tuaregs del Hoggar. Quiere ir al encuentro de los más alejados, «los más olvidados y abandonados».Quiere que cada uno de los que lo visiten lo consideren como un hermano, «el hermano universal».

El quiere «gritar el evangelio con toda su vida» en un gran respeto de la cultura y la fe de aquellos en medio de los cuales vive. «Yo quisiera ser lo bastante bueno para que ellos digan: “Si tal es el servidor, como entonces será el Maestro…”».
En el atardecer del 1 de Diciembre 1916, fue matado por una banda que rodeó la casa.
Siempre soñó compartir su vocación con otros: después de haber escrito varia reglas religiosas; pensó que esta «vida de Nazareth» podía ser vivida en todas partes y por todos. Actualmente la «familia espiritual de Charles de Foucauld» comprende varias asociaciones de fieles, comunidades religiosas e institutos seculares de laicos y sacerdotes.
La oración más famosa escrita por él, es la oración de abandono. Una verdadera joya espiritual que seguimos a diario todos los seguidores de Charles de Foucauld. Un verdadero bálsamo para el espíritu,  y entrega a las manos de Dios.

Padre mío,

me abandono a Ti.

Haz de mí lo que quieras.

Lo que hagas de mí te lo agradezco,

estoy dispuesto a todo,

lo acepto todo.

Con tal que Tu voluntad se haga en mí

y en todas tus criaturas,

no deseo nada más, Dios mío.

Pongo mi vida en Tus manos.

Te la doy, Dios mío,

con todo el amor de mi corazón,

porque te amo,

y porque para mí amarte es darme,

entregarme en Tus manos sin medida,

con infinita confianza,

porque Tu eres mi Padre.

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