Monseñor Viganò: Homilía sobre la Sagrada Familia. Épico combate contra el mundialismo

En esta batalla, no sólo nos asedian unas fuerzas enemigas potentísimas y descontroladas, sino también infiltrados en la Iglesia, que incluso ocupan altos cargos dentro de ella y por interés, chantaje o miedo colaboran con el plan infernal del Nuevo Orden Mundial.

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ET ERAT SUBDITUS ILLIS

Homiía para la infraoctava de Epifanía

Y estaba sometido a ellos; su madre

conservaba todas estas palabras (repasándolas) en su corazón.

Y Jesús crecía en sabiduría, como en estatura,

y en favor ante Dios y ante los hombres.

Lc. 2, 5

 

Alabado sea Jesucristo

En la infraoctava de la Epifanía la Iglesia celebra la festividad de la Sagrada Familia formada por Jesús, María y José, inmediatamente después de la manifestación de la divinidad de Nuestro Señor. ¿Por qué celebramos la conmemoración de la Sagrada Familia, misterio de intimidad y afectos por los que hay que velar en el hogar, precisamente cuando se manifiesta la divina realeza del Niño Rey, adorado por los pastores y los Reyes Magos venidos de Oriente?

Esto se debe a que es en la Familia –la natural, desde luego, pero también la santificada por el sacramento del Matrimonio, y en máximo grado aquella en la que los padres son la Virgen Santísima y el patriarca San José, y el Hijo es el Verbo Encarnado– donde se concreta en la caridad el orden que es condición indispensable para la realeza social de Nuestro Señor Jesucristo. Une a los padres en una relación jerárquica que tiene por modelo el amor entre Aquel que es Cabeza de la Iglesia y su Cuerpo Místico. En ese microcosmos que se considera célula de sociedad, prepara a los hijos para ser buenos cristianos, soldados valerosos de Cristo, ciudadanos honrados y gobernantes sabios y prudentes.

Sin la familia no puede existir una sociedad bien ordenada. Y sin la familia cristiana tampoco puede existir una sociedad cristiana en que se reconozca la señoría de Cristo. En la familia, los padres ejercen en nombre de Dios la autoridad sobre los hijos, y por tanto esa autoridad es legítima cuando se ejerce dentro de la ley de Dios, y puede entonces beneficiarse de las gracias de estado para que obedezcan los hijos. Esa potestas, reconocida por el derecho natural, adquiere una dimensión sobrenatural cuando se inspira en el amor infinito con el que el Padre ama al Hijo y el Hijo ama al Padre; un amor divino, tan poderoso que él mismo es Dios, el Espíritu Santo. Del mismo modo que el hombre manifiesta en sus facultades –memoria, entendimiento y voluntad– la impronta trinitaria del Creador, también la familia es en cierto modo espejo de la Santísima Trinidad, porque en ella vemos la potencia creadora del Padre, la obediencia redentora del Hijo y el amor santificante del Espíritu Santo. Pero encontramos también conciencia de la propia identidad y las propias tradiciones (memoria), la capacidad de servirnos de ella para afrontar las pruebas que atravesamos (entendimiento) y el vínculo de amor entre los esposos y entre padres e hijos (voluntad).

Cuando al rezar el Padrenuestro decimos «venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad», muchas veces no pensamos en lo que decimos. Lo que pedimos es que se afirme la soberanía de Cristo sobre las naciones, porque sólo donde Él reina pueden imperar la paz y la justicia. Pedimos que Cristo reine porque esa es la voluntad de Dios. Oportet autem illum regnare donec ponat omnes inimicos sub pedibus ejus (1Cor. 15, 25): es necesario que ponga a todos los enemigos bajo sus pies (Sal. 109,1). Pero para reinar en la sociedad es preciso que gobernantes y súbditos sean buenos cristianos. Y para ello es necesaria la familia, iglesia doméstica y escuela de vida en el ámbito civil. Es en la familia católica donde se concibe, da a luz, santifica y educa a los hijos para que sean buenos cristianos, ciudadanos honrados y futuros padres. En cambio, en una familia descarriada –o en su diabólica parodia de la ideología LGBT– se asesina el cuerpo y el alma, se pervierte y corrompe a los hijos, corrompiendo con ello mediante sus vicios a la sociedad y a la Iglesia.

El épico combate que libramos contra el Leviatán mundialista tiene por objeto –lo sabemos de sobra, porque sus propios ideólogos lo han reconocido– la destrucción sistemática de todo rastro de la presencia de Cristo en las almas, la familia y la sociedad para sustituirlas por los horrores del dominio de Satanás y el reino del Anticristo. En esta batalla, no sólo nos asedian unas fuerzas enemigas potentísimas y descontroladas, sino también infiltrados en la Iglesia, que incluso ocupan altos cargos dentro de ella y por interés, chantaje o miedo colaboran con el plan infernal del Nuevo Orden Mundial. Aborto, divorcio, eutanasia, ideología de género, homosexualidad y neomalthusianismo no son sino instrumentos para destruir la sociedad, y antes que a ella a la familia, porque en la familia se puede oponer resistencia a la dictadura del pensamiento único, manteniendo así la determinación de defender valerosamente la Fe y la identidad.

No es casual que en la manipulación de masas del Gran Reinicio llevada a cabo con la reciente farsa de la pandemia se separase a los ancianos de sus seres queridos, padres de hijos, abuelos de nietos: cortar esas relaciones familiares y jerárquicas, con todo lo que suponen, era indispensable para aislar a las personas, debilitarlas psicológica y espiritualmente y obligarlas de ese modo a obedecer. Se nota que todo lo que este mundo lleno de corrupción y barbarie tiene siempre como fin dominarlo y sojuzgarlo. Justo cuando se exalta la libertad desembarazándose del yugo suave de la Ley de Dios vemos como nos encadenan con la tiranía de Satanás.

Por otro lado, ¿cómo va el Enemigo a amar una institución como la familia, integrada por un padre y una madre que evocan el eterno Padre Celestial generador de vida y de gracia y una Madre que es Abogada nuestra ante el trono de su divino Hijo? No tiene nada de sorprendente que los enemigos de Dios quieran hasta eliminar la denominación de padre y madre sustituyéndola por progenitor A  y progenitor B. Así se proponen eliminar esos benditos nombres con que podemos llamar Abbá, Padre, nada menos que Dios, y Madre a la que lo es Dios, y aun los superiores eclesiásticos y civiles son llamados padres, y como tales deben conducirse.

Al iniciar esta meditación pregunté por qué la Iglesia ha querido festejar la Sagrada Familia el domingo de la infraoctava de la Epifanía. He aquí la respuesta: en la Sagrada Familia tenemos el modelo de familia cristiana que es condición necesaria, imprescindible, para que la divina realeza de Nuestro Señor se pueda concretar en la sociedad cumpliendo la profecía del salmista que oímos en la Misa de Epifanía: Et adorabunt eum omnes reges terræ; omnes gentes servient ei (Sal. 71, 11).

Invocamos, pues a Nuestro Señor, su Virgen Madre y San José para que protejan nuestras familias, las custodien en la Gracia de Dios y las hagan capaces de colaborar con Fe y Caridad al plan de la Providencia. Si Cristo reina en ellas, reinará también en la sociedad civil. Adveniat regnum tuum; fiat volutnas tua.

Así sea.

+ Carlo Maria, Arzobispo

8 de enero de 2023

Sactæ Familiæ Jesu Mariæ Joseph

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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1 comentario
  1. Alberto Ramón Althaus says

    A ver si dejan comentar a los que saben primero hay que hacer bien el diagnóstico.
    Instituciones a recuperar y preservar: la familia católica tradicional.
    Por la caída del hombre en pecado reconocida, incluso, por griegos como Platón nuestras relaciones sociales y familiares no son fáciles y están transidas por el pecado.
    Hay instituciones naturales que requieren de un gobierno y que no funcionan sin un gobierno que debe estar en una cabeza: un ejemplo es el gobierno de los distintos Estados, las empresas, las asociaciones civiles, la familia, etc.
    Y hay otras instituciones naturales que no requieren un gobierno como el mercado, el idioma, las amistades, etc.
    En las instituciones naturales que necesitan de un gobierno o cabeza tienen fines concretos que se llaman bienes comunes o fines comunes.
    Cuando un partido político desarrolla su plataforma está planteando el fin común o bien común que espera implementar en la sociedad si llega al poder aunque no lo denomine así.
    Según explica Bernardo Stamateas el 70% de los problemas que se discuten en una pareja no llegan las partes a ningún consenso.
    Es decir, en el 70% de las discusiones entre parejas hay disenso sin posibilidad de llegar por el diálogo a un consenso o conclusión o solución compartida.
    Esto significa que si es una institución que requiere un gobierno para funcionar y una cabeza, le quitan esa cabeza se establecer un sistema anárquico en la misma en base al derecho y al empoderamento igualitario de todos los miembros.
    La anarquía en una institución que precisa de un gobierno hace que la misma se vuelva sumamente ineficiente porque el 70% de los problemas que se le presenten no se resolverán a tiempo y de la forma conveniente, habrá grandes pujas de poder en su interior, grandes divisiones internas y violencia con la consiguiente inestabilidad y transitoriedad de la misma.
    Es decir, en una institución natural como la familia que requiere un gobierno establecer por el derecho y la cultura la anarquía supone introducir en esa institución ineficiencia en su funcionamiento, pujas de poder, violencia, divisiones y se transformará en una institución inestable y transitoria. “¿Le suena conocido?”
    Cuando un hijo pequeño le pregunta a la madre o al padre: ¿Por qué se divorcian o separan? La respuesta debe ser porque el matrimonio está legislado de manera anárquica para que ge-nere grandes conflictos entre los cónyuges y para que no sea estable pero, además, existen presiones sociales y de los medios de comunicación para que la cosa sea así.
    Han hecho por medio de la legislación que la anarquía, la violencia, la inestabilidad, el odio y la división sea una institución permanente de la familia y del matrimonio. ¿Quiénes? Los poderosos de este Mundo.
    No es culpa de los padres es culpa del derecho, de los medios de comunicación y de quiénes establecen las agendas globales que han modelado el matrimonio de manera tal que los cónyuges estén en permanentes conflictos y que ello lleve a una ruptura inevitable al anarquizarlo y quitarle la cabeza o gobierno.
    Esta transformación del matrimonio en una institución anárquica e imposible se ha logrado para conseguir la formación de individuos de masas aislados y controlados, los futuros esclavos de los poderosos de este Mundo, de la nueva izquierda global.
    La constante puja por el poder que supone un 70% de los problemas sin posibilidades de alcanzar consensos y sin que exista un gobierno de derecho y las discusiones que generan hace que se desgarren la pareja y los hijos.
    El resultado no es el empoderamiento de la mujer como sostienen las feministas que le están haciendo el caldo gordo a los poderosos de este Mundo que son en su mayoría hombres sino que el resultado de establecer la anarquía y la revolución como institución permanente de la familia es un retroceso a instituciones propias de la Edad de Piedra.
    Me estoy refiriendo a la poliandria y ni siquiera a la poligamia como sostuvieron algunos.
    La poliandria moderna es una mujer proletarizada en gran medida (o sea, obligada a trabajar para otros) que lleva a cuesta la prole o los hijos y que se ve obligada a pasar de hombre en hombre. Ese es el gran logro del feminismo y hay que reconocerlo.
    Ahora, el matrimonio anarquizado y con pujas internas de poder tal como está legislado es una institución que no puede funcionar, está estructurado para que no funcione pero, además. genera una gran violencia interna porque fruto de las discusiones en las que no existe una cabeza que decide y, en última instancia, apoyada por el derecho y la sociedad y lleva a que algunos hombres actúen con violencia física o verbal sobre la mujer y viceversa.
    Una vez que el hombre se convierte en golpeador va a ser golpeador siempre, no se lo puede arreglar.
    Si golpea el hombre el resultado será que aumentarán los feminicidios y se volverá salvaje y bruto, un criminal.
    Un sujeto que sólo puede vivir en sociedad si se aísla como individuo.
    La prole soportará las tensiones y pujas de poder constantes dentro de la familia.
    Ello puede llevar a que se genere odios desde la prole hacia el hombre golpeador de manera que aumentará el porcentaje de niños varones que verán con buenos ojos ser mujer y de niñas mujeres que verán con buenos ojos unirse a otras mujeres para evitar a los hombres.
    Si el hombre deja la casa y abandona su familia se genera el problema de la poliandria con la mujer que arrastra a la prole y el odio al varón por dejarla se transmite a los hijos de manera que aumentará el porcentaje de los hijos que teniendo como modelo a la mujer, el hijo varón querrá ser mujer y la hija mujer querrá unirse sólo a otra mujer para evitar ser abandonada.
    Por último, si el varón se queda en el hogar conyugal debido a que la mujer es más fuerte emocionalmente que el varón se establecerá un gobierno de facto de la mujer, la vida familiar será un caos por la anarquía imperante entre los miembros y el modelo de la familia pasará a ser la mujer con destrucción de la imagen del hombre, pues transformándose en una institución en la que prima el ejercicio del poder y la puja de poderes, el tema de los otros valores serán dejados de lado y los hijos aprenderán a buscar el poder en la mujer, el niño varón imitándola y la niña mujer buscando su igual.
    Es decir, el feminismo está íntimamente relacionado con la anarquía dentro de la familia, la destrucción de la misma, la formación de una poliandria en que una mujer proletarizada (obligada a trabajar) y con los hijos a cuesta tiene que pasar de varón en varón y con una prole con mayor porcentaje de inclinación a la ideología de género.
    La ideología de género sirve a los poderosos de este Mundo para promover un sexo no reproductivo en el que desde el Estado se podrá controlar la cantidad de población de acuerdo con exigencias de un ecologismo malthusiano.
    Estamos en la construcción del individuo de masas aislado y controlado, un individuo que no tiene apoyo familiar ni de las instituciones intermedias y que depende del Estado.
    El derecho familiar se ha transformado en una estatización de la familia que incapaz de resol-ver sus problemas en el ámbito de lo privado se ve obligada a recurrir a lo público, publicitar sus problemas y buscar ayuda en el Estado como el nuevo gran padre de familia.
    La mujer con la prole deja de tener el apoyo del marido y debe buscarlo en las instituciones del Estado, es una mujer dependiente del ejercicio público del poder.
    Depende esta mujer del Estado y de sus instituciones para subsistir como antes dependía del marido.
    El patriarcado ha sido sustituido por la estatización de la familia, el Estado es el que resuelve los problemas de una familia anarquizada y sin cabeza y el Estado es la cabeza de la familia con los abogados que actúan como auxiliares de la Justicia a favor de la mujer o del varón y el juez con la policía como gran padre de familia que resuelve al final los problemas que el mismo derecho ha creado al empoderar a todos.
    La mujer ha pasado al patriarcado mayor del Estado gran logro final del feminismo.
    Tal como ha sido diseñada por los poderosos de este Mundo sobre la base del derecho y la formación de la opinión pública el matrimonio es una institución que no puede funcionar bien y es imposible que funcione.
    Si es que funciona en algunos casos es porque sus miembros han logrado de alguna manera dejar de lado todas las estupideces que se les adoctrina de igualdad de derechos y de cómo por el diálogo se pueden resolver y llegar a consensos en todos los casos.
    El problema es que el peso de una cultura a favor del matrimonio anarquizado y sin cabeza se fomenta desde todos los sectores de la sociedad y el resultado es que no hay nada que favorezca la estabilidad de la pareja salvo las propias decisiones de la pareja y todo esto está sujeto a variación porque las personas cambian con el tiempo así que nadie puede asegurar hoy que el anarquismo de la institución no se terminará filtrando en tal o cual familia concreta.
    Las leyes sobre feminicidios no han impedido el incremento de los feminicidios.
    Se buscan soluciones imposibles a una institución diseñada para hacer imposible la convivencia entre sus miembros y culparlos de su poco criterio y paciencia.
    Si tienen todos iguales derechos, todos mandan y no existe nadie que ejerza el gobierno, por lo tanto, estamos ante una institución anarquizada y si el 70% de los temas que se discuten no es posible llegar a un consenso lo lógico es que la familia se desintegre, se destruya, estamos hablando de condiciones jurídicas y sociales formadas, en gran parte, por los poderosos de es-te Mundo para que en la familia se dé un máximo de violencia verbal y física con un mínimo de capacidad de resolución de problemas, se multipliquen los delitos, los feminicidios, los divorcios, las divisiones y los jóvenes huyan de esa institución como si se tratara de la lepra.
    Para separar a los individuos y destruir la institución de manera que todos queden aislados.
    Lo que tenemos ahora son matrimonios gobernados de facto, si no ponen un gobierno de derecho en el matrimonio en el mejor de los casos se establece un gobierno de facto pero un gobierno de facto es contrario a derecho y eso lo saben las partes, de allí que un gobierno de facto es propenso a alzamientos y revoluciones a quejas y a mayores problemas que surgen del ejercicio ilegítimo del mando.
    Así funciona la anarquía familia problemas más problemas sin un momento de descanso hasta que las partes se cansan de este estado de guerra como institución familiar permanente tiran la toalla y se van en busca de otra pareja o problema.
    Allí el floreciente campo de neurosis y psicopatías en que viven las abejas de los psiquiatras y psicólogos actuales, de los abogados de familia, de los pedagogos y de tantos funcionarios públicos y policiales que se ocupan de poner orden, luego, que le han sacado todo ordena-miento a la institución familiar.
    La familia es una institución en la que, en principio, una pareja debe convivir durante años y llevar a cabo una serie de emprendimientos y trabajos que se relacionan con sus miembros y con los hijos y si no se establece jurídicamente una cabeza o un gobierno el que es más fuerte, desde lo físico, éste tratará de utilizar la fuerza a su favor y la mujer que es más fuerte desde lo espiritual tratará de utilizar la constancia a su favor, esto significa una puja de poder permanente y las condiciones dadas para que aumente la violencia y el maltrato entre los integrantes ya que en el 70% de los problemas no llegarán a consenso por lo que el Estado mismo que ha creado el problema sacando la cabeza deberá ocuparse de los problemas familiares por medios públicos como abogados, funcionarios y jueces que se ocuparán de resolver por la fuerza aquellos temas que, debido a la falta de una cabeza en la institución, no pueden ser re-sueltos en el ámbito privado y que deberán ser resueltos en el ámbito de lo público por el Estado.
    O sea, jurídicamente se ha hecho del matrimonio una tortura y nadie puede soportar una tortura por siempre y la tortura debilita y genera enfermedades y odios.
    He visto hace treinta años los domingos y los días de fiesta las reuniones familiares con treinta o más integrantes alrededor de una mesa, eso ha desaparecido y lo ha hecho desaparecer la nueva institución jurídica del matrimonio creado por la progresía.
    Una institución anárquica, inestable, violenta en el más alto grado y transitoria.
    El buen padre de familia del que hablaba el Código Civil Argentino de Vélez no era un mito, no era el imbécil de Homero Simpson, tampoco, el hombre pobre, aislado y alegre de Schwarz.
    Era un sujeto capaz de mantener una familia por más de treinta años, soportar las crisis, no golpear a su mujer ni a sus hijos, no terminar odiando a su pareja y a su descendencia, un su-jeto que tenía una casa que su esposa transformaba en hogar.
    No se confundan no tenía nada de bergogliano ni de progre y le sobraba sentido común.
    Porque una vez destruida la familia se destruye al hombre, a la mujer, a los hijos y queda el transhumanismo de Schwarz o de la nueva agenda global 2030 y ese ser es más parecido a un esclavo y a la pura materia a construir y modificar por los poderosos de este Mundo.
    Un hombre y una mujer con un matrimonio de 30 años era algo grande y extraordinario, era una institución en calzoncillos y con su barriga, ese sujeto y su mujer habían dado una dura batalla y ese sujeto y su mujer sabían que la vida en el matrimonio y en la familia era toda una batalla y estaban dispuesta a darla hasta el final.
    Arruinado por la vida del matrimonio en lo físico y en lo psicológico estaba hecho de granito y de acero no había forma de desviarlo del bien común de los hijos y de los familiares.
    Sobre una institución así con ese hombre y mujer como rocas era posible construir otra y otra hasta hacer un país. Los cimientos eran sólidos y soportaban el paso de los años y las crisis.
    Eso que hoy casi no existe salvo en el Noroeste del país, debería ser restaurado, protegido, promovido por leyes y programas que tuvieran presente qué familia como célula de la sociedad se desea promover porque si no se promueve una se promoverá la destrucción de la familia como se hace actualmente.
    Se lo fueron comiendo las leyes y las novelas con sus modas de Hollywood y no dejaron nada de lo que fue.
    Así que habría que cuidar desde el Estado una institución así y devolverle la cabeza para que pueda pensar, decidir y actuar.
    Eso es imposible me dirán, entonces, es imposible el matrimonio y se quedarán con la poliandria, los delitos en la familia y un individuo de masas cada vez más aislado y controlado. No se molesten por el resto si no ponen cuidado con arreglar esto.
    Y acostúmbrense al quilombo y a pasar amargados las fiestas con dos rostros tristes a cada la-do de la mesa, sin saber, lo que ha pasado para estar tan solos.
    Un hombre y una mujer que han podido convivir durante treinta años están templados, han dado la batalla, son fuertes porque han ganado la familia, son un templo y un castillo, una espada forjada en el fuego, pueden estar arruinados física y espiritualmente pero saben cómo vivir y cómo morir y eso ya es mucho.
    El hombre en el matrimonio cristiano de antes deja de ser un inmaduro, conoce sus límites, no sueña más que con lo que la vida puede darle. Un hombre así está terminado, acabado.
    ¿Destruido? No, está hecho es una institución en calzoncillo y con barriga.
    Pero para ello necesita que los medios de comunicación y el Estado no destruyan el orden dentro de la familia estableciendo una anarquía familiar cuando la institución requería una cabeza y una patria potestad para perdurar y no ser transitoria.
    “¿Y qué patriarcado propone Ud.?”
    No un patriarcado pagano o laicista que es violento propongo un patriarcado católico custodiado por la imagen de la Santa Virgen María y la Iglesia.
    “¿Pero hoy no hay catolicismo más que bergogliano y ese es malo?”
    No, hay otro catolicismo verdadero, queda un resto fiel por preservar pero eso lo trataremos en otro artículo para los libertarios. Pero déjenme preguntar a mí:
    ¿Está la familia en la plataforma y en el discurso del partido libertario tal como la señalo o promueven la porquería que tenemos?
    Hay que restablecer la cabeza del patriarcado en la célula social.
    Me dirán que es imposible, entonces, le respondo el matrimonio y la familia serán imposibles.
    Dirán algunos: “Ah, ¿Por eso se ocupaban tanto antes los sacerdotes de la familia?”
    Sí, antes se ocupaban y todo partido político debería ocuparse en su plataforma de la familia aunque más no sea en una reforma de sexta generación.
    El individuo de masas aislado y controlable fruto de la destrucción familiar en base al derecho y a los medios de comunicación es el instrumento de un Estado totalitario con unos pocos muy ricos y poderosos políticos y el resto convertido en esclavo, empobrecido y embrutecido.
    Restaurar, preservar y conservar. Quitarle los mitos al progresismo y exponer sus errores.
    Hablar de la familia o de la necesidad de pensar la familia no en base al idealismo sino en base a lo que el orden espontáneo del derecho ha establecido para cada institución desde hace siglos y en contra de la revolución y el constructivismo.
    La destrucción del patriarcado lleva al odio de la mujer hacia el hombre y del hombre hacia sí mismo. Al odio del hombre hacia la mujer y el odio de la mujer a sí misma. Al odio entre padres e hijos.
    La anarquía familiar es una forma instrumentada de someternos y hacernos daño poniendo como excusa el bien se hace un gran mal y se actúa en contra del orden natural o del orden espontáneo según Hayek.

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