Moldear la Percepción de las Masas sin informar. Por Daniel Ponce Alegre

La sociedad en la que vivimos, una sociedad hedonista, alejada del sentido de trascendencia y de la Verdad, se ha convertido en una dictadura cientificista y tecnocrática, y actúa desde varios frentes.

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Daniel Ponce Alegre
Teólogo – Pontificio Instituto Bíblico y Oriental

 

 

 

El término de Psicología Social “Luz de Gas” hace referencia al uso de técnicas para manipular a grupos completos o a sus líderes por medios psicológicos con el fin de que esa persona o el grupo completo se cuestionen su propia cordura o razón de ser y misión.

Tiene su origen en la película de 1944 “Gaslight”, dirigida por George Cukor y basada en un guión de Alfred Hitchcock.

Sin embargo, esta técnica no es sólo el material de una película, sino que es un medio real y eficaz que puede utilizarse para moldear la percepción de la realidad de otra persona.

De hecho, el propio Director de la película conoce dichas técnicas al formar parte de unos círculos concretos de Hollywood integrados por miembros de la conocida como Escuela de Frankfurt, especializada en Psicología Social aplicada a la investigación de eso mismo:
La conformación y manipulación de la psicología de masas.

La Técnica de ”Luz de Gas” es, por supuesto, de gran relevancia en la actualidad ya que se está utilizando a una escala global sin precedentes en la Historia.
Vivimos en un mundo en el que el grado de desinformación y mentira descarada ha alcanzado tal estado de cosas que, posiblemente por primera vez en la Historia, vemos cómo la mayoría del mundo occidental empieza a cuestionarse su propio nivel de cordura y el de los que le rodean.

En este sentido han sido hitos recientes que han marcado un punto de inflexión:

– El 11S.

– El 11M.

– La Operación COVID-19 y, por extensión, aquellos golpes o acciones que en las últimas décadas han ido encaminadas a la ”construcción” del llamado Nuevo Orden Mundial.

No es mi intención hacer un resumen general de la película de George Cukor “Luz de gas”, pero para entender su relevancia es necesario identificar las técnicas por medio de las cuales la industria del entretenimiento, incluida la industria de la música, los medios sociales y, lo más importante, nuestra cultura moderna, se han convertido en reforzadores de la psicología de masas, creando emociones o reflejos condicionados para formar, como dijo Aldous Huxley:

”Un campo de concentración sin vallas ni alambradas”.

La sociedad en la que vivimos, una sociedad hedonista, alejada del sentido de trascendencia y de la Verdad, se ha convertido en una dictadura cientificista y tecnocrática, y actúa desde varios frentes.

Uno de estos frentes clave fue el señalado por el psiquiatra británico William Sargant, uno de los padres fundadores de las técnicas modernas de “control mental” colaborador de los servicios de inteligencia británicos y del Instituto Tavistock, que influiría en la CIA y el Ejército de EEUU a través del programa MK Ultra.

Sargant estaba también en estrecha comunicación con Aldous Huxley y hace referencia a él numerosas veces en sus libros, una de estas referencias la veremos en breve.
Sargant también fue Asesor de Ewen Cameron en su trabajo sobre ”La pizarra en blanco con LSD” en la Universidad McGill, financiado por la CIA.

Sargant explica la razón por la que estudió y utilizó formas de “control mental” en sus pacientes, que eran principalmente soldados británicos que fueron devueltos del campo de batalla durante la Segunda Guerra Mundial con diversas formas de “psicosis”, como única forma de rehabilitar formas extremas de Trastorno de Estrés Post Traumático.
La otra razón era que, al parecer, los soviéticos se habían convertido en “expertos” en la materia y, por ”necesidad de Seguridad Nacional” tendrían que convertirse a su vez en expertos por una cuestión de autodefensa, claro.

El trabajo de Ivan Pavlov, un fisiólogo judeo-ruso, había logrado producir algunos conocimientos inquietantemente interesantes sobre cuatro formas primarias de sistemas nerviosos en perros, que eran combinaciones de temperamentos inhibitorios y excitatorios:

– Fuertemente Excitatorio.
– Equilibrado.
– Pasivo.
– Tranquilo Imperturbable. Pavlov descubrió que, dependiendo de la categoría de temperamento del sistema nervioso que tuviera el perro, éste dictaría a su vez la forma de “condicionamiento” o reflejo condicionado que funcionaría mejor para ”reprogramar el comportamiento”.

A nadie se le pasó por alto la relevancia del “condicionamiento humano” y en especial en el control de masas por medios de masas.
En Occidente se temía que esas técnicas no sólo se utilizaran contra sus soldados para que confesaran libremente al enemigo, sino que esos soldados pudieran ser enviados de vuelta a sus países de origen como asesinos zombificados y espías que podían ser activados con una simple palabra clave. Al menos, esas eran las historias y las películas de suspense que se hacían llegar a la población occidental. Seguro que todos recordamos alguna de ellas.

Que el enemigo pudiera entrar en lo que se creía nuestro único terreno sagrado:
Nuestras propias mentes.

Sin embargo, aquellos que lideraban la investigación sobre el control mental, como William Sargant, comprendieron que estas representaciones de Hollywood no eran exactamente como funcionaba el control mental.

La película, El Candidato de Manchuria o El Mito de Bourne estaban orientadas, en última instancia, a hacer que el público occidental entrara en pánico creyendo que los comunistas (o después la superpotencia yanki) eran capaces de sofisticados niveles de “lavado de cerebro” de precisión, de tal manera que este público occidental se viera inducido a apoyar el trabajo de su propio gobierno en la misma cosa, utilizando la justificación de que esto se estaba haciendo en defensa propia, y que sólo se utilizaría contra el enemigo comunista, que es malísimo per se.

Si tan sólo la gente supiera que tales programas salidos del Instituto Tavistock y MK Ultra serían utilizados en su propio pueblo, incluso dentro de su propio ejército en diversos grados y llegando al extremo de ir contra su voluntad utilizando actos de manipulación llamándolos ”formas de tratamiento psiquiátrico”, jamás los aceptarían.
Sin embargo, esa labor de limpieza de la mente y de inserción de una nueva identidad y propósito fue, en última instancia, un fracaso masivo, entonces.

Por un lado, como reconoce William Sargant en su libro “La batalla por la mente”, la cuestión del “libre albedrío” se interponía en el camino.
Se descubrió que no importaba la duración o el grado de inducción de “terapia” de insulina, cócteles de tranquilizantes, comas inducidos, privación del sueño, inanición, etc., se descubrió que si el sujeto tenía una “fuerte convicción” y una “fuerte creencia” en algo, esto no se podía borrar simplemente, no se podía escribir encima con cualquier cosa arbitraria.
Más bien, el sujeto tendría que hacerse la ilusión de que su “condicionamiento” era en realidad una “elección”.

Se trataba de una tarea extremadamente difícil, y las conversiones a largo plazo (de meses a años) eran raras.

Sin embargo, Sargant vio una oportunidad.
Sabía que no se podía crear un ”individuo” nuevo de la nada, pero con el condicionamiento adecuado, que debía provocar un colapso físico mediante un estrés anormal (un reinicio efectivo del sistema nervioso) se podía aumentar notablemente la “sugestionabilidad” de los sujetos.

Además, Sargant descubrió que un recuerdo falsamente implantado (una amenaza terrorista o pandémica) podía ayudar a inducir un estrés anormal que condujera al agotamiento emocional y al colapso físico para invocar la “sugestionabilidad”.
Es decir, ni siquiera era necesario tener un “estrés real”, sino que un “estrés imaginado” funcionaría con la misma eficacia.

Una falsa pandemia, unas falsas amenazas terroristas o una falsa guerra serían igual de efectivas que una real.

En un próximo artículo, Dios mediante, veremos cómo lo pueden ser más y cómo están funcionando ya.

 

 

 

 


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