Consejos pastorales en las elecciones políticas para un voto católico responsable. Por Mons. Viganò.

Votar a un candidato proaborto es un pecado grave, al igual que darle el voto a un partido a favor de la eutanasia, a la manipulación genética, al adoctrinamiento LGBTQ o a la teoría de género.

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Algunos consejos pastorales

sobre la coherencia de los candidatos en las elecciones políticas

para un voto católico responsable

 

Una gravísima crisis está golpeando a Italia y, con ella, a muchas otras naciones en las que la cúpula subversiva internacional del Foro Económico Mundial ha tomado el poder. En el transcurso de estos años hemos visto surgir a personajes hasta ahora desconocidos de Jóvenes Líderes Globales del Mañana, que como por arte de magia han llegado a puestos de gobierno, o a empleados de bancos comerciales recibir inversiones institucionales sin ningún voto del pueblo que, de palabra, se dice soberano.

Pero este pueblo soberano, después de dos años de locura criminal por parte de todos estos gobiernos y Parlamentos al servicio de la finanza internacional, tal vez no haya comprendido todavía el inmenso crimen cometido contra la humanidad por estos conspiradores, pero se ha dado cuenta de que los Partidos del “sistema” han traicionado vergonzosamente los compromisos asumidos con el electorado, haciéndose cómplices de este golpe blanco llevado a cabo primero con el pretexto de la emergencia pandémica, luego de la emergencia bélica y finalmente de la emergencia energética.

La hemorragia de votos del gobierno y de los partidos de la oposición será la confirmación de una profunda fractura entre la clase política y los ciudadanos, equivalente a la que separa a la jerarquía bergogliana de los fieles católicos. El Estado profundo ha dejado caer su máscara, revelando el rostro de la tiranía, al igual que la Iglesia profunda se muestra en todo su carácter herético y apóstata. Tanto los ciudadanos como los fieles observan consternados cómo la Autoridad -que se supone que es su guía y ayuda- se ensaña con ellos para golpearlos en el cuerpo y matarlos en el alma.

¿Y qué es esto, sino la obscena revelación -en el sentido etimológico de la palabra apocalipsis– de un mundo del que ha sido expulsado Cristo Rey, el Príncipe de la Paz? ¿De una Iglesia que reniega de Él con palabras y lo crucifica con su conducta escandalosa?

Esta traición a la Autoridad nos muestra lo importante que es que quienes desempeñan funciones de liderazgo y gobierno -tanto en el Estado como en la Iglesia- deben recordar que el poder es vicario del de Cristo, que es Rey de las Naciones y Cabeza del Cuerpo Místico. Non est enim potestas nisi a Deo (Rom 13, 1), dice San Pablo: no hay autoridad que no provenga de Dios.

Quienes pretenden desempeñar un rol en la sociedad civil deben saber que su compromiso con el gobierno y su acción política deben adecuarse a la finalidad para la que Dios instituyó la autoridad temporal; toda su acción debe estar orientada al bien común, regida por la justicia y templada por la misericordia, animada por la caridad y guiada por la fe. Lo que se necesita es una clase política que se ponga al frente del renacimiento moral del país, y que considere su papel como un servicio prestado a la comunidad, sabiendo que debe ser responsable ante Cristo Rey, de quien es vicario. Sin un principio moral trascendente no puede haber redención para Italia ni para el mundo, desde el momento que precisamente la revolución que ha subvertido a las naciones durante más de dos siglos se basó en la eliminación de la Religión en la sociedad.

Las palabras de nuestro Señor “Dad, pues, al César lo que es del César” (Mt 22, 21) no sólo se refieren al deber del católico de pagar el debido tributo a la Autoridad civil, sino también al de comprometerse como ciudadano, titular de derechos electorales activos y pasivos, cooperando al bien común. En consecuencia, votar es un deber, en la medida en que el católico puede elegir conscientemente a quien mejor defienda en su nombre los principios del derecho natural y de la Religión. Si entonces no hay ningún partido que se haga cargo de estas cuestiones, el votante juzgará si se abstiene de votar.

La actual situación política es extremadamente compleja, tanto por la traición a la voluntad del electorado y la violación de las libertades fundamentales por parte de todos los Partidos de la composición parlamentaria y de la autodenominada oposición, como por el hecho de que los nuevos Partidos y Movimientos parecen tener un programa bastante genérico, cuando no totalmente cuestionable, sobre algunos temas que los católicos consideran justamente irrenunciables. Votar a un candidato proaborto es un pecado grave, al igual que darle el voto a un partido a favor de la eutanasia, a la manipulación genética, al adoctrinamiento LGBTQ o a la teoría de género. Un Partido que no se oponga enérgicamente a la legalización del llamado “matrimonio gay” o a la adopción de niños por parte de parejas del mismo sexo no debería ni siquiera ser tomado en consideración por un católico, incluso antes de saber cuál es su posición en otros temas. Imagino que los enemigos de Cristo hacen lo mismo, cuidando de no dar su voto a Partidos o candidatos contrarios a la gestación subrogada o a la liberalización de las drogas.

Por lo tanto, es necesario que en la confusión que reina sobre estos temas de relevancia moral los católicos pidan a los candidatos y a los Partidos que expongan su posición con claridad, para que el voto del elector pueda expresarse con responsabilidad y le permita ver puesto en práctica en el Parlamento lo que el candidato o el Partido se ha comprometido a hacer una vez elegidos.

Me permito señalar algunas cuestiones, confiando en que los Partidos querrán pronunciarse en forma clara y oficial (incluso simplemente indicando que el tema no forma parte de su programa). Estoy seguro de que los católicos, desorientados también por el desconcertante silencio de la Jerarquía, sabrán comprender lo importante que es la coherencia de su voto con los principios de la Moral cristiana: un voto consciente y responsable es la mejor confirmación de dar al César lo que es del César.

Invito a todos los fieles a invocar al Espíritu Santo para que, con la intercesión de María Santísima, Sedes Sapientiæ, ilumine a los electores en su elección y a los candidatos en el servicio a Dios y a la Patria, contribuyendo al bien común y al renacimiento espiritual de los italianos.

 

+ Carlo Maria Viganò, Arzobispo

26 de julio de 2022

Algunos temas sobre los cuales arrojar claridad

para una campaña electoral honesta

y un voto católico responsable

  1. Santidad e inviolabilidad de la vida y de la persona

a) ¿El Partido y/o el candidato defienden la vida desde la concepción hasta la muerte natural?

b) ¿Se opone decididamente al aborto y a la eutanasia? ¿Se compromete a promover la eliminación de su legalización?

c) ¿Se opone a la inseminación artificial, a la experimentación con embriones, a la manipulación genética, a los vientres de alquiler y a las doctrinas y prácticas del transhumanismo?

d) ¿Combatirá, al menos a grandes rasgos, el neomaltusianismo, las teorías sobre la superpoblación del planeta, la experimentación de fármacos en seres humanos?

e) ¿Intenta oponerse a la utilización de material humano abortivo para la investigación científica o para la producción de medicamentos u otros productos?

f) ¿Intenta oponerse a las terapias de suspensión del desarrollo hormonal de los menores?

 

 

  1. Moral familiar y social

a) ¿El Partido defiende a la familia natural, formada por un hombre y una mujer?

b) ¿Propone formas de ayuda a las familias y para incentivar la natalidad?

c) ¿Se opone a las “nupcias” homosexuales?

d) ¿Se opone a la adopción de niños por parte de parejas homosexuales?

e) ¿Se opone a la ideología LGBTQ y a la teoría de género?

f) ¿Reconoce el derecho originario de los padres a educar a sus hijos? ¿Se opone al adoctrinamiento de los niños y jóvenes por parte del Estado?

g) ¿El Partido prohíbe expresamente la pertenencia de sus miembros a sectas secretas, logias masónicas y para-masónicas?

 

  

3.     Soberanía de la Nación, inmigración, pandemia

a)    ¿El Partido persigue claramente la salida de Italia de la Unión Europea? ¿Qué medidas concretas piensa adoptar y en qué plazo?

b)    ¿Piensa salir de la OTAN y renegociar la presencia de bases militares extranjeras en territorio italiano?

c)    ¿El Partido persigue claramente la salida de Italia de la OMS y de otras organizaciones internacionales que socavan su soberanía nacional?

d)    ¿Se compromete con propuestas concretas para recuperar la soberanía monetaria, en primer lugar, con salir del euro y con la institucionalización de un Banco Central verdaderamente público y sujeto a la Autoridad política?

e)    ¿Prevé la supresión de la restricción presupuestaria de la Constitución?

f)     ¿Cuáles son las propuestas del Partido para proteger el interés nacional?

g)    ¿Con qué acciones intenta prohibir las interferencias de los lobbies internacionales en la política italiana?

h)    ¿Qué opina respecto a la necesidad de nacionalizar los servicios públicos?

i)      ¿Qué iniciativas piensa adoptar para frenar la inmigración ilegal? ¿Piensa hacer repatriar a los inmigrantes ilegales?

j)      ¿El Partido apoya la suspensión de los envíos de armas a Ucrania y cómo se compromete en el foro internacional para unas negociaciones de paz justas?

k)    ¿Cuál es (y si es así, cuál ha sido hasta ahora) la posición del Partido sobre la emergencia pandémica? ¿Tiene propuestas concretas para impedir que se repitan en el futuro las violaciones de los derechos fundamentales y los daños a la salud de los ciudadanos?

l)      ¿Se compromete el Partido a promover la institución de una Comisión parlamentaria de investigación sobre los delitos vinculados a la llamada pandemia?

m)   ¿Está decidido a retirar los fondos que actualmente se destinan a publicidad, que han demostrado ser una forma de control de la información?

 

 

 

 

 

 


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1 comentario
  1. Alberto Ramón Althaus says

    Hay que quitarle peso al sentimiento de culpa que se trata de cargar sobre las espaldas de los ciudadanos al votar.
    La Iglesia para no quedar partida ha impedido la formación de partidos políticos que lleven el nombre de “católicos” desde hace doscientos años todos los partidos políticos han sido anticatólicos y anticristianos y los gobiernos han sido anticatólicos y anticristianos.
    No se llega a una instancia de una civilización anticristiana si la Iglesia en su parte jerárquica no hubiera dejado de inculturar de Cristo lo público.
    Para inculturar de Cristo lo público hubiera sido necesario que la Iglesia pudiera participar por medio de instituciones católicas (partidos políticos católicos) en la democracia.
    No lo hizo o no lo pudo hacer.
    No me gustaría ver a la gente sentirse mal por una cuestión en la que su responsabilidad no es tan grande como se le quiere hacer creer.
    Los partidos políticos están financiados todos por el Estado y/o por los grandes empresarios, los pequeños y medianos empresarios, última línea de defensa de la civilización, no tienen ni dinero ni tiempo para dedicarlos a la política y no es su función.
    Los grandes empresarios unidos y dirigiendo masonerías son los que establecen desde bambalinas quiénes deben gobernar, cómo deben hacerlo y, ello, por los grandes medios de comunicación, la financiación de las campañas políticas, la inversión en el desarrollo de las ideologías por vía académica, el financiamiento de revoluciones, guerras y pandemias y la compra de dirigentes, formadores de opinión y seudo científicos.
    Sin partidos políticos católicos no puede haber un voto católico.
    No es sano y moral exigir a los ciudadanos cosas que no pueden hacer y poner grandes pesos sobre el pueblo.
    Como señalamos todos los políticos se han plegado, en mayor o menor medida, a la conspiración de la pandemia y todos han seguido órdenes de la masonería.
    Todos los partidos políticos tienen componente masónico sean nacionalista sean globalista.
    Los nacionalismos son construcciones de la masonería que ahora le convenga a cierta masonería la búsqueda del último gobierno global o imperio global no le quita nada a esta verdad.
    Todas las ideologías son gnósticas, cabalísticas y masónicas.
    Ahora, en esta situación el ciudadano tiene que intentar con su voto no elegir lo peor o lo que se presenta como evidentemente malo.
    Lo malo, como señala Viganó, es evidente cuando está en contra de la ley natural, del derecho natural y divino.
    Todos los partidos políticos tienen algún componente manifiesto contra del derecho natural y divino.
    Con no elegir a los peores, es decir, aquellos que están a favor del comunismo, del aborto y de la eutanasia se hace algo en materia de no pecar pero debemos señalarlo no existe la posibilidad de que se de un voto católico porque no hay partidos políticos católicos.
    Entonces, hay que tratar de elegir lo menos nocivo, o sea, aquellos partidos que no rompen con todo el derecho natural y divino pero hay que saber que eso no es suficiente porque muy posiblemente sus candidatos vueltos gobiernos están ya plegados a ciertos grupos masónicos sean nacionalistas sean globalistas que no son cristianos y, por ello, van a construir un orden anticristiano.
    La búsqueda de alianzas en el plano electoral y político con otras religiones nos muestra que no existe el voto católico.
    Entonces, hagan lo que puedan con su voto pero sepan que en este mundo todo depende de la justicia de los poderosos esto es lo que enseñan los grandes doctores de la Iglesia “si no hay una Espada Espiritual que esté sobre la Espada Temporal, una Iglesia católica que presione a los poderosos para que sean católicos y justos es poco lo que se puede hacer desde lo profano.”
    No vendemos nuevas primaveras de la Iglesia y de Occidente y no vendemos nuevos triunfos, no somos como falsos profetas, no ponemos cargas insoportables sobre el pueblo.
    Señalamos aquello de lo que somos testigos.

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