Viganò entrevistado por Patrick Coffin. Resistir al infernal Leviatán globalista: “Jorge Mario Bergoglio, ha hecho suya la ideología del Nuevo Orden Mundial”

Recibimos de Monseñor Viganò, y con gusto les publicamos, este importante texto. ¡Santa lectura!

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Entrevista a monseñor Carlo Maria Viganò

Patrick Coffin – Noviembre 2021

 

Nota prævia

 

Esta es la transcripción de la entrevista en vídeo que concedí a Patrick Coffin el pasado noviembre de 2021: fue una contribución a un extenso documental titulado The Greatest Reset Movie (www.greatestresetmovie.com). Desgraciadamente, por razones que desconozco, se ha impedido hasta ahora el estreno de esta película-documental. Sin embargo, me ha parecido oportuno hacer disponible la transcripción en línea, con el permiso de Patrick Coffin, porque se abordan temas que hoy son de gran actualidad, a la luz de la crisis ruso-ucraniana y de la evolución de los acontecimientos pandémicos.

El Gran Reinicio del Foro Económico Mundial, avalado por las Naciones Unidas con el nombre de Agenda 2030, es una amenaza concreta e inmediata a la soberanía de las naciones, a la prosperidad de los pueblos, a la libertad de los ciudadanos y a los derechos de los cristianos: con él, un grupo de tecnócratas despiadados e inescrupulosos quiere llevar a cabo un plan criminal anunciado desde hace décadas.

En lugar del mundo en el que nacimos y crecimos, los arquitectos de este Gran Reinicio quieren un mundo transhumano, sin alma, sin fe, sin memoria, sin historia, sin raíces, sin padre y sin madre. En definitiva, sin amor, porque el amor -sobre todo el amor sobrenatural que comienza y se realiza en Dios y se llama caridad– es un reflejo de Aquél que, para reparar la caída de Adán, quiso ofrecerse en sacrificio al Padre, muriendo por nosotros en la Cruz. Este es el verdadero Reinicio más grande, con el que la mano derecha del Señor realizó maravillas: dextera Domini fecit virtutem (Sal 117, 15), restaurando el orden divino que Satanás había subvertido tentando a nuestros progenitores y haciéndonos, mediante el Bautismo, hijos de Dios y hermanos de Cristo.

Volvamos a Dios, y hagámoslo hablando entre nosotros, formando relaciones de verdadera caridad, aconsejando a los que dudan, consolando a los que desesperan del mañana, animando a los que luchan y haciendo un frente común contra este infernal Leviatán globalista.

 

+ Carlo Maria Viganò, Arzobispo

23 de mayo de 2022

 

 

 

1. Se está tornando imposible descartar el Gran Reinicio y el Nuevo Orden Mundial como teorías de la conspiración: ¿ cómo se relaciona uno con el otro y desde cuándo lo han estado planificando sus promotores?

El Gran Reinicio es el instrumento social con el que la élite pretende instaurar el Nuevo Orden Mundial. Representa una interferencia de los poderes económicos e ideológicos encabezados por las grandes familias financieras y las instituciones vinculadas a ellas, perseguida con métodos de ingeniería social e intervenciones reguladoras -emitidas por los gobiernos a su instancias- con el objetivo de cambiar radicalmente toda la estructura social, económica, política y religiosa de las naciones en las que se aplica el Gran Reinicio. Promovido principalmente por el Foro Económico Mundial, del que Klaus Schwab es presidente, el Gran Reinicio fue adoptado por la ONU con el nombre de Agenda 2030[1], revistiéndolo de nobles intenciones como la derrota de la pobreza, del hambre y de las enfermedades, pero promoviendo de hecho la llamada “salud reproductiva”, la llamada “igualdad de género”, la supresión de las protecciones a los trabajadores y la reducción de la mano de obra, la privatización de la sanidad y de otros servicios estatales, la implementación de instrumentos de control de masas, la adopción de monedas electrónicas, una reforma masiva del sistema bancario y de seguros en perjuicio de los ciudadanos y de las pequeñas empresas, la imposición de una agenda verde con repercusiones en el sistema económico mundial y en la vida de los individuos y, por último, una impresionante cesión de la soberanía nacional en los ámbitos financiero, fiscal y militar.

 

 

2. Sin embargo, los medios de comunicación afirman que las reformas que se están aplicando son inevitables después de décadas de despilfarro por parte de los Estados.

Hay que señalar, en aras de la exhaustividad, que los artífices de este golpe de Estado -a los que podríamos llamar, con razón, los verdaderos “teóricos de la conspiración”- sentaron las bases del Gran Reinicio, creando durante las últimas décadas una crisis global de la que sacaron el máximo beneficio para ellos; y después de haber exprimido hasta el límite las economías nacionales con políticas erróneas y de haber vendido grandes empresas estratégicas a particulares, ahora quieren imponer esta Agenda 2030 que les permite obtener más beneficios a costa de la comunidad, víctima primero y víctima después.

Y así como la revolución que el Gran Reinicio quiere realizar implica enormes sacrificios para las masas -sacrificios que en una situación normal no habrían tenido legitimidad alguna- se ha utilizado una emergencia pandémica, provocada arteramente para destruir el tejido social y económico a través de los confinamientos, la consiguiente crisis económica, las subas de impuestos y los recortes presupuestarios impuestos por los préstamos concedidos a los distintos Estados por la Unión Europea, el Banco Central y la Comisión Europea. En los acuerdos para el desembolso de fondos -los llamados fondos de recuperación- los Estados se comprometieron a tomar prestado el dinero previamente desembolsado por ellos, vinculando su gasto a determinadas intervenciones, todas ellas en consonancia con el Gran Reinicio. Por lo tanto, no debe sorprendernos que los países destinen miles de millones de dólares a la igualdad de género o a la transición ecológica, mientras que asignan sumas manifiestamente inadecuadas a la salud o al mundo del trabajo, especialmente en relación con la catastrófica narrativa de la pandemia.

Evidentemente, allí donde los Estados no pueden hacer frente a sus deudas -que, repito, se componen de dinero previamente desembolsado- se ven obligados al default, por encargo de la llamada troika, como hemos visto recientemente con Grecia; de ahí la venta de activos estratégicos, puertos, propiedades y bienes del Estado.

Para quienes no conocen la realidad de los países europeos, conviene recordar que la cesión de la soberanía monetaria al Banco Central Europeo y la introducción del equilibrio presupuestario en las Constituciones de los Estados han privado de hecho a los gobiernos de su independencia y capacidad de emitir dinero para cubrir los gastos en salud, infraestructuras, servicios, educación, etc. Si un Estado tiene que equilibrar su presupuesto como una empresa (lo cual es inconcebible); si tiene que pedir dinero prestado al BCE -que es un banco privado-, está esencialmente a las órdenes de los burócratas europeos, burócratas que nadie ha elegido y que tratan principalmente con los grupos de presión que los financian. En la práctica, la transformación del Estado en una empresa en los años 90 fue necesaria para crear las premisas remotas que condujeron a la situación actual.

En este contexto, la reducción de las competencias profesionales -las del abogado o el ingeniero a las del artesano y el agricultor- constituye un impedimento para la independencia laboral del individuo, a lo que se suma la renta de ciudadanía (y la renta universal que quiere el Gran Reinicio con el apoyo de Bergoglio). El no poder garantizar la subsistencia con el propio trabajo y de tener unos ingresos que fosilizan esta situación de dependencia del Estado-patrón convierten de hecho a los ciudadanos en esclavos chantajeables: los que no se ajustan al “modelo ético” globalista -pensemos en el pase verdeobligatorio para los trabajadores en Italia, y no sólo eso- se ven privados de los medios de subsistencia, sin alternativa. En esencia, el Estado crea las premisas de la incompetencia profesional para impedir la libertad de elección de sus ciudadanos.

Lo mismo ocurre con la propiedad privada y con la vivienda en particular: el Gran Reinicio pretende abolir nuestrapropiedad -la de la élite está obviamente a salvo de cualquier amenaza- porque tener una vivienda proporciona una seguridad inicial para uno mismo y su familia, junto con el trabajo. Sin la propiedad de la vivienda, y con la propiedad en manos de los grandes grupos inmobiliarios vinculados a los promotores del Gran Reinicio, los ciudadanos estarán a merced de las decisiones del empresario, que les dará un empleo temporal, sin garantías ni protecciones, concediéndoles una vivienda temporal, una especie de AirBnb[2] perpetuo, despersonalizado, estéril y eco-sustentable.

Por eso, en Italia, donde el “ladrillo” -es decir, la propiedad de la vivienda- está tan extendido, el gobierno del banquero Draghi sube los impuestos y los derechos sobre la propiedad: el objetivo es inducir a la población a vender, o más bien a malvender sus viviendas para poder sobrevivir, para después verlas alquiladas por los especuladores que las compraron a precios irrisorios.

El empobrecimiento provocado por el confinamiento impuesto con la excusa de una pseudo pandemia, la reducción de los salarios, la desregulación del empleo, la afluencia de mano de obra extranjera barata (a menudo irregular) favorecida por la inmigración incontrolada y el aumento del desempleo provocado por la quiebra de más de 400.000 empresas italianas en el período 2020-2021, se revelan entonces como instrumentos para la desaparición de la propiedad de la vivienda y su sustitución por viviendas de alquiler, pagadas con las rentas de ciudadanía o con un paquete salarial cada vez más bajo. Y es evidente que en este inquietante cuadro aséptico la familia tradicional no tiene cabida, porque impide la movilidad de los empleados, la precariedad de los contratos y la provisoriedad de las relaciones.

 

3. ¿Cuál es la enseñanza de la Iglesia en esta materia?

La doctrina social de la Iglesia siempre ha defendido la propiedad privada como un derecho natural. El hecho de que hoy Bergoglio cuestione incluso este punto aparentemente marginal de la doctrina católica[3] es un signo inquietante de la cooperación ideológica de la Iglesia conciliar con el plan del Gran Reinicio. Si a esto añadimos la renta universal, comprenderemos el peligro que representa este “pontificado” para la Iglesia y para la humanidad entera, sumida en una pesadilla distópica en la que liberalismo y el comunismo se alían contra el hombre y contra Dios.

También debería mencionar, como punto irrenunciable de la agenda globalista, la drástica reducción de la población mundial, que se logrará mediante políticas que incentiven el aborto y la anticoncepción (que los maltusianos llaman engañosamente “salud reproductiva”), la promoción de la homosexualidad y la vacunación masiva. Las víctimas de los efectos adversos del suero génico, la esterilización inducida por las llamadas vacunas y la normalización de los estilos de vida infértiles deben enmarcarse en este contexto y representan una aplicación a nivel mundial de las políticas de control de la natalidad adoptadas desde hace tiempo en China. El tristemente famoso “¿Quién soy yo para juzgar? “ de Bergoglio, pronunciada al inicio de su “pontificado”[4]. ha dado paso a una demolición sistemática de la moral católica, traducida en formulación “doctrinal” con Amoris laetitia y su interpretación “auténtica” publicada en el Acta Apostolicæ Sedis[5]. Y justo en los últimos días el argentino ha nombrado como miembro ordinario de la Academia Pontificia de Ciencias Sociales al economista Jeffrey David Sachs[6], quien es presidente de la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible de la ONU, defensor de la reducción de la población mundial y de la lucha contra el cambio climático[7].

 

4. ¿Quiénes son los principales artífices -los líderes, las mentes, las personas influyentes y las organizaciones- del Gran Reinicio?

Este golpe de Estado global ha sido llevado a cabo por una minoría muy poderosa con medios económicos prácticamente inagotables, con la complicidad de los gobernantes, de los medios de comunicación y, por desgracia, también de los líderes religiosos. Los principales artífices son, como he dicho, las familias de la alta finanza mundial, como los Rothschild, los Warburg, los Rockefeller… Estas familias están flanqueadas por las autodenominadas fundaciones filantrópicas de especuladores multimillonarios, como Bill Gates y George Soros; luego está la ONU, con sus Agencias -la OMS, UNICEF, la UNESCO, la FAO-; hay grupos de poder como el Foro Económico Mundial, la Comisión Trilateral, el Grupo Bilderberg, el Club de Roma y, por supuesto, las logias masónicas de todo el mundo.

Entre estas familias y grupos de poder se encuentran también los fondos de inversión que poseen parte de la deuda pública mundial y una infinidad de multinacionales que tienen el control no sólo de los bancos, las compañías de seguros, las telecomunicaciones, las empresas de comercio en línea y – no hace falta decirlo– las empresas farmacéuticas, sino también de casi toda la información, desde los medios de comunicación tradicionales hasta las plataformas sociales en Internet. Recientemente hemos visto lo que los medios de comunicación han aportado a la narrativa de la pandemia y de la inminente emergencia ecológica.

Los líderes religiosos están prácticamente todos alineados con la ideología del Nuevo Orden Mundial y, por consiguiente, con el Gran Reinicio instrumental a ella. Algunos, como ciertas denominaciones protestantes o el budismo del Soka Gakkai Internacional, son emanaciones religiosas de impostación masónica y como tales consideran el globalismo absolutamente deseable y cooperan activamente en su instauración. Otras religiones están divididas internamente, como la Iglesia Ortodoxa, en la que algunos patriarcas no ocultan su pertenencia a las logias, mientras que otros denuncian el plan globalista como intrínsicamente anticristiano.

Por último, la Jerarquía católica vive un momento de gravísima contradicción, pues desde hace sesenta años se ha puesto completamente de parte del progresismo y del globalismo y, bajo el “pontificado” de Jorge Mario Bergoglio, ha hecho suya la ideología del Nuevo Orden Mundial, postulándose como candidata a la presidencia de la Religión Universal deseada por la masonería.

 

 

5. ¿Cómo y cuándo los infiltrados comunistas ganaron poder en la jerarquía de la Iglesia Católica?

Sabemos que el plan de infiltración de la Iglesia con quintas columnas del enemigo se remonta al siglo XIX. El modernismo fue el primer ataque organizado que hirió mortalmente al cuerpo eclesial no con una herejía específica, sino con un sistema filosófico que corrompió todo dogma, todo principio moral, todo rastro de lo sobrenatural de la Religión, reduciéndola a una mera respuesta humana e inmanente a una vaga necesidad de lo sagrado, en clave antropológica.

La guerra emprendida por San Pío X contra el modernismo impidió su propagación durante algunas décadas, pero sufrió un debilitamiento progresivo. Los modernistas siguieron moviéndose permaneciendo ocultos y disimulando sus intenciones, y consiguieron volver a ocupar puestos clave en la Curia, las diócesis, las universidades romanas y los seminarios. Angelo Giuseppe Roncalli tenía muchos amigos modernistas, además de ser intrínseco a varios masones (y posiblemente afiliado a una logia): él les permitió ascender a las filas de la Jerarquía, y a su debido tiempo Pablo VI completó la obra, rehabilitándolos en la docencia, revocando las censuras canónicas impuestas bajo Pío XII o Juan XXIII, convocando como consultores o expertos al Concilio Vaticano II a los mismos que pudieron utilizar el Concilio -en razón de su autoridad- para la primera operación de cancelación de la cultura en la Historia de la Iglesia y para imponer por autoridad doctrinas equívocas o heterodoxas. Ese fue sin duda el segundo ataque a la Iglesia, esta vez realizado con métodos nuevos y contando con una organización increíblemente eficiente.

Mirando más de cerca -como ya he señalado en otro lugar- existe una analogía entre el uso contra mentem legis -es decir, contra la intención de la ley, contra el propósito que animó al legislador- por parte de la autoridad eclesiástica con motivo del Concilio y hasta hoy, y el uso de normas inconstitucionales e ilegítimas por parte de la autoridad civil a causa de la psico pandemia.

 

 

6. ¿Fue entonces en concomitancia con el Concilio Vaticano II que la Santa Sede comenzó a entablar relaciones con la izquierda y con los comunistas?  

La infiltración de los modernistas fue acompañada, durante la Segunda Guerra Mundial, con la instauración de relaciones con la izquierda y con el comunismo soviético. Esta operación fue llevada a cabo por los jesuitas y sus otros cómplices; entre ellos se puede contar a Giovanni Battista Montini, en esa época sustituto de la Secretaría de Estado y activo colaborador tanto de los estadounidenses como de los comunistas italianos y rusos. Sobre su participación en el suministro de las listas de sacerdotes que eran enviados más allá de la frontera a los comunistas que los habrían matado, hay muchas preguntas inquietantes. Ciertamente, la Ostpolitik perseguida primero por Juan XXIII y luego por Pablo VI contribuyó a la infiltración de muchos agentes comunistas, como ocurrió en otros ámbitos; pienso, por ejemplo, en los periodistas que con el famoso Dossier Mitrokhin se descubrió que estaban a sueldo de Moscú o del Partido Comunista.

La militante comunista Bella Dodd, convertida al catolicismo por el venerable Fulton Sheen en 1952, reveló que hubo un plan comunista para infiltrarse en la Iglesia con el fin de demolerla desde dentro, tanto ideológica como moralmente, lo cual se verificó con la desviación doctrinal y la corrupción moral del clero. Por otra parte, la homosexualización de la sociedad tenía que tener necesariamente su contrapartida en el seno de la Iglesia, para privarla de credibilidad y convertirla en un ejemplo de comportamiento escandaloso. El inquilino de Santa Marta se rodea de personajes impresentables, mientras se muestra implacable con los católicos “rígidos” que no aprueban la inmoralidad de sus pastores y su sumisión a las exigencias del Nuevo Orden.

 

 

7. El pontificado de Juan Pablo II y el de Benedicto XVI no continuaron en este frente, especialmente en lo que respecta a la dictadura de Pekín. Ratzinger estuvo absolutamente en contra de un acuerdo con el gobierno chino que cuestionara la competencia exclusiva de la Santa Sede en el nombramiento de obispos. ¿Cómo se llegó al Acuerdo?

Si se llegó a un acuerdo con la dictadura comunista china, se lo debemos a la acción de los jesuitas y a la aprobación de Bergoglio de su acción “diplomática”. Recuerdo de pasada que el señor McCarrick recibió instrucciones justamente de él, para emprender viajes a China, a pesar de que ya estaba al tanto de los delitos sexuales referidos a él.

Este acuerdo ha demostrado ser imprudente y ha permitido a los comunistas chinos perseguir impunemente a los católicos clandestinos leales a Roma, cerrar iglesias y seminarios, deportar sacerdotes y obispos, imponer el culto al Partido en las celebraciones y hacer que el Vaticano reconozca los nombramientos de los Ordinarios elegidos por el Partido.

Un escándalo de una gravedad sin precedentes, reiteradamente condenado por el cardenal Zen, al que Bergoglio incluso se negó a recibir en audiencia a pesar de haber venido para tal fin desde China. Hoy, La Civiltà Cattolica publica también una edición en chino: que esta “victoria” de los jesuitas se haya trocado con el silencio sobre la violación de los derechos humanos y de las libertades inalienables de la Iglesia de Cristo, a los ojos del argentino es absolutamente insignificante, sobre todo si su silencio se compensa con generosas dádivas al Vaticano.

Además de las relaciones diplomáticas con el comunismo chino, Bergoglio no deja de aprobar y apoyar movimientos de clara inspiración socialista y comunista, como ocurrió recientemente con el IV Encuentro Mundial de Movimientos Populares. Palabras clave: desarrollo humano integral, medio ambiente, ecología integral, derechos humanos, desarme, salud integral, sostenibilidad. En resumen, todo el repertorio globalista. En su video mensaje a los participantes[8], Bergoglio habló del salario mínimo y de la renta universal, de la liberalización de las patentes farmacéuticas, de la censura de las noticias falsas y de las teorías conspirativas de los gigantes tecnológicos. ¡Incluso comparó al movimiento Black Lives Mattercon el Buen Samaritano! Como se ve, las reivindicaciones de la iglesia bergogliana no tienen nada de sobrenatural y se limitan a reivindicaciones de naturaleza política, económica o sindical.

 

 

8. ¿Pero cómo conciliar la primacía de la persona humana propia de la visión católica con la ideología comunista que privilegia a la masa, al pueblo en su conjunto?

Este es otro elemento que considero sumamente revelador de la ideología comunista que ha penetrado en la Iglesia. Me refiero a la mentalidad colectivista en la que el individuo acaba siendo absorbido por la masa, que a su vez casi adquiere una personalidad: el partido, el comité, la asamblea, el consejo. Según este punto de vista, los objetivos del grupo tienen prioridad sobre los objetivos individuales. El Concilio -especialmente en su reforma litúrgica- absorbió la visión colectivista al enfatizar la comunidad en detrimento de la relación personal del bautizado, por un lado, y del celebrante, por otro, quien ya no es más el ministro de la acción sagrada, sino el presidente, el representante de una asamblea sin rostro.

Esto aconteció también en el ámbito civil: la emergencia pandémica y la campaña de vacunación han dado mayor importancia a lo colectivo en detrimento del ciudadano individual, hasta el punto de deslegitimar y criminalizar a quienes, por ejemplo, rechazan el suero génico o cuestionan la narrativa del Covid. Y precisamente en apoyo de este enfoque típicamente maoísta de la relación del individuo en la sociedad, hace unos días Bergoglio afirmó: que hay que “redescubrir la dimensión no individualista de la libertad”[9], confirmando este cambio de paradigma según el cual el individuo es sólo una parte de un todo, y su conducta se considera tanto más moralmente correcta cuanto más se adecúa a la masa, una masa obviamente manipulada. Por eso, para Bergoglio es impensable una individualidad consciente que tome decisiones libres y autónomas, por ejemplo, expresando críticas a ciertas formulaciones heterodoxas del Vaticano II. El disidente es visto con el mismo recelo que los chinos que no obedecen al partido. Más aún: en esta visión se hace presente la despersonalización del poder, en un tiempo referido a una persona con autoridad, hoy transferido a entidades abstractas casi dotadas de voluntad propia. En esta perspectiva, la sinodalidad defendida por Bergoglio no es más que una forma de imponer decisiones desde arriba, haciéndolas aparecer como fruto de la discusión democrática. Exactamente como ocurre en las dictaduras que se autoproclaman democráticas, incluida la Unión Europea. En esto también, el Estado profundo y la Iglesia profunda utilizan herramientas similares para lograr resultados similares.

El último elemento de contigüidad con la ideología comunista es la “transición digital”, es decir, el uso de instrumentos tecnológicamente avanzadas para el control capilar de la población, ya implementado en la dictadura china y fuertemente auspiciado por el Gran Reinicio según el pensamiento transhumano. El transhumanismo consiste en la hibridación del hombre con la máquina, la implantación de chips subcutáneos, el Internet de las cosas y de las personas –IoT e IoP– e incluso la difusión de la realidad virtual del “metaverso”, objeto del próximo cambio de marca de Facebook.

Tengo presente que la Comisión Europea pidió recientemente “una identidad digital europea para facilitar la vida de los ciudadanos“[10], un “portafolio informático único en el que se pueden reunir todos los documentos personales para acceder rápidamente a los servicios públicos y privados: desde la solicitud de préstamos en el banco hasta la inscripción en la universidad, pasando por el alquiler de un coche”. Es evidente que el pase verde es un experimento, un ensayo general de lo que nos espera “para 2022”, instrumental para la adopción del crédito social que ya funciona en China desde 2014. No es casualidad que, hace apenas unos días, un funcionario chino señalara que las protestas contra el pase verde de los estibadores de Trieste no podrían haberse llevado a cabo en presencia del crédito social, porque los manifestantes habrían sido inmediatamente castigados con la privación de servicios, desde la posibilidad de viajar hasta la de hacer compras.

Y aquí vemos asomar las palabras del Apocalipsis sobre el reinado del Anticristo: “Nadie podía comprar ni vender si no llevaba la marca” (Ap 13, 17).

 

 

9.  Y el Vaticano también está entusiasmado con esta hibridación del hombre con la máquina…

Es preocupante ver cómo la Iglesia bergogliana acoge estos proyectos inhumanos, incluso cobijando conferencias sobre transhumanismo y metaverso[11] en el Vaticano, además de haber creado RenAIssance, una fundación vaticana para la inteligencia artificial: no pasará desapercibido el uso del término “renacimiento” tan caro a la ideología globalista y masónica. Es significativo que esta fundación fuese concebida con motivo del Llamamiento de Roma por la Ética de la Inteligencia Artificial el 28 de febrero de 2020, al comienzo de la emergencia psico pandémica, y creada por la Secretaría de Estado el 16 de abril de 2021[12]. Entre los primeros firmantes encontramos a monseñor Vincenzo Paglia, presidente de la Academia Pontificia para la Vida (patrocinadora de la iniciativa); Brad Smith, presidente de Microsoft; John Kelly III, vicepresidente ejecutivo de IBM; Dongyu Qu, director general de la FAO; y la ministra Paola Pisano por el gobierno italiano. Tampoco hay que subestimar la presencia en el evento de Davide Sassoli, presidente del Parlamento Europeo.

Inútil decir que, en todo este delirio ideológico, la misión de salvación de la Iglesia de Cristo está totalmente anulada, en nombre de un post humanismo ecuménico de matriz masónica y satánica.

 

 

10. La manía mundial del Covid se ha convertido de hecho en una falsa religión, alimentada por el miedo en lugar de la Gracia, con las vacunas como sacramentos y la ideología como revelación. ¿Qué le parece?

Quienes tienen nociones de sociología y psicología social saben bien que el elemento sagrado es innato en el hombre. La acción litúrgica, la expresión social de la fe que se cree, es indispensable para reunir a los fieles, confirmándolos en esa fe y haciéndolos sentir como un cuerpo vivo y dinámico. En toda religión hay sacerdotes, jerarquías, dogmas, ritos, preceptos; por tanto, también hay herejes e infieles, pecados y excomuniones.

Lo que la Providencia ha establecido para la Iglesia encuentra hoy su réplica grotesca en la ritualización de la psico pandemia, convertida en una religión científica -y anticientífica- con sus dogmas sanitarios, sus sacramentos que prometen conferir inmunidad y sus sacerdotes con batas de laboratorio. Pero como he dicho en otras ocasiones, esto ha sido posible porque por parte de la Jerarquía católica ha habido una colaboración consciente y activa, que ha encontrado en Bergoglio el más eficaz testimonial de las drogas experimentales, y en los obispos los ejecutores obedientes de las absurdas disposiciones sanitarias de la autoridad civil. No sólo eso: indicar como “deber moral” la inoculación del suero génico dio lugar a una base doctrinal -absolutamente impropia- a toda la operación. Y de nuevo: el Estado profundo y la Iglesia profunda se mueven al unísono.

Hay que decir que, si la voz de un Papa se hubiera levantado firme y valiente para condenar el plan infernal de los conspiradores, la farsa del Covid habría fracasado estrepitosamente; por esta complicidad y traición a su mandato, la Jerarquía actual tendrá que responder a Dios, a la Iglesia y a la Historia.

 

 

11. Jorge Mario Bergoglio, ahora conocido como el papa Francisco, no oculta que es el asesor de confianza e inspirador de los agentes del Gran Reinicio. ¿Es más marioneta o titiritero?

Sabemos muy bien que el Magisterio católico es completamente irreconciliable con las exigencias del Nuevo Orden, que como opuesto a la doctrina social de la Iglesia lo que quiere imponer es el Gran Reinicio. Sin embargo, la apostasía de la cúpula de la Iglesia ha permitido que Bergoglio sea nombrado “líder moral” por el Concejo para el Capitalismo Inclusivo, encabezado por la señora Lynn Forester de Rothschild, en absoluta contradicción con el mandato divino dado por Cristo a su Vicario en la tierra. Y comprendemos cómo las pesadas sospechas que pesan sobre la abdicación forzada de Benedicto XVI y la elección del jesuita Bergoglio encuentran aquí posteriores confirmaciones.

Por otro lado, el argentino no oculta su papel de “profeta” del Nuevo Orden Mundial, con la evidente esperanza de ser recompensado a su debido tiempo con algún puesto de prestigio internacional. No me extrañaría que ambicione ser el jefe de la Religión Universal, cuyos dogmas de fraternidad universal, ecumenismo, eco sustentabilidad, acogida indiscriminada de inmigrantes ilegales, el género y la renta universal son ya objeto casi monotemático de las intervenciones “magistrales” de Bergoglio. Lamento defraudar las aspiraciones del jesuita, pero me temo que sus amos lo utilizarán hasta que les convenga, deshaciéndose de él en cuanto haya cumplido su tarea, tal como le ocurrió a Judas luego de la traición a Nuestro Señor. Esperemos que, después de haber recibido también él sus treinta denarios del Sanedrín globalista, Bergoglio manifieste algún arrepentimiento y no acabe como el mercator pessimus[13] [peor de los comerciantes].

Por el momento, el rol de Francesco es uno de los más sobreexpuestos, precisamente por la tarea que se ha atribuido en el apoyo a la narrativa de la pandemia y en la promoción de vacunaciones masivas. Además de esto, es innegable que está en perfecta sintonía con la ideología globalista y que considera precisamente como su labor principal la disolución de la Iglesia de Cristo, transformada en una ONG filantrópica y ecuménica al servicio de las élites. Esta tarea se concreta con la demolición sistemática de la doctrina, de la moral, de la liturgia y de la disciplina, junto con la persecución despiadada de los clérigos y religiosos refractarios. Es desconcertante que la tan proclamada sinodalidad como objeto del Sínodo de los Obispos se vaya mostrando como una coartada grotesca, por un lado para sustraer poder de gobierno a los obispos, por otro lado como significativa “cesión de soberanía” similar a la impuesta en el ámbito civil, con el objetivo de centralizarlo y apropiarse de él; mientras que, por otro lado, la Sede Apostólica abdica de su rol de Mater et Magistra para delegar en las Conferencias Episcopales cuestiones de rebus fidei ac moribus [cuestiones de fe y costumbres] que, por el contrario, son de competencia exclusiva, por decreto divino, del Romano Pontífice y de los Dicasterios Romanos.

La persecución de tantos obispos y sacerdotes, el descrédito y la burla respecto a algunos cardenales, la furia devastadora contra las comunidades religiosas de vida contemplativa son sólo algunas declinaciones de la agenda bergogliana, a la que se van sumando siempre nuevos golpes al cuerpo eclesial. Duele profundamente ser testigo de esta cruel demolición, perseguida con el silencio ensordecedor de los obispos y sacerdotes; alentadora, en otros aspectos, es la presencia de voces disidentes entre los fieles menos ideologizados, quienes instintivamente han llegado a considerar a Bergoglio como una especie de antipapa, especialmente por su flagrante aversión a todo lo que es católico.

 

 

12. Independientemente de las promesas de Cristo, ¿ qué tan cerca han estado los enemigos de Cristo (la masonería, la mafia de San Galo, los falsos pastores, los modernistas, etc.) de destruir completamente la Iglesia Católica?

La destrucción de la Iglesia es un delirio loco que rompe con las promesas de Cristo, que, sin embargo, se refieren al resultado final del enfrentamiento entre Dios y Satanás. La victoria de Cristo es cierta y ontológicamente necesaria. Sin embargo, la guerra que libran los hijos de las tinieblas parece haber llegado a un punto verdaderamente inquietante, no sólo por el avance del plan globalista que prefigura el Nuevo Orden Mundial, sino también por la ausencia de una oposición firme y valiente tanto en el ámbito civil como en el religioso.

Por otra parte, la traición de los que ejercen la autoridad civil y eclesiástica pone en evidencia esta ruptura entre gobernantes y gobernados, sacando a la luz no sólo la organización altamente eficiente de la élite, sino también sus debilidades: la primera entre todas, el convencimiento -típico de las almas cegadas por el odio al bien- de que los hombres siguen indefectiblemente determinadas reglas, como las abejas en una colmena. Esta convicción es totalmente falsa, porque los hombres están hechos de carne y hueso, de debilidades y miedos, pero también de pasiones e ideales, de actos de generosidad y altruismo, porque están hechos a imagen y semejanza de Dios.

Estamos descubriendo que el mundo proyectado por el Gran Reinicio asusta e inquieta a muchas personas, les abre los ojos, les lleva a enfrentarse y organizarse para resistir la dictadura que se avecina, les hace descubrir que no son una minoría de parias, sino una mayoría que se ha dejado engañar. Esta reacción espontánea y creciente no estaba prevista y podría conducir a un resultado diferente del esperado por los promotores de la agenda globalista. Y tal vez incluso en el seno de la Iglesia el Espíritu Santo suscitará un movimiento de retorno a la Tradición, porque las promesas de los Innovadores han demostrado ser un engaño, ni más ni menos que las del Gran Reinicio.

 

 

13. La humanidad se ha enfrentado a tiranos en los Estados nacionales, pero nunca antes había existido un sistema global de totalitarismo dirigido a personas de todo el mundo. ¿Puede ofrecer algunas palabras de esperanza y ánimo para estos oscuros tiempos apocalípticos?

El desánimo ante este golpe de Estado global es una reacción humana comprensible, especialmente cuando nos damos cuenta de la determinación con la que se persigue la agenda y la acción simultánea de varios Estados. Lo que ocurre en Italia como laboratorio para las otras naciones europeas, ha sido propuesto poco después en Francia, en Alemania, en Austria: el ejemplo de la obligación del pase verde para trabajar, bajo el chantaje de no recibir un salario, es llamativo.

Y, sin embargo, como he mencionado antes, este mecanismo puede atascarse en el momento en que falta la cooperación de algunos: pensemos en la policía o en los médicos, en los periodistas o en los políticos, en los magistrados o en los párrocos. Si empezamos a resistir a las leyes ilegítimas y a los reglamentos absurdos con la desobediencia civil y pacífica, se disipará el miedo en el que se basa toda la narrativa, y los que creen que pueden imponernos privaciones de derechos civiles y religiosos se verán obligados a dar marcha atrás, al sacar a la luz su plan, al exponer sus incoherencias, al revelar complicidades y crímenes. Y esto sucederá simultáneamente en los asuntos públicos y en el mundo eclesial, dejando que la “Iglesia estatal” bergogliana se extinga en una secta de renegados, desacreditada por su corrupción moral y su sumisión al mayor crimen contra la humanidad que jamás se haya cometido.

No se trata de un enfrentamiento en el que podamos derrotar al enemigo común sólo con las fuerzas humanas: es una batalla de época, en la que están en juego los destinos de la humanidad en su conjunto y los de cada uno de nosotros individualmente, en el tiempo y en la eternidad. Está en juego nuestra vida, nuestra identidad, nuestra individualidad. Y, sobre todo: los promotores del Gran Reinicio son intrínsecamente anticristianos y contrarios a Cristo, porque este “Nuevo Orden” no es más que el caos infernal, opuesto e irreconciliable con el Ordo Christianus.

Por eso es necesario rezar e implorar a la Majestad divina que se digne mirar a los pocos fieles que están dispuestos a luchar al lado de Jesucristo Rey, como hizo Abraham con los habitantes de Sodoma y Gomorra: “¿De verdad vas a exterminar a los justos con los impíos? Tal vez haya cincuenta justos en la ciudad: ¿realmente los exterminarás? ¿Y no perdonarás ese lugar gracias a los cincuenta justos que hay allí? ¡Lejos de ti hacer morir al justo con el impío, para que el justo sea tratado como el impío; lejos de ti! ¿No practicará la justicia el juez de toda la tierra?” (Gn 18, 23-25). Tal vez ni siquiera seamos cuarenta y cinco o cuarenta o treinta o veinte. Pero la palabra del Señor nos reconforta, por pocos que seamos: “No la destruiré gracias a esos diez” (Ibidem 32).

Para que acontezca esta restauración, tanto en el Estado como en la Iglesia, se necesitan ciudadanos honestos y fieles que vivan en forma coherente con el Evangelio, animados por el amor a Dios y al prójimo, dispuestos a combatir, a hacerse oír y a no sufrir pasivamente la violencia de la que son objeto. Esta batalla de época se gana si nos ponemos del lado de Cristo, sin concesiones, sin respeto humano, sin cobardía. Porque cuanto más cerca estemos de Nuestro Señor con una vida de Gracia, oración y penitencia, más efectivas serán las armas espirituales que Él nos concede.

 

Nolite timere: ego vici mundum (Jn 16, 33)

[No tengan miedo: yo he vencido al mundo].

 

 

 

 

 


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1 comentario
  1. Alberto Ramón Althaus says

    ¡Que linda es la censura sobre cosa ajena! ¿Nos podemos quejar de Bergoglio si aplicamos los mismos métodos?

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