Viganò en Canale Italia. La verdad emergerá y el daño a la Iglesia será grande

Publicamos la transcripción de la entrevista concedida por el arzobispo Carlo Maria Vigano a Canale Italia.

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Transcripción de la entrevista concedida por

monseñor Carlo Maria Viganò

al Dr. Armando Manocchia para Canale Italia

2 de abril de 2022

1.       A partir del el Concilio Vaticano II (1962-1965), la infiltración masónica en el seno de la Iglesia católica se ha tornado cada vez más consistente. El progresismo y el relativismo han sido utilizados como armas para socavar la fidelidad a la Tradición. ¿Intuyó el arzobispo Marcel Lefebvre, excomulgado por Juan Pablo II en 1988, que el catolicismo estaba al borde del abismo?

Ciertamente. monseñor Lefebvre fue uno de los pocos, poquísimos prelados que quiso denunciar la revolución del Concilio, al comprender su índole subversiva. Y digo “que quiso” porque muchos otros prelados entendieron que estaba en marcha una verdadera revolución. Algunos la vieron como un peligro, otros como una “primavera de la Iglesia”. Pero entre los que vieron el peligro, casi nadie fue capaz de denunciarlo abiertamente. Hoy comprendemos el mérito histórico del arzobispo Lefebvre al haberse rebelado contra la línea dictada por el politburó conciliar y haber creado las condiciones para un retorno de la Iglesia a la doctrina y a la Santa Misa de siempre.

 

2.      ¿Podría considerarse a la Mafia de San Galo como una especie de Foro Económico Mundial eclesiástico?

Si identificamos al Foro Económico Mundial como un lobby privado que ha ocupado con sus seguidores los puestos más importantes de las instituciones públicas nacionales e internacionales, con el objetivo de imponer la agenda globalista en contra de la voluntad de los ciudadanos, el paralelismo con la Mafia de San Galo encaja sin duda. Este agrupamiento de conspiradores también ha colocado sus agentes en la Curia Romana y en los órganos periféricos de la Iglesia, al igual que ha impuesto la agenda del Concilio contra la voluntad de los fieles. Pero al igual que no sólo existe el Foro Económico Mundial en el ámbito público, tampoco existe sólo la Mafia de San Galo en el ámbito eclesiástico.

Estamos frente a un golpe de Estado global, que involucra tanto a la sociedad civil como a la Iglesia. Ambas están infiltradas y controladas por personas que utilizan su poder y la autoridad que conlleva, no para los fines de las instituciones que gobiernan, sino para destruirlas. Hay que denunciar esta crisis de autoridad, porque la acción de los que han llegado a altos cargos en las naciones y en la Iglesia constituye un acto subversivo y criminal.

 

3.      En su ensayo Non è Francesco (No es Francisco), Antonio Socci sostiene que, desde el punto de vista del Derecho canónico, la elección de Francisco al trono pontificio no se produjo en forma regular y que el Cónclave de 2013 fue ilegítimo. ¿Cuál es su opinión al respecto?

Las reconstrucciones de Antonio Socci retoman rumores de Elisabetta Piqué, muy cercana a Bergoglio, y de Austin Ivereigh: parecen verosímiles, aunque no se apoyan en pruebas inequívocas. Pero al mismo tiempo nunca han sido desmentidos por la Santa Sede, lo que ha hecho que se multipliquen las especulaciones sobre la renuncia de Benedicto XVI y sobre las maniobras de la mafia de San Galo en el cónclave, creando consternación, confusión y división entre los fieles.

Si pensamos en las intervenciones del Vaticano en infinidad de temas, su silencio en una cuestión tan importante es desconcertante. Es aún más desconcertante el silencio de los cardenales que participaron en ese cónclave. Algunos apelan al secreto pontificio, pero en presencia de una posible violación de las normas establecidas en la Constitución Apostólica, que invalidaría la elección del Papa, no hay nada que justifique este prolongado silencio.

Sé de fuente segura que el cardenal Giovanni Battista Re -quien como vicedecano del Colegio Cardenalicio presidió el cónclave de 2013-, al ser preguntado en privado sobre la base de qué párrafo de la Constitución Apostólica Universi Dominici Gregis había procedido a una tercera votación en la noche de la elección, se negó a responder, afirmando en forma enfática e irritada que todo se había desarrollado según las reglas previstas.

Tarde o temprano la verdad saldrá a la luz y habrá que denunciar y reparar el gravísimo daño hecho a la Iglesia.

 

4.      La Iglesia católica, que desde hace tiempo apuesta por el ecumenismo, y en línea con las lógicas de homologación que propugnan las oligarquías globalistas, parecería ahora apuntar a una religión única, a la creación de un sincretismo que mezcle doctrinas monoteístas y creencias paganas, como el culto andino a la Pachamama: ¿se trata de una operación asesina o de un gesto suicida?

Ambas cosas. Por un lado, la parte corrupta de la Jerarquía -que llamo Iglesia profunda para abreviar- al estar esclavizada a Satanás odia a la Iglesia como Cuerpo Místico de Cristo y pretende matarla como hizo con su Cabeza. Pero sabemos que como Cristo ha resucitado, así resucitará también su Cuerpo Místico, después de su pasión. Así que sí: quien sirve al Diablo está llevando a cabo una operación asesina, aunque sea una locura y esté destinada al fracaso.

Por otro lado, la parte sana de la Jerarquía está compuesta en su mayor parte por obispos y clérigos que, sin embargo, aceptan las premisas ideológicas de la actual apostasía, porque aceptan el Concilio y la nueva liturgia que transmite sus errores a las masas. No quieren que la Iglesia sucumba: se engañan a sí mismos, contra toda evidencia y después de sesenta años de fracasos, diciendo que el Concilio ha sido mal interpretado, que la nueva Misa se celebra mal pero que se puede devolver cierta dignidad a la liturgia, que el ecumenismo es suficientemente bueno con los ortodoxos, pero no con los idólatras. Pero si no están convencidos de que la crisis comenzó con el Vaticano II, si no entienden que fue el Concilio el que provocó este desastre, y que para remediarlo es necesario volver a la fe, la moral y la liturgia de antes del Concilio, son parte del problema sin saberlo. Estas personas, si bien con las mejores intenciones, representan a esa parte de los moderados que, ante un ataque en todos los frentes, son un obstáculo para la solución de la crisis si no luchan. Su apoyo al Concilio y a la mentalidad secularizada de la Iglesia profunda hacen que su gesto sea ciertamente suicida.

 

5.      Bergoglio ha intervenido a las Órdenes más tradicionalistas: los Franciscanos de la Inmaculada, los Heraldos del Evangelio, las Hermanitas de María Madre del Redentor. ¿Quizás es alérgico a las vocaciones auténticas o los activos de estas congregaciones son tentadores para alguien?

En un momento en el que la Iglesia está sufriendo la drástica reducción de las ofrendas y donaciones de los fieles debido a la crisis económica provocada por la psico-pandemia, el cierre de las iglesias y el disgusto de muchos católicos por la labor de Bergoglio y los obispos, es evidente que rastrillar un poco de dinero e inmuebles es conveniente para las maltrechas arcas vaticanas.

Pero el verdadero motivo, el que mueve cada acción de la Iglesia bergogliana, es el odio implacable a la Tradición, del que las Órdenes contemplativas y conservadoras son una manifestación elocuente. Imagínense la rabia de estos modernistas que, mientras las comunidades más progresistas se extinguen y las Órdenes religiosas desaparecen en la crisis de vocaciones y abandonos, ven reflorecer monasterios e institutos en los que hay disciplina, fidelidad a la Regla del Fundador, verdadera pobreza, penitencia, espíritu de recogimiento y Liturgia Tridentina. Todo esto hace evidente su fracaso y, por tanto, debe ser eliminado, no sea que se vea que la Tradición tiene muchos más adeptos (y tendría muchos más, si no fuera boicoteada sistemáticamente) que la religión postconciliar, con sus sacerdotes sin sotana, sus monjas sin velo, sus religiosos que no rezan y sus iglesias vacías.

En la mente de Bergoglio sólo merecen su aprobación las vocaciones modernistas, inclusivas, dirigidas a las periferias existenciales, hechas de naderías doctrinales, vacíos morales, consignas humanitarias trilladas. En cuanto una vocación muestra el más vago indicio de ser genuinamente católica, animada por el deseo de dar gloria a Dios y salvar almas, se convierte en expresión de clericalismo, intolerancia, fundamentalismo, rigidez… con todo el repertorio de palabras más o menos ofensivas de Bergoglio que forman parte de las técnicas de criminalización del adversario, ya ensayadas con éxito desde el Concilio.

 

6.      El Papa Francisco ha cantado alabanzas al multiculturalismo, al ecologismo, a la inmigración, ha recibido a Soros y a Bill Gates en el Vaticano y se ha disfrazado de promotor de sueros génicos experimentales. ¿Se podría suponer que hay una correlación entre sus acciones y su formación jesuita?

Si nos limitáramos a “hipotetizar” esta correlación sería, como mínimo, una muestra de ingenuidad y falta de previsión. La Compañía de Jesús, que figuraba entre las Órdenes más importantes de la Iglesia, fue blanco de la acción del demonio que corrompió su carisma y lo desvió progresivamente mucho antes del Vaticano II, y hoy es el cuerpo de asalto, por así decirlo, con el que la Iglesia profundademuele lo que queda de la Iglesia católica, para sustituirla por una ONG amorfa que pueda servir de “contenedor” de la Religión de la Humanidad querida por la masonería y por el Nuevo Orden Mundial, en consonancia con las bases ideológicas puestas por el Concilio.

Como todo jesuita, Bergoglio es primero jesuita y luego católico. Por eso sigue estando prohibido a los jesuitas que asciendan a las filas de la jerarquía, por lo que el argentino tuvo que pedir al Papa una dispensa para ser consagrado arzobispo de Buenos Aires. Esa dispensa, de no haber sido concedida, respetando la Regla de San Ignacio, nos habría evitado los desastres que hemos visto desde 2013. Es evidente que los jesuitas desempeñaron un rol destacado no sólo en la realización de la revolución conciliar, sino también en las maniobras para llevar a uno de los suyos al trono de Pedro.

 

7.     En 2009, como secretario de la Gobernación, usted restableció el equilibrio del Vaticano en manera formidable. Efectivamente, ese equilibrio pasó de un déficit de 8 millones de euros a un superávit de más de 34 millones. Al seguir esta línea de transparencia y de lucha contra la corrupción, es obvio que usted acabó pisando los pies de muchos. Luego, por casualidad, fue nombrado Nuncio Apostólico en Estados Unidos. Como decían los latinos: ¿“Promoveatur ut amoveatur”?

Mi nombramiento como Nuncio Apostólico en Estados Unidos fue decidido por el entonces todopoderoso secretario de Estado, el cardenal Tarsicio Bertone. En ese momento, yo era secretario general de la Gobernación desde julio de 2009, y antes había servido en la Secretaría de Estado en el cargo de Delegado para las Representaciones Pontificias. Una de mis tareas era instruir y examinar los procesos para la promoción al episcopado en la Curia Romana y en las Representaciones Pontificias. En esta función me había opuesto al nombramiento de prelados indignos u homosexuales, y había propuesto, entre otras cosas, que se le quitara el capelo cardenalicio a McCarrick. Este rol me predispuso con mis Superiores y, en particular, con Bertone, que me convenció para que aceptara un traslado de la Secretaría de Estado a la Gobernación, como secretario general, con la promesa de que luego sería promovido a presidente en lugar del cardenal Giovanni Lajolo, que estaba próximo a jubilarse. La lucha contra la corrupción y mi trabajo para restablecer las maltrechas finanzas de la Gobernación fueron objeto de oposición por parte de algunos, y a partir de 2010 comenzó un verdadero acoso contra mí, con la publicación de calumnias y artículos difamatorios. El escándalo, que comenzó en los Palacios Sagrados, le dio a Bertone una coartada para removerme de ese cargo. Por eso me sentí obligado a informar al Santo Padre, para que supiera qué estaba ocurriendo realmente.

El papa Benedicto me convocó inmediatamente e incluso antes de que pudiera mencionar los acontecimientos con Bertone me propuso que fuera nombrado presidente del Pontificio Consejo para los Asuntos Económicos de la Santa Sede, en lugar del cardenal Velasio de Paolis. Y lo hizo con estas precisas palabras: “Estoy convencido de que éste es el puesto con el cual usted puede brindar el mejor servicio a la Santa Sede”.

No es difícil imaginar cuáles habrán sido las presiones, las desinformaciones y las calumnias contra mí que se presentaron ante el papa Benedicto, lo que le llevó a cambiar de opinión y a nombrarme Nuncio en Estados Unidos, nombramiento que acepté con espíritu de obediencia, pero no sin sufrir, muy consciente de que era un golpe de Estado de la Curia que habría anulado todo el trabajo de rehabilitación que había realizado en la Gobernación. El Santo Padre me escribió: “Me veo confirmado en la convicción de que su posición providencial en este momento es la Nunciatura en los Estados Unidos de América. Por otra parte, estoy seguro de que su conocimiento de este gran país le ayudará a asumir el exigente reto de esta obra, que en muchos aspectos es decisiva para el futuro de la Iglesia universal”.

Mi misión oficial en esa inmensa y querida nación terminó, pero ese desafío -al que se refirió casi proféticamente el papa Benedicto y en el que me involucró- está más abierto que nunca.

 

8.     ¿Sus lúcidas, fogosas y valientes intervenciones contra el Nuevo Orden Mundial le han causado consecuencias desagradables, amenazas, ataques mediáticos?

Ya después de mis revelaciones sobre los escándalos del entonces cardenal McCarrick tuve que cuidar mi propia seguridad. Mis declaraciones sobre la farsa de la pandemia, que recuerdo comenzó en mayo de 2020, me valieron insultos y linchamientos verbales, acusaciones de interferencias indebidas o de conspiración. Hubo incluso quienes afirmaron que no era yo quien escribía mis declaraciones; se llegó a sugerir que sufría psicosis y “delirio de interpretación”, o directamente que estaba poseído por el demonio. Por no hablar de las acusaciones a raíz de mi declaración sobre la crisis ruso-ucraniana de hace unos días…

Me sorprendió que estos ataques, a menudo exagerados, procedieran también en parte del conservadurismo católico y de la llamada derecha política. En muchos casos, aquéllos a quienes habría considerado aliados en la oposición a la farsa de la pandemia primero y a la provocación de la guerra después, han demostrado estar del lado del adversario, llegando a reconocer la eficacia y permisibilidad moral de las llamadas vacunas, o presentando a Zelenskyj como una víctima inocente de los objetivos expansionistas de Putin. La realidad es bien distinta, y negarla u ocultarla para apoyar las propias tesis o para obedecer a los amos no servirá más que para que la condena de los culpables y de los cómplices sea aún más justa y motivada.

En todo caso, doy gracias a Dios y a la Virgen por mi buena salud, que no me falta, y por la protección que me han dado hasta ahora.

 

9.      El Gobierno de Draghi ha aprovechado la cuestión ucraniana para prorrogar la emergencia hasta el 31 de diciembre de 2022. ¿Cuáles son sus previsiones para el futuro político, económico y social de Italia?

No sé si la emergencia de la Protección Civil puede considerarse una extensión de la emergencia pandémica, por otro lado declarada ilegítima e inconstitucional por una reciente sentencia del Tribunal de Pisa. Lo que está clarísimo, por si alguna vez hubo dudas, es que Draghi responde a poderes supranacionales como muchos otros miembros de su gobierno y de las máximas instituciones italianas, con el apoyo de casi todo el Parlamento. Como exponente de estos lobbies, se encarga de aplicar la agenda globalista, aunque vaya en contra de los intereses nacionales y del bien de los ciudadanos. De hecho, la agenda consiste precisamente en la destrucción del tejido social, económico, religioso y cultural de Italia, para poner en práctica ese Gran Reinicio, cuyo creador y promotor Klaus Schwab visitó recientemente a Draghi.

No me atrevo a hacer predicciones, porque la situación es extremadamente incierta y está llena de incógnitas. En los planes del Nuevo Orden Mundial, Italia debería sucumbir, ser invadida por millones de inmigrantes, perder su identidad católica, cancelar sus tradiciones y ser vendida a multinacionales extranjeras. Quieren que seamos siervos, con una renta universal después de haberlo expropiado todo, con los servicios y bienes públicos privatizados, autorizados sólo a desplazarnos como ellos decidan, controlados en cada una de nuestras acciones, supervisados por el pase verde perpetuo, que llamarán DNI digital u otro eufemismo seductor. Esto es lo que les gustaría hacer.

Pero ellos no consideran que están esclavizados al eterno Perdedor, y que la Providencia divina podría decidir librar a nuestra Patria de la destrucción, si sólo los italianos comprendieran que los males actuales son la consecuencia de nuestros pecados, de los pecados públicos de la Nación, de todas las Naciones; un castigo por haber renegado de nuestra Fe, el alma de nuestra Italia, por haber arrancado a Cristo su Corona de Rey universal, y por tanto también verdadero Rey de nuestra Nación.

El Señor nos ayudará con Su Gracia, pero nos pide que hagamos nuestra parte. Si combatimos con Cristo, con Cristo celebraremos la victoria. Si seguimos sin tomar partido, o peor aún, tomamos partido por Satanás, seremos precipitados al abismo con Satanás.

 

10.  ¿Usted estaría usted dispuesto a fundar una especie de nueva Santa Alianza entre todas las fuerzas europeas disidentes, para luchar juntos contra el diabólico totalitarismo tecno-sanitario que nos oprime?

Hace poco tiempo lancé un llamamiento para la creación de una Alianza Antiglobalista, que pueda coordinar la oposición de las fuerzas buenas de las diferentes naciones contra el golpe de Estado de la élite. Pero esta Alianza debe ser una iniciativa de los laicos, al igual que los laicos deben ser los que, como cristianos y ciudadanos, den testimonio público de su Fe y se comprometan en la política. No olvidemos que cuando el Señor nos amonestó “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” (Mt 22, 21), nos estaba exhortando no sólo a pagar los impuestos, sino también a cumplir con nuestro deber para con la Patria, especialmente cuando está en peligro por parte de aquéllos cuyo objetivo final es la destrucción de la sociedad cristiana tradicional, por un odio inextinguible contra Jesucristo.

Pero mientras el enemigo nos explicaba en detalle lo que quería hacer para “resetear” el mundo, empezando por diezmar la población mundial mediante la anticoncepción, el aborto y el homosexualismo, las epidemias y las vacunas, por otro lado los buenos parecían intimidados por el “progreso” y se avergonzaban de oponer a estos proyectos criminales una propuesta social y política sin concesiones.

Mientras los conspiradores formaban a sus futuros líderes en el Foro de Davos y los colocaban en las cimas de las naciones e instituciones internacionales -prácticamente todos los que hoy están en el poder, desde Macron a Trudeau, desde Merkel a Zelenskyj-, ¿qué hacían los que se preocupaban por la soberanía del Estado, la protección de la vida y la familia tradicional, la defensa de la religión y la moral? Nada. Ninguna formación, ninguna inversión en las futuras clases dirigentes, ninguna formación académica de los dirigentes católicos, según los principios no negociables. Por el contrario, si miramos de cerca, la traición del Clero en este campo ha sido reveladora, porque junto a la labor del Estado profundo en el ámbito civil, y de hecho casi creando su base ideológica y social, la Iglesia profunda se ha vendido a las exigencias de la izquierda, ha preferido el diálogo ecuménico a la predicación y la conversión de las almas, ha aceptado los principios revolucionarios de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y fue la primera en arrebatarle a Cristo su Corona Real, haciéndose apóstol de la laicidad del Estado. Hoy, con Bergoglio, la traición se ha consumado en una apostasía, con el apoyo a la ideología globalista, al migracionismo, al neomaltusianismo, al Nuevo Orden Mundial y a la Religión de la Humanidad. Incluso ha sido cómplice del fraude pandémico y de la vacunación masiva, a pesar de la presencia de líneas celulares abortivas en los sueros y del debilitamiento irreversible del sistema inmunitario que provoca; hoy se pone hipócritamente del lado del sistema, apoyando al títere de Schwab en Ucrania, Zelenskyj, y yendo en contra del presidente Putin, que es el único jefe de Estado opuesto a la globalización y a los principios criminales que la inspiran.

Pero volviendo a Italia, opino que se necesitan dos cosas para salir de esta crisis.

La primera, la más importante, es la formación de clases dirigentes y verdaderos líderes políticos que quieran comprometerse con el buen gobierno, aplicando el Evangelio en el ámbito social. Esto supone, obviamente, que haya católicos dispuestos a volver a la integridad de la Fe y la Moral, sin concesiones y con el orgullo de un testimonio valiente.

La segunda es la constitución de una coalición que reúna a los partidos y movimientos que comparten el programa de la Alianza Antiglobalista, redescubriendo además la vocación soberanista, federalista y moderadamente liberal que los partidos de centro-derecha han repudiado en los últimos años. En definitiva, unir la experiencia pasada (atesorando los errores cometidos para no repetirlos) y los nuevos movimientos que están naciendo. Pienso que esta idea podría replicarse también en otros Estados, que de este modo estarían en condiciones de forjar un frente unido contra el Leviatán globalista.

 

 

 

 

 


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