¡Imperdible Viganò! ¡Como los mártires, por amor a Dios resistimos a los tiranos globalistas!

"El sometimiento de la Jerarquía Católica, Conferencias Episcopales, Obispos y Párrocos a la narrativa oficial es tan descarado y cortesano que hace evidente esa infiltración en la Iglesia profunda que he denunciado reiteradamente" - Viganò

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Queridos hermanos de Adoración y Liberación: El arzobispo Carlo Maria Viganò ha concedido una entrevista a Cesare Sacchetti, para su página web “La Cruna dell’Ago”. Nos parece interesante e importante difundirla, agradeciendo al autor este magnífico artículo. ¡Santa lectura! Vicente Montesinos

 

 

 

 

Hay un hombre que en estos momentos está literalmente aterrorizando a la jerarquía de la Iglesia anticatólica de Bergoglio y a las altas esferas del poder globalista. Este hombre ha sido objeto de feroces ataques mediáticos, que primero lo han desacreditado y calumniado hasta el punto de describirlo como una especie de verdadero “peligro” para la sociedad. Este hombre es el arzobispo Carlo Maria Viganò. Desde hace más de un año, Viganò se ha convertido en un guía espiritual para todos los católicos, cristianos e incluso no creyentes que se sienten completamente perdidos y abandonados en esta época de gran aflicción moral y de valores abandonados.

Viganò logra llegar a todos los que tienen sed de razón y justicia en este mundo al revés en el que vive la humanidad. Desde el inicio de la operación terrorista del coronavirus, Monseñor ha hablado con voz tranquila y firme. Inmediatamente denunció el plan del Gran Reinicio de Davos y la matriz globalista que concibió la farsa de la pandemia.

Al mismo tiempo, también denunció la corrupción y la infiltración de la masonería en la institución que más debería haber presidido y defendido a los fieles y al mundo de este asalto infernal, es decir, la Iglesia Católica. Probablemente la “culpa” del arzobispo sea precisamente ésta. Su “culpa” es la de haber pronunciado y difundido verdades que los poderosos no querían que se dijeran. En esta entrevista que nos concedió, Viganò nos ayuda a comprender una vez más lo que está en juego en esta batalla que pretende esclavizar a la humanidad para arrastrarla hacia el totalitarismo del Nuevo Orden Mundial.

Monseñor recuerda también a quienes son perseguidos por mantenerse anclados en su fe, y por no doblegarse a este régimen, que no deben quebrarse. Ser expulsado de una sociedad injusta y malvada debe ser un honor para todos aquéllos que han sufrido infames discriminaciones y persecución. Ésta es probablemente la razón por la que muchas personas observan a este hombre en este momento histórico. Es uno de los pocos pastores que logra hablar con sencillez al corazón de los hombres comunes. Estas son sus palabras dirigidas a cada uno de nosotros.

 

Excelencia, recientemente usted ha sido víctima de feroces ataques mediáticos que se han intensificado. El director de La Stampa, Massimo Giannini, ha llegado a llamarle “sinvergüenza” en directo, y Bruno Vespa ha dicho que Dios debería “perdonarle” por sus posturas sobre las vacunas y la llamada pandemia. ¿Por qué el aparato mediático italiano le considera una especie de enemigo público y por qué parece tenerle tanto miedo?

Como ya he podido observar, es típico de un régimen totalitario deslegitimar cualquier forma de disidencia, primero ridiculizando al oponente, convirtiéndolo en objeto de burla para desacreditarlo; luego patologizándolo (o psiquiatrizándolo), haciéndolo pasar por un loco que hay que internar; por último, criminalizándolo y creando las condiciones para su separación de la sociedad civil.

Las mentiras, los insultos y los ataques personales -como el último que me ha dedicado el semanario Venerdì, de Repubblica- forman parte de esta puesta en escena, en la que los sumos sacerdotes de Covid se rasgan las vestiduras frente a cualquier objeción a sus falsedades. Por otro lado, La Stampa y La Repubblica son propiedad de la familia Elkann, emparentada con los Rothschild desde el siglo XVI. John Elkann prologó en 2016 el ensayo de Klaus Schwab, La Cuarta Revolución Industrial, en el que el presidente del Foro Económico Mundial de Davos describe minuciosamente el Gran Reinicio. La adhesión a la narrativa oficial por parte de los exponentes de la élite implica también el descrédito y la calumnia de quienes se oponen a ella, en forma sectaria y conspirativa.

Por supuesto, en el silencio ensordecedor de los obispos y la propaganda de Santa Marta a favor del suero génico, es obvio que una voz discordante que denuncie el golpe de Estado en curso por parte de la élite globalista molesta y resulta intolerable para quienes pretenden un asentimiento irracional a sus declaraciones contradictorias.

 

En este sentido, los órganos de información mediática han llegado incluso a enviar verdaderos espías a las Misas de esos sacerdotes, como Don Giorgio Ghio, que denuncian los daños de las vacunas y la derivación anticristiana que se cierne sobre la sociedad actual. El espíritu de la verdadera Iglesia tradicionalista no sólo no parece haberse extinguido, sino que parece haberse reavivado. En su opinión, ¿es este espíritu el que aterroriza especialmente al poder globalista?

Quisiera señalar que las intromisiones de las autoridades civiles ámbito eclesiástico violan el Concordato entre la Santa Sede y la República Italiana, y que la Conferencia Episcopal Italiana no es la contraparte legítima del Gobierno en la negociación de protocolos y acuerdos que, en la medida en que han sido suscritos por quien no tiene derecho a ello, son nulos. Dicho esto, considero que todo sacerdote tiene el derecho, incluso el deber, de advertir a sus fieles del peligro concreto y nada hipotético que representa la inoculación del fármaco experimental, máxime cuando toda la farsa psico pandémica es claramente instrumental para la instauración de una dictadura, controlar a los ciudadanos y violar los derechos naturales y constitucionales con el pretexto de la salud.

El sometimiento de la Jerarquía Católica, Conferencias Episcopales, Obispos y Párrocos a la narrativa oficial es tan descarado y cortesano que hace evidente esa infiltración en la Iglesia profunda que he denunciado reiteradamente. Una infiltración que comenzó hace al menos setenta años y que ahora se ha puesto de manifiesto en su arrogancia y en la persecución de las voces discrepantes, tanto en lo que se refiere a la supuesta emergencia pandémica como a las desviaciones doctrinales, morales y disciplinarias mucho más graves o a las inquietantes complicidades con el Estado profundo.

Esta evidencia de la traición de los pastores ha dado lugar, como en el ámbito civil, a una oposición espontánea que parte de las bases -de los laicos y del clero- y que afecta significativamente tanto a la pandemia como a la crisis de la jerarquía. Por un lado, tenemos a los partidarios del Gran Reinicio con su ideología anticatólica y anticristiana, flanqueados por la Iglesia bergogliana. Por otro lado, tenemos a los que se oponen al Nuevo Orden Mundial, quienes encuentran un complemento natural a sus valores en el inmutable Magisterio católico y en la liturgia tradicional. Ciudad del diablo y Ciudad de Dios: la división es siempre la misma, porque las fuerzas en el campo se alinean en dos frentes ontológicamente opuestos y enemigos.

 

Un ex coronel de los servicios de inteligencia rusos, Vladimir Kvachov, definió la pandemia como una especie de operación terrorista diseñada expresamente para reducir la población de la Tierra e instaurar una especie de dictadura mundial. En un artículo publicado por la Fundación Rockefeller en 2010 y titulado “Operación Confinamiento” se habla explícitamente del estallido de una pandemia que permite a los gobiernos aplicar medidas autoritarias y represivas de la libertad personal para construir posteriormente una especie de super gobierno global. Estas medidas represivas son las mismas que hemos visto aplicar en el transcurso del último año y medio, como las mascarillas y los distanciamientos que han desencadenado una psicosis y un odio social jamás vistos en las sociedades occidentales. ¿Usted piensa que todo lo que hemos sufrido ha sido una crisis preparada arteramente por los grandes poderes globalistas para sumir a la humanidad en este estado de miedo y sometimiento permanente, para poder dar vida después un Leviatán global?

Lo pienso y lo afirmo desde el comienzo de la psico pandemia, cuando en mayo del año pasado denuncié los peligros y absurdos de esta grotesca farsa. Conozco bien los escenarios de la Fundación Rockefeller, así como los prefigurados por el Gran Reseteo del Foro Económico Mundial (cuyo presidente se reunió el 14 de noviembre de 2019 con el primer ministro Conte y hace unos días con Draghi) y los de la Agenda2030 de Naciones Unidas.

Esta operación, que ha requerido una meticulosa preparación y exige la colaboración de amplios sectores públicos y privados, así como la connivencia de la judicatura, de las fuerzas del orden y de los medios de comunicación, se configura como un auténtico golpe de Estado, en el que la pandemia es la excusa -la profase- con la que hace aparentemente inevitables las violaciones de los derechos fundamentales e instaurar el régimen totalitario del Nuevo Orden. Y en este Nuevo Orden prevalece la superstición pandémica, con sus hechiceros, sus pagodas de vacunación, sus rituales irracionales, sus excomuniones contra los peccatori vitandi, es decir, contra los que no aceptan apostatar de la razón incluso antes que a la Fe para abrazar la locura y la furia ideológica.

 

En la sociedad del Gran Reinicio que Su Excelencia ha denunciado repetidamente el transhumanismo asume un rol clave. Las tecnologías avanzan tan rápido que se habla abiertamente de la posibilidad de controlar el comportamiento humano a través de dispositivos electrónicos insertados en el cerebro de un ser humano. Klaus Schwab, presidente del Foro de Davos y principal ideólogo de esta sociedad posthumana, fue el que teorizó este nuevo prototipo de humano/autómata. La tecnología, pues, ya no parece estar al servicio del hombre, sino que, por el contrario, está mutando en una herramienta para someter y aniquilar la esfera de libertad del propio hombre. En su opinión, ¿el objetivo final del transhumanismo es precisamente éste, privar al hombre del libre albedrío que le ha dado Dios?

El transhumanismo es un proyecto infernal en el que el demonio imita la obra creadora de Dios pervirtiéndola y corrompiéndola. La obediencia al suave yugo de la Ley de Dios es sustituida por la esclavitud y la sumisión a la tiranía de Satanás, en la que ni siquiera hay tolerancia para el bien y todos se ven obligados a hacer el mal, a aceptarlo, a legitimarlo. Y aunque sólo Dios puede leer nuestra conciencia, Satanás intenta violar el santuario de nuestro lado espiritual para controlarlo e inducirnos a hacer el mal incluso contra nuestra voluntad.

En su último libro, El Gran Reinicio, Klaus Schwab escribe: “También estamos estudiando nuevas modalidades para utilizar e implantar dispositivos internos que controlen nuestros niveles de actividad y la química de la sangre y cómo éstos pueden estar asociados con el bienestar, la salud mental y la productividad en casa y en el trabajo. También estamos aprendiendo a conocer mejor el funcionamiento del cerebro y observando desarrollos emocionantes en el campo de la neurotecnología”. Es un delirio que sólo Lucifer puede concebir, y que está destinado al fracaso absoluto precisamente porque se muestra en su matriz anticrística, porque desafía la realeza divina de Jesucristo. Un delirio en el que la criatura, rebelde al orden divino, se pone en el lugar del Altísimo, repitiendo con la misma miserable determinación el Non serviamde Lucifer.

Satanás es simia Dei: en todo lo que hace para alejarnos de Dios y arrastrarnos al infierno vemos siempre el grotesco intento de imitar al Salvador, de usurpar su señorío, de pervertir su enseñanza, de arrebatarle las almas. El Demonio quiere hacerse adorar en lugar de Dios, quiere que el Anticristo reine sobre el mundo y someta a toda la humanidad a su tiranía, sustituyendo la Iglesia de Cristo por la anti iglesia de Satanás, es decir, por la Religión de la Humanidad, ecuménica y ecológica.

 

En sus intervenciones en vídeo y en sus escritos usted ha hablado muchas veces de la amenaza inminente del Nuevo Orden Mundial. Varios jefes de Estado, destacados políticos de la escena internacional y miembros de las familias más poderosas del mundo, como George H. Bush, Henry Kissinger, Nicolas Sarkozy y David Rockefeller -por nombrar sólo a algunos- han utilizado expresamente esta expresión para definir el objetivo político a alcanzar. En el transcurso de la crisis del Coronavirus hemos oído a otros políticos volver a utilizar este término con frecuencia. El gobernador de la región del Véneto, Luca Zaia, llegó a decir que las vacunas se utilizarían para establecer un Nuevo Orden Mundial. ¿Puede explicar en qué se basa esta idea de un Nuevo Orden Mundial y por qué la vacunación masiva desempeñaría un papel tan importante en su realización?

El Nuevo Orden Mundial no es ni nuevo ni un orden: representa la loca ambición de Satanás de derrocar el plan providencial de Dios, de aniquilar la verdadera Religión que es la única que conduce a la salvación eterna y de sustituir el ordo christianus por el caos infernal: la mentira en lugar de la Verdad, la injusticia y la opresión en lugar de la justicia, la arbitrariedad y la licencia en lugar de la obediencia a la Ley de Dios, la muerte en lugar de la vida, la enfermedad en lugar de la salud, la legitimación del Mal y la condena del Bien, la persecución de los buenos y la exaltación de los malvados, la ignorancia en lugar de la verdadera cultura y la sabiduría, la fealdad y el horror en lugar de la belleza, la división y el odio en lugar de la concordia y el amor.

Satanás no quiere ser adorado revistiéndose de los atributos de Dios, sino pretendiendo hacerse adorable en todo lo que le hace malvado, obsceno, falso, grotesco y monstruoso. Quiere el derrocamiento total, un derrocamiento ontológicamente diabólico y anticrístico, es el Nuevo Orden, obtenido por el golpe de Estado global impuesto bajo el pretexto de una emergencia deliberadamente provocada.

La campaña de vacunación, desprovista de toda validez científica, sirve ante todo de aparente legitimación para la adopción de controles y rastreos, hoy con la excusa (por otra parte falsa, ya que los vacunados pueden infectar y contagiarse) de limitar la propagación del Covid, mañana con el uso del sistema de crédito social para la emergencia verde, igualmente falsa y engañosa. El pase verde está pensado como la marca de la Bestia de la que habla el Apocalipsis, para permitir o prohibir comprar, vender, viajar, gastar, comer, vivir.

En segundo lugar, la inoculación de un suero génico experimental que debilita el sistema inmunológico natural de los individuos constituye un delito muy grave, porque transforma a las personas en enfermos crónicos, es decir, en clientes de por vida de las empresas farmacéuticas y de la sanidad privada, con un incremento exorbitante de los beneficios de la élite globalista y un empobrecimiento de la población. También este elemento, aparentemente secundario, revela la matriz subversiva del Gran Reinicio, porque no constituye sólo un atentado a la salud de los individuos, sino un atentado a la seguridad nacional de los Estados, que ven afectadas a sus Fuerzas Armadas por los efectos secundarios de la vacunación y la exclusión de los soldados no vacunados. En mi opinión, este es un punto poco considerado por quienes analizan la criticidad de la situación actual, y que muestra el dolo de quienes, constituidos en autoridad, cooperan con la destrucción de las Naciones para esclavizarlas al Nuevo Orden.

 

Siguiendo con el tema del Nuevo Orden Mundial, Su Excelencia explicó en una de sus intervenciones en vídeo cómo el Concilio Vaticano II, a principios de los años sesenta, desempeñó un rol fundamental para allanar el camino de este proyecto. En este sentido, el Concilio fue el acontecimiento que construyó una nueva Iglesia liberal separada de la tradición católica y cercana al espíritu del mundo moderno, al que debía combatir y contener. Básicamente, la institución que debería haber sido el katejon, la fuerza que impide la manifestación del Anticristo, se convirtió en cambio en su portavoz y promotor. ¿Puede decirse en este sentido que fueron las fuerzas masónicas infiltradas en la Iglesia ya entonces las que dieron lugar a esta transición? En su opinión, ¿la fase de apostasía que vive la Iglesia en este momento histórico es de hecho la realización de la visión que tuvo León XIII en 1884 y de las profecías de Fátima en 1917 y de Akita en 1973, que anunciaban que la Iglesia estaría plagada de herejías en el transcurso de las próximas décadas?

La revolución conciliar representa el 1789 de la Iglesia – según admite uno de los protagonistas del Concilio, el cardenal Leo Jozef Suenens – que desde el Vaticano II ha asumido las instancias revolucionarias, la ideología liberal, el comunismo, el colectivismo y más en general el espíritu del mundo, la teoría del género, la disolución del cristianismo no sólo en el ámbito doctrinal, sino también en el moral y cultural, es decir, como elemento vivificador de la Civilización Cristiana. Esta traición, lograda de una manera no muy distinta a la que caracterizó la acción de las logias contra las monarquías católicas, se ha conseguido mediante una infiltración que ha actuado en dos frentes: uno ideológico y otro práctico.

En el plano ideológico se ha corrompido la ortodoxia con herejías y errores filosóficos, cuyas nefastas consecuencias seguimos sufriendo hoy; en el plano práctico, se ha corrompido la moral de los individuos, sometiéndolos a sus pasiones para dominarlos, haciéndolos esclavos de sus propios vicios para chantajearlos, promoviendo a los más corruptos a la cúspide de esas instituciones que, con su propio comportamiento escandaloso, habrían desacreditado y deslegitimado antes. ¿Qué credibilidad puede reivindicar la Iglesia en materia de moral sexual, cuando sus más altos prelados son unos sucios pervertidos? ¿O en materia de honestidad, cuando los funcionarios de la Santa Sede están implicados en escándalos financieros y en la especulación bursátil?

Es necesario entonces un retorno a la Tradición y a los valores hoy cancelados y olvidados, como la honestidad, el sentido del deber, la fidelidad, el amor a la Patria, el honor y la disciplina. Una vuelta al ordo christianus tanto en el ámbito civil, con una reforma radical de los Estados; como en el ámbito eclesiástico, con el alejamiento de los falsos pastores y la restauración de todo lo que ha sido destruido por la furia ideológica revolucionaria del Vaticano II. Si queremos que la prueba a la que nos somete la Providencia llegue a su fin, es indispensable que se elimine la causa de los castigos que el Señor nos está infligiendo, es decir, todo este sistema anticrístico que nace de los principios masónicos y de la Revolución.

Restituyamos la autoridad como expresión del poder de Cristo, y demos formación moral y espiritual a los gobernantes: una tarea difícil, pero que hay que realizar desde ahora si queremos transmitir a nuestros hijos los valores que les harán buenos cristianos y buenos ciudadanos, responsables ante Dios de su comportamiento y deseosos de obedecerle, de proclamarlo Rey, de rendirle honores públicos. Reconocido nuevamente como Rey, nuestro Señor no dejará que sus hijos perezcan en la batalla, y les dará una brillante victoria. Pero hasta que no comprendamos el error que subyace a los horrores actuales, no podemos esperar la intervención de Dios.

 

Recientemente, Bergoglio habló explícitamente de la necesidad de llevar a cabo el Gran Reinicio, hasta el punto de afirmar que no habrá vuelta a la normalidad. Bergoglio se ha convertido así en un apóstol de la religión universal tan deseada por las logias masónicas, cuyo objetivo final es eliminar por completo el cristianismo. ¿Es posible decir que Bergoglio es la conclusión natural de la herejía del Vaticano II? En su opinión, ¿la apostasía de la que nos hablan las profecías reconocidas por la Iglesia católica y las visiones del beato Holzhauser ha llegado ya a su clímax y está a punto de llegar a su conclusión?

Bergoglio es uno de los seguidores más convencidos de la religión globalista: abraza todas sus exigencias, promueve sus planes, propaga su doctrina y combate a sus enemigos. Si no tuviera el lugar que le corresponde dentro de la Iglesia, podría ser considerado el profeta del Nuevo Orden Mundial y el principal enemigo de la Iglesia de Cristo. El hecho de que se le considere universalmente como el jefe de la Iglesia muestra una incompatibilidad evidente, un gravísimo conflicto de intereses, una traición flagrante a su autoridad.

Y las mismas formas que han permitido reemplazar al dimitente Benedicto XVI revelan la intervención de fuerzas hostiles a la Iglesia, concretada con las maniobras de la mafia de San Galo y aún antes auspiciada por el Estado profundo, como se desprende de los correos electrónicos de John Podesta respecto a una “primavera de la Iglesia” que acompañara al mundo y renunciara a anunciar el Evangelio.

Este “pontificado” es la aplicación coherente de los principios establecidos por el Vaticano II, como reivindica con orgullo el mismo Bergoglio. Todo lo que él ha dicho y hecho desde 2013 está en línea con los errores que implican los textos conciliares, por sus obsequiosos silencios y por sus culpables equívocos.

Pero como todo lo que es obra del Diablo, no tiene ninguna esperanza de éxito, y sólo sirve para hacernos comprender una verdad muy evidente pero que aún no somos capaces de reconocer: la única esperanza de salvación está en abrazar integralmente la Fe Católica, tal como Nuestro Señor la enseñó a los Apóstoles y como la Santa Iglesia nos propone creer desde hace dos mil años. Todos los errores, los intentos de acomodarse a la mentalidad de la época, los compromisos para hacerse un hueco en el mundo, las traiciones a cambio del poder vienen de Satanás, y como tales están destinados al fracaso.

Si Cristo Rey vuelve a reinar en la Iglesia, incluso antes de reinar en la sociedad civil, se dignará concederle buenos y santos Pastores, y un Pontífice valiente que denuncie la apostasía, combata los errores y reúna a los buenos en torno a la Cruz de Cristo. Porque la Iglesia, Cuerpo Místico de Cristo, también está destinada a la Pasión, pero en la dignidad e integridad de ser precisamente la Esposa del Cordero Inmaculado, y no la concubina de los eternamente vencidos.

Por eso espero y rezo para que la Providencia conceda al mundo un tiempo de paz y de conversión, en el que los Pastores y el rebaño vuelvan a la fidelidad al Evangelio, para que puedan afrontar dignamente la última persecución antes del Juicio Final. Si este tiempo propicio fuera inaugurado por la Consagración de Rusia al Corazón Inmaculado, pienso que podríamos enmarcar verdaderamente los acontecimientos actuales en esa perspectiva escatológica que encuentra su cumplimiento en la victoria de Cristo sobre el Diablo.

 

Su Excelencia ha lanzado recientemente un llamamiento público para construir una especie de Alianza Antiglobalista mundial. En su opinión, ¿esta alianza debería tener su base de inspiración en Italia, un país históricamente odiado por la masonería y el poder globalista?

Italia es una nación bendecida por Dios y por la presencia de la sede del Papado. Su civilización, compuesta por la herencia histórica, cultural y artística de sus ciudades, pero unida en el vínculo de la fe católica, ha estado siempre sometida a la acción desintegradora de Satanás y sus servidores. La masonería odia a Italia: odia su historia gloriosa, intrínsecamente ligada primero al advenimiento del cristianismo y luego a su propagación; odia sus tradiciones, todas ellas impregnadas de cristianismo; odia su arte, eminentemente cristiano; odia su cultura y su civilización, voz elocuente del poder de la Fe para informar todas las esferas de la vida humana; odia a sus santos, que con su predicación y su ejemplo arrancaron del infierno a millones de almas; odia a sus habitantes, cuyo carácter sigue revelando esa autenticidad y esa pasión profundamente católica, hecha de pequeños gestos, de generosidad y de un sentido moral totalmente cristiano.

Por eso creo que Italia debe desempeñar un rol importante en la oposición a la tiranía del Nuevo Orden, proponiéndose como sede natural de esta Alianza Antiglobalista mundial. Y así como el retorno de una Monarquía católica es difícil de prever en este momento, pienso que las formas de gobierno de los Comunas y de los Estados preunitarios pueden proporcionar amplia inspiración a quienes quieran proponer una reforma del gobierno civil coherente con los principios cristianos y compatible con las exigencias de la modernidad: pienso en particular en la Alegoría del Buen Gobierno, pintada al fresco en el Palacio Comunal de Siena, en la que las Virtudes teologales iluminan y dirigen las Virtudes cardinales y cívicas.

Muchas personas se enfrentan a graves problemas personales y sociales debido a la aplicación del certificado verde lanzado por el gobierno de Draghi. Muchos renuncian a sus sueldos para no vacunarse y salen a la calle para protestar en las plazas contra la deriva autoritaria sin precedentes que Draghi ha traído a Italia. ¿Qué se puede decir a todos los que están sufriendo en este difícil momento histórico a causa de esta represión y a los que se entregan a la desesperación creyendo que en realidad no hay nada más que hacer?

Respondo con las palabras de Nuestro Señor: “Os he dicho estas cosas para que tengáis paz en mí; en el mundo tendréis tribulación, pero tened valor, yo he vencido al mundo” (Jn 16, 33). A los que sufren la discriminación de ellos mismos y de sus seres queridos; a los que se han visto obligados a vacunarse por el indigno chantaje de la autoridad civil y la escandalosa connivencia de la autoridad eclesiástica; a los que se niegan valientemente a someterse a normas ilegítimas y tiránicas; a los que se ven privados de su sustento a causa de su coherencia, les digo: Ustedes son la prueba de que la fuerza y la violencia con la que se impone el Mal pueden quizá conseguir golpearte en sus bienes, en sus cuerpos, en sus afectos; pero nunca, nunca podrán quitarles la serenidad de haber permanecido fiel al Señor.

¿Ustedes creen que los mártires son personas dotadas de poderes especiales? Los verdaderos mártires fueron, son y serán personas como ustedes y como yo, personas con mil defectos quizás, pero animadas por el amor de Cristo, es decir, por la Caridad, dispuestas a dar su vida para no renegar de ese amor sobrenatural y divino. Y si ellos fueron capaces, con la ayuda de Dios, de enfrentarse a la muerte en medio de atroces tormentos, ¿ustedes no quieren ser capaces, bajo el manto de la Santísima Virgen, de resistir a estos tiranos tan crueles como cobardes? Ustedes deben sentirse honrados por el privilegio que se les concedió de merecer el Paraíso: su fidelidad, su fortaleza frente a las imposiciones de un poder hostil les harán ganar la ayuda y la protección del Cielo, también en las cosas pequeñas. Permanezcan en la Gracia de Dios, que es el único bien que nadie podrá quitarles nunca, pues del resto se encargará Aquélla a la que invocamos como Auxilio de los cristianos. Y cuando interviene la Virgen, el infierno tiembla.

 

 

 

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1 comentario
  1. Jorge Alberto says

    Frentero y elocuente, valiente e inspirado. Los demás pastores que no osan levantar la voz son los llamados cobardes e inmundos.

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