SIGNOS DE LOS TIEMPOS – Reflexión de un suscriptor de Adoración y Liberación

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«No podemos comprobar que estamos en los últimos tiempos, pero muchas señales nos dan una pauta…y las profecías lo señalan»

 

 

 

 

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Vivimos tiempos tremendos. Y creo que la mayoría lo sabemos. Nuestro deseo e impulso de seguir el camino del Evangelio y nuestra propia práctica cristiana cotidiana, nos deben dejar entender que los signos están por todos lados.

 

Ya nos lo había advertido nuestro Señor.

 

Solo que no es nada fácil para muchos, pensar, aceptar y actuar de manera acorde, teniendo la certeza de que estos son efectivamente, los tiempos de las profecías. Aceptar la posibilidad, quizás sea lo más difícil.

 

Más de alguna vez, hemos esperado que no fuera así; que no fuera esta, la tal época. Pero no salimos de un asombro, cuando llega el que sigue y luego, otros más…

 

Si bien, no podemos comprobar que estamos en los últimos tiempos, tal como si hiciéramos una medición, muchas señales nos dan una pauta…y las profecías lo señalan. Distintas profecías, empezando por la del discípulo amado, la cual concluye el compendio de la biblia.

 

Están tantas otras profecías, que está por demás, repetir los nombres. Cómo católicos, debemos como mínimo, saber que existen y de qué tratan. Y saber que anuncian los tiempos actuales. Idealmente, deberíamos haber leído, por lo menos, las profecías aprobadas.

 

Algunos de los signos que podemos ver todos, son por ejemplo, que en poco más de 2,000 años, nunca se habían cerrado TODOS los templos. Tal como ya ocurrió hace unos meses…y como probablemente vuelva a ocurrir. Pronto, tristemente.

 

Sea justificado o no, sea el origen del virus, el que sea. Sea el manejo del mismo, el más adecuado o el menos, NUNCA había sucedido ese cierre masivo. Son tiempos particulares. Inéditos, en lo que podemos llamar, la historia reciente.

 

Tanto se habla de globalismo y estamos justamente en una crisis global…no en un mejor momento global…no, en una mejor perspectiva global. Independientemente del origen, manejo, manipulación o no de datos y cifras. Sin mencionar países y posibles intenciones o inocencia de algunos países o de todos los mencionados como involucrados. No había sucedido así, NUNCA.

 

Nunca se habían detenido todos los deportes, como también ocurrió hace unos meses, por muchas semanas. Es un ejemplo mundano, pero para los capitales que se mueven, no deja de ser peculiar.

 

No se había encerrado a toda la población por ninguna enfermedad…a enfermos y a sanos por igual. Y podemos hablar de las cifras y lo que unos y otros opinen…o lo que nosotros mismos opinemos, pero los hechos ahí están.

 

La jerarquía de la Iglesia (tristemente, la mayor parte de la misma), ha perdido la fe y en el caso de salud que a todos nos afecta, se alineó prontamente a las disposiciones oficiales (tal vez, solo era parte de dichas disposiciones, claro), sin recurrir primeramente, o instar a los creyentes a orar, a rezar el Rosario, a hacer novenas, a pedir el auxilio a San Miguel Arcángel, a los santos o a Dios mismo, a su hijo Jesucristo o al Espíritu Santo. Antes de que de manera oficial se le solicitara a la Iglesia actuar, ya había actuado, y no dentro del marco de la fe.

 

Soluciones como la que propuso Polonia, la de oficiar mayor número de misas diarias, para que hubiera menos asistentes por cada misa y no detener la Celebración Eucarística, ni siquiera se consideraron como opción, en otros países.

 

Se «determinó» rápidamente, que la comunión en la boca era más riesgosa y ahora, parece que también, el recibirla de rodillas, incrementa exponencialmente el riesgo, pues se está haciendo práctica «obligatoria» el recibirla en la mano y de pie. En algunos lugares, se les niega a los fieles el Cuerpo del Señor, si lo solicitan de rodillas…e hincados se les deja, si insisten en su petición.

 

Hay que recibir al Dueño de la Vida, cuidando que no nos vaya a infectar…y vayamos a perder la vida…la vida del cuerpo, claro. De la vida eterna ya casi ni se habla. Y no hay que hacer ninguna reverencia para recibir a Dios y Salvador nuestro, pudiera ser riesgoso para nuestra salud…

 

La reverencia, la veneración y el agradecimiento, ofrecidos a Aquel que dió su Vida por nosotros, inquieta, incomoda, impacienta y pone en riesgo, el bienestar de los demás…o tal vez sea, el «bien sentirse», el «tranquilo estar»…y en todo caso, el pasajero bienestar, tan buscado hoy en día…¡ Y No!…¡De lo eterno, no se debe de hablar…!

 

Es una grosería, una infamia y un verdadero ultraje, el que se hace a Nuestro Señor, al recibirlo como se le recibe y más, por las razones que se argumentan, para así hacerlo.

 

Se están derribando, pintarrajeando y destruyendo, las estatuas de quienes ayudaron a evangelizar a nuestro continente. Igualmente, se están quemando iglesias y atacando a los párrocos y esto está sucediendo en muchas partes del mundo y extendiéndose cada día…lo sabemos de primera, segunda y tercera mano. Y de parte de la jerarquía de la Iglesia, no hay voz oficial de reclamo, o el más tímido y mínimo, llamado a la cordura.

 

Silencio, es lo que se escucha…el grito del silencio, que muchas veces, es más elocuente que las palabras…

 

Las naciones que fueron cuna y pilares del cristianismo, así como sus principales difusoras y recipientes, están siendo azotadas de diferentes maneras. Esas tales naciones, de manera muy particular…y podemos verlo todos…

 

Un movimiento anti-cristiano se puede palpar en el ambiente. Si no se está en contra abiertamente, se lo está de manera subrepticia; de manera casi oculta, pero decidida y sin descanso.

 

Todo lo que sea cristiano o tenga remota similitud, es blanco de exterminio.

 

Y no solo se destruye de manera externa a la Iglesia, como lo podemos ver. También se diluye, se des-dibuja, se va desmantelando; desarmando pieza por pieza y casi sin hacer ruido (o solo el necesario), desde adentro…

 

A puerta cerrada, solo se perciben los ires y venires, los espaciados y acallados golpes (que permiten intuir, que algo está pasando adentro).

 

Discreta y furtivamente, pero de manera constante, se ve el paso de maquinaria pesada, (maquinaria del mundo y alegóricamente hablando, claro), pero eso sí, silenciosa… Y vemos el polvo que se levanta, de los muros que caen…sobre cojines de aire. Nuevos muros se levantan, con materiales sintéticos y huecos…ligeros y de alta tecnología, como es la norma y tal como corresponde a todo lo moderno.

 

La fachada se ve igual, pero claramente, están cambiando muchas cosas al interior…

 

Entran cargas con materiales sintéticos y salen otras, con lo que ya se desechó…lo que sirvió por dos milenios, se tornó obsoleto repentinamente…y tal vez, hasta peligroso…y por eso, prácticamente, prohibido..

 

Ha de remodelarse la Iglesia, para que tenga una cara que le sonría al mundo y a sus caprichosas, superfluas y peligrosas (esto, lo sabemos, pues Cristo nos lo advirtió) peticiones. Su interior, debe de ser acogedor, sus asientos mullidos y debe tener ambiente acondicionado, para que todo el que quiera pasar adentro, se sienta bien recibido y no pudiera sentirse, ni remotamente, ofendido, incómodo o aludido en forma alguna…independientemente del nivel o sinceridad de su fe o de su falta de ella, de su buen actuar, o de su actuar caprichoso, soberbio, o pecaminoso…todo eso, en estos tiempos, es ciertamente, lo menos importante.

 

Ya podemos ir imaginando, qué remodelación terminará siendo…y ahí estará ante nuestros ojos…

 

Si esos no son signos ominosos, quién sabe cuáles estamos esperando…

 

¿Qué hará el Dueño de la Viña, cuando regrese?…

 

¿Volcará una vez más, las mesas de los cambistas? ¿Hará uso de Su largo Látigo? Probablemente, no. No parecen ser ya, tiempos de castigos temporales…

 

¿Hará bajar, fuego del Cielo?

 

¿O hará uso del fuego ya encendido y que arderá eternamente?

 

¿Habrá de encontrar fe, El Señor, cuando regrese?

 

Los signos están por todos lados…y casi gritan, que no tarda el Dueño en regresar…

 

…y el pueblo; los así llamados, «fieles», no se da cuenta…sigue, gran parte del mismo, en su sopor, en el trajín de la vida, sin voltear hacia arriba…esperando a que pase esta etapa difícil y todo vuelva a ser como antes…aunque ya nos dijeron y nos repiten en incontables ocasiones, que no será así…y lo sabemos….

 

No escucha la mayoría, a los pocos que advierten, que no son estos que vivimos, cualesquiera otros tiempos. Nuestra fe y el ejercicio diario de la misma, debería de alertarnos de lo que sucede en el mundo, repito.

Deberíamos de estar enfocados en el hecho de que Nuestro Salvador ya está cerca. Deberíamos de estar alegres a pesar de todo lo que ocurre, pues aunque tengamos que pasar por el valle de sombra de muerte, el Buen Pastor sabe por dónde conducir a sus ovejas hacia aguas tranquilas, hasta llegar a morar con Él, en Su Casa, por años sin término…

La mayoría, no parece dispuesta a despertar. No aparenta estar dispuesta a creer, lo que sus pocos hermanos avisan. Parece que prefieren no pensar y tener enfrentar la realidad.

Esperemos entonces, a que empiecen a gritar las piedras…y que estemos dispuestos a escucharlas, claro… Esperemos a que les vuelva la voz a los perros y que puedan ladrar de nuevo…y esperemos también, a ver si quieren hacerlo y retomar su labor de avisar, pues aparte de afónicos, se hicieron apáticos…

 

Esperemos a escuchar las trompetas, anunciando la Gran Venida…y quizás sea entonces demasiado tarde, pues muchos estaremos sin aceite en nuestras lámparas y estas, apagadas…estaremos con las manos vacías, fieles e infieles, por igual…

 

«¡Señor, Señor!» «¡Señor, Señor!»…

¡EN VERDAD LES DIGO, NO LOS CONOZCO!

 

Atentamente: David P.

 

 


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2 comentarios
  1. H. R. Pacios says

    Muy acertada meditación, don David, pero sobre todo estar alegres y confiados plenamente en Dios Todopoderoso. En el Evangelio de Lucas el Señor nos enseña «Cuando veáis pasar todas estas cosas, cobrad ánimo, pues pronta está vuestra liberación». Y es así como hay que vivirlo hoy. Desde luego parecemos vivir una gran Víspera de lo bueno que está por venir, así que paz interior y alegría en el Señor.

    Todas estas señales que usted apunta muy detalladamente deberían hacer crecer nuestra esperanza y deseo de Dios más que nunca. Francamente somos afortunados si vivimos los últimos tiempos, aunque suframos lo indecible, un verdadero calvario como el del Señor. Es posible que los próximos años o meses incluso sean muy duros, que lloremos a mares y suframos muchísimo, hasta el punto de pedir a Dios a gritos ¡Sálvanos, Señor, que perecemos!. Sí. Pero el gozo inconmensurable que ha de suceder a los que tengan la dicha de mantenerse fieles a Nuestro Señor Jesucristo hasta el final, hasta el martirio si es preciso, será tan grande que le parecerá que los sufrimientos actuales no fueron nada en comparación. Moriríamos de alegría irrefrenable si supiésemos lo que nos espera en el Reino de los Cielos junto a Jesucristo Nuestro Señor, Dios Verdadero y la Santísima Virgen María.

    De verdad que Dios quiera que estos sean verdaderamente los últimos tiempos antes de su Segunda Venida y no tengamos que esperar décadas, siglos o milenios. Es lo que siempre pedimos en el Pater Noster: Venga a nosotros tu Reino.

    Que el ansia de tener a Dios con nosotros se sobreponga a todo temor, desconfianza, dolor, padecimiento y sufrimiento.

  2. Cruzado says

    «No podemos comprobar que estamos en los últimos tiempos».

    Por supuesto que estamos viviendo los últimos tiempos previos la Parusía. Cualquiera que haya sido bendecido con el don del discernimiento lo tiene bien claro.

    ¡Espabilando, que es gerundio…!.

    No queda tiempo ya para seguir negando la evidencia.

    La realidad va alcanzar a todos. Es más, a algunos, les va a pasar por encima como una apisonadora.

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