URGENTE: Bergoglio apoya la exhumación de Franco y comunica al ejecutivo español que forzará al abad del Valle de los Caídos a permitir que el Gobierno marxista siga con sus planes

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El Cardenal Parolín, mano derecha de Bergoglio, anuncia a la ministra Calvo que la Iglesia apoya la decisión de remover de su descanso los restos mortales de Francisco Franco Bahamonde. El silencio  y la traición cómplice de la Iglesia española, que gracias a Franco subsiste, facilita la ejecución de tan pecamisosa y bochornosa medida, que deja sólo al Abad del Valle y a la familia del Caudillo. La Santa Sede apoya la exhumación y anuncia que forzará al abad del Valle de los Caídos, Santiago Cantera, a permitir que el Gobierno siga con sus planes

 

 

 

 

 

 

 

Vicente Montesinos

 

La exhumación de los restos de Francisco Franco ya tiene el aval que todos los enemigos de España y de la Iglesia esperaban: el del «Papa Francisco», que envía su apoyo al gobierno marxista de España para desenterrar los restos mortales de un católico, hijo de la Iglesia, y condecorado con la máxima distinción de la Iglesia Católica cuando todavía existían Papas, y sacarla de su tumba cual un perro, tumba excavada en terreno sagrado.

Fuera de los vericuetos jurídicos que siga el asunto, y de si tiene derecho o no el gobierno español a desenterrar a Francisco Franco Bahamonde de la Basílica del Valle (que no lo tiene), se trata de un acto de máxima traición de lo que hasta hace poco conocíamos por Iglesia Católica hacia uno de sus hijos más fieles.

Pietro Parolin, secretario de Estado del Vaticano y mano derecha del Papa, ha enviado una carta a la vicepresidenta, Carmen Calvo, en la que le garantiza que la Santa Sede apoya la exhumación y anuncia que forzará al abad del Valle de los Caídos, Santiago Cantera, a permitir que el Gobierno siga con sus planes. A falta de lo que diga el Tribunal Supremo en el más que probable recurso de la familia, todo está listo para la decisión final del Ejecutivo. Sí, han leído bien: la Santa Sede apoya la exhumación y anuncia que forzará al abad del Valle de los Caídos, Santiago Cantera, a permitir que el Gobierno siga con sus planes

En la carta, Parolin es rotundo en su apoyo a la exhumación, y es la segunda vez que lo deja por escrito, pero esta vez con una mención expresa a los benedictinos que controlan la abadía y que serán forzados por la propia Iglesia a obedecer al Gobierno. “Deseo reiterar lo que señalé a vuestra excelencia durante nuestra reunión en el Vaticano, el pasado 29 de octubre, es decir que la Iglesia no se opone a la exhumación de los restos mortales del general Franco, si la autoridad competente así lo dispone. A la comunidad benedictina de la abadía de la Santa Cruz del Valle de los Caídos fue recordado y se seguirá recordando su deber cívico de observar plenamente el ordenamiento y de respetar a las autoridades civiles”, señala Parolin en un texto como respuesta a otro que le había transmitido la vicepresidenta Calvo con su inquietud por la oposición del abad Cantera a la exhumación.

La socialista Calvo salió muy satisfecha de su reunión en el Vaticano el pasado 29 de octubre. Allí le quedó muy claro que Jorge Mario Bergoglio apoya la exhumación de los restos de Franco, y que al Vaticano no le gustaba la idea de que fuera enterrado en la catedral de La Almudena, como pedía la familia.

Todo ello puede hacer que Bergoglio niegue incluso a la familia Franco el uso de un espacio en la cripta que tienen pagado y donde está enterrada la hija del caudillo.

El Gobierno marxista de España está muy satisfecho ya que ahora por fin tienen claro que podrán desoír al valiente abad Cantera, ya que el «Papa» está de acuerdo con la exhumación, en un momento clave en el que una oposición del Vaticano sí podía haberles causado un problema.

Ahora ha logrado el documento nítido, por escrito y de la máxima autoridad, que deja a la familia completamente sola en su oposición.

Este es el gobierno de España. Este es el «papa» y la actual jerarquía de la «Iglesia católica» de hoy.

 

 

 

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31 comentarios
  1. Rudy Mesen says

    Tremenda traición!!!!, aunque no se puede esperar que un anti-papa, y tras de todo marxista; quiera proteger los restos mortales de quién en vida fuese el que liberó a España del comunismo, ya que sin la intervención del Caudillo El Generalísimo Francisco Franco Bahamonde, España sería hoy otra Cuba.Invito a todos los españoles a dar esa férrea defensa contra Pedro Sánchez y sus cómplices de Podemos ,PSOE e Izquierda republicana,para que no se deje cometer esa profanación del Caudillo, y en defensa de la verdadera iglesia de Cristo,no la impostura religiosa de Bergoglio.A Santiago Abascal,a Pablo Casado y a quiénes se sienten orgullosos de vivir en una España libre y Cristiana,a manifestarse en las calles contra los verdaderos fascistas, que son los comunistas y anti-catolicos.Viva España…!!!,Viva Cristo Rey.. !!!!,Pax Tecum.

    1. part says

      La impostura modernista desde roncalli.

      El masón Vincent Auriol, impone la biretta cardenalicia a Roncalli.
      https://forocatolico.files.wordpress.com/2013/08/roncalli-e-auriol-e1377018302555.jpg

      1. Rudy Mesen says

        Por algo convocó a un concilio , para darle la bienvenida a la masonería eclesiástica al poder de la iglesia m

    2. H. R. Pacios says

      No. Fascista era el CTV (Cuerpo de tropas voluntarias) de Mussolini, el que nos ayudó a los católicos cruzados de verdad (nuestros abuelos), junto con la gloriosa Legión Cóndor hitleriana, a destruir el comunismo genocida y satánico en España entre 1936 y 1939. Mentir no es de católicos. Ya dispondrá el Señor Jesucristo el día del Juicio Final quien va a su derecha y quién irá a su izquierda, quien fue con Cristo y quién contra Él: Franco, Hitler y Mussolini por un lado, Stalin, Churchill y Roosevelt por el otro. Entonces será aniquilada por completo la mentira y surgirá con fuerza la verdad.

  2. Rafael says

    Es que no acierta una!!!
    Mensajes piadosos a gente piadosa que no necesita que le recuerden lo que ya sabe….y todo lo demás es confusión! !!

    Y encima, refuerzan la idea de que el estado es superior a la Iglesia…..por primera vez en la historia pontifical!!!

  3. javcus says

    Parolìn: «A la comunidad benedictina de la abadía de la Santa Cruz del Valle de los Caídos fue recordado y se seguirá recordando su deber cívico de observar plenamente el ordenamiento y de respetar a las autoridades civiles»

    ¡Toma ya! La Iglesia de palmeaora del Estado, sea lo que sea. Como en China, ¿verdad, impío?

    1. adoracionyliberacion says

      Eso es

  4. Damian says

    Parolín es masón, de alto rango y por lo tanto, habrá dado las órdenes para borrar el poco cristianismo que queda ya en España. Si tenemos en cuenta que Francisco fue uno de los iniciadores de la teología del pueblo, (que procede de la teología de la liberación), nos encontramos entonces con que la Iglesia católica actual, está gobernada por un marxismo de tipo peronista.

  5. alma says

    Por que han de respetar a los muertos si no respetan a los vivos?

    1. H. R. Pacios says

      El aborto, la eutanasia forzosa, la eugenesia de selección de embriones, las clínicas de la muerte, etc. Sí, los enemigos de Dios, de España y de los buenos españoles como el victorioso caudillo católico, NO respetan más vida que la propia. Son criminales sin paliativos de modo consciente o inconsciente.

  6. Echenique says

    Una obra de misericordia es enterrar a los muertos. Exhumarlos no es precisamente una obra de caridad, de misericordia, de la que hace gala la misericorditis, según con quien. A la Iglesia compete anunciar las obras de misericordia, espirituales y corporales. La misericorditis se fija sólo en las corporales; ahora ya ni es esas. ¡ Que se vayan ! Son mera comparsa del poder temporal, cuando resulta de su agrado.

    1. part says

      ¿y la proliferación de los «cinerarios» en las parroquias? cuando ya deberían saber que los huesos no se queman sino que se pasan por un picado grueso y luego por uno fino. Es decir que los mal llamados cinerarios no son sino depósitos de huesos TRIturados. Una estafa a la gente especialmente a las que no pidieron ser cremadas. Con justicia deberían cremar a roncalli y sus sucesores, eso si tened cuidado que no explote…. digo, por el formaldehído

    2. adoracionyliberacion says

      Así es

  7. Belzunegui says

    ¡ Cuidadín Bergoglio y Parolín, que ya habrá quiuen pida la exhumación de vuestro cadaverín ! Quien a hierro mata ..

  8. Rafael says

    Parece que aquélla pesadilla que tuve, soñando con Pedro y Pablo Coletas, pactando con Parolin a través de Juan Luis Cebrian (compañeros del último Bildelberger) era una profecía. ..
    Pero…qué le han dado a Parolin para que cometa esta traición?

    1. adoracionyliberacion says

      Eres un profeta!

  9. Templario says

    El marxismo está condenado por la doctrina de la Iglesia, donde pudo entrar provocó ruina económica, inmoralidad y guerra civil. Ahora en esta última etapa solo les queda la provocación de la guerra civil, porque el resto ya lo han conseguido…Felipe González dejó las arcas vacías. Aznar, permitió tras el 11-M que Zapatero y sus brotes verdes volvieran a arruinar la economía. Pedro Sanchez, sin haber sido votado, y gracias a que Rajoy NO convocó elecciones se adueñó del gobierno. Y con todos los problemas sociales que tenemos en España, lo primero que hace es intentar sacar los restos de Franco del Valle de los Caídos. Y los españolitos pensando en las vacaciones.
    Bergoglio ha traicionado a Cristo y a su Iglesia con unas cuantas herejías. ¿Porque ahora no va a traicionar a la España pseudo-Católica?
    El cardenal Osoro fue colocado por Bergoglio, por lo tanto es un satélite de él.
    Ahora bien, si el Papa legítimo es Benedicto XVI, por todo lo que ya se sabe, el abad debería solicitar que sea el propio Benedicto quien se pronuncie.
    Non Nobis.

    1. part says

      Obviamente los masones por alguna cuestión ritual están promoviendo esto. Como hizo Chávez con Bolívar.

  10. Paquita says

    Nadie más da la noticia! No es que lo dude pero no podría dar más datos de la carta? Fecha, a quien va dirigida. Existe copia para mostrarla?

  11. jesve says

    Ya van cayendo las últimas caretas!

    1. Rudy Mesen says

      Relativismo puro..!!!.

  12. Rudy Mesen says

    Por algo convocó a un concilio , para darle la bienvenida a la masonería eclesiástica al poder de la iglesia m

  13. SIM (@SIM46597109) says

    Elogiado por Papas de verdad, con todas las letras; destratado por un Papa que , pobre, no le llega ni a los talones a aquellos. Gana Franco.

  14. H. R. Pacios says

    RÉGIMEN CATÓLICO AUTORITARIO DE FRANCO FRENTE A DEMOCRACIA. LO MORAL Y LO MATERIAL. EL QUE TENGA OJOS QUE VEA. PARTE 1.

    PORQUE ENTRE CATÓLICOS HAY QUE DEFENDERSE SIEMPRE.

    Después de 45 años de democracia, ya acumulamos experiencia suficiente para valorar comparativamente el actual régimen respecto al anterior, el del Generalísimo Franco, que tanto rechazo provoca hoy, especialmente entre los que no lo vivieron ni están interesados, en absoluto, en establecer comparaciones objetivas, basadas en hechos, y que aceptan sin objeción la “oficial” versión embustera de los actuales mandatarios, a los que se sigue votando masivamente:

    1º La España de Franco era católica apostólica romana, fiel pues a Nuestro Señor Jesucristo, Dios y Hombre Verdadero, como lo ha sido desde que en el año 589, Recaredo reconoció oficialmente la fe de la mayoría de nuestros antepasados, y con la excepción de la infernal democracia de 1931-1936-1939 (según totalidad del territorio o parte de él, como ustedes bien saben). Y era católica a todos los efectos que ser católico conlleva. Y su herencia impagable dura hasta hoy.

    La España democrática surgida de los traidores a Dios y a España, Suárez y J. C. I y de los arribistas procuradores camisas azules de última hora (de Cara al Sol,… al sol que más calienta, me puse el mono azul ayer, me hallará la muerte si me lleva, sentado en el café…), se autodenomina en su infame Constitución como «no confesional», es decir, atea o sin Dios.

    2º La España de Franco jamás autorizó el aborto (exterminio del no nacido triturándole tras sacarlo del vientre materno, ahogándole en solución salina, etc.), los métodos abortivos o contranaturales (el condón, la píldora, etc., producidos por industrias de beneficios multimillonarios), la eutanasia (crucial para salvar el socialista, ruinoso para el crecimiento a largo plazo, chantajista y piramidalmente estafador sistema de SS de reparto de las pensiones), la pornografía (reducción del ser humano, especialmente la mujer, aunque últimamente también a los más pequeños, a mera mercancía de consumo), el divorcio, el adulterio (ni masculino ni femenino por mucho que las bestias aullen con lo contrario), las sectas, etc.

    La España democrática no solo ha promovido el aborto, la eutanasia, los métodos abortivos y contranaturales, la pornografía, el divorcio, el adulterio (¿recuerdan ustedes la cultura del «destape», una de las primeras desgracias de la Transición al infierno demoniocrático, junto con el holocausto de la heroína?), las sectas (incluida la del falso profeta Mahoma, muy subvencionada, con lo que ante el próximo atentado criminal de los yihadistas, que los musulmanófilos e islamófilos marxistas y liberal conservadores no se escondan eludiendo responsabilidades), sino que han llegado a ridiculizar públicamente, castigar social y laboralmente y perseguir incluso con violencia a todo el que se opusiera al ateísmo y viviese en coherencia con la moral católica y contra esas desgracias que persiguen la destrucción de la humanidad de modo muy sutil, como haría el mismo diablo.

    3º La España de Franco pasó de los 25 millones de habitantes en 1939, a 35 millones en 1975, es decir, 10 millones más de españoles y españolas de «pura cepa». La tasa de natalidad era muy superior en todos esos años a la mayoría de países occidentales, y no digamos a la de ahora, y la tasa de mortalidad menor y rápidamente decreciente, incluso de los niños al nacer. Aquella España presentó la mayor esperanza de vida al nacer de todo el mundo en la inmensa mayoría de aquellos 36 buenísimos años. Sí, sí, señores, de todo el mundo. No se extrañen, que fue así. Consulten si quieren. Además, el tamaño de la familia española era muy superior al de las actuales (cada vez menos numerosas), los hogares con un solo individuo eran muy pocos en porcentaje y la unidad familiar era realmente envidiable para todo extranjero que viniese a visitarnos. Era una España que rebosaba felicidad, cariño, amor y alegría en el seno de la familia, unidad fuertemente promovida y protegida entonces. En la España de Franco apenas había violencia, incluida aquella contra las mujeres (por cierto, entonces fuertemente castigada), pues los matrimonios eran mucho más estables y fundamentados en el amor (lo que Dios ha unido no lo separa el hombre), lo que llevaba a ambos cónyuges a discernir bien antes de dar el paso a los altares.

    La España democrática ha visto aumentar su población, desde 1976 hasta ahora en unos 12 millones de personas, curiosamente la cifra que aproximadamente (aunque el INE lo «maquille» por la tiranía democrática y política que sufre) suman los no nacidos en España y sus descendientes (marroquís, argelinos, norteafricanos, subsaharianos, rumanos, búlgaros, ucranianos, moldavos, chinos, hispanoamericanos, ingleses, italianos, alemanes, etc.), todos ellos empadronados y con la nacionalidad española (luego pueden votar aunque no sepan nada de España, ni sientan la más mínima empatía con nuestra historia, costumbres, manera de ser, tradiciones y unidad histórica, sino solo con los subsidios o servicios públicos con los que su voto es comprado por políticos degenerados, la mayoría). La España democrática ha visto caer en picado la tasa de natalidad (excepto el caso de las mujeres musulmanas), el número de hijos por mujer (un auténtico suicidio demográfico), el tamaño de las cada vez menos familias que se forman, el porcentaje de hogares con más de un miembro, mientras que ha visto multiplicarse los suicidios, las enfermedades mentales, especialmente las depresiones, el odio entre parientes, los divorcios demoledores para los niños y niñas, la violencia materialista y atea contra ex “parejas”, la caída de las tasas de nupcialidad, y un sinfín de desgracias por el estilo. La España democrática se muere de odio, rencor, soledad, depresión y materialismo incontrolado. Es, además, la España democrática, la España de los hipócritas y fariseos sin límite políticos: dicen defender a la “mujer”, dicen luchar en contra de la “violencia de género”, pero recordemos que la democracia empezó con el “destape”, es decir, la pornografía creciente que degradó especialmente a la mujer a la mera categoría de mercancía productora de placer sexual, la despenalización del adulterio y la intolerable intromisión de los gobiernos contra la Santísima Voluntad de Jesucristo Nuestro Señor, en favor del divorcio (que ha generado un sinfín de desgracias y de destrucción de familias con las peores consecuencias para los más pequeños). Todo ello ha contribuido sobremanera a lograr lo que los marxistas, con la aquiescencia de los mercaderes liberal conservadores, se proponían: destruir familias socializando a la mujer (y seguro que en un futuro próximo a los niños, con la excusa de que son “explotados” por los padres y, por lo tanto, hay que separarles de ellos para convertirlos en comunistas sin alma ni familia) y provocando una violencia creciente contra ella, porque fuera de su concepción católica como esposa y no esclava, es una mera mercancía que ha de ser para todos por la fuerza, y no de uno solo. Verdaderamente vergonzoso es que hoy se hable de víctimas de violencia de género (contra la mujer) y no se considere como tal: que la mitad de los no nacidos abortados son niñas, que las mujeres que salen de los abortorios (a los que van engañadas totalmente) sufren traumas que le durarán toda la vida, que las niñas que sufren el divorcio de sus padres sufren lo no escrito, que los cónyuges que sufren los divorcios destrozan su salud psicológica y mental y esto afecta a millones de mujeres (como también hombres), que los adulterios y la promiscuidad provocan semejantes daños psicológicos, físicos y morales y un largo etcétera de desgracias. Pero claro, estamos en democracia y eso es lo único que parece importar.

    4º La España de Franco era el país más seguro de occidente y, tal vez, del mundo. Los asesinatos eran bajísimos en tanto por mil de población, tanto que era noticia en toda España cualquier crimen por lo anómalo, gracias a Dios. Los robos en casas, empresas y asaltos a personas, tenían la tasa menor del planeta, reduciéndose mayoritariamente al típico pillo carterista en aglomeraciones. Las violaciones eran escasísimas y los abusos a menores algo casi desconocido (los niños y niñas jugaban sin supervisión adulta en plazas, terraplenes, calles, etc., con sus padres totalmente despreocupados y confiados). En aquella España era poco frecuente oír aquello de «¡al ladrón!», y, por supuesto, no había pasividad ni cobardía a la hora de «trincar» al malvado. Y esto lo supieron apreciar bien en el extranjero, los millones de turistas que veían en España lo que realmente es, una nación incomparablemente afortunada y maravillosa, queriendo volver aquí cuanto antes. En no pocos lugares de nuestra querida patria, la gente dormía sin «echar el cerrojo» y sin cerrar con llave. Y no, no es escena típica del cine de Paco Martínez Soria, era la verdad. En aquella España era muy infrecuente que te robaran el coche y nadie te ocupaba el piso o la casa, ni siquiera la del pueblo. Y la tan cacareada represión franquista, y salvo los primeros años de la posguerra, sin comparación ni cualitativa ni cuantitativa con la verdadera represión llevada a cabo en los demás países europeos que se vieron envueltos en la II guerra mundial, fue muchísimo menor y mucho menos degradante que aquella que los propagandistas demócratas y marxistas se empeñan, con todo tipo de engaño malintencionado, de hacernos creer. Los indultos fueron mucho más numerosos que las condenas de cárcel, y éstas mucho más numerosas que las condenas a muerte (seguramente se condenó a muerte en todo el periodo que duró la España de Franco a muchísima menos población que reos fueron condenados a la silla eléctrica en no pocos estados de USA durante un solo año). Y cuando, por desgracia, las alimañas de ETA se pusieron a matar, con muchos gobiernos europeos ayudándoles, animándoles y amparándoles (con «refugios» del terror y con propaganda vomitiva marxista, como previamente hicieron con los terroristas genocidas del maquis) en suelo que se denominó ingenuamente «Europa» (al norte de los Pirineos no estaba «Europa», estaba y está Rusia, descafeinada o dura, pero Rusia, ese Magog del Gog de turno, marxista o aliado de él, es decir, liberal conservador), el régimen se las apañó solo para desarticularles totalmente y darles su merecido o indultándoles para hacer ver al mundo lo que era Franco en realidad. Solo entonces USA cayó en la cuenta de las bondades de aquel régimen. Ojalá hoy surja, por el bien del mundo, un «Franco» nacional y católico en USA. Cuanto bien haría al mundo por propagación.

    En la actual España democrática el robo, la corrupción, el crimen, el terrorismo, las violaciones (niños y niñas incluidos), la violencia contra todos y todo, el vilipendio a católicos y patriotas españoles, los golpes de Estado regionales, las ocupaciones ilegales de casas y otros inmuebles, la desconfianza hasta del vecino de al lado, los asesinos de ETA gobernando (con vilipendio total e impune a todas las víctimas y españoles), y un innumerable puñado de barbaridades crecientes en el tiempo se ha convertido en norma, en el día a día. En este contexto, solo los ricos y poderosos (esos que Dios despachará el día del Juicio Final, pero que a ellos no parece importarle, siendo ateos como son) pueden gozar de la seguridad que antaño gozaba toda la población. Y para qué hablar de la población reclusa y constantemente degradada en la España democrática. Y para qué hablar de esa tendencia tan democrática de hacer entrar al delincuente y al criminal por una puerta y sacarlo por otra en muy corto espacio de tiempo. Y para qué hablar de atentados terroristas en periodo democrático con la absoluta pasividad de políticos hasta que empezaron a atentar contra ellos y no solo contra guardias civiles, militares y policías. Y para qué hablar de golpes de Estado hundiendo «otro Prestige» u ocultando pruebas comprometedoras de explosivos en trenes matando dos centenares de inocentes y mutilando a miles, hundiendo en la miseria a sus familias, quizá por habérseles ido de las manos el intento de cambiar el gobierno a las bravas. Todo muy democrático, como en diciembre de 1930, octubre de 1934, febrero de 1936, ¿verdad?¿Cómo no iba a ser fácil para el baboso aquel descartarnos para unos juegos olímpicos con semejante seguridad ausente totalmente en la España democrática?

    5º En la España de Franco, jamás se autorizó lo que en la España democrática defienden incluso los descerebrados políticos enemigos de Jesucristo Nuestro Señor, un carnaval del «orgullo gay» de sodomitas orgullosos de serlo (de hecho, en la España de Franco, como en casi todo momento y lugar histórico, se consideraba la homosexualidad lo que realmente es, una enfermedad, como la necrofilia, la pedofilia, etc., y a casi todos los hombres de la tierra, de ayer y de hoy, les parecería repugnante y asquerosa, como lo que parecería uno gozando al comerse los excrementos de perros por las aceras. Hoy, por desgracia, hay un porcentaje creciente de enfermos que lo ven normal, o que cobardemente fingen ver en ello «normalidad», ¿normal de qué?), ni la corrupción escandalosa de menores, testigos involuntarios que esa asquerosidad subhumana conlleva en la España democrática de hoy, ni la «educación sexual» que pervierte incluso a los más pequeños bajo la tapadera de «educación obligatoria en la tolerancia» y con estigmatización de padres e hijos que se oponen a tal perverso adoctrinamiento, ni escándalos públicos de ninguna clase que hoy son tan habituales para desgracia de la población sana, mental, física y espiritualmente. En la España de Franco no hubo una multimillonaria industria de mercaderes liberales y conservadores de los preservativos, la pornografía, los métodos antinatalistas, del aborto, la eutanasia, y demás monstruosidades. Tampoco hubo aquí la casposa “liberación sexual” de mayo del 68 francés, promotora de todas las desgracias citadas.

    Cuantas veces en todo lugar de la España democrática de hoy suben los lamentos al Cielo por las pruebas positivas sobre enfermedades de transmisión sexual, casi inexistentes en la España de Franco. Cuán onerosas para las arcas de la deficitaria sanidad pública, la de todos, incluidos los «vergonzosos», humildes y «humillados» castos (especialmente nuestras admirables pobres, obedientes a Dios y célibes almas consagradas, que atienden amorosamente al enfermo de sida en sus últimos días de vida, les reconcilian con Dios y les acompañan con palabras de esperanza y consuelo sin tener en cuenta ningún vilipendio recibido anteriormente por ellos, cuando todos los «compañeros de cama» que antaño rodeaban al enfermo con sus falsas lisonjas aduladoras de falsos judas iscariotes hipócritas, les abandonan enfermos y les dejan en la más absoluta soledad y olvidados), amparo de todo tipo de burlas y desprecios por parte de degenerados, adúlteros, promíscuos, putas y puteros, etc., resultan los tratamientos contra esas enfermedades perfectamente evitables si se siguiese el modelo de vida de Nuestro Señor, Nuestra Señora y tantos santos y santas, que para nada fueron infelices, sino todo lo contrario. Solo cuando esas personas que adquieren esas ETS y se enfrentan con el estigma que ello supone, es cuando pueden ver con claridad la vacuidad de todos esos depravados políticos que dicen defender esos hábitos de enfermos que les ha conducido a su situación y que participan hipócritamente de sus escándalos públicos carnavalescos. Sólo entonces. Pero tarde.

    6º En la España de Franco, la Santa Iglesia Católica Apostólica Romana, la única verdadera (no la de Lutero, Calvino, Zwinglio, Enrique VIII, el príncipe apóstata de Kiev, el príncipe indio, Sidarta Gotama, Mahoma, «Maradona», Geova y viene, y demás iluminados falsos profetas y anticristos usurpadores), la que fundó Nuestro Señor Jesucristo, Dios encarnado y Redentor nuestro, en la figura de San Pedro Apóstol, la de los santos y mártires de verdad, la del Bien, la Verdad, la Misericordia y la Sabiduría de dos milenios sirviendo al Señor, era una autoridad moral incuestionable, queridísima y respeta hasta por los ateos venidos del bloque soviético, hacía el bien sin límite a todo aquel que acudiese a sus templos, monasterios, abadías, conventos, hospicios, escuelas e institutos, universidades, etc. ¡Cuantísimo bien perdurable en el tiempo hicieron aquellos monjes y monjas, frailes, hermanos y hermanas, sacerdotes, misioneros, consagrados y no consagrados, amparados por una España que los quería y admiraba y de la que no paraban de salir vocaciones guiadas por su santo ejemplo y el de miles de españoles como ellos!. Jamás podrá valorarse su aportación al bien del mundo, ese ciento por uno que ellos aportaron. Que Dios los tenga a todos en la Gloria Perpetua.

    En la España democrática de hoy, se persigue a la Santa Iglesia Católica Apostólica Romana, a sus miembros, se silencia las agresiones y vilipendios contra sus miembros, se excluye a los que acuden a misa, a los creyentes en Jesucristo Nuestro Señor, de cargos y trabajos por parte de mercaderes empresarios depravados (un elevado porcentaje, que solo sirve al becerro de oro, al dinero, nunca a Dios) porque no se someten al yugo opresor ateo, satánico y degenerado moral de la ideología marxista y progre, lgtbi y de género, hoy imperantes. Se profanan templos y tumbas, incitando al odio anti-católico vengativo y revanchista en la mayoría de medios de comunicación (por llamarlos así, más bien propagandistas embusteros a sueldo de marxistas y mercaderes liberales conservadores cómplices de la gran persecución anti-católica y financiadores del mal) como en los fatídicos años 30 y con la completa complicidad de jueces sectarios, nombrados a dedo de los políticos y prevaricadores con toda impunidad, que indultan a los perversos y malvados, a los corruptos y delincuentes, y dictan sentencias contra los humildes, pobres y buenos, al más puro estilo Caifás. En la España democrática de hoy, se ha llegado a la maldad sin límites de acusar falsamente a monjitas caritativas que salvaron la vida de muchos niños y niñas, hoy adultos, de ser abortados, (incluso convenciendo a la madre natural con dinero de familias ricas que los adoptaron) de robarlos, nada menos. Cuando los malvados propagandistas anticristianos tuvieron que afrontar la verdad que los peritos forenses analizaron sobre aquellos cadáveres de niños que supuestamente habían sido robados «engañando supuestamente» a sus madres sobre sus muertes al nacer, han callado como putas y no han tenido la hombría de pedir perdón por sus falsas acusaciones (seguramente son incapaces de ello) a aquellos a los que tanto daño han hecho. No tienen perdón de Dios. Tampoco han pedido perdón, en la España democrática todos aquellos que impune y falsamente acusaron y acusan hoy a sacerdotes (y a todos nosotros, los católicos) de abusos sobre menores, dañando su reputación y aprovechándose de que los miembros consagrados de la Iglesia nunca responden ojo por ojo, sino que perdonan incluso a sus enemigos (como les prescribió Nuestro Señor, ¡que Dios les bendiga y les compense en el Cielo!). Especialmente grave es esto, porque de más de 45100 pedófilos registrados el año pasado, como bien ha señalado Monseñor Munilla, obispo de San Sebastián, eran contados los casos que afectaban a almas consagradas, casi todas ellas, sino todas, homosexuales, admitidos piadosamente en la Iglesia desde el Vaticano II, ante un mundo que les despreciaba, como bien ha observado nuestro papa Benedicto XVI en servicio de la verdad (¡paradoja del bien!. Así se premia la caridad cristiana, con maldad satánica ilimitada por los contados casos de caídas de consagrados. «Hace más ruido un árbol podrido cayendo que un millón sanos creciendo»). Y de eso nadie se hace eco en los medios, incluso en los minoritarios liberales y conservadores siervos del dinero. Vergonzoso. La persecución a la Iglesia Católica y sus miembros está adquiriendo, en la actualidad, rasgos esperpénticos en los que, enloquecidos de odio contra Dios y su Iglesia, ya no saben cómo tratar de hacer daño con sus mentiras.

  15. H. R. Pacios says

    RÉGIMEN CATÓLICO AUTORITARIO DE FRANCO FRENTE A DEMOCRACIA. LO MORAL Y LO MATERIAL. EL QUE TENGA OJOS QUE VEA. PARTE 2.

    7 º En la España de Franco, la juventud estudiaba para aprender un oficio, sacar una carrera, trabajaba en la empresa familiar o en casa ayudando a sus padres y hermanos y para poder comprar un piso o una casa y casarse y formar una familia católica, es decir, normal. Se preparaban en un seminario o quedaban solteros dándose y sirviendo a familia y amigos, se divertían bailando hasta una hora prudencial y respetando a las chicas (que, por cierto, se hacían respetar, como debe ser, a bofetones si uno se propasaba, para burla y cachondeo de los que contemplaban la escena típica de baile y humillación del fresco), no conocían las drogas (salvo los círculos de ricos progres, esos que acabarían siendo los arribistas demócratas de toda la vida y que “nos trajeron” la maldita transición) y apenas se emborrachaban. Los noviazgos acababan en una rápida ruptura y cada cual por su lado (sin daño ni mácula) o eran prudencialmente largos (para discernir la Voluntad de Dios para con cada cual) y acababan en boda y matrimonio fiel hasta la muerte, como siempre ha sido lo normal en la gente de bien, porque el matrimonio no es un yugo, sino una bendita vocación y un don, y porque no es bueno que el hombre esté solo (por eso la mujer es un regalo del Señor, aunque los desalmados no lo vean así) y lo que es duro, la vida, lo es igual para el soltero, el consagrado y el casado, no librándose nadie de sufrir, como todo ser maduro entiende perfectamente (en la Cruz está la Vida y el Consuelo, y sólo ella es Camino para el Cielo, como diría nuestra querida santa y sabia Santa Teresa de Jesús). Y, en fin, los jóvenes de entonces tenían más los pies en el suelo, procuraban prosperar, ver cumplir sus sanos proyectos en paz y ser felices sin hacer daño a nadie.

    En la España democrática de hoy, los jóvenes, pues como los adultos, mayoritariamente, pasan insensatamente de Jesucristo Nuestro Señor y no van a misa ni los domingos, se hacen autorretratos con sus móviles (narcisismo y egolatría desenfrenados que les lleva a no saber amar a nadie, salvo a sí mismos, como los políticos demócratas sin excepción, de lo contrario no se meterían en política), quieren ser estrellas de pop y rock (de fútbol no porque les cansa correr), masterchefs (anda que si cuando éramos niños a alguien se le ocurre decir que quiere aprender a cocinar como un chef famoso, tiene que cambiarse de barrio e iniciar una nueva vida. Lo anormal entonces, hoy es algo «corriente» y demócrata, claro), y no se que otras mamarrachadas, se hacen tatuajes para ser el centro de atención, como los cuadros del Prado pero en «grafiti» hortera, macarra carcelario y chapucero, se meten en redes sociales en busca de atención, pues su soledad es lógicamente creciente, y dejan bien patente su analfabetismo y faltas de puntuación y ortografía, fruto de su deficientísima educación democrática y decadente (ni en 8º de EGB te toleraban los maestros de entonces lo que hoy se da por «bueno» en bachillerato burocrático LOGSE, tan democrático él). Además, y esto medido estadísticamente, miran sus móviles (sus verdaderos poseedores o amos y no al revés) una media de 150 veces al día, abusan con gran peligro de ese medio de incomunicación social que llega no pocas veces a provocar accidentes y destruye la comunicación, incluso familiar. Ahora el «smart» (inteligente) ya no es la persona, vaga redomada que no conoce el lápiz, el bolígrafo y el papel (curioso que los hijos de los amos de las grandes empresas tecnológicas lleven a sus hijos a colegios privados carísimos y tradicionales sin ordenadores ni tablets y que algunos magnates de telecos, como p. ej. Alierta, expresidente de Telefónica, lleven móviles tipo siglo pasado, sin internet ni fotitos), sino el móvil, buen vasallo, pésimo señor. Pero señores, ¡qué más da!, ¿no vivimos en una democracia? Pues todo «solucionado». Y para qué hablar de sus conductas sexuales. No es de extrañar que luego no quieran ni puedan formar una familia como Dios manda. Para ellos solo existe el «derecho a», el derecho a tenerlo todo ya, sin sufrimiento ni esfuerzo ni sacrificio, sin mérito alguno. Sin obligaciones ni responsabilidades. Así han sido criados. La malcrianza causa estragos y luego pasa lo que pasa: abortos, ETS, violentas frustraciones muy difíciles de curar (a nadie normal le gusta ser el «enésimo plato» del otro u otra, pues no genera confianza, y la promiscuidad es propia de quien no es nada recomendable para ser padre o madre y mucho menos para formar una familia, por mucha consideración materialista y económica que entre en juego. Y si no, piénsese en si a los hijos e hijas normales les va a parecer bien que su padre y su madre sean infieles el uno del otro, con las horrorosas consecuencias que ese proceder tiene no solo para los afectados, sino para todo el conjunto del mundo), etc. Todo ello es el mejor camino para la autodestrucción personal y de toda una generación. ¿A alguien le sorprende esto?¿Quiénes tuvieron y tienen la horrorosa idea de retirar de las aulas la enseñanza religiosa católica?¿Nos creíamos ingenuamente que ello no tendría consecuencias?. Estas generaciones demócratas, en su inmensa mayoría, no han cogido un pico, una pala o un fusil en su puñetera vida. Desconocen lo que es levantarse a las 6 de la mañana y no han subido a un andamio, ni han sacado carbón de las entrañas de la tierra, no han arado, sembrado ni recogido, no han trabajado ni ganado el pan con el sudor de su propia frente en sus vidas. Los jóvenes demócratas de hoy, eso sí, abusan de todo tipo de drogas (incluidas las más dañinas en todos los sentidos, el tabaco y el alcohol) como jamás se ha abusado antes. Se emborrachan en un porcentaje mucho mayor, a edad más temprana, fuman porros como nunca, y consumen cocaína, heroína y otras drogas de diseño como jamás antes se ha visto. La degradación de la juventud actual es alarmante. Y los que luchan por quedarse fuera de ese infernal cúmulo de sustancias, quedan excluidos y marginados, como si fueran bichos raros, cuando son los únicos normales. Y, aunque acabar con el satánico mercado de todas las drogas y de la prostitución en el mundo es perfectamente factible a corto plazo, con daño a reputación de demandantes, provisión sanitaria bajo estricta supervisión médica en el caso de las drogas y compromiso y tratamiento de desintoxicación, las autoridades no quieren hacerlo ni en broma. Les va una millonada en ello (el narcotráfico, mueve un elevadísimo y creciente porcentaje del PIB mundial, tiene atrapado no solo a narcotraficantes y millones de consumidores, sino también a políticos de toda índole nacionales, regionales y locales, burócratas y funcionarios, jueces, policías, autoridades de todo tipo, en un macabro y multimillonario negocio de la muerte y de la destrucción humana). Para los marxistas y los mercaderes liberales y conservadores democráticos del tabaco, el alcohol, el cannabis, etc., la «libertad» de «elegir» drogarse genera muchos puestos de trabajo (nunca evalúan los costes 10, 100, 1000,… veces superiores a esos supuestos e inmorales beneficios, para ellos todo vale, incluso destruir la humanidad inmadura a cambio de beneficios).

    8º En la España de Franco, la educación, a todos los niveles, era muy exigente y de la más alta calidad en comparación a los demás países del mundo. Cuando se salía de Primaria, se salía con todo lo necesario para poderse desenvolver con solvencia en la vida. El Bachillerato, tanto elemental y superior primero, como el BUP y COU, después, eran realmente buenos (la gente que estudió en USA resolvía ecuaciones polinómicas lineales de segundo grado en el mismo curso en el que aquí ya se resolvían derivadas, por poner un solo ejemplo, pero ¡claro!, era franquista, una buena educación y eso no convence a los demócratas de ayer y hoy, no vaya a ser que el «populacho» sepa mucho). La disciplina en el aula era mucho mayor, la autoridad del profesor era total, así como la admiración que despertaba su labor en toda la población (especialmente entre los padres de los alumnos), fuera cual fuera el nivel educativo. Los títulos universitarios no se regalaban a nadie. Los catedráticos y profesores universitarios eran de prestigio mundial y admirados por toda la comunidad educativa. Había que sudar tinta para ser médico, ingeniero, abogado, economista, filósofo, historiador, maestro de primaria, físico, matemático, biólogo, etc. Y se suspendía sin contemplaciones al que no demostraba tener nivel. Y se encontraba, como es lógico, empleo en lo que uno había estudiado, prueba de la alta valoración que las empresas daban a los títulos. La formación profesional en las llamadas universidades laborales, del gran Girón de Velasco, el «león de Fuengirola», ministro falangista excelente, era de un nivel altísimo hoy completamente desconocido. Y, aunque no había casi becas, el bachillerato y la universidad fueron cada vez, como en todo el planeta, más accesibles incluso para los más humildes.

    En la España democrática de hoy, la educación está en vías de extinción a todos los niveles. Hoy hay adoctrinamiento marxista, anticatólico y antiespañol en centros públicos o liberal conservador, anticatólico y/o antiespañol también en centros privados. El maestro o profesor, cada vez más desautorizado y desacreditado, se ha convertido en un mero burócrata o funcionario que aprueba igual al genio que al vago o analfabeto, porque le obligan a no generar «desiguardá» con las notas. No enseña, se limita a cubrirse las espaldas de toda responsabilidad. No pocas veces es agredido, ¡por los propios padres de alumnos! cuando sus hijos no resultan aprobados o recibe quejas de ellos (porque para algunos padres sus hijos son unos santos hagan lo que hagan y el profesor es siempre culpable). Ni las autoridades educativas, ni los departamentos pedagógicos y psicológicos, ni la dirección de los centros, altamente burocratizados, le prestan el más mínimo auxilio en las más de las veces, con lo que acaban por «quemarse» y pasar de todo, quitándose responsabilidad cuanto antes. No exige y no es respetado ni por alumnos ni por la población, promoviéndose la figura del “profe colega”, letal para dicho respeto. El mérito, el esfuerzo personal, la adecuada evaluación y el aprendizaje ya no se valora por nadie en la comunidad educativa actual. Y las universidades se han convertido en pocilgas marxistas (las públicas) y en logias masónicas (las privadas), con una corrupción descomunal, donde solo la adscripción política o sindical, la relación de parentesco con personas poderosas, ciertos «favores», sobornos y demás corruptelas, dan lugar a la expedición de títulos de grado, master y doctorado, cada vez más devaluados (excepto los privados, carísimos y fuera del alcance de los pobres, aunque tampoco sean de calidad buena) en el mercado de trabajo, con grave daño para todo el sistema educativo. Es este un delito corruptamente impune que daña especialmente a los más pobres, a los que se decía hace décadas que se les iba a facilitar el acceso a la educación superior (el hijo del obrero, a la universidad, cantaban los majaderos estafadores de entonces), cuando se les ha engañado vilmente con la falsa ilusión de tener una supuesta cualificación de la que solo los de familia rica pueden sacar partido, aunque sean medio subnormales. Además, los rectores, catedráticos y profesores universitarios con valía y profesionalidad, o bien han sido desplazados y expulsados, o bien sobreviven marginalmente dentro de los departamentos con una dificultad cada vez mayor, en unos centros que han hecho de la autonomía, un refugio sectario de políticos de la peor raza, caudillos de auténticos chiringuitos de la estafa educativa. Por último, la llamada vergonzosa de señoritos privilegiados «bien situados» en favor de la FP (para los demás, claro), para retrotraernos a lo que nuestros padres y abuelos querían evitarnos, sacrificando sus pocos ahorros para que fuéramos a la universidad y saliéramos de la no cualificación como ellos, es decir, trabajar subidos en andamios, con arados y bueyes, como albañiles, fontaneros, electricistas, barrenderos, en talleres, etc., clama al Cielo. Normal que se les quiera fusilar a todos. Menudos hijos de p. “Educación” de comisarios comunistas ateos o de acaudalados materialistas y señoritos liberal conservadores. Esta es la “educación” en la democracia.

    9º En la España de Franco existía un ejército de verdad, de reclutas de reemplazo no remunerados «Todo por la patria», que mantuvo la paz en España todos los años del régimen (excepción de Ibi Ifni y pocas revueltas más de los moros rápidamente solventadas), junto con suboficiales, oficiales y generales a sueldo, muy barato y eficaz. Se trataba de una institución respetada y admirada, victoriosa en nuestra cruzada 1936/1939 contra el marxismo (socialismo y comunismo apoyados por y subordinados a Stalin, y anarquismo), que no contra «la república» (véase memorias de Azaña para ver el engaño de los propagandistas rojos actuales)) y contra la masonería liberal conservadora. Era un ejército de todos los españoles, independiente de organizaciones supranacionales como la OTAN, aliado del bloque occidental contra el comunismo pero sin someterse a él, volcado en exclusiva a defender España y sus intereses, en el que los que jóvenes de todas las provincias convivían y ayudaban al sagrado deber de defender nuestra gloriosa patria (esto tiene un valor incalculable para la unidad de España que los necios, los mercaderes o los pusilánimes no supieron estimar en su momento), como hicieron nuestros padres, abuelos, bisabuelos,…, donde todos podían ascender en función de su valor y valía si elegían la vida castrense como vida profesional de sacrificio por España (como previamente lo había hecho el propio Franco, Muñoz Grandes, Alonso Vega,…y un largo etcétera de humilde condición).

    En la España democrática, lo poco de ejército que aún queda, son burócratas y aprendices de oficios que buscan cualificación para la posterior vida civil, sin la más mínima adhesión por la patria ni conocimiento de ella, así como un número decreciente de verdaderos profesionales, con un armamento mayoritariamente anticuado, constreñido a unos recortes presupuestarios enormes y sometido totalmente a los piratas de la Pérfida Albión, amos de Gibraltar, y sus jefes de la OTAN. Se trata de un ejército de «Todo por la nómina» que ya no sirve a España, prueba de ello es su Alta Traición respecto al golpe de Estado en la región catalana, al no hacer cumplir el artículo 8.1. de la constitución infame que les obligan a jurar defender al acceder hoy a sus cargos militares, aunque no tengan impedimento alguno en forma de autorización política según consta en dicho precepto. Es un ejército que hoy gasta lo que no tiene defendiendo la integridad de la patria de los países bálticos frente a Rusia (provocación peligrosa) y por orden de Trump y demás misiones internacionales (Irak, por ejemplo), poco “rentables” para España, como se ve en el respeto que semejante jefe (excelente para su país) tiene por los productos agrícolas españoles, penalizados con aranceles casi en exclusiva en lo que a productos agropecuarios de la UE se refiere. Y si malo es el ejército de mercenarios de la OTAN de Trump que tenemos, ¿qué decir de sus generales como «Julio el rojo», elegidos a dedo por los políticos, sin ninguna consideración de profesionalidad o servicio a la patria y sí por servicio a ideologías, las más de ellas enemigas de Dios y de España?¿Y qué decir de los ministros o ministras indolentes de defensa y de exteriores, que nada hacen salvo cobrar suculentos sueldos públicos, pasar olímpicamente de nuestra patria y no aprovechan la ocasión para pedir a USA, nación mando de la OTAN, la devolución VACÍA (ojo, vacía, sin «aberchales» gibraltareños con acento andaluz; que se vayan a la Pérfida Albión, ya que dicen ser ingleses) de Gibraltar, última colonia de Europa, a cambio de esa pertenencia a la OTAN, tan cara para España y los españoles (incluso involucrando a Argentina y las Malvinas, para ganar fuerza)?¿Quién demonios defiende a España en lugar de defender su patrimonio financiero en el paraíso fiscal gibraltareño?¿Aprovechan, además, la oportunidad que tenemos ahora con la salida de UK de la UE?¿Quién salvará a España y Europa entera de los musulmanes (mucho más acostumbrados a la vida dura, a sufrir y mucho más aguerridos y fanatizados) cuando de aquí a menos de dos décadas sean más del 50% de la población y nos quieran imponer el estilo de vida que hoy hay en Irán, por ejemplo? ¿No se perseguirá, en realidad, la destrucción de nuestra querida patria, vendida por treinta monedas de plata por los políticos de todo signo? Pero da igual, vivimos en democracia. La democracia es tolerancia con los malvados y castigo para los buenos.

    10º En la España de Franco, los medios de comunicación de masas, televisión, radio, periódicos y revistas, tenían una profesionalidad y objetividad hoy inalcanzable en cualquier ámbito, tanto de ocio como académico. Apenas hablaban de política y su variedad de programas y artículos, así como la calidad de los mismos, era fantástica. Y, desde luego, el odio y la «siembra de cizaña» era completamente ajeno a aquellos medios, que si bien hacían publicidad, sin atosigar al lector o espectador, de los logros del régimen, también sabían meter la cuña crítica respetuosa. Y si no lo creen, vean el NODO, los periódicos y revistas y el cine de entonces, especialmente a partir de los años sesenta, aunque poco había que criticar, la verdad, salvo obviedades. Las personas que acudían a los espectáculos deportivos no insultaban al árbitro ni a los jugadores o afición del equipo contrario y se limitaban a aplaudir o a exhibir pañuelos blancos, pero nada de fanatismos, con la caballerosidad y la deportividad por norma, tanto dentro como fuera del estadio y del propio campo (como quedó bien patente en aquella victoria de 1964 contra los soviéticos en Madrid, la más valiosa de cuantas se han ganado). Y la chanza y bromas entre seguidores de equipos rivales no pasaba de la rabieta pasajera de los más forofos y de la aceptación generalizada con el afán de devolver las bromas pronto al «adversario». Sin más. El cine y el teatro, de una calidad en valores católicos familiares y tradicionales excepcional y exentos de la chabacanería y degradación moral actuales, servían para lo que fueron concebidos, para divertir y entretener sin fomentar malos sentimientos en absoluto, con unos actores de los que ya no hay en cuanto a grandeza real. Los espectadores pasaban unos días comentando escenas divertidas para carcajada general, y así, las salas se llenaban habitualmente. De entonces, películas de un valor incalculable hoy censuradas: Raza, Sin novedad en el Alcázar, Embajadores en el Infierno, etc., además de las comedias populares que vendrían después, como las de don Alfredo Landa, por poner solo un ejemplo, que hicieron y hacen reír a millones de españoles sin ningún tipo de odio ni mal sentimiento. Por supuesto que en la España de Franco no se vivió un “páramo cultural”, como han afirmado los “hocico perro” y “hartos de sopa” marxistas y liberal conservadores, sino un periodo de riqueza literaria, teatral, científica y cultural no vista desde el denominado Siglo de Oro español. Y en lo que respecta a la censura, ojalá hoy gozásemos de la libertad de publicaciones de la que se gozó durante el régimen de Franco. Entonces la censura solo afectaba a todo intento de envenenar a la población con odio a la propia España, a la Iglesia Católica y los propios españoles y católicos. No se permitía la pornografía ni lo que atentase contra el orden moral católico.

    En la España democrática, los medios de comunicación pasaron en su inmensa mayoría a ser apéndices de los partidos políticos aunque les sangrase la lengua de expresar su supuesta independencia. Son medios de propaganda política, subvencionados con dinero público y publicidad de los que no sirven a nadie más que al dinero y son mercaderes completamente inmorales. Son pésimos en cuanto a calidad, programación, propagadores de odio, sensacionalistas, embusteros sin tasa, generadores de todo tipo de cizaña, ruinosos para todos los españoles que son saqueados con impuestos para financiarlos, aunque se propague a través de ellos el odio contra España, la Iglesia Católica y los propios españoles y católicos, con una censura a la oposición contra la democracia total e implacable. Y si alguien objeta contra ellos, su persecución es propia de tiempos de la policía política de la URSS contra todo disidente, «enemigo del pueblo», «contrarrevolucionario» o boicoteador capitalista fascista. Son medios al servicio de la mentira, y, por lo tanto, una auténtica plaga que hay que eliminar sin contemplaciones y sin complejos de todo hogar sano. Y el cine y el teatro, mejor ni ir a verlos. Son basura, un puro excremento “cultural” subvencionado con dinero de los impuestos que de otra manera no podría sobrevivir. Sus temáticas son siempre las mismas, lo “malos” que somos los católicos y los españoles, lo “malo” que era Franco y lo “buenos” que eran los milicianos rojos, los etarras, los enemigos de España, etc. Con ridiculización de nuestra historia y argumentos totalmente inventados que exceden incluso las leyendas negras. Sus guiones son siempre antiespañoles o anticatólicos o ambos. Con unos bufones y arlequines (que no actores) al servicio de la internacional socialista y comunista y sus agentes (directores) y con emolumentos multimillonarios de dinero robado con los impuestos a los españoles vilipendiados, por servicios políticos propagandísticos prestados (anti-educación marxista) que no se recuperan casi nunca en las taquillas. De la literatura mejor no hablar, una puñetera m… Así es la democracia, aliada fiel de la mentira y del excremento cultural, censora extrema de la verdad.

    Y en los campos de fútbol, los energúmenos campan a sus anchas, con gritos e insultos contra España totalmente impunes, aunque el racismo es castigado con clausura de estadios, con la excepción del racismo y la xenofobia contra los españoles en la propia España, lo nunca visto en cualquier otro lugar (los equipos vascos llevan la bandera de Sabino Arana, la ikurriña, en sus camisetas, para insulto, manifestación de odio eterno y vejación a todos los españoles. Es de locos. Esa bandera, por mucho que se diga lo contrario es, para los españoles de verdad, como la del III Reich para muchos europeos judíos o pro judíos anticristianos. Y no hay paliativos que valgan. A los futbolistas, que son mayoritariamente analfabetos perdidos y bufones multimillonarios, no se les puede exigir que lo entiendan, pero a las autoridades de la Liga y de la RFEF era como para mandarlos a tomar por saco pero ya. ¡Qué vergüenza que muchos de ellos vayan a la selección que lleva el nombre de nuestra amada patria y luego, en su equipo, lleven la ikurriña o promuevan las causas de los que nos llaman bestias por nuestro idioma!), que está totalmente impune e incluso promovida del modo más salvajemente subnormal (caso de finales de copa con basura infrahumana antiespañola vasca y catalana ladrando y rebuznando contra el himno nacional español y el pusilánime jefe de Estado actual, que parece no tener sangre en las venas, ni dignidad propia del “símbolo de la unidad y permanencia de la patria”, ni nada, para marchase, como Dios manda, y mandar al jardinero del estadio, con mono de trabajo puesto, a que entregue la copa al ganador por delegación real. Eso sería el respeto que esa hidra merece).

    11º En la España de Franco, uno podía viajar y mudarse a cualquier provincia española sin trabas, estudiar en cualquier provincia en español, ser atendido en centros de salud (casas de socorro, entonces) y hospitales en español, ser atendido en cualquier ayuntamiento, diputación y organismo público en español, no importaba donde estuviese ubicado (de Gerona a Pontevedra, de Vizcaya a Melilla, de Santa Cruz de Tenerife a Mallorca). Las leyes eran iguales para todos los españoles independientemente de donde se encontraran. No existían privilegios locales, provinciales o regionales y el intervencionismo legal era mínimo y respetado de modo prácticamente unánime. Y no se retenía a nadie dentro de nuestras fronteras, como sí se hacía en la URSS y satélites, incluso a nivel local. La España de Franco era lo más lejano que había a un estado policial. La emigración española al extranjero duraba pocos meses por término medio, pues se solía ir con un entusiasmo y unas expectativas que pronto quedaban defraudadas (¡y eso que se trataba de Alemania, Bélgica, Suiza, Francia, etc., no los países del este, auténticos infiernos reconocidos por los propios rojos, en la mayoría de sus testimonios y memorias, vueltos aquí «rosados» como mucho) y acababan con el retorno a la tan añorada patria, con todo y aún no tan rica, mejor que cualquier otro país. No todo era dinero y aquellos lo comprobaron en sus carnes. A la España de Franco se le ha acusado de corrupción, claro que por parte de gentes como Jorge Pujol, el bandolero catalán de la familia más mafiosa de toda Europa. Veamos: Se suele achacar que el racionamiento mediante cartillas (casi ningún país de Europa se libró de ese error propio del analfabetismo económico imperante por entonces en toda la tierra) enriqueció a muchos mediante el estraperlo o mercado negro tolerado con sobornos a las autoridades. Es verdad, pero su impacto negativo fue insignificante en relación al que dicha mala práctica tuvo en el resto de Europa occidental, ¡y para qué hablar en la del Este bajo cadenas y yugo soviético, donde no había racionamiento, sino terror, hambre ilimitada, crimen, genocidio (anti-judío principalmente, el “verdadero” “holocausto”, aunque se oculte hoy), encarcelamiento, ausencia de libertad hasta en la intimidad del hogar, etc.!. Solamente UK, uno de los países que más ayuda obtuvo del Plan Marshall y que menos destrucción sufrió, eliminó el racionamiento después de España. Pero ¡claro!, UK era una democracia, racista en extremo, pero democracia. Y, a tenor de la caída en picado de las muertes por hambre en los 40 (testigo de lo cual fue incluso el mundialmente famoso filósofo republicano arrepentido y escéptico, Ortega y Gasset) aún teniendo en cuenta la lamentable situación en que Stalin y su lacayo Negrín dejaron a 10 millones de españoles y el aislamiento de España en esa década, no puede juzgarse al racionamiento sino como poco lesivo, excepto para los que acostumbran a colar el mosquito y tragar el camello. Se acusa también, a la España de Franco, de favoritismo con los afiliados a FET de las JONS, muchos de ellos arribistas. Verdad. Pero haber caído y arriesgado la vida en frentes, haber servido en retaguardia y haber sido mutilados o heridos, bien merecían un premio por el bien supremo logrado (hoy se premia la heroicidad de muchos militares en misiones internacionales y a muchas víctimas del terrorismo, y solo a los malvados molesta este reconocimiento merecido). Más valdrá premiar a un culpable que dejar sin premio a cien inocentes, ¿verdad?. Pero, quizá, lo peor de la etapa franquista, fue los últimos 2 años de régimen en los que el Caudillo, ya bastante anciano y débil, falto de vitalidad y energía, abandonado hasta por la Iglesia postconciliar, sabedor de que vendría la infame democracia a sucederle (como le revelaría a Vernon Walters), no pudo impedir que los arribistas de última hora, falsos como Judas Iscariote, que pasaban olímpicamente de la historia de España, de la propia España y de su Cruzada liberadora contra el marxismo y el antiespañolismo (en la que no tomaron parte), buscaran situarse bien para pasar en poco tiempo de “católicos” y “patriotas” ”fervientes” cantando el Cara al Sol con el saludo romano, a ser demócratas ateos amorales y materialistas de toda la vida, ávidos de riqueza y poder, al frente de toda la herencia impagable y pasando de la ley a la “contraley”. Y ese fue el fracaso del franquismo, una isla en el mundo que pretendió hacer de España, una reserva espiritual siempre fiel a su historia y a Dios, una, grande y libre, católica y patriota, y que, contra la voluntad de los de buen corazón y derrotada por la oposición de todo un mundo, acabó arrastrada por el secularismo materialista y ateo circundante y global. Solo Dios puede, ningún hombre, solo Dios.

    En la España democrática, el interés político ha prevalecido sobre todo lo sagrado y lo no sagrado. En la infame constitución, tan defendida por los hoy llamados a sí mismos «constitucionalistas», se estableció un privilegio intolerable (que contradice el principio de igualdad ante la ley, aunque los jueces del Tribunal Constitucional no tengan la dignidad ni la decencia para reconocerlo, corruptos como son todos sin excepción y elegidos a dedo por los políticos, que no por su profesionalidad que jamás han demostrado, como tampoco en el caso del aborto) que solo beneficia a las Vascongadas y Navarra, regiones españolas ricas que no ayudan al resto de españoles como sí hace ejemplarmente y como debe ser, Madrid. Esa constitución maldita de 1978, dividió (que no unió, porque antes sí que estaba unida) España en comunidades autónomas, dando mucho poder a los antiespañoles caciques regionales instigadores de odio metastásico a España, a costa de cesiones y más cesiones políticas de marxistas y liberal conservadores, que ellos, los antiespañoles catalanes y vascos y sus concesores llamaron siempre «diálogo», cuando es evidente su continuo carácter de chantaje político al que se subyugan los políticos amorales y antipatriotas de uno y otro signo. Supuso un engaño masivo a los españoles y sin alternativa, pues la mayoría de los que la votaron tenían la buena fe, ingenuidad propia de quien no conoce bien la historia de España o la ignora insensatamente, de que ese panfleto nos igualaría a las naciones más avanzadas del mundo. Craso error. En la España democrática de hoy, cientos de miles de personas han huido de sus hogares amenazados de muerte por ETA y por los antiespañoles de Vascongadas y de Cataluña. En la España democrática de hoy, hay regiones que no respetan el deseo de estudiar en español, de atender y ser atendidos en centros sanitarios en español, de atender y ser atendidos en ayuntamientos y organismos públicos locales y regionales en español, de poder expresarse en la lengua común, el español. No se respeta una ley igual para todos en todas las regiones. Se crean privilegios para unos a cuenta de los demás. Se emplean lenguas regionales como arma política de división. Se pone continuamente en peligro la paz y se incita al odio y a la guerra civil con total impunidad. Además, todo ello se hace con la connivencia de los políticos nacionales irresponsables y degenerados morales sin límite, que no defienden a España y los españoles, sino sus propios intereses y los del grupo o grupos de presión (mercaderes y chiringuitos, por ejemplo) que le tienen a sueldo o a cambio de prebendas futuras, y que ceden en todo a cambio de votos cada vez más exigentes. Y la maraña inacabable de leyes, decretos, reglamentos, disposiciones, etc., generan tal complejidad legal e incoherencia que ni los propios jueces, abogados, procuradores y juristas se aclaran (normal que promuevan su desidia). La arbitrariedad legal por capricho político es una plaga en nuestros días, lo que conducirá inexorablemente a la falta de respeto por todo tipo de ley y a potenciar la corrupción sin límite alguno. Y con respecto a la corrupción en la actualidad democrática: prevaricación, arbitrariedad fiscal y del gasto público, compra de votos, malversación de caudales públicos, recalificación de terrenos, incluso expropiados, a cambio de sobornos multimillonarios, contratos de obras inútiles, financiación multimillonaria de entidades financieras públicas o políticas (cajas de ahorros en manos de políticos, sindicalistas y empresarios de todo tipo y pelaje), desvío masivo de fondos en ayuntamientos, autonomías y ministerios, chiringuitos que solo pagan nóminas, ongs idem, fraudes y estafas de entidades públicas con total impunidad, etc. Sería imposible cuantificar en billones de euros la corrupción de los últimos 45 años. Si hay una palabra que define bien a la democracia, esa es corrupción. Corrupción con ausencia total de temor de Dios, Juez justo, y por su impunidad en un régimen que no es de libertad, sino de permisividad de todo tipo de mal.

  16. H. R. Pacios says

    RÉGIMEN CATÓLICO AUTORITARIO DE FRANCO FRENTE A DEMOCRACIA. LO MORAL Y LO MATERIAL. EL QUE TENGA OJOS QUE VEA. PARTE 3.

    12º En la España de Franco, se multiplicaron los kilómetros de carreteras en toda la nación, surgieron las primeras autopistas y autovías, las infraestructuras construidas superan globalmente y de modo claro a las del período democrático (solo pródigo en ellas en el período de Aznar y gracias a dinero foráneo del que Franco jamás pudo disponer), es decir, sumando puertos, aeropuertos, canales, puentes, túneles, vías férreas, estaciones de ferrocarril, infraestructuras rurales (los tan famosos pantanos, centrales hidroeléctricas, centrales térmicas, centrales nucleares, silos, regadíos, acequias, etc.), reforestación y recuperación de masa forestal, instalaciones militares, recuperación del patrimonio artístico (pinturas, esculturas, bibliotecas y fondos bibliográficos con valor incalculable, etc.) e histórico (catedrales, iglesias antiquísimas, conventos, monasterios, edificios históricos, restauración de ruinas, etc.) En la España de Franco se construyeron millones de viviendas, hospitales, centros de salud, colegios, institutos, universidades, universidades laborales, escuelas politécnicas, centros deportivos y polideportivos, estadios, un equipamiento urbano magnífico para su época, redes eléctricas abastecedoras de la totalidad de municipios, redes de teléfonos que no desmerecían las de los países más avanzados entonces, redes de saneamiento excelentes, etc. Y todas estas infraestructuras contribuyen en gran medida al PIB actual, aunque las placas conmemorativas de la construcción se arranquen e incluso se sustituyan por las de gobiernos democráticos antifranquistas por si cuela (como hicieron en la II República y las famosas escuelas «construidas», que no eran otras que las de los expulsados jesuitas, franciscanos, marianistas, etc. sin crucifijos ni imágenes de Jesucristo, la Virgen María y los santos y santas, prohibidos por los anticristianos de Azaña). ¿Se divisa la placa de los hospitales de Madrid, Barcelona y otras ciudades que se construyeron durante el franquismo, aún hoy? ¡Claro que no! La verdad no es demócrata, señores.

    En la España democrática, también se han construido infraestructuras con dinero de la UE (autopistas, equipamiento público diverso, incluidas las ruinosas radiales y aeropuertos para un solo avión al año hasta en ciudades pequeñas, despilfarros que claman al Cielo, etc.), aunque el dinero público se ha dedicado más a «actividades culturales» (adoctrinadoras en realidad), subvenciones para la compra de votos a todos los niveles, financiación de la corrupción, etc. Aún así, los museos de mayor prestigio internacional ya existían y fueron restaurados y recuperados por el régimen franquista (recordemos que los rojos robaron incluso la totalidad de las obras del Museo del Prado y tienen la desfachatez hoy de decir que Alberti, el criminal delincuente de arte mayor de la historia de la humanidad, trató de “ponerlos a salvo”). La actividad demoledora, que tanto gustaba al citado Azaña, ha prevalecido sobre la constructora (incluso hoy amenazan, como el terrorista anarquista genocida atraca bancos Durruti en sus “mejores” días respecto al patrimonio histórico en pie en 1936, (no se pierdan una de sus últimas entrevistas), con demoler hasta la Santa Cruz del Valle de los Caídos, el símbolo cristiano de agradecimiento a Dios por librarnos del comunismo en España, que todo «buen» demócrata, marxista o liberal conservador no puede soportar contemplar, quizá porque no les guste la idea de ir al Infierno al término de sus miserables días de maldad como nos han revelado santos y santas de todos los tiempos para los que rechazan a Dios, es decir, ellos en la actualidad).

    13º En la España de Franco y, en comparación con tres de los países más ricos de Europa y del mundo, Alemania, Francia y UK, el PIB per cápita en PPA (principal medida macroeconómica del crecimiento económico a largo plazo, de «consecuencias estremecedoras para el bienestar de la humanidad», como afirmaba el premio Nobel de economía de 1995, Robert J. Lucas, excelente economista neoclásico) estimado español, partió de un 35% del PIB per cápita medio en PPA de esos tres países citados en 1939, aproximadamente (las cifras macroeconómicas son estimativas para antes de 1964, fecha en la que el INE ofrece las cuentas anuales de la economía española). En 1975, esa cifra pasó a superar el 82%, es decir, lo que los economistas llamamos CONVERGENCIA, es un fenómeno que solo se ha producido en España, con respecto a los países más ricos del mundo (USA también), durante el período de Franco. Nunca antes ni después, al menos en tan corto espacio de tiempo y tan intensamente. Además, la tasa de crecimiento del PIB en términos reales acumulativa superó el 4% en los «terribles» años 40 (mientras en casi toda Europa se recogían cascotes y se enterraba muertos, sobreviviendo del Plan Marshall del que España fue excluida miserablemente), el 5% en los excelentes años 50 (decenio «bisagra» y de crecimiento industrial naciente), el 6,5% en los años 60 (los del «desarrollo» o modernización) hasta mediados de los 70. España se convirtió en el 8º país más rico de la tierra (y a buen seguro que de los 7 que nos precedían, bien podía decirse de algunos que su situación era muy dudosa respecto a la nuestra). España pasó a ser una economía moderna industrial y de servicios durante el régimen de Franco, nunca antes, y su éxito solo fue superado, aparentemente, que no realmente, por Japón, beneficiado mucho más que el resto de países europeos con el citado Plan Marshall (a Japón se le permitió llevar una política comercial asimétrica, proteccionista con respecto a las importaciones procedentes de los demás países y permisiva para sus exportaciones a USA. Esta política privilegiada, para ganar aliados de cara a la guerra fría y que permitió el despegue del propio Japón y de los llamados 4 tigres asiáticos, aún hoy le cuesta mucho a USA desmontarla, con el consiguiente perjuicio para la nación nipona, que ya no es lo que era). El déficit público jamás pasó de ser transitorio, la deuda pública era reducidísima y controlada por el Banco de España, la tasa de paro apenas llegó algún año al 5% de la población activa, con incorporación creciente de las mujeres al mercado laboral y sin merma en el crecimiento de los salarios en términos reales (los españoles pudieron acceder, cada vez en mayor proporción, a bienes que antes no hubiesen podido soñar: casas o pisos en ciudades, vehículos, electrodomésticos, sanidad, enseñanza primaria, media y universitaria de la más alta calidad mundial, vacaciones en la costa mediterránea, una variedad creciente de artículos de consumo que mejoraron la alimentación y el vestuario, como en cualquier otro país avanzado, etc.), la tasa de inflación anual siempre estuvo controlada, la conflictividad laboral era muy limitada por mucho que se trate de sostener lo contrario. El tan manipulado éxodo económico de españoles a Francia, Alemania, Bélgica, Suiza, etc., fue mayoritariamente de hombres poco cualificados, cuantitativamente poco significante en relación a la población activa y, sobre todo, muy breve (la mayoría volvía al cabo de pocos meses, pocos se instalaron definitivamente fuera). La libertad económica era realmente envidiable, había una notable movilidad de factores de producción dentro de nuestra patria (que suponía una mejora en la eficiencia productiva considerable), como hoy reconocen no pocos empresarios cada vez con menos complejos. El mercado nacional estaba realmente unificado y no existían trabas, ni dificultades fiscales ni administrativas ni políticas ni privilegios empresariales en función de la ubicación de la actividad, como debe ser. Y prueba de todo esto era la enorme cantidad de multinacionales que vinieron a España con sus inversiones directas, amparadas en una seguridad jurídica inigualable en el mundo (factor crucial número uno para la prosperidad económica), incluidos sus países de origen, y que aún hoy dan trabajo a millones de empleados directa o indirectamente a través de miles de industrias auxiliares (Renault, Citroen, Ford, Phillips, Michelin, etc.) después de que aquellos brillantes ministros (estos sí, no como los gañanes tuercebotas de las últimas 4 décadas) falangistas y del Opus Dei (nunca se olvide esto) elaborasen y llevaran a la práctica el magistral Plan General de Estabilización Económica de 1959, la mejor combinación de medidas económicas en nuestra historia, que hizo pasar a los españoles de una prosperidad considerable, aunque limitada, a convertirse en pobladores de una nación rica, sana, alegre y avanzada, con oportunidades para todos y con una apertura exterior adecuada, sin perder soberanía, sin subordinaciones ni hipotecas que a nadie debíamos. En aquella España de Franco era mucho más fácil montar una empresa, ganarse la vida trabajando como asalariado, prosperar económicamente sin hacer daño a nadie y mejorar sin que nadie pusiera trabas arbitrarias monopolizando el poder económico (los únicos monopolios eran de carácter público y aportaban beneficios suficientes para financiar el gasto público necesario sin sangrar a los españoles con impuestos o carga de deuda pública). El sistema fiscal consistía en una «contribución» o especie de IBI, aranceles e impuestos indirectos sobre determinados consumos como el alcohol, el tabaco, los bienes de lujo, etc., sin impuesto sobre la renta de las personas físicas, ni impuesto sobre el valor añadido, ni impuesto de sociedades, ni impuesto de sucesiones y donaciones, ni impuestos regionales o locales que hoy padecemos como forma de requisa y que son fuertemente regresivos, por más que a los intervencionistas de todo signo les sangre hasta la lengua de decirnos lo contrario, es decir, lo que es mentira interesada. El Estado, reducidísimo en comparación al actual, tanto en volumen de gasto e ingresos, como en grado de intervencionismo (en contra de lo que habitualmente se suele sostener, el Estado jamás llegó a gestionar el 20% del PIB, y acaso ni siquiera el 15%, especialmente después de dejar atrás la autarquía impuesta, que no buscada) y disposiciones legales, como en número de funcionarios (todos ellos de carrera tras un exigente proceso de selección mediante oposición que permitía acceder a la función pública solo a los mejores), se financiaba fundamentalmente mediante precios (de empresas públicas, como la Telefónica, Campsa, Iberia, etc.) y tasas públicas, con lo que se respetaba más que nunca el libre albedrío del consumidor, del ahorrador, del inversor, del innovador, del emprendedor y de todo agente e institución de la economía. En la España de Franco, las prácticas empresariales se caracterizaban por una honradez y profesionalidad hoy prácticamente inexistentes. La palabra de un hombre tenía tanto valor como la honra personal y familiar, por lo que las deudas se pagaban a rajatabla, los contratos se cumplían, las quejas se atendían, los defectos o anomalías se subsanaban, los empresarios y trabajadores se responsabilizaban y se esforzaban verdaderamente en el cumplimiento del deber, en hacer un buen trabajo. Y aunque todo esto suene a primitivo, la confianza, como todo hombre de negocios sabe mejor que nadie, es una de las bases para que toda economía pueda ser próspera. Las mejores empresas del mundo han perdurado en el tiempo gracias a la confianza que los consumidores han depositado en ellas por su excelente producto o servicio año tras año. Simplemente, ¿cuántas grandes empresas de prestigio de hoy, en porcentaje, ya existían en la época de Franco?

    En la España democrática, y en comparación a Francia, Alemania y UK, a día de hoy, el PIB per cápita en PPA, no supera el 67% del medio de esas tres naciones, con lo que se ha producido el proceso inverso, el de la DIVERGENCIA: cada vez somos más pobres en comparación a los países más ricos del mundo (no digamos con respecto a USA). ¿A quién creían ustedes que benefició, pues, la entrada en la UE, antes CEE?¿Y la democracia? Efectivamente, a Francia, a Alemania, al UK, a USA, a nuestros políticos y sindicalistas, etc. ¿Y a España? No a España le «han dado» pero bien todos esos. Hoy, España, no está ni entre los 15 países más ricos del mundo. Pero, ¡claro!, hoy somos una democracia (ese ídolo abominable), y eso es lo único que importa, al menos eso dicen nuestros políticos a los que tanto se les vota y se les sigue votando, y se seguirá votando aunque nos traigan nuestra condena a muerte en sus bocas. La España democrática ha logrado situar el crecimiento económico medio acumulado en los últimos 45 años por debajo del 2% del PIB (más del 5% durante los 36 años anteriores, los de Franco), con un máximo durante el gobierno liberal conservador de Aznar, un poco más del 4,7% (y eso en buena medida tras su gran proceso privatizador o “desamortizador”, muy superior, aunque no tan grave de momento, al del infame Mendizábal y al del infame Madoz ambos en el s. XIX, (la «desamortización de Aznarzabal» cabría decir) que puso en manos de sus amigos ricos y de los enemigos de España las grandes empresas públicas de las que hoy solo disfrutan sus beneficios los políticos y sus «jefes» multimillonarios, que han desviado los dividendos del ahorro de impuestos a los pobres a las abultadas cuentas bancarias de los accionistas. Todo ello muy típico de liberales conservadores, nunca en paro, nunca sin un duro, nunca sin privilegios, nunca con Jesús, pobre y virgen, que no tenía donde apoyar la cabeza). Pero estamos en democracia, señores, y eso es lo que importa (libertad, libertad, chiquilla libertad). ¿Y qué decir de la tasa de paro media en estos 45 años? Pues miren un 15% y con trampas de maquillaje político «contable» (ocultación de decenas de miles de parados tras falsos cursos de formación, jubilaciones anticipadas, etc.). Y todo ello gracias a la reforma socialista de 1984, esa que creó un mercado de trabajo dual, el primario y bien retribuido para socialistas y comunistas amparados por sindicatos rojos y terroristas, y liberales y conservadores amparados por logias masónicas más o menos encubiertas, y el secundario, el de los salarios bajos, trabajadores temporales, las ETT, la «precariedad» y de los que no tenemos más adscripción que la de ir a misa, los castigados por rechazar furiosamente a aquél que proponía «Todo esto te daré si postrándote ante mí, me adoras». ¿Y qué decir de la deuda pública, hoy incontrolada? Mayor que todo el PIB anual, con poca capacidad de devolución futura y que pagaremos los más pobres en un futuro próximo, como siempre, cuando el Estado quiebre, se deje de pagar pensiones y nóminas a funcionarios y se suspenda el servicio de la deuda, y sus irresponsables generadores y saqueadores de España, los políticos, sindicalistas y depravados empresarios, se pongan a buen recaudo en exilio dorado del modo más completamente impune con compra incluso de jueces extranjeros para prevenir extradiciones (¿Recuerdan ustedes a Juan Negrín, a don Inda, a Diego Martínez Barrio, a Hidalgo de Cisneros, a Rafael Alberti, etc.? ¿Y actualmente Carlos Pico del Monte?. Pues eso). ¿Y esto lo va a cambiar VOX, los valientes demócratas de derechas (conservadores y liberales de toda la vida), con mayoría absoluta? JA, JA, JA, JA, qué chiste más bueno, de humor macabro, claro. La España democrática ha pasado de la «sequía pertinaz» de un año o dos, al desempleo forzoso pertinaz de por vida y sin posibilidad de solución (salvo victoria en nueva cruzada), es decir, al «hambre como arma política» de Lenin aplicada a la España actual, con el mercado de trabajo más rígido del mundo, que no de Europa, del mundo. Un mercado de trabajo dominado por caciques patronales señoritingos tipo Gil Robles y Alcalá Zamora (que buen partido sacan del chantaje a sus empleados y, sobre todo, de la barrera a la libre entrada en competencia que suponen las rigideces) y terroristas sindicales genocidas y marxistas tipo Largo Caballero y Buenaventura Durruti (ese asesino dinamitero asalta-bancos, colectivizador de lo ajeno hasta agotar hasta la semiente, juerguista revolucionario provocador de hambrunas infrahumano, etc., que decía a periodistas extranjeros no importarle convertir España en un solar de escombros, patrimonio histórico incluido, el colega de los que destruyeron Irún y otras muchas localidades en su táctica de tierra quemada, copiada por Stalin, cuando huían a la desbandada, motivo por el que Franco no prosiguió con la toma de Madrid hace ahora 83 años, y no otros esgrimidos embusteramente por propaganderos rojos y demócratas) en el que los parados tipo Adolf Hitler en Viena (el que se está construyendo ahora, otra vez), no tienen ni la más remota capacidad de influir, no estando nunca presentes en las negociaciones colectivas, instrumento terrorista de boicot a la vida de los outsiders, los más pobres. Pero esto es una democracia, y Hitler y Franco son «oficialmente» muy malos. En la España democrática el déficit público es recurrente, hasta tal punto que el superávit primario (exceso de ingresos sobre gastos públicos, de todas las administraciones, incluso de aquellas en manos de locos antiespañoles y desequilibrantes a más no poder) es engullido por los miles de millones de euros de intereses de una deuda incontrolada que solo redundan en bien de los más acaudalados, dueños de las participaciones en los fondos de inversión que invierten en renta fija (bonos, incluidos los basura de las autonomías, (una ruina para los más pobres, que solo pagan impuestos y ni huelen los intereses desmesurados por el riesgo de éstos), salvados por el Estado que avala a terroristas antiespañoles que se endeudan con ellos; obligaciones y letras del tesoro, repos, etc.), generando aún más deuda neta. ¿Se dan ustedes cuenta de que esto hace aún más regresivo el sistema tributario confiscador socialista actual que supuestamente estaba concebido para corregir las desigualdades de renta y riqueza y no hacen más que agrandarla?¿Cuantas décadas más necesitamos para rechazar la mentira de esos economistas keynesianos marxistas o liberal conservadores vendidos a las treinta monedas de plata de la democracia que nos dicen hasta reventar que los impuestos reducen la desigualdad, amparándose en la ignorancia respecto a la macroeconomía de la mayoría? En la España democrática, el éxodo laboral afecta muy mayoritariamente a personas altamente cualificadas y en una proporción creciente de la población, nunca antes conocido, con estancias y arraigo en el extranjero mucho más acusado que durante el régimen anterior. Pero esto es democracia y globalización, es decir, lo malo para España, lo bueno para fuera. La España democrática es un país estructuralmente muy endeble, con un sector construcción redimensionado a la baja (aunque construya las principales infraestructuras en el extranjero), un sector agrícola semi-público superviviente gracias a la Política Agrícola Común y sus subvenciones (incapaz de innovar y de sobrevivir sin ayudas públicas en su mayoría, para compensar su ineficiencia y falta de competitividad), un sector turístico que sobrevive milagrosamente a todos los ataques de boicot antiespañol y sindical, un sector industrial en franco retroceso y en vías de extinción, cada vez más subvencionado y en manos de capital extranjero y un sector servicios que es mayoritariamente el sector público que la opacidad de la corrupción nos impide calibrar. ¿Alguien puede creerse que solo existen 3 millones de funcionarios (muchos de ellos «de libre designación» y totalmente improductivos, pero muy onerosos) en España, entre todas las administraciones? Hoy, aproximadamente el 50% del PIB es controlado directamente por los gobiernos, central, regionales y locales. Es imposible cuantificar el control indirecto. España, como la mayoría de países de occidente, se encamina hacia su sovietización, sin ni siquiera mirar la catástrofe que esta deriva provocó, no ya en países comunistas, sino en los socialdemócratas países escandinavos. Pero a los liberales y conservadores esto les da igual, ellos buscarán amparo en la tierra y los dominios de Trump. La pobreza creciente «no es su asunto», nunca lo fue, salvo en las elecciones y sólo de boquilla. Sólo entonces se acuerdan de la tasa de paro que ni les afecta en lo más mínimo ni con el meñique quieren alterar liberalizando el mercado de trabajo. El sistema fiscal es requisatorio (ningún impuesto puede ser calificado de otro modo que de robo, y robar es pecado haga quien lo haga), regresivo en grado sumo (el tipo impositivo medio, cociente entre la carga de todos los impuestos y cotizaciones a la estafa de la seguridad socialista, dividido entre la renta neta de cada persona (incluyendo intereses de deuda pública para los que la tengan, los ricos) crece a medida que el sujeto evaluado es más pobre, hasta el punto de ser infinito en el caso de los que tienen una renta de 0 euros al mes y viven de la caridad), generador de privilegios (las deducciones sobre las bases imponibles y cuotas benefician siempre a los grupos de presión, los poderosos, sean cuales sean, nunca a los más pobres que no pueden contratar planes de pensiones ni deducirse por ciertas inversiones o donaciones), y, lo que es más grave, desincentiva el esfuerzo y la oferta de trabajo (desincentivo mayor cuanto menor sea el salario esperado del trabajo, por eso no se recogen las fresas ni las aceitunas), desincentiva la inversión y el emprendimiento, desincentiva la innovación tecnológica (crucial para el crecimiento a largo plazo y el bienestar material), desincentiva el ahorro (ya me dirán ustedes lo que vamos a crecer en las próximas décadas si todo sigue igual, si seguimos siendo conservadores fiscales), distorsiona las decisiones económicas e incluso la elección de profesión, genera ineficiencia a todos los niveles, e incentiva los sobornos, la corrupción, el «fraude fiscal» (incluso el de los manteros), la economía mal denominada «sumergida» (la verdadera economía normal y valiente, sin rendir tributo a bandidos de la hacienda), la fuga de capital a «paraísos fiscales» (ojalá España lo fuera), Gibraltar incluido (¿realmente interesa recuperarlo a los ricos conservadores y liberales?¡ni de coña!), y, si Dios quiere, la insumisión fiscal (¿no la había a la hora de defender España haciendo la mili?), que es lo que habría que atreverse a llevar a cabo para contener tanto despilfarro y chiringuito o pocilga de delincuentes, pues no deberíamos dejarnos robar y hay que acabar con esta sangría arbitraria de mangantes sin escrúpulos (quien quiera un bien público, que pague su precio o su tasa, (bajos y de alta calidad si hay adecuada competencia libre y limpia) y quien quiera impuestos que los pague de su bolsillo, donando libremente su cuantía, eligiendo libremente periodicidad y destino, y no exigiendo hipócrita y fariseamente a los demás que paguen más, queriendo ellos pagar menos o sugiriendo que si no se les obliga, no pagan, como si fueran niños. Si tantas personas están a favor de pagar impuestos, ¿qué problema hay en suprimirlos y sustituirlos por donaciones voluntarias, tanto monetarias como en especie, es decir, horas de trabajo, activos, bienes, etc., libres en cuanto a cuantía, periodicidad y destino? ¿O es que queremos que paguen los demás más y nosotros beneficiarnos pagando lo mínimo? Con unas donaciones del 10% del PIB, el diezmo estatal, sobraba para las necesidades de todos sin generar privilegios, y, además ya va siendo hora de ser responsables y no irresponsables bajo el yugo paternalista del gobierno de ladrones y corruptos de turno, que son los que han de pagar, tras Causa General, los desmanes que han provocado en cuatro décadas). Y la España democrática ha dejado de ser un mercado único, donde todas las empresas y ciudadanos estén sometidos a las mismas leyes. La legislación, de una obscenidad arbitraria repugnante, obedece a las cesiones de los ladrones en el poder nacional o regional, con su ejército de policías fiscales y armados al servicio, no de España y de los españoles, sino de la checa tributaria nacional o regional que paga sus nóminas. Y todo ello con una incertidumbre creciente que en nada beneficia a las empresas que aún quedan en pie y con una estigmatización de los pocos empresarios ejemplares católicos que no se someten a la dictadura democrática progre marxista con connivencia liberal conservadora y que incluso son criticados por donar caritativamente en bien de la sanidad de los más pobres (sin alardear de ello, como buenos católicos, y denunciados públicamente por los enfermos de odio y envidia que, no haciendo más que el mal contra los más pobres, no pueden soportar que alguien sea bueno en el sentido cristiano del término, aunque el tiro les salga por la culata al comprobar que la gente no es tonta y, por lo tanto, acaban haciéndole una publicidad estupenda sin coste para el donante no fariseo). Hoy, por desgracia, la confianza en las empresas apenas existe, los empresarios no son de fiar en su inmensa mayoría. Buscan el pelotazo incluso con subvenciones, concesiones públicas, contratos y dinero público, que constituyen, cada vez más su principal fuente de ingresos. La economía de las empresas ha derivado en el cortoplacismo del chiringuito y en el desprecio por la honradez, la honestidad, el producto de calidad y el buen servicio al cliente. Y no digamos ya el desprecio que se tiene por la conducta moral, propio de auténticos mercaderes sin escrúpulos. Se busca, con cada vez más frecuencia, engañar con la publicidad y desaparecer con el botín robado. En fin, ¿qué pensábamos que era la democracia? ¿Cómo era aquella canción de los Ronaldos en la que nos lo decía a la cara…?

  17. H. R. Pacios says

    RÉGIMEN CATÓLICO AUTORITARIO DE FRANCO FRENTE A DEMOCRACIA. LO MORAL Y LO MATERIAL. EL QUE TENGA OJOS QUE VEA. PARTE 4.

    14º En la España de Franco, surgió una maravillosa sanidad pública, con construcción de los mejores hospitales de los que hoy gozamos (entre los mejores de Europa), con los mejores profesionales salidos de entre las mejores facultades de medicina y enfermería. Una sanidad, en consonancia con la de aquél período, pública, eficiente, moral y responsable, financiada con los ingresos públicos de empresas estatales o públicas. Una sanidad de todos y para todos, independientemente de dónde se viviera. Una sanidad en la que los cirujanos y médicos se dejaban la vida en salvar la de los demás y en curar a los enfermos, fueran estos quienes fueran, viniesen de donde viniesen. Era una sanidad que no era ajena a la investigación médica que generó bastante para los pocos recursos con los que entonces se podía contar. Una sanidad en la que las ETS, las enfermedades mentales, las intoxicaciones etílicas y los afectados por sobredosis de drogas, y otras muchas más enfermedades hoy comunes, por desgracia, suponían un porcentaje ínfimo de los pacientes tratados. Una sanidad en la que la negligencia médica era muy poco frecuente debido a la alta exigencia que requería el ejercicio de la profesión. Una sanidad que contaba además con una demanda mucho menor a la actual por parte de la población, pues los hábitos de vida de los españoles de entonces eran de los más sanos, sino los más sanos, del planeta (alimentación sana y equilibrada propia de la “dieta mediterránea”, ejercicio habitual en todos los niveles de población con mucho menos sedentarismo, mucha mayor castidad, ausencia total de drogas al margen del tabaco y alcohol (que tenían claramente menor incidencia que hoy), medio ambiente mucho más limpio de contaminación, mayor seguridad a todos los niveles, salvo quizá en el de los accidentes de tráfico o laborales, mayor comunicación y alegría entre las personas en todos los ámbitos, soledad mucho menor, stress mucho menor, muchísimo menor incidencia e enfermedades mentales y depresiones, etc.). Una sanidad moral completamente ajena al aborto, la eutanasia, la manipulación de embriones, los «vientres de alquiler», la «planificación familiar», los anticonceptivos o abortivos, etc. Una sanidad ajena a las multimillonarias industrias de la muerte asociadas a lo anterior. Una sanidad en la que no se abusaba de los medicamentos, porque se necesitaban menos que hoy, y en la que no se mercadeaba con ellos y las farmacéuticas a cambio de incentivos monetarios, aunque sean mero placebo. Una sanidad que aprovechaba las economías de escala en el aprovisionamiento de material médico y quirúrgico (costes medios decrecientes con el volumen de provisión), en el aprovisionamiento de material sanitario y de suministros, etc. Una sanidad con información sobre el historial médico del paciente reservada y para emplear con fines sanitarios en exclusiva, que no se vendía ilegalmente para financiar la sanidad. Una sanidad que curaba sin hacer esperar en la mayoría de los casos. Una sanidad en la que el médico (don o doña) no solo era querido, respetado y admirado en todo lugar, donde se le consideraba autoridad, como se debe, sino que siempre recibía regalos de personas agradecidas dados con todo el corazón y humildad de quien se sentía realmente beneficiado por su impagable labor.

    En la España democrática son norma en la actual sanidad pública: las listas de espera gigantescas y crecientes, los pacientes que se mueren esperando en urgencias y esperando operación, los profesionales médicos buenos hiper-estresados, el despilfarro de recursos sanitarios y médicos, el trapicheo con medicamentos entre farmacéuticas y profesionales en centros sanitarios y hospitalarios, a cambio de comisiones, los servicios sobresaturados (con atención a extranjeros ricos ingleses, alemanes, escandinavos, franceses, etc., sin pagar un puñetero euro, y con atención a extranjeros pobres que pagan aún menos y que proceden mayoritariamente de África, éramos pocos y parió la «aguela»), las huelgas de personal sanitario, mortales para muchos pacientes, los pleitos por negligencia médica (hasta el punto de que no operan si el paciente no firma un «cheque en blanco» que exime de responsabilidad a cirujanos y demás personal, cosa que jamás existió antes ante ninguna prueba y mecanismo de señalización claro de la degradación de la calidad de la atención pública sanitaria, la de los pobres que no pueden financiarse una sanidad como Dios manda, la privada en competencia por el mejor servicio), la solidaridad impuesta que implica: que el casto ha de sufragar en igual medida los gastos de los tratamientos por ETS en igual medida que el putero, la puta voluntaria, el promíscuo, el adúltero, el homosexual y el degenerado de todo tipo; el abstemio que no fuma ni consume ningún tipo de droga ni ha consumido jamás, ha de sufragar en igual medida esos gastos multimillonarios que, ceteris paribus, y en base al incremento de probabilidad de padecer quiebras en la salud, incrementan la factura sanitaria por drogadicción, tabaquismo, alcoholismo, etc.; el conductor prudente ha de sufragar los gastos millonarios de los hospitales que tratan a los accidentados locos y locas fumados y con la nariz de aquella manera de esnifar coca que no les importa matar a una familia entera poniendo su coche a 200 km/h por las autovías; los responsables y prudentes, los que no arriesgan su salud estúpidamente, han de sufragar los gastos millonarios sanitarios de aquellos que no hacen otra cosa que poner en riesgo su salud irresponsablemente sin ningún tipo de consideración para con los demás, incluso para los que los quieren (padres, esposa o esposo, hijos, amigos, etc.); y un larguísimo etcétera. Pero, claro, señores, esto es una democracia, no vayamos a hacer lo que los «fascistas» “capitalistas” de USA, cuya sanidad es privada y cuyos seguros privados mandan a tomar por saco a todo aquel que no cuida su salud responsablemente (como debería ser para corregir su comportamiento, disciplinar a la población en la responsabilidad y cuidado personal y desincentivar hábitos nada saludables para uno y para los demás, familia incluida, individualizando la responsabilidad y no haciendo pagar a justos por pecadores). No vaya a ser que logremos una sanidad privada que esté a la cabeza en investigación médica y farmacológica, como esa «malvada» y avariciosa sanidad useña que gana miles de millones (aunque se nos oculta que la mayoría de tratamientos y fármacos que salvan miles de millones de vidas vienen de allí, y no de la ex-URSS ni de los países escandinavos semi-soviéticos, eso no interesa decirlo). ¿Y qué decir de los gastos de aprovisionamiento? Pues que se los quedan una legión de enchufados de las 17 sanidades que hay en España, que esos cobran nómina sin esperar listas ni urgencias ni nada, aunque no den palo al agua. 17 «ministros» de sanidad con sus «equipos» cada vez más numerosos, que dan votos, ¿no era como para fusilarlos a todos?. En fin, Misericordia, Señor, Misericordia y Paciencia sin fin. El despilfarro administrativo y la corrupción, no tiene parangón. Y si presumen de que tenemos una sanidad de las mejores del mundo, mienten como hijos de perr…. Lo que tenemos es la mejor población paciente del mundo, la menos insana aún (en porcentajes) respecto a los demás países salvo alguna excepción, por los hábitos que hemos heredado del pasado, que si no… Pero la situación se degrada cada vez más. Y respecto al aborto, eutanasia, manipulación de embriones, «vientres de alquiler», operaciones de transexuales con cargo a todos los normales y demás desgracias, para qué hablar. El respeto al personal sanitario ha desaparecido en buena medida. Las agresiones a médicos, enfermeros, cirujanos, etc., son algo habitual. Los profesionales gozan de una confianza en caída porque ya no hay certeza de que defiendan la vida. Muchos parecen defender su nómina y no dudan en colgar la bata en hospitales e irse a remunerativas clínicas a exterminar bebés nonatos. Y en cuanto a la psiquiatría, vergonzosa en democracia. Los psiquiatras demócratas eliminaron la homosexualidad entre la lista de enfermedades por presión de poderosos lobbies invertidos y antinatalistas y no por consideraciones científicas. Cada día más parecida a esa psiquiatría que en la democrática Alemania comunista, la RDA, encerraba en manicomios a los no comunistas declarados, y en la URSS tildaba de locos a todos los disidentes como Sajarov, Solzenitsin, etc. Y si a las consideraciones morales en favor de la vida o criminales en favor de la muerte, añadimos las políticas, ¿para qué hablar de la intoxicación enloquecida de odio en la región catalana o vasca, que afecta también a los centros de salud y hospitalarios?¿Podemos confiar en que si tenemos la desgracia de padecer allí un accidente o enfermedad, nos curarán?¿O debemos sospechar que se nos practicará una eutanasia forzosa silenciada y promovida por los políticos rojos y antiespañoles, por ser «maketos» de «raza inferior» nietos de los que penetraron su cinturón de hierro «de castidad antiespañola» obligándoles a sus abuelos impotentes en Villareal (Álava) ante los contados de Alonso Vega, a rendirse tras su «valiente» defensa de Santoña, o por hablar la «lengua de las bestias», de los que entraron en Barcelona con Te Deum y Cara al Sol generalizado incluidos, liderados por Yagüe, García Valiño, Moscardó, Muñoz Grandes, etc., obligándoles a huir con diarrea generalizada al otro lado de los Pirineos, o por ser partidarios de no dar la independencia a su región o por no poder entendernos con ellos por no hablar su lengua regional y ellos obstinarse en no atendernos si no lo hacemos? En fin, como estamos en democracia todo esto es normal. La democracia es la prostituta de Babilonia del comunismo y fruto de su amancebamiento surge el anticristo. Si estuviésemos en una dictadura como la de Franco ó Hitler, los que hoy mandan y han provocado todo esto estarían en el exilio lejano de un gulag siberiano (como «El Campesino» y los pilotos rojos allí entrenados y encarcelados), en uno de esos campos de reclusión de bestias infrahumanas rojas bajo el título «Arbeit macht Frei», en un campo de concentración a la intemperie y comidos por los piojos en el sur de Francia, en Guantánamo, en hospicios de hambrientos como los del corrupto huevón comemierda y marxista mejicano ladrón de críos Cárdenas, etc. La democracia premia al malvado y castiga sin límite al bueno, porque la mayoría prefiere a Barrabás.

    15º En la España de Franco, y para que no se diga que todo fue bueno, teniendo en cuenta la época y lo que entonces se sabía a nivel científico económico, surgió, como contrapartida para ganar el aprecio de la población y del exterior, esa estafa piramidal que se ha dado en llamar erróneamente Seguridad Social (SS) (porque ni es segura, puede quebrar, ni es social, sino socialista, despilfarradora, arbitraria por generar privilegios, chantajista y, por lo tanto, mala). No obstante, ésta, jamás se convirtió en un fondo para sostener corruptos, vagos y maleantes y jamás presentó déficit en tiempos del católico caudillo. Se reducía, aparte de la sanidad, a otorgar prestaciones muy modestas, pero generalmente suficientes, a personas accidentadas o enfermas (desincentivando prolongar artificialmente las bajas laborales), viudas, personas incapacitadas y jubilados (con una esperanza de vida al nacer de las más altas del mundo o la que más, pero asimilables después de trabajar hasta los 65 años, pues, entre otras cosas, entonces nacían muchos más niños y niñas y se formaban muchas más familias católicas, pilar de todo lo bueno del mundo). La SS fue una concesión que los poderosos hicieron a los pobres a partir de finales del s. XIX, para evitar que estos, dada su gran ignorancia generalizada, se dejasen engañar por los marxistas, pero también fue un engaño en sí, porque lo que los jubilados ganaban, era lo que perdían sus hijos (sistema de reparto), no la bondad aparente que querían hacer ver los poderosos sobre su actitud hacia los demás. Fue y desgraciadamente es la institución más representativa de lo que se conoció falazmente como «Estado de Bienestar» (mal y estafa solo eludida parcialmente por USA, donde no cuajó hasta bien entrado el siglo XX, con FDR). Sus efectos sobre familias no han sido, para nada, netamente positivos, ha fomentado el desentendimiento con respecto a los mayores, un chantaje intergeneracional continuo y coactivo (llamado por progres y liberal conservadores, no de modo desacertado: “solidaridad”, esa palabra farisea, materialista y de políticos que ha contaminado incluso a la Iglesia Católica sustituyendo a la cristiana Caridad que Jesucristo nos enseñó y que ahora produce vergüenza pronunciar a los falsos creyentes), una bomba de relojería para las finanzas públicas, una puñalada para el crecimiento de la renta per cápita a largo plazo, crucial para salir de la pobreza, una mayor deshumanización materialista que ha enfrentado a padres e hijos desviando la agresividad fuera de los causantes reales de este mal socialdemócrata y liberal conservador, los políticos, una mayor actitud irresponsable y despilfarradora por parte de los individuos, un egoísmo creciente, una estúpida confianza en el paternalismo estatal (letal para todos) que ha llegado a hacernos creer que el Estado lo ha de «solucionar» todo, incluyendo nuestro ahorro (“el gobierno debería,…”), que ha venido a «sustituir» a Aquél en quien deberíamos confiar en exclusiva, Jesucristo Nuestro Señor (Sí, Jesús en Ti Confío), el que aún maldiciendo el suelo por nuestra causa nos manda buenas cosechas y ganado para que comamos en abundancia, que ahora resulta incómodo para muchos.

    En la España democrática la SS no ha parado de crecer, hasta suponer la principal partida de ingresos y gastos del sector público en porcentaje del PIB, sobre todo en períodos de gobierno izquierdista. Aparte del gasto asistencial anteriormente citado, excepción del sanitario, hoy se pagan pensiones mucho más generosamente atendiendo a los hechos causantes (genera derechos para personas no casadas y amancebadas que sufren la muerte del otro (incluso aquél con el que se sodomizaban), aunque no genera derechos para hermanos o hermanas, tríos, cuartetos, bandas de rocanrol y Rita la cantaora, etc.) y a la corrupción generalizada en sus concesiones (como medio puramente electoralista). Ya no se premia la formación de familias católicas, verdadero motor de cotización, vía descendencia. Los antiguos cupones han sido sustituidos por crecientes y asfixiantes cotizaciones hábilmente disfrazadas por políticos socialdemócratas con la complicidad pasiva de liberales conservadores. A la cotización del trabajador hay que sumar la denominada engañosamente cuota patronal, aunque el coste laboral se traslada totalmente al trabajador vía salarios netos inferiores, o bien, menor contratación y mayor temporalidad en la contratación, o se traslada totalmente a los desempleados vía tasa de desempleo mayor y más persistente en porcentaje (histéresis) y menor porcentaje de población activa por efecto desánimo (todo según el poder de negociación terrorista sindical y patronal), pues como todo el mundo sabe, el coste al que el empresario demanda trabajo (la demanda de trabajo) es la suma del salario bruto, la cotización «patronal» y el coste esperado (estimado e incierto) de despido «improcedente», creciente este último con la incertidumbre y con la antigüedad del empleado en la empresa. La SS es verdaderamente ruinosa para el empleo, el crecimiento a largo plazo (efecto devastador sobre el ahorro), la paz entre personas, la generación de riqueza y si aún no ha quebrado es porque la población extranjera ha mantenido la recaudación por cotizaciones extras (especialmente, cuando a finales de los noventa, con la institución literalmente en quiebra, y tras promesa de salvación de este socialista sistema de ruina chantajista por parte del liberal conservador, siervo de mercaderes, Aznar, más de 4 millones de extranjeros empleados mayoritariamente en la construcción, vinieron con sus familias y lograron restablecer el equilibrio temporalmente, posponiendo al futuro la quiebra inevitable). Hoy la SS ha acumulado una hipoteca inasumible para las generaciones futuras (inflada por la irresponsabilidad demencial de políticos de uno y otro signo que pretenden incluso dinamitar anticipadamente el sistema con subidas de acuerdo al IPC del pasado, siendo la actitud del Banco de España a favor del sistema socialista de reparto no menos descerebrada y servil al político poderoso, proponiendo una edad de jubilación más tardía y menor generosidad en incrementos (base de cotización menos favorable para el jubilado, al incluir los años de desempleo y los de menor cotización), ellos, funcionarios corruptos, elegidos a dedo e ineptos que ganan mucho en A y en B y no se suben a andamios ni barren las calles. Hay que ser fariseo fiel a los banqueros irresponsables, incluso los “banqueros políticos de todo jaez” de las antiguas cajas de ahorros, sus protegidos, que en base al riesgo moral generaron la mayor crisis financiera de la historia, para defender el ruinoso sistema actual de pensiones), mucho menores cuantitativamente que las actuales y crecientemente conscientes de su no responsabilidad por el dinero saqueado a sus padres y abuelos, con una disposición cada vez menor a pagar la factura de la irresponsabilidad marxista y liberal conservadora en la democracia. Además, la SS difícilmente puede ser «salvada» mediante la «africanización» de España, por personas inmigrantes que ni saben hablar nuestro idioma, no saben escribir ni leer, no tienen cualificación alguna para desempeñar un trabajo serio más allá de los ilegales (narcotráfico, tráfico de personas, prostitución y todo tipo de delincuencia y crimen), no han adquirido disciplina laboral alguna en el pasado, no respetan la ley ni las costumbres ni a las personas, especialmente a las mujeres, ni a las propiedades y que además ponen en peligro aún mayor la convivencia que ya resulta imposible con antiespañoles, marxistas y liberal conservadores cómplices de los anteriores por razones electoralistas. Por su parte, la UE, dueña de buena parte de nuestra soberanía, dudosamente accederá a pagar pensiones de españoles, salvo a un coste completamente inasumible para quien aún defienda la poca dignidad internacional que nos queda, sobre todo en base a nuestra gloriosa e incomparable historia, herencia impagable. La quiebra ordenada de la SS debería ser asumida en Causa General en primer lugar por las pensiones de los antiespañoles vascos (los que más cobran de media y a los que hay que privarles de ellas por el daño hecho a nuestra patria) y catalanes (que deberían, todos ellos, sufrir la suspensión del pago de sus pensiones lo antes posible, embargándoseles además todo tipo de activos inmobiliarios, empresas, activos financieros, cuentas, depósitos, fondos, joyas, obras de arte, etc., a modo de indemnización por daños a todos los demás españoles durante más de un siglo), siguiendo por los marxistas (socialistas y comunistas) y por los liberal conservadores afiliados y con responsabilidades políticas en los últimos 45 años. Los activos recaudados de este modo, han de satisfacer un pago a todos los cotizantes, jubilados o no, capitalizado en función de lo cotizado a fecha de liquidación y de la esperanza de vida media (y teniendo en cuenta una posible penalización progresiva, menos lesiva para los más pobres, así como los períodos de baja laboral, desempleo y subsidios de desempleo previamente cobrados, que restarían a la base para el pago por capitalización y liquidación del sistema), para desvincular definitivamente el ahorro personal de las decisiones públicas, catastróficamente irresponsables. Desde luego, aunque nos sigamos «suicidando» con una democracia, no es matemáticamente viable un sistema de reparto de pensiones (y tampoco un sistema de capitalización, aunque éste sea menos dañino para el crecimiento económico a largo plazo. Ninguno garantiza la gestión libre y responsable del ahorro personal, y mucho menos una gestión responsable de los políticos desquiciados en busca de votos. Aún si la quiebra afectase a los que vivan de aquí a 30 años, sería muy perverso cargar sobre ellos los desmanes de políticos de generaciones presentes y anteriores). Y tratar de mantener el actual sistema socialista de reparto de pensiones con eutanasia forzosa, como hoy se lleva a cabo en países como Holanda, es algo totalmente intolerable y que hay que evitar incluso con una sublevación armada como la llevada a cabo por los católicos en 1936 (la eutanasia forzosa para sus valedores comunistas, socialistas, socialdemócratas, liberales y conservadores, nunca para católicos).

    Por su parte, el problema de la redistribución de la renta solo puede ser paliado de modo eficiente con libre y limpia competencia, sin privilegios. Negarlo es engañar. Ningún ser humano es inservible y todo el mundo puede ganarse la vida de sobra con su esfuerzo y valía naturales, prueba de ello es que hoy, más que nunca, los ciegos, los sordos, los que tienen que mantenerse en silla de ruedas, los mancos o cojos, las personas autistas o con síndrome de Down, etc., pueden ser excelentes profesionales en muchas actividades sin precisar el paternalismo estatal que solo conviene a políticos satánicos y desalmados a los que interesa la dependencia como modo de esclavitud electoralista. Para eso no les conviene aquello que aquí si es verdad y que tanto gritan entre sus secuaces: ¡Sí se puede!. No obstante, todo esto es muy difícil de lograr con democracia. Se requiere una auténtica dictadura católica de mano de hierro para revertir esta situación crecientemente catastrófica

    16º En la España de Franco, los jueces gozaban de una independencia mucho mayor a la de hoy, pues no había política en el sentido de gobierno y oposición. Los tribunales procedían con una gran profesionalidad según reconocieron no pocos jueces, fiscales, abogados y juristas con posterioridad. La justicia no era mediática ni estaba politizada, sino profesionalizada. Los delitos eran mucho menos numerosos, y por tanto también los juicios, salvo al final del régimen por presiones exteriores violentas favorables al indulto de los asesinos etarras. Y los indultos totales o parciales a las sentencias judiciales fueron mucho más numerosos que las condenas. La corrupción era una excepción (insignificante en proporción a los escándalos actuales, con condena contundente de responsables, fueran estos quienes fueran, incluso ministros. Franco no se andaba con chiquitas en este sentido. La dictadura de extrema derecha hace temblar a los malvados, no a los inocentes). Además, los abogados asistían gratuitamente a las personas sin recursos con frecuencia, del mismo modo que los médicos curaban a veces sin cobrar. Pero era una España católica, amigos, no como hoy, que es atea a más no poder, como “buena” democracia. Y ese precisamente es el origen de todo tipo de males del mundo. Pero seguimos rechazando al Señor. ¿Hasta cuando? Por otra parte, la policía, tanto nacional, como local, y la guardia civil, tenían un nivel de eficiencia en el servicio enorme. Se les achacaba su implacabilidad, pero las personas honradas nada tenían que temer de ellos y sí los pocos delincuentes de entonces. Su actuación era especialmente dura en cuanto al tráfico, pero el hecho es que esa dureza redundaba en un mayor respeto por las normas de circulación y, claro está, en una mayor seguridad general. Y aunque algunos se extralimitaban en sus atribuciones legales, tampoco estaban exentos de duros apercibimientos cuando eran hallados culpables. Como se solía decir, Franco no se “casaba” con nadie, no tenía favoritos (les aseguro que esto lo oí de boca de mandos militares que vivieron en su régimen).

    En la España democrática no hay jueces propiamente dichos. Se trata de políticos con toga que presiden auténticos tribunales populares con sentencias claramente políticas, exculpatorias o condenatorias según las presiones recibidas por parte del Ejecutivo y de la arbitrariedad generalizada de la ley, cuyas lagunas, solo los más acaudalados pueden aprovechar. Los principales órganos judiciales: Tribunal Constitucional, CGPJ y Tribunal Supremo, están liderados por políticos de libre designación, que no por juristas en base a mérito, profesionalidad e independencia política. Y los tribunales europeos e internacionales son mucho más corruptos aún. La corrupción es creciente y sin límite moral alguno. El indulto, la amnistía y la impunidad son norma para el corrupto, el criminal, el delincuente y el malvado. La condena y persecución judicial son norma para el honrado y aquél de recto proceder, especialmente si es católico y patriota español. Y los pobres ven cada vez más cerrado el camino al pleito aún con todas las de ganar por tener razón, pues entre otras muchas barbaridades, no es posible defenderse o acusar sin abogado, bastante costoso, por otra parte. Los juristas monopolizan el acceso a las causas sin que los no abogados no puedan demandar ni defenderse ante el juez por propia iniciativa en cualquier nivel judicial. ¿No son las leyes igual para todos? Como si no pudiera uno cambiar el enchufe o la llave de la luz de su casa sin llamar a un electricista, o cambiar de batería al coche sin acudir a un taller, etc.. Vergonzoso. Pero, claro, esto no importa, lo importante es que estamos en una democracia, manda el «pueblo», es decir la tiranía de la mayoría. Esta es la justicia de la democracia: ministros de justicia maricones (lo dicen sus compañeros), jueces puteros, “putas con información vaginal”, enchufados, cocaína, cabarets, mariscadas, borracheras y hambre leninista como arma política que golpea la cabeza del enemigo, el pobre católico y español, el Lázaro de turno a la puerta de Opulón demócrata. Luego el llanto y el rechinar de dientes… Y en cuanto a la policía, primero constatar que en democracia han surgido unos policías autonómicos privilegiados (otra fuente de división) en cuanto a sueldos con respecto a sus compañeros nacionales y que siempre recurren a éstos ante las mayores dificultades, dada la mayor profesionalidad de los segundos. Las policías autonómicas no han pagado jamás el tributo en muerte y sangre de sus homólogos nacionales, guardias civiles y militares en su lucha (si es que en realidad han luchado, pues están completamente subordinadas a sus pagadores antiespañoles) contra ETA y otras organizaciones terroristas. Los policías nacionales, así como los guardias civiles, tienen que soportar en democracia la humillación continua de verse peor retribuidos que los autonómicos, de tener que hacer el trabajo más peligroso, de verse despreciados, agredidos, insultados, desprotegidos por las alimañas políticas regionales y nacionales, y amenazados en las regiones vasca y catalana fundamentalmente (donde no se le respeta ni a sus familias, pequeños incluidos), con las manos atadas para defenderse y acabar con el antiespañolismo y el terrorismo (que quizá nunca convino ni a unos ni a otros políticos, mientras la factura en vida la paguen los agentes), con la continua amenaza de ser llevados al tribunal acusados falsamente de torturadores ante cualquier violencia proporcionada o mínima y en defensa propia contra los delincuentes y asesinos, con la obligación de escoltar incluso a los políticos que les desprecian y maltratan continuamente, etc. No dan abasto ante tanto desorden, delincuencia, crimen, narcotráfico e ilegalidad. Y encima han de soportar a mandos completamente subordinados al poder político de turno y su correspondiente corrupción. Pero así es la democracia: guardia civil y policía nacional asesinado o agredido por terroristas y delincuentes al cementerio o al hospital, terrorista y delincuente, a la calle a beberse unos buenos zubitos en las herrikotabernas de subhumanos antiespañoles.

  18. H. R. Pacios says

    RÉGIMEN CATÓLICO AUTORITARIO DE FRANCO FRENTE A DEMOCRACIA. LO MORAL Y LO MATERIAL. EL QUE TENGA OJOS QUE VEA. PARTE 5.

    17º En la España de Franco no existían partidos políticos ni sindicatos en el sentido estricto de la palabra. El 19/04/1937, en plena Cruzada, el Generalísimo suprimió todos los partidos de derechas (los de izquierdas eran ilegales y sus líderes enjuiciados) anteriores al 18/07/1936, es decir, la CEDA, Renovación Española (aunque éstos se integraron todos en el denominado “Requeté”, es decir, los tradicionalistas católicos herederos del viejo Carlismo), Partido Nacionalista Español (el del asesinado Albiñana), Partido Radical de Lerroux, etc., fundando la Falange Española Tradicionalista de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista (FET de las JONS), bajo su caudillaje, a la que se le conoció con el nombre de “Movimiento Nacional”, no pudiendo calificarse como partido político pues no era facción en oposición a otras. Se trataba de eliminar las facciones que tenían como factor común luchar por la tradición católica y por la misma unidad de España, luchar contra el comunismo, así como por su no subordinación a la Komintern, ni a ningún poder extranjero. Esta acertadísima unidad la logró Franco con muy poco daño (solo supuso la encarcelación de Hedilla, inocente y “cabeza de turco”, pero sirvió para disuadir cualquier voz discordante en plena guerra que hubiese podido entorpecer la victoria). En cuanto a la ideología que se impuso en la España de Franco, cabría calificarla de tradicionalista y patriota, con extremado rechazo al marxismo en todas sus clases y con devoción grande al Catolicismo. Los sindicatos fueron proscritos y sus líderes depurados, generando una extraordinaria seguridad jurídica vital para el crecimiento económico estable y a largo plazo. Los denominados “sindicatos verticales” no eran más que comités de empresa que pretendían resolver todo conflicto laboral sin recurrir a tribunales, y su éxito fue enorme, pues tanto trabajador como empleador, veían razonablemente defendidos sus intereses materiales, aunque por desgracia sería terreno en el que posteriormente crecería la “semilla de la cizaña” de infiltrados comunistas y socialistas, que tanto daño han hecho hasta hoy. Prueba del acierto es el ridículo número de huelgas por año que se registró durante el régimen (solo elevado cuando ya se preveía el advenimiento de la democracia ante la debilidad física del caudillo y la actividad repugnantemente rastrera de los arribistas del poder). Siendo todo esto así, la intoxicación política era prácticamente inexistente, la población no estaba politizada y, por lo tanto, envenenada y enfrentada unos contra otros. Se sabía a qué atenerse.

    En la España democrática, los partidos políticos han envenenado la convivencia (ya imposible de por sí en todo tiempo y lugar, castigo por nuestros pecados) hasta límites que de seguir rebasándose es segura otra nueva guerra entre españoles. Desde 1976, los dos principales partidos políticos, el marxista socialista PSOE, enemigo declarado, desde su fundación, de la Santa Iglesia Católica Apostólica Romana y del Ejército (con un pasado criminal sin parangón en la Europa occidental, verdadero provocador de nuestra guerra como arma revolucionaria leninista. Legitimista a conveniencia. Aparte, responsable máximo de la catástrofe económica democrática desde que en 1982 accediera al poder e implantase el mayor régimen de corrupción de la historia de España) y el actual PP (del traidor a España, Manuel Fraga, y con los restos del partido del más traidor aún Adolfo Suárez, agrupaciones todas ellas cobardes cuyos líderes y seguidores renegaron del pasado, de Franco y de sus logros, siendo sus miembros fundadores, junto a los del PSOE, los principales beneficiarios del régimen franquista, continuista en la consolidación del actual régimen de corrupción) de corte liberal conservador y, posteriormente, socialdemócrata, han sido responsables (junto a sus malvados, irresponsables o estafados votantes) de todo el mal que se ha perpetrado como consecuencia de la política gubernamental, cada vez más intervencionista en todos los ámbitos de la vida, no solo el económico, siendo sus logros muy limitados y a un precio enorme en corrupción y degradación moral (aunque a ellos les va la vida en defender lo que llaman “derechos políticos”, es decir, la arbitrariedad, achacando a Franco su ausencia en su régimen). Y lo peor ha sido la continua hipoteca que la democracia ha generado respecto a los partidos políticos antiespañoles, vascos y catalanes principalmente, que han actuado con todo tipo de exigencias ante las que los gobiernos de España han cedido casi sin oposición hasta ahora, con grave quebranto para los españoles más pobres y en beneficio de los catalanes y vascos que nos odian sin más motivo que su enferma megalomanía y siempre han sido los más ricos de la nación. Por otra parte, la actitud de los sindicatos (siendo los mayoritarios del socialista de carácter asesino UGT y el comunista surgido clandestinamente en época de Franco y con apoyo eclesial según no pocas fuentes, CCOO) ha sido letal para la economía, un auténtico boicot terrorista para la prosperidad y salida de la pobreza, con un daño para los parados que solo puede calificarse de atentado masivo con completa impunidad. Los sindicatos democráticos rara vez han representado a más del 15% de los trabajadores (que contribuyen en su totalidad obligados a sufragar sus gastos, vía impuestos, es decir, robo, además de obtener dinero público con su corrupción), pero han impuesto, por medio de la terrorista negociación colectiva, unas condiciones laborales demoledoras que han hecho del mercado de trabajo español, el más rígido del mundo y aquél en el que resulta menos rentable crear empleo de todos los países avanzados. Y hoy las huelgas, mayores en un solo mes en algunas regiones que las habidas en el régimen anterior en una década, ya ni siquiera persiguen unas exigencias desorbitadas propiamente laborales (controladores aéreos, estibadores que no admiten competencia de parados de larga duración, maquinistas de metro, taxistas, etc.), sino que se llevan a cabo por motivos políticos, porque no toleran la llegada a los gobiernos nacional, regionales y municipales de partidos que consideran de derechas. Hoy los sindicatos son miembros de un oligopolio de terror que, en connivencia con las patronales (formadas mayoritariamente por empresarios incompetentes que solo sobreviven con barreras a la entrada en sus sectores y subvenciones multimillonarias), hacen imposible el pleno empleo, la libertad de elección de profesión, la libre e individual negociación empresa trabajador, la actividad de muchas empresas beneficiosas para el empleo y la riqueza del país, etc.. Los sindicatos son, junto a las patronales, organizaciones terroristas que tienen por finalidad impedir la libre y limpia competencia, sin privilegios, vital para que millones de personas salgan de su pobreza y se genere un crecimiento económico mucho más equilibrado, como ha demostrado la experiencia en innumerables países de economía de mercado. Y, como gozan de total impunidad y son respaldados por todos los gobiernos, generalmente no afectados por el desempleo, hacen imposible la convivencia con un mínimo de paz, envenenando de modo creciente a porcentajes de población cada vez mayores que ya no creen sus mentiras sobre su solidaridad y que se tomarán más temprano que tarde su venganza con su sangre si Dios no lo remedia, pues el engaño marxista y sindical no puede durar siempre.

    18º La España de Franco surgió como consecuencia de la victoria en una guerra jamás buscada ni por la población nacional, ni por sus líderes victoriosos. No fue la España patriota, tradicional y católica la que buscó la guerra, sino que millones de personas no vieron otro recurso que sublevarse o perecer exterminados por el otro bando (exterminados, que no es una exageración. Era el término intimidador que emplearon especialmente los socialistas contra las derechas, patriotas y católicos la inmensa mayoría de ellos). Y todo ello después de 5 sangrientos años de persecución, muerte, caos, arbitrariedad gubernamental, golpes de Estado fallidos y destrucción reconocida cada vez más por los historiadores serios y profesionales (a pesar de las amenazas y censuras). Ya desde la salida del poder del dictador Miguel Primo de Rivera (con cuyo directorio sí que colaboraron los socialistas como Largo Caballero), en enero de 1930, los socialistas, anarquistas y los minoritarios comunistas, se unieron a los señoritos republicanos muy minoritarios para implantar una república que creían que superaría el “atraso” que España tenía con respecto a los contados países más ricos que ella (ningún país africano, asiático, americano, con la excepción de USA, y oceánico era más rico y avanzado que España en aquél año y, la mayoría, tampoco lo es hoy. Y con respecto a los países europeos, solo UK, Alemania y Francia, así como algunos vecinos como Bélgica, Países Bajos, Suiza, Austria y poco más, podía considerarse más avanzado que España, y en la mayoría de los casos por poco). Siendo esto así, no dudaron en llevar a cabo una labor golpista violenta que se inició en diciembre de 1930 y que tuvo varios períodos especialmente graves: proclamación de la II República tras elecciones municipales ganadas en el conjunto de España por los monárquicos (con la pasividad suicida de éstos), inicio de la quema de conventos, monasterios, iglesias, escuelas católicas, patrimonio histórico de carácter católico, etc., con intimidación y agresiones a almas consagradas y católicos, un mes después, salvaje represión sangrienta de anarquistas en Andalucía y Cataluña, especialmente, por parte del gobierno republicano-socialista de Azaña, golpe de Estado armado y sangriento por parte de socialistas y comunistas y proclamación de la república Catalana por el histérico y enfermo mental Companys, en octubre de 1934, contra el gobierno ganador de las elecciones de noviembre de 1933, con muertos en más de 20 provincias y combates especialmente graves en Asturias, con más de 1000 muertos y miles de represaliados en cárceles, golpe de Estado electoral violento e intimidatorio, con manipulación de actas por parte de los miembros del Frente Popular (comunistas, socialistas, anarquistas y republicanos), que declaró ganador de las elecciones de febrero de 1936 al bando realmente menos votado, el del propio Frente Popular, golpe de Estado del Frente Popular contra el presidente de la República, Niceto Alcalá Zamora, verdadero promotor del Frente Popular y uno de los máximos responsables derechistas de la guerra, y, por último, proceso intenso revolucionario, terrorista y sangriento para traer la dictadura del proletariado a España a imagen de la existente en la URSS entonces, con asesinatos de centenares de católicos y patriotas, consagrados o no, en una espiral de venganza y revancha por reprimir el golpe bolchevique de octubre de 1934, destrucción masiva de patrimonio histórico y artístico católico y español, con encarcelamiento ilegal de líderes opositores (José Antonio Primo de Rivera, familia y líderes de Falange Española, Albiñana, etc.) y asesinato de José Calvo Sotelo que hicieron imposible y desaconsejable la paz por pasividad. Los partidos de izquierda, es decir, el socialista, el comunista, los republicanos de izquierda (ya muy amedrentados por sus compañeros del Frente Popular, como declararía Azaña) y los anarquistas, perpetraron un proceso revolucionario criminal que preveían les daría el triunfo fácilmente, pues solamente el PSOE tenía más afiliados que todos los afiliados a partidos de derechas juntos, siendo la CNT-FAI casi tan numerosa en afiliados como el PSOE ó incluso con más. Así, se veían triunfadores y pretendían aniquilar a las derechas, a la Iglesia Católica, a la propiedad privada, a las costumbres y tradiciones e instalar una suerte de comunismo todavía por dilucidar. Y para ello se unieron incluso a los antiespañoles vascos y catalanes, aunque éstos no ayudaron en el esfuerzo bélico a los rojos salvo actuando sin coordinación con ellos. Pero la España católica y patriota se sublevó y, con una desventaja clara inicial, supo sobreponerse y triunfar gracias a Dios.

    La España democrática actual, aparte de que llegó de la mano de procuradores franquistas de las cortes que Franco había reconstituido en 1942, de un modo pacífico, toma como modelo la España democrática de la II República (verdaderamente democrática, y por eso horrorosa). Pues bien, la II República fue un auténtico infierno no solo para los católicos y patriotas que sufrieron persecución desde el mismo mes de abril de 1931, si tenemos en cuenta las memorias de muchos de los que vivieron aquellos años desde las filas izquierdistas o rojas. Lo primero es que perduró una violenta disputa o guerra civil que ya venía de décadas atrás entre anarquistas de la CNT-FAI y miembros de la socialista UGT, con acusaciones mutuas de vendidos al sistema y pugna violenta por los apoyos de los trabajadores. Los anarquistas fueron masacrados por socialistas y comunistas antes de la Cruzada (recuérdese la violencia de pistoleros desde principios de siglo y los brotes violentos entre 1931 y 1933, que les llevaron a no apoyar a las izquierdas ese último año) y, durante ésta, con mucha mayor intensidad, especialmente cuando a partir de mayo de 1937, fueron sangrientamente eliminados en Barcelona, y posteriormente en Aragón por los de Líster. A su vez, los anarquistas no se quedaron cortos en su siega de socialistas de la UGT y comunistas, liquidándolos masivamente y de modo especial durante la Cruzada en tierras aragonesas antes de 1938. Los historiadores no han examinado minuciosamente cuántos rojos cayeron víctimas de su propia guerra civil interna. Solamente, Anthony Beevor se ha atrevido a decir que superaron los 2000, víctimas que se han atribuido malvadamente a las tropas nacionales por propagandistas marxistas y liberal conservadores. La II República nació lastrada por las reivindicaciones de los partidos marxistas, especialmente los socialistas, comunistas y la CNT-FAI, que hicieron, en buena medida, imposible la actividad en la agricultura y la industria, además de criminalizar a la España católica y ceder ante los antiespañoles vascos y catalanes. Se suele decir que la tan citada Reforma Agraria de Azaña era un excelente proyecto, solo que con décadas de retraso. Para 1931, el marxismo era tan fuerte, especialmente en el sur de España (tierra de latifundios desde la desalmada desamortización liberal del siglo anterior), que una reforma tipo Stolipyn era totalmente impensable, cosa de lunáticos soñadores. Casi ningún jornalero, ni familia sin tierra pensaba en tomar en propiedad su pequeña porción de hectáreas expropiada a terratenientes y producir por su cuenta, vendiendo sus excedentes en un mercado libre procurando sacar el mejor precio. La agricultura de economía de mercado era más impensable que nunca en aquél momento. Si un agricultor pobre del sur hubiese tratado de llevar a cabo lo que sus homólogos minifundistas hacían en el norte, hubiese sido inmediatamente eliminado por sus paisanos. En aquel contexto solo existía una demanda violenta creciente de aumento salarial instigada de modo incendiario por los sindicatos y partidos rojos sin ningún tipo de responsabilidad (los jornales rondaban las 2 pesetas diarias, eran discontinuos porque buena parte de la actividad agrícola es así en el sur de España, y apenas llegaban a la mitad del jornal medio en las ciudades, incapaces por entonces de absorber el excedente de población agraria) y el mundo se hallaba inmerso en los errores económicos que sucedieron a la crisis de 1929, con un comercio restringido incluso de productos agrícolas (los menos afectados, pero que acusaron la caída de la demanda), vitales para España. La subida salarial que los sindicatos, con mayor intensidad terrorista intimidatoria que nunca, lograban de modo transitorio hasta la siguiente ola de agitación (dada su insaciabilidad tratándose siempre de demanda de recursos ajenos), no producía más que un desempleo y miseria crecientes, con abandono incluso de explotaciones y huida de los propietarios, además de violencia y malestar crecientes que se tradujeron en ocupación de fincas, (con quema incluso de cosechas almacenadas), no para trabajarlas, sino para obligar a propietarios o al gobierno a ceder ante sus demandas salariales incontroladas e inasumibles. Así pues, fueron los partidos y sindicatos rojos los que, como siempre ocurre con los marxistas, se aprovecharon del “pueblo oprimido” no para beneficio del mismo, sino para alcanzar el poder engañándoles miserablemente. La Reforma Agraria era un sueño totalmente irreal y su calamitosa e irresponsable propuesta puso el primer peldaño para la catástrofe de 1936. Y en lo que respecta a la educación, no se puede atribuir a la II República, ni por parte de unos ni de otros, un intento de mejora, aunque muchos hoy expresen lo contrario. Para empezar, la labor educativa era o bien desempeñada por escuelas, institutos, liceos o universidades públicas, muy poco concurridas por los niños y jóvenes pobres, especialmente en los niveles mayores, como en casi todos los países avanzados y dotada con muy pocos recursos, o por religiosos católicos, más frecuentada por personas de humilde condición. Durante la II República se llegó a prohibir constitucionalmente la segunda, con lo que los más pobres no pudieron acceder a la educación, y, aunque la propaganda republicana hablaba de fundación de escuelas e institutos que en realidad no eran más que los de los expulsados jesuitas, franciscanos, marianistas, salesianos, etc., a los que se les había quitado crucifijos, imágenes de Jesucristo, la Virgen María y los santos y santas, y se les había dado un cariz ateo o laico, los republicanos y los rojos dañaron el patrimonio histórico, artístico y cultural, con la quema de bibliotecas de valor incalculable, y la propia educación más que nadie lo hizo jamás antes, procurando lo mismo que hoy se procura en la España democrática, adoctrinar en cada centro educativo, formar una opinión política, no educar (como pretendían ayer y hoy los de la escuela nueva de la institución «libre» de enseñanza, enseñanza sin Dios, es decir, engaño y estafa para hacer hombres y mujeres malvados y manipulables, de Fernando De los Ríos). De hecho han sido siempre enemigos de la verdad, ¿cómo no iban a serlo de la educación, institución casi en exclusiva católica durante la mayor parte de los últimos 20 siglos?. Además, los republicanos y los rojos, irritaron sobremanera a los mandos del Ejército que, jugándose la vida en África, se vieron privados de ascensos merecidos y separados del servicio por la más pura arbitrariedad política, como hoy, con promoción de los masones y rojos por razones de política y no de profesionalidad o méritos. Además, republicanos y rojos se opusieron al voto femenino, (especialmente grave pues de las 3 diputadas, todas rojas o republicanas, solo una, Clara Campoamor, fue lo suficientemente ecuánime para defender lo que sus compañeros republicanos y rojos le rebatían), prohibieron arbitrariamente medios de comunicación no socialistas ni comunistas ni republicanos (muy similar a lo que ocurre hoy vía subvenciones, que solo benefician a los medios de tal jaez), actuaron con total impunidad (indulto de criminales y delincuentes incluidos) contra los asesinos socialistas y comunistas y con una justicia cada vez más sectaria y prevaricadora contra los derechistas, hundieron la economía a base de huelgas revolucionarias indefinidas, intimidaciones de todo tipo, atentados, robos, delincuencia, asesinatos, palizas, etc., hicieron imposible la paz incluso declarando públicamente que si ellos no llegaban al poder se desencadenaría una guerra civil en la que media España, la católica, sería exterminada (palabras de varios miembros del PSOE), no respetaron la “legalidad” republicana (Franco sí la acató, tanto en 1931, como en 1932 con la sublevación fracasada de Sanjurjo, que no secundó, como en 1934, sofocando la revuelta genocida roja en Asturias y evitando así una guerra civil entonces, como en febrero de 1936. Aún a finales de junio, y presionado por Mola, Queipó y otros para sumarse a la sublevación por la que prudentemente no se decidía, escribió, como último recurso, a Casares Quiroga para que pusiera orden sin ningún resultado), no escondieron jamás sus intenciones de implantar en España una dictadura del proletariado como la de la URSS de Stalin, apelando a la guerra civil como arma revolucionaria, según lo aprendido por el propio fundador del PSOE, Pablo Iglesias, y por Julio Álvarez del Vayo en Suiza de las enseñanzas del propio Lenin (y del manifiesto comunista de Marx que promueve la violencia revolucionaria para implantar la dictadura del proletariado, es decir, la dictadura de los comunistas y socialistas), y, ya durante la guerra, desencadenaron con extrema crueldad una persecución anticatólica cual no ha habido en el mundo desde tiempos del imperio romano, con detenciones arbitrarias, amnistía para asesinos y delincuentes, encarcelamiento de inocentes por ser conocidos católicos y patriotas, torturas en checas con un sadismo desconocido en occidente, paseos o fusilamientos en las afueras de las ciudades y en la cárcel modelo de Madrid (con ametrallamiento de presos católicos y patriotas españoles indefensos), espectáculos esperpénticos con cadáveres profanados de cementerios católicos, milicianos vestidos con atuendo eclesiástico posando para fotógrafos extranjeros «fusilando» al Sagrado Corazón de Jesús en el Cerro de los Ángeles (Madrid), asesinatos de religiosos (unos 7000) y no religiosos (hoy se calcula que más de 72000 en total y subiendo, por 38000 represaliados rojos en la contienda y bajando) incluso de las más crueles maneras imaginables (arrojados a las fieras del zoo, agrupados por familias católicas en iglesias y carbonizados sin posibilidad de salir huyendo del fuego sin ser fusilados, descuartizados y echados a los cerdos, amputados y disparados en las piernas para hacerles morir lentamente y desangrados, toreados como los toros en las plazas, amputados sádicamente, etc.) sin haberse conocido un solo caso de apostasía entre quienes perdieron la vida por ir a misa, por amor a Jesucristo Nuestro Señor y por no querer blasfemar, pisar un crucifijo o renegar del Señor. Llevaron a cabo, además, los rojos, un saqueo desconocido hasta la actualidad, salvo el perpetrado en la antigua URSS. No solo saquearon el tan afamado oro (la tercera reserva mundial entonces, más de 700 toneladas de oro, con asalto nocturno al Banco de España), también la plata, la colección de monedas históricas más rica del mundo, las joyas y objetos de valor de particulares, incluso los suyos, depositados en las cámaras del Banco de España, los cuadros y obras de arte de todos los museos bajo su poder, con saqueo incluso de las obras de fama mundial del Museo del Prado, (que podían ser perfectamente protegidas en los sótanos de ese mismo edificio dada la escasa potencia de las bombas lanzadas por los aviones españoles. El argumento rojo que pretende hacer creer que trataron de poner las obras a salvo de bombardeos es más falso que el beso de Judas Iscariote. Fueron ellos, los rojos, los que pusieron en peligro de perderse las obras al trasladarlas primero a Valencia por una carretera plagada de bandas de saqueadores anarquistas y al alcance de la artillería y aviación nacionales, y luego de ésta a Barcelona en abril de 1938, muy cerca del frente, luego no hay excusa para haberlas enviado a Albacete o Ciudad Real, por ejemplo, lejos de todo objetivo militar. Lo que ocurre es que querían colocarlas en el extranjero a cambio de dinero y su plan se frustró porque nadie quería “apropiarse” de cuadros mundialmente famosos que habían sido vilmente sustraídos a todos los españoles por energúmenos comunistas y socialistas, amantes del lujo y las riquezas aunque sus engañados no lo crean. Si los hubiesen logrado llevar a Moscú, nunca se hubiesen recuperado, como tampoco nuestros hermanos venezolanos recuperarán jamás los activos que Maduro ha saqueado y enviado allí recientemente), joyas y objetos de valor requisados de todos los hogares donde esgrimían cualquier decreto o razón arbitraria para hacer un registro confiscador arma en mano, etc., como quedó bien patente entre los tesoros robados recuperados por los nacionales cerca de Figueras, en la fortaleza que trataron de destruir volándola en su huída en febrero de 1939. Por lo demás, los líderes rojos, no pocos de ellos huidos a un dorado exilio con el botín saqueado a todos los españoles (cuentas multimillonarias en Suiza, Francia, USA, UK, a favor de Negrín, Martínez Barrio, Hidalgo de Cisneros, yate Vita de Indalecio Prieto, flota en Odessa, oro para Stalin que financió la estancia de Pasionaria, Carrillo, Díaz, Hernández, Uribe, Líster, Tagüeña, Modesto, etc.) dejaron su zona de 10 millones de habitantes hambrientos hartos de guerra desde hacía más de un año, con un puñado de lentejas en el bolsillo (las “píldoras del gordo Negrín”), la ganadería sacrificada (toros de lidia incluidos), la agricultura arruinada y sin abono, semiente y fertilizantes para poder hacer la tierra productiva (y mucho menos ganas de trabajarla para que a uno le confiscasen la cosecha los rojos sanguinarios comisarios del SIM, filial de la NKVD soviética), con la peseta roja completamente devaluada y sin valor, sin divisas, todas robadas, con cartillas de racionamiento cada vez más inservibles, con castigo mortal por esconder alimentos y venderlos en mercado negro (acaparamiento), con la industria destrozada, sin maquinaria ni repuestos ni técnicos, con superficies enormes deforestadas, con infraestructuras destruidas en su huida practicando la táctica de tierra quemada, con la pérdida de locomotoras, vagones, camiones, vehículos, barcos mercantes (algunos los tuvo que recuperar Franco de Túnez, otros fueron robados por Stalin en Odessa), aviones y con la consigna criminal e inhumana de resistir sin rendición hasta que se solapase la futura guerra europea con la española, esperanza criminal del socialista Negrín y motivo por el que deseó de modo totalmente insensible hacia los suyos, prolongar de modo suicida la muerte, el horror y la agonía de millones de españoles bajo el TERROR ROJO, cada vez más sanguinario cuanto más evidente era la derrota, y desoyendo la petición de casi todos los mandos del ejército rojo de rendición incondicional para ahorrar sufrimiento (luego no fue Franco quien quería prolongar la guerra, sino Negrín, con su “resistir es vencer”, pero lejos de todo peligro. Por cierto, gracias a Dios no se solaparon la guerra de España con la mundial, que hubiese sido muchísimo más devastadora para España que la primera y, seguramente, definitivamente destructora) y que provocaría la sublevación anticomunista de Casado, Besteiro, Miaja, Mera y demás no comunistas para acabar con la agonía, en una tercera guerra civil interna entre rojos (la segunda fue en Vizcaya y Santoña, entre rojos y antiespañoles del PNV que defendieron a tiros la industria sidero-metalúrgica y de armas vizcaína que los rojos querían destruir en su huida, para entregársela intacta a Franco y con la esperanza, cumplida años después para desgracia nuestra, de los españoles verdaderos, de recuperarla como “legítimos” propietarios, además de rendirse sin ayudar a los rojos en Santoña (Santander), con escándalo de los propios gudaris medio decentes, pues la guerra ya no le interesaba a sus líderes antiespañoles con el cobarde lendakari admirador del III Reich,, de Mussolini, de USA, de UK, etc., según conveniencia, Aguirre el napoleonchu, al mando de su efímera república bacaladera desplumada por los victoriosos requetés), cuyas víctimas, seguro que atribuidas a Franco, aún no se han cuantificado por los historiadores al ser materia prohibida y censurada en el actual régimen democrático infernal.

  19. H. R. Pacios says

    RÉGIMEN CATÓLICO AUTORITARIO DE FRANCO FRENTE A DEMOCRACIA. LO MORAL Y LO MATERIAL. EL QUE TENGA OJOS QUE VEA. PARTE 6.

    19º A la España de Franco se le achaca su instauración y su subordinación inicial, al III Reich de Hitler y a la Italia fascista de Mussolini. Es de bien nacidos, el ser agradecidos. Es cierto que Hitler envió la Legión Cóndor y que Mussolini envió decenas de miles de soldados a luchar con el CTV a favor del bando nacional y católico, aunque ninguno de estos contingentes, aunque importantes, fue decisivo, pues la guerra de España fue una guerra convencional decisiva en tierra, de trincheras, fortificaciones, de infantería al asalto de posiciones enemigas con alguna carga de caballería exitosa y con escaso aporte de unidades móviles mecanizadas, tanques (los únicos con cañón, los mejores, eran los T26 y los BT5 soviéticos del bando rojo, antiespañol y soviético) y artillería. Con una aviación en modernización pero mayoritariamente anticuada (y la alemana no era mejor que la soviética entonces, incluso con menor número de aparatos) y con pocos combates entre barcos de guerra, a diferencia de la II guerra mundial, la de la blitzkrieg, la de los carros de combate y unidades acorazadas, la de la aviación y los bombardeos masivos desde las alturas, la de la artillería multitudinaria y la de grandes batallas de máquinas y hombres. No fue, por lo tanto, achacable a potencias extranjeras, la instauración de la España de Franco. Y, por supuesto, no hubo ni campos de concentración ni cámaras de gas de los nacionales en nuestra Cruzada, por mucho que se empeñen en afirmarlo hoy, que no entonces, los únicos que pueden publicar impunemente en las universidades de España, los rojos y liberales conservadores a sueldo generoso de la mentira. Aunque hoy muchos ignorantes o acomplejados lo quieren ocultar o negar por intereses políticos, fue así, como no podía ser de otra manera: no hubo, en absoluto, exterminio de judíos en España. El régimen alemán de Hitler y el italiano de Mussolini se caracterizaron exactamente por lo mismo que se caracterizó el régimen franquista (éste el único superviviente gracias a Dios, como bien sabía el victorioso caudillo católico español), por un extremado antimarxismo (anticomunista en especial), por un rechazo a la estafa de la democracia y el parlamentarismo (fariseísmo), por una gran valoración del orden, las virtudes castrenses y la disciplina y por un patriotismo íntegro y verdadero. Todos ellos eran enemigos de la masonería, aunque el régimen de Franco era marcadamente más católico que los otros dos, cuestión ésta vital para su supervivencia y para, a modo de modelo, lograr una extrema derecha verdaderamente próspera de cara al futuro católico del mundo, un futuro que ha de ser regido con cetro de hierro por los más santos y santas en servicio de Dios, una vez superada la anomalía democrática actual. La cuestión del racismo afectaba a la totalidad de naciones del mundo por entonces (las más racistas eran la URSS, UK con su imperio y USA, por cierto) e incluso hoy (¿Cuántos matrimonios hay en porcentaje entre personas de diferentes razas (orientales chinos, japoneses, coreanos, etc., negros subsaharianos, musulmanes norteafricanos, judíos, indoamericanos, afroamericanos, latinos, germanos, eslavos, etc.)?¿Cuántas personas, en porcentaje, se irían voluntariamente a vivir o a trabajar a los barrios donde predominan gitanos, subsaharianos, moros, ciudadanos del este de Europa, chinos, etc.?¿Cuántas empresas hay fundadas entre socios de distintas razas y etnias? Si son iguales realmente todas las razas, ¿por qué en la construcción, en la minería, en la sidero-metalurgia, en el transporte por carretera a larga distancia, en la pesca de alta mar, en las canteras, y en muchos otros sectores no hay orientales (chinos, coreanos, tailandeses, japoneses, etc.) y subsaharianos? Y en esos sectores citados, ¿gozan de igual fama unos que otros, por ejemplo, los del este de Europa y norteafricanos (moros), por ejemplo?¿Pero no somos todos tan “cosmopaletos”, tan “europaletos” o “ciudadanos del mundo (del mundo de mi barrio o pueblo, claro)” no racistas, tolerantes y acogedores y qué se yo de hipocresías y mamarrachadas sin tasa? Y de ser racistas, ¿alguien lo es menos que los blancos europeos y españoles en particular, que llevaron a cabo el mayor proceso de mestizaje de la historia con la raza de nuestros hermanos hispanoamericanos?).

    Con respecto a la supuesta subordinación, repetida hasta la saciedad por los rojos y liberales conservadores, de Franco a Hitler, no a Mussolini (cuya ayuda fue muy poco costosa), quedó bien patente su falaz fundamento ya en septiembre de 1938, cuando el mismo Hitler, que tenía aquí sus pilotos y aviones en plena campaña del Ebro, vital para adelantar la victoria en el tiempo, calificó, con el “trofeo” de los Sudetes bajo el brazo, de “cerdada” la posición de neutralidad declarada por el mismo Franco para la España nacional ya entonces, pues como es lógico Franco, como el propio Hitler, y Mussolini, no era enemigo de Francia ni de UK (los rojos achacan a estos dos países, potencias imperiales entonces, su no ayuda en nuestra guerra, pero, aparte de que Francia, bajo yugo de un frente popular de socialistas y comunistas, sí les ayudó, no en 1939, pero sí en los dos primeros años de contienda, provocando la inicial reacción de Hitler en apoyo de Franco; no tenían porqué ayudar a un bando rojo pro-soviético que quería claramente desviar la agresividad de Hitler hacia occidente, en beneficio de la expansión del comunismo de la URSS de Stalin. De hecho, lo lógico y natural hubiera sido que UK y USA, hubiesen ayudado a Franco a ganar mucho antes la guerra, posibilitando una alianza mundial contra el comunismo soviético, mucho más deseable, lógica, e incluso mucho menos sangrienta, de lo que los hechos mostraron, pero para desgracia de la humanidad entera (especialmente europeos del este, rusos incluidos, judíos y occidentales en menor medida), Roosevelt, masón socialdemócrata corruptor de su país (todavía no se sabe cuántas personas murieron de miseria debido a su famoso e infame New Deal (“with the devil”) entre 1933 y 1941), se inclinó en apoyo de la infernal Rusia comunista, y no de los anticomunistas, causando un daño inconmensurable que hoy padecemos con más intensidad que nunca). Además también quedó más patente aún dicha falsedad, entre octubre de 1940 y junio de 1941, ante la negativa de Franco a autorizar el paso de tropas alemanas por España (como sí lo permitió la “neutral” Suecia, nunca “castigada” por ello en la posguerra, con respecto a tropas de la Wehrmacht en tránsito a Finlandia en la lucha contra la URSS) destino Gibraltar y norte de África, excusándose en la mala situación económica real de España para sumarse al Eje sin contraprestaciones en armas, recursos y territorios. La ayuda alemana, además, y a diferencia de la soviética a los rojos, se realizó a crédito, como la italiana, y Alemania se cobró su aportación a los nacionales con los recursos minerales españoles (de modo limitado, porque la derrota alemana eximió a España de ceder propiedades sobre minas) y, especialmente, con el envío de la gloriosa División Española de Voluntarios, conocida por División Azul debido a la negativa de los españoles voluntarios en Rusia a quitarse la camisa azul de FET de las JONS. Esta gloriosa unidad española fue el verdadero tributo para la paz de España en la II guerra mundial, y su comportamiento en el frente y en la retaguardia fue impecable (como reconocieron los propios rusos), merecedora de los mejores tributos. Tampoco se subordinó Franco a Alemania en noviembre de 1942, tras la operación Torch y la invasión alemana de la Francia colaboradora de Vichy, haciendo respetar el espacio aéreo español de todo contendiente sin contemplaciones de ningún tipo (no pocos derribos de cazas y bombarderos aliados por sobrevolar España, para enfado de Churchill y Roosevelt), ni tampoco se subordinó a nadie en toda la guerra mundial ni después de ésta (la España de Franco, anticomunista verdadera, no se sumó a la OTAN, ni a la guerra de Vietnam, ni bloqueó a nuestros hermanos cubanos víctimas del genocida comunista Fidel Castro y solo cedió Marruecos y las bases para salir de la autarquía impuesta por rojos, demócratas y la terrorista ONU, conservando un grado de soberanía envidiable y hoy nunca visto por la inmensa mayoría de las naciones), sacando el máximo partido de unos y otros con la venta del Wolfram (imprescindible para que los proyectiles de artillería y aviación penetrasen los blindajes del enemigo), por ejemplo, así como con exportaciones de todo tipo, aunque de modo interrumpido por los chantajes criminales a los que se vio sometido desde el exterior, principalmente por los angloamericanos (por cierto, las petroleras tejanas de USA, y contra la voluntad de Roosevelt, aprovisionaron de petróleo al bando nacional, que tuvo combustible suficiente refinado en suelo español). La España de Franco tuvo una enorme influencia cultural y económica, amparada en nuestra fe, historia y tradiciones comunes, en los países hermanos de nuestra lengua, contrarrestando la subordinación intimidatoria de Hispanoamérica al colonialismo materialista de USA, cuya influencia a través de la masonería (corruptora de presidentes de gobierno hispanoamericanos a sueldo millonario suyo) y el narcotráfico marxista y liberal conservador (promotor de corrupción ilimitada) ha sido letal para nuestros hermanos hispanoamericanos, cuyos miembros más sabios saben agradecernos ese pasado común reconociendo a España como lo que realmente es, la Madre Patria de ellos y nuestra. Fue el régimen de Franco el que dio los pasos, luego no seguidos en democracia, para lograr la unificación de todos los españoles de la tierra (más de 500 millones actualmente) en una sola hermandad de naciones católicas españolas (España, naciones hermanas hispanoamericanas, Guinea Ecuatorial, Sahara, Filipinas e islas del Pacífico). La España de Franco fue verdaderamente UNA (sin divisiones territoriales y con respeto recíproco entre españoles), GRANDE (en honor y respeto a su historia incomparable, además de admirada y respetada por las personas de bien más inteligentes, ecuánimes y sabias, allende nuestras fronteras) y LIBRE (soberana y no subordinada a ningún otro país ni entidad supranacional, pues a nadie debió nada y sí es acreedora, por historia verdadera y no leyenda negra, del respeto y admiración sinceras de toda persona de bien y de todas las demás naciones europeas, a las que salvó en Lepanto, Viena y otros escenarios, de ser actuales naciones musulmanas, tras la gloriosa Reconquista que ella misma libró en su santo suelo y librando además una feroz Cruzada contra herejes y blasfemos protestantes, incapaces de ayudar a resolver los problemas de la Cristiandad sin dividir, sin crear facciones entre hermanos de fe, y mostrándose contrarios como el diablo y su no serviam a la Santa Iglesia Católica Apostólica que fundó Nuestro mismo Señor Jesucristo sobre San Pedro; del respeto de todas las naciones involucradas en las dos guerras mundiales, pues España no tomó parte en una guerra entre hermanos y nadie nos puede reprochar haber matado a unos o a otros por asquerosos intereses coloniales; del respeto de las naciones americanas, pues América es el continente español por excelencia, descubierto, civilizado (frente a la barbarie de las costumbres precolombinas de los sacrificios humanos de tribus enteras, niños, mujeres y ancianos incluidos, con canibalismo y degradación propia de animales y no de seres creados a imagen y semejanza de Dios), dignificado (con encomienda, iglesias, edificios diversos, universidades y mestizaje incluidos, como promovieron los propios Reyes Católicos, Carlos I y Felipe II) y evangelizado por españoles aún con la enemistad envidiosa de otras naciones esclavistas, racistas contrarias al mestizaje, adoradoras de la mentira propagandística masona y malévolamente difusoras de la leyenda negra hasta el siglo pasado, en la que calificaban a los 15 millones de muertos de hace un siglo, víctimas de “la gripe española”, la que acabó con millones de americanos “por no traer consigo vacunas que no existieron hasta finales del siglo XVIII”; del respeto de no pocas naciones en África (España nunca fue nación esclavista, y los que recurrieron a tal mercado fueron no pocas veces castigados con penas de muerte por autoridad real. El testamento de Isabel la Católica es claro al respecto. Y también las disposiciones del emperador Carlos I y Felipe II), Asia (Filipinas es hoy nación católica gracias a España, así como muchas islas hoy bajo soberanía angloamericana) y Oceanía, (continente descubierto también por españoles desde la travesía de Magallanes y Juan Sebastián el Cano), destino, aún hoy, todas ellas de muchos misioneros, santos y santas que, por la gracia de Dios Nuestro Señor, surgieron con especial profusión en nuestra amada patria, y que trajeron el mensaje de los Santos Evangelios, y con ellos el amor a Dios, a todos los rincones del planeta aún a costa de pagar la mayor factura en vidas y sangre de la historia de la Cristiandad; del respeto de la propia Cristiandad, pues nadie ha defendido más la Santa Iglesia Católica Apostólica de Nuestro Señor que los españoles (aunque llevemos más de cuatro siglos sin papa español como pago y con un trato despreciable desde el Vaticano), nadie ha cumplido más con el mandato del Señor “id y predicad el Evangelio a toda criatura” que los españoles; del respeto, en fin, de todo el mundo, pues la civilización occidental, la cristiana, católica en exclusiva durante 15 siglos, se ha difundido, con su prosperidad connatural gracias más que a nadie a los españoles de todos los tiempos, que hasta con las remesas de oro y plata llegadas de nuestro continente hermano, como tuvo que reconocer el escocés Adam Smith, promovieron la prosperidad económica y el resurgir del viejo continente, no sin dificultades en cuanto a inflación incontrolada y, entonces, desconocida).

    Por el contrario, la zona roja democrática de Quiroga, Martínez Barrio, Giral, Largo Caballero, Negrín y Azaña, además de gozar desde los primeros días de ayuda francesa, y luego de la mejicana (del corrupto Cárdenas que mató de hambre a no pocos niños españoles secuestrados por los rojos y deportados a Méjico en campaña propagandística apelando a la pena y sentimentalismo internacional por los más pequeños) pagadas a precios desorbitados, se subordinó completamente a la voluntad de Stalin y de la Komintern por él controlada con sus agentes de la NKVD (Orlov, Stepanov, Koltsov, Berzin, Oovsenko, Rosemburg, Krivitsky, Gero, etc.), a tenor de la correspondencia que aquél mantuvo con Largo Caballero y Negrín y de los “consejos” y consignas con los que éstos fueron advertidos (según documentación rescatada e información de los archivos soviéticos desclasificada, en la que se demuestra que Stalin incluso provoca la sustitución de Largo Caballero por Negrín en la presidencia y ordena fusilar al lunático Indalecio Prieto si este sigue insistiendo en bombardear los buques alemanes, como el Deutschland para ampliar la guerra de España al resto de Europa), y a la ayuda militar que recibieron de la URSS (muchos más tanques, cazas y bombarderos, cañones, fusiles, ametralladoras, munición, equipos, etc., que los recibidos por el bando nacional de Alemania e Italia, comprados con el oro español y la flota mercante española requisada en Odessa. Tanques y aviones soviéticos que fueron capturados frecuentemente por los nacionales durante la contienda y que acabaron sirviendo al bando nacional y al ejército en la posguerra). En la zona roja, los agentes soviéticos, junto a socialistas y comunistas, perpetraron las mayores masacres del genocidio anticatólico (incluso una alimaña como Carrillo reconoció el poder opresivo inmenso que para ellos representaba la injerencia soviética, para quitarse de encima su responsabilidad por los crímenes horrendos de Paracuellos, los mayores crímenes perpetrados en España en toda su historia), e incluso con los suyos, los anarquistas y trotskistas del POUM, éstos sumamente molestos para los izquierdistas hoy. Y, una vez terminada la guerra, los rojos y demócratas, desde el exilio en la URSS y satélites, en Méjico y otros países hispanoamericanos, desde la acción de diplomáticos de la mafiosa y terrorista ONU (esa asquerosa mafia mundial que hoy, a través de sus ongs corruptas hasta el extremo, promueven la inmigración masiva envenenando de odio a los negros africanos contra los europeos; que pide el testamento a favor de unicef a los españoles a los que antaño quería matar de hambre por aislamiento por apoyar a Franco; que promueve todo tipo de medidas antinatalistas satánicas con la satánica secta del cambio climático o calentamiento global), desde Francia con el maquis, en el denominado “contubernio de Munich” con los liberal conservadores traidores como Gil Robles (siervo del Borbón que pidió a los angloamericanos poco menos que invadir España para ponerle a él de rey sobre la sangre española derramada, y tras pretender ser rey pro Eje en España tan solo unos pocos años antes, con ayuda de Hitler y Mussolini), con infiltración en instituciones como la universidad, la Iglesia y los “sindicatos verticales”, con motivo de los asesinatos de ETA y un sinfín de atentados antiespañoles por mero interés de grupos carroñeros por alcanzar el poder, no pararon de hacer todo el daño que pudieron a España y los españoles durante casi cuatro décadas (especialmente sangrante fue esta actitud en los primeros años de la posguerra, los años del hambre heredada del holodomor rojo de 1937 y 1938, que se vio intensificada por los rojos del exilio que, con el maquis, pensaban soliviantar a todos contra Franco y lo único que lograron es colaboración masiva con la guardia civil, incluso en Cataluña, para su completa derrota, teniendo la población, fresca en su memoria, la etapa roja de miseria, hambre, muerte y terror. En aquellos primeros años, en los que la zona roja abandonada por sus cobardes líderes huidos, en situación de extrema miseria, fue noblemente auxiliada por la zona nacional (como proceder que se debe esperar de los buenos hermanos), en la que nunca faltó el pan, pero que tuvo que soportar el coste de la reconstrucción ayudando a los que padecieron en sus propias carnes el terror rojo, la actitud de los líderes rojos huidos, a través de la diplomacia en la ONU, multiplicó el padecimiento de aquellos de su propio bando que quedaron en España, durante la reconstrucción. ¿Cabe concebir una perversidad mayor con los propios a los que se contribuyó decisivamente a matarles de hambre?). Idéntico daño al que hoy hacen antiespañoles vascos y catalanes en lo que ellos denominan “internacionalización del conflicto”, es decir, la petición de apoyo internacional para que nos vengan a matar en masa (como hizo la OTAN con muchos pobres yugoslavos) por no darles la independencia, seguros como están de que ellos no correrán, en la repugnante democracia (constituida, en buena medida, para su propio beneficio y perjuicio a España y los españoles), la suerte que corrieron siglos atrás judíos y moriscos.

    Pues bien, la España democrática de hoy, que muchos dicen que es heredera de aquella infernal II República, está totalmente subordinada a organizaciones e intereses extranjeros dañinos en grado sumo a nuestra patria y a los que no debemos nada, verdaderos entes soberanos: ONU, OTAN, UE, Banco Central Europeo, FMI, Banco Mundial, OCDE, etc., además de otros poderes ocultos como los del judío furiosamente anticatólico y antiespañol Jorge Soros, verdadero instigador de calamidades para España y países hermanos como Chile, Ecuador, Bolivia, Venezuela, Cuba, Méjico, Argentina, Nicaragua, etc. Hoy España es tan títere del exterior que ni puede defenderse del golpe de Estado con incitación a la guerra civil sangrienta exterminadora de españoles perpetrado en Cataluña, algo completamente inimaginable con Franco (con quien tanto vascos, como catalanes, vivieron de modo extraordinariamente próspero y sin apenas sobresaltos hasta el final del régimen) o en cualquier nación avanzada normal. Hoy, España, no goza de respeto ni prestigio internacional alguno (incluso Trump señala la silla autoritariamente y sin cruzar saludo, al pelele socialista cum fraude que tenemos la desgracia de padecer como presidente español (uno más, y van 7, los 7 corruptos y depravados sin excepción) y defensor de Maduro, Castro, Evo Morales y demás energúmenos de su calaña, para atraer la animadversión del primero), y mucho menos del de las naciones más avanzadas, no es una nación soberana, sino rehén de solo Dios sabe qué intereses ocultos fraguados durante las últimas cuatro décadas por políticos sin escrúpulo moral alguno sean del signo que sean y que se tapan unos a otros su gigantesca corrupción. Pero a los millones de votantes todo esto “se la sopla”, por lo que se ve año tras año. ¡Que Dios se lo pague como merecen, por su complicidad!.

  20. H. R. Pacios says

    RÉGIMEN CATÓLICO AUTORITARIO DE FRANCO FRENTE A DEMOCRACIA. LO MORAL Y LO MATERIAL. EL QUE TENGA OJOS QUE VEA. PARTE 7.

    20º A la España de Franco se le ha acusado de cientos de miles de víctimas por parte de los embusteros sin alma demócratas marxistas o liberal conservadores. Pues bien, merece mención el análisis de las víctimas del franquismo así como las del antifranquismo demócrata de derechas o de izquierdas desde 1930. En diciembre de ese mismo año, varios soldados y oficiales fueron víctimas mortales mezquinamente olvidadas del golpe de Estado de los de Hernández y Galán, a nombre de socialistas y republicanos. Por el contrario, esos dos traidores fueron fusilados merecidamente por alta traición a la patria. En mayo de 1931 comenzó la masacre de católicos consagrados, no solo curas, y algunos miembros de partidos derechistas que respondían tímidamente a la violencia de los rojos. Se estima, y siempre con prudencia y “corrección política”, que entre el 14/04/1931 y el 17/07/1936, fueron víctimas mortales de la violencia política extrema de las izquierdas, más de 2500 personas, mayoritariamente católicas y de derechas, siendo los anarquistas masacrados por republicanos y los comunistas y socialistas asesinados a su vez por anarquistas en sus trifulcas particulares, el segundo grupo de víctimas mayor. Cuando estalló la sublevación en todo el territorio nacional, el día 18/07/1936, sobre todo por la adhesión de Franco a la misma (recordemos que el prestigio de Franco era inigualable en todo el ejército y que la mayoría de españoles del bando nacional se adhirieron tras la sublevación y toma de poder del ejército de África por el Caudillo ese mismo día glorioso) que arrastró a casi media España (y no Mola, Queipó de Llano, Fanjul, Goded, Saliquet, Cabanellas, Kindelán, ni ningún otro), se desató la violencia extrema especialmente durante los primeros seis meses de contienda en el bando nacional y durante toda la guerra en el rojo, que fue el único armado por decisión del gobierno republicano dos días después de la sublevación. España tenía ya una tradición antigua de registro de población en censos, luego los muertos en aquella guerra, estimados, pues hay desaparecidos que surgieron incluso mucho tiempo después en el exilio y otros que nunca lo hicieron, tienen nombre y apellidos. Se estima de modo bastante aproximado que las víctimas mortales de la guerra fueron del orden de 270000. En esa cifra no figuran mutilados, heridos o personas que fallecerían más tarde a consecuencia del hambre, privaciones o a consecuencia de las propias secuelas físicas de la guerra. Entre esos 270000, 160000 lo hicieron en el campo de batalla o en acciones militares en retaguardia (bombardeos, aunque el número de víctimas de éstos seguro que es mucho más bajo de lo que la propaganda de la época y la marxista posterior sugieren), siendo el balance de víctimas el siguiente: 75000 muertos del bando nacional y 85000 del bando rojo. Esta diferencia nos indica que el bando perdedor combatió con gran dureza, coraje y fanatismo (reconocido por el propio Franco y sus mandos), a pesar de sufrir desde el principio muchas deserciones y pasos al bando contrario (no así el bando vencedor), hasta el punto de recurrir al más puro estilo soviético, al terror incluso sobre familiares para evitar pasos al enemigo (deserciones), emboscarse (es decir, eludir el alistamiento ocultándose) y acciones de sabotaje y espionaje (real o supuesto). No obstante, cabe precisar que de las víctimas mortales, ni muchísimo menos eran todas españolas o antiespañolas vascas o catalanas (de hecho, estos últimos sufrieron un coste en víctimas mortales muy bajo en comparación al resto de regiones españolas, especialmente los catalanes antiespañoles, los primeros en cruzar los Pirineos, tanto en julio de 1936 hasta la estabilización bajo terror rojo, como en enero, que no febrero, de 1939, siendo los más cobardes de todos los beligerantes sin duda alguna, ni siquiera de Negrín y Azaña, que tuvieron que soportar sus boicots incluso en las fábricas de armas). En el bando nacional, aparte de los más de 3000 muertos del glorioso CTV, de los casi 300 pilotos alemanes de la gloriosa Legión Cóndor, el grupo de víctimas mortales mayor fue el de los mercenarios moros que, alistados y movilizados entre los españoles en los cuerpos de regulares, eran enviados como punta de lanza en la toma de posiciones a la bayoneta calada, es decir, al asalto frontal, incluso en posiciones de cotas montañosas que tanto costó tomar (en Vizcaya, Asturias, Teruel, el Maestrazgo, el Ebro, por ejemplo). Algunas estimaciones cifran en torno a 45000 el número de muertos moros del bando nacional, la mayoría de víctimas mortales del bando victorioso. Por tanto, no se puede decir que Franco fuera insensible a la sangre española derramada, sino más bien todo lo contrario. Por su parte, en el bando rojo, las víctimas mortales de las brigadas internacionales (mayoritariamente comunistas rusos criminales, violadores, depravados delincuentes, ex convictos e indeseables de toda la tierra, con pasaporte francés y nombres falsos, a pesar de que hoy solo se hable del batallón Lincoln, (unas docenas de imbéciles yanquis de buena familia), despreciado totalmente a su vuelta a USA, y de Orwell, que se libró de ser fusilado en Barcelona de las purgas antitroskistas y antianarquistas gracias a su esposa y su pasaporte británico) no debieron ser inferiores a los 10000 en los frentes y una cantidad superior entre los “represaliados” del bando nacional, que no tenía contemplaciones con los “rusos”, sí con los españoles rojos (especialmente los arribistas del PSOE y del PCE a partir del 18/07/1936). Teniendo en cuenta esto, los nacionales perdieron en torno a 25000 ó 30000 españoles y los rojos en torno a 75000 solo en los frentes. Y con respecto a la “represión” de ambos bandos durante la guerra (18/07/1936-01/04/1939), hoy la cifra de muertos se aproxima bastante a unas 110000 personas, mayoritariamente hombres, de las cuales, fusiladas por los nacionales, por tribunales militares mayoritariamente, serían unas 38000, de adscripción marxista y antiespañola vasca o catalana, así como miembros de las brigadas internacionales, mientras que el número de asesinados católicos y patriotas españoles (catalanes y vascos patriotas españoles incluidos) por los rojos, brigadistas y antiespañoles en tribunales populares, checas, paseos, etc., alcanzaría la cifra de 72000. Todos ellos con nombres y apellidos. No obstante, cabe señalar que mientras de los 38000 fusilados por los nacionales, la cifra puede ser mucho menor, pues no se ha aclarado cuántos de ellos murieron, en realidad, víctimas de sus compañeros de bando en las guerras civiles que los anarquistas y trotskistas (CNT-FAI y POUM) por un lado, libraron contra los socialistas y comunistas (PSOE, UGT, PCE, PSUC, etc.) por el otro, incluso en los últimos días de la contienda y en Vizcaya y Santander, así como los que murieron en las decenas de campos de concentración del sur de Francia en los que fueron acogidos los que huían tras la batalla de Cataluña entre enero y febrero de 1939, acogidos en condiciones horribles, sin alimentos, medicinas, a la intemperie en pleno invierno, sin posibilidad de huir y en las peores condiciones higiénicas. Tampoco se sabe cuántos de esos 38000 eran extranjeros brigadistas, considerados “rusos” por los nacionales.

    Se sabe, además, que nada más producirse la sublevación, su triunfo en Galicia, León, Castilla la Vieja, Navarra, Aragón occidental, Cáceres, Sevilla, Cádiz, Córdoba, Mallorca e Ibiza, Canarias y norte de África y colonias africanas, provocó que cientos de miles de afiliados a la CNT-FAI, la UGT-PSOE y partidos republicanos, se deshiciesen de su carnet y documentos comprometedores y fueran inmediatamente a afiliarse a Falange Española (no al Requeté, que fue mucho más selectivo a la hora de permitir la adhesión), provocando ( junto a los de la CEDA) la mayor carnicería de rojos en zona nacional perpetrada contra sus antiguos camaradas, con el objeto de “limpiar su pasado rojo” y poder salvar sus vidas de posibles represalias por su adscripción anterior. Es decir, fueron los demócratas de toda la vida, los autodenominados “moderados “(tibios), los que perpetraron las mayores masacres de la guerra en el bando nacional, pues los de extrema derecha, los camisas viejas, combatían ya desde el primer día en los frentes derramando valiente y generosamente su sangre por Dios y por España (Alto del León, Somosierra, Extremadura, Aragón, Vascongadas, León, Andalucía occidental, e incluso dentro de la zona roja). Esas masacres fueron fusilamientos tras entrega al tribunal militar y juicio sumario (el bando nacional cortó por lo sano cualquier intento de vendetta entre vecinos oportunistas desde el primer momento, pero no pudo evitar que antiguos socialistas, anarquistas y republicanos, denunciasen con pruebas a sus antiguos compañeros de partido para “limpiar su pasado” y ganarse el favor de los futuros vencedores, a veces, con simples denuncias, no cara a cara). Por lo tanto, de todo esto cabe sacar la conclusión de que detrás de un moderado o tibio, es decir, de un demócrata, no hay más que un cobarde, un Judas Iscariote, que en momentos de peligro es capaz de entregar a su propia madre para salvar el pellejo. Por el contrario, en la zona roja, cornisa cantábrica, Cataluña, Aragón oriental, Levante, Andalucía oriental, Castilla la Mancha, Badajoz, Huelva y Menorca, no se conoce un caso de apostasía bajo amenaza de fusilamiento. Los católicos no renegaron de Jesucristo Nuestro Señor ni aún a cambio de poder salvar la vida, aunque sí empuñaron las armas y vencieron en los frentes, con detente en el corazón, confesión diaria, rosarios y oración, como hombres de verdad, con y sin apoyo de la jerarquía eclesiástica nacional o vaticana. No se conoce un martirio más heroico de católicos desde los tiempos de Nerón. ¿Quién puede, entonces y en honor a la verdad, decir que las personas de extrema o ultra derecha son las peores por su fanatismo y no las mejores, las más nobles y fieles a sus ideales católicos y a Dios y su Santa Iglesia? No debería tomarse como insulto el ser calificado de ultraderechista o de extrema derecha, sino como un honor. Dios quiera tener todo esto en cuenta el Día del Juicio Final, y no nuestros desmanes satánicos de la actual etapa democrática, vergonzosa a todos los efectos y superviviente gracias a la mentira sin tasa y a la ignorancia y desidia intelectual de la inmensa mayoría.

    Así pues, las víctimas de los rojos lo fueron por ser católicos, ir a misa y ser de derechas defendiendo la propiedad privada lograda de modo honrado y meritorio, como es lógico, por amar a España, su unidad y su incomparablemente gloriosa historia en todo el mundo, por amar nuestras tradiciones cristianas admiradas por todos los extranjeros de bien que aquí son acogidos como uno más de la familia, en definitiva, por querer, dentro de sus imperfecciones y pecados, a Jesucristo hasta el fín.

    Por el contrario, las víctimas de los nacionales, incluidos los más de 22000 fusilados hasta 1975 (indultados centenares de miles), lo fueron por incitar a la guerra civil revolucionaria con odio extremo, por persecución religiosa con genocidio anticatólico, asesinatos indiscriminados y macabros de los más inocentes, incluso para apoderarse de las riquezas ajenas, sadismo criminal con saqueo de las riquezas de todos y condena al hambre a propios y ajenos, terrorismo comunista del maquis y de ETA, FRAP y GRAPO, y no solo por ser de izquierdas o marxista o antiespañol vasco o catalán (enfermo comunista, socialista, socialdemócrata o progresista, enfermo porque no saben lo que hacen y qué defienden, enfermo por odiar a España y los españoles sin razón alguna), como hoy pregonan sus propagandistas rojos desde todas las universidades, de las que son amos y que censuran toda voz discrepante con el marxismo y la mentira oficial, el Himalaya de mentiras marxistas.

    ¿Y qué decir de la propia figura del Caudillo, de Franco, de su persona? Pues a la vista de las biografías que sobre él se han escrito, solo puede despertar, como cualquier católico verdadero de gran importancia histórica, dos tipos de reacciones irreconciliables hasta el fin. Nacido en el seno de una familia de ingresos medios en el Ferrol (La Coruña), de madre fervientemente católica (de la que heredaría su fervor religioso y seguramente su sabiduría) y padre liberal y oficial de la armada que acabó abandonando la familia (Franco jamás habló mal en público de nadie de su familia, aunque tuvo problemas con todos por sus veleidades inmorales, excepto con su madre). Ingresó en la Academia de Infantería de Toledo a la edad de 14 años, teniendo que compartir cuartel con los que casi le doblaban la edad. No muy destacado entre los de su promoción, y tras una breve y meritoria estancia en La Coruña, logra destino en África en 1912, siendo teniente segundo (equivalente a alférez actual), junto a su primo y a su amigo Camilo Alonso Vega, en una época en la que se pagaba por evitar que los hijos hiciesen el servicio militar obligatorio allí. Nunca eludió el peligro y una herida casi le mata. Salvó Melilla tras el desastre de Annual, recuperando territorio perdido a manos de los líderes de las cabilas ya como mando de la Legión, fundada por Millán Astray y él mismo y fue mando clave y condecorado por los propios franceses en la brillante operación hispano-francesa que recibió el nombre de desembarco de Alhucemas, una acción combinada de los tres ejércitos, tierra, mar y aire que inspiraría años después el desembarco de Normandía . En tan solo 14 años, hasta 1926, logra ascender hasta general de brigada (el más joven de Europa, con solo 33 años de edad) sin saltarse un solo grado y con la oposición de políticos y militares envidiosos que le negaron la Laureada de San Fernando y retrasaron algunos merecidísimos ascensos por méritos militares con excusas tan peregrinas como el hecho de ser muy joven o achacarle temeridad en las cargas contra el enemigo por su alta exposición al fuego enemigo. En ese tiempo, conoce a la hija de un acaudalado asturiano, doña Carmen Polo, con la que contraería matrimonio apadrinado por Alfonso XIII, y con la que tendría a su única hija. Posteriormente pasaría a ser el primer mando de la Escuela de Oficiales de Zaragoza, ejemplar para la época. Allí le sorprende el advenimiento de la II República. Para entonces su buena fama es tal que hasta Azaña lo señala como el elemento militar más peligroso para la República, rebajándole en el orden de prelación para la promoción a general de división y obligándole con decreto a arribar la bandera española y sustituirla por la política, que no nacional, de la II República (distinta de la de la I República, que es la de España) en la citada Escuela, de la que salió trasladado para La Coruña, a un destino menos prestigioso. Su no apoyo a Sanjurjo en su intentona, le granjeó la confianza de Azaña, que lo envió a las Baleares, donde impulsó un sistema de defensa de las islas ante cualquier agresión. Posteriormente, ya con gobierno derechista, es promovido a Jefe del Estado Mayor de la Defensa con el grado de general de división. Participa en el aplastamiento del golpe de Estado sangriento y genocida socialista, republicano, comunista y antiespañol de octubre de 1934, enviando a Yagüe a Asturias con el ejército de África, defendiendo la República y evitando una guerra civil por su brillante y enérgico proceder. Y, ya en Canarias, expulsado de nuevo por Azaña tras el golpe de Estado electoralista de febrero de 1936 y la destrucción de la República, sustituida por dictadura del proletariado del frente popular, pospone hasta última hora su adhesión (vital para arrastrar a buena parte de España) a la sublevación del 18/07/1936, tras el asesinato de Calvo Sotelo 5 días antes y tras el desprecio de Quiroga a sus advertencias. Es figura clave en la toma de mando del Ejército de África, el más profesional y experimentado del momento, responsable del paso de las tropas a través del estrecho en un par de convoys con los escasos barcos de los que dispone en aquel momento y con el puente aéreo que se llevó a cabo con aviones españoles, pues los alemanes e italianos llegarían bastante después y gracias al propio Franco, pues Hitler sólo confiaba en él e influyó para que Mussolini también lo hiciese. Esta maniobra del paso del Estrecho de Gibraltar, la más determinante de toda la guerra, permitió consolidar el dominio sobre Andalucía occidental, iniciar una marcha con tres columnas (Asensio, Castejón y Tella) que, ocupando Badajoz y tras llegar a Mérida y derrotar allí a los rojos, permitió el abastecimiento del ejército del Norte, bajo mando de Mola, tanto en armas, como en munición. También es vital la determinación de Franco para rescatar a los asediados del Alcázar de Toledo asestando un golpe moral demoledor a los rojos. Franco libra una guerra partiendo de una posición de clara inferioridad de medios industriales, financieros (algunos apoyos, como el de Juan March, fueron vitales), diplomáticos, propagandísticos y con escasa ventaja de recursos agrícolas, ganaderos y pesqueros, como inicialmente le recuerda Indalecio Prieto a través de sus medios (contestándole aquello de “sí, ustedes lo tienen todo,… todo menos la razón”). Pero la excelente organización que imprime a su bando, no solo en lo militar, sino en lo económico y administrativo, con una disciplina férrea de la que tanto celo tenía y que siempre impuso a donde fue, hizo posible lo que al principio era poco probable, la victoria. Una vez en el poder, acumulando en su persona la jefatura del Estado, del gobierno, del Movimiento y del ejército, resiste todo tipo de presiones para entrar en la II guerra mundial, para claudicar ante los monárquicos, exhibe un juicio de gran sabiduría sin perder la calma, a pesar de no ser intelectual, reconstruye el país con gobiernos equilibrados en cuanto a sensibilidades (14 en total durante todo su régimen, con predominio de católicos del Opus Dei, de la Falange, monárquicos, tradicionalistas, militares y tecnócratas), busca alianzas necesarias empezando por el Vaticano y países hispanoamericanos, logra eliminar el hambre y el analfabetismo, industrializar el país con autarquía impuesta y apoyo del petróleo árabe, modernizarlo tras la apertura iniciada con USA y hacerlo uno de los más prósperos, seguros y sanos del mundo. Mantiene la paz hasta su muerte en 1975, aunque desde la designación de su traidor sucesor en 1969, y en vistas de que este quería una democracia para España, la búsqueda de privilegios y de buenas posiciones que darían lugar al régimen corrupto democrático posterior, proliferaron a espaldas de un Caudillo ya muy envejecido y débil, incapaz de encontrar un digno sucesor a su persona, y más tras el asesinato del gran Carrero Blanco. Franco fue, pues, militar destacadísimo, a la altura histórica del Gran Capitán, de Juan de Austria, de Blas de Lezo, etc., sabio y magistral gobernante que supo delegar en excelentes ministros (desde Felipe II, nadie tan benigno para España como él), católico verdadero ferviente (característica clave para un excelente líder, como la historia ha demostrado en todo tiempo y lugar, pues la sabiduría es don del Espíritu Santo, aunque se niegue en toda universidad), monárquico sin entusiasmo (su carrera militar, como la de los africanistas, se debe en buena medida a ascensos otorgados por el Rey, luego es lógico que muchos de su época fueran monárquicos), amigo del gran San José María Escrivá de Balaguer (fundador pobre del Opus Dei, de tan benigna influencia en la Iglesia católica y en el mundo), serio y calmado, incluso en medio de la mayor tensión y peligro, de vida austera en comparación a la inmensa mayoría de jefes de Estado de su época (como es frecuente entre militares, acostumbrados a la reciedumbre que exige la vida castrense), amante de la caza y de la pesca en el Azor o en los ríos, con una fortuna no muy grande en buena medida heredada de su suegro y su esposa, con poca vida social, trabajador disciplinado, antimarxista y antimasón furibundo y discreto de cara al público (sus discursos eran leídos, luego previamente preparados por él o, al menos, supervisados), con pocas apariciones. En su testamento pidió perdón a todos (algo muy poco frecuente en el testamento de demócratas rojos o liberal conservadores de relevancia histórica, todos ellos vanidosos, arrogantes y soberbios (como todo ateo) hasta el fin de su existencia) sin considerar a nadie enemigo más que los que lo son de España, a la que amó con toda su alma católica. Fue querido, respetado y admirado sinceramente por la mayor parte de España durante su mandato, y muy poco odiado (porque fue cambiando las opiniones de la inmensa mayoría de los que inicialmente lucharon contra él, muchos venidos del exilio en los 60, y que luego se beneficiaron, como la inmensa mayoría, de su excelente régimen. Incluso muchos comunistas célebres llegaron a reconocerle un gran respeto y reconocimiento por su labor) en su tiempo en comparación con el odio extremo y enfermizo que, sin ton ni son, despertó más de dos décadas después de muerto (con efecto retardado), cuando el PSOE perdió el poder, y por personas que, mayoritariamente, no vivieron bajo su mandato (del que no conocen absolutamente nada) y que ha desembocado hasta en la profanación macabra de su tumba, acto propio de verdaderos desequilibrados mentales que tal vez persigan volver a las andadas ante su fracaso espantoso existencial. Y luego, esos demócratas antifranquistas hablan y acusan de odio a los demás, eso que tanto generan y destilan ellos cada día.

    Solamente hay que leer las memorias y testimonios escritos de todos los que se vieron involucrados en aquella tragedia española, de uno y otro bando, para comprobar las abismales diferencias de unos y otros. Personajes no precisamente proclives a los vencedores lo dicen todo. Personajes supervivientes como Gregorio Marañón (testimonio que debería ser materia de reflexión para todo español que se precie de serlo o para cualquier persona de bien), Ayala, Ortega y Gasset (que se atrevió a corregir al desinformado Einstein), el propio Manuel Azaña (que llegó a escribir en verano de 1938 que si los rojos ganaban milagrosamente la guerra, los propios republicanos tendrían que ser los que abandonaran España si les dejaban salir de ella), Julián Besteiro (socialista opuesto tanto a la dictadura de Primo de Rivera, como a la locura roja revolucionaria), Niceto Alcalá Zamora (el modelo de ayer y hoy de lo que es la derecha, es decir, los liberales y conservadores. Más Judas Iscariote, imposible), Lerroux, el propio Indalecio Prieto (al final de sus días, confesándose culpable), Castro (fundador del 5º regimiento comunista y que calificó a la URSS como el peor infierno que se pueda concebir), Hernández (ministro del PCE y de Stalin, en sus propias palabras), Líster (de la línea dura, acusado de asesino y pedófilo en la URSS y contrario a Carrillo), Tagüeña (decepcionado con el comunismo soviético), Modesto (el más brillante militar rojo y comunista, fue a la URSS rojo y huyó de ella blanco como la nieve), Vicente González “el Campesino” (víctima del gulag, las torturas de la Lubianka y vuelto a España rosado), Segismundo Casado (a quien Franco permitió huir), Matallana, Vicente Rojo (jefe del Estado Mayor rojo, máxima autoridad militar tras el ministro, indultado de 2 penas de muerte por Franco, tras volver a España a morir. El supuesto oponente que “humilló” a Franco en el campo de batalla, según propagandistas desesperados por el avance de la verdad de los hechos y la destrucción de las mentiras marxistas democráticas), Cipriano Mera, Melchor Rodríguez (el “ángel rojo”, indultado y reconocido por el régimen, que le ofreció cargos en la administración), Felix Schlayer (embajador de Noruega valiente y testigo del genocidio contra los católicos y españoles patriotas en Paracuellos perpetrado por los rojos), Gorkin (líder del POUM en busca hasta su muerte de su líder, Andrés Nin, que describió bien las torturas de las checas rojas), Aguirre (lendakari vasco que se exilió en el III Reich, el régimen que ayudó a Franco con la Legión Cóndor que bombardeó Guernica provocando la muerte de unas 120 personas y por la que los antiespañoles vascos odiarán a España por 40 generaciones según su vicelendakari Ajuriaguerra, y en USA, según su conveniencia de odio a España), etc. Y es de destacar el diferente cariz que tienen hacia el enemigo unos y otros. Mientras en el bando nacional se archivaron pruebas del horror rojo que dañarían nuestra imagen internacional (fotos de cadáveres calcinados de familias enteras dentro de iglesias en el avance de legionarios y regulares por Extremadura, fotos de cadáveres de seminaristas descuartizados y salvajemente mutilados, fotos que muestran el tesoro saqueado que los nacionales pudieron salvar de la destrucción, etc.), mostrando casi siempre compasión por los españoles vencidos (al fin y al cabo, familia y hermanos de los vencedores), a los que se consideró lo que realmente fueron, analfabetos envenenados, víctimas de la peste marxista, y sin atisbos de odio contra ellos ni siquiera en los documentales de la época (recordemos que fueron perdonados incluso por sus propias víctimas delante del pelotón de fusilamiento), y procurando olvidar y superar el trauma, atrayendo su participación en el nuevo régimen católico y patriota, en el bando vencido, entre varios líderes rojos y antiespañoles, nunca pareció extinguirse la llama del odio propia del marxismo y del antiespañolismo: Pasionaria (que juró odio también por 40 generaciones a los hijos y descendientes de los vencedores, en sintonía con algunos líderes enloquecidos de odio del PNV que encima se autocalificaban de “católicos” cuando habían antepuesto su odio a España y los españoles a su supuesta fe, en realidad, superstición de la secta hereje de Sabino Arana), Carrillo (el genocida responsable de las matanzas de Paracuellos que renegó hasta de su padre desde su refugio parisino tras fugarse pasando los Pirineos por haber puesto fin a la guerra), Negrín (el delincuente mayor de la historia de la humanidad, despreciado hasta en su propio partido y con amargos reproches de otros líderes rojos), Largo Caballero (principal responsable de la desgracia, siervo de Stalin y defenestrado por éste, enemigo hasta de Besteiro y Prieto, contra quien sus secuaces se liaron a tiros antes de la guerra), José Díaz (que murió suicidado o asesinado en la URSS, en pago a sus servicios y que se jactó ante el mismo Stalin de haber superado en España la obra de los bolcheviques), Julio Álvarez del Vayo (envenenado de odio incluso muchos años después de la guerra. Este tipo era un demonio con forma aparente de humano), Belarmino Tomás (el forajido independentista asturiano socialista y golpista terrorista en 1934, de la criminal UGT, que en otoño de 1937, en plena campaña del norte, diría aquello de “de aquí no se mueve ni Dios” y fue el primero en huir con su familia y un botín saqueado a todos sus paisanos hacia Francia por mar. Hoy idolatrado por los socialistas y comunistas de aquella hermosa provincia), y un sinfín de rojos, masones y antiespañoles más.

    Sí se puede atribuir a la España democrática crímenes contra la humanidad sin parangón en nuestra historia, aún totalmente impunes (y quizás impunes hasta el Juicio Final, si una Causa General no lo remedia): millones de niños y niñas abortados, cientos de miles asesinados como consecuencia de la inseguridad, el terrorismo, el narcotráfico, la delincuencia, etc., (con la eutanasia forzosa acechando en el futuro próximo) que gozan de especial impunidad en este tipo de regímenes democráticos, propensos al “todo vale” (menos el “fascismo”), a la relatividad moral, al desorden consentido, que no a la libertad o libre albedrío natural; millones de víctimas de la droga tolerada y no combatida por las democracias, millones de víctimas del desempleo permanente que no pertinaz (como los antifranquistas denominaban a la sequía, menudos hijos de p. fariseos), millones de niños escandalizados con todo tipo de inmoralidades y traumatizados de miles de maneras, empezando con el divorcio de su padres, millones de personas saqueadas por el terrorismo fiscal arbitrario existente, decenas de millones de personas robadas (con impunidad electoralista incluida para ocupas de la propia vivienda) y víctimas de la corrupción cada vez más generalizada, millones de víctimas de las mentiras de todo tipo, millones de víctimas de violaciones, incluidos menores, millones de personas acosadas en Vascongadas, Cataluña y cada vez más regiones, y sin protección legal ni policial alguna, millones de personas solas, deprimidas, con enfermedades mentales, suicidadas, etc. Y todo ello en claro ascenso. ¿Alguien lo puede negar? Pero, claro, vivimos en democracia, y la democracia es amiga, como el marxismo, de la perdición, y enemiga acérrima del Camino, que es Jesucristo Nuestro Señor. La democracia es la idolatría de la mentira y la enemiga de la Verdad, que es Jesucristo Nuestro Señor. La democracia es aliada de la muerte y enemiga extrema de la Vida, que es Jesucristo Nuestro Señor. En la democracia, como en el comunismo y el socialismo “mandan” las masas (engañadas y corrompidas, con dinero a cambio de votos, hasta el tuétano), esas que gritan ¡crucifícale!, esas que se sienten mal porque alguien destaque y se unen en su contra, esas que se unen hipócritamente para lograr la igualdad contranatural, esas que son como rebaños de ovejas débiles sin pastor en dirección al abismo, esas que son víctimas fáciles del diablo, sus secuaces, los políticos y sus artimañas, si Dios no lo impide milagrosamente con Su Infinita Misericordia y sus fieles santos y santas, pobres, castos y obedientes al Señor.

    Esto lo ha escrito un mal católico que asume todas las culpas y condenas a muerte que le pudieran caer por parte de todos aquellos que odian la Verdad que es Nuestro Señor Jesucristo, ya que no le mueve otro propósito que ayudar a discernir lo que nos conviene o no conforme a los Santos Evangelios, no conforme a «opiniones» o pareceres o relativismos morales todos ellos muy democráticos. Y para que conste el nombre de este don nadie mal siervo del Señor al que la reputación frente al mundo le importa un pimiento podrido, Hugo Rodríguez Pacios. QUE TRIUNFE EL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS Y EL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA PARA SIEMPRE EN ESPAÑA.

    VIVA CRISTO EMPERADOR. VIVA CRISTO REY. ARRIBA ESPAÑA, UNA, GRANDE Y LIBRE.

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