ABERASTURI: Las carencias e insuficiencias de la falta de Fe.

 

 

 

Jose Luis Aberasturi

9 de enero de 2019

 

Hace mucho tiempo que sigo, en ABC, la columna de Pedro García Cuartango. Y le sigo porque escribe directamente, con la honradez del que no tiene nada que demostrar a nadie; con la única excepción, quizá, de a sí mismo. Y escribe las cosas como las siente, sin trampa ni cartón.

Se declara no-creyente. Y escribe desde ahí. Hoy (8-I-19) en su columna “Tiempo recobrado”, publica ‘La contingencia’, donde destaca: ‘Arrojados al mundo, lo único a lo que no podemos renunciar es a nuestra libertad’.

Con su permiso me voy a permitir, sin ningún ánimo de polémica, intentar escribir desde el lado contrario: desde la Fe Católica, que es la mía; y la de muchísimos millones de católicos en todo el mundo, de muy distintas culturas y situaciones personales y sociales.

Se apoya en Sartre -ateo él, entre unas cuantas cosas más-, concretamente en La Nausea (1938), y cita: “Lo esencial es la contingencia. Por definición, la existencia no es la necesidad. Existir es estar ahí. La contingencia no es una máscara, es lo absoluto, la gratuidad perfecta. Todo es gratuito. Cuando se comprende eso, se le revuelve a uno el estómago”. [En esto último tiene toda la razón: “comprender” las cosas de este modo te hace vomitar. Lógico]

Tras la cita, Pedro se reafirma en lo que ha citado: ‘Existir es estar ahí, sin razón alguna (…), sin destino ni determinación, pura apariencia momentánea como el rayo de luz que refulge en un espejo’.

Tras citar a Santo Tomás de Aquino y motejar su argumentación sobre el binomio trascendencia-contingencia (Dios-mundo, Dios-hombre, necesidad-contingencia) de ‘trampa intelectual’ [Pedro sabrá por qué], se reafirma en su postura: ‘Pero no, la contingencia es irredimible y, por tanto, absoluta en la medida en que está adherida a nosotros desde el nacimiento hasta la muerte’.

Y un poco más adelante explica -o lo pretende-: ‘Si la contingencia está inserta en la conciencia como absoluto, estamos condenados a la náusea que produce la nada, pero también somos libres en nuestra propia indeterminación. Arrojados al mundo, lo único a lo que no podemos renunciar es a nuestra libertad. No somos, nos hacemos’.

Y acaba: ‘la contingencia es pura elección, pero también (…) hay fuerzas que nos empujan a perseverar en lo que somos y a las que nos aferramos para combatir ese vértigo de existir’. Aunque se resista -que se resiste-, no tiene más remedio que reconocer, aunque no lo quiera ni nombrar por su verdadero nombre, que hay “fuerzas que nos empujan… y a las que nos aferramos…”. Algo así como “que la fuerza te acompañe”, que vas bien apañado. O no, claro.

 

 

 

 

Esto es lo que da de sí la carencia de la Fe: que te estraga el estómago, te da náuseas, y vomitas -pretendes vomitar, sin lograrlo- tu propia vida. Y no solo porque no se tenga Fe, que también, sino en especial porque, tantas veces -y esto es peor-, se rechaza: no se quiere ni la Luz ni la Fuerza que da a la persona humana -el único ser en la tierra que, aparte de rechazarla, es también el único capaz de recibirla y vivir conforme a Ella-, en todos los órdenes de cosas: en el orden intelectual y en el orden moral; es decir, en su dimensión específicamente humana -lo que Pedro llama ‘libertad’- y, por tanto, trascendente: porque la libertad no puede ser para la contingencia absoluta -que no existe: la contingencia siempre es finita y limitada-, como no lo es para la indeterminación ni, mucho menos, para la nada. Es el caso de las vacas: por eso no tienen libertad; como no tienen ni entendimiento ni voluntad.

Sinceramente: me da pena que tamaña honradez solo engendre tanto dolor, tanta zozobra e incertidumbre, tanta impotencia -tanta náusea-, y… ¿para nada?

Esto es lo que ni es ni puede ser el hombre: la nada. Ni su vida una náusea. Y esto, precisamente esto, es lo que nos explica, lo que nos asegura, y lo que nos alcanza la Fe. La Fe Verdadera: Revelada a nosotros e Infundida en nosotros, siempre desde Dios mismo, única garantía de Verdad.

Lo que Pedro GC describe como referido al hombre -arrojados al mundo, lo esencial es la contingencia, estar ahí sin razón alguna sin objetivo ni determinación, la nada-, es exactamente lo que define a los animales: nunca al hombre.

Precisamente su agarrarse a la libertad, porque eso es -entre otras características- lo más esencialmente evidente en el hombre, y Pedro no puede ni obviarlo ni negarlo: es lo que demuestra a las claras y de un modo definitivo que el hombre no es un animal. Luego no puede definir -reducir- al hombre “a lo animal”.

El hombre nunca “es arrojado” al mundo, sino “puesto” -“traído”-, como se dice de los que han sido padres: “han traído al mundo un hijo”; lo que lo define y determina no es la contingencia, sino todo lo contrario: “ser para siempre”: la eternidad; su entendimiento y su voluntad le llevan a conocer o, como mínimo, a “barruntar” -como le pasa a GC- las “realidades” que, aunque se le escapen, “siente” que están ahí: el bien, el mal, el ser de las cosas, los por qué de los seres y de uno mismo, la existencia de Dios… todas esas “fuerzas que nos empujan a perseverar en lo que somos y a las que nos aferramos para combatir ese vértigo de existir”.

Y no se puede afirmar y negar a la vez lo mismo. Dice Pedro: “no somos, nos hacemos”. Pero también afirma la libertad como ese dejarnos llevar por las fuerzas que nos empujan a perseverar “en lo que somos”. ¿En qué quedamos? ¿”Somos” o “no somos”? Y si no somos, ¿cómo vamos a “poder hacernos”? Si el hombre es por nada y para nada, su libertad es para lo mismo: para nada; es decir: no hay libertad; solo contingencia, acaso, azar, determinación absoluta, caos…, nada.

Siento decirlo, pero se equivoca GC de medio a medio. Lo que nos enseña la verdadera sabiduría ya desde los griegos -y cinco siglos antes de Cristo: o sea, no desde la Fe, sino desde la razón no estragada por trampantojos intelectualoides: esto sí son “trampas (pseudo)intelectuales”-, y lo continúa Santo Tomás de Aquino trayéndolo al mundo intelectual occidental- es que “somos” y “nos hacemos”. Las dos cosas. Y las dos cosas significan que tenemos origen –“somos”, pero no nos hemos dado el ser-, y destino: es decir, una “causa” -un motivo, un fin- para vivir, para “hacernos”. Las vacas, evidentemente, no.

Por eso la vida humana -la de la persona humana, la del ser humano-, nunca es ni “la nada”, ni “la náusea”: siempre es “el ser” y “la dignidad” de vivir, con el ejercicio “sano” de nuestra libertad, como lo que somos: “hombres”. Y para los que tenemos Fe: hombres-hijos de Dios.

Sin angustias. Con certezas. Sin vértigos. Con los pies en el suelo: en la Verdad y en el Bien de dónde venimos y a dónde vamos.

 

 

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10 respuestas

  1. Totalmente de acuerdo.
    Sin Fe o menos que poquita, sólo hay angustia y miedo.
    Sin Esperanza del Cielo, no hay mucho por que vivir.

  2. Cuando en mi preadolescencia ya ahondaba en el misterio de la existencia,en alguna ocasión me ocurrió lo siguiente:Artificiosamente, pero convencido de la contingencia se tantos seres-empezando por el mío-,empezaba a suprimirlos,predcindiendo de su existencia.Era algo así como ir quitando»suelos».No existía yo,ni mi familia,ni los millones de seres de la tierra,ni la tierra,ni es sistema planetario,ni la galaxia,ni la totalidad de lad galaxias,ni el espacio,ni el tiempo…. Súbitamente,aunque no lo lograba siempre,experimentaba-no un vomito,no una nausea-,sino un vértigo,un perder pie,engullido por abajo en una especie de tornado que me devoraba…
    La experiencia duraba sólo unos segundos,afortunadamente,pues-naturalmente-,en seguida se restablecia la EVIDENCIA DEL SER.
    «Estar ahi».DASEIN,por decirlo en la terminología de otro existencialista como Sartre,Heidegger.
    Ese estar ahi es una constatación,como lo es que somos SEIN ZUM TODE,ser para la muerte.Pero concluir ,desde eso,que somos ser-para-la-nada,ya es gratuito,ya es una opcion elegida.
    Estamos ahi.Y comprendemos que nos podemos hacer,pues de hecho ser mujer,ser hombre,es una permanente tension entre lo que somos en cada ahora,y lo que podemos llegar a ser.Tal cosa la llevamos a cabo con una herramienta especifica,la libertad personal,pero no sólo,pues tambien con nuestra inteligencia,que nos ayuda a discernir qué queremos ser.Y con la Fe,si la tenemos,que multiplica los «leds» de la inteligencia.
    Quedarse en la mera libertad,con la que nos-hariamos-para-la-nada,no deja de ser un derecho al pataleo.A un tristisimo pataleo.
    Efectivamente,nuestro dasein,nuestro estar ahi,implica algo-Alguien!- que nos ha puesto ahi.Nuestra inteligencia nos hace ver que somos un TRANSITO HACIA.Nuestra libertad nos permite hacer tal transito.Nuestra Fe,si la tenemos,de un lado nos aclara mucho más las cosas,con su Luz.Y de otro,nos facilita la epopeya,con su Gracia.

  3. Es curioso (y hasta graciosamente irónico) que Pedro GC relacione la contingencia, puro movimiento caótico, con un absoluto que, como tal, debe ser invariable y fijo.
    También, en un absoluto que no tiene idea clara de en qué consiste, pues siguiendo su razonamiento, es incognoscible.

    «Nos hacemos…» sí, pero con un punto de partida, que tampoco sabe cuál es…
    Y una libertad imaginaria, pues tenemos y padecemos limitaciones de todo tipo….o no?

    Y sí, soy libre para entregar parte o gran parte de mi libertad, voluntariamente, ya sea en el matrimonio o la vida religiosa.
    Eso sí, por esa libertad podemos arrepentirnos y cambiar el rumbo, pero eso sólo ocurre ante la verdad y el bien. Si no, seguimos perdidos.

    El gran peligro es la adopción de este principio de «nos hacemos» por la ideología de género, pero esta construcción tiene más límites, la naturaleza está ahí, y esencialmente es invariable: por más que se esté convencido, siguen estando los cromosomas.

  4. Siendo como soy uno más de los muchos que no han estudiado ni filosofía ni teología , a mí siempre me ha bastado el pensar que si venimos de la nada y nos encaminamos a la nada; entonces ,por que pensamos, sufrimos y anhelamos ? Si fuéramos esencia de la nada, no tendríamos ni esos problemas ni la conciencia de su existencia ya que la nada es NADA!

  5. Como dice Chesterton, los que no creen en Dios no es que no crean en nada, es que creen en cualquier cosa, como la señora contingencia, a la que eleva al rango de absoluto. A eso sí que hay que echarle fe, como a lo de arrojados a la existencia ¿ por quien ? ¿ por la señora contingencia absoluta ? Yo, ya puestos a creer, prefiero mil veces creer en un Dios creador y redentor, el Dios católico, universal, que es el que es, que es Padre, Hijo y Espíritu Santo y que me promete un cielo para toda la eternidad, la plenitud del ser, de la esencia y la existencia.

  6. BRANDMÜLLER: EL FUTURO ESTÁ EN LAS COMUNIDADES DE RITO ANTIGUO

    https://4.bp.blogspot.com/-2OECvhZ1FsI/UOPO5t6gsCI/AAAAAAAAHWw/HhodonrPCf0/s1600/CATHOLICVS-Santa-Misa-Filadelfia-Holy-Mass-Philadelphia-1.jp

    Obispos fallidos deberían copiar a las comunidades exitosas de rito antiguo – Cardinal Brandmüller

    Las comunidades tradicionales que celebran la antigua misa latina, especialmente en Francia, no carecen de vocaciones, dijo el cardenal Walter Brandmüller a CatholicNewsAgency.com (8 de enero).

    Recomienda a los obispos [sin éxito en conseguir vocaciones] que «adopten este modelo de éxito».

    La vieja misa latina genera muchas vocaciones porque, antes, genera familias con muchos hijos.

    Brandmüller además expresó su vergüenza con la rica Iglesia alemana, que está desapareciendo y, al mismo tiempo, da lecciones a la pobre pero floreciente Iglesia en África y Asia.

    en.news. https://religionlavozlibre.blogspot.com/2019/01/brandmuller-el-futuro-esta-en-las.html

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