CONCILIO O REVOLUCIÓN (3) Salida Boicoteada

Johannes Wolf

 

 

 

El trece de octubre echa a andar el Concilio con su Primera Comisión General en la que se iban a elegir a los representantes en las diez Comisiones encargadas de estudiar los esquemas que había elaborado la Comisión Preparatoria, que había hecho bien sus trabajos: es de justicia decirlo.

El problema fue que no sólo ella había trabajado bien. A destajo -¡deprisa, deprisa, que se les echaba encima el Concilio!-, se habían ido reuniendo y planificando, en otra “comisión” muy distinta, una serie de prebostes -obispos, teólogos y familias religiosas- hispanoamericanos -en especial, brasileños- y europeos -franceses y belgas especialmente; más algún alemán y algún otro del Este europeo- que, ya en el mismo momento de echar a andar, efectuaron una auténtica “voladura” en la misma línea de flotación del Concilio.

Era lo que se vino a llamar el “Grupo de la Domus Mariae” -aunque ellos no se llamaron así; preferían, por ejemplo, el nombre de “Grupo Ecuménico” entre otros-, que además aglutinó, en los meses anteriores inmediatos al Concilio, a otras iniciativas ideológicas -con un marcado interés de romper la Iglesia desde dentro-, ya existentes y actuantes desde unos pocos años antes.

Ahí estaban el obispo brasileño Helder Cámara como primer eslabón de la cadena, el card. Suenens su otro yo, que cerraba la pinza en Europa: ambos formarían el tándem, oculto pero necesario, para dinamitar la Asamblea Conciliar; el card. Spellman, arzobispo de Nueva York, que llevaba tiempo poniendo los dólares para montar y sostener el Centro Internacional de Documentación, con sede en Cuernavaca; mons. Larrain, obispo de Talca (Chile) y desde 1963 Presidente del CELAM; el obispo de Cuernavaca Sergio Méndez Arceo, protector del p. Ivan Illich que fue la cabeza pensante y organizativa del antes citado Centro de Documentación (CIDOC), que tanto influyó en estos ambientes progresistas y subversivos; y otros más, como Liénart, Suenes, Döpfner, y Köning, sin olvidarnos de Montini. Uno de estos escribió en su diario que Mntini sería el futuro Papa: lo tenían todo previsto. Y lo consiguieron.

Entre los “teólogos”, “peritos” y “ayudantes a título personal” estaban -como no podía ser de otra manera-: el p. Congar, Daniélou, de Lubac, Häring, Küng, Rahner, Schillebeeckx -que ya había pretendido cargarse públicamente la teología de Santo Tomás-, todos ellos sospechosos de heterodoxia ya antes del concilio, con Pio XII, sin ir más lejos. Con el tiempo, unos acabaron mejor que otros.

Pero todos -cada uno en su papel y desde su sitio-, todos tuvieron una gran influencia, tanto durante el concilio, como después. Como detalle: en el CV I los teólogos no habían tenido ningún papel; fue como si no hubiesen existido, o como si ahí no estuviese su sitio o su función. Pero la historia es la que es. Y por eso la contamos.

Y llegó el 13 de octubre de 1962, día esperado y, a la vez, temido: porque mucha gente buena estaba que echaba las muelas con lo del Concilio. El orden del día, sobre el papel, estaba claro: la elección de representantes. Pero era lo único que “parecía” claro. Lo que la buena gente, empezando por el card. Tisserant y por el card. Octaviani -pesos pesados de la Iglesia de siempre- no podían haber previsto, es lo que pasó nada más iniciarse la sesión.

Se levantó -estaba previsto así por los “malos”- el card. Aquille Liénart, obispo de Lille, tomó el micro, y largó que no se podía votar sin conocerse entre ellos, por lo que urgía consultar a las conferencias episcopales de los distintos países. El card. Frings, que dijo hablar también por los card. Döpfner y Köning, apoyó la propuesta. Tisserant no tuvo más remedio que cerrar la sesión y afirmar que se comunicaría al Santo Padre lo ocurrido.

No solo se cargaron el reglamento, sino que se llevaron el gato al agua. El card. Suenens afirmará en su Recuerdos y esperanza, que Juan XXIII se puso muy contento. La “guerra” había comenzado.

La progresía eclesial era una minoría, pero ganaron. Casi diría que arrasaron, más cuanto más avanzaba el Concilio. ¿Por qué? Por varias razones, acumulables:

 

. eran minoría, sí; pero estaban organizados y tenían los medios: dinero, prensa y el “fuego interior” de los “revolucionarios”; además de las “artes” -inmorales- de los conspiradores: porque lo fueron;

. también intentaron organizarse después los “buenos”, y lo hicieron; pero, aunque no lo sabían, llegaban tarde, iban siempre por detrás y no podían usar los mismos métodos que los “malos”: pensaban que estos últimos eran, por decirlo así, “honrados”; pero los “malos”, por definición, nunca lo son;

. el papa Juan XXIII aún sin decirlo o “creerlo” abiertamente estaba “por la labor”; de hecho, en alguna ocasión, aún habiendo perdido los “malos” las votaciones, a la postre les dio la razón, desautorizando la votación de la mayoría;

. la inmensa mayoría, aún no estando de acuerdo en su interior con las “malas” propuestas antirromanas, antilatinas, antimagisterio y antitradición, estaban callados, como espectadores ante los dos campos bien asentados y, a la hora de la verdad, muchos votaban por las “novedades”, creyendo -así se lo hicieron creer, y les ayudaron bastante- que el “espíritu del Concilio” y el “espíritu de los tiempos”, cuando no el mismo Espíritu Santo, estaban detrás de las “reformas”;

. por parte de los “malos”, se despreció la teología y el Magisterio, se invocó “la apertura al mundo y a los hombres”, todo había de ser “nuevo” -desde la misma Iglesia Católica- porque lo viejo había pasado, y ya no era posible seguir considerando las cosas desde Dios a los hombres -esa es la Revelación- sino desde los hombres a Dios;

. yo todos los “tópicos” cuajaron: la “iglesia de los pobres”, hasta convertirse en una “opción preferencial”, además del compromiso social y político y del compromiso con el mundo; alejarse de los “espiritualismos”, de los “paternalismos” y de Santo Tomás, que era como nombrarles la “bicha”; abandono de las prácticas de piedad tradicionales de la vida de los fieles, huir de la frecuencia de los Sacramentos para la vida cristiana, que calificaban de “sacramentalismo”; dejarse de la “liturgia romana” e introducir las lenguas vernáculas -que cada Conferencia episcopal debía elaborar- para poner al alcance de todos los contenidos litúrgicos; alejarse -los sacerdotes y religiosos- de los “signos externos” que “separan” del pueblo; “comunidades de base” como expresión de la fe y la religión del pueblo: ¡no a la Iglesia jerárquica, sí a la Iglesia carismática!; “desmitificar las Verdades de Fe, empezando por desmitificar al mismo Jesucristo”…

 

 

Y así todo. Y ganaron. Y se ha descristianizado al personal, a las enteras sociedades…, pretendiendo que “la doctrina no se toca”, y que todo sigue igual.

 

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17 respuestas

  1. No estaría de más que denunciara también la misericorditis, esa enfermedad de la misericordia que, desgajada de la verdad y la justicia, se vuelve loca, como nos recuerda Gilbert K. Chesterton y que está causando estragos en el seno de la Iglesia Católica y que lleva a extremos aberrantes, como la bendición de la homosexualidad o la comunión para todos.

    Mi comentario en Infocatólica a Munilla y las falsas espiritualidades :http://www.infocatolica.com/blog/oportune.php/1807230632-el-desafio-de-las-falsas-espi

  2. Pero ¿ de donde salieron todos estos heterodoxos que, aunque minoría, llevaban la voz cantante ? ¿ De dónde salió el mismo Juan XXIII que llegó a decir que el tiempo de las condenas ya se había acabado y que había que pasar al tiempo del diálogo ? Una Iglesia que no condena el error y el pecado está abocada al más estrepitoso fracaso, como así ha sido. ¿ Para cuando la condena del marxismo ? ¿ Para cuándo la condena del gender ?

  3. Parece que hay que remontarse en el tiempo, hasta el origen del Modernismo y la Pascendi.

    Contra el Modernismo
    Pedro L. Llera, el 4.02.17 a las 10:31 PM

    El hereje modernista es el posverdadiano en católico. Obviamente, yo no soy nadie para convertirme en “martillo de herejes” ni para condenar a nadie. Para eso están los Papas y los obispos. Por eso, es preciso recordar lo que San Pio X denunciara en su Encíclica Pasciendi, escrita en 1907. Esa Encíclica lo deja todo muy clarito. Si entonces el Modernismo era un peligro, ahora estamos aún peor. Así empieza San Pío X su Encíclica:

    “Jamás han faltado, suscitados por el enemigo del género humano, «hombres de lenguaje perverso», «decidores de novedades y seductores», «sujetos al error y que arrastran al error»”. (Pascendi, Introducción).

    “En estos últimos tiempos ha crecido, en modo extraño, el número de los enemigos de la cruz de Cristo.[…] Guardar silencio no es ya decoroso, si no queremos aparecer infieles al más sacrosanto de nuestros deberes”.

    “Lo que sobre todo exige que rompamos sin dilación el silencio es que hoy no es menester ya ir a buscar los fabricantes de errores entre los enemigos declarados: se ocultan en el seno y gremio mismo de la Iglesia, siendo enemigos tanto más perjudiciales cuanto lo son menos declarados”.

    “Hablamos, venerables hermanos, de un gran número de católicos seglares y, lo que es aún más deplorable, hasta de sacerdotes, los cuales, so pretexto de amor a la Iglesia […]asaltan con audacia todo cuanto hay de más sagrado en la obra de Jesucristo, sin respetar ni aun la propia persona del divino Redentor, que con sacrílega temeridad rebajan a la categoría de puro y simple hombre”. (Pascendi, 1)

    “Ellos traman la ruina de la Iglesia, no desde fuera, sino desde dentro: en nuestros días, el peligro está casi en las entrañas mismas de la Iglesia y en sus mismas venas; y el daño producido por tales enemigos es tanto más inevitable cuanto más a fondo conocen a la Iglesia”. (Pascendi, 2).

    Resumimos: hay seglares, sacerdotes (y ahora yo añadiría a la lista a más de un obispo) que desde las mismas venas de la Iglesia traman su ruina. Son enemigos de la cruz de Cristo que no respetan ni lo más sagrado: ni siquiera la figura del propio Redentor. Ante esta amenaza, guardar silencio ya no es decoroso.

    ¿Verdad que resultan actuales estas palabras?

    ¿En qué consiste la falsa doctrina modernista?

    1.- “La razón humana, encerrada rigurosamente en el círculo de los fenómenos, es decir, de las cosas que aparecen, y tales ni más ni menos como aparecen, no posee facultad ni derecho de franquear los límites de aquéllas. Por lo tanto, es incapaz de elevarse hasta Dios, ni aun para conocer su existencia, de algún modo, por medio de las criaturas: tal es su doctrina. De donde infieren dos cosas: que Dios no puede ser objeto directo de la ciencia; y, por lo que a la historia pertenece, que Dios de ningún modo puede ser sujeto de la historia”. (Pascendi, 4).

    No podemos conocer a Dios mediante el entendimiento. De un plumazo, los modernistas se cargan la teología, el catecismo y todos los dogmas de la Iglesia.

    Nada les detiene, ni aun las condenaciones de la Iglesia contra errores tan monstruosos. Porque el concilio Vaticano decretó lo que sigue: «Si alguno dijere que la luz natural de la razón humana es incapaz de conocer con certeza, por medio de las cosas creadas, el único y verdadera Dios, nuestro Creador y Señor, sea excomulgado». Igualmente: «Si alguno dijere no ser posible o conveniente que el hombre sea instruido, mediante la revelación divina, sobre Dios y sobre el culto a él debido, sea excomulgado». Y por último: «Si alguno dijere que la revelación divina no puede hacerse creíble por signos exteriores, y que, en consecuencia, sólo por la experiencia individual o por una inspiración privada deben ser movidos los hombres a la fe, sea excomulgado». (Pascendi, 4).
    2.- “El sentimiento religioso, que brota por vital inmanencia de los senos de la subconsciencia, es el germen de toda religión y la razón asimismo de todo cuanto en cada una haya habido o habrá. […]Tenemos así explicado el origen de toda religión, aun de la sobrenatural: no son sino aquel puro desarrollo del sentimiento religioso. Y nadie piense que la católica quedará exceptuada: queda al nivel de las demás en todo. Tuvo su origen en la conciencia de Cristo, varón de privilegiadísima naturaleza, cual jamás hubo ni habrá, en virtud del desarrollo de la inmanencia vital, y no de otra manera”.

    ¡Estupor causa oír tan gran atrevimiento en hacer tales afirmaciones, tamaña blasfemia!¡Y, sin embargo, venerables hermanos, no son los incrédulos sólo los que tan atrevidamente hablan así; católicos hay, más aún, muchos entre los sacerdotes, que claramente publican tales cosas y tales delirios presumen restaurar la Iglesia! (Pascendi, 8).

    El hecho religiosos tiene una explicación puramente inmanente: es un hecho vital que forma parte de la propia naturaleza del ser humano. La fe es un sentimiento íntimo que surge de una necesidad del subconsciente humano: un sentimiento, no un conocimiento. La fe es un invento del propio hombre para colmar una necesidad o acallar y tranquilizar el miedo a la muerte. Y ese sentimiento religioso que surge de manera inmanente en cada uno de nosotros es el origen de todas las religiones: el cristianismo es una más, tal vez la más perfecta: pero una más. No hay que saber: hay que sentir, hay que tener experiencias de interioridad que susciten sentimientos. Lo que cuenta es lo afectivo, lo emotivo, lo que me haga sentir bien. Pero Cristo importa poco o nada: llámalo Dios, llámalo energía… Algo hay, pero no lo que predica la Iglesia. Por eso la New Age tiene tantos adeptos.

    Y si todas las religiones surgen del sentimiento religioso que brota del subconsciente, podemos deducir que todas las religiones son igualmente verdaderas (o igualmente falsas). ¿Por qué va a ser más verdadera la religión cristiana que el Islam o el Budismo o el Judaísmo? ¿Qué más da cómo llamemos a Dios? ¿Qué importa la Biblia o el Corán? En última instancia, todos creemos en el mismo Dios. Lo importante es el amor, la tolerancia, el respeto.

    San Pío X lo dice así:

    Desde luego, es bueno advertir que de esta doctrina de la experiencia, unida a la otra del simbolismo, se infiere la verdad de toda religión, sin exceptuar el paganismo. Pues qué, ¿no se encuentran en todas las religiones experiencias de este género? Muchos lo afirman. Luego ¿con qué derecho los modernistas negarán la verdad de la experiencia que afirma el turco, y atribuirán sólo a los católicos las experiencias verdaderas? Aunque, cierto, no las niegan; más aún, los unos veladamente y los otros sin rebozo, tienen por verdaderas todas las religiones. Y es manifiesto que no pueden opinar de otra suerte, pues establecidos sus principios, ¿por qué causa argüirían de falsedad a una religión cualquiera? (Pascendi, 13).
    A partir de aquí, la evangelización o el proselitismo están de más. Es normal que nos encontremos con misioneros que después de cuarenta años presuman de no haber bautizado a nadie. Normal… Pero “Extra Ecclesiam nulla salus”:

    Cuarto Concilio de Letrán (1215):

    “Hay solo una Iglesia Universal de los fieles, fuera de la cual nadie está a salvo”.

    Concilios Vaticano II. Constitución Dogmática Lumen Gentium:

    “El sagrado Concilio pone ante todo su atención en los fieles católicos y enseña, fundado en la Escritura y en la Tradición, que esta Iglesia peregrina es necesaria para la Salvación. Pues solamente Cristo es el Mediador y el camino de la salvación, presente a nosotros en su Cuerpo, que es la Iglesia, y Él, inculcando con palabras concretas la necesidad de la fe y del bautismo (cf. Mc., 16,16; Jn., 3,5), confirmó a un tiempo la necesidad de la Iglesia, en la que los hombres entran por el bautismo como puerta obligada. Por lo cual no podrían salvarse quienes, sabiendo que la Iglesia católica fue instituida por Jesucristo como necesaria, rehusaran entrar o no quisieran permanecer en ella”.
    3.- Cristo en realidad es solo un hombre: eso es lo que nos dice la ciencia. El Jesús histórico fue transformado y adulterado por la Iglesia, convirtiéndolo en el Cristo de la fe. Por lo tanto, hay que deconstruir todo lo que la Iglesia ha ido echando encima de la figura de Jesús para conocerlo realmente en su realidad histórica. Debemos eliminar todo aquello que ha desfigurado al verdadero Jesús: sus palabras, sus milagros, sus acciones… Todo aquello que no se corresponde con la realidad histórica del verdadero Jesús y su tiempo. Los milagros no son más que mitos, relatos ficticios: elaboraciones de la primitiva comunidad cristiana para justificar la condición de Jesús como Hijo de Dios, como Mesías, como Cristo. Los relatos de los evangelios no son sino narraciones míticas sin fundamento histórico alguno. Ni hay curaciones milagrosas, ni resucitación de muertos, ni multiplicación de panes y peces ni nada de nada. Por supuesto, Jesús no fundó ninguna Iglesia, sino que esta es un invento de los primeros cristianos, especialmente de San Pablo.

    San Pío X:

    Si tal vez se objeta a eso que hay en la naturaleza visible ciertas cosas que incumben también a la fe, como la vida humana de Jesucristo, ellos lo negarán. Pues aunque esas cosas se cuenten entre los fenómenos, mas en cuanto las penetra la vida de la fe, y en la manera arriba dicha, la fe las transfigura y desfigura, son arrancadas del mundo sensible y convertidas en materia del orden divino. Así, al que todavía preguntase más, si Jesucristo ha obrado verdaderos milagros y verdaderamente profetizado lo futuro; si verdaderamente resucitó y subió a los cielos: no, contestará la ciencia agnóstica; sí, dirá la fe. Aquí, con todo, no hay contradicción alguna: la negación es del filósofo, que habla a los filósofos y que no mira a Jesucristo sino según la realidad histórica; la afirmación es del creyente, que se dirige a creyentes y que considera la vida de Jesucristo como vivida de nuevo por la fe y en la fe. (Pascendi, 15)
    4.- La Iglesia, dicen (los modernistas), y los sacramentos no se ha de creer, en modo alguno, que fueran instituidos por Cristo. (Pascendi, 19)

    Los sacramentos no son más que símbolos. Jesús no instituyó ningún sacramento. Estos son otro invento de la primitiva Iglesia. Sirven para dar a la religión algo sensible que pueda suscitar o avivar los sentimientos religiosos: pero nada más.

    Pero el Concilio de Trento sentencia respecto a los sacramentos:

    «Si alguno dijere que estos sacramentos no fueron instituidos sino sólo para alimentar la fe, sea excomulgado».
    El sacramento de la penitencia tiene como finalidad alcanzar una especie de catarsis, pero no hace falta porque lo importante es tener la conciencia tranquila (esté la conciencia bien formada o no). Yo me confieso directamente con Dios, no necesito contarle al cura los pecados. También quedan muy apañadas las celebraciones comunitarias con absolución general, sin necesidad de pasar la vergüenza de pasar por el confesionario: resultan mucho más cómodas y valen igual… En realidad, para los modernistas ya casi nada es pecado.

    El bautismo no es necesario ya para la salvación. Todos se salvan: bautizados o no bautizados. Todos somos hijos de Dios. Dios nos quiere a todos por igual. Todos vamos al cielo.

    El matrimonio no es ya indisoluble: eso es un ideal deseable pero inalcanzable. Puedes divorciarte y volverte a casar y seguir comulgando, si tu conciencia está tranquila y te sientes bien contigo mismo.

    ¿Qué decir de la Eucaristía? No pasa nada por no ir a misa. Las misas son aburridas: siempre lo mismo. Por eso hay que innovar y renovar creativamente la liturgia: bailes, guitarritas, canciones poperas con letras ñoñas, muchos abrazos en el momento de la paz (eso sí me hace sentir bien y exalta el sentimiento religioso). Los misales son una referencia puramente potestativa que el cura puede modificar a su gusto. Y la comunión se ha convertido en un derecho individual: da igual estar en pecado mortal, da igual no haberse confesado en años… ¿Estás a gusto con tu conciencia? Pues ya está. Eres adúltero, lujurioso, corrupto, asesino, mentiroso… ¿Qué tiene eso que ver? Yo voy y comulgo y punto. ¿Quién es el cura para quitarme a mí de comulgar? Así las misas se vuelven motivo de condenación más que de salvación para muchas almas que no saben que no deben comulgar pero sienten que sí pueden.

    En la misa modernista, el protagonista no es Cristo, sino el cura. Este cura me entretiene y me gusta; este, no. Hay que hacer misas para niños, que son un espanto; misas para jóvenes, que son un horror; y luego están las misas para los viejos, que son las más aburridas. La misa debe ser renovada, debe ser un espectáculo divertido, porque si no, espantamos a la gente de las Iglesias. Hay que estar con los tiempos. Lo viejo no vale.

    La transubstanciación es otro concepto del pasado que no es aceptable en la actualidad. La consagración es un símbolo (todo para ellos es un símbolo) que representa la presencia misteriosa de Cristo en medio de la asamblea de los fieles (que también, pero no solo). Pero el pan es pan y el vino sigue siendo vino. No es Cristo realmente el que se hace presente en el pan y en el vino. No hay milagro. Todo es inmanente. No hay sacralidad en nada. Todo es feo y vulgar. Cada vez menos se arrodillan ante el Santísimo en el momento de la consagración: ¿para qué? Total ahí no hay más que pan y vino…

    Pero el Concilio de Trento aclara y define en la sesión XIII, cánones 1-3 para que no haya duda o confusión lo siguiente:

    1. Si alguno negare que en el santísimo sacramento de la Eucaristía se contiene verdadera, real y sustancialmente el cuerpo y la sangre, juntamente con el alma y la divinidad, de nuestro Señor Jesucristo y, por ende. Cristo entero; sino que dijere que sólo está en él como en señal y figura o por su eficacia, sea anatema.

    2. Si alguno dijere que en el sacrosanto sacramento de la Eucaristía permanece la sustancia de pan y de vino juntamente con el cuerpo y la sangre de nuestro Señor Jesucristo, y negare aquella maravillosa y singular conversión de toda la sustancia del pan en el cuerpo y de toda la sustancia del vino en la sangre, permaneciendo sólo las especies de pan y vino; conversión que la Iglesia Católica aptísimamente llama transustanciación, sea anatema.

    3. Si alguno negare que en el venerable sacramento de la Eucaristía se contiene Cristo entero bajo cada una de las especies y bajo cada una de las partes de cualquiera de las especies hecha la separación, sea anatema.
    El orden sacerdotal tampoco es un sacramente que tenga demasiada importancia (tal vez ninguna): cualquiera puede dar la comunión, cualquiera puede tomar en sus manos al Señor para comulgar. A fin de cuentas, por el bautismo todos compartimos la condición de sacerdotes. Los modernista abogan por el sacerdocio femenino, por la supresión del celibato…

    5.- Los Mandamientos de la Ley de Dios ya no le sirven al mundo de hoy. El único mandamiento que vale es el mandamiento del amor. Pero no el amor que predicó Cristo, no: el amor a la manera de los modernitas; un amor que justifica la fornicación, que considera normal la masturbación, las relaciones homosexuales, las relaciones sexuales extramatrimoniales, los anticonceptivos, la fecundación artificial, los vientres de alquiler, el aborto, el divorcio, el adulterio… La Iglesia modernista respeta y valora las decisiones tomadas en conciencia, siempre y cuando no decidan, interfieran o lesionen derechos fundamentales de los demás. La validez universal de las normas morales queda derogada. El relativismo moral ha ganado.

    El Dios del Antiguo Testamento no es el Dios de Jesús de Nazaret. El Dios de Jesús es un Dios Padre misericordiosos, que perdona siempre y todo; y sin necesidad de propósito de enmienda ni de dolor de los pecados; sin tener que decir los pecados al confesor ni tener que cumplir ninguna penitencia. Nada que ver con el juez vengativo del Antiguo Testamento.

    Sin embargo, Jesús lo deja muy claro:

    Vino uno y le preguntó: Maestro bueno, ¿qué tengo que hacer para ganar la vida eterna?

    Jesús le contestó: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno salvo uno: Dios. Pero si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos.

    Le dijo: ¿Cuáles?

    Y Jesús dijo: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no mentirás, honra a tu padre y a tu madre; y amarás al prójimo como a ti mismo.
    6.- En la Iglesia Católica un dogma es una verdad absoluta, definitiva, inmutable, infalible, irrevocable, incuestionable y absolutamente segura sobre la cual no puede flotar ninguna duda. Una vez proclamado solemnemente, ningún dogma puede ser derogado o negado, ni por el Papa ni por decisión conciliar. Por eso, los dogmas constituyen la base inalterable de toda la Doctrina Católica y cualquier católico está obligado a aceptar y creer en los dogmas de una manera irrevocable. El acceso a un Dogma es un acto volitivo, en consecuencia la relación con el dogma es un acto plenamente libre.

    Con los dogmas, a los modernistas les da la risa. No solo pueden cambiarse, sino que deben cambiarse. Así lo señala Pío X:

    No sólo puede desenvolverse y cambiar el dogma, sino que debe; tal es la tesis fundamental de los modernistas, que, por otra parte, fluye de sus principios.

    Dado el carácter tan precario e inestable de las fórmulas dogmáticas se comprende bien que los modernistas las menosprecien y tengan por cosa de risa; mientras, por lo contrario, nada nombran y enlazan sino el sentimiento religioso, la vida religiosa. Por eso censuran audazmente a la Iglesia como si equivocara el camino, porque no distingue en modo alguno entre la significación material de las fórmulas y el impulso religioso y moral, y porque adhiriéndose, tan tenaz como estérilmente, a fórmulas desprovistas de contenido, es ella la que permite que la misma religión se arruine. (Pascendi, 11).

    En toda religión que viva, nada existe que no sea variable y que, por lo tanto, no deba variarse. De donde pasan a lo que en su doctrina es casi lo capital, a saber: la evolución. Si, pues, no queremos que el dogma, la Iglesia, el culto sagrado, los libros que como santos reverenciamos y aun la misma fe languidezcan con el frío de la muerte, deben sujetarse a las leyes de la evolución. (Pascendi, 25).
    Los modernistas no aceptan la autoridad de la Iglesia ni, mucho menos, las verdades dogmáticas que proclama y que constituyen la base doctrinal de la Iglesia: la Verdad de la Iglesia. Los dogmas cierran el camino al progreso de la Iglesia y a su necesaria modernización y actualización. Hay que armonizar los dogmas con la ciencia y con la historia. Hay que democratizar la Iglesia y descentralizar el poder. Hay que reformar la curia y las Congragaciones romanas, especialmente el antiguo Santo Oficio. Así los dogmas puedes ser cambiados y transformados democráticamente para adaptarlos al mundo actual.

    No es extraño así que una monja cuestione la virginidad de María, que un cura considere anticuado el concepto de transubstanciación, que un religioso bendiga las relaciones homosexuales y los matrimonios gays; que otro bendiga el aborto, la fecundación artificial o los anticonceptivos; que un obispo diga que se puede comulgar en pecado mortal o que otro ordene que se den los sacramentos a quienes optan por la eutanasia para quitarse la vida; y así un largo etcétera.

    Señores: la Verdad es Cristo. La verdad revelada a la Iglesia supone el depósito de la fe que se debe custodiar y transmitir. Y Dios no cambia. Jesús es el mismo ayer y hoy, y lo será para siempre.

    Conclusiones

    El “discernimiento” es necesario. Estemos atentos. El Demonio miente: es el padre de la mentira. La “cola serpentina” nos ofrece tentaciones que aparentemente nos proporcionan felicidad: pero que a la larga nos esclavizan y nos matan. San Ignacio de Loyola lo tenía claro:

    “Propio es del ángel malo, que se forma sub angelo lucis, entrar con la ánima devota y salir consigo, es a saber, traer pensamientos buenos y santos conforme a la tal ánima justa, y después poco a poco procura de salirse, trayendo a la ánima a sus engaños cubiertos y perversas intenciones”.

    Debemos mucho advertir el discurso de los pensamientos; y si el principio, medio y fin es todo bueno, inclinado a todo bien, señal es de buen ángel; mas si en el discurso de los pensamientos que trae, acaba en alguna cosa mala, o menos buena que la que el ánima antes tenía propuesta de hacer, o la enflaquece o inquieta o conturba a la ánima quitándola su paz, tranquilidad y quietud que antes tenía, clara señal es proceder de mal espíritu, enemigo de nuestro provecho y salud eterna.

    Por ejemplo, procede del Maligno la manipulación de la palabra de Dios cuando se utiliza el capítulo 25 (31-46) del Evangelio de Mateo (el juicio final), descontextualizando su contenido respecto al resto de las Sagradas Escrituras, para justificar que lo único importante es la opción por los pobres: dar de comer al hambriento, de beber al sediento… Y que todo lo demás, todo lo que no sea el amor, la caridad, la opción por los pobres, no vale nada. Importan los niños muertos en las guerras, pero no la virginidad de María, que es secundario; ni la adoración eucarística, que es una tontería y una pérdida de tiempo. Por esa vía, se desacraliza a la propia Iglesia y se convierte su doctrina en pura ideología mundana. Y así, el único sentido de la Iglesia se reduce a su acción filantrópica, humanitaria, caritativa… ¿Está eso mal? Por supuesto que no. Pero si el amor a los pobres conduce a despreciar a Cristo o a su Santísima Madre, eso es obra de Satanás y no de Dios. Amar a Dios nos lleva inevitablemente a amar al prójimo. Pero la Iglesia no es una ONG. Es mucho más.

    Satanás odia al hombre, creado a imagen y semejanza de Dios. Por eso el Demonio recurre a las medias verdades, a las ambigüedades, a lo aparentemente bueno, para conducirnos a la perdición y a la muerte. Satanás es un gran teólogo. Por eso tenemos que saber distinguir lo bueno de lo pecaminoso:

    1.- Quien niega un dogma no está en comunión con la Iglesia. Después de negar la virginidad de María, vendrá negar la divinidad de Cristo, la transubstanciación y todo lo demás. Los dogmas marianos no se tocan. El dogma de la transubstanciación no se toca. Ni ninguno otro.

    2.- Quien predica el amor cristiano pero induce a incumplir los mandamientos es un mentiroso y un malvado. Quien ama a Dios cumple sus mandamientos. Los Mandamientos son criterios de discernimiento infalibles: cuando algo aparentemente bueno o atrayente te lleva a incumplir uno solo de los mandamientos, es obra del Demonio y no de Dios.

    3.- Lo que crea confusión, división o enfrentamientos no viene de Dios.

    4.- Lo que agrada al mundo no agrada a Dios. Cuando el mundo aplaude, malo. Si el anuncio del Evangelio y la coherencia eucarística no te acarrea persecución, algo está fallando en tu vida cristiana.

    Los modernistas son expertos en la ambigüedad calculada, en aparentar bien para conducir a la perdición, en ofrecer salvación mientras conducen a los incautos a su condenación eterna.

    Volvemos a la Pascendi:

    “Ninguno se maravillará si lo definimos (al modernismo) afirmando que es un conjunto de todas las herejías”.

    “Cuadra, pues, bien al clan de los modernistas lo que tan apenado escribió nuestro predecesor: «Para hacer despreciable y odiosa a la mística Esposa de Cristo, que es verdadera luz, los hijos de las tinieblas acostumbraron a atacarla en público con absurdas calumnias, y llamarla, cambiando la fuerza y razón de los nombres y de las cosas, amiga de la oscuridad, fautora de la ignorancia y enemiga de la luz y progreso de las ciencias.»”.
    Guardar silencio ya no es decoroso si no queremos ser infieles a Cristo. Pocos son los que levantan la voz y hablan claro ante la confusión reinante en la Iglesia a día de hoy. Ya está bien de ambigüedades, de miedos, de falsos respetos humanos, de doctrinas corrompidas por las glosas heréticas de los modernistas… Ya está bien. No soy yo, que no soy nadie, quien se tiene que enfrentar a los herejes. Pero si todos callan, hasta las piedras hablarán. Algún día todos – más pronto que tarde, porque los años no pasan en balde – nos tendremos que presentar ante el Señor y Él nos juzgará. Tengamos más miedo al juicio de Dios que a las opiniones del mundo o a las críticas de los medios mundanos o a vernos perjudicados en nuestras carreras. Los católicos de a pie, los que no somos nada más que feligreses de una parroquia de pueblo, ni aspiramos a nada más, tenemos derecho a vivir nuestra fe sin sobresaltos, sin que cada día se cuestionen nuestros dogmas, nuestro credo, nuestros sacramentos, nuestros mandamientos.

    La Iglesia es depositaria de la Verdad revelada por Dios. Cristo es la Verdad y la cabeza de la Iglesia. La Iglesia es el Cuerpo Místico de Cristo. Y la misión de la Iglesia es comunicar esa Verdad a todas las naciones y llamar a todos los hombre a la conversión: lleva a todos los hombres a Cristo. Aceptar o negar esa Verdad depende de una decisión libre de cada persona. Quien la acepta, se salvará. Quien la rechace, se condenará. Los dogmas se aceptan o se rechazan. Pero quien los rechaza no puede seguir en comunión con la Iglesia. Y es la jerarquía de la Iglesia quien debe poner a cada uno en su sitio con la autoridad que tiene.

    Yo estoy hasta el gorro de los modernistas. ¿Y ustedes?

  4. Tengo la impresión de que la misericorditis es el rostro amable rosagay del modernismo, aceptable sin reservas por la inmensa mayoría de los sedicentes católicos, que, una vez picado el anzuelo, se tragarán todo lo demás, pues la misericorditis no va sóla.

  5. Apogeo de la herejía modernista
    24/07/18 1:04 AM por Germán Mazuelo-Leytón
    I. Radiografía: autor, cardenal Gehrard Müller

    El prefecto emérito de la Congregación para la Doctrina de la Fe, en una entrevista con el Catholic World Report hace sonar una alarma ante los intentos de convertir la Iglesia al mundo, en vez de tratar de convertir el mundo a Dios.

    El entrevistador señala que desde 2014 ha habido en la Iglesia una serie continua de conflictos y tensiones que involucran a muchos obispos alemanes. Y le pregunta al Cardenal cuál es el trasfondo de este fenómeno.

    «Un grupo de obispos alemanes, con su presidente (de la Conferencia Episcopal) a la cabeza se ven como los que definen la tendencia de la Iglesia Católica en la marcha hacia la modernidad. Consideran la secularización y la descristianización de Europa como una evolución irreversible. Así, todas las doctrinas de la fe que se oponen a la corriente principal, al consenso de la sociedad, deben ser reformadas.

    «Una consecuencia de esto es la petición de dar la Sagrada Comunión a las personas que no tienen la fe católica, y también para aquellos católicos que no están en estado de gracia santificante.

    «También en la agenda están: la bendición de parejas del mismo sexo, la intercomunión con los protestantes, la relativización de la indisolubilidad del matrimonio sacramental, la introducción de viri probati con la abolición del celibato sacerdotal, la aprobación de las relaciones antes y fuera del matrimonio. Estos son los objetivos, y para alcanzarlos están dispuestos a aceptar la división en la conferencia episcopal.

    «Los fieles que toman en serio la doctrina católica y la profesión de la fe católica son marcados como conservadores y expulsados ​​de la Iglesia católica, expuestos a la campaña difamatoria de los medios liberales y anticatólicos.

    «Para muchos obispos, la verdad de la Revelación y de la profesión de fe católica son sólo una variable más en las políticas de poder dentro de la Iglesia. Algunos de ellos citan acuerdos individuales con Francisco y piensan que sus declaraciones en entrevistas con periodistas y figuras públicas, que son cualquier cosa menos católicos, ofrecen una excusa para diluir la verdad definida infalible, el dogma. Para decirlo sin rodeos, enfrentamos un clamoroso proceso de protestantización.

    «Hoy, para muchas personas, ser aceptado por los medios es más importante que la verdad, por la que también debemos sufrir. Pedro y Pablo sufrieron el martirio por Cristo en Roma, el centro del poder en aquellos días. No fueron celebrados por los gobernantes de este mundo como héroes, sino más bien se burlaron de Cristo en la cruz. Nunca debemos olvidar la dimensión martirológica del ministerio petrino y del oficio episcopal”.[1]

    II. La herejía modernista

    Etimológicamente, modernismo significa un amor exagerado por lo moderno, un enamoramiento de las ideas modernas, el abuso de lo moderno.[2]

    El modernismo antes que una herejía, es un conjunto de herejías nacidas en el seno de la Iglesia bajo el influjo de la filosofía y de la crítica moderna con la pretensión de «elevar y salvar la religión y la Iglesia católica por medio de una renovación radical».

    Origen remoto del modernismo:

    1) la revolución protestante. El grito de Lutero significó un mojón capital en este proceso de la modernidad. Lutero es el rechazo de Roma, el rechazo de la constitución jerárquica de la Iglesia. Se seguía aceptando a Dios y también a Cristo, como Verbo encarnado que era, pero se tomaba distancia de la esposa de Cristo, su amada Iglesia.[3]

    2) la Iluminación. El segundo hito en este proceso de apartamiento lo marca la Revolución francesa y la cosmovisión por ella sustentada. Vemos la Revolución Francesa como obra de la masonería, como la exaltación de la razón: en otras palabras, vemos al hombre rechazar a Dios, para erigirse en su propio dueño y ser enteramente independiente.

    3) los «teólogos» de principios del siglo XX.

    El modernismo no surgió de pronto, tampoco fue un hecho aislado en la historia de la Iglesia. Fue una parte integral de la gran lucha de la Iglesia contra aquellos que buscaban adaptar las enseñanzas y formas de ser de la Iglesia a las ideas y regímenes políticos derivados de la Ilustración y la Revolución Francesa.

    Las condenas del indiferentismo de Lamennais (1834) y otros, el cúmulo de errores recogidos en el Sillabus de Pío IX (1864) son las etapas del error y los síntomas de la tempestad que se venía para la Iglesia. La nueva herejía se maduró en Francia, y a pesar de las condenas pontificias el modernismo pudo difundirse y organizarse especialmente con Loisy, en Inglaterra con Tyrrell, en Italia con Buonaiuti, Murri, Minocchi, y en algunos ambientes católicos alemanes, con una amplitud y penetración cada vez más preocupantes.[4]

    Por su propia naturaleza, el modernismo -la síntesis de todas las herejías– según el Papa San Pío X, es difícil de definir porque no tiene un credo oficial. Por esta razón, es como clavar gelatina en una pared.

    La táctica de los modernistas, «táctica, a la verdad, la más insidiosa, consiste en no exponer jamás sus doctrinas de un modo metódico y en su conjunto, sino dándolas en cierto modo por fragmentos y esparcidas acá y allá, lo cual contribuye a que se les juzgue fluctuantes e indecisos en sus ideas, cuando en realidad éstas son perfectamente fijas y consistentes; ante todo, importa presentar en este lugar esas mismas doctrinas en un conjunto, y hacer ver el enlace lógico que las une entre sí, reservándonos indicar después las causas de los errores y prescribir los remedios más adecuados para cortar el mal».[5]

    M. Loisy ideólogo del modernismo, hace prácticamente la misma afirmación cuando escribe que toda la teología católica, incluso en sus principios fundamentales, la filosofía general de la religión, la ley divina y las leyes que gobiernan nuestro conocimiento de Dios, debe juzgarse ante este nuevo tribunal.[6]

    La misión de los modernistas, según Tyrell, era de golpear y golpear la vieja carcasa de la Iglesia Romana.[7]

    «Los modernistas confesos forman un grupo bastante definido de hombres pensantes unidos en el deseo común de adaptar el catolicismo a las necesidades intelectuales, morales y sociales de hoy».[8]

    El modernismo es una amalgama de catolicismo verbal y racionalismo naturalista, basado en tres falsos sistemas: 1) Agnosticismo (del kantismo), que combina el subjetivismo, fenomenismo y relativismo, rebajando el valor del conocimiento racional. 2) Inmanentismo, según el cual la conciencia humana lleva virtualmente en sí misma toda verdad, aun la divina, que se desarrolla bajo el estímulo del sentido religioso (de la doctrina de Kant y de Schleiermacher. 3) Evolucionismo radical, según el cual la verdadera realidad no es el ser, sino el devenir dentro y fuera del hombre (de Hegel aun más de Bergson).[9]

    Ellos niegan: 1) La divina inspiración e infalibilidad de las Sagradas Escrituras; 2) que el hombre haya sido creado a imagen de Dios; 3) que pueda haber milagros; 4) el nacimiento virginal de Cristo; 5) la divinidad de Cristo; 6) el carácter expiatorio de su muerte; 7) su resurrección histórica. De esa manera descienden hasta el agnosticismo y al ateísmo.

    Dijo el abate Cavallanti: El modernismo es moderno en un falso sentido de la palabra, es un estado de conciencia mórbida entre los católicos, y especialmente entre los católicos jóvenes, que profesan múltiples ideales, opiniones y tendencias. De vez en cuando estas tendencias se transforman en sistemas, que deben renovar las bases y la superestructura de la sociedad, la política, la filosofía, la teología, de la Iglesia misma y de la religión cristiana.

    La ardua tarea de desenmascarar la herejía le tocó a Pío X y, hecho casi único en la historia de la Iglesia, el modernismo se desplomó sobre sí mismo casi inmediatamente. La primera intervención de Pío X fue el decreto del Santo Oficio Lamentabili del 3 de julio de 1907, que sintetiza en 65 artículos los nuevos errores. El decreto se convirtió en condena solemne con la encíclica Pascendi del 8 de septiembre del mismo año. La encíclica, con gran sorpresa de los fautores mismos del modernismo, condensó la síntesis lógica de sus principios con una «exposición magistral y una crítica magnífica» (G. Gentile). Finalmente, para evitar todo compromiso y ambigüedad en la esfera de la enseñanza y de la disciplina eclesiástica, Pío X con el motu proprio «Sacrorum Antistitum» del 1º de septiembre de 1910, remitiéndose expresamente a los dos documentos precedentes, publicaba la fórmula del «juramento antimodernista», que presenta a un mismo tiempo los puntos firmes de la doctrina católica y los principales errores del modernismo que la querían quebrar.[10]

    «Si San Pío X no hubiera fulminado con la herejía modernista, el mundo habría marchado rápidamente hacia el panteísmo y el ateísmo. Como resultado, toda la acción del comunismo en toda la tierra no habría encontrado los enormes obstáculos que hizo.

    «La condena del modernismo fue, por lo tanto, un evento histórico tan importante como la victoria en Lepanto. Así, [al canonizar a San Pío X], Pío XII debe ser eternamente recordado por la humanidad, ya que nos ha dado a un gran santo como modelo y protector».[11]

    III. Progresismo: el modernismo militante

    1) En la Liturgia. Para los modernistas, la liturgia se trata principalmente de sentimentalismo y no de adoración.

    2) «Evolución del dogma». La hermenéutica de la discontinuidad, por lo que los modernistas de hoy consideran todo lo anterior al Vaticano II como obsoleto.

    3) Interpretación de la Sagrada Escritura. Por ejemplo el Cardenal Kasper, quien niega abiertamente la historicidad de los milagros de Cristo.

    Los autores del error ya no deben buscarse entre los enemigos declarados, sino que, es lo que da una suma pena y temor, se esconden en el mismo seno de la Iglesia.[12]

    El viejo anhelo modernista de salvar el mundo sin Dios, reaparece en el progresismo, ergo, el progresismo lucha contra el Estado “totalitario” español, porque reconoce en Dios el Salvador. En cambio no lucha contra el Estado totalitario soviético, porque aquél quiere el mundo sin Dios.[13]

    La herejía que nació bajo el nombre de modernismo, tenía la finalidad de infiltrar la Iglesia; hacer que sus adeptos llegasen a los puestos de la Jerarquía de la Iglesia; y así modificarla en el sentido herético: no de fuera hacia adentro, sino desde dentro de ella misma, es decir, en nombre de la Iglesia, ocupando puestos de dirección, para así transformarla en el sentido heretizante.

    Las ideas de los adeptos de ese herejía modernista llevarían a la Iglesia, en el campo social, a una posición francamente socialista, con tendencia comunista.

    Esos males fueron vistos por el Santo Pontífice con una mirada angélicamente límpida, que lo llevó a fulminar la herejía modernista en viarios documentos, de los cuales, sin duda alguna, el más famoso fue la encíclica Pascendi.[14]

    Jacques Maritain sostenía que el modernismo combatido por «San Pío X no era más que un modesto resfriadillo» ante el de nuestros días.[15]

    Llamóse progresismo católico a la unión con fines políticos de comunistas y católicos, en el que se dan la mano dos doctrinas y una política: las doctrinas son: el personalismo ético y el humanismo cristiano: la política (que también es doctrina ) es el comunismo. Las doctrinas son teóricas, la política es práctica; de modo que la política, a sabiendas, se ha dado en instrumentar las doctrinas para sus fines particulares. La política instrumentante, el comunismo, es tenaz, astuta y fanática; es la que ha dado forma a todo el progresismo moderno, y pone a su servicio innumerables idiotas-útiles, laicos y clérigos.

    El progresismo nos invita a quebrar toda oposición con el error, ya se trate de la masonería, el comunismo, protestantismo; el católico debe dialogar, comprender… y jamás ver un error.

    El progresismo ha buscado su coherencia doctrinal en el modernismo, que le permitía acercarse más al comunismo marxista. Ha habido una simbiosis, un encuentro «fraterno» entre estos cristianos y el marxismo.

    El catolicismo, asido del andamiaje doctrinal del modernismo, esconde avergonzado la verdad; reniega y calla la Verdad que es Cristo, reniega de la obra de Cristo en el mundo, reniega de la civilización cristiana, para hacerse perdonar, por la insolencia del mundo, su condición de cristiano. [16]

    Si los errores modernistas se han extendido y son avalados y hasta promovidos por las autoridades más altas de la Iglesia, como una mancha de aceite sobre la Verdadera Fe, causando daños espantosos a las almas, ha sido en parte porque los principios y condenaciones de la encíclica Pascendi han sido olvidados. Durante el medio siglo precedente, desde la conclusión del «Concilio Vaticano II», este conjunto de herejías, ha esparcido y prosigue esparciendo el veneno de la muerte en los seminarios, en las parroquias, en las asociaciones eclesiales.

    En esta situación -escribía el Padre Miguel Poradowski- lo único que nos queda para evitar el envenenamiento del pensamiento cristiano por el marxismo, tanto del clero, como de los fieles, es denunciar concretamente la presencia del marxismo en la teología para que cada persona de buena voluntad, es decir todo cristiano que realmente desee conocer la auténtica doctrina de Cristo y la verdadera enseñanza de la Iglesia, pueda distinguir el trigo de la cizaña, la verdad de la mentira.[17]

    Mientras que Jesús fue amable con los pecadores y con los que se habían extraviado, no respetó sus falsas ideas, por más sinceras que pudieran parecer. Él los amaba a todos, pero los instruyó para convertirlos y salvarlos.[18]

    _____

    [1] https://www.accionfamilia.org/crisis-de-la-iglesia/cardenal-muller-es-la-protestantizacion-de-la-iglesia/

    [2] GAUDAUD, Abate, La Foi catholique, I, 1908, p.248.

    [3] SÁENZ S.J., P. ALFREDO, La realeza de Crsto y la apostasía del mundo moderno.

    [4] Cf.: FABRO, CORNELIO, Enciclopedia Cattolica.

    [5] SAN PIO X, Pascendi, 3.

    [6] LOISY, Simples réflexions.

    [7] Carta del 28 de Noviembre de 1907, ibid., pág. 78.

    [8] LOISY, Simples réflexions.

    [9] Cf.: PARENTE, PIETRO, Diccionario de teología dogmática.

    [10] FABRO, CORNELIO, Enciclopedia Cattolica.

    [11] CORREA DE OLIVEIRA, Prof. PLINIO, O cinqüentenário da Pascendi, Catolicismo, septiembre 1957.

    [12] SAN PIO X, Pascendi, 1.

    [13] Cf.: GARCÍA VIEYRA O.P., Fray ALBERTO, Modernismo y progresismo.

    [14] CORREA DE OLIVEIRA, Prof. PLINIO, Entrevista concedida a una radio de Brasil, en 1990.

    [15] MARITAIN, JACQUES, El Campesino de Garona, p. 31.

    [16] Cf.: GARCÍA VIEYRA O.P., Fray ALBERTO, Modernismo y progresismo.

    [17] El marxismo en la teología.

    [18] SAN PIO X.

  6. La maravillosa pluma de Johannes Wolf en le blog Adoración y Liberación nos brinda su tercera entrega sobre el concilio vaticano II bajo el título: ” Concilio o Revolución” nos suponemos que ya se estará pensando en un libro porque el estudio lo merece. Traemos esto aquí porque nos ayuda y no poco a entender la situación que nos toca vivir desde sus raíces y analizando sus consecuencias.

    Specola

  7. Sugiero la felicitación de Adoración y Liberación. Unas palabras como estas no las encontramos todos los días.

    TODOS LOS MALES DE LOS QUE ADVIRTIÓ SE HAN CUMPLIDO

    Mons. Keenan: sólo los ideólogos no reconocen que Pablo VI tenía razón con la Humanae Vitae
    Mons. John Keenan, obispo de Paisley, Escocia, ha concedido una entrevista al National Catholic Register con motivo del 50 aniversario de la encíclica Humanae Vitae.

    24/07/18 9:45 AM

    (NCR/Gaudium Press) Explica el obispo que el papa Montini preveía el terrible impacto que la contracepción traería a nivel personal y cultural, en cuatro campos:

    «Infidelidad [conyugal] y decadencia moral; pérdida de respeto por las mujeres; abuso de poder -incluyendo los poderes industriales en el mundo en desarrollo- y ansia de las personas por un dominio ilimitado sobre sus propios cuerpos».

    Y añade:

    «Ahora vivimos en ese mundo contraceptivo, que es al mismo tiempo la casa del aumento creciente de divorcios, abortos, padres solteros y enfermedades venéreas fuera de control; es un mundo de #MeToo, en el cual las mujeres se sienten más presionadas y menos valoradas que antes; una realidad global de la esterilización forzada de innumerables mujeres en África y abortos forzados en China, que ha entrado en una crisis de subpoblación, seguido de cerca por Europa occidental, que enfrenta su propia crisis de orientación sexual o identidad de género y suicidios, no menos entre los jóvenes, en una proporción casi epidémica. Se mire como se mire, es difícil no ver, sobre el terreno, cómo la anticoncepción ha empeorado a la sociedad y la ha puesto en crisis. Son solo los ideólogos quienes no admitirán ninguna evidencia de lo contrario, que creen que así es como se ven la libertad y el progreso».

    Dadas las consecuencias globales catastróficas señaladas por el obispo escocés, él mismo invita a aquellos que «eran escépticos o tímidos dentro de la Iglesia en apoyar la Humanae Vitae en los tiempos pasados», a «darle un total respaldo hoy, a la luz de los últimos 50 años de amarga experiencia».

    http://www.infocatolica.com/?t=noticia&cod=32751

  8. Asombroso que Carlos Esteban salve la responsabilidad del mayor responsable de la crisis chilena, que tenía que haber estallado hace tiempo, pero Bergoglio la retrasó. Quien tiene que renunciar el primero es el propio Bergoglio, el mayor promotor de la homosexualidad en la Iglesia, cuyos frutos están al alcance de la vista, para quien quiera ver, que son pocos. https://infovaticana.com/2018/07/24/estalla-el-escandalo-de-la-iglesia-chilena-los-jueces-investigan-abusos-a-266-victimas/

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