Vicente Montesinos

 

 

 

Algunos llevamos desde hace mucho tiempo denunciando la situación de nuestra querida Iglesia de Cristo, toda vez que el Pontificado de Bergoglio la está dejando hecha unos zorros. Y ante esto ni amenazas, ni excomuniones, ni gaitas…

En nada falto a Dios ni a la Iglesia por decir que el Sumo Pontífice que desde 2013 nos ha tocado padecer está claramente equivocado, en el mejor de los casos, en la mayor parte de asuntos de doctrina, moral, eclesiología y derecho canónico; y que la verdad hay que defenderla siempre, en favor de Cristo Rey y de su Iglesia (va la enésima vez mención a Gálatas 1:8-11, que encierra un compendio de lo que nos está sucediendo, y es Palabra de Dios: Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema. Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema. Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo.”)

Dicho esto, la enorme pregunta que nos atribula a quienes hemos estado siempre en esta posición, y a los que se van, a Dios gracias, sumando es: ¿Pero como no lo ven? Y ahí vemos a laicos, sacerdotes, obispos, cardenales… ¿Como no lo ven? ¿Como puede ser que vivamos como una realidad paralela a lo que la oficialidad de la Iglesia está viviendo y haciendo vivir?

Pero el asunto está llegando demasiado lejos. Hasta para muchos de los que se han empeñado en desdeñarnos, atacarnos y anatemizarnos, la cosa va pasando de castaño a oscuro.

Y es que a nadie se le escapa que la Iglesia de hoy pretende agradar al mundo, y no transformar al mundo a favor de Cristo. Pretende salvar los respetos humanos, y no salvar almas. Pretende cumplir con la agenda mundial, y no con las sagradas escrituras, el magisterio bimilenario, la tradición y la sana doctrina.

No hay más. No por mucho repetirlo será más verdad. Aunque no cejaré en el empeño de repetirlo las veces que sea necesario; al igual que tampoco cejan los misericordiadores de llamar a mi puerta cada día con una “matonada” nueva.

La situación comienza a ser insostenible, y en estas últimas horas hemos conocido bastantes muestras:

  • El Cardenal Eijk, arzobispo de Utrecht, que ha salido valientemente en defensa del orden tradicional, moral y canónico, como no hubiéramos esperado de la difícil Holanda; ha afirmado nada más y nada menos que “viendo que los obispos y el Papa fracasan en su deber de mantener y transmitir fielmente y en unidad el depósito de la fe contenido en la Sagrada Tradición y la Sagrada Escritura, no puedo no pensar en el artículo 675 del Catecismo de la Iglesia Católica”. Además valientemente, por fin, ha regalado a nuestros oídos y almas una evidencia que ya tardábamos en escuchar: “el Papa Francisco necesita aportar claridad sobre la intercomunión… el fracaso en proporcionar a los obispos alemanes directrices adecuadas, basadas en una doctrina y práctica clara de la Iglesia, apunta a una deriva hacia la apostasía de la verdad“. Tremendas y certeras palabras. Por si alguien no lo sabe, el 675 del Catecismo afirma: “Antes del advenimiento de Cristo, la Iglesia deberá pasar por una prueba final que sacudirá la fe de numerosos creyentes (cf. Lc 18, 8; Mt 24, 12). La persecución que acompaña a su peregrinación sobre la tierra (cf. Lc 21, 12; Jn 15, 19-20) desvelará el “misterio de iniquidad” bajo la forma de una impostura religiosa que proporcionará a los hombres una solución aparente a sus problemas mediante el precio de la apostasía de la verdad. La impostura religiosa suprema es la del Anticristo, es decir, la de un seudo-mesianismo en que el hombre se glorifica a sí mismo colocándose en el lugar de Dios y de su Mesías venido en la carne (cf. 2 Ts 2, 4-12; 1Ts 5, 2-3;2 Jn 7; 1 Jn 2, 18.22)”
  • El Cardenal Gerhard Müller, prefecto emérito de la Congregación para la Doctrina de la Fe, ha expresado su decepción con el resultado de la reunión de obispos alemanes con el Papa y varios prelados de la Curia en relación al asunto de la intercomunión. Ya sabemos que el Papa volvió a perder una gran oportunidad para aclarar, como le pedían siete obispos alemanes, una cuestión tan crucial como es la de la licitud de la comunión por parte de cónyuges luteranos de fieles católicos. El Papa, en lugar de pronunciarse y acabar así con una confusión que afecta a toda la Iglesia y a la consideración de la Sagrada Eucaristía, pidió a los obispos alemanes que lo resolvieran ellos “por unanimidad”. Muller ha afirmado que la declaración del Papa fue “muy pobre” ya que “no contenía una respuesta a la cuestión central, esencial”.  Y que “no es posible estar en comunión sacramental sin comunión eclesial”.
  • El Cardenal Burke, uno de los dos firmantes vivos que quedan de las dubia (a quien el Papa sigue sin recibir) ha dicho claramente que el tema que el Papa no ha querido cerrar, de acuerdo al Catecismo y las Sagradas Escrituras, es absurdo. Burke teme que la negativa del Papa a aclarar la cuestión “lleve a la Iglesia a una situación similar a la de las denominaciones protestantes, que no paran de multiplicarse”. El riesgo último, advierte, es el de que se consume un cisma. La “reintroducción de una enseñanza moral errónea, que la Iglesia, en distintos momentos del pasado, ha corregido y castigado, está causando una gravísima confusión y división en la Iglesia con gran perjuicio para las almas y entorpeciendo la misión de la Iglesia de ser “luz para las naciones”, ha dicho. El “único remedio” para esta crisis es la “reafirmación de la fe apostólica por parte de los sucesores de los apóstoles”.

La situación comienza a ser insostenible. Después de la confusión y el daño causado por Amoris Laetitia permitiendo la comunión a los divorciados que viven maritalmente con otras parejas contra toda doctrina de la Iglesia; ahora ya tenemos la comunión de los herejes que no creen en la Eucaristía servida. Más la lucha en ciernes contra la Humanae Vitae; más el “quien soy yo..”, más las cesiones al gender, más… Bueno, no vamos a enumerar ahora todas las barbaridades en uso, porque no acabaríamos.

La situación comienza a ser insostenible. Cardenales contra cardenales. Obispos contra Obispos. Conferencias Episcopales como verdaderas Iglesias independientes. Sacerdotes confusos, callados o ignorantes (porque ignoran lo que sucede). Laicos papólatras, y un remanente fiel partiéndose la cara.

La situación comienza a ser insostenible. Y en pocos días los príncipes de la Iglesia Eijk, Müller y Burke así se han atrevido a decirlo. Gracias a Dios…

Por eso afirmo que, gracias a Dios, parece que la situación comienza a ser insostenible…

 

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